Ezra de Girona. Comentario al cantar de los cantares






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Primera observación preliminar
El rey Salomón compuso este libro en su vejez bajo la dirección del Espíritu Santo. Él le da a Dios su propio nombre17 , y en el mismo orden de ideas, vemos que Dios es llamado Paz (Jueces VI, 24): él nombró a YHWH Paz. Este nombre tenía dos usos, uno manifiesto y el otro oculto, pues gracias a él, el autor sagrado previó todas las cosas por venir y, en particular, la construcción de los dos templos y de los exilios.

Sin embargo, no hace una mención expresa del exilio, pues este tema no conviene al género poético. Comienza su obra con maravillosas imágenes y con verdades prodigiosas. Evoca la edificación del trono del Santo, bendito sea, su aspecto, su factura, su estatura, su estructura, el número de peldaños; recuerda todos los acontecimientos acaecidos desde la salida de Egipto, a partir de la cual Israel fue llamado pueblo del Señor y el nombre del Santo, bendito sea, se acercó particularmente a su nación elegida, hasta el séptimo milenio, que será «el día de absoluto reposo y el sabath para la vida eterna». Al final del libro, el autor indica, por otra parte y con palabras ocultas, el final del exilio actual, y da a entender que los israelitas perseverarán en su Ley y permanecerán firmes en su fe, incluso si llegan a cometer pecados bajo la violencia de la opresión y por las persecuciones.

El autor comienza su discurso con las palabras «Cantar de los Cantares». La poesía habla en parábolas, pues la parábola encierra una parte esencial que el comentarista debe dilucidar y determinar con precisión, así como discernir los trazos que están allí únicamente para asegurar la cohesión y para su ornato.

Para ilustrar esta regla pongo mi atención sobre un versículo del libro: Que me bese con los besos de su boca (Cant. I, 2).

El «besar» es la adhesión18  del alma, tal y como lo explicaremos más adelante; «de su boca» no tiene nada que ver con este tema, pero a partir del momento que el autor ha figurado la adhesión del alma a través del acto de besar, que se da por la boca, debe adjuntar el complemento «de su boca», a fin de dar cohesión al discurso. La prioridad de esta explicación se debe a un sabio de nuestra generación.

También encontramos en este libro parábolas en las que los detalles no son susceptibles de ninguna explicación particular. Así (II, 12): las flores han despuntado en nuestra tierra, el tiempo del canto ha llegado y la voz de la tórtola se extiende por toda la tierra.

En este texto no nos incumbe escrutar todos los detalles, basta explicar que éstos expresan en un estilo rico e imaginativo la magnificencia del periodo de liberación que sucederá al exilio cuando éste termine. Lo mismo sucede con textos como VII, 3: tu vientre, un montículo de trigo, o en IV, 5: tus dos senos, dos gamos; a partir del momento que posees por saber y por tradición las ideas generales, no debes preocuparte por sus detalles. Por un gran esfuerzo mental no lograrás sino perderte en vanos discursos y exponerte a numerosos tropiezos. Déjate penetrar por esta recomendación.
Segunda observación preliminar

destinada a enseñarte una importante verdad
Este libro encierra un cierto número de términos que ninguna otra atestación escrituraria permite interpretar; y son precisamente aquéllos sobre los cuales toda la doctrina del libro está fundada.

La explicación de una parte de ellos la tenemos por tradición; otras exégesis las encontramos dispersas en las Agadot y los Midrashim, entre las palabras de los sabios, esos maestros comparables a profundas cisternas que no dejan que se pierda ni una sola gota; sus palabras son puro fruto interior sin corteza. Esto es lo que sucede con estas palabras: las maderas del Líbano (III, 9), como el perfume del Líbano (IV, 8), arroyos que descienden del Líbano (IV, 15), ya que sabemos por tradición que el Líbano es la Sabiduría19 . Y ésta es también la intención de nuestros sabios cuando explican las maderas del Líbano «por el consejo de la Torah dilucidada gracias a sus discusiones». El traductor arameo trata de lo mismo cuando cambia esta buena montaña del Líbano (Deuteronomio III, 25) por «esta buena montaña y el Santuario».

