Examen del evangelio






descargar 0.73 Mb.
títuloExamen del evangelio
página16/16
fecha de publicación11.09.2015
tamaño0.73 Mb.
tipoExamen
l.exam-10.com > Ley > Examen
1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   16

Refutaciones
Ahmed Deedat
Señor Moderador, y damas y caballeros del jurado. El quid del problema —la clara declaración de Jesucristo, es el error que los discípulos estaban cometiendo al pensar que había vuelto de los muertos. Les aseguró que «un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.» Esto es un lenguaje llano y básico. Y no se necesita de un diccionario ni de un abogado para explicarles lo que implica.

Por todos los veintisiete libros del Nuevo Testamento, no hay una sola declaración hecha por Jesucristo de que «He estado muerto y he vuelto de entre los muertos». El cristiano ha estado manipulando la palabra resurrección. Una y otra vez, por repetición, se comunica que está demostrando un hecho. Seguís viendo al hombre, al hombre tomando alimento, como si estuviese resucitado. Se aparece en el aposento alto —estaba reavivado. Jesucristo nunca pronunció las palabras de que «he vuelto de los muertos» en los veintisiete libros del Nuevo Testamento —ni una vez.

Estuvo ahí con ellos durante cuarenta días. Y nunca hizo esta declaración. Está demostrándoles una y otra vez que es el mismo Jesús, el que había escapado de la muerte, por así decirlo, por un pelo. Debido a que estaba siempre disfrazado, nunca se mostró abiertamente a los judíos. Les había dado una señal. «No les será dada señal más que la del profeta Jonás.» Ninguna señal, sólo esto. Y nunca volvió a ellos al templo de Jerusalén a decirles, «Aquí estoy». Ni una vez. Siempre estaba ocultándose. Ahora bien, no vamos a volver a repetir lo que ya se ha dicho.

Los puntos tocados son, que Jesús no tenía desgana de morir. Había venido con este propósito. Ahora bien. mi lectura de las Escrituras me dice que no sólo tenía rechazo a morir, sino que estaba preparándose para un enfrentamiento con los judíos. Miren, en la Última Cena suscita el problema de la defensa, diciéndoles a Sus discípulos: «Como recordáis, cuando os envié en vuestra misión de predicar y sanar, os dije que no debíais llevar nada con vosotros. Ni bolsa ni palos. Ni cayado. ¿Os faltó alguna cosa?»

Ellos le respondieron: «No, no nos faltó nada.» Pues ahora os digo esto, «el que no tenga espada, que venda su túnica y se la compre.» Os habéis de vender los vestidos para compraros espadas. Os pregunto: «¿Qué hacéis con espadas? ¿Pelar manzanas? ¿O cortarle el cuello a la gente? ¿Qué hacéis con espadas? De modo que uno de ellos le dijo: «Maestro, tenemos dos espadas.» Y él dijo, «Esto es suficiente.»

Y tomó a Sus discípulos, los once. Judas ya se había ido a traicionarle. Once discípulos y Él, y se van andando a Getsemaní. Y en Getsemaní —leed el libro, leed vuestros evangelios— vemos que Jesús dispuso a ocho hombres en la entrada. Os voy a preguntar, en primer lugar, ¿por qué había de ir a Getsemaní? ¿Y para qué iba a poner a ocho hombres a la entrada, diciéndoles, «Quedaos aquí, y velad conmigo»?

Quiere decir: paraos aquí y montad guardia. ¿De qué? ¿Qué había que guardar en Getsemaní? Un huerto, una prensa de aceite, un lugar vacío. ¿Qué habían de guardar los discípulos, a ocho kilómetros de la ciudad, en Getsemaní? Luego toma consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo. Al menos dos de ellos tenían espadas. Y hace una línea interior de defensa y les dice a ellos: «Quedaos aquí, y velad conmigo. Mientras voy y oro allí … yo solo y oro más allá.» Os pregunto, ¿por qué fue a Getsemaní? ¿Por qué fue allí —a orar? ¿No podría haber orado en aquel Aposento Alto, mientras estaba allí en la Última Cena? ¿No podría haber ido al templo de Jerusalén, a un tiro de piedra de donde estaban? ¿Para qué ir a ocho kilómetros de la ciudad? ¿Y para qué poner a ocho hombres a la entrada? ¿Y por qué hacer una línea interior de defensa?

