Introducción al libro del Árbol de la vida






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Introducción al libro del Árbol de la vida

Rabí Yehuda Leib HaLevi Ashlag

Panim Meirot Umasbirot

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Esta escrito al final de la Mishná (Okatzin), "El Creador no encontró un recipiente que contuviera una bendición para Israel,  salvo la paz, como está escrito, ‘El Señor dará fortaleza a Su pueblo; el Señor bendecirá a Su pueblo con la paz’”.

Hay mucho para aprender en esto: Primero, ¿cómo demostraron que no hay nada mejor para Israel que la paz? Segundo, el texto declara explícitamente que la paz es la bendición misma; está escrito, “dar” respecto a la “fortaleza” y “bendecir” respecto a la “paz". De acuerdo con ellos, debería haber dicho “dar” respecto a la “paz”. Tercero, ¿por qué este artículo fue escrito al final del Mishná? Además necesitamos entender el significado de las palabras “paz”, “fortaleza” y lo que estas significan.

Para interpretar este artículo en su verdadero significado, debemos dar un largo rodeo, ya que el corazón de los Sabios es demasiado profundo de explorar. Esto significa que todos los asuntos de la Torá y la Mitzvá muestran lo revelado y lo oculto, como está escrito, "Una palabra dicha acertadamente es como manzanas de oro en engarces de plata".

De hecho, las Halajot (nombre colectivo para Torá y Mitzvot) son como cálices de vino. Cuando uno le da un regalo a un amigo, un cáliz de vino, tanto el interior como el exterior son importantes. Esto se debe a que el cáliz tiene su propio valor, así como lo tiene el vino que contiene.

Las leyendas, por su parte, son como manzanas. Su interior se come y su exterior se desecha, ya que el exterior carece completamente de valor. Hallamos que todo el valor y la importancia residen solo en el interior, en la parte interna.

Así es el asunto con las leyendas; la aparente superficialidad parece no tener significado ni valor. Sin embargo, el contenido interior oculto en las palabras está construido únicamente sobre los cimientos de la sabiduría verdadera, dada  a unos pocos virtuosos.

¿Quién se atrevería a emitir esto desde el corazón de las masas y a escrutar su camino cuando su logro es incompleto, aún en las dos partes de la Torá llamadas “Pshat” (literal) y “Drush” (en las que uno tiene que profundizar para comprender)? En opinión de ellos, el orden de las cuatro partes de la Torá (PARDES) comienza con el Pshat, le sigue el Drush, luego el Rémez (insinuado), y al final es comprendido el Sod (Secreto).

Sin embargo, está escrito en el libro de oraciones del Gaón de Vilna que el logro comienza con el Sod. Después que la parte del Sod de la Torá es alcanzado, es posible obtener la parte del Drush y luego la parte del Remez. Cuando uno tiene fluidez en estas tres partes de la Torá, es premiado con el logro de la parte del Pshat de la Torá.

Es como está escrito en el Masejet Taanit: "Si a uno le es concedido, se le convierte en una poción de vida; si no le es concedido, en una poción de muerte”. Se requiere un gran mérito para comprender la interpretación de los textos, ya que primero debemos lograr las tres partes interiores de la Torá que el Pshat reviste, y el Pshat no será analizado. Si a uno no le ha sido concedido esto, necesita una gran misericordia para que ello no se le convierta en una poción de muerte.

A diferencia del argumento de los indiferentes en alcanzar el interior, que se dicen a sí mismos: "Nos conformamos con lograr el Pshat. Si logramos esto, estaremos satisfechos”. Sus palabras pueden ser comparadas con alguien que desea ascender al cuarto piso sin primero pisar los tres primeros.

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Sin embargo, según esto tenemos que entender el gran ocultamiento aplicado en el interior de la Torá, como está dicho en la Masejet Jagigá, uno no estudia la Torá en pareja, ni la Cabalá solo. Además, todos los libros a nuestra disposición en este tema están sellados y bloqueados ante los ojos de las masas. Sólo los pocos que son convocados por el Creador los entenderán, debido a que ya entienden las raíces por sí mismos y en la transmisión de boca en boca.

En verdad sorprende cómo los caminos de la sabiduría y la inteligencia les son negados a las personas para quienes constituye la vida y la longitud de sus días. Se considera una ofensa criminal, como refirieron nuestros sabios en Midrash Rabá (Bereshit) acerca de Ajaz (lit. retenido/agarrado) ya que él había retenido seminarios y sinagogas, y esto fue su gran iniquidad.

Además, es una ley natural que seamos posesivos en lo concerniente a compartir el capital y la propiedad con otro. No obstante, ¿hay alguien que sea posesivo para compartir su sabiduría e inteligencia con otros? Absolutamente lo contrario, cuanto más quiere comer  el becerro, más lo quiere alimentar la vaca.

