Pequeña localidad, situada a 30km al sur de Marraquech sobre un pequeño río Urika o Aghmat en el linde del Gran Atlas. El nombre de esta localidad se aplicaba






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títuloPequeña localidad, situada a 30km al sur de Marraquech sobre un pequeño río Urika o Aghmat en el linde del Gran Atlas. El nombre de esta localidad se aplicaba
fecha de publicación13.03.2016
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AGHMAT

Pequeña localidad, situada a 30km al sur de Marraquech sobre un pequeño río Urika o Aghmat en el linde del Gran Atlas. El nombre de esta localidad se aplicaba en el siglo XI a dos aglomeraciones distintas separadas la una de la otra por una distancia de unos 2 o 3 km, Aghmat an-waylan o aghmat des Aylán (tribu bereber) y Aghmat Urika. Esta última forma hoy día una aldea rural bajo el nombre de Urika.

Con la llegada del Islam al Magreb comienza el desarrollo de la ciudad. Su etapa de apogeo son los siglos XI y XII, cuando inició su ascensión como capital de un principado local primero y de una opulenta ciudad comercial después.

Los geógrafos la describen como una ciudad próspera, un territorio bien acondicionado gracias a un intensivo aprovechamiento agrícola a través de la irrigación y un floreciente comercio caravanero que disponía de una fuerte moneda de oro acuñada localmente desde 1058, el dinar almorávide.

Una opulenta ciudad comercial.

“…. Allí bajan los mercaderes y los viajeros…..alrededor se extienden jardines y bosques de palmeras…una gran abundancia reina en este país y todo a buen precio. Se llevan hermosas manzanas de la ciudad de niffis, que por medio dirhem, pueden comprarse como para cargar una mula….se instalan diversos mercados que son muy frecuentados. En el de Aghmat, que tiene lugar todos los domingos, se vende toda clase de mercancías y de útiles domésticos. En ese día se matan y se consumen más de cien vacas y mil corderos. En otro tiempo, en Aghmat, los habitantes se transmitían el cargo de emir, el que había ejercido las funciones durante un año era reemplazado por otro que el pueblo escogía en su seno. Esto se hacía siempre como consecuencia de un arreglo amistoso.”

Al- Bakri, siglo XI

“Los habitantes de Aghmat son ricos y comerciantes. Se dirigen al “País de los Negros” con un gran número de camellos cargados de cobre rojo y coloreado… de ropas de lana, turbantes, toda clase de collares y sartas de vidrio, de conchas y de piedras, diferentes drogas y perfumes, utensilios de hierro. El que confía estos encargos a sus servidores o a sus esclavos posee, en la caravana, cien, ochenta o, por lo menos, setenta camellos cargados. Durante la dominación de los almorávides, no había gente más rica que los habitantes de Agmat. Tenían costumbres de colocar en las puertas de sus casas unas señales destinadas a indicar la importancia de sus riquezas…”

Al-Idrissi, siglo XII

Al Idrissi, continúa su descripción: “ Un pequeño río atraviesa la ciudad con molinos de harina a sus orillas….Como dijimos que la ciudad esta situada al pie de la montaña de Daran, en invierno las nieves acumuladas se funden y las aguas heladas corren hacia la ciudad. Pasa a menudo que el río se hiela, tanto que no se rompe y los niños se divierten deslizándose por él.

Antes de la fundación de Marraquech, en el inicio del poder almorávide, esta ciudad era el principal centro urbano del sur de Marruecos e incluso si se atiende a ciertas fuentes andalusíes, era un foco de cultura muy activa hacia la que confluían numerosos letrados y juristas cordobeses y qairauíes, éstos últimos se habían expatriado en masa después de la revuelta acaecida en Ifriqiyya. En esa época, Aghmat era la capital de un pequeño estado bereber, dirigido por un jefe maghrawa, Lakkut b. Yusuf que se casó con la hija de uno de esos emigrados ifriqies, la famosa Zaynab al-Nafzawiyya. Zaynab bint Isaq al-Nafzawiyya era una noble y hermosa mujer de sangre azul que cautivó a medio mundo, por su belleza, inteligencia y perspicacia. Algunos dicen que hacía magia, según la leyenda ella tenía la llave a los tesoros subterráneos, los cuales los mortales podían ganar su afecto y lograr casarse con ella. Jefes de tribus y emires la cortejaron, pero ella decía que sólo se casaría con el hombre que gobernaría todo el Magreb.