Hay una segunda serie de expresiones en las que figura la palabra «vino»: tus amores son mejores que el vino (I, 2); me ha introducido en la estancia del vino (II, 4); qué bellos son tus amores... más que el vino (IV, 10); te daré a beber de un vino aromático (VIII, 2); igualmente hemos recibido por tradición que simbolizan a la Sabiduría. Y nosotros constatamos que el valor numérico de las letras que constituyen la palabra yayin (vino) es de setenta, alusión mística a los setenta nombres que proceden de la sabiduría. El valor numérico de las letras que forman el nombre de esta última (hokmah) es de setenta y tres; en cuanto al tres, su raíz es sobradamente conocida. Todo lo que acabamos de decir nos sirve como sostén y apoyo de esta verdad, además de la confirmación que recibe de la tradición. Hay una tercera serie de versículos en los que figura la palabra «aroma»: los más finos aromas (IV, 14); jardines perfumados (V, 13); más que todos los aromas (IV, 10); que él destile sus perfumes (IV, 16); sobre las montañas embalsamadas (VIII, 14). Todas estas expresiones simbolizan a la Sabiduría, pues ella es el comienzo de la palabra, y en ella tiene su inicio la efusión de los olores.

En algunos textos aparece la palabra «manzana»: como el manzano entre los árboles de un huerto (II, 3); el perfume de tu aliento es como el de las manzanas (VII, 9); reconfortadme con manzanas (II, 5); bajo el manzano te desperté (VIII, 5). Por tradición sabemos que «manzana» simboliza la Gloria de la Presencia por sus diversos colores: amarillo, rojo y blanco, como el aspecto del arco que se forma en la nube un día de lluvia (Ezequiel I, 28); «manzanas» (en plural) simboliza a los dos querubines.

Esto es conforme a la enseñanza de nuestros sabios en el tratado del Sabath: «Rab Yehudá dijo: como el aroma del campo (Génesis XXVII, 27), como el olor exhalado por un huerto sembrado de manzanos». Citemos aún los textos en los que se trata del «lis»: él apacienta su ganado entre las flores de lis (II, 16); envuelto de lis (VII, 3); los lirios de los valles (II, 1); para recoger lirios (VI, 2). Sabemos por tradición que esta flor se llama vulgarmente azucena, y que sus seis pétalos son símbolo de las «seis extremidades»20 .

Recordemos finalmente algunos textos en los que está en cuestión el «jardín»: para apacentar a su ganado en los jardines (VI, 2); tú que habitas los jardines (VIII, 13); raíz que fecunda los jardines (IV, 15); jardín bien cerrado (IV, 12); éstos simbolizan la Presencia, tal y como explicaremos más adelante.
Tercera observación preliminar
Breve instrucción sobre las palabras de la Tradición concernientes a los textos escriturarios sobre los que vamos a tratar ahora y que son como un pilar en el que todo se apoya, y como una estaca de la que todo está suspendido; está destinada a hacerte asimilar correctamente la interpretación de este libro y a dirigir tu corazón en la vía. Así se expresa el sabio en lenguaje simbólico: (vss. 1-2)
Existe para la plata una mina

para el oro un lugar donde se purifica

El hierro es extraído del sol

La piedra fundida se convierte en cobre21 .
El autor habla aquí de cuatro metales cuya materia mineral se encuentra en la tierra. Se corresponden, en el hombre, con los cuatro elementos: la bilis blanca, la bilis roja, la bilis negra y la bilis amarilla. Asimismo, en toda cosa viviente, sensible o no sensible, se encuentran cuatro elementos que obtienen la vida de los elementos espirituales primordiales incluidos en las diez sefirot; estos elementos espirituales son los ancestros de todos los seres derivados.

