La conquista de granada: el testimonio de los vencidos






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LA CONQUISTA DE GRANADA: EL TESTIMONIO DE LOS VENCIDOS
Enrique LÓPEZ DE COCA CASTAÑER
Universidad de Málaga


Me propongo mostrar cómo vieron los musulmanes la hecatombe granadina, de qué manera la explicaron y, sobre todo, cómo la asimilaron. Voy a ocuparme tanto de la guerra como de sus secuelas -emigración al Magreb, ruptura de las capitulaciones y conversión al cristianismo- con objeto de valorar hasta qué punto la desaparición de al Ándalus fue considerada como algo inevitable y su recuerdo acabó convirtiéndose en un trauma colectivo. Las fuentes disponibles son suficientes y en su mayoría han sido traducidas a lenguas europeas1.


En las páginas que siguen haré uso de crónicas y de documentos de naturaleza jurídica y literaria, si bien las primeras son las que nos proporcionan el hilo conductor de los principales acontecimientos del período.

Hacia 1540 un granadino exiliado en Marruecos reunió las noticias de los últimos tiempos nazaríes en su Nubdat al Asr... La obra comienza en 1477 y termina con la conversión general a principios del siglo xvi. Es el texto árabe que narra la guerra con Castilla de manera más completa. Aunque ignoramos la identidad del autor, se supone que perteneció a la élite granadina y que fue, en su día, partidario de Boabdil2. Varias décadas más tarde el estudioso tremecení al Maqqarí (m. en 1631) aprovecharía este texto en la parte de su enciclopedia Nafh al-tih que dedica a la pérdida de Granada3. El testimonio de los judíos granadinos se ha conservado gracias a la pluma de uno de sus descendientes, el rabino Capsali, que en su exilio italiano utilizó fuentes directas al escribir los últimos capítulos de una historia de Sefarad4.

También incluyo la narración del andaluz Hernando de Baeza escrita circa 1505, que se apoya en los dichos de renegados cristianos residentes en Granada, algunos de los cuales estuvieron al servicio de los emires. Su breve e inacabado relato de las postrimerías granadinas viene a ser la versión elche del fin de la dinastía nazarí5.

La caída de Granada

Una elegía anónima sobre la pérdida de Granada sostiene que Dios abandonó a los andalusíes porque éstos habían descuidado sus deberes con Él. La obra consta de 144 versos en los que se refiere el destino de las principales ciudades del emirato conforme iban siendo ganadas por los cristianos. El autor justifica estos desastres por la incapacidad de los creyentes para distinguir lo que se podía hacer de lo que estaba prohibido6. Por su parte, el almeriense Ibn As-Sabbah opina que la ruina de al Ándalus ha sido un castigo divino porque las gentes dejaron de incumplir con sus deberes más elementales, olvidaron la ley de Dios y éste dejó caer encima de ellos a su enemigo y les arrebató a ellos su país7.

La decadencia moral de un pueblo como argumento para explicar su desaparición dice mucho y, al mismo tiempo, no dice nada. Es más preciso al-Maqqarí cuando escribe, basándose en Ibn al-Haddad, un literato guadijeño que emigró a Tremecén, que la razón del infortunio granadino fue la discrepancia entre sus arraeces y sus ricos hombres, entre sus adelantados y sus cadíes, entre sus príncipes y sus visires, porque cada cual anhelaba para sí la primacía, arrimando el ascua a su sardina, mientras que los cristianos -¡Dios altísimo los maldiga!- se abatían sobre ellos con deslealtad, con engaño y trapacería..., hasta que les ha sido posible hacerse dueños del país...8. Así pues, el emirato granadino sucumbe bajo los efectos conjugados de la presión exterior y las discordias que venía padeciendo de antiguo. Un argumento añejo, pues se basa más o menos en la teoría de Polibio acerca del auge y decadencia de los imperios, pero que va a convertirse en tópico a la hora de explicar el por qué de la caída de Granada9.


EL PRINCIPIO DEL FIN

La élite granadina estaba dividida en dos bandos antagónicos desde que, en 1419, Muhammad el Izquierdo usurpara el poder con la ayuda del partido o facción de los Abencerrajes. La pugna de éstos con los llamados "legitimistas" se prolonga durante varios decenios.

