Examen del evangelio






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praetors. Según los «eruditos», la ciudad habría sido gobernada por dos duumvirs. Sin embargo, como de costumbre quien tenía la razón era Lucas. Unos descubrimientos han demostrado que el título de praetor era el empleado para designar a los magistrados de una colonia romana.

La elección que hace Lucas de la palabra procónsul como título de Galión también se ha demostrado correcta, como se evidencia en la inscripción de Delfos que dice en parte: «Así como Lucio Junio Galión, mi amigo y procónsul de Acaya …»

La inscripción de Delfos (52 d.C.) nos da un período preciso de tiempo para establecer el ministerio de Pablo de un año y medio en Corinto. Sabemos esto por el hecho, de otras fuentes, que Galión asumió su puesto el 1 de julio, de que su proconsulado duró sólo un año, y que aquel mismo año coincidió con la obra de Pablo en Corinto.

Lucas da a Publio, el hombre principal de Malta, el título de «el hombre principal de la isla». Se han desenterrado inscripciones que también le dan el título «el primer hombre».

Aún otro argumento en pro de la fiabilidad de Lucas es su empleo del término politarcas para denotar a las autoridades civiles de Tesalónica. Por cuanto no se encuentra el término politarcas en la literatura clásica, se mantenía que Lucas estaba equivocado. Sin embargo, se han descubierto ahora unas 19 inscripciones que emplean este título. Cosa interesante, cinco de ellas se refieren a gobernantes de Tesalónica.

Los arqueólogos pusieron al principio en tela de juicio la implicación de Lucas de que Listra y Derbe estaban en Licaonia, y que Iconio no. Basaban esta postura en los escritos de romanos como Cicerón, que indicaban que Iconio se encontraba en Licaonia. Por ello, los arqueólogos mantenían que el libro de los Hechos no era fiable. Sin embargo, Sir William Ramsay encontró un monumento que evidenciaba que Iconio era una ciudad de Frigia. Descubrimientos posteriores confirmaron este extremo.

Entre otras referencias históricas hechas por Lucas hay la de «Lisanias, tetrarca de Abilene» al comienzo del ministerio de Juan el Bautista en el 27 d.C. El único Lisanias conocido por los especialistas de historia antigua era el que había sido muerto en el 36 a.C. Sin embargo, una inscripción hallada cerca de Damasco hace referencia al «Liberto de Lisanias el tetrarca», y está fechada entre el 14 y el 29 d.C.

No es sorprendente que E. M. Blaiklocl, profesor de clásicos en la Universidad de Auckland, concluye que «Lucas es un historiador consumado, y debe ser puesto por propio derecho entre los grandes escritores griegos.»
Una verdadera imagen
F. F. Bruce, de la Unversidad de Manchester, observa lo siguiente:
«Allí donde se ha sospechado de inexactitud por parte de Lucas, y su exactitud ha quedado vindicada por alguna evidencia de inscripciones, se puede decir de manera legítima que la arqueología ha confirmado el registro del Nuevo Testamento.»
Bruce comenta así acerca de la precisión histórica de Lucas:
Un hombre cuya precisión puede quedar demostrada en cuestiones que sí podemos someter a prueba es susceptible de ser exacto incluso ahí donde no tengamos a disposición medios para ponerlo a prueba. La precisión es un hábito de la mente, y sabemos por experiencias felices (o infelices) que algunas personas son habitualmente exactas, así como otras podemos predecirlas como inexactas. El registro de Lucas le da derecho a ser considerado como un escritor de exactitud habitual» (Josh McDowell, The Resurrection Factor, San Bernardino, CA: Here's Life publishers, 1981, págs. 34, 35; hay traducción al castellano: El Factor de la Resurrección, Terrassa, Barcelona: CLIE, 1985).
Hubo un tiempo en mi vida en que intenté destruir la historicidad y validez de las Escrituras. Pero he llegado a la conclusión de que son históricamente fiables. Si alguien descarta la Biblia como infiable en este sentido, entonces tiene que descartar casi toda la literatura de la antigüedad. Un problema con el que me enfrento constantemente es el deseo de parte de muchos de aplicar una norma o prueba a la literatura secular, y otra a la Biblia. Debemos aplicar la misma prueba, tanto si la literatura bajo investigación es secular o religiosa. Habiendo hecho esto, creo que podemos decir: «La Biblia es digna de confianza e históricamente precisa en su testimonio acerca de Jesús.»