Después de hablar de los cuatro elementos del mundo inferior, plata, oro, hierro y cobre, el autor sagrado indica por alusión simbólica los elementos primordiales, precisando que tienen una «mina»; lo que en ella hay, lo enseña en el versículo siguiente: (vs. 3)

Él ha puesto un término a la oscuridad.
Es sabido que la oscuridad es no-ser; hablando de ella no se puede emplear de ninguna manera el verbo rjy, sino tan sólo el verbo hrb22 . La creación designada por este último verbo significa que en la oscuridad, que no tiene término ni fin, Dios ha deshecho una unión y ha dado lugar a una emanación23 , y por su palabra ha puesto un término a la oscuridad, es decir, Él trazó un límite en la oscuridad, le dio un término y le puso un punto final, como lo precisa la continuación del versículo: y él determina toda dimensión. Esto viene a decir que a cada atributo y a cada entidad que subsiste en la potencia del no-ser del que se trata, Dios le da una determinación. En otras palabras: después de hacer pasar a cada uno de ellos de la potencia al acto, Dios obra para el atributo así actualizado, y opera las dimensiones y los receptáculos que son determinación y límite. He aquí por qué cuando habla de la oscuridad, la Escritura emplea el verbo hrb (Isaías XLV, 7): yo formo (yotzer) la luz y creo (bore’) la oscuridad. Otro versículo de Job (XII, 22) testifica en el mismo sentido: Él manifiesta las profundidades a partir de la oscuridad y hace que la luz salga de la sombra profunda. «Oscuridad» y «sombra profunda» son los apelativos del no-ser en la potencia del cual se halla la luz. Esto es lo que indica el final del versículo 3 de nuestro capítulo: piedra, oscuridad y sombra profunda. El autor llama «piedra» al edificio construido con las letras que había antes de la creación en la potencia del no-ser, el cual es «oscuridad» y «sombra profunda». Comprende esto, pues se trata de un gran principio.
(vs. 4) Él ha cruzado el lecho del torrente desde

su nacimiento.
Esto quiere decir que, en el principio, el torrente de donde procede la irrigación se encontraba obstruido y sellado, - «torrente» simboliza «los senderos de la sabiduría» -, y no había ni conducto ni cosa alguna para irrigar los árboles del Líbano y los cedros. En consecuencia, el texto dice: Él ha cruzado, a partir del lugar del cual el torrente debía fluir. Usando una hipérbole retórica, la Escritura califica este lugar como lugar muy oculto, como lugar en el que Él empezó a practicar una brecha y como lugar olvidado por el pie.
(vs. 5) Tierra de donde sale el pan
El autor sagrado da el nombre de «tierra» al lugar del comienzo de la palabra y del vuelo de la voluntad; de aquí procede la causa y subsistencia de todas las cosas, la fuente de la vida, sus influjos24  y la satisfacción de las necesidades de todos los seres, los superiores y los inferiores.
(vs. 6) Y por su parte inferior es transformada en una especie de fuego
Este tipo de frases simbolizan el maravilloso esplendor y la luz traslúcida que no admite ninguna similitud ni comparación.
(vs. 7) Lugar en el que las piedras son zafiro
Ésta es la cantera de la que son extraídas las piedras santas, a saber, las veintidós letras, cada una de las cuales es un objeto que sirve como precioso vaso; el santuario es tallado, una torre fuerte bastida y construida, el justo se confía a ella y se vuelve inaccesible.
(vs. 8) Sendero ignorado por el ave de rapiña
Por sendero el autor entiende los treinta y dos caminos, que él califica como desconocidos porque, al principio, estaban cerrados y sellados, ignorados incluso por los ángeles de servicio, y ningún ojo los pudo contemplar hasta que llegó el tiempo de la Voluntad25 .
(vs. 9) Él acometió con la dura roca y devastó las montañas