Ninguno de los bandos discute la preeminencia del linaje nazarí, pero ambos aprovechan la falta de reglas claras en la sucesión dinástica para apoyar al príncipe que favorezca mejor sus intereses. En 1470 Abu l-Hasan Ali, el Muley Hacén de las crónicas castellanas, ahogaba en sangre la rebelión de los caudillos Abencerrajes, los mismos que le habían proclamado emir seis años antes. En lo sucesivo van a ser los "legitimistas" quienes acaparen todas las dignidades y altos cargos del estado ante la impotencia de sus rivales, condenados al exilio en el Magreb o Andalucía10.

Muley Hacén quiso recuperar entonces el control de los molinos de pan y aceite, hornos, baños y tiendas que generaban la renta de la "hagüela", perteneciente a los emires. Parte de ese patrimonio había sido enajenado a favor de particulares durante los períodos de debilidad del poder emiral, pese a que no era lícito hacerlo ya que los nazaríes accedían al poder por elección, teóricamente, y no por sucesión. En una pesquisa llevada a cabo por las autoridades castellanas a fines de siglo con objeto de averiguar la entidad y valor de los bienes pertenecientes a la Corona, testigos mudéjares declaran que fue en 1478 cuando el emir hizo efectivas tales reclamaciones11. Al mismo tiempo quiso celebrar un alarde de tropas en la capital para impresionar a sus súbditos y predisponerlos a que aceptaran un aumento de los impuestos.

El final de la revista estaba previsto para el 26 de abril de 1478, fecha en la que se celebró un desfile a cargo de la guardia palatina integrada por renegados cristianos. Pero éste se vio interrumpido a mediodía por el estallido de una violenta tormenta que provocaría el desbordamiento del río Darro a su paso por la ciudad, inundándose el Zacatín, la Alcaicería y la explanada de la mezquita mayor. Según el autor de la Nubda día como aquél no lo vieron los nacidos. Hernando de Baeza recuerda como antes de la calamidad apareció un cometa en el firmamento que, según los astrólogos, presagiaba graves calamidades para todos12.

Desde luego, los contemporáneos no tardaron en establecer una relación de causa y efecto entre la política de recuperación patrimonial emprendida por el emir y el desbordamiento del Darro. En otra pesquisa leemos que el emir confiscó los molinos, hornos y tiendas disiendo que se avían vendido por baxos presçios e que avían rentado más de lo que avían costado.

En este tienpo vino avenida del Darro y llevó la mayor parte de los molinos y tiendas. Y dixo la gente que por el pecado de lo quel rey avía hecho en tomar lo vendido avía Dios fecho aquello...13.

El anónimo exiliado considera el episodio de la inundación de Granada como un punto de inflexión en el reinado de Muley Hacén: a partir de entonces el emir se envilece, maltrata al ejército y abruma al país con nuevos impuestos. Comete estos errores con la ayuda de un visir hipócrita que saquea a los contribuyentes en beneficio propio y en el de sus allegados.

Abu l-Hasan estaba casado con Fátima (o Aixa), hija de su tío Muhammad el Izquierdo, con quien tuvo varios hijos. Pero en 1477 ó 1478 tomó como segunda esposa a una cautiva cristiana de notable hermosura, Zoraya, de la que tuvo otros dos hijos14. Tanto Capsali como Hernando de Baeza se ocupan de la nueva favorita, que el segundo conocería personalmente años después si bien le pareció que no avía sido muger de buen gesto15. Al-Maqqarí deja claro que la pasión senil del emir contribuyó a precipitar el derrumbe de la dinastía. Muley Hacén descuidó sus deberes y obligaciones porque estaba seguro de que los cristianos, sumidos en luchas intestinas, no representaban ninguna amenaza para él. También, que Fátima temía por la vida de sus hijos Muhammad y Yúsuf debido a su rivalidad con la favorita cristiana, y por ese motivo se suscitaron entre los servidores del estado la mutua antipatía y el partidismo por la inclinación de los unos hacia los hijos de "La Horra" y de los otros hacia los vástagos de la cristiana. Mientras tanto, el rey de Castilla logró someter a la levantisca nobleza politeísta y encontrar el modo de conquistar Granada16.