En el año 1058 la ciudad es ocupada por los almorávides, que establecen allí la sede de su movimiento y hacen de ella la base de partida de sus ejércitos para la conquista de Marruecos, antes de crear en 1070 su propia capital.

Más tarde y probablemente a la muerte de Lakkut, Zaynab se convirtió en la esposa del almorávide jefe lamtuna Abu Bakr b.Umar. Por cuestiones que ahora no vienen a cuento, Abu Bakr se va al desierto, dejando en marcha el proceso de formación del movimiento almorávide. Dejó a cargo en Aghmat a su primo y lugarteniente Yusuf ibn Tashfin, que por aquel entonces ya tenía entre 40 y 50 años.

Antes de partir se divorció de Zaynab y le recomendó a su primo que se casara con ella. Así Zaynab se convertió en la esposa de su primo y lugarteniente del movimiento almorávide Yusuf ibn Tashfin. En aquel momento Yusuf tenía 63 años, a pesar de su edad tuvieron varios hijos, se sabe al menos de 9 varones y 4 mujeres. Esta princesa inteligente, cultivada, supo rápidamente rodearse en Aghmat de una corte literaria y llevaba una forma de vida más refinada que la de los rudos señores y mujeres lamtunas venidos del Sahara. Zaynab siempre influyó mucho en Yusuf, era muy buena consejera, por sus contactos, su inteligencia y sus conocimientos, eso ayudó a Yusuf a terminar de conquistar todo el Magreb e incluso llevar la seguridad a al-Andalus.

Una vez fundada y convertida en capital almorávide, Marraquech atrajo hacia allí una gran parte de esta elite cultivada de Aghmat y así comenzó su declive, que parece no haberse hecho efectivo hasta bastante más tarde.

En la época de León el Africano Aghmat ya era o estaba en plena decadencia.

Desde el año 1086 Yusuf ibn Tashfin tiene su primer contacto con al-Andalus. Cruza el Estrecho a petición de los reyes de taifas para auxiliarlos en la lucha contra Alfonso VI. Esta primera intervención almorávide en al-Andalus quedará reflejada en la victoria andalusí de la famosa batalla de Zallaqa, donde el rey de Castilla Alfonso VI salió mal parado.

Pocos años después Yusuf ibn Tashfin responde a una segunda llamada andalusí para socorrerlos, en este caso, en la zona de Levante o Shark al-Andalus. La zona de Levante se había vuelto el area más vulnerable de al-Andalus, por varios motivos: La presencia del Cid en la zona de Valencia, la presencia cristiana en el castillo de Aledo, desde donde los soldados castellanos hacían continuas razzias contra la población y el campo. Por lo que fue el propio rey al-Mu´tamid, quien acompañado de otros visires se fue al Magreb a entrevistarse con Yusuf ibn Tashfin y pedirle nuevamente ayuda militar. De esta manera los almorávides hicieron su segunda incursión en al-Andalus. La fortaleza de Aledo está situada en lo alto de un risco, su situación geográfica hizo el ataque imposible, por lo que los andalusíes y almorávides decidieron sitiar la fortaleza. Allí montaron cada taifa su campamento, y fue ahí donde salieron a la luz la realidad de los reinos de taifas. Yusuf ibn Tashfin fue testigo de las enemistades entre los distintos reyes de taifas, fue testigo de las intrigas de los alfaquíes conspirando contra ellos. Recibía las quejas de unos y de otros, pero se negaba a entrar en el juego. Como consecuencia de esta situación, el sitio se hizo insoportable, a eso se sumó el calor del verano y el cansancio, encima a última hora les fueron cortados los víveres que hasta entonces procedían de la zona de Murcia. Aquella expedición se convirtió en un desastre y los almorávides decidieron levantar su campamento y volvieron al Magreb dejando a los reyes de taifas con sus problemas.

