Ezra de Girona. Comentario al cantar de los cantares






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Mi amado es para mí, yo soy de mi amado,él, que apacienta su ganado entre los lirios.
Él gobierna el mundo a través de seis cosas, las seis direcciones, arquetipos de todos los seres derivados.
(II, 17) Antes de que sople la brisa del día y de que que huyan las sombras, vuelve amado mío, regresa como la gacela, como el cervatillo, sobre las montañas de la separación.
Antes de que sople la brisa del día, la iniquidad del amorreo habrá alcanzado su cumbre por su fuerza y su potencia guerrera. «Antes de que huyan las sombras» significa, según una interpretación dada por nuestros doctores en Cantar Rabba, «los príncipes celestes y los ángeles de las naciones». Mediante esta exégesis queda también debidamente aclarado el versículo de Números XIV, 9: su sombra protectora se ha alejado de ellos, su príncipe celeste ha caído, tal y como ha sido explicado por nosotros en (II, 3) me senté bajo su sombra, tan deseada. Y Regresa... deténte, pues hasta ahora te mantuviste errante entre las montañas y las colinas, en tiendas y moradas provisionales.
(III, 1) Sobre mi lecho, durante las noches,

he buscado al amado de mi alma, lo busqué y no lo hallé.
El autor llama «lecho» a los cuarenta años de estancia de los israelitas en el desierto, durante los cuales no les estuvo permitido entrar en tierra prometida. La «noche» significa el sufrimiento, la angustia y las tinieblas en las que se encontraban. «Lo busqué...», he venido, dice Israel, arrepentido, para que la Gloria regrese a mi seno como en otros tiempos. «Y no lo hallé». Durante esos cuarenta años, al haberse alejado la Presencia, la profecía fue interrumpida57 ; un texto nos lo enseña en Deuteronomio II, 17: Una vez que todos los hombres en edad de llevar las armas desaparecieron, al morir, del seno del pueblo, el Señor me habló así...; es a mí a quien fue dirigida la palabra divina, pues Moisés no había recibido ninguna revelación profética hasta entonces.
(III, 2) Así pues, me levantaré...
Continuación del discurso. He multiplicado las súplicas, he girado el Trono de Gloria, pero todo fue en vano.
(III, 3) Las patrullas que rondaban por la ciudad

me encontraron:

«¿Habéis visto al amado de mi alma?»

«Las patrullas que rondaban...», Moisés y Aarón, quienes aseguraron el servicio del santuario, tal y como está escrito (Números XVIII, 7): Tú y tus hijos ejerceréis el sacerdocio en todo lo que concierne al altar... A ellos es a quienes interrogo: «¿habéis visto al amado de mi alma?»
(III, 4) A los pocos pasos,

encontré al amado de mi alma. Me aferré a él,

y no lo soltaré hasta hacerlo entrar

en la casa de mi madre, en la habitación en la que fui concebida.
Cuando la muerte me privó de Moisés y de Aarón, mi atención se posó en Josué (Josué I, 1-2): Después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, el Señor habló a Josué...Ahora pues, levántate y cruza el Jordán...

«Me aferré a él...» expresión usada para decir: yo no sucumbí al pecado hasta el momento de entrar en la tierra prometida en los días de Josué. «La casa de mi madre» es Jerusalén, de donde se dice en Isaías I, 21: la justicia habita en ella. «La habitación en la que fui concebida» es el santuario.
(III, 5) Yo os conjuro...
Puesto que ahora estoy rodeada de honores y soy respetada, guardaos de pecar, para no ser la causa de la marcha de la Gloria.
(III, 6) ¿Quién es aquélla que viene por el desierto

moviéndose como el humo,

untada de mirra e incienso,

y de todo tipo de polvos perfumados?
El autor compara a la Presencia, que está a la cabeza del campo de Israel, con una columna de humo que se eleva. «Humo», puesto que ha surgido del fuego, tal y como está escrito (Éxodo XIX, 18): El monte Sinaí exhalaba humo por todas partes, porque sobre él había descendido el Señor en forma de fuego, y su humo se elevaba como el humo de una hoguera... Ella recibió esencialmente el influjo del lado izquierdo, que es oscuridad; esta oscuridad era el fuego elementario, del cual se dice en Deuteronomio XVIII, 16: no miraré nunca más este gran fuego, no sea que muera, y en otra parte (Deuteronomio V, 20): cuando escuchasteis la voz en medio de la oscuridad.