Ahora comprendo por qué el historiador de la Roma clásica, el doctor A. N. Sherwin-White, escribe así: «Para el libro de los Hechos, en el Nuevo Testamento, la confirmación de la historicidad es abrumadora. … Cualquier intento de rechazar su historicidad básica, incluso en cuestiones de detalle, ha de ser considerado actualmente como absurdo. Los historiadores de Roma hace tiempo que lo dan por supuesto» (A. N. Sherwin-White, Roman Society and Roman Law in the New Testament, Oxford: Clarendon Press, 1963, pág. 189).

El doctor Clark Pinnock, profesor de interpretación en la Universidad McMasters en Canadá, concluye tras una prolija investigación: No existe ningún documento procedente del mundo antiguo, testificado por un conjunto tan excelente de testimonios textuales e históricos y ofreciendo un cúmulo tal de datos históricos en base del que se pueda tomar una decisión inteligente. Una persona honrada no puede echar a un lado una fuente así. El escepticismo acerca de las credenciales históricas del cristianismo se basa en un prejuicio irracional» (Clark Pinnock, Set Forth Your Case, Nutley, N.J.: Craig Press, 1968, pág. 58).

Se puede llegar a la conclusión de que el Nuevo Testamento da un retrato ajustado de Cristo. Este relato histórico sobre Él no puede ser racionalizado con pensamientos especulativos, manipulaciones históricas o maniobras literarias.
¿Está profetizado Mahoma en la Biblia?
Los mahometanos mantienen que la venida de Mahoma fue predicha en la Biblia. La Escritura del Corán empleada para apoyar esta pretensión se encuentra en la Sura 7:156:
«Los que creen al enviado, al Profeta, del común de la gente, a quien encontrarán escrito entre ellos en la Torá y el Evangelio.»
Si estas palabras son correctas, entonces deberíamos encontrar una referencia al Profeta Mahoma en las profecías de Moisés y de los Evangelios. La comunidad islámica ha buscado diligentemente para encontrar las profecías que apoyen su creencia de que la venida de Mahoma fue verdaderamente predicha. El Corán implica que estas profecías se encontrarían en la Torá y en el Evangelio sin grandes dificultades, pero los musulmanes se han encontrado sorprendidos al ver que es Jesucristo quien parece ser el tema de las muchas profecías, y no Mahoma.

Hay opiniones divergentes en el mundo musulmán acerca de cuáles profecías de la Biblia son las correctas. La gran mayoría de los musulmanes se aferran a Deuteronomio 18:18 como la referencia de la Torá (el nombre judío para los cinco libros de Moisés). Las referencias del Nuevo Testamento al «Consolador» en Juan 14-16 son tomadas como la principal referencia del Evangelio a Mahoma.

Patrick Cate comenta:
Como hay una variedad de opiniones musulmanas acerca del tahrif, igualmente hay una amplia variedad de puntos de vista musulmanes acerca de las predicciones bíblicas tocantes a Mahoma. Algunos encuentran muchas predicciones, algunos encuentran pocas, y algunos no encuentran ninguna. Cuanto menos corrompida crea uno que está la Biblia, tantas menos predicciones tiende a encontrar (Cates, Dissertation, pág. 78).
Referencias del Antiguo Testamento
Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mande (Deuteronomio 18:18).
Los musulmanes sostienen que ésta es una clara referencia a la venida de Mahoma, predicha por Moisés. Se dan las siguientes razones para creer que el profeta prometido es Mahoma:
1. Se cree que el Corán es la Palabra de Dios, y por tanto, como Mahoma recitó cada pasaje que le fue entregado, tuvo las palabras de Dios en su boca en conformidad a las palabras de esta profecía.
2. El profeta que vendría sería de entre los hermanos de los israelitas, y por ello los ismaelitas, porque Israel (Jacob) e Ismael eran los dos descendientes de Abraham, y las tribus que descendieron de los doce hijos de Ismael eran por tanto «hermanas» de las tribus que descendieron de los doce hijos de Israel. Como Mahoma fue el único ismaelita que reivindicó la condición de profeta en la línea de los profetas del Antiguo Testamento, ellos afirman que la profecía sólo puede referirse a él.
3. Mahoma fue supuestamente como Moisés en tantas maneras que la profecía sólo puede referirse a él.

Sin embargo, cuando se considera cualquier pasaje de las Escrituras, no se le puede aislar de su contexto. El pasaje declara que el profeta sería levantado—
«de en medio de sus hermanos.»
La pretensión musulmana es que la identidad de sus hermanos es ismaelita. Ismael era el medio hermano de Isaac, que nació de Agar a Abraham. La raza árabe desciende de Ismael.

