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Librodot El dogma socialista de Echeverría José Ingenieros











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Índice



1. Orientaciones educacionales

2. Pensamiento de fundar una "Asociación de Mayo"

3. La Ojeada Retrospectiva

4. El Dogma Socialista

5. Las Cartas a De Angelis

6. Perfeccionamiento de la concepción socialista

Notas del autor
1. Orientaciones educacionales
A la inversa de lo que se observa en los hombres políticos, Echeverría acentuó en la edad madura las ideas revolucionarias que había entrevisto vagamente en su juventud. El socialismo de la Creencia era una simple declamación literaria, una actitud personal conforme con la última moda: un verdadero romántico "debía" conspirar en logias secretas. Pero... "el que juega al fantasma, tornase fantasma", según el precepto de los kabalistas. Echeverría se interesó cada día más por la filosofía social de Leroux y adquirió ideas claras sobre el humanitarismo socialista; sobre este punto, a pesar de su mayor edad, es forzoso reconocer que Echeverría fue catequizado por Alberdi. Sus trabajos posteriores a 1846, que pasamos a examinar, mejoran de año en año, y no parecen escritos por el logista de 1837.

Sin carácter ni salud para servir eficazmente a sus propias ideas, Echeverría vegetaba en Montevideo, casi ajeno a sus compañeros de emigración; la partida a Europa de Alberdi y Gutiérrez, en 1843, le había privado, para siempre, de esos amigos que, al regresar, se dirigieron a Chile. Los viejos unitarios correspondían su malquerencia sistemática, cuando no se reían de él; los jóvenes le miraban con amistosa simpatía, pero muy pocos bohemios y portaliras le visitaban, Mitre entre ellos. Ese aislamiento contribuyó a amenguar su ya escaso ánimo, concentrando más y más su vida en la lectura y la poesía: así lo encontró Sarmiento, en enero de 1846, "enfermo de espíritu y de cuerpo, trabajado por una imaginación de fuego, prófugo, sin asilo, y pensando donde nadie piensa, donde se obedece o se subleva, únicas manifestaciones posibles de la voluntad" [1.] . Hacía versos; le leyó El Ángel caído .

Durante esos tristes años había leído bastante y con provecho. Posible es que conversara con emigrados franceses que profesaban ideas socialistas; desde 1839 hasta 1847 residió en Montevideo un conspicuo falansteriano fourierista, Eugenio Tandonnet, que editó Le Messager Français (1840-1842), consagrando mucha parte del periódico a la propaganda y discusión de las doctrinas socialistas de su tiempo [2.]

Para darle figuración, a la vez que para aliviarle de menudos apremios, algunos amigos procuraron utilizar sus dotes en la organización de la enseñanza; tuvo así oportunidad de dar a luz algunos escritos [3.] , entre los cuales dos de verdadero mérito. Estamos en presencia de otro Echeverría.

En 1844 le designó Andrés Lamas para que pronunciase un discurso en una fiesta escolar, con ocasión del 25 de Mayo; tuvo tan mala suerte que las contingencias militares del sitio hicieron fracasar su presentación pública y debió limitarse a publicarlo algún tiempo después, con el título: Mayo y la enseñanza popular en el Plata [4.] .

Contiene este escrito una interpretación excelente de la Revolución de Mayo y de la contrarrevolución que terminó en la dictadura de Rosas; es el pensamiento de un verdadero filósofo social, con una justa visión de conjunto. Un poco de "literatura" afea todavía su estilo, pero sus ideas se comprenden ya, y es singular el tino con que las aplica en materia educacional. Rosas había entregado la instrucción pública a las comunidades religiosas, que llamaban "libertad de enseñanza" a su confabulación para enseñar contra los principios que habían inspirado la revolución de Mayo y en favor del antiguo régimen; Echeverría no se equivoca y la combate. No encuentra admisible que las congregaciones, compuestas por frailes extranjeros, eduquen a la juventud de una democracia contra los propios principios de ésta [5.] .

