Traducción por Horacio Ríos Índice






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El ritual de la iglesia
Punto fundamental:

Como mayordomos de los dones que Dios ha dado a la iglesia, los pastores/as tienen el deber de usar el texto del ritual de la Iglesia Metodista Unida que se encuentra en Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista y en algún otro material que utilicen las conferencias centrales de acuerdo con la Disciplina ¶ 537.17. Estas liturgias provenientes de fuentes bíblicas, historicas y ecuménicas son expresión de la fe cristiana y de la adoración a Dios.
Trasfondo:

El artículo XXII de “ Los Artículos de Religión de la Iglesia Metodista Unida” afirma el uso de diversos “ritos y ceremonias” pero reprocha a “Cualquiera que, apoyándose en su juicio privado, voluntariamente y de intento quebrantare públicamente los ritos y ceremonias de la iglesia...” (Disciplina, página 68). La Disciplina estipula en el ¶1112.3 que: “el ritual de la Iglesia es el que está impreso en Mil Voces Para Celebrar: Himnario Metodista (1996).”

En la liturgia de la ordenación de presbíteros/as, los candidatos/as a la ordenación prometen ser “leales a la Iglesia Metodista Unida, aceptando su orden, liturgia, doctrina y disciplina” (The United Methodist Book of Worship, pág. 676).

El prefacio al “Uso del Modelo Básico de El Orden del Culto Dominical” en The United Methodist Book of Worship (página 16) dice:
Mientras que la libertad y diversidad de los actos de adoración metodistas unidos permiten mucho más de lo que pueda ser cualquier culto de adoración, los metodistas unidos ratifican el legado de orden e importancia que por dirección y ejemplo ofrece el orden del culto . . . Expresiones de adoración que reflejen la diversidad racial, étnica, regional y costumbres y tradiciones locales pueden utilizarse siguiendo este orden.
El ritual aprobado oficialmente por la Iglesia Metodista Unida es reflejo de las decisiones de la iglesia acerca de la teología y práctica de la Santa Comunión. Este ritual expresa la unidad de la iglesia universal de Cristo Jesús y es testimonio de la relación conexional de la Iglesia Metodista Unida. Tuvo su origen en la primera comunidad cristiana y ha evolucionado en su costumbre a través de los siglos. Este ritual está en conformidad con el ritual que usan la mayoría de las iglesias cristianas.

La liturgia metodista unida combina el orden y la amenidad del ritual establecido con la vitalidad y frescura de expresión creativa. La riqueza de su tradición fruto de dos mil años de historia cristiana, pueden ser adaptados fielmente a las necesidades y circunstancias de hoy.
Práctica:

Se espera que los obispos/as, pastores/as y congregaciones utilicen los órdenes litúrgicos de Palabra y Sacramento que aparecen en los himnarios metodistas y en los manuales de culto. El uso sabio de estos recursos ofrece equilibrio y flexibilidad para responder favorablemente y con el orden debido a situaciones particulares que reflejen nuestra unidad y relación conexional.

“El Orden del Culto Dominical, usando el Modelo Básico” en The United Methodist Book of Worship permite flexibilidad para que el Espíritu Santo actúe en ocasiones y en situaciones específicas. En cuanto al tiempo litúrgico, día u ocasión, los oficiantes pueden incluir sus propias palabras que aludan al momento, o utilizar selecciones tomadas de otra liturgia más completa. Los pastores/as que utilicen Mil Voces Para Celebrar, Himnario Metodista pueden usar estas instrucciones en el uso de la liturgia particular que allí aparece. Materiales adicionales de distintas regiones o culturas pueden dar realce y significado a estas celebraciones.

Los pastores/as y congregaciones de iglesias de carácter ecuménico deberán incorporar y utilizar con responsabilidad y respeto las liturgias de sus respectivas denominaciones, de la práctica y comprensión de la liturgia de la Iglesia Metodista Unida y de otras tradiciones allí representadas.

