Ezra de Girona. Comentario al cantar de los cantares






descargar 412.25 Kb.
títuloEzra de Girona. Comentario al cantar de los cantares
página7/14
fecha de publicación20.09.2015
tamaño412.25 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Ley > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   14
retirarán de tu altar las cenizas grasientas. En efecto, la pasión amorosa y la satisfacción, la intimidad y la unión de los amantes depende de la perfección y de las virtudes de cada generación. «Con una sola mirada», la expresión significa la generación de Salomón, totalmente perfecta: entonces todos eran justos, y entre ellos se contaba el Sanedrín, y los Sabios sabían juzgar los momentos oportunos. La expresión «tus ojos» es adecuada, pues son la luz del mundo61 ; un uso semejante se hace en Números XV, 24: si a los ojos de la comunidad escapó la inadvertencia. «Uno solo», porque esta generación fue única; no ha habido ninguna capaz de igualarle ni antes ni después. La «anilla única» significa el rey, que es el ornamento62  de la nación. Así fue como Salomón, inspirado por el Espíritu Santo, pudo prever que después de él el reino de dividiría en dos, él dijo «un solo (reino)»: durante mucho tiempo el reino permanecerá único.

A continuación, el autor sagrado comienza a cantar a la Presencia las delicias de su amor, el aroma de sus perfumes y de sus vestidos, sus labios dulces como la miel.
(IV, 10-11) ¡Qué hechicero es tu amor, hemana mía,

esposa! ¡Qué delicioso es tu amor...!

¡Más que el vino! ¡Y el aroma de tus perfumes

mejor que el de cualquier bálsamo!

¡Tus labios destilan pura miel, oh esposa!

¡Miel y leche bajo tu lengua!

¡Y el perfume de tus vestidos

es como el aroma del Líbano!
«Tu amor», que procede del vino de la Ley, queriendo indicar con ello la fuente de la Sabiduría y sus senderos63 . «El perfume de tus vestidos» simboliza la luz de la Sabiduría, que se difunde y crece a lo largo de sus atributos, luz que procede del lugar en el que «todos los bálsamos» se encuentran integrados. «La leche y la miel» simbolizan las dos leyes y recuerdan que la Presencia se encuentra emplazada entre los dos querubines. «El perfume de tus vestidos»: los vestidos no son otra cosa más que ella; son la emanación y el fulgor de la Sabiduría que la rodea. Nuestros doctores enseñan en Génesis Rabba a propósito de Daniel X, 5: «el hombre vestido de lino, como la langosta, cuyo vestido es su cuerpo».

O como el fulgor de la Sabiduría, que encierra treinta y dos senderos alrededor de la Gloria, tal y como está escrito (Salmos LXXXIX, 9): tu fidelidad te envuelve, y por otra parte ese fulgor es llamado «vestido del Santo, bendito sea», según la palabra de la Escritura (Salmos CIV, 1): estás revestido de majestad y de magnificiencia; los israelitas tienen orden, a fin de ceñirse a lo prescrito (Deuteronomio XXVIII, 9): tú seguirás sus caminos, de revestir el manto adornándolo con flecos trenzados con treinta y dos hilos. A propósito de este precepto, la Torah se expresa así (Números XV, 39): Cuando veáis el fleco, recordaréis todos los preceptos del Señor. En efecto, podría decirse simbólicamente que la Sabiduría está adornada y ceñida con una corona compuesta de seiscientas trece piedras preciosas64 , de modo que la Sabiduría está constituida por su ensambladura. Ella encierra treinta y dos senderos, cada uno de los cuales se divide en dos, bien y mal, preceptos positivos y preceptos negativos a los que se alude en los diez mandamientos, de los cuales hay una versión que hace uso de los imperativos «acuérdate» y «guarda»; así pues, tenemos sesenta y cuatro senderos, cada uno de los cuales está integrado por diez sefirot, y alcanzamos así la cifra de seiscientos cuarenta, de la que conviene extraer veintisiete65 , el número de letras que sirven para escribir la Torah; nuestra cifra es, pues, de seiscientos trece, y por ello está dicho al respecto del fleco: «cuando lo veáis os acordaréis de todos los preceptos del Señor».