Andrés Lamas, ya ministro de Instrucción Pública, encargóle, en la misma época, la redacción de un Manual de enseñanza moral [6.] para las escuelas primarias. No carece de significación el epígrafe que encabeza el libro, tomado del ensayo sobre la instrucción pública de Benjamín Constant: "En un pueblo que sale de la esclavitud y la molicie, la Libertad no puede consolidarse sino cuando una generación ha sido educada por medio de una enseñanza adecuada a sus nuevas necesidades, que corrija los hábitos y destruya las opiniones del despotismo y consagre las costumbres y creencias liberales". En la introducción avanza algunas ideas excelentes sobre otro libro que debió ser su complemento, dedicado al examen de los métodos de enseñanza, cuestión que considera capital; "el método -dice- es una regla segura para llegar por el camino más corto al conocimiento de las cosas; puede decirse con fundamento que el método es la ciencia ".

El trabajo de Echeverría aspira a ser un cuerpo de doctrina en que se exponen los deberes principales del hombre y del ciudadano, considerados desde el punto de vista filosófico y cristiano; reconoce que la moral no tiene autoridad ni sanción sin la Religión, pero con este nombre no se refiere a la católica sino a la "Religión social" que debe difundir el "Culto de la Patria" de acuerdo con los principios revolucionarios de Mayo. Prodiga sus alusiones envenenadas a los unitarios, censurando la educación que forma doctores y militares, y sostiene que "para neutralizar esas influencias nocivas es necesario dignificar las profesiones industriales a los ojos de la niñez, estimularla al trabajo, y encaminarla por otro sendero".

En una breve introducción explica a los niños la noción de Dios, sus leyes y sus fundamentos; habla de la divinidad en los términos panteístas difundidos por la Religión Natural, deduciendo de ese concepto cinco grupos de deberes: para consigo mismo, para con el prójimo, para con su familia, para con la patria, para con la humanidad [7.] . Es, como se ve, un ciclo análogo al de todas las religiones sociales y humanitarias que florecieron en esa época.

Al tratar de los deberes para consigo mismo , estima que la vida individual resulta del ejercicio de las facultades físicas y morales, pertinentes del cuerpo y el alma, pero agrega la siguiente curiosísima nota: "Para simplificar, hemos adoptado aquí esta antigua clasificación, supuesto que no se trata aquí de enseñar filosofía. La naturaleza intrínseca, el modo como ejercen su acción estos dos principios, es un misterio insondable para el hombre. El punto de vista frenológico, nos parece a este respecto el más luminoso" [8.] . Esta adhesión a la frenología, anticipación ingenua de la psicofisiología, nos muestra al poeta romántico en pleno olvido de sus condescendencias eclécticas y aferrado a su primitivo sensacionismo. Tal es, por otra parte, el sentido total de ese primer capítulo, cuyo inciso más extenso es el consagrado al Trabajo (IV).

Los deberes para con el prójimo se reducen al precepto evangélico de amar al prójimo como a sí mismo; los deberes para con la familia , están representados por la solidaridad. Con mayor extensión analiza los deberes para con la patria , dando a todo el Manual un sentido de catecismo cívico. Examina el "culto de la patria", "Mayo y la independencia", "Mayo y la democracia", "Trinidad democrática(Libertad, Igualdad, Fraternidad)", resumiendo sus ideas en el sentido expresado en el discurso anterior y formulando en un elocuente "corolario" las normas básicas de la moralidad política.

En los deberes para con la humanidad sostiene que el verdadero espíritu de Cristo excluye toda separación de los hombres en castas y religiones, sin lo cual no puede llegarse a una verdadera fraternidad humana [9.] .

El capítulo final está consagrado a exponer la doctrina de la virtud o de la perfección moral, con más retórica que originalidad. Nombrado en 1847 miembro del instituto de instrucción pública produjo, entre otros informes, los dos publicados por Gutiérrez. El texto del uno, titulado Objeto y fines de la instrucción pública [10.] , aparece trunco; habla mal de los unitarios, examina la evolución de la enseñanza en Francia y aboga por la instrucción práctica, adaptada a las necesidades industriales y mercantiles de la población. El segundo es un breve informe [11.] aconsejando la aprobación de un texto de lectura. En una nota bibliográfica de The Training System , por David Store, deja transparentar Echeverría su interés por los métodos pedagógicos más modernos [12.] .