«Untada»; el verbo está en participio pasivo porque la presencia es pasiva, ya que recibe de otro la emanación.

«La mirra y el incienso» son dos materias de colores contrapuestos: el incienso es blanco y la mirra es roja. Medita con atención el maravilloso simbolismo que ofrece esta oposición, que evoca a los dos querubines, padres del mundo, entre los cuales se emplaza la Presencia recibiendo el influjo de ambos.

Sin embargo, el final del versículo, «de todo tipo de polvos perfumados», sugiere que ella, la Presencia, integra todas las demás cosas espirituales y que en ella se encuentra la huella del todo.

Hasta aquí llega la cuestión del interrogador, con la indicación de los caracteres y la descripción de aquello a lo que se refiere la interrogación. Y he aquí la respuesta:
(III, 7-8) ¡He aquí el lecho de Salomón!

sesenta valientes le rodean,

los principales valientes de Israel,

todos ellos expertos en el manejo de la espada y diestros en el combate;

cada uno con su espada en su muslo,

como protección contra el terror nocturno.
El nombre de Salomón es aquí un nombre sagrado. El número sesenta corresponde simbólicamente a las seis extremidades, cada una de las cuales es en realidad diez; y la séptima extremidad, la central, es espiritual, principio de la sustancia del todo, de donde todo recibe su alimento, por eso el autor no la ha tomado aquí en consideración; más adelante volveremos a tratar este asunto. La palabra con la que son designados los «valientes» indica por derivación que las entidades que les son asignadas reciben el influjo del atributo del rigor. A la pregunta: ¿Cuál es su función?, la respuesta es: juzgar, que será lo que tratará todo el versículo siguiente, pero los términos utilizados aquí no hacen sino revestir el símbolo, tal y como he explicado en la Primera observación preliminar.

En el mismo sentido, en Salmos VIII, 3 y XCIX, 4, leemos: de la boca de los niños pequeños y lactantes tú extraes la fuerza para reducir al enemigo y al vengador, y fuerza, el rey de justicia la ama. En cuanto al «terror nocturno», simboliza, según una palabra de nuestros sabios, «el terror de la Henna, que es parecido a la noche», cosa cierta, pues de ella recibe su influjo.
El rey Salomón se ha fabricado un lecho

con maderas del Líbano; sus columnas son de

plata, su artesonado es de oro, su asiento de púrpura;

y su fondo tapizado del amor de las hijas de Jerusalén.
A partir de la emananción de la Sabiduría y de su fulgor, Él difundió la luz primordial; de aquí ha emanado la luz, verdad ésta que el Génesis Rabba formula así: «¿De dónde fue creada la luz? Dios se cubrió con un manto e hizo irradiar de él el fulgor, desde una extremidad a otra del universo».

«El manto» es la efusión de la Sabiduría que envuelve al todo58 . «Se cubrió», es decir, recibió la radiación procedente de aquella emanación, y la luz fue irradiada a partir de él. Tal es también la doctrina de Rabí Eliezer el Grande: «¿De dónde fueron creados los cielos? Dios tomó luz de su vestido y la desplegó como un manto y los cielos empezaron a expandirse, tal y como está escrito (Salmos CIV, 2): cubierto de luz como de un manto, extendiendo los cielos como una tienda. ¿Y la tierra? ¿de qué fue creada? Tomó la nieve que se encontraba bajo su trono de Gloria y la arrojó, tal y como está dicho en Job XXXVII, 6: y le dijo a la nieve: ¡conviértete en tierra!»