De acuerdo con nuestro compromiso por la unidad cristiana y el propósito de compartir la Comunión, se espera que los obispos/as, pastores/as y congregaciones hagan uso del ritual de Palabra y Sacramento de otras denominaciones. Su uso es compatible con el Modelo Básico del Culto y con el compromiso teológico y litúrgico de la Iglesia Metodista Unida.
Los siervos/as de la mesa
Ministros/as oficiantes: presbíteros/as y pastores/as locales
Punto fundamental:

Un presbítero/a ordenado/a o persona autorizada según se estipula en la Disciplina, es quien preside la celebración de la Santa Comunión.
Trasfondo:

Conforme a la observancia de la iglesia a través de la historia cristiana, Dios es quien llama, y la iglesia es la que selecciona a ciertas personas como líderes del pueblo cristiano. Creemos que el Espíritu Santo imparte a dichas personas los dones y gracia necesarios para dirigir al pueblo en obediencia a su llamado. El significado y propósito de su ordenación están descritos en la Disciplina, ¶¶ 301–303.

Los presbíteros/a son ordenados para un ministerio vitalicio de servicio, Palabra, sacramento, y orden (Disciplina, ¶ 323), y autorizados para ”Administrar los sacramentos del bautismo y la Cena del Señor, y todos los demás medios de gracia” ( Disciplina, ¶ 331).

Juan Wesley hacía una distinción clara entre el ministerio de la predicación, que estaba accesible a toda persona laica y el ministerio sacerdotal de administrar los sacramentos, cuya función era solamente para las personas ordenadas como presbíteras. Haciendo memoria de la primera conferencia de predicadores de 1744, escribió: “Pero a ninguno de ellos se le ocurrió que el haber sido llamados a predicar les daba derecho a administrar sacramentos…’Debe cumplir con la tarea que nosotros le asignamos. ¿En que consistía esta tarea? ¿Alguna vez los designamos para administrar sacramentos, para ejercer el oficio de sacerdote? Nunca cruzó por nuestra mente hacer tal designación, nada más lejos de nuestro pensamiento” (Sermón 121, “Los profetas y los sacerdotes”, Tomo IV, págs. 285-286, Obras de Wesley). Wesley siempre sostuvo que no podía haber un ministerio sacramental sin la respectiva ordenación como presbítero. Esta firme convicción finalmente le llevó a él mismo a ordenar presbíteros en forma “extraoficial”.

“The Authority of the Ordained Minister” [La autoridad del ministro ordenado], de acuerdo con el documento titulado Baptism, Eucharist, and Ministry [Bautismo, Eucaristía y Ministerio] del (Consejo Mundial de Iglesias, 1982): “se fundamenta en Jesucristo quien lo recibió de su Padre (Mateo 28:18), y quien lo confiere por medio de su Espíritu Santo en el acto de ordenación. Este acto tiene lugar dentro de la comunidad que concede público reconocimiento al individuo en particular” (pág. 22). Los presbíteros/as administran los sacramentos como representantes autorizados por la iglesia.

Conforme aparece en la Disciplina, hay varios grupos de personas autorizadas para administrar la Santa Cena en las iglesias que les han sido asignadas. Estos grupos incluyen a diáconos/as asociados/as, diáconos/as ordenados/as según los párrafos de la Disciplina de 1992, las personas con licencia de predicador local y ministros comisionados autorizados para el ministerio pastoral (Disciplina, ¶¶ 330, 331, 340, 341). Algunos de estos arreglos han estado en función desde 1976 para permitir que los sacramentos se administren a muchas congregaciones pequeñas cuyo pastor/a no es presbítero/a ordenado. La iglesia constantemente busca la forma más efectiva de llenar esta necesidad, respetando a su vez el enlace histórico de ordenación y administración de los sacramentos.
Práctica:

Los obispas/as y superintendentes de distrito son presbíteros/as asignados y nombrados para ejercer el ministerio de superintendencia (Disciplina, ¶¶ 403 and 404) que es una de las manifestaciones de la naturaleza conexional de la Iglesia Metodista Unida. Para enfatizar esta naturaleza conexional de la iglesia si está presente en el culto un obispo o superintendente se le puede invitar a que oficie el sacramento de Santa Comunión.

El presbítero/a ordenado/a o persona autorizada según la Disciplina preside toda celebración de la Santa Cena. Mientras que algunos de los párrafos de la liturgia pueden ser leídos por otras personas, el presbítero/a o pastor/a autorizado/a debe guiar a la congregación en el acto de Acción de Gracias en que los presentes participan. (Véanse el Sanctus, la aclamación memorial y el amén impresos en letra oscura en el Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, págs. 11-13 y 15-17).

A los presbíteros/as con nombramiento especial en algún ministerio, y los presbíteros jubilados, si están disponibles, se les puede invitar a “administrar los sacramentos del bautismo y la Cena del Señor” (Disciplina, ¶ 331.1b ) a petición del “superintendente de distrito del distrito en que se tiene el nombramiento” (Disciplina, ¶ 335.3.a).