2. Pensamiento de fundar una "Asociación de Mayo"
En 1846 la influencia de los unitarios en la política de Montevideo disminuyó sensiblemente; la administración de Suárez imprimió carácter uruguayo al gobierno de la ciudad sitiada. No eran un misterio los desacuerdos entre orientales y unitarios. Echeverría, amparado por la fiel protección de Lamas, creyó llegada su hora de levantar cabeza. Era tiempo; tenía ya más de cuarenta años.

Concibió, entonces, el plan de organizar un partido político, reconstruyendo la Joven Argentina de 1837 con miras menos vagas, mejor orientación socialista y espíritu más argentino, bajo la denominación de Asociación de Mayo .

Para lanzar su nuevo proyecto, resolvió historiar la iniciativa anterior; aprovechó la oportunidad para maldecir de los unitarios y para dar alguna importancia a su propia biografía política.

En carta del 24 de Diciembre de 1844 a Juan M. Gutiérrez, próximo a salir de Río de Janeiro para Chile, después de alabar ingenuamente su propio genio político y poético, le anuncia el futuro trabajo: "Voy a ocuparme pronto de una mirada retrospectiva sobre el movimiento intelectual en el Plata desde el año 1830 adelante, procurando inventariar lo hecho, para saber dónde estamos y quiénes han sido los operarios. No creo haya otros nombres que los de nuestra gente . Veremos que dirá la otra . Se quedará con la boca abierta. Pondré en seguida de este trabajo el Código (revisto, corregido y aumentado) porque es el resumen de nuestra síntesis socialista. Me falta para esto el discurso que leí cuando se formó la "Asociación" en Buenos Aires, etc [13.] . La otra gente , eran los unitarios.

La Ojeada retrospectiva , más que para agraviar a Rosas, fue escrita por Echeverría para herir a los unitarios que no le admiraban [14.] , sin renunciar a seducirlos si fuese posible. Al mismo tiempo, habiendo pasado sus ideas de Lamennais a Leroux, como las del mismo Lamennais, rehizo la Creencia y la llamó Dogma Socialista , nombre hasta entonces desconocido.

¿Dogma de qué? ¿De la Joven Argentina ? No; de otra cosa, más seria esta vez, verdadero partido político en que cabía un hombre que ya no era joven: la "Asociación de Mayo". La declaración de principios de la Joven Italia , y demás asociaciones similares, estableció que no podrían ingresar a ella las personas que tuvieran cuarenta años de edad; Echeverría no ignoraba que tenía uno más de los reglamentarios. ¿Podía seguir hablando en nombre de la juventud?

De la adaptación de la Ojeada Retrospectiva y la antigua Creencia , totalmente reformada, nació el libro titulado Dogma Socialista de la Asociación de Mayo , publicado por primera vez en Montevideo, 1846, por la impresnta de El Nacional . Las dos partes del título revelan que no es la Creencia de 1837, aunque la Ojeada procura establecer un vínculo de continuidad. En 37 no hubo "Dogma Socialista" ni "Asociación de Mayo", sino "Creencia Social" y "Joven Argentina..."

Su concepto era claro: el mismo enunciado por Alberdi en la última palabra simbólica de la Creencia . "La lógica de nuestra historia, pues, está pidiendo la existencia de un partido nuevo , cuya misión es adoptar lo que haya de legítimo en uno y otro partido, y consagrarse a encontrar la solución pacífica de todos nuestros problemas sociales con la clave de una síntesis alta, más nacional y más completa que la suya, que satisfaciendo las necesidades legítimas las abrece y las funda en su unidad .

"Ese partido nuevo no pueden representarlo sino las generaciones nuevas, y en concepto nuestro, nada útil harán por la patria, malgastarán su actividad sin fruto, si no entran con decisión y perseverancia en la única vía que les señala el rastro mismo de los sucesos de nuestra historia" (pág. 75). Su intención de fundar ese partido, en 1846, está netamente declarada: "hacemos esta publicación... porque hallamos por conveniente reconstruir sobre nueva planta la Asociación, y anudar el hilo de sus trabajos comunes interrumpidos, llamando a todos los patriotas argentinos a fraternizar en un Dogma común". (pág. 93)

Con fecha octubre 1° de 1846 escribe a sus amigos de Chile: "Hemos reconstruido la Asociación con el nombre que ustedes habrán visto", (pág. 457). Esa es la única noticia que tenemos al respecto. ¿Era una información exacta, una anticipación de lo que no ocurrió o un estímulo para provocar lo que deseaba? "Alisten gente por allá: entra en nuestro plan abrir el seno de la Asociación a todo patriota argentino, sea cual fuere su clase y condición: el que no sirve con su cabeza sirve con su brazo. Es necesario formar un partido nuevo , un partido único y nacional, que lleva por bandera la bandera democrática de Mayo, que nosotros hemos levantado: es necesario trabajar en esto con decisión y perseverancia: es la única senda de salvación".