También encontramos tales misterios incluso en la sabiduría de los sabios seculares de generaciones anteriores. En la introducción a su comentario del Sefer Ietzirá (Libro de la Formación) escrita por Rav Butril, hay un texto atribuido a Platón que advierte a sus discípulos con estas palabras: "No transmitan la sabiduría a alguien de quien  no conozcan su mérito".

Aristóteles también advirtió: "No transmita la sabiduría al indigno, ya que será robada". Él (Rav Butril) interpretó que si los sabios enseñan la sabiduría a los indignos, éstos roban la sabiduría y la destruyen.

Los sabios seculares de nuestro tiempo no actúan así. Por el contrario, se empeñan en expandir las puertas de su perspicacia hacia las masas sin límites ni fronteras. En apariencia discrepan fuertemente con los primeros sabios que confinaron las puertas de su saber a un puñado de virtuosos  que hallaron dignos de ello, dejando que el resto de la gente rasguñe las paredes.

3

Déjeme explicar la cuestión. Distinguimos cuatro divisiones en la especie parlante, ordenada en grados uno sobre otro. Estas son las Masas, los Fuertes, los Ricos, y los Sagaces. Ellas son equivalentes a los cuatro grados en toda la realidad, Inanimado, Vegetativo, Animado y Parlante.

Lo Inanimado puede desarrollar las tres propiedades, Vegetativo, Animado y Parlante. Discernimos tres valores en el monto de fuerza beneficiosa y perjudicial en ellos.

La fuerza más pequeña entre ellas es la Vegetativa. La flora opera atrayendo lo que es beneficioso para ella y rechazando lo dañino, del mismo modo que lo hacen los humanos y los animales. Sin embargo, no hay ninguna sensación individual en esa especie, sino una fuerza colectiva, ya que todas las plantas del mundo producen esta operación en ellas.

Sobre estas se encuentra lo Animado. Cada criatura  siente por sí misma atracción hacia lo que la beneficia y rechazo hacia lo que la daña. Esto implica que un animal iguala en valor a todas las plantas. Esto es así porque la fuerza que distingue lo beneficioso y lo perjudicial en todo lo Vegetativo está presente en una criatura en lo Animado, separada para su propia autoridad.

Esta fuerza sensitiva en lo Animado es muy limitada en tiempo y espacio ya que la sensación no funciona aún a la distancia más corta fuera de su cuerpo. Tampoco siente nada fuera de su propio tiempo, es decir en el pasado o en el futuro, sino sólo en el momento presente.

Por sobre ellos está lo Parlante. Esta consiste en una fuerza emocional y una fuerza intelectual juntas. Por esa razón su poder no es limitado por el tiempo y el espacio, atrayendo lo que le es beneficioso y rechazando lo dañino, igual que lo Animado.

Esto es así debido a su saber, siendo un asunto espiritual que no está limitado a un tiempo y a un lugar. Uno puede enseñar a otros en cualquier parte en que se encuentren, y también en todos los tiempos y en todas las generaciones.

Se sigue, que el valor de una persona desde lo Parlante equipara el valor de todas las fuerzas en lo Vegetativo y lo Animado, de ese tiempo y de todas las generaciones pasadas. Esto es así porque su poder los abarca y los contiene dentro de su propio ser, junto con todas sus fuerzas.

Esta regla también se aplica a las cuatro divisiones en la especie humana, a saber las Masas, los Fuertes, los Ricos, y los Sagaces. Seguramente,  todos ellos provienen de las Masas, que son el primer grado, como está escrito, "todos son del polvo".

Es cierto que todo el mérito del polvo y su mismo derecho de existir es acorde al mérito de las tres virtudes que evoca, Vegetativo, Animado y Parlante. Del mismo modo, el mérito de las Masas es tal como las propiedades que ellas evocan desde su interior, ya que ellas también se conectan en la forma de un rostro humano.

Con ese propósito el Creador ha infundido tres inclinaciones en  las masas en general. Ellas son llamadas Envidia, Lujuria, y Honor. Debido a éstas, las Masas se desarrollan grado por grado para conformar el rostro completo de un hombre.

La inclinación hacia la Lujuria caracteriza a los Ricos. Los elegidos entre ellos tienen un fuerte deseo, y también lujuria. Sobresalen en adquirir riqueza, que es el primer grado en la evolución de las Masas. Como el grado Vegetativo de la realidad, son gobernados por una fuerza ajena que los desvía hacia su inclinación, ya que la lujuria es una fuerza ajena a la especie humana, tomado prestada de lo Animado.

La inclinación hacia el Honor evoca a los héroes famosos que se encuentran entre ellos. Ellos son los que gobiernan la sinagoga, la ciudad, etc. Quienes poseen la más firme voluntad entre ellos también tienen inclinación hacia el honor, sobresalen en adquirir dominio.