Esta doctrina conviene con la de Platón en que es inadmisible que el Creador produzca alguna cosa de la nada, pues todo lo que existe tiene una materia comparable, por ejemplo, a la arcilla que moldea el alfarero o al hierro forjado por el herrero: el artesano le imprime la forma que quiere.

Del mismo modo, Dios forma de la materia en cuestión los cielos y la tierra, y algunas veces, otras cosas distintas. La imposibilidad de crear de la nada, no es una imperfección de Dios, como no lo es el hecho de no producir cosas imposibles, como, por ejemplo, un cuadrado cuya diagonal sea igual al lado, o reunir en un mismo momento a los dos contrarios.

Así como esto no es una imperfección relativa a su potencia, tampoco lo es no producir alguna cosa a partir de la nada, pues con ello impide la unión de los imposibles.

A este sujeto, Salomón dice en su sabiduría, de acuerdo con su luminosa intención y su justo pensamiento y bajo la moción del Espíritu Santo: surgido de los árboles del Líbano; aquí se encuentra el punto de partida de la emanación del todo: las entidades han sido siempre, pero la emanación las ha llevado del no-ser al ser. Nuestros sabios expresan esta verdad por la exégesis que hacen del versículo de Génesis I, 3: Que se haga la luz, y la luz tuvo lugar.

La forma del verbo empleado, en lugar de «la luz fue» sugiere que la luz en cuestión ya existía. En efecto, esta luz fue emanada de la luz suprema que ya existía en la potencia suprema59 .

«Las columnas de plata» son la derecha del Santo, bendito sea, «agua surgida de espíritu». «El artesonado de oro» es su izquierda, «fuego surgido de agua». «El asiento de púrpura», es el atributo central: verdad, derecho, paz, sello de perfección, sello del Santo, bendito sea, llamado en el Libro de la Creación lengua justa que asegura el equilibrio. La interpretación que han dado nuestros doctores sobre estas palabras en Números Rabba tiene este sentido. Lo mismo ocurre en el versículo de Ezequiel I, 26: arriba, en lo más alto, un ser con apariencia humana. El «púrpura» aparece aquí por ser un color compuesto de múltiples tinturas, por ello la entidad simbolizada por él recibe de más de una tintura; otro símbolo escrituario es el de Ezequiel I, 28: parecido al arco que aparece en las nubes (...) tal es el aspecto de la Gloria del Señor.

«El fondo tapizado de amor» es la Presencia. «(procedente) De las hijas de Jerusalén» significa: procedente de la línea media. Y ésta es la razón por la que el profeta reprime a aquéllos que han instalado en su hogar a mujeres extrañas (Malaquías II, 15): y la única que requiere: una raza divina.
(III, 11) Salid y mirad al rey Salomón,

hijas de Sión,

luciendo la diadema con la que su madre le coronó

en el día de sus esponsorios,

día en el que se llenó de júbilo su corazón.
«El rey Salomón», señor de paz. «Con la diadema con la que su madre le coronó»; todo el edificio se eleva en comunión y unión hasta el infinito, sin que la huida del Espíritu Santo turbe la harmonía. La corona significa el influjo de la bendición y el crecimiento del Espíritu Santo nacido del Espíritu del Dios vivo, cuyo nombre es «madre».

En el Midrash sobre los Proverbios (XXIII, 25) leemos: «Tu padre y tu madre serán dichosos, y la que te ha dado a luz resplandecerá de alegría. Rabí Akiba glosa: incluso el Santo, bendito sea, y la Sabiduría entrarán en júbilo, pues está escrito: tu padre y tu madre serán dichosos; tu padre es el Santo, bendito sea, tu madre es la sabiduría, como está escrito (Proverbios II, 3): a la inteligencia le llamarás Madre».

Por esta razón la bendición y la santidad que proceden de la nada del Pensamiento son llamados «corona» y «diadema». Nuestros doctores lo enseñan en el Midrash sobre los Salmos: «El ángel encargado de la oración espera hasta que la última asamblea litúrgica de Israel haya finalizado su oficio. A continuación, con todas las oraciones hace una corona para la cabeza del Santo, bendito sea, bendición sobre la cabeza del justo (Proverbios X, 6), el viviente de las eternidades».

He aquí el motivo por el cual la institución litúrgica prescribe inserir en las alabanzas que preceden a la recitación del «Escucha Israel», las fórmulas del triple Sanctus y Bendita la Gloria del Señor en su morada, que de este modo se encuentran en vecindad con la recitación del «Escucha Israel», que es la profesión de la unidad, mientras que el «Gran Sanctus» contiene institucionalmente a las tres, pues todas ellas entran en el marco de la profesión de la unidad.

Por otra parte, puesto que las diez sefirot se encuentran integradas en las tres que son Sabiduría, Inteligencia y Ciencia, la liturgia contempla tres Sanctus con el fin de unificarlas. Así, en los Capítulos de Rabí Eliezer (III hasta final) leemos: «El universo fue creado por diez verbos, pero Dios lo ha integrado en tres, tal y como está escrito (Proverbios III, 19-20): El Señor ha fundado la tierra con la Sabiduría; ha establecido los cielos con la Inteligencia; con su ciencia fueron surcados los abismos y las nubes destilan rocío.
(IV, 1) Qué bella eres amada mía...
Palabras de la Gloria pronunciadas cuando se encontraba en compañía de la Presencia, en plena fuerza, en el Templo construido por Salomón, pues la generación de entonces era perfecta y era el periodo de la realeza y de la dicha, ignorante del sufrimiento y de la angustia. En los versículos siguientes, el autor sagrado canta la belleza de la Presencia: sus ojos, su cabellera, sus labios, su cuello, como figuras simbólicas cuyo significado es conocido por los místicos iniciados en la Tradición.
(IV, 6) Antes de que sople la brisa del día

y de que las sombras huyan, me llegaré

hasta la montaña de la mirra, en la colina del incienso.
Durante el tiempo en el que cese el dominio de los gentiles, el sentido del primer verso lo hemos explicado antes, permaneceré en «la montaña de la mirra», es decir, en Jerusalén (2 Crónicas III, 1): Jerusalén sobre el monte Moria, y sobre «la colina del incienso», la montaña de Sión.

Jerusalén es comparada con la mirra, que es roja, símbolo del atributo de la justicia, ciudad (Isaías I, 21) en la que habita la justicia, mientras que la montaña de Sión es significada por la «colina del incienso», que responde al atributo de la misericordia.

Todo esto sucedió en el tiempo durante el que los israelitas mostraron una conducta irreprochable, actuando de acuerdo con la norma y la ley; la Presencia era entonces bella, ataviada por el Espíritu Santo, y la Gloria la cubría con un palio protector.

Sin embargo, cuando las cosas siguieron el curso contrario, la Presencia fue vagando como un pájaro lejos de su nido; abandona su casa y su morada, según la palabra (Proverbios XIX, 26): quien usa de la violencia con su padre, hace huir a la madre.60 
(IV, 8) Del Líbano, ¡Oh esposa!, conmigo,

regresa conmigo del Líbano.
La Gloria habla a la Presencia: tú estás conmigo entre las entidades profundas, latentes en la Sabiduría, «regresa conmigo del Líbano», has regresado, has emanado de otro lugar. Esto simboliza la marcha de la Presencia del campo de Israel, a la búsqueda de un lugar de reposo para el pueblo, tal y como está escrito (Números X, 33): El arca de la alianza del Señor fue delante de ellos durante el viaje de tres días, para buscar para ellos un lugar de reposo.
(IV, 9) Me has hecho perder el sentido, hermana mía,

mi esposa, me has hecho perder el sentido

con la mirada de uno solo de tu ojos,

con una sola anilla de tu collar.
Me has arrebatado el sentido a causa de la pasión ardiente que siento por ti. El verbo aquí empleado tiene dos sentidos contrarios, como aquél que se lee en Números IV, 13:
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