"Hemos resuelto por aquí que para ser miembro de la Asociación basta manifestar de palabra, o por escrito, el deseo de pertenecer a ella, y comprometerse en conciencia a profesar, propagar y defender sus doctrinas: inviten, si es posible, a todos los argentinos que haya por allá." (Pág. 457)

Entre sus amigos de la Joven Argentina , refugiados en los países del Pacífico, no tuvo acogida favorable este proyecto de fundar la Asociación de Mayo . En Montevideo, el Dogma pasó desapercibido, sin más resultado que agriar el irritable ánimo de su autor: "La prensa de Montevideo, representada hoy día exclusivamente por V. [Varela], ha enmudecido: no ha querido, o más bien, ha tenido miedo de recoger el guante. Sin embargo, han desahogado, como antaño, su impotente despecho en los corrillos de bufete. Bien lo prevía yo y se lo dije, como ustedes habrán visto al fin de mi Ojeada retrospectiva . Es preciso concluir de una vez con esta gente, y yo me encargo de hacerles por acá el proceso definitivo. Uno de nuestros grandes errores políticos, y también de todos los patriotas, ha sido aceptar la responsabilidad de los actos del partido unitario y hacer solidaria su causa con la nuestra" (pág. 456). Su candorosa vanidad se desnuda en la misma carta: "Mi obra, mientras tanto, ha sido recibida con el aplauso universal por argentinos y orientales. He dicho el secreto de todos, y todos han aplaudido. Pronto circulará pro Entre Ríos, Corrientes y Buenos Aires, y espero que allí encontrará profundas simpatías. He escrito a Urquiza y a Madariaga, enviándosela: ustedes presumirán con qué fin...", (pág. 457).

El Dogma Socialista de Echeverría [15.] no consiguió mover voluntades; no se fundó la Asociación de Mayo .

3. La Ojeada Retrospectiva
En este escrito apologético, encaminado a exaltar la importancia de una sociedad secreta que no había tenido ninguna, Echeverría tuvo el acierto de reunir interesantes informaciones sobre las ideas y los ideales de la juventud de su tiempo, llevando a Rosas y al partido federal una carga que nadie habría sospechado en 1837, cuando en el famoso brindis inaugural esperaba realizar el programa de Mayo "bajo los auspicios de la Federación". No es posible desconocer que Echeverría se atribuye a sí mismo, y asigna a la Joven , una trascendencia enteramente fantástica; se comprende que los unitarios no le tomaron en serio, políticamente, sin perjuicio de que algunos leyeran sus versos con mucho gusto.

Con innegable destreza borda la leyenda de la Asociación. Dando a ésta el nombre de Mayo y a su Creencia el de Dogma , sugiere que giran en torno de ellas todos los que han luchado por los principios de la Revolución, por el Dogma de Mayo . Este ingenioso trocatinta se inicia en la Dedicatoria, en que las mismas víctimas de la guerra civil contra Rosas son utilizadas a favor de su leyenda: "¡Mártires sublimes de la Patria! vosotros resumís la gloria de una década de combates por el triunfo del Dogma de Mayo..."

La Ojeada contiene una historia novelesca de la Joven abortada en 1837. Nueve años más tarde, con su manera vaga de contar las cosas, resulta Echeverría un genio político, un vidente profético. Y, sobre todo, como los unitarios se han reído siempre de él por la Creencia , copiada de las similares europeas, se empeña ahora en mostrar el carácter práctico y nacionalista de aquella iniciativa que había hecho gala, expresamente, de ser doctrinaria y humanitarista.

Las más de las intenciones que Echeverría se atribuye en los comentarios, no son exactas.

Como en 1839 se había repetido que era una glosa de la Joven Italia , Echeverría prefirió citar repetidamente esa fuente de las "palabras simbólicas" omitida en la Creencia . Y los unitarios, que le enfermaban con el asuntito de las quimeras socialistas europeas, no de darles cuantos espolazos puede, por europeístas.