Ellos son el segundo grado en la evolución de las Masas. Al igual que el grado Animado en la realidad general, la fuerza que opera en ellos ya está presente en su propia esencia, como hemos dicho anteriormente. Esto se debe a que la inclinación hacia el honor es única en la especie humana, y con ello el anhelo de poder.

La inclinación hacia la Envidia caracteriza a los sabios entre sí, como está dicho, "Cuando los escritores rivalizan, la sabiduría se eleva". Los que están fuertemente inclinados hacia la envidia sobresalen en adquirir conocimiento y saber. Esto es como el grado Parlante en la realidad como un todo, en el cual la fuerza que opera no está limitada por el tiempo ni por el espacio, sino que es colectiva y abarca cada aspecto del mundo a través de todos los tiempos.

Además, la naturaleza del fuego de la envidia es su carácter general, abarcando  todos los tiempos y toda la realidad. Esto es debido que el comportamiento de la envidia es que si uno no hubiera visto el objeto que su amigo posee, nunca se le hubiera despertado el deseo por éste.

Hallamos que la sensación de ausencia no se refiere a lo que uno no tiene, sino a lo que el amigo de uno tiene, quienes son toda la progenie de Adán y Eva a lo largo de todos los tiempos. Así, esta fuerza es ilimitada y por lo tanto resulta apta para su tarea sublime y elevada.

Quienes permanecen sin mérito alguno se debe a que no tienen un deseo fuerte. Por lo tanto, las tres inclinaciones mencionadas anteriormente funcionan en ellos conjuntamente, en una mezcla. A veces son lascivos, a veces envidian y a veces anhelan el honor. Sus deseos se quiebran en pedazos;  son como niños que ansían todo lo que ven y no pueden obtener nada. Por lo tanto, su valor se asemeja a la paja y el salvado que quedan después de (refinar) la harina.

Es sabido que la fuerza beneficiosa y la fuerza perjudicial conviven en el mismo sujeto. En otras palabras, que algo puede ser tanto beneficioso como perjudicial. En consecuencia, debido a que la fuerza de un individuo específico es mayor que la de todas las bestias y los animales a lo largo del tiempo, la fuerza perjudicial en uno también toma el lugar de todos ellos.

Así, mientras uno no merece su grado, de modo tal que utilice su fuerza sólo para hacer el bien, necesita realizar una vigilancia cuidadosa para no adquirir un nivel superior que el nivel humano, que es el conocimiento y la ciencia.

Por esta razón los primeros sabios ocultaron la sabiduría de las masas por miedo a tomar discípulos indignos que usaran la fuerza de la sabiduría para causar daño y perjuicio. Estos podrían romper y destruir a toda la población con su lujuria bestial y su salvajismo, usando la gran fuerza del Hombre.

Una vez que las generaciones han decrecido y sus sabios mismos han comenzado a anhelar ambas mesas, es decir también una buena vida  para su materialidad, su opinión se acercó a la de las masas. Hicieron tratos con ellas y vendieron la sabiduría para prostitución al precio de un perro. Desde entonces el muro fortificado que los primeros habían levantado fue derruido y las masas la han saqueado.

Los salvajes han llenado sus manos con la fuerza de los hombres, han confiscado la sabiduría y la han destruido. La mitad fue heredada por adúlteros y la otra mitad por asesinos, y la han puesto en desgracia eterna hasta este día.

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A partir de esto puede deducirse que la sabiduría verdadera contiene todas las enseñanzas seculares en su interior, que son sus siete pequeñas hijas. Esto es la totalidad de la especie humana y el propósito para el que fueron creados todos los mundos, como está escrito, “Si no ha de subsistir  Mi pacto con el día y con la noche, y si Yo no he establecido las leyes de los cielos y de la tierra”. (Jeremías, 33:25).

Por tanto, nuestros sabios han declarado (Avot 4, Mishná 7), "Aquel que usa la Corona pasa". Esto es porque ellos nos prohíben usarla para todo tipo de placer mundano.

Y esto es lo que nos ha sostenido hasta aquí para mantener los ejércitos y el muro alrededor de la sabiduría verdadera para que ningún extraño ni extranjero irrumpa y la coloque en su vasija para ir a venderla en el mercado como hicieron los sabios seculares. Esto fue así porque todos aquellos que ingresaron ya han atravesado siete pruebas hasta que hubo certeza más allá de toda inquietud y de toda sospecha.

Después de estas palabras y esta verdad hallamos lo que parece ser una gran contradicción, completamente opuesta a las palabras de nuestros sabios. Está escrito en el Zohar que en el tiempo del Mesías esta sabiduría está destinada a ser revelada, incluso hasta a los jóvenes.