Nuestros doctores se han pronunciado en el mismo sentido en el tratado de Shebuot: «el precepto del fleco equivale al resto de preceptos». Nos incumbe a nosotros escrutarlos y examinarlos uno a uno para descubrir la alusión que se hace de ellos en los diez mandamientos, inspirándonos del ejemplo de los sabios de Israel. En efecto, a fuerza de buscar, los sabios han descubierto alusiones hechas por la misma Torah sobre las reglas de conducta comunes a toda la humanidad, y que, no obstante, no constituyen un precepto formal de la Ley. Por ello, según una anécdota narrada en el Tratado de Ta’anit 9a, cuando Rabí Yohanán oyó a un niño recitar el versículo de Proverbios XIX, 3: Es la locura del hombre la que tuerce su destino, y es su corazón el que ofende al Señor, se preguntó: «Hay alguna cosa escrita en los hagiógrafos a la cual la Torah no hace ninguna referencia. Y el niño descubrió la referencia en Génesis XLII, 28: Entonces, cuando les falló el corazón, temblando, se dijeron: ¿Qué ha hecho Dios con nosotros?. Con más razón, a propósito de los principios de la Torah y del texto básico de los preceptos, debemos atenernos a esa voz, de la que está escrito (Deuteronomio XV, 19): de una fuerte voz, sin añadir nada, el conjunto de los seiscientos trece preceptos es ocultado mediante la alusión. Fieles a nuestro método, desde entonces debemos dilucidar a propósito de cada precepto a qué atributo sustituye, y evidenciar el motivo simbólico de todos aquéllos que no están explícitamente presentes en la Torah.

Muchos de ellos están, en efecto, presentes, como por ejemplo la ofrenda del primogénito (Éxodo XIII, 15): Como el faraón no nos dejaba marchar, el Señor hizo perecer a todos los primogénitos del país de Egipto (...) por ello yo inmolo al Señor todo lo que fecunda la matriz entre los machos y redimo al primer nacido de entre mis hijos, o a propósito del diezmo (Deuteronomio XIV, 23): comerás (...) el diezmo de tu trigo (...) para que aprendas a temer al Señor, tu Dios..., y hay otros muchos casos parecidos. Por el contrario, la Ley no evidencia otros muchos preceptos, como los sacrificios, el año sabático, el jubileo, la circuncisión, los deberes del corazón, las uniones prohibidas, los votos, los juramentos, las filacterias, los flecos, la consagración, el ramo de la fiesta de los tabernáculos, el cidro, la prohibición de recolectar el fruto del árbol antes de tres años, la mezcla de las semillas, la vaca roja y otras de las que precisaremos en su momento el sentido simbólico.

Debes saber que todos los preceptos dependen de dos principios: preceptos positivos y preceptos negativos. Los primeros proceden del atributo cuyo símbolo escrituario es la memoria, y los segundos de aquél cuyo símbolo es la observancia, siendo explícito que estos dos términos se corresponden con dos atributos del Santo, bendito sea. Así, aquél que cumple y realiza los preceptos del Señor procede del atributo del amor; este atributo es el grado sublime y la cualidad suprema que se corresponde con los preceptos positivos. Por el contrario, el hombre que se abstiene de hacer algo por temor a su Señor, procede del Temor, atributo inferior al del amor, del mismo modo que los preceptos negativos son inferiores a los positivos. En efecto, el hombre que no escatima ni su persona ni su fortuna para cumplir las órdenes de su Señor, no es comparable al que se abstiene de perpetrar una mala acción por temor de Él. Y nosotros sabemos desde nuestros doctores (Ketubot 86 a-b) que aquél que se niega a obedecer un precepto negativo no es castigado sino con la flagelación legal, mientras que aquél que es invitado a cumplir un precepto positivo, como por ejemplo la construcción de una cabaña durante la fiesta de otoño o la confección del ramo en similar ocasión, si se niega a ello, es sometido a servicios corporales hasta el momento de su muerte. Todo esto se remite a la memoria y a la observancia, pues el atributo de la memoria es jerárquicamente superior al atributo de la observancia, y lo mismo sucede entre las ramas que nacen respectivamente de ellos. Así como Abraham oró por su destino al atributo de Gracia, que corresponde a la memoria, y conoció con conocimiento real el nombre del Santo, bendito sea, y Dios le llamó por ello (Isaías XLI, 8): amigo Mío, pues el atributo de amor sólo se puede realizar por medio del conocimiento perfecto. Del mismo modo podrás constatar que muchos principios dependientes de los preceptos negativos derivan de preceptos positivos, de la misma manera que el temor deriva del atributo de amor; por otra parte, los principios que dependen de los preceptos positivos, derivan a su vez de preceptos negativos, porque la virtud del atributo de amor está incluido en el atributo de temor; este último deriva del primero y, no obstante, se encuentra integrado en él.66 