Solidarizándose con la primitiva Creencia , rompe una lanza a favor de El Progreso , palabra simbólica que procura reexplicar de acuerdo con las últimas informaciones sansimonianas: el "progreso normal" o "verdadero progreso" consiste en seguir el camino de la Revolución contra el antiguo régimen. Con este motivo diserta sobre lo que otrora había entendido como "Democracia"; fuerza es reconocer que, en este punto, cuanto más se lee menos se entiende.

Son interesantes las referencias al problema religioso, bastante más explícitas que en 1837, aunque siempre medidas en vista de una opinión popular católica, a la que engaña hablándole del espíritu cristiano que ya conocemos. Para evitar el reproche de ateísmo, afirma la necesidad de la religión y su grande influencia moral en la sociedad; en seguida menudea sus pullas contra la Iglesia católica, que mira como una "degeneración" del cristianismo.

Curiosa es su chicana para justificar la hostilidad al sufragio universal, defendido por su enemigo Rivera Indarte. Como no puede hablar claro, entra en especiosidades oligárquico-democráticas; el texto resulta una viva contradicción entre la igualdad de clases y la calificación del sufragio.

Era el año 46. Encontraban ya eco en su mente las agitaciones democráticas que precedieron a la revolución del 48 en Francia y en las que tuvo tanta parte Considerant, que con otros sansimonianos acababa de adherir a Fourier, dedicándose con Lechevalier y Transon a la propaganda y organización de falansterios. Echeverría alcanzó a sentir el influjo de las últimas fórmulas y expresó su regocijo al hallarse en comunidad de aspiraciones con Víctor Considerant, que tronaba en la "Democracia pacífica" [16.] . En esa época incorporó a su capital ideológico las declaraciones más sonoras sobre el sufragio , panacea que se reputaba capaz de renovar la sociedad bajo cualquiera forma de gobierno. Ya no se haría cuestión de república o monarquía, de unidad o federación, de jacobinismo o jesuitismo: la democracia surgiría espontáneamente ampliando el sufragio, practicándolo de buena fe. Todos los partidos, todos los intereses, todas las filosofías serían representadas en un gobierno que iría directamente a la igualdad de las clases ante la ley.

Todo esto, que es sencillo, lo tradujo Echeverría en una ilógica restricción y calificación del sufragio, sin que el pensamiento absurdo quedase bien disfrazado entre un cúmulo de palabras que pujan por no decir lo contrario de lo que significan [17.] .

Basta reflexionar un minuto sobre esas vaguedades y contradicciones, para comprender que a Echeverría le faltaba lo que Alberdi tenía de sobra: sentido político. A nadie sorprenderá que De Angelis se haya divertido a expensas del poeta que tantas incongruencias hilvanaba en la comentarios a la Creencia ; ni parece extraño que José M. Estrada anduviera descaminado en los discursos con que pretendió explicarlo, ya que, en verdad, no era posible explicar un pensamiento político de suyo oscuro y ergotista.

En el título VI, después de insinuar un poco de novela policial sobre presuntas persecuciones de Rosas, se lamenta de que éste no hubiese adivinado que él y su Creencia eran la salvación del país, bajo los auspicios de la Federación [18.] .

En el fondo, reprocha a Rosas que no se haya valido de él para aniquilar a los unitarios; se consuela intentando aniquilarlos con la pluma. Buena parte de su Ojeada está contraída a reseñar con generosidad la producción literaria de los jóvenes, con el propósito, a cada instante traicionado por sus palabras, de rebajar el mérito de los enemigos... que no eran los rosistas sino los unitarios, los mismos que le habían llamado copista de sueños europeos incompatibles con las realidades argentinas. Esas heridas a su vanidad no cerraron nunca. Para defenderse de los pasados ataques abundó en simpáticas declaraciones nacionalistas [19.] .

Glosando la Palabra Simbólica redactada por Alberdi, sostiene que los partidos unitario y federal representaron intereses reales y legítimos; por eso, "la lógica de nuestra historia está pidiendo la existencia de un partido nuevo , cuya misión es adoptar lo que haya de legítimo en uno y otro partido, y consagrarse a encontrar la solución pacífica de todos nuestros problemas sociales con la clave de una síntesis alta, más nacional y más completa que la suya, que satisfaciendo todas las necesidades legítimas, las abrace y las funda en su unidad .