 LA ÚLTIMA GUERRA CIVIL GRANADINA

El anónimo cronista acusa a Muley Hacén y a su visir de haber reaccionado tibiamente cuando se supo que los cristianos habían tomado Alhama a fines de febrero de 1482. Ni los repetidos intentos del nazarí por recuperar la plaza ni el fracaso posterior del rey Católico ante Loja, de donde tuvo que retirarse abandonando la artillería y toda la impedimenta, consiguen que el cronista deje de mostrarse hostil al emir. Coincidiendo con la victoria de Loja,

los príncipes Muhammad (Boabdil) y Yúsuf escapan a Guadix, donde se reúnen con los jefes Abencerrajes que han vuelto del exilio17. Cuando Muley Hacén regrese de Alhama a fines de julio de 1482, después de haber intentado reconquistarla por tercera vez, los granadinos van a pronunciarse a favor del llamado Rey Chico. Según Capsali, el joven príncipe planteó a los notables de la capital si querían que los gobernara él o que siguiera haciéndolo un anciano loco que tomaba mujer en lugar de su esposa, a una esclava repugnante. Mientras tanto, su hermano Yúsuf se trasladaba a Almería, donde sería bien recibido18. Así comenzó la guerra civil según el Anónimo: Boabdil era reconocido en todas las ciudades del emirato a excepción de Málaga y su Garbía, gobernadas por su tío Muhammad b. Saad, y Almuñécar, a donde se había retirado Muley Hacén19.

En marzo de 1483 los cristianos sufren una severa derrota al invadir la comarca malagueña de la Ajarquía. Boabdil, deseoso de emular el éxito alcanzado por sus contrarios, en vez de escuchar a sus consejeros más veteranos se dejó guiar -escribe Capsali- por los mozalbetes que se habían criado con él, y decide correr por su cuenta los campos de Lucena. El 21 de abril los granadinos son batidos y el emir es hecho prisionero20.

No está claro si Abul Hasan vuelve a Granada por propia iniciativa o llamado por los notables de la ciudad21. Lo más probable es que el anciano emir prometiera una amnistía para todos los que tornasen a su servicio, logrando así que los granadinos reclamen su vuelta. Sin embargo, su primera esposa iría a reunirse con el príncipe Yúsuf en Almería22. De nuevo en la Alhambra, Muley Hacén recurre a todos los medios para mermar el prestigio de su primogénito, que había negociado su puesta en libertad con el rey Católico. De grado o por fuerza, los consejeros religiosos de Granada van a dictar una fetua el 17 de octubre de 1483, en la cual condenan la rebelión de Boabdil porque ha encendido el fuego de la guerra civil en un país abandonado a sus propios medios y ha pedido ayuda a los infieles. No obstante, dejan abierta una puerta a la reconciliación al añadir que si el príncipe y sus parciales renuncian a sus ambiciones, la comunidad de fieles tiene el deber de reintegrarlos en su seno23.

El cronista anónimo señala que Abul Hasan recuperó el poder cuando ya estaba enfermo de epilepsia, la cual le atacó la vista y le provocó abotargamiento en todo el cuerpo. Y añade que Dios lo castigó con variadas desgracias hasta que, depuesto por su hermano Muhammad, fue conducido a Almuñécar, donde fallecía en el verano de 1485 24. Pero si aceptamos los testimonios de Baeza y del sefardí Capsali, el emir estaba en sus cabales cuando volvió a Granada, siendo esas "variadas desgracias" que menciona el Anónimo las que le harían perder facultades. En febrero del año citado Ibn Saad se presenta ante Almería y llega a un acuerdo con los alfaquíes, que le abren sus puertas a cambio de un perdón general para la población.

Los más comprometidos con la causa de Boabdil escapan de la ciudad mientras que el príncipe Yúsuf, que opta por quedarse, es asesinado en extrañas circunstancias. Baeza recoge la versión según la cual Zoraya había sido la inductora del crimen porque deseaba para su hijo mayor un primer puesto en la línea de sucesión. En cambio, Capsali atribuye la responsabilidad del magnicidio al hermano del emir, más conocido por el sobrenombre de al-Zagal o el Valiente, del que escribe que era un hombre hábil para hacer el mal pero que desconocía obrar bien 25.