Técnicamente, aunque la nación israelita desciende de Isaac, el nombre de Israel fue aplicado a Jacob, no a Isaac. De modo que Israel e Ismael no están relacionados como hermanos, sino más bien como tío y sobrino.

Para comprender la verdadera identidad de «sus hermanos», se debe examinar el contexto. Deuteronomio 18:1-2 revela quién está siendo descrito como «hermanos»:
«Los sacerdotes levitas, es decir, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad en Israel … No tendrán, pues, heredad entre sus hermanos» (Deuteronomio 18:1-2).
En base de este pasaje, se ve que «hermanos» se refiere a las tribus de Israel (excluyendo en este caso a Leví). «Sus hermanos» se ve siempre no como el hermano de Isaac, sino los hermanos pertenecientes a la casa de Jacob, o sea, las doce tribus de Israel. Esto queda claro de los otros pasajes de la Escritura, donde el término «hermanos» se emplea para delinear una tribu de Israel en contraste a las otras once. Consideremos este versículo como un ejemplo:
«Mas los de Benjamín no quisieron oír la voz de sus hermanos los hijos de Israel» (Jueces 20:13).
Aquí, «sus hermanos» se designa de manera explícita como refiriéndose a las otras tribus de Israel en contraste a la tribu de Benjamín. (Otras Escrituras que demuestran este punto son Jueces 21:22; 2 Samuel 2:26; 2 Reyes 23:9; 1 Crónicas 12:32; 2 Crónicas 28:15; Nehemías 5:1).

Un importante pasaje que se debe observar en esta discusión es Deuteronomio 17:14-15:
Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, y tomes posesión de ella y la habites, y digas: Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores; ciertamente pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escoja; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero que no sea tu hermano.
Vemos que no podía establecerse ningún extranjero como rey de ellos. Evidentemente, «hermanos» se refiere aquí a israelitas; trátese de un profeta, sacerdote o rey. La intensa unidad e identidad nacional son características del judaísmo, tanto espiritualmente, tal como se expresa en las Escrituras, como tradicionalmente, como se expresa a través de sus costumbres. El contexto de «hermanos» muestra que esto debe entenderse como las tribus de Israel.

En segundo lugar, el pasaje tratado afirma que el cumplimiento tocante a la identidad sería—
«Profeta … como tú.»
El profeta predicho por Dios a Moisés iba a ser como Moisés. El mundo musulmán afirma que Mahoma fue mucho más similar a Moisés que Jesucristo, a quien los cristianos asignan el cumplimiento de esta profecía.

Algunas de las semejanzas entre Moisés y Mahoma son:
1) Moisés y Mahoma fueron legisladores, caudillos militares y guías espirituales de sus pueblos y naciones.
2) Moisés y Mahoma fueron al principio rechazados por su propia gente, huyeron al exilio, pero volvieron algunos años después para llegar a ser los líderes de sus naciones en lo religioso y en lo secular.
3) Moisés y Mahoma hicieron posible las conquistas inmediatas y con éxito de la tierra de Palestina tras su muerte, por mano de Josué y Omar, respectivamente.

Al mismo tiempo, se alega en las publicaciones del Centro de Propagación Islámica que Jesús y Moisés fueron tan diferentes que Jesús no puede ser el profeta al que se hace referencia. Estas diferencias son:
1) Moisés fue sólo un profeta, pero Jesús es el Hijo de Dios.
2) Moisés murió de muerte natural, pero Jesús murió violentamente en una cruz.
3) Moisés fue el gobernante nacional de Israel, lo que Jesús no fue en momento alguno durante Su ministerio en la tierra.
Nuestra pregunta es: ¿Demuestran estas semejanzas y contrastes en forma alguna que Mahoma es el profeta semejante a Moisés? En realidad, este razonamiento no nos sirve de ayuda para descubrir la verdadera identidad del profeta. Primero, ninguna de las diferencias que se alegan entre Moisés y Jesús son de vital importancia. La Biblia llama a menudo a Jesús profeta así como Hijo de Dios (cf. Mateo 13:57; 21:11; Juan 4:44). El hecho de que Jesús muriese violentamente no es relevante para lo que nos ocupa. Muchos profetas fueron muertos por los judíos por el testimonio que daban (cf. Mateo 23:31; Sura 2:85). Además, la Biblia enseña que la iglesia cristiana como un todo ha tomado el puesto de Israel en esta era como el objeto colectivo de los favores especiales de Dios. De la misma manera, así como Moisés condujo a aquella nación durante su vida sobre la tierra, así Jesús hoy encabeza la Iglesia de Dios desde Su trono en el cielo. Con respecto a esto, así, Jesús es realmente como Moisés.