Se aconseja a los presbíteros/as ordenados/as en cuanto sea posible que estén dispuestos para celebrar la Santa Comunión cuando la deseen o sea necesario.

Se puede invitar a los presbíteros/as o diáconos/as presentes a participar en el culto, estar al lado de la persona que preside y asistir en la distribución de los elementos de la Comunión.

Todos los que participen en el oficio deberán tener conocimiento y preparación eucarístico teológico, espiritual y experiencial, incluyendo a las personas que asistan. Este ministerio descansa en la responsabilidad de los superintendentes de distrito y los mentores pastorales (Disciplina; ¶ 341.4).
Ministros/as asistentes: diáconos/as y laicos/as
Punto fundamental:

Los diáconos/as son ordenados para el ministerio de la Palabra y Servicio (Disciplina, ¶ 320) y nombrados para dar “su liderazgo en la vida de la Iglesia”. Otras formas de servir son “asistiendo a los presbíteros en la administración de los sacramentos” y “en la misión de la congregación en el mundo” (Disciplina, 319).
Trasfondo:

“La comunidad de la iglesia afirma a personas que dentro de ella dan evidencia de la gracia de Dios y promesa para el futuro, y que responden al llamado de Dios ofreciéndose a sí mismos en liderazgo como ministros ordenados” (Disciplina, ¶ 301.2). Se ordena a diáconos/as y presbíteros/as para servir en el ministerio de la Iglesia Metodista Unida. Los diáconos/as son ordenados/as a una vida que relacione la experiencia de la adoración al servicio de Cristo en el mundo. Es provechoso que en el culto de adoración los diáconos dirijan, recluten y den su apoyo a otros para que también dirijan en aquellos aspectos de la liturgia que manifiesten relación entre la experiencia de la adoración y el testimonio cristiano de la vida diaria.
Práctica:

Dando continuidad a la práctica histórica y ecuménica (Baptism, Eucharist, and Ministry [Bautismo, Eucaristía y Ministerio]), el papel del diácono en la liturgia de la Palabra y Sacramento acertadamente incluye la lectura del evangelio, dirigiendo las peticiones y oraciones de los congregantes por el mundo, por la iglesia y por los necesitados, recibiendo los elementos de la Comunión, preparando la mesa antes del acto de Acción de Gracias, asistiendo al presbítero/a en la distribución del pan y el vino, volviendo a poner la mesa nuevamente en orden, y despidiendo a los comulgantes invitándoles a servir, antes de que el presbítero pronuncie la bendición final. Además, los diáconos/as tienen un papel importante en la preparación del servicio, organizando, arreglando los elementos necesarios y los utensilios, designando tareas a otros incluyendo a aquellos que lleven el sacramento a quienes no pueden asistir. Los diáconos/as son designados para servir como enlace de la iglesia en el mundo. Su ministerio apropiadamente incluye el tomar los elementos que han sido consagrados para impartirlos en otros sitios de servicio. Los diáconos/as deberán recibir la preparación debida para las diversas tareas de la Eucaristía.
Punto fundamental:

Los miembros de la iglesia universal son por medio de su bautismo, llamados a compartir en el ministerio eucarístico que ha sido dado a la iglesia (Disciplina, ¶ 219). Los laicos/as ofrecen su apoyo al oficiante al celebrar la Santa Cena con la congregación.
Trasfondo:

En la sección titulada “El Ministerio de todos los Cristianos” dice: “Todos los cristianos están llamados a este ministerio de servidumbre en el mundo, para la gloria de Dios y para la realización del ser humano” (Disciplina, ¶ 125).

Pablo, al describir a la iglesia como un solo cuerpo con muchos miembros, dice en 1ª de Corintios 12:7 “. . . a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.” Esta diversidad de ministerio requiere la cooperación de todos dentro del cuerpo de Cristo, pues es solamente mediante tal cooperación que el cuerpo es uno (1ª de Corintios 12:12-31). Es importante que en las celebraciones litúrgicas se integre la participación de los allí presentes como testimonio del ministerio del cuerpo de Cristo en el mundo.