Sin embargo, según lo anterior, hemos aprendido que en los días del Mesías toda la generación será la más elevada. No necesitaremos protegerla en absoluto y las fuentes de la Sabiduría se abrirán y bañarán a la nación entera.

Sin embargo, en Masejet Sutta, 49, y en Sanedrín 97; 71, ellos dicen, "La impudencia se incrementará en los tiempos del Mesías, la sabiduría de los autores se perderá, y los justos serán arrojados". Se interpreta que no hay nadie tan malo como esa generación. Entonces, ¿cómo reconciliamos las dos declaraciones, ya que ambas son seguramente las palabras de Dios Vivo?

La cuestión es que esta cuidadosa vigilancia y cerrojo sobre la antesala de la sabiduría es por temor a personas en las que el espíritu de la envidia de los escritores está mezclado con la fuerza de la lujuria y el honor. Su envidia no se limita a querer solamente el saber y el conocimiento.

Por consiguiente, ambos textos son correctos, y uno viene y enseña sobre el otro. El rostro de la generación es como el rostro del perro, es decir que ladran como perros ‘Guau, Guau’ (en Hebreo: ‘Hav Hav’ que significa, “¡dame!, ¡dame!”), los justos son arrojados y los sabios autores se descarriaron en ellos.

Se concluye que está permitido abrir las puertas de la sabiduría y remover la cuidadosa custodia ya que está naturalmente segura del robo y la explotación. Ya no hay temor a que discípulos indignos puedan tomarla y venderla en el mercado a la plebe materialista, puesto que no encontrarán compradores para esta mercadería, ya que es aborrecible a sus ojos.

Y debido a que no tienen ninguna esperanza de obtener honor a través de ésta, se convierte en segura y protegida por sí misma. Ningún forastero se acercara excepto los amantes de la sabiduría y sus moradores. Por consiguiente, cualquier examen será removido para aquellos que ingresan y aún los más jóvenes serán capaces de alcanzarla.

Ahora podemos entender lo que ellos dijeron (Sanedrín 98; 71): "El Hijo de David llega tanto en una generación que es toda digna, o toda indigna". Esto es muy sorprendente. Aparentemente, mientras haya unos pocos justos en la generación, ellos detienen la redención. Cuando los justos desaparezcan de la tierra, el Mesías podrá venir. Eso espero.

No obstante, debemos entender cabalmente que este asunto de la redención y la venida del Mesías, que esperamos suceda pronto en nuestros días Amén, es la totalidad suprema del logro y el conocimiento, como está escrito,  (Jeremías 31:34), "Y no enseñarán más cada cual a su compañero y cada cual a su hermano diciendo: ‘¡Conoced al Señor!’, porque todos ellos me conocerán, desde el menor de ellos hasta el mayor de ellos" (Irmihau/Jeremías 31:33). Cuando la mente se completa, también se completan los cuerpos, como está escrito, “el joven morirá siendo de cien años” (Ieshaiahu/Isaías 65:20).

Cuando los Hijos de Israel sean complementados con la  razón completa, las fuentes de la inteligencia y el  conocimiento fluirán más allá de las fronteras de Israel. Ellas bañarán a todas las naciones del mundo, como está escrito, "porque estará la tierra llena del conocimiento del Señor" (Ieshaiahu/Isaías 11:9).

La proliferación de este conocimiento es el asunto de la expansión del Rey Mesías a todas las naciones. Sin embargo, la imaginación de la plebe ordinaria y materialista está completamente atada al poder del puño. Por lo tanto, la cuestión de la expansión del Reino de Israel está grabada en su imaginación sólo como una suerte de dominio de cuerpos sobre cuerpos, para tomar sus retribuciones de todos con gran orgullo y vanidad sobre el mundo entero.

Qué puedo hacer yo por ellos, si nuestros sabios ya los han rechazado y sus iguales entre la congregación del Señor dicen, “De quien es orgulloso, el Creador dice, ' él y Yo no podemos morar en el mismo compartimiento.”

Además, algunos se equivocan y sentencian que ya que el cuerpo debe existir antes de la existencia del alma y de la percepción completa, entonces la perfección del cuerpo y sus necesidades precede en tiempo al logro del alma y a la percepción completa. Por consiguiente, la percepción completa es negada por un cuerpo débil.

Este es un grave error, más duro que la muerte, ya que un cuerpo perfecto es totalmente inconcebible antes de que se alcance la percepción completa. Por sí mismo es un bolso agujereado, una cisterna rota. Esta no puede contener nada bueno para sí o para otros, excepto con el logro de la percepción completa.

En ese momento el cuerpo se eleva a su completitud junto con ésta. Esta regla se aplica tanto a los individuos como al todo.
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