Ezra de Girona. Comentario al cantar de los cantares






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Mientras el rey estaba en su recinto
Cuando la Gloria se sentó sobre su trono, después de la escena del monte Sinaí, la Presencia dijo: mi nardo ha esparcido su aroma. Los israelitas pidieron ver con su propios ojos la Gloria y declararon: «Queremos ver a nuestro rey». Su deseo les fue concedido, tal y como lo atestigua la Escritura en Éxodo XXIV, 1: Él le dijo a Moisés: sube hacia el Señor, y más lejos (versículo 11): ellos contemplaron a Dios; el sujeto de esta proposición es el pueblo.
(I, 13) Mi amado es un saquito de mirra...
El saquito de mirra simboliza las fuerzas intrínsecas latentes en la Gloria, mientras que
(I, 14) Racimo de cipro
es el símbolo de las fuerzas descubiertas y manifiestas.

Asimismo, la Gloria es designada por «saquito de los vivientes», pues en ella están guardadas y sujetas las almas. Por ello, nuestros doctores interpretan en el Midrash del Cantar, el versículo III, 10: «el interior del trono está tapizado de amor»; se trata de las almas de los justos que se han instalado con Él en el cielo.

En cuanto a su proximidad con Dios, se encuentra a tres grados de jerarquía creciente. Moisés se aproximó a la nube oscura en la que se encontraba Dios (Éxodo, XX, 21), lo cual, en la versión aramea, es convertido en: «al filo de la tiniebla», en otras palabras, su experiencia le permitió percibir los tefilim, pero no obtuvo una visión directa. Justicia y juicio en una parte más interior, pues está escrito (Salmos LXXXIX, 15): Justicia y juicio son el fundamento de tu trono, más adelante todavía, las almas de los justos, según el testimonio de los versículos de Job XII, 10: en su mano está el alma de todo viviente y en I Samuel XXV, 29: que el alma de mi señor sea guardada en el saquito de los vivientes.
mi amado es para mí
Porque la Presencia ha emanado de Él y subsiste gracias a Él.
en Gaddi
Localidad en la que se encuentra el cipro de buena calidad.
(I, 15) ¡Qué bella eres...
Este versículo habla de la construcción de la morada y de la entrada en la cámara nupcial, según la interpretación que dan nuestros doctores del versículo de Números VII, 1: el día que Moisés acabó de erigir la morada; «la grafía del verbo acabar sugiere la exégesis: el día en el que la esposa penetró en la cámara nupcial; ésta designa al Santo de los santos».
(I, 17) Las vigas de nuestra casa son de cedro, y los travesaños de ciprés.

Las vigas de la morada eran de madera de shitim50 , pero el cedro da una madera de la misma especie, tal y como se deduce de su yuxtaposición en Isaías XLI, 19. Mediante la palabra rahit51 , el autor designa simbólicamente los «travesaños», pues éstos atraviesan la morada de un extremo a otro, figurando con todo ello el tema de la conjunción, de la intimidad y del tiempo de los amores.
(II, 1-3) Yo soy el narciso de Sarón,

el lirio de los valles.

Como lirio entre los abrojos,

tal es mi amada entre las doncellas.

Como el manzano entre los árboles de un huerto,

así es mi amado entre los mancebos.

Yo me senté bajo su sombra, tan deseada,

y su fruto es dulce a mi paladar.
Nuestros doctores enseñan (Shir ha-Shirim Zuta 11b): «La llanura de Sarón lleva este nombre porque canta la alabanza de Aquél que creó el universo. El «lirio» es llamado en lengua vulgar «azucena», y presenta seis hojas, del mismo modo la Presencia unió en ella «seis extremidades»52 .

En cuanto a la Gloria, el texto sagrado la compara con la manzana, la cual puede mostrar varios colores. Las expresiones «entre los abrojos» y «entre los árboles del huerto», simbolizan toda la línea media53 , que ocupa una posición central entre las sefirot inferiores, y ninguna fructifica sin ella, pues de ella reciben todas el influjo. Yo me senté a su sombra, dice la Presencia: la Gloria, mi causa eficiente y final, me mantiene en el ser. Su fruto... las almas son el fruto del Santo, bendito sea. Esta verdad la sugieren textos como Oseas XIV, 9: Por mí existe tu fruto o (Salmos XCVII, 11) luz es sembrada para el justo y en Eclesiastés XI, 7: dulce es la luz.
(II, 4) Me llevó a la habitación del vino
Símbolo de la exaltación de la Gloria, de la gran alegría y del deleite de la luz suprema.
Y el amor es la bandera que puso sobre mí.
Estableció cuatro banderas, en cuyo medio se encontraba el campo de la Presencia con miras a su trono, rodeado de cuatro campos de ángeles. Miguel a la derecha, pues es el ángel de la gracia y la misericordia, el cual corresponde a Rubén, cuya bandera estaba al sur por haber tomado la iniciativa de la misericordia y de la salvación, (Génesis XXXVII, 21) Rubén oyó y le salvó de sus manos. Uriel a la izquierda, en tanto que ángel dispensador de la justicia y del castigo. A Dan le correspondió la bandera del norte por haber confeccionado el ídolo de Mika y recibido el ternero de Jeroboam. Gabriel delante: su homólogo es la tribu real de Judá cuya bandera está al este, y cuya superioridad está proclamada en I Crónicas V, 2: pues Judá prevaleció sobre sus hermanos. Rafael el último, correspondiendo a Efraim, que se encuentra al este, y que necesita curación a causa del pecado de Jeroboam.

A este mismo orden corresponden los cuatro puntos cardinales en el mundo. Este: de aquí salió la luz hacia el mundo. Oeste: lugar de depósito de la nieve y del granizo, de donde salen el frío y el calor hacia el mundo. Sur: de aquí el rocío y las lluvias bienhechoras salen hacia el mundo. Norte: de aquí sale la oscuridad hacia el mundo.

Tal es la estructura del edificio durante el día, cuando el rostro de los ángeles se encuentra mirando hacia el este para cumplir su servicio de gobierno del día; durante la noche, por el contrario, sus rostros se encuentran mirando hacia el oeste para rogar, y el orden está invertido.

Asimismo, según la explicación anterior, las banderas están hechas a imagen del mundo por venir y del mundo inferior, por lo que nos encontramos con correspondencias similares al considerar la construcción de la morada.

En el Santo de los Santos, que se encuentra entre los dos querubines, reside la Presencia con miras al mundo superior. Al mundo intermedio, poblado por los servidores que dominan sobre la tierra, corresponde la Tienda de la Reunión que encierra la Mesa, el Candelabro y el Altar de oro, utensilios intrínsecos espirituales: el altar de oro no está destinado a los holocaustos y a las inmolaciones sangrientas, sino a la ofrenda de los perfumes, cosa sutil y espiritual. Una correspondencia similar se da en lo que se refiere al candelabro, que debe difundir su luz por las seis ramas que surgen de la raíz central, proyectando su claridad por delante de él. Finalmente, al mundo inferior le corresponde, instalado en el atrio de la Tienda de Reunión, el altar de los holocaustos sobre el que son ofrecidos todos los sacrificios.

También en el hombre encontramos los homólogos de los tres mundos; el del Logos, que es la cabeza, el de la vitalidad, que es la parte del cuerpo comprendida entre la cabeza y el ombligo, y el de la naturaleza, que es la parte que está por debajo del ombligo y en donde tiene lugar la digestión de los alimentos.

Por ello el Cantar de los Cantares proclama: y la bandera que Él alza sobre mí es el amor, alusión al campo de la Presencia que se encuentra entre las cuatro banderas, tal y como está escrito en Números II, 17: la Tienda de la Reunión se desplaza, el campo de los Levitas se encuentra entre los otros campos.

Por otra parte, el mobiliario de la morada presenta las mismas analogías, por una parte con la Gloria del Santo, bendito sea, y por otra con el mundo visible. Nuestros sabios lo enseñan en el Midrash: «Rabí Josué de Siknin en el nombre de Rabí Leví. Cuando el Santo, bendito sea, ordenó a Moisés (Éxodo XXV, 8): hazme un santuario, debía levantar cuatro estacas y construir sobre ellas la morada. La minuciosa descripción que encontramos en la Escritura nos enseña que Dios le mostró a Moisés un fuego rojo, un fuego verde, un fuego negro y un fuego blanco, y después le ordenó (versículo 40): obra según el modelo que te fue mostrado en la montaña. Rabí Berekya relata a este respecto una parábola. Un rey poseía un hábito de gala acicalado con perlas. En una ocasión le dijo a su consejero: ¡Confeccióname un hábito idéntico! Y el cortesano respondió: Majestad, ¿acaso puedo yo confeccionar tal hábito? El rey dijo entonces: Yo aportaré mi gloria y tú tus materiales. Moisés planteó la misma protesta: ¿Acaso soy yo capaz de cumplir tales propósitos? Dios le respondió: según el modelo, utilizando (versículo 4) púrpura violeta y escarlata, carmesí y lino fino».

También la estructura de la morada encierra en ella, simbólicamente, el mundo visible. A propósito de la creación, la Escritura nos dice (Génesis I, 1): Dios creó los cielos y la tierra y (Salmos CIV, 2) tú despliegas los cielos como un manto; en la morada se encontraban (Éxodo XXVI, 7) cintas de pelo de cabra formando una tienda.

En el segundo día de la creación (Génesis I, 6): que haya un firmamento en medio de las aguas que separe las aguas de las aguas; para la construcción de la morada está prescrito (Éxodo XXVI, 33): y el velo os señalará la separación...

Tercer día (Génesis I, 9): que las aguas se reúnan en un solo lugar; orden que en lo referente a la morada se corresponde con las palabras de (Éxodo XXX, 18): harás una pila de bronce.

Cuarto día (Génesis I, 14): Que haya luminares; en la morada (Éxodo XXV, 31): Candelabro de oro puro.

Quinto día (Génesis I, 20): que los pájaros vuelen por encima de la tierra; en la morada (Éxodo XXV, 20): Los querubines tendrán sus alas desplegadas.

Sexto día (Génesis I, 27): Dios creó al hombre; en la morada (Éxodo XXVIII, 1): Haz que Aarón, tu hermano, se acerque a ti.

Séptimo día (Génesis II, 1): Los cielos y la tierra fueron terminados; en la morada (Éxodo XXXIX, 32): todos los trabajos de la morada fueron terminados. A propósito de la creación del mundo, está escrito en Génesis I, 28: Dios los bendijo; cuando la morada fue erigida (Éxodo XXXIX, 43), Moisés les bendijo.

El séptimo día (Génesis II, 2): Dios acabó su obra; hablando de la morada (Números VII, 1): el día que Moisés terminó de construir la morada. Refiriéndose aún al séptimo día (Génesis II, 3): Dios bendijo el séptimo día y lo santificó; para la morada (Números VII, 1): Moisés la consagró..., todo esto expresa simbólicamente que el mundo visible se encuentra junto al Nombre del Santo, bendito sea, y unido a él, Nombre del que extrae la vida. El arca y sus accesorios simbolizan además el mundo superior. En el mundo superior (Isaías VI, 2): Los serafines se emplazan por encima de él; en el mundo inferior (Éxodo XXVI, 15): láminas de madera de acacia lo cubrían.

En el mundo superior (Salmos LXXX, 3): Tú, que reinas sobre los querubines; en el mundo inferior (Éxodo XXV, 20): Los querubines tendrán las alas desplegadas. En el mundo superior (Ezequiel I, 20): las ruedas también se elevaban; en el mundo inferior (I Reyes VII, 33): la forma de las ruedas era la de las ruedas de un carro.
(II, 5) Alimentadme con pasteles,

reconfortadme con manzanas,

pues estoy enfermo de amor.
Los «pasteles» simbolizan el gran deleite. Según la palabra aquí empleada, se hace alusión a aquellas cosas que son los fundamentos de arriba y de abajo. Las «manzanas» son los dos querubines entre los que estoy emplazado recibiendo el influjo de ambos. «Enfermo de amor»: el mal de amor es la intensidad del placer del corazón y del desfallecimiento del alma.
(II, 7) Yo os conjuro, hijas de Jerusalén

por las gacelas o por las ciervas de los campos...

La Presencia habla a Israel: procurad que el pecado no cause mi partida. Y conjura a la nación elegida por el Nombre del Santo, bendito sea, pues su Nombre constituye sus ejércitos, simbolizados por las ciervas de los campos; el mismo simbolismo se encuentra en Salmos XXIX, 9: la voz del Señor hizo engendrar a las ciervas.
(II, 8) Es la voz de mi amado,

ya llega saltando por encima de las montañas,

brincando por encima de las colinas.