Yusuf ibn Tashfin queda preocupado por la situación. Desde hace tiempo venía recibiendo cartas de ulemas y alfaquíes pidiéndole, solicitando su intervención en al-Andalus para acabar con los reinos de taifas. Según ellos atentaban contra las leyes del Islam, a la hora que solicitar al pueblo un impuesto extraordinario para poder las parias a los castellanos. Los hombres de leyes y religión también acusaban a los reyes de taifas de firmar acuerdos con los castellanos. Estas quejas llegaron a inquietar a los almorávides, que consultaron y pidieron una fatwa para legitimar la incursión en al-Andalus y deponer a los reyes de taifas.

Así fue como en el año 1090 los almorávides cruzaron por tercera vez el estrecho, pero esta vez para quedarse. El primer rey andalusí depuesto fue Abd ´Allah de Granada, le siguió su hermano rey de Málaga, para continuar su incursión por todos los castillos, fortalezas y plazas de la zana de la cuenca del Guadalquivir hasta llegar a Sevilla. Fue ahí donde recibieron resistencia por parte del rey al-Mu´tamid. Los almorávides decidieron sitiar la ciudad hasta que fue atacada por su lado más vulnerable que era la zona del río Guadalquivir. El rey al-Mu´tamid, lejos de rendirse, salió a la lucha buscando una muerte heroica, pero aún no había llegado su hora. En Septiembre del año 1091 finalmente se rindió Sevilla, después de haber caído Córdoba, donde gobernaba un hijo del rey al-Mu´tamid que fue asesinado por los almorávides y otro que fue muerto en el ataque a la ciudad. El rey al-Mu´tamid fue cargado con cadenas y junto con su familia y su harén fue llevado al muelle donde los esperaban unas galeras que los llevaron al Magreb. Aquella despedida quedó reflejada en un poema de un poeta de la corte y buen amigo del rey al-Mu´tamid, que se llamaba ibn al-Labbana, que recitaré más adelante. Una vez llegado al Magreb, pasó por Tanger y Meknés antes de llegar a la aldea de Aghmat, donde fue encarcelado.

Olvidaré todo, salvo la mañana del Guadalquivir,

En la que los miembros de la familia principesca

Estaban en los navíos como cadáveres en sus tumbas.

El pueblo se agolpaba en las dos orillas y

Contemplaban con asombro esas perlas flotando

Sobre la espuma del agua.

Los velos de las mujeres bajados,

Hacían que las doncellas no tuvieran escondido el rostro

Y sus faces de desgarraban como se hubiera hecho con mantos preciosos.

Cuando llegó el momento de los adioses,

Mujeres por las que lo hubieran dado todo y

Hombres prestos a sacrificar su vida,

Lanzaban gritos desgarradores.

Los navíos partieron acompañados de lúgubres lamentos

Como camellos a los que el camellero, cantando, empuja hacia adelante.

¡Cuántas lágrimas corrieron hacia el río!

¡Cuántos jirones de corazones se llevaron aquellas galeras! “

Con grilletes en pies y manos pasó el que fuera rey de Sevilla sus últimos cuatro años, durante los cuales sufrió la desesperación de ver a sus hijos e hijas en la miseria, su mujer Itimad convertida en hilandera. Recibió la visita de sus amigos poetas a los que le recitaba versos que quedaron para la memoria de su historia. Los versos más tristes y sentidos forman hoy parte de su antología, que recuerdan, añoran los tiempos de gloria en Sevilla. Sueña con ser enterrado en Sevilla. Finalmente Itimad enfermó y murió en el año 1095, y tan sólo unos meses después le siguió el rey al-Mu´tamid, que murió en el mes de Septiembre del mismo año. Fue enterrado en el cementerio de la ciudad y no fue hasta 1970, cuando se edificó el actual mausoleo para el descanso eterno del que fuera rey de Sevilla, su esposa la reina Itimad y su hijo. El mausoleo de es pequeñas dimensiones y en su interior la única decoración que muestran sus paredes son los versos del propio rey al-Mu´tamid.