También debes saber que estos dos atributos intervienen en la composición de la naturaleza y en la constitución del hombre. Quiero decir con ello que como partes integrantes del hombre, encontrarás la virtud elementaria y fundamental de los preceptos positivos y de los preceptos negativos, que son respectivamente el agua y el fuego. El uno está a la derecha del hombre, y el otro a su izquierda, tal y como lo enseñan nuestros doctores en Sabath 119b: «De los dos ángeles que acompañan al hombre, uno es bueno y el otro es malo», y el sabio lo confirma cuando dice (Eclesiastés X, 2): el corazón del sabio está a su derecha, el del loco a la izquierda. David dice a este respecto (Salmos XVI, 8): Siempre llevo al Señor delante de mí, y no seré conmovido, pues Él está siempre a mi diestra, en otras palabras, no tropiezo, pues en un abrir y cerrar de ojos me aleja del camino torcido sólo con colocarse a mi diestra.

Y puesto que estos dos atributos, buena inclinación y mala inclinación, se corresponden con la orden y con la prohibición de la ley revelada, pertenecen al hombre por naturaleza; la ley y el gobierno fueron dados en un aparato de preceptos positivos y de preceptos negativos, con el fin de someter al hombre a una disciplina y guiarlo por la vía recta y los buenos hábitos, de modo que la mala inclinación estuviese subordinada a la buena inclinación y se anulase frente a ella. Así lo enseñan nuestros doctores (Berakot 54a) interpretando el pasaje de Deuteronomio VI, 5: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón: desde tus dos inclinaciones, la buena y la mala.

He aquí la intención que presidió en el momento de instituir los preceptos, los ritos del templo, las plegarias y los ayunos: rebajar la mala inclinación y volverla dependiente de la buena inclinación67 , de tal manera que el cuerpo, cuyo fundamento es el polvo, de una mala naturaleza, esclava de la pesadez que la atrae hacia abajo, se subordina a la virtud del alma, cuyo fundamento es vida, de naturaleza completamente buena y que tiende hacia lo alto.

Escucha atentamente las maravillosas enseñanzas que se desprenden de mis palabras, manténlas constantemente delante de tus ojos, pues constituye un enorme placer guardarlas en tu interior...

Los preceptos son pues los elementos esenciales de la ley, de la pureza y de la santidad; el hombre que se abandona a ellas se purifica y se santifica. El Cantar traduce esta idea diciendo: el aroma de tus vestidos es como el perfume del Líbano, pues los «vestidos» son los adornos y los senderos de la Sabiduría, formados por los seiscientos trece preceptos, con sus correspondientes reglas; esto es lo que simbolizan las palabras «como el perfume del Líbano», pues el perfume del que se trata constituye la prenda de la subsistencia de los dos mundos68  y de la vida de las almas.
(IV, 12) Ella es un jardín cerrado, mi hermana, esposa mía, una puerta cerrada, una fuente sellada.
La Presencia está simbolizada por un jardín. En efecto, el hombre planta el jardín y canaliza el agua para regarlo, y lo hace tan bien que el jardín produce diversas especies de hierbas y de bellas plantas. Del mismo modo, el cercado de la Presencia está formado por los dos querubines; las plantas son las setenta naciones, los árboles son los reyes, y todo esto recibe su susbsistencia de la fuente que brota de Edén, la Sabiduría, de donde las almas se elevan con júbilo; el curso de agua que fluye de la fuente, reparte sus aguas día y noche, sin interrupción; gracias a este curso el mundo subsiste, tal y como lo enseñan los sabios en el tratado Yoma 38b: «el mundo subsiste gracias a un solo justo, pues está escrito (Proverbios X, 25): un justo es fundamento del mundo».

Y en el mismo orden de ideas, nuestros doctores se expresan como sigue en Génesis Rabba 15, 6: «El Árbol de la vida tiene una duración de quinientos años, y todas las aguas de la creación toman sus diversos cursos por debajo de él. Rabí Judá enseña: en realidad este dicho no habla de las ramas del árbol, pues en su tronco están contenidas sus dimensiones».

