Porque no se apoderaron de la tierra por su espada, ni su brazo los libró; Sino Tu Diestra, y Tu Brazo, y la luz de Tu Rostro






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Tener un corazón para el Rey y por la Esposa (Salmo 45)

           

              Día 31   de Octubre de 2010                    Lectura: Filemón

 

Rebosa mi corazón palabra buena; Dirijo al rey mi canto;

Mi lengua es pluma de escribiente muy ligero”

(Salmo 45:1)

 

     Nuestro corazón debe resplandecer, desbordarse, hervir como el corazón del Salmista en el Salmo 45. Él dice que ha escrito un poema para el Rey; su poesía habla del Rey, pero acaba hablando de la reina: ¿No es esto maravilloso? En el cántico del que conoce realmente a Cristo y le sigue, también aparece la Iglesia.

 

    ¿Estamos únicamente por Cristo? Ciertamente, pero Cristo no está sólo; Él tiene una Esposa. Si estamos, somos, nos movemos y vivimos verdaderamente por Cristo, también tenemos que darnos por la Iglesia.

 

   “Que mi lengua sea como la pluma de un escritor hábil.”

 

    ¡Ojalá todos tuviésemos una lengua así! Por desgracia, cuando hablamos de coches tenemos mucho de que hablar, pero ¿cuánto tiempo podemos hablar del Rey y de Sus Inescrutables Riquezas?

 

   El Salmista tenía muchas cosas que decir, cosas maravillosas que rebosaban de su corazón: Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; La gracia se derramó en tus labios; Por tanto, Dios te ha bendecido para siempre” (v. 2.)

 

    El Señor es más hermoso que cualquier otro. Este Rey es maravilloso; cuanto más le conocemos más le ama nuestro corazón. El conocimiento de la letra no nos llena de amor hacia el Dios Vivo; pero los discípulos, que conocían realmente al Señor, por convivir diariamente con Él, le amaban profundamente.

 

    Es imposible no amar al Señor cuando se le conoce verdaderamente. “La gracia se derramó en tus labios”; cuantos aman al Señor, también aman Su Palabra Viva y penetrante, la cual también está llena de gracia y de verdad.

  

  

 

 

     

Participara de los padecimientos de Cristo (Salmo 44)

           

               Día 30   de Octubre de 2010                     Lectura: Tito 3  

 

Porque no se apoderaron de la tierra por su espada, ni su brazo los libró; Sino Tu Diestra, y Tu Brazo, y la luz de Tu Rostro,

porque te complaciste en ellos”

(Salmo 44:3)

 

     Los Salmos 42 y 43 describen los sufrimientos del Señor, siendo el salmista un tipo de nuestro Señor como Rey.

 

    El Salmo 44 nos muestra que tenemos que participar de los padecimientos de Cristo. Pablo cita este Salmo en Romanos 8:36: “Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero.” ¡Esto es realmente un misterio! No es correcto predicar el Evangelio diciendo: “Ven al Señor y todo te irá bien, no tendrás ningún problema.” Nos ha sido concedida la gracia tanto de creer en Él, como de sufrir por Él. “Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” (Fil. 1:29.)

 

     ¿Cómo pueden soportar los creyentes los padecimientos? Por medio de la fe, cuando se aferran firmemente a la Palabra. Si no están firmemente establecidos sobre la Palabra, caerán. Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado, la obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos (Sal. 44:1.) Este versículo se refiere a todo lo que la Biblia nos habla de las palabras y las obras de Dios.

 

     La Biblia es un libro vivo, donde leemos múltiples cosas acerca de las obras de Dios, por ejemplo, de la manera en que actuaba Dios por medio de los hechos de los apóstoles y los hermanos en Jerusalén. ¿No desearíamos poder vivir las mismas cosas?

 

     Al leer la Palabra no estudiéis la letra muerta, contactad al Dios Vivo. Ved como actuó en los tiempos pasados; ¿Tendrá Dios menos poder hoy? Los apóstoles estaban llenos del Espíritu Santo y eran poderosos por medio de Él. Realmente Él es siempre igual de poderoso. ¡Contadles a vuestros hijos lo que ha hecho el Dios viviente!