El mismo rey redactó su epitafio:

Tumba del extranjero

Que la llovizna vespertina y la matinal te rieguen

Ya que has conquistado los restos de al-Mu´tamid ibn Abbad.”

Siglos más tarde, en el siglo XIV ibn al Jatib visitó la tumba del rey en Aghmat:

Dice que esta tumba se encuentra en el cementerio sobre un promontorio.

Está rodeada por un seto de azofaifa silvestre. Al lado se encuentra la de Itimad…. Se notaba que eran extranjeros; se notaba el abandono, a pesar de haber tenido poder. Al verlas no se podían retener las lágrimas. Allí recité estos versos:

Voluntariamente vine a Aghmat a visitar tu tumba…

¡Tú, la antorcha que brilla entre las sombrías noches!

Si me hubiese sido dado vivir en tu época,

Mis poemas habrían sido bellos y te habrían glorificado.

Tu tumba domina la colina que la anuncia,

Y hacia la cual acuden las creencias de la gente que viene a saludarte.

Has sido enaltecido en vida, lo eres tras tu muerte

Y tu gloria se ha confirmado… “

Ibn al-Jatib.

“Las gentes aún te lloran” – ibn al-Abbar siglo XIII

El año 1924 me determiné a reanudar las peregrinaciones que nuestros padres hicieron durante algún tiempo a la tumba de uno de los hombres más representativos del espíritu de nuestra tierra, Abu-l-Qasim ibn Abbad, rey verdadero de Sevilla, Córdoba, Málaga y el Algarbe. El último peregrino había sido un hijo de mi serranía de Ronda, Aljatib, ministro del sultán de Granada, en el siglo XIV. Seis siglos sin que Andalucía enviase ya su “saudad” por uno de sus hijos al sepulcro del Rey poeta que murió en el destierro lejano invocándola en sus versos dolorosos.

En mi viaje, me acompañaba un intrépido muchacho catalán, gran espíritu, hoy residente en Oporto. Llegamos a Agmhat el día 15 de septiembre. Allí no había europeos, civiles o militares cuyas líneas francesas  habíamos dejado atrás”.

 

Solos, con un guía que nos prestó una kabila próxima y un intérprete oraní, sin cartas de presentación ni de referencia, no llevábamos más armas ni más guardas ni más brújula que nuestro entusiasmo y el nombre de Al-Andalus que desvanecía recelos, apaciguaba las irritaciones que nuestra audacia despertó alguna vez y nos abría las puertas de aquellos campesinos montañeses que tan pródigos fueron en su hospitalidad”.
Blas Infante en su obra de teatro Mutamid, en el pasaje VI, al final, un peregrino visita la tumba del rey al-Mu´tamid en el siglo XIV:

Para destruir la tumba del Abbad, todo tendreís que sumergirlo en la Nada. Vosotros mismos sois tumbas, en las cuales, enterrado el Rey, no ha muerto, duerme aún…sois su sepulcro y sereis su cuna en el retorno del solsticio eterno…”

Convertida Marraquech en capital de los almorávides, Aghmat fue cayendo en el olvido. Pronto aparecería un nuevo movimiento religioso-político y social cuyo líder era ibn Tumart, quien tomó como sede la ciudad de Tinmel.