Segundo, si invertimos el proceso, podemos mostrar muchas semejanzas entre Moisés y Jesús, en las que por otra parte podemos poner en contraste a Mahoma. Algunas de ellas son:
1) Moisés y Jesús eran israelitas —Mahoma era ismaelita. (Éste, como ya hemos visto, es un factor crucial para determinar la identidad del profeta.)
2) Moisés y Jesús salieron de Egipto para llevar a cabo la obra de Dios —Mahoma nunca estuvo en Egipto. De Moisés leemos: «Por la fe abandonó Egipto» (Hebreos 11:27). De Jesús leemos: «De Egipto llamé a mi Hijo» (Mateo 2:15).
3) Moisés y Jesús abandonaron grandes riquezas para compartir la pobreza de su pueblo, lo que no hizo Mahoma. De Moisés leemos que escogió «antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios» (Hebreos 11:25-26). De Jesús leemos: «Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros fueseis enriquecidos con su pobreza» (2 Corintios 8:9).

De modo que tenemos semejanzas entre Moisés y Jesús con las que Mahoma queda en contraste. Esto muestra la debilidad de tratar de comparar a Moisés con Mahoma. ¿Cómo podemos pues identificar al profeta que ha de ser como Moisés?

Como hubo numerosos profetas a lo largo de los siglos, es lógico suponer que este profeta sería singularmente como Moisés de una forma en que no lo era ninguno de estos profetas. Evidentemente, el profeta venidero emularía a Moisés en las características excepcionales y singulares de su acción profética. Más aún, deberíamos esperar que Dios daría alguna indicación en la profecía de los rasgos distintivos de este profeta que iba a ser como Moisés. Sólo tenemos que referirnos al contexto de la profecía para descubrir este notable versículo que evidentemente nos da una indicación de la naturaleza del profeta que iba a venir:
Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis. Esto es exactamente lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. (Deuteronomio 18:15-16).
Los dos rasgos distintivos de Moisés como profeta son mencionados de manera expresa: él conocía a Jehová cara a cara e hizo grandes señales y maravillas. El profeta como Moisés tendría que hacer evidentemente lo mismo. ¿Poseyó Mahoma estos rasgos excepcionales por el que el profeta iba a ser reconocido?

Primero, Dios hablaba directamente a Moisés, de modo que era un mediador directo entre Dios e Israel. Del Corán se alega que vino en todas las ocasiones del ángel Gabriel a Mahoma, y que en ningún momento Dios se comunicó directamente con él cara a cara, como lo admiten los mismos musulmanes.

Segundo, Mahoma no hizo señales ni milagros. Aunque el Hadith registra algunos milagros fantasiosos, son cosas puramente míticas, porque el Corán dice claramente de Mahoma que no hizo señales. En la Sura 6:37, cuando los adversarios de Mahoma dicen: «¿Por qué no bajó a él señal de su Señor?», se invita a Mahoma que replique meramente que Dios podría enviar una si quisiera, pero que no lo ha hecho. En la misma Sura leemos que Mahoma dijo: «No está en mi poder lo que apremiáis con ello» (6:57), refiriéndose a señales y a prodigios. Prosigue diciendo que si los tuviese, la disputa entre él y ellos habría quedado resuelta hacía tiempo. De nuevo, en la misma Sura, los adversarios de Mahoma dicen que creerán si vienen señales de Dios, pero él sólo contesta que Dios los ha reservado porque de ellos no creerían de todos modos.

De modo que encontramos que en la tierra Mahoma no fue un mediador directo entre Dios y el hombre, y que no pudo hacer ningunas señales para confirmar su oficio. Deuteronomio 34:11 hace esencial que el profeta como Moisés hiciese señales y prodigios similares a los llevados a cabo por Moisés. Por cuanto Mahoma no los hizo, tenemos una segunda y fatal objeción a la teoría de que él sea el profeta predicho en Deuteronomio 18:18.

Jesucristo ha sido tradicionalmente reconocido como el profeta prometido en Deuteronomio 18:15-18. Para apoyar este extremo se pueden citar evidencias procedentes de muchas fuentes, tanto bíblicas como históricas. Lo que es importante considerar aquí es que los judíos si que consideraron a Cristo como cumpliendo la profecía como «El Profeta». Su error residió en no ver que el profeta era además el Mesías.