 

Eliminar de nuestro corazón todas las rebeliones

 (Salmo 43)

          

             Día 29   de Octubre de 2010                       Lectura: Tito 2

 

Envía Tu Luz y Tu Verdad; éstas me guiarán;

Me conducirán a Tu santo monte, y a Tus Moradas”

(Salmo 43:3)

 

      Los Salmos 42 al 49 está dedicados a los hijos de Coré. Su padre fue un levita que se rebeló contra Moisés y contra Dios. Pero ellos no participaron de su rebelión y no fueron tragados por la tierra como lo rebeldes (Núm. 26:11.)

 

     Estos Salmos se escribieron para aquellos que no se rebelan contra Dios. Nos tenemos que someter al Rey del Reino de Dios, y no ser rebeldes. Si queremos llegar a poseer nuestra heredad, tenemos que apartar de nuestro corazón toda clase de rebeldía.

 

     El Señor es el Rey en Su Iglesia, a la cual ama por encima de todo. Busquemos la obediencia y la sumisión a este Rey; tenemos un modelo en los hijos de Coré. Dejemos a un lado toda clase de rebeldía y aprendamos la obediencia en la casa de Dios.

 

   Quizás piensas: “Yo no soy rebelde”. Pero cualquiera que interpreta la Palabra de acuerdo a sus propios pensamientos ya es un rebelde. Somos rebeldes cada vez que desobedecemos las directrices del Señor. En nuestros pensamientos tenemos muchos conceptos personales, y eso es rebeldía. Somos rebeldes en el mismo instante que nos moleste el solo hecho de oir de alguien que pueda calificarnos como tales, y nos sintamos mal, precisamente eso es símbolo de altivez, rebeldia y orguyo en nuestro interior.

 

    Todos podemos testificar de hasta que punto es rebelde nuestro corazón. ¡Que el Señor nos haga “hijos de Coré” a todos nosotros!

 

    Dios está vivo, y muy próximo a cada uno de nosotros, pero a la vez está muy vinculado con Su Casa. Subamos al Monte Santo, a Sión. ¡El reino de Dios es muy importante! Si conocemos al Dios Viviente, Él se convierte en nuestro mayor gozo, y le alabamos con nuestras arpas (v. 4.) Experimentamos Su Presencia y Su Consejo en todas las situaciones.

 

 

  

Las dificultades nos acercan al Dios vivo (Salmo 42)

 

                    Día 28   de Octubre de 2010                    Lectura: Tito 1

 

Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por Ti,

oh Dios, el alma mía”

(Salmo 42:1)

 

      El Salmo 42 es una búsqueda apasionada del Dios Vivo, un deseo ardiente de estar en Su Presencia. Esta búsqueda no es tan sencilla, como podemos ver en el conjunto del libro de los Salmos.

 

      ¿Cuándo “brama” el ciervo? Cuando pierde el aliento a causa de la persecución de los cazadores, cuando tiene que huir hasta agotarse para salvar su vida. Esta imagen se puede aplicar a la vida de David, asediado continuamente. Pero también a nuestro Señor, cuando estuvo en la tierra, Él se vio perseguido desde Su nacimiento, comenzando con Herodes y los fariseos. A lo largo de Su Vida en la tierra encontró muchos enemigos. David describe esto en este Salmo.

 

       Para resistir a los ataques del enemigo nos tenemos que acercar al Dios Vivo. Cuantos más problemas tengamos, más necesidad tendremos de aproximarnos al Dios viviente. Ningún conocimiento teológico nos puede ayudar, sólo la comunión con Dios es lo que nos sostiene. ¡Es dramático si estamos llenos de conocimientos y de enseñanzas y desconocemos al Dios Vivo!

 

     El Señor, durante Su Vida en la tierra, se volvía constantemente hacia el Padre. Si no hacemos esto, aunque conozcamos gran cantidad de verdades, la Iglesia no será edificada.

 

    No preguntemos únicamente: “¿Qué significa esto? ¿Qué quiere decir en hebreo o griego?” Digamos más bien: “Oh Dios, ¿dónde estás?”... “Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?” (v. 3.) Cuantas dificultades enfrentemos hoy, nos tienen que acercar al Dios viviente (v. 4.)

 

 

 

  

Cristo, el que está plenamente consagrado a Dios (Salmo 41)

             

                  Día 27   de Octubre de 2010                     Lectura: 2 Timoteo 4

 

En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado,

y me has hecho estar delante de ti para siempre” 

(Salmo 41:12)

 

      En muchos de los Salmos, el Espíritu Santo nos hace entrever las experiencias del Señor. El Espíritu nos quiere hacer recordar esos pasajes y ayudarnos así a volvernos al Señor en las situaciones difíciles y a consagrarnos orando: “Señor, te tomo como mi holocausto. Estoy dispuesto a entregarme a Ti, incluso a través de esta situación.”

 

      El Salmo 41, como otros de los que describen los padecimientos del Señor, no está para que nos compadezcamos, sino especialmente para que comprendamos la grandeza de la obra y de la vida totalmente consagradas del Señor en la tierra. Si así no fuese, no seremos capaces de consagrarnos en las situaciones difíciles y fácilmente estaremos tentados a abandonar.

 

     En el versículo 4, el Salmista le pide a Jehová que sane su alma. Nuestro Señor se encontró contristado y oprimido por todos los problemas que le circundaban y el pecado que tuvo que soportar. Sus enemigos buscaban constantemente hacerle morir (v. 5.) ¿Quién de nosotros quisiera sufrir tales cosas? “Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar” (v. 9.) Al final fue traicionado por uno de sus allegados y Él lo sabía de antemano (Juan 6:70.)

 

    Pese a todas esas pruebas, el Salmo 41, y con él todo el primer Libro de los Salmos, finaliza de una manera maravillosa: “Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, por los siglos de los siglos. Amén, Amén” (v. 13.) No sólo dice “Amén” una vez, sino dos veces. Pese a todo cuanto suceda, nuestro Señor siempre es digno de nuestras alabanzas.

 

     Todo Su Plan con respecto al hombre, lo cumplió en Jesucristo. ¿Qué otra cosa podemos hacer aparte de alabarle?

 

 

 

 

Cristo, el verdadero holocausto (Salmo 40)

              

                  Día 26   de Octubre de 2010                      Lectura: 2 Timoteo 3

 

Has aumentado, oh Jehová Dios mío, Tus Maravillas;

Y Tus Pensamientos para con nosotros...” 

(Salmo 40:5)

 

      Es sorprendente comprobar todo lo que vio David en su tiempo acerca de la realidad espiritual.

 

     Cuando el Señor les preguntó a los fariseos que de quién era hijo el Cristo, ellos le respondieron: De David, entonces les volvió a preguntar: ¿Pues cómo David en espíritu le llama Señor? (Mat. 22:43 lit.)

  

     La expresión “en espíritu” es muy significativa y nos muestra que David ya había aprendido a estar en espíritu. David conocía a Jehová y estaba claro de que los sacrificios de animales no quitaban los pecados. Por eso escribió en los versículos 6 al 8 del Salmo 40: “Sacrificio y ofrenda no te agrada; Has abierto mis oídos; Holocausto y expiación no has demandado. Entonces dije: He aquí, vengo; En el rollo del libro está escrito de mí; El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón.” Estos versículos son importantes y se citan de nuevo en Hebreos 10:6-7. Ellos nos muestran que Jesucristo es la realidad de las ofrendas del Antiguo Testamento. Él es para el Padre el olor fragante eterno (Efe. 5:2.)

 

     ¿Cómo imaginamos, sin embargo, al Señor cuando estaba en la tierra? Un poco mas adelante se dice: “Aunque afligido yo y necesitado...” (v.17).[2] El Señor, en Su humanidad no se presentó lleno de gloria y de riquezas. Todos nosotros tenemos seguramente muchas más posesiones que las que Él tuvo. Ni siquiera tenía casa propia durante Su ministerio terrenal (Mat. 8:20.)

 

     Todo se lo consagró al Padre a través de muchos sufrimientos, con una perfecta obediencia. De esta manera nos mostró el primero de los sacrificios que se citan en Levítico 1, el holocausto. Nosotros también podemos experimentarlo, según nuestra propia medida, al volvernos en cualquiera situación hacia Cristo, el cuál es el verdadero holocausto.

  

 

Guardarse de la vanidad del mundo (Salmo 39)
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