TINMEL

Pequeña ciudad situada a unos 100km al sur de Marraquech, en el alto valle del Nfis, fue transformada en ciudad fortaleza inexpugnable a partir de 1120. El lugar está protegido por el entorno, la estrechez del valle y las crestas rocosas que lo dominan. Las cimas nevadas que lo rodean sobrepasan los 3.000 metros de altitud. A sólo unos kilómetros de Tinmel, a 2.788m, culmina el puerto de Tizi n-Test. Constituye la unión natural con la llanura del Sus, al sur.

Tinmel, nombre bereber que designa las terrazas de cultivo en la montaña. La localidad de Tinmel fue la cuna del movimiento almohade. Está situada en lo alto de una meseta que domina el valle del Nfis en el alto Atlas, rodeado de altas cumbres, que la hacen difícil acceso. Relieve accidentado, senderos estrechos y abruptos hacen a esta localidad inexpugnable. En la Edad Media Tinmel designaba la montaña y la localidad.

El famoso visir y escritor granadino ibn al-Jatib visitó Tinmel hacia 1360 y nos deja esta descripción en la que expresa su asombro de andalusí ante el fenómeno de este lugar perdido en el fondo de un valle del Atlas. Sin embargo, escribe él, allí es desde donde se orquestó un imperio dirigido por la batuta de Ibn Tumart, el Mahdi de los almohades. ¿Qué fatalidad ha hecho, que esta batuta haya podido dirigir metrópolis tan prestigiosas como Córdoba, ranada y Sevilla y países como Marruecos y Túnez?

Nufadhat el Jirab: “Dejamos este lugar tras haber visitado la mezquita de su Imam, el Mahdi, su casa, los vestigios de su madraza y de su cárcel… ¡ Cuán grande fue nuestro asombro ante esta casa de apariencia insignificante… y que, no obstante, tuvo en su poder las llaves de tantos gloriosos palacios! En cuanto al austero mimbar de esta mezquita, tuvo las riendas de púlpitos labrados con marfil y con las mejores especies de madera de sándalo y ébano…como un pastor conduciendo un dócil rebaño con su cara, el mimbar de Tinmel sometió a las gentes de Córdoba, Sevilla y Granada, de Ifriqiyya y del Magreb.

Al-Idrissi: “Esta ciudadela se llama Tanmallalt. Era el cuartel general del Masmudi Muhammad ibn Tumart, en la época en que apareció en el Magreb, la fortificó y la eligió para que fuera el almacén de sus tesoros e incluso el lugar de su sepultura… Hoy día, su tumba está considerada por los masmudas como un lugar santo, siendo para ellos objeto de peregrinaje. A principios del siglo XII es difícil de creer que en el siglo XII se iba a fraguar un enorme imperio en una aldea encaramada en el fondo de un alto valle del Atlas. Al-Idrissi lo califica de “sendero semejante a una escala….”

Ibn al Jatib en el siglo XIV…. Ni siquiera en sueños un fantasma tomaría este camino….”

León el Africano, hacia 1515: “ Tenmelle es un monte altísimo y muy frío, poblado por doquier. En su cumbre hay una ciudad del mismo nombre, asimismo muy habitada y adornada por un hermoso templo – mezquita- …. Ahí están enterrados el santón el mahdi y su discípulo abd al-Mumin. La gente es maligna y cree ser muy sabia por haberse hecho a las doctrinas de tal hereje. Sus habitantes son gente valiente, rica y dueña de muchos caballos… viven en el monte muchos artesanos judíos… existen en ciertos lugares vetas de un mármol blanquísimo… vense en ciertos parajes muchas columnas, capiteles labrados y grandes y hermosas pilas de fuentes que fueron mandadas hacer en tiempos de los poderosos señores los almohades… vi muchas maravillas…

¿Por qué se eligió este paraje? Las tribus de la montaña se reunían en sus alrededores para firmar los acuerdos y prestar juramentos, este carácter casi sagrado explica parcialmente la elección del futuro mahdi.

