Examen del evangelio






descargar 0.73 Mb.
títuloExamen del evangelio
página5/16
fecha de publicación11.09.2015
tamaño0.73 Mb.
tipoExamen
l.exam-10.com > Ley > Examen
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   16


Naturalmente, hemos de aplicar la misma prueba bibliográfica al Corán. En la actualidad no tenemos manuscritos disponibles del texto del Corán que procedan de la época de Mahoma. Los musulmanes alegan que el Corán estandarizado por el tercer califa Otoman existe todavía, ¡aunque hay al menos 20 primitivos manuscritos coránicos que pretenden este codiciado origen! Uno está expuesto en el Museo Topkapi en Estambul, otro en la Biblioteca Estatal Soviética, y otros en diversos lugares del mundo islámico. Todos están escritos en la antigua grafía qúfica, pero incluso si uno de ellos pudiese ser atribuido a Otoman, esto sigue dejando un intervalo de más de una generación entre la muerte de Mahoma y el más antiguo manuscrito del Corán. De hecho, hay sólo un manuscrito del Corán que nos haya sobrevivido en la grafía al-mail de Medina (la ciudad donde Mahoma pasó sus últimos años) y este texto se sabe que procede del siglo octavo —al menos 150 años después de la muerte de Mahoma. Se conserva en el Museo Británico y está permanentemente expuesto. Ni los cristianos ni los musulmanes tienen ejemplares originales de sus Escrituras, y la prueba de la fiabilidad ha de aplicarse de la misma manera a ambos libros respecto de las copias transcritas que han sobrevivido. En ambos casos, tenemos el mismo resultado —la Biblia y el Corán se han preservado de una manera notable en su forma más antigua conocida.

La prueba bibliográfica determina sólo que el texto que tenemos ahora es el que fue registrado al principio. Uno tiene que determinar, sin embargo, si el registro escrito es creíble, y hasta que punto es creíble.

La crítica interna, que es la segunda prueba de la historicidad que da C. Sanders, trata de la credibilidad del texto.

Hay dos factores que han de guiar la aplicación de esta prueba. El primero es que en el caso de una aparente imprecisión o discrepancia, el crítico literario sigue el dictado de Aristóteles de que «el beneficio de la duda ha de ser dado al documento mismo, y no debe arrogárselo el crítico para sí mismo». En otras palabras, y tal como John W. Montgomery frecuentemente recapitula en sus conferencias: «Uno debe dar atención a las afirmaciones del documento bajo análisis, y no suponer fraude o error excepto si el autor se descalifica por contradicciones o por inexactitudes factuales conocidas» (John Warwick Montgomery, History and Christianity, Downers Grove, IL: Intervarsity Press, 1971, pág. 29). Así como una persona es inocente hasta que se prueba que es culpable, del mismo modo un documento es inocente hasta que, por una discrepancia, inexactitud o error absolutos, se demuestra que no es digno de confianza.

Pero cuando se descubren unas pretendidas discrepancias o errores, o surge un problema, hay ciertas preguntas que hacer. Primero, ¿hemos comprendido bien este pasaje, el uso correcto de los números o de las palabras? Segundo, ¿poseemos todo el conocimiento posible acerca de esta cuestión? Tercero, ¿podemos arrojar alguna luz adicional sobre ello a través de la investigación textual o de la investigación histórica? Estas tres consideraciones contribuyen a investigar la veracidad textual.
El doctor Robert Horn lo expresa de esta manera:
Las dificultades han de ser afrontadas y los problemas deben llevarnos a ver la clara luz. Pero hasta el momento en que tengamos una luz total y definitiva acerca de esta cuestión, no estamos en posición de afirmar que haya un error demostrado, lo que sería una objeción incuestionable frente a una Biblia infalible. Es de conocimiento común que incontables objeciones han sido resueltas de una manera plena desde el comienzo de este siglo (Robert M. Horn, The Book that Speaks for Itself, Downers Grove, IL.: InterVarsity Press, 1970, págs. 86, 87).
Cuando se hace frente a una aparente contradicción interna, se apela a la evidencia manuscrita, a la evidencia bíblica interna, a la evidencia lingüística documentada y a los cánones de la crítica textual. El espacio no nos permite el lujo de tratar con detalle cada una de estas áreas.

El segundo factor de la prueba de la evidencia interna es que la proximidad de los testigos tanto geográfica como cronológicamente con los acontecimientos registrados afecta a la credibilidad de los escritores. ¿Cómo afecta esto al Nuevo Testamento. Los relatos del Nuevo Testamento de la vida y enseñanzas de Jesús fueron registrados por hombres que o bien habían sido testigos oculares ellos mismos, o que bien registraron los relatos de testigos oculares.

El doctor Louis Gottschalk, antiguo Profesor de Historia en la Universidad de Chicago, bosqueja su método histórico en Understanding History (Entendiendo la Historia), una guía empleada por muchos para la investigación histórica. Gottschalk observa que la capacidad del escritor o del testigo para decir la verdad es útil para que el historiador determine la credibilidad, «incluso si está contenido en un documento obtenido por la fuerza o por fraude, o si en cambio es impecable, o si está basado en evidencia de segunda mano, o si es un testimonio interesado» (Louis R. Gottschalk, Understanding History. New York: Knopf, 1969, 2a. ed., pág. 150).

Esta «capacidad de decir la verdad» está estrechamente relacionada con la proximidad del testigo tanto geográfica como cronológicamente a los acontecimientos registrados. Los relatos del Nuevo Testamento acerca de la vida y enseñanzas de Jesús fueron registrados por hombres que habían sido o bien testigos oculares ellos mismos, o que registraron los relatos de testigos oculares de los acontecimientos reales o de las enseñanzas de Cristo.
Lucas 1:1-3—Puesto que muchos han tomado a su cargo el compilar un relato ordenado de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos las transmitieron los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, me ha parecido bien también a mí, después de haber investigado todo con esmero desde su origen, escribirte ordenadamente, excelentísimo Teófilo, para que te percates bien de la solidez de las enseñanzas en las que fuiste instruido.
2 Pedro 1:16—Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas ingeniosamente inventadas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.
1 Juan 1:3—Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos también; para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.
Juan 19:35—Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis.
Lucas 3:1—En el año decimoquinto del reinado de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de la región de Iturea y de Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene …
Esta proximidad a los relatos que se registran es una manera extremadamente eficaz de certificar la precisión de lo que se retiene como testigo. Sin embargo, el historiador tiene también que tratar con testigos oculares que consciente o inconscientemente dicen falsedades aunque esté cerca del acontecimiento y sea suficientemente competente para decir la verdad.

Los relatos que da el Nuevo Testamento de Cristo fueron circulados dentro del período de vida de Sus coetáneos. Estas personas podrían haber confirmado o negado la exactitud de estos relatos. Al presentar su alegato por el evangelio, los apóstoles habían apelado (incluso cuando se enfrentaban a duros opositores) al conocimiento que se tenía en común acerca de Jesús. No sólo decían: «Mirad, nosotros vimos esto» u «oímos aquello …», sino que tornaron las tablas y delante mismo de críticos y enemigos decían: «Vosotros también sabéis de esto … las visteis; vosotros mismos lo sabéis.» Se ha de ir con cuidado cuando se afirma delante de los que se oponen a uno: «Vosotros también lo sabéis,» porque si no se es preciso en los detalles, habrá una pública contradicción.

En Hechos 2:22, Pedro se encontraba delante del pueblo judío, y les dijo: «Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón acreditado por Dios entre vosotros.» O sea, no sólo a nosotros, sino un hombre «acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él .» Observemos esto: «entre vosotros … como vosotros mismos sabéis.» Ahora bien, si ellos no hubiesen visto aquellos milagros y aquellas señales, Pedro no habría salido vivo de allí, ni mucho menos miles habrían acudido a Cristo. Pablo actuó igual. En Hechos 26:24-26 Pablo fue hecho comparecer delante del rey, y le dijo, en mi propia paráfrasis libre: Me alegra comparecer delante de ti, porque sabes de mi vida desde mi infancia, y tú conoces las costumbres de los judíos. Y comenzó a presentar la evidencia del cristianismo. Y fue interrumpido. Mientras Pablo estaba diciendo esto en su propia defensa, el gobernador Festo le dijo en voz alta: «Pablo, estás loco. Tu gran erudición te está haciendo enloquecer.» Ellos ya sabían que Pablo era un gran erudito. Había estudiado bajo Gamaliel, y había estudiado en Tarso. Pero Pablo dijo: «No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que digo palabras sobrias y veraces.» Y esta frase, «sobrias y veraces», en griego son literalmente «verdad y racionalidad». Y luego observa lo que hace Pablo: añade estas palabras: «Estoy persuadido de que ninguna de estas cosas escapan a la noticia del rey (Agripa), porque esto no ha sido hecho en un rincón.»

Cuando estudio historia y quiero comprobar la precisión del escritor, hay varias cosas que pregunto. Primero, ¿tiene un buen carácter? Segundo, ¿hay consistencia en sus escritos? Tercer, ¿hay confrontación? En otras palabras, ¿fue el material escrito o presentado en un tiempo en el que había personas viviendo que conocían los hechos alrededor de aquellos acontecimientos o declaraciones que se registran?

Tocante al valor de fuente primaria de los registros del Nuevo Testamento, el académico británico especializado en el Nuevo Testamento, de la Universidad de Manchester, F. F. Bruce, dice:
Y los primeros predicadores no sólo habían de tener en cuenta a los testigos oculares amistosos; había otros menos bien dispuestos que estaban también familiarizados con los principales hechos del ministerio y de la muerte de Jesús. Los discípulos no podían permitirse el lujo de cometer inexactitudes (por no hablar de manipulaciones voluntariosas de los hechos) que serían en el acto denunciadas por los que estarían bien satisfechos de poderlo hacer. Al contrario, uno de los puntos fuertes en la predicación apostólica original es el confiado llamamiento al conocimiento de los oyentes; no sólo decían: «Somos testigos de estas cosas», sino también: «como vosotros también sabéis» (Hechos 2:22). Si hubiese habido alguna tendencia a apartarse de los hechos en algo material, la posible presencia de testigos hostiles en las audiencias habría servido como correctivo adicional (Bruce, Documents, pág. 33).
Robert Grant, erudito del Nuevo Testamento de la Universidad de Chicago, concluye así:
En la época en que [los evangelios sinópticos] fueron escritos o se puede suponer que lo fueron, había testigos oculares, y su testimonio no fue totalmente dejado de lado. … Esto significa que los evangelios han de ser considerado como unos testimonios mayormente fiables de la vida, muerte y resurrección de Jesús (Robert Grant, Historical Introduction to the New Testament, New York: Harper and Row, 1963, pág. 302).
Mientras que la multiplicidad de testigos oculares del Nuevo Testamento no es una garantía de fiabilidad al cien por ciento, sería sumamente difícil argumentar que cada uno cometió el mismo error de identificación. Los relatos de los testigos oculares de haber visto a Cristo vivo tras su resurrección serían muy convincentes en un tribunal, especialmente a la vista de lo extenso de los testimonios.

La obra Handbook of the Law of Evidence (Manual de las leyes de la evidencia) de McCormick es un excelente tratado acerca del análisis de las evidencias, y hace la observación de que la insistencia del sistema legal acerca de emplear sólo las fuentes más fiables de información se manifiesta bien en la norma que demanda que un testigo que da testimonio de un hecho que pueda ser percibido por los sentidos tiene que haber observado el hecho (McCormick, Handbook of the Law of Evidence, Edward W. Cleary, ed., St. Paul: West Publishing Co., 1972, págs. 586, 587).

En énfasis de esta norma de los rumores es que el rumor no es admisible como evidencia en un tribunal. La obra Normas Federales de Evidencias afirma que un testigo ha de dar testimonio de aquello que sepa de manera directa, y no de lo que ha llegado a conocer de otras fuentes (Federal Rules of Evidence, Normas 801 y 802).

Tocante al valor de que uno testifique «de su propio conocimiento», el doctor John Montgomery señala que desde una perspectiva legal los documentos del Nuevo Testamento cumplen los requisitos de una evidencia de «fuente primaria». Escribe él que el registro del Nuevo Testamento queda:
totalmente vindicado por las constantes declaraciones de sus autores de estar declarando aquello que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, que hemos mirado y que nuestras manos han tocado (John Warwick Montgomery, «Legal Reasoning and Christian Apologetics,» págs. 88, 89).
En el Nuevo Testamento, nos viene por conocimiento de primera mano. Por ejemplo, cuando María acudió al sepulcro, se le apareció el ángel, y le dijo: «No está aquí: ha resucitado.» Cuando María lo repitió, fue porque no le había visto; sólo había oído acerca de ello. Pero después, Jesús se apareció a María. Esto lo sacó de la categoría del rumor, y lo constituyó en fuente primaria.

Ahora bien, junto a estos testigos oculares, nos es necesario introducir un poco de la perspectiva psicológica. Hoy día, en el campo legal se está introduciendo todo un nuevo campo acerca de la constitución psicológica de los testigos, y lo que puede y no puede recordar. La doctora Elizabeth Loftus, profesora de psicología en la Universidad de Washington, escribió lo siguiente en una revista: «Las personas que son testigos de acontecimientos terribles recuerdan los detalles de los mismos con menor precisión que en el caso de acontecimientos ordinarios. La tensión o el temor perturban la percepción y por ello mismo la memoria. La tensión puede también afectar la capacidad de la persona para recordar algo observado o aprendido durante aquel período de relativa tranquilidad» (Elizabeth S. Loftus, «The Eyewitness on Trial [El testigo ocular a juicio]», Trials, Vol. 16, No. 10, Oct. 1980, págs. 30-35).

Sus observaciones, en realidad, fortalecen los relatos de los testigos oculares del Nuevo Testamento. No se encuentra ahí una observación pasajera de un extraño en la oscuridad de un callejón blandiendo una daga o una pistola. Los seguidores de Cristo pasaron tiempo con alguien a quien conocían y amaban. Varias veces Jesús les dijo: «No temáis», por lo que debían estar bajo tensión en estas ocasiones. Y atemorizados. Pero hubo también la repetición de las apariciones —se les apareció durante cuarenta días. Como testigos oculares durante cuarenta días, sus memorias se hicieron tanto más indelebles.

El número múltiple de los testigos oculares del Nuevo Testamento, y todas las apariciones, una de ellas, por ejemplo, ante quinientos testigos a la vez, no nos da una certidumbre al cien por ciento de que los testigos fuesen exactos. Sin embargo, sería sumamente difícil, y contrario a todo lo que conocemos en la historia, argumentar que cada uno de ellos cometiese el mismo error de identificación. Tomemos este ejemplo de quinientos testigos a la vez. Llevémoslos a un tribunal de justicia.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   16

similar:

Examen del evangelio iconMucho de la falta de la proclamación del evangelio tiene que ver...

Examen del evangelio iconRamatís El Evangelio a la Luz del Cosmos

Examen del evangelio iconCelebración Eucarística clausura del mes del matrimonio y de la familia...
...

Examen del evangelio iconL ectura del Evangelio según san Lucas

Examen del evangelio iconLa Parábola del Sembrador representa perfectamente los diversos matices...

Examen del evangelio iconExamen: Fecha del examen: mayo 9 (al mediodía)

Examen del evangelio iconLectura del santo Evangelio según San Marcos 8, 34-38

Examen del evangelio icon"2015. Año del Bicentenario Luctuoso de José María Morelos y Pavón"...

Examen del evangelio iconSerie: Una Jornada Con Jesús… a través del Evangelio de San Juan

Examen del evangelio icon190 aniversario de la fundación del instituto
«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» y tomé la decisión que ese sería el lema de los hermanos. Mi más grande deseo...






© 2015
contactos
l.exam-10.com