Muley Hacén caerá gravemente enfermo cuando se entere de la suerte corrida por su hijo, no tardando en quedarse ciego. Mientras que los castellanos se apoderan del extremo occidental del emirato en la primavera de 1485, los alfaquíes y notables granadinos deciden reemplazarlo por su hermano, al que proclaman emir a fines del mes de junio26.

Por el tratado de vasallaje firmado el 5 de julio de 1483, Boabdil recuperaba la libertad a cambio de comprometerse a pagar un tributo anual de 12.000 doblas, liberar a cierto número de cautivos cristianos e intervenir en la guerra contra Muley Hacén y sus parciales. También entregaba a su único hijo y a otros diez vástagos pertenecientes a familias granadinas afectas a su persona, como garantía de que incumpliría lo acordado. En el mes de octubre el Rey Chico vuelve a tierra nazarí y se establece en Vélez Blanco, desde donde empieza a extender su dominio sobre la parte oriental, no tardando en ser reconocido en Guadix. En esta ciudad permanecerá hasta la defección de Almería y la muerte de su hermano Yúsuf, viéndose entonces obligado a volver a Castilla27.

Esta versión de los hechos, que se apoya en documentos castellanos de archivo, no coincide con la que ofrecen los historiadores árabes. Según el Anónimo fue en septiembre de 1485, después de la muerte de su padre, cuando Boabdil recuperó la libertad y marchó a ciertos castillos de la zona oriental, a cuyos moradores prometió que, si le obedecían, disfrutarían en lo sucesivo de paz con los infieles. Al-Maqqarí alude indirectamente al tratado de vasallaje suscrito con el rey Fernando al exponer las promesas hechas por el aragonés a los musulmanes que se adherían al partido de Boabdil. Capsali escribe que el cristiano sabía que el común granadino odiaba al Zagal y que sus corazones se inclinaban a favor del sobrino; por eso pacta con éste una alianza que traerá la ruina a Granada. Todos estos autores olvidan que Boabdil había sido liberado en 1483. También es curioso que ni el anónimo exiliado ni al-Maqqarí se ocupen de la muerte del príncipe Yúsuf, de la que sí da cuenta Capsali28.

En septiembre de 1485 Boabdil cruza de nuevo la frontera y se hace fuerte en Huéscar. Sus agentes se encargan de difundir que él era el portador de la paz con Castilla. Un argumento que termina haciendo mella en los vecinos del arrabal granadino del Albaicín, en su mayoría "ganaderos y campesinos", que se declaran en su favor. En Granada se suceden los combates callejeros entre los partidarios del emir y los de su sobrino del 9 de marzo de 1486 al 19 de mayo siguiente. Los albaicineros esperaban que Boabdil se reuniera con ellos, pero éste se traslada a Loja después de renunciar a todos sus derechos en beneficio de su tío, cuya soberanía acata. Según el Anónimo este precipitado acuerdo tuvo mucho que ver con el ataque castellano a Loja, que el 29 de mayo abría sus puertas al enemigo. Al-Maqqarí añade que corrió el rumor de que el Rey Chico se había encerrado en esta ciudad para entregársela al infiel a cambio de la devolución de su hijo29.

El segundo cautiverio de Boabdil concluyó después de firmar un nuevo tratado con don Fernando, que deseaba servirse de él para continuar sembrando la discordia entre los granadinos.

Aunque es acogido en Vélez Blanco a mediados de julio, el pretendiente no puede hacerse con el control de Baza, Guadix y Almería. Pero los antiguos espíritus de la sedición, que seguían latentes en el Albaicín, prendieron en un grupo de gentes dispuestas a reconocer a Boabdil si efectivamente éste estaba en paz con los cristianos. El 15 de septiembre el Rey Chico entra en el arrabal granadino con la ayuda de sus vecinos, lo que dará pie a nuevos enfrentamientos en la capital que se prolongan durante meses. Boabdil dispone ahora de refuerzos castellanos, circunstancia que aprovechará su tío para acusarle de filocristianismo ante los hombres de religión y animar a sus seguidores, que el 23 de enero de 1487 intentan en vano tomar el Albaicín por asalto30. Boabdil también consigue atraer a los malagueños a su causa. En cambio, los habitantes de Vélez Málaga permanecen fieles a los compromisos contraídos con el Zagal según al-Maqqarí. Por eso, el Rey Chico, que teme perder la guerra urbana en la que andaba enzarzado, avisa de todas estas novedades al rey Fernando, que en abril de 1487 parte con su ejército hacia la comarca de Vélez31. Tras pactar una tregua con su oponente, Ibn Saad marcha en socorro de los veleños con tropas reclutadas en el oriente granadino, pero renuncia a combatir en el último momento porque temía perder la posición que hasta entonces había mantenido con esfuerzo en la capital. Lo cierto es que los notables granadinos, sabedores de que el emir vuelve con tan poca honra, le cierran las puertas de la ciudad y proclaman soberano a su sobrino. El Zagal se retira a la Alpujarra, de donde pasará a Guadix32.