Otra objeción favorita es que Jesús murió en manos de los judíos, mientras que Dios dijo, en Deuteronomio 18:20, que sólo los falsos profetas morirían así. Sin embargo, cada profeta murió, y muchos de ellos de muerte violenta, como lo testifican juntamente el Corán y la Biblia; y la mera muerte física de un profeta no era desde luego evidencia en contra de su misión divina. ¡Desde luego, Dios no quería decir que ningún verdadero profeta moriría! Lo que significaba era que el falso profeta perecería eternamente —y con él todas sus profecías. Sólo el Día del Juicio revelará a todos los falsos profetas de todas las épocas.

Lo que en último término nos concierne es esto: Dios hizo una promesa final que surgiría un profeta como Moisés, que mediaría otro pacto, y que habría señales que acompañarían a este pacto para confirmar su origen celestial. La Biblia afirma con claridad que el profeta era Jesucristo. El apóstol Pedro, afirmando que Dios había predicho la venida de Jesucristo por medio de todos los profetas, apela específicamente a Deuteronomio 18:18 como prueba de que Moisés lo había predicho así (Hechos 3:22). Jesús mismo afirmó: «De mí escribió él [Moisés]» (Juan 5:46). Y es difícil encontrar en otros lugares en los cinco libros de Moisés una profecía tan directa de Su venida. Pedro escogió Deuteronomio 18:18 como la profecía distintiva de la venida de Jesucristo en todos los escritos de Moisés.

Del mismo modo, en Hechos 7:37 Esteban apeló a Deuteronomio 18:18 como prueba de que Moisés era uno de los que «anunciaron de antemano la venida del Justo», Jesús, a quien los judíos habían recientemente entregado a muerte, y crucificado.

Después de dar testimonio de todas las cosas que Jesús había hecho, y después de tomar parte en el nuevo pacto que Él había mediado cara a cara entre Dios y Su pueblo, los cristianos primitivos sabían que Jesús era el profeta cuya venida había sido predicha en Deuteronomio 18:18. También sabían que la profecía de que surgiría un profeta como Moisés había sido suplementada por la promesa de Dios al profeta Jeremías de que Él mediaría un nuevo pacto en los días venideros entre Él mismo y Su pueblo.
He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado (Jeremías 31:31-34).
El pacto iba a ser diferente del promulgado por medio de Moisés, pero el profeta que lo iba a mediar sería como él. Y leemos: «Por eso es mediador de un nuevo pacto» (Hebreos 9:15). Para ratificar el primer pacto, leemos que
Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas (Hechos 24:8).
A diferencia de los israelitas bajo el antiguo pacto que cayeron por el camino, el pueblo de Dios por medio de este nuevo pacto ha llegado «a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel» (Hebreos 12:23-24).

Cuando hablaba con Dios cara a cara, «no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios» (Éxodo 34:29-30). Cuando la imagen del Dios invisible le fue revelada directamente por medio del rostro transfigurado de Jesucristo, «su rostro resplandeció como el sol» (Mateo 17:2). Ningún otro profeta podía reclamar esta distinción —nadie más conoció a Dios cara a cara de tal manera que su rostro resplandeciese mientras tenía comunión con Él.

De modo que se hace evidente que no es Mahoma el predicho en Deuteronomio 18:18, sino más bien que el profeta cuya venida fue predicha en este versículo es Jesucristo.

Veremos ahora en el Nuevo Testamento que Jesucristo es la culminación de toda profecía en todas las escrituras reveladas por Dios. Porque todas las promesas, revelaciones y bendiciones de Dios se centran en Él —Él es la fuente del amor y del favor de Dios para con los hombres.

También veremos con mayor claridad que en la Torá y en los Evangelios hay sólo un Salvador, un Hombre por medio de quien solo se puede obtener el favor de Dios. Mientras que hubo muchos profetas en las eras pasadas —tanto verdaderos como falsos— sin embargo tenemos sólo un Señor y Salvador: Jesucristo. Otra vez veremos cuán profundamente Dios desea que esta verdad impacte sobre todos los hombres para que crean en Jesucristo y le sigan al Reino de los Cielos.
Referencias del Nuevo Testamento
La referencia más familiar del Evangelio citada por los musulmanes para apoyar su afirmación de que Mahoma fue predicho en la Biblia es la de los pasajes del «Consolador» en el relato de Juan del Discurso en el Aposento Alto. Las referencias son como se dan a continuación:
Y yo rogaré al Padre, y os dará otro
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