Aquí se encuentra el río que sale de Edén para irrigar el jardín; éste marca el límite superior del mundo de las entidades separadas, tal y como está escrito (Génesis II, 10): aquí se divide y aparece con cuatro cabezas; el segundo verbo indica por su forma la permanencia de este estado de cosas. Otros textos de la Escritura expresan simbólicamente la misma idea (Salmos XLVI, 5): ¡Un río! Sus aguas alegran la ciudad de Dios, la más santa de las moradas del Altísimo, en donde (íb. CIV, 10): envía fuentes hasta los torrentes, las cuales caminan por entre las montañas, abrevan todas las bestias de los campos, y más tarde, en el Cantar de los Cantares (IV, 15): fuente de los jardines, pozos de aguas vivas, riachuelos que descienden del Líbano.

Nuestros sabios interpretan así este versículo: «fuentes de los jardines», se trata de Jacob que es una fuente para el jardín; «pozos de aguas vivas», se trata de Isaac; «riachuelos», es Abraham; y todo esto recibe su alimento del «Líbano», es decir, de la Sabiduría.

Considera el prodigio que supone esta interpretación, observa y comprende hasta qué punto las palabras de los sabios de Israel son perfectas y carentes de falta, conviene que sea así tratándose de maestros como ellos, cuyas palabras están todas inspiradas por el Espíritu Santo, y formuladas en símbolos destinados a desvelar el corazón de los inteligentes, depositarios de la tradición, y no destinados a los necios, a los estúpidos, a los espíritus vanos que toman las palabras de los doctores como si de fábulas sobre animales se tratase.

Por ello leemos en el tratado de Sanhedrín 38b, a propósito de Daniel VII, 9: «Seguí mirando hasta que fueron puestos los tronos. Rabí Akiba dijo: Uno para el Anciano de los días, el otro para David. Rabí José el Galileo replicó: Akiba, ¿hasta cuándo tratarás a la Presencia profanamente? He aquí cómo debe comprenderse: un trono para el enjuiciamiento estricto, otro para la justicia equitativa. Y Rabí Eleazar ben Azarya reprendió también a su colega: ¿Qué tienes tú que ver con la Aggada? ¡Acaba tus discursos y ocúpate de las cuestiones de la pureza levítica! He aquí cómo debe entenderse el texto: uno para el asiento, el otro para el escabel; un trono para sentarse, el escabel para poner sobre él sus pies». Es evidente que discutiendo así, nuestros sabios no habían llegado hasta lo esencial del problema; su controversia se limitaba a dilucidar el modo más apropiado para revelar el misterio. Esto sucede en varias ocasiones, en las que parece que nuestros doctores están en desacuerdo sobre cuestiones de este género. Las palabras gan na’ul, significan puerta cerrada. «Una puerta cerrada»: la luz no decrece, pues el vino se mantiene en la uva desde los seis días de la Creación.
(IV, 13-14): Tus caminos, vergel de granados

repletos de exquisitos frutos,

de heno y de nardo, de nardo y azafrán,

caña perfumada y cinamomo,

con todos los árboles de incienso,

de mirra y de áloes que desprenden

los más finos aromas.

El texto menciona aquí doce especies de aromas que se corresponden con los doce canales de los que dispone el Santo, bendito sea. A través de estos canales esparce y expande el perfume de la Sabiduría hacia los patriarcas69 .
(IV, 16)
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   14

similar:

Ezra de Girona. Comentario al cantar de los cantares iconCantar de los cantares

Ezra de Girona. Comentario al cantar de los cantares iconCantar de los cantares

Ezra de Girona. Comentario al cantar de los cantares iconCantar de los cantares capitulo: 4

Ezra de Girona. Comentario al cantar de los cantares iconLa teología bíblica de la sexualidad en El Cantar de los Cantares
«el deleite», Génesis 18. 12) y hasta emplea los mismos términos para el deleite del alma en Dios (Salmos 36. 9; cf vocablos parecidos...

Ezra de Girona. Comentario al cantar de los cantares iconTaller fragmento: el cantar del mio cid grado 10
«gesta» o «cantar», términos con los que el autor describe su obra en los versos 1085 y 2276, respectivamente

Ezra de Girona. Comentario al cantar de los cantares iconComentario de un texto medieval: cantar de mio cid

Ezra de Girona. Comentario al cantar de los cantares icon1. ¿Que son los Cantares de Gesta?

Ezra de Girona. Comentario al cantar de los cantares iconLa épica. Los cantares de gesta

Ezra de Girona. Comentario al cantar de los cantares icon Se estima que los romances se iniciaron como cantos juglarescos...

Ezra de Girona. Comentario al cantar de los cantares iconLa poesíA Épica. El mester de juglaría y los cantares de gesta






© 2015
contactos
l.exam-10.com