Dueño de Granada, Boabdil incumple sus obligaciones con los Reyes Católicos sin que éstos, a su vez, le correspondan. Los cronistas árabes afirman que la conquista castellana de Vera, Mojácar, los Vélez y otros lugares próximos a la frontera murciana en 1488, se hizo a despecho de las paces ajustadas con esas poblaciones, dando así a entender que obedecían al emir granadino33. Y no vuelven a mencionar las diferencias entre tío y sobrino hasta que, una vez rendida Baza en diciembre de 1489, Muhammad b. Saad pone en manos de don Fernando las ciudades de Almería, Guadix, Almuñécar con sus distritos respectivos y la totalidad de la Alpujarra. El anónimo exiliado recoge la opinión de muchos contemporáneos en el sentido de que el Zagal y sus caídes vendieron al rey de Castilla los territorios que les estaban sometidos a cambio de dinero en metálico, privilegios y prebendas. Y que actuaron así para vengarse de Boabdil, que no sólo no les había ayudado sino que había colaborado con los infieles en su derrota. El propósito último de Ibn Saad sería condenar a Granada a perecer como habían perecido las demás ciudades andalusíes34.

Los autores musulmanes no llegaron a conocer la naturaleza exacta de los pactos firmados por el Zagal con el rey Católico, en los que jugaba un papel clave la subordinación vasallática del primero al monarca aragonés. Esto sale a relucir indirectamente cuando don Fernando invade la Vega en mayo de 1490. En su compañía viene Ibn Saad, ahora "rey de Andarax", con una tropa de guerreros muslimes que el Anónimo califica de "renegados". Parte de ellos se pasan a las filas de Boabdil cuando éste recupera el control de la Alpujarra y expulsa a su tío temporalmente de Andarax en el mes de julio. Otros, en cambio, pelean junto a los cristianos en la defensa de la torre de Alhendin. Pero su papel como auxiliares tenía los días contados: después que el rey Fernando ordene evacuar Guadix en septiembre de 1490, con la excusa de que sus habitantes preparaban un alzamiento, Muhammad b. Saad perderá toda su influencia con el rey de Castilla. Por eso decide marcharse a Orán con sus servidores más allegados, mientras que los otros se reúnen con Boabdil o se quedan a vivir entre los cristianos35.

Se ha visto que el anónimo exiliado no oculta su antipatía hacia los emires Abu l-Hasan Ali e Ibn Saad. Los juicios de Capsali sobre el segundo no pueden ser más duros, al tiempo que critica a Boabdil por su carácter impulsivo y por su ingenuidad al tratar con el rey de Castilla.

Pero tanto el anónimo como al-Maqqarí son exquisitamente neutrales al tratar la figura del Rey Chico pese a que no disimulan los errores cometidos por éste. En cambio, Hernando de Baeza expone su simpatía por el último representante de la dinastía nazarí en unos términos que no dejan de llamar la atención. Durante siglos el imaginario occidental había presentado con los rasgos más nobles a determinados personajes musulmanes, reales o ficticios, lamentando que no fueran cristianos. Era una forma, entre otras, de resaltar los esfuerzos de los caudillos y héroes propios, que se medían por el valor y coraje de sus enemigos. Recordemos a Robert de Clari cuando escribe que Saladino tenía las cualidades del caballero cristiano sin serlo. En esta misma línea, Baeza ofrece la siguiente caracterización de Boabdil: ...y realmente creo que si alcanzara a ser cristiano que fuera uno de los mejores que jamás fueron 36.
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