Y va algo más allá, y se postra sobre Su rostro, y ora a Dios: «Oh, Padre mío … si es posible, pase de mí esta copa.» Queriendo decir: quita la dificultad de mí, pero no como yo quiero, sino como tú. En último término, lo dejo a ti. Pero quiero que me salves. Y estando en agonía, oraba más intensamente, y Su sudor era como si fuesen grandes gotas de sangre cayendo al suelo. ¿Es así como un hombre, una persona, va a cometer suicidio? ¿Es esta la persona ordenada desde la fundación del mundo para el sacrificio, así es como se conduce, os pregunto?

Que está sudando, dice, en agonía. Ora más intensamente, y Su sudor era como grandes gotas de sangre cayendo a tierra. Y el Señor de Misericordia , dice la Biblia, envía Su ángel. Vino un ángel para fortalecerle. Y yo pregunto, ¿para qué? A fortalecerle en la convicción de que Dios iba a salvarle. ¿En qué viene a fortalecerle el ángel? Para salvarle. Y en todo lo que sucedió de ahí en adelante podemos ver a Dios planeando Su rescate. Mirad. El hecho era que la profecía que Él había dicho era que sería como Jonás —y se nos dice que no fue como Jonás. No la cumplió. Jonás vivió. Jesús murió.

Luego Poncio Pilato se asombró cuando le dijeron que Jesús estaba muerto, porque para su conocimiento sabía que nadie puede morir por tres horas en la cruz. Porque esta crucifixión debía ser una muerte lenta, dilatada. Éste era el verdadero propósito de la crucifixión. No era librarse de un carácter antisocial, como con un pelotón de fusilamiento, o ahorcando o empalando. Era una muerte lenta y dilatada.

Y los huesos no fueron quebrados —dice la Biblia. Era un cumplimiento de la profecía. Ahora bien, que se le rompan los huesos a alguien, de un muerto, es lo de menos. Si los huesos no fueron quebrados, de lo único que puede servir de ayuda es si la persona está viva. Así que como veis, durante 2000 años hasta ahora, es programación, programación continua. Y Pablo ha puesto toda la gama de la religión en un punto: en esta muerte y resurrección, porque nos dice, en 1 Corintios, capítulo 15, versículo 14, que, «si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es nuestra fe». ¡Inútil! ¡No tienen nada!

De modo que, como hombres que se ahogan y se aferran a pajas flotando, el cristiano, de la manera que sea, ha de demostrar de alguna manera que la crucifixión mató a aquel hombre, para que podamos ganar la salvación. Ahora bien, yo querría, señor Moderador, damas y caballeros del jurado, que leyesen este libro otra vez, y el testimonio, palabra por palabra. Si examinan las profecías —lo que dice Jesús, y la manera en que se comporta— todo ello prueba de manera concluyente que Cristo no fue crucificado.

Josh McDowell
No estoy seguro si oí bien, pero, ¿dijo usted que «en ninguna parte de los veintisiete libros del Nuevo Testamento dijo jamás Jesús que había «estado muerto y ahora vive»? ¿Puedo leerle del libro de Apocalipsis, capítulo 1, versículo 18? Dice allí: «Yo soy … el que vivo, y estuvo muerto; mas he aquí que estoy vivo por los siglos de los siglos.» También, señor Deedat, se apareció a los judíos. Toda la Iglesia del Nuevo Testamento comenzó con judíos. Se apareció al gran antagonista judío, el apóstol Pablo, cuando era aún Saulo de Tarso.