La Presencia recuerda aquello que tuvo lugar el vigésimo día del mes de iyar, cuando la nube se levantó por encima de la tienda del testimonio. «Saltando por encima de las montañas», la Gloria errante por montañas y colinas y el arca de Dios morando sobre la tienda. El versículo siguiente trata la misma idea:
(II, 9) Mi amado es parecido a una gacela,

a un joven cervatillo,

ved cómo permanece detrás del muro,

cómo mira por la ventana y espía por la celosía.
La Gloria no ha sido satisfecha en ninguno de los lugares por los que sucesivamente ha pasado, la zarza, el Sinaí, la tienda del reencuentro, hasta el momento en el que estableció como domicilio suyo un habitáculo artesonado de cedro: una morada en la que resides por siempre, ha venido a vivir al Templo, en el muro occidental54 , lugar que, desde nuestros doctores, jamás ha sido abandonado por la Presencia, tal y como está escrito: «ved cómo permanece detrás del muro». Desde allí ella «mira» y observa al género humano.
(II, 10) Mi amado ha tomado la palabra y me ha dicho: «levántate compañera mía, mi bella, y ven hacia mí».
«Levántate», deja tu lugar y corre por el campo. La expresión que encontramos más lejos (versículo 14): muéstrame tu rostro, simboliza la misma verdad, que nuestros doctores han formulado (Meguilá 29a) comentando el versículo de Deuteronomio XXX, 3: el Señor, tu Dios, volverá con tu cautividad: «No se dice hará volver sino volverá; esto nos enseña que la Presencia ha vuelto del exilio con ellos». La misma enseñanza surge aun de una particularidad ortográfica en dos versículos (Jeremías XXXI, 20): señala bien el camino, el sendero por el que has andado, regresa virgen de Israel... y (Miqueas IV, 10): Hija de Sión, saldrás ahora de la ciudad y permanecerás bajo el cielo raso.
(II, 11) Y he aquí que el invierno ha pasado
Símbolo de la llegada del término fijado y del final del exilio.
(II, 12) Las flores se asoman sobre la tierra...
Mientras la Presencia resida en el exilio con sus hijos, como lo enseñan nuestros doctores en el tratado de Pesahim 118b, al comentar el versículo de Salmos CXIII, 9: hizo que la mujer estéril morase en una casa como feliz madre de familia; «la comunidad de Israel habla así delante del Santo, bendito sea: mis hijos me han convertido en una comadreja que mora por los rincones de las casas».
(II, 15) Atrapemos a las raposas,

a las pequeñas raposas asoladoras de viñas,

pues nuestras viñas ya están en flor.
Las «raposas» simbolizan a los exploradores55 , que son pusilánimes, como los animales en cuestión y que hablaron con estas palabras (Números XIII, 28-29): Y, ciertamente, el pueblo que lo habita es poderoso (...) el amalecita ocupa la región del Negueb.

«Las asoladoras de viñas» significan a las naciones de gentiles que se aprovecharon de la entrada de los israelitas en la tierra prometida así como de la construcción del Templo, lo cual enseñan nuestros doctores en el tratado de Yebamot 63a: «Las promesa hecha a Abraham en Génesis XII, 3: por ti serán benditas todas las naciones de la tierra, significa que incluso las naciones ubicadas en sus respectivas tierras sólo son benditas a causa de Israel».

Y durante el tiempo en el que los israelitas residieron en su propia tierra, el altar les procuró expiación. Nuestros doctores lo enseñan en el tratado de Sukka 55b: «Abbaya dijo: los setenta toros inmolados durante la fiesta de las tiendas se corresponden con las setenta naciones; el toro único se corresponde con la nación única. Parábola: Un rey mortal dijo a sus vasallos: preparadme un festín; cuando el gran banquete terminó le dijo a su amigo: prepárame un pequeño festín para que pueda disfrutar de tu compañía. Rabí Yohanan dijo: ¡Malditas sean las naciones de los gentiles! Pues ellas ignoran lo que han perdido. Desde que el Templo existe, les procuró expiación; en el presente ¿quién se la procura?»

Lo que esto indica está muy claro: cuando la «línea media»56  es alimentada, sus ramas también lo son, del mismo modo que la fuerza vital y la irrigación de los órganos se expande desde el cerebro a través de la columna vertebral y, de allí, se expande por todas las venas.

«Las viñas en flor» significan la nación de Israel, que florece a su entrada en la tierra prometida y en el momento de la manifestación de su salvación, del mismo modo que se descubre el fruto cuando la viña florece. Pero cuando llegó la condena, confirmada por juramento, la Gloria se alejó y la profecía cesó. Entonces la Presencia, al ver alejarse a la Gloria, se lamentó:
(II, 16)
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