desde su raíz
El autor compara a la sabiduría con una dura roca, a causa de los senderos ocultos en ella. Y compara este profundo misterio a una cosa celada en un lugar de difícil acceso del que no puede ser extraída si no es llegando hasta su zona más profunda.
(vs. 10) Ha cavado en las rocas corrientes de agua
Designa por «corrientes de agua» la unión de las entidades comprendidas en el nombre de «agua» en el relato de la creación, tal y como está escrito (Génesis I, 2): y el espíritu de Dios flotaba sobre la superficie de las aguas. Pues una vez aparecidas las corrientes de agua,
(vs. 10b) su ojo vio todo objeto precioso
Las entidades emanadas el primer día constituyeron una unión en el seno de la cual diez cosas estaban mezcladas: cielos y tierra, tohu y bohu, luz y tinieblas, viento y agua, medida del día y medida de la noche. Esto es lo que indica
(vs. 11) Detuvo las corrientes de los ríos
Después de que estas diez cosas26  fueron unánimemente emanadas, el universo fue «aguas en las aguas», el Creador detuvo estos ríos e hizo la separación de las aguas con las aguas por la palabra (Génesis I, 6): que haya un firmamento.
(...) y su misterio hizo salir la luz

La palabra ta’alum contiene el afijo posesivo de tercera persona, femenino, singular: el misterio de la Sabiduría la ha conducido al día.
(vs. 12) La Sabiduría procede de la Nada
Su existencia procede de la nada.
(vs. 13) El mortal no conoció sus ordenanzas
La palabra empleada por el texto significa «su orden»; es decir, el hombre no sabe poner en orden sus entidades y es incapaz de conocer sus estructuras, tal y como está escrito (Isaías XLIV, 7): ¿Quién puede compararse a mí? Que hable y fije el orden de aquello que yo he instaurado desde el principio.
(...) No puede ser descubierta sobre la tierra de los vivos
Incluso los ángeles la ignoran.
Después, el autor desarrolla esta idea en lenguaje figurado: (vss.14-20)
El Abismo declara: no está en mí..., y continúa.
A continuación: (vss. 20-21)
Y la Sabiduría de la que ella procede... se oculta a los ojos de todo ser viviente

a aquéllos cuya vida es eterna.
(...) se oculta a los pájaros del cielo
que son sus ángeles de servicio.
(vss. 22) La perdición y la muerte declaran
Es la nada de la que emanan todas las entidades.
(vs. 23) Dios ha señalado su camino
Por medio de la contemplación que ha llevado hasta su término, da forma a lo que debe tener forma y tiene lugar la emanación de los cuatro elementos primordiales.
(vss.24-25) Pues Él ve hasta los extremos de la tierra

Él contempla todo lo que está bajo los cielos.

Cuando quiso dar peso al viento,

calibrar las aguas con una medida,

(vs. 27) Entonces Él la vio
La miró con Pensamiento puro, como un hombre que empieza a evaluar en su corazón la obra y comienza, acto seguido, a realizarla y ocuparse en ella; a este respecto, nuestros sabios han dicho: el pensamiento de los justos lo ha precedido todo, y según las formas que se encontraban en él, hizo las formas en el conjunto que emanó a partir de él,

(...) y lo contó
Este verbo evoca las tres entidades nombradas al principio del Libro de la Creación, que son sabiduría, inteligencia y saber.
(...) hizo su disposición
Tras la disposición y agenciamiento del edificio, las entidades aún no subsistían. Entonces a partir del Creador, bendito sea, emanaron las entidades, las puso en orden e hizo un solo edificio y un solo nombre, tras la combinación, contraposición y permutación de las veintidós letras que están mutuamente ligadas y que se corresponden.
(...) Y lo delimitó
Hizo una suerte de medidas con límite y término, aunque en función de su principio no tenía limite.
(vs.28) Después le dijo al hombre: el temor del Señor concede la Sabiduría.
El atributo de generosidad del Santo, bendito sea. Todas las cosas toman su existencia, proceden y emanan del esplendor de la Sabiduría, y reciben de ella la bendición, constantemente y sin interrupción27 . Derivadas de ella y teniendo en ella el fondo de su subsistencia, todas las cosas no tienen sino un deseo, y no aspiran sino a elevarse y penetrar en las habitaciones íntimas del santuario, a extraer el agua de las fuentes de la Sabiduría; y todo ello conforme a lo que precisaremos en el cuerpo del comentario.

Tras estas tres observaciones preliminares, emprendo la explicación del libro con la ayuda de Dios.
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