¿Quién era ibn Tumart? Nacido en un pueblo bereber, probablemente Sus o Igili, hacia 1078-1081, en el seno de la tribu masmuda. Muhammad ibn Tumart abandonó a los 18 años su pueblo para ir a estudiar jurisprudencia y teología a Córdoba, de ahí continuó su viaje de estudios que le llevó durante unos 15 años a lugares como La Meca, Damasco o Bagdad. A su regreso al Magreb, donde dominaban los almorávides, comenzó la predicación de su nueva doctrina, basado en una doctrina ortodoxa rígida y su dogma era la unidad de Dios. Este nuevo movimiento religioso se apoyaba en tres pilares:

  • La necesidad de desarrollar la ciencia y el saber para consolidar el Islam.

  • La existencia de Dios

  • La absoluta unidad de Dios, distinto a cualquiera de sus criaturas, es un ente puro, casi abstracto. Criticaba la costumbre del Islam occidental de asociar lo divino a lo terrenal dotando a Dios de atributos antropomorfos.

Defendió el concepto de Tawhid (unidad) de Dios, que es indivisible, ilimitado e indefinible. Sus seguidores son llamados Muwahhidun (los que reconocen la unidad de Dios) y de ahí viene el término castellano de almohades. Este puritarismo y sus sermones encendidos lograron llegar a la multitud e inquietaron a los almorávides. Esta época estuvo marcada por desórdenes y protestas que ibn Tumart promovía cada vez que veía un relajamiento en las prácticas religiosas. En Marraquech discutió con los teólogos oficiales y en 1120 el visir almorávide ordenó matarlo, pero logró escapar pasando por Tauroudant y Aghmat antes de refugiarse en Tinmel en 1123. Desde allí, procedió a la formación de una comunidad heterogénea, las tribus hargha, Hintata, Gadmiwa, Ganfissa, representan la gran familia Tinmel, que eran un ejército de casi 40.000 hombres. Tinmel se convierte en el bastión de guerra contra el poder de Marraquech. Allí, ibn Tumart se autoproclamó mahdi, guía espiritual y ordenó la construcción de una mezquita y una infraestructura militar.

La ciudad se rodeó de murallas y torres vigías, de las cuales la más famosa sería Bury Tidaf que tenía un gran tambor usado para dar la alarma y dejó el nombre en una de sus puertas Bab Tubul.

Un puente levadizo permitía el acceso a la tropa. En su interior una mezquita y la casa del mahdi formaban el corazón del pequeño estado. Las exitosas expediciones almohades trajeron prosperidad a la región gracias a los botines de guerra y los prisioneros. En 1132 los almohades lograron destruir la fortaleza almorávide de Tasghimut, las batientes de sus puertas son llevadas con gran pompa a Tinmel para decorar Bab al-Fakhharin.

Entre sus hombres de confianza contaba con abd al-Mu´min, su mano derecha y sucesor. A la muerte de ibn Tumart, en 1130 fue enterrado junto a la mezquita. Su sucesor y heredero, Abd al-Mu´min, el primer califa almohade, transformó Tinmel en un lugar de peregrinaje, él mismo venía a rezar sobre la tumba de ibn Tumart antes de tomar cualquier decisión importante. En su mezquita y ante su tumba se veían lectores del Corán, que estaban permanentemente leyendo suras del libro sagrado del Islam. El culto al mahdi sobrevivirá hasta la desaparición de la dinastía.

Abd al-Mu´min llevó a cabo el embellecimiento de Tinmel y mandó construir una nueva mezquita sobre la de ibn Tumart, en 1153. Acerca de la mezquita hablaré un poco más adelante.

A la muerte de abd al-Mu´min fue enterrado cerca de ibn Tumart y Tinmel se convirtió en la necrópolis oficial de los califas almohades durante todo el período de su poder.