Conforme cada persona laica cumpla su ministerio en el acto de adoración, algunos serán llamados a ejercer distintas responsabilidades. “La tradición metodista unida ha reconocido que tanto el laicado como las personas ordenadas tienen dones y han sido llamadas por Dios para dirigir la iglesia. El liderazgo de servicio de estas personas es esencial a la misión y ministerio de las congregaciones” (Disciplina,¶ 132). La sección III de la Disciplina describe en su totalidad este concepto.
Práctica:

Los pastores/as y demás líderes de la iglesia facilitan la participación total de los laicos/as en la celebración de la Santa Comunión. Como parte integral del ministerio litúrgico los laicos/as participan en la lectura de las Escrituras, las oraciones, en la preparación de la mesa, obteniendo y preparando los elementos, y ayudando en otras actividades del culto.

Momentos antes de empezar la liturgia de Acción de Gracias, dos personas laicas a nombre de la congregación traen los elementos de pan y vino a la mesa como presentación de ofrenda. La congregación responde al unísono en todos los lugares del ritual indicado con letra oscura. Las personas laicas que han sido designadas para ello llevarán los elementos consagrados a personas que no han podido asistir a la celebración del Sacramento. Estas personas deberán ser preparadas debidamente para esta tarea bajo la supervisión de pastores/as y diáconos/as.
Preparación de la mesa
La mesa de la Santa Comunión
Punto fundamental:

Los congregantes y las personas que ofician se reúnen alrededor de la mesa donde están colocados los elementos de la Santa Comunión. Se nombra “mesa de Santa Comunión” al mueble donde se colocan los elementos del pan y vino.
Trasfondo:

En tiempos del Antiguo Testamento el sacrificio que se ofrendaba a Dios se traía al altar. En el relato del evangelio de la Última Cena, Jesús: “se sentó a la mesa, y los apóstoles con él” (Lucas 22:14) Con el paso del tiempo la iglesia llegó a reconocer el acto de la Eucaristía como un acto memorial del sacrificio de Cristo en la cruz, y la mesa como el altar del sacrificio. Por siglos la mesa se colocó junto a la pared al frente de la iglesia y el sacerdote se paraba frente a ella de espalda a los congregantes para ofrecer el sacrificio a Dios.

Los dirigentes de la Reforma Protestante abandonaron esta costumbre adoptando la representación de Jesús a la mesa rodeado de sus discípulos. Otras iglesias, incluyendo a la Iglesia de Inglaterra de la cual Juan Wesley fue sacerdote, conservaron el altar junto el muro de la iglesia.

El movimiento de renovación litúrgica del siglo veinte que surgió de los dictámenes del Segundo Concilio Vaticano de la Iglesia Católica Romana, promovió reformas mayores al acto público de adoración.

Entre estos cambios la colocación de la mesa a un espacio abierto en que el sacerdote podía pararse detrás de ella de cara a la congregación dando oportunidad a los congregantes de reunirse en torno a la mesa. La Iglesia Metodista Unida junto con otras confesiones históricas, ha adoptado revisiones al ritual que permiten al pastor oficiante pararse detrás de la mesa, de cara a la congregación, desde el momento del ofertorio hasta el partimiento del pan (The United Methodist Book of Worship, pág. 36). En algunos templos, el sitio donde se colocan los elementos de la Comunión se conoce como altar, pero el nombre de altar-mesa y Mesa del Señor son preferibles.

El reclinatorio que en algunos templos se coloca entre la congregación y el área del presbiterio, aunque no es propiamente parte del altar, es un espacio sagrado para que las personas se arrodillen para participar de la Comunión. Cuando el templo es grande y también lo es el número de participantes, se pueden colocar personas de par en par en sitios estratégicos para administrar el sacramento a las personas que pasen, con la oportunidad también de pasar al reclinatorio a orar si lo desean.
Práctica:

En nuestras iglesias, la mesa de la Comunión deberá colocarse de tal manera que el pastor/a oficiante pueda estar de pie detrás de ella de cara a la congregación y la congregación pueda verle y reunirse a su derredor para comulgar. La altura de la mesa debe permitir al pastor/a presidir sin tener que inclinarse para alcanzar el plato de pan y la copa [o la bandeja con los vasitos de vino]. Por supuesto que se pueden hacer las adaptaciones necesarias para facilitar su manejo con propiedad.

Aunque el arreglo arquitectónico del templo debe respetarse, es importantísimo que las iglesias hagan las adaptaciones necesarias para facilitar el acceso de todas las personas para recibir la Santa Comunión. Si por alguna razón no es posible mover el altar, la congregación deberá hacer arreglos para poner una mesa que permita al pastor/a colocarse detrás de ella de cara a la congregación y estar más cerca.
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