"Ese partido nuevo no pueden representarlo sino las generaciones nuevas, y en concepto nuestro, nada útil harán por la patria, malgastarán su actividad sin fruto, si no entran con decisión y perseverancia en la única gloriosa vía que les señala el rastro mismo de los sucesos de nuestra historia.

"Siempre nos ha parecido que nuestros problemas sociales son de suyo tan sencillos, que es excusado ocurrir a la filosofía europea para resolverlos; y que bastaría deducir del conocimiento de las condiciones de ser de nuestro país, unas cuantas bases o reglas de criterio para poder marchar desembarazados por la senda del verdadero progreso".

Este discurso contra los unitarios europeístas se repite; Echeverría se justifica así de haberlo sido más que ellos. Acusado de quimerista, resuelve proclamarse lo único que no era ni podía ser: político práctico ; y eso, en él, sólo quería significar una acusación a los unitarios, que habían sido teóricos. "Dejémonos, pues, de sofismas, de mentiras, de autoridades que no pueden ser irrecusables por lo mismo que suministran armas a opuestos contendores, y sirven para apoyar a un tiempo la justicia y la injusticia; apelemos a la razón iluminada con el estudio, con el conocimiento de nuestra cosas, de nuestros intereses, de nuestra necesidades, de nuestra vida social, y marchemos con la seguridad de hallar el camino franco, y desembarazado de escollos; hagamos lo que hacen los políticos prácticos de todo el mundo".

En nombre de la Patria hace una llamado final a todos los patriotas argentinos, invitándolos a escuchar su palabra y a congregarse bajo los principios, proclamados en el Dogma Socialista , que debe ser leído como la Biblia de Mayo.

Olvidándose de la novela, Echeverría vuelve por momentos a la realidad en el capítulo final (X). "Si nos hemos internado en tantos pormenores, ha sido porque importa se tenga noticia del origen y la marcha de un movimiento socialista único en nuestro país, iniciado en una época de oscurantismo absoluto, y que ha pasado casi inapercibido, merced a la circunstancias; movimiento que no ha dado de sí hasta ahora resultado alguno práctico, porque le ha faltado el terreno de aplicación: la Patria; pero que en la esfera de las ideas, ha hecho y continúa haciendo sus evoluciones progresivas, ha tenido sus apóstoles y sus mártires, sembrando buenas semillas, resuelto cuestiones importantes de actualidad, producido obras de mérito y cooperado activamente en la lucha contra Rosas; movimiento que, no dudamos, hallará en el porvenir secundadores, porque representa todas las aspiraciones legítimas de una época".

Y aquí, otra vez, infatigable, vuelca su acíbar sobre los unitarios [20.] . Protesta contra los partidos caciquistas, pues los hombres nada representan si no tienen ideas sociales bien definidas. ¿Se refiere a los sicarios de Rosas?: "Estamos por saber todavía cuáles son las doctrinas sociales de muchos antagonistas de Rosas que han figurado en primera línea, y bueno sería que para legitimar sus pretensiones a la iniciativa política , nos dijesen a dónde quieren llevarnos , o cuál es el pensamiento socialista que intentan sustituir a la tiranía en su Patria, dado caso que desapareciese". Cree Echeverría que el mejor modo de servir a la democracia socialista es poner en berlina a los unitarios, diciéndoles cuantas más verdades desagradables fueren posibles. Así esperaba llenar sus tres propósitos: vengarse del menosprecio unitario, erigirse en apóstol heroico y fundar un partido bajo su jefatura personal. "Hacemos esta publicación... porque si es nuestro destino morir en el destierro, sepan nuestros hijos, al menos, que sin ser unitarios ni federales, sin haber tenido vida política en nuestro país, hemos sufrido una proscripción política y hecho en ella cuanto nos ha sido dable por merecer de la Patria.

"La hacemos, en suma, porque hallamos por conveniente reconstruir sobre nueva planta la Asociación, y anudar el hilo de sus trabajos comunes interrumpidos, llamando a todos los patriotas argentinos a fraternizar en un Dogma común [21.] ."
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