Después de la victoria de los meriníes y la expulsión de los almohades de Marraquech, los sobrevivientes se refugian en Tinmel. En 1275 el gobernador de Aghmat conquista el lugar y masacra a la población y además profana las tumbas de los califas almohades. Este acto de vandalismo y violencia provocó algunas revueltas, a pesar de todo, la región siguió gozando de una cierta prosperidad. En el siglo XVI….” Tinmel es una ciudad muy poblada… y tiene un hermoso templo…” Nos cuenta León el Africano.

Los siglos XVII/XVIII al-Zarhuni describe minuciosamente la mezquita que aún está en funcionamiento, pero que pronto será abandonada por la mala orientación de su quibla. Sigue siendo un lugar de peregrinación y sigue siendo próspera a pesar de sus pocos habitantes. El autor vio ejemplares de obras almohades en la biblioteca de la mezquita. El recuerdo del mahdi sigue también presente, piezas de monedas almohades que son encontradas son consideradas como talismanes. Luego la mezquita es abandonada, y cae en ruinas y Tinmel es olvidada. En el siglo XIX el caíd al-Goundafi la intentó restaurar pero no tuvo éxito. Ya en el siglo XX las excavaciones arqueológicas mostraron más interés por los monumentos de Tinmel.

LA MEZQUITA

La mezquita construida por abd al-Mu´min es casi contemporánea a la Kutubiyya y ha servido de arquetipo para la mayoría de las mezquitas marroquíes. Por su estructura, planta, proporciones moduladas y elementos de su decoración, es una obra maestra de primer orden.

Lo primero que nos llama la atención es cómo en este lugar tan inhóspito y perdido en las montañas del Atlas, sus gentes que se supone que nunca habían salido de allí, fueron capaces de construir una mezquita tal. Pienso que la razón principal la encontramos nuevamente en ibn Tumart, que vivió tanto en Córdoba como en varios países árabes y trajo hasta Tinmel la idea de mezquita, como la de Córdoba. Es probable que su sucesor hiciera una copia de la mezquita previa aunque embelleciéndola y agrandándola. Estas no son más que teorías, haría falta más trabajos de excavaciones en Tinmel.

En 1153 Abd al-Mu´min anuncia el inicio de los trabajos de ese monumento que es ejemplo de uno de los complejos de arquitectura del occidente musulmán. Edificada sobre la antigua de ibn Tumart, la simetría sobre el plano es perfecta, así como la decoración y las formas igualmente simétricas. Este nuevo arte almohade, tiene como característica la multiplicación de cúpulas, que es una innovación, el empleo del ladrillo, tipos de los arcos, polilobulados, los pilares y capiteles, las columnas del patio, servirán de modelo para todas las mezquitas magrebíes. La decoración con elementos florales, palmeras, geometría en estuco, sólo en contadas ocasiones aparece la caligrafía como elemento decorativo. Estos elementos decorativos se van haciendo cada vez más elaborados a medida que uno se va acercando al mihrab. Muchos de estos elementos decorativos son usados en Tinmel por primera vez serán referencia en el arte magrebí.

Las dimensiones del conjunto son de 48 x 43,60m. El Sahn o patio, la sala de oración, llamado haram, se organiza mediante 9 naves longitudinales perpendiculares a la quibla. La nave axial y la de la quibla, más anchas, encuentran en T, formando delante del mihrab, la maxura, la zona reservada al sultán, es un espacio de planta cuadrada cerrado por una cúpula, justo frente al mihrab. Las dos naves extremas, también más anchas cuentan así mismo con dos cúpulas en los ángulos. Estas tres cúpulas están decoradas en mocárabes, siendo entre las primeras de su género en el Occidente musulmán. La razón de las 3 cúpulas es para dar importancia a la nave de la quibla. La armonía de los volúmenes esta matemáticamente calculada: es un esquema geométrico, presenta hasta en los detalles de la ornamentación. La disposición de todos los elementos tanto estructurales como ornamentales está centrada en el mihrab.

La mezquita fue restaurada entre 1990 y 1992. Hoy día se dice que la mayor parte de la antigua Tinmel está aún bajo tierra y debe ser excavada.

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