Pero, hombres y mujeres, el gran entusiasmo para mí, cuando se trata de la resurrección y de Cristo como mi Vida y Salvador, es que Dios Yahweh ha prometido que cuando alguien entra en esta relación pidiendo a Cristo Su perdón, a Aquel que murió por nuestros pecados, que fue sepultado y resucitado al tercer día, que Dios, el Espíritu Santo, entra en aquella persona y la cambia. Y una de las más grandes evidencias es mi propia vida. Después de llegar al punto donde reconocí a Jesucristo como mi Salvador y Señor, rendí mi voluntad a Él y confié en Él, sí, hombres y mujeres, y en unos seis meses y un año, o un año y medio, cambiaron las principales áreas de mi vida.

Primero, desarrollé un deseo de vivir una vida santa y piadosa. Segundo, comencé a experimentar una paz y gozo genuinos —no fue porque no tenga ningún conflicto; es a pesar de los conflictos que Dios da paz por medio de Jesucristo. Tercero, conseguí control sobre mi temperamento. En mi primer año en la universidad casi maté a un joven. Estaba constantemente perdiendo el control sobre mí mismo. Después de confiar en Jesús como Salvador y Señor, me vi levantándome sobre la crisis de perder los estribos, y pronto, ¡desapareció!

No sólo se dieron cuenta mis amigos, sino que mis enemigos se dieron cuenta de ello mucho antes. Y sólo una vez ahora, en veintidós años que he tenido una relación personal con Dios Yahweh, el Padre, por medio de Su Palabra eterna, el Hijo, sólo una vez he perdido el control.

El área más importante, hombres y mujeres, de la que estoy agradecido poder hablar, es el mismo amor de Dios. En este sentido: Mi padre era el borracho del pueblo. Difícilmente recuerdo a mi padre sereno. Mis amigos en la escuela hacían bromas acerca de mi padre haciendo el ridículo. Yo vivía en una granja, y salía al granero y veía a mi madre echada sobre la suciedad del estercolero —la cama de las vacas— apalizada tan duramente por mi padre que no podía levantarse y andar.

Cuando venían amigos a visitarme, tomaba a mi padre y lo ataba en el granero, aparcaba el auto fuera de la vista, y les decía a mis amigos que se había ido a ocuparse de importantes asuntos, para no sentirme avergonzado. Lo llevaba al granero donde las vacas iban a parir los terneros. Ponía los brazos a través de las tablas, y los ataba. Le ponía una cuerda alrededor del cuello y le echaba la cabeza por encima de la tabla de atrás, y la ataba alrededor de los pies, de modo que si se debatía con los pies, se matase él mismo.

Una noche, dos meses antes de graduarme del instituto, llegué a casa después de una cita. Cuando entré en la casa, oí a mi madre llorando desconsolada. Le pregunté, «¿qué ha pasado?» Ella me dijo: «Tu padre me ha partido el corazón. Y todo lo que quiero es vivir hasta que te gradúes, y luego sólo quiero morir.»

Sabéis, dos meses después me gradué. El siguiente viernes, el 13, mi madre murió. No me digáis que no se puede morir de un corazón partido. Mi madre murió de esto, y mi padre fue el causante. No había nadie a quien pudiese odiar más. Pero, hombres y mujeres, cuando entre en esta relación con Dios Yahweh por medio de Su Hijo Eterno, el Señor Jesucristo, después de un corto período de tiempo, el amor de Dios tomó el control de mi vida, y Él tomó aquel odio y lo puso del revés.

Y ello hasta el punto de que pude mirar a mi padre cara a cara y decirle: «Papá, te quiero.» Y lo mejor de ello es que lo dije de verdad. Pasé a otra universidad. Me vi envuelto en un grave accidente de tráfico, y me vi con las piernas, brazo y cuello en tracción. Me llevaron a casa. Mi padre entró en el dormitorio. Estaba muy serio, porque pensó que casi me había muerto. Me hizo esta pregunta: «¿Cómo puedes amar a un padre así?» Le dije: «Papá, hace seis meses de despreciaba. Te odiaba.» Luego, le compartí cómo había llegado a la conclusión que veía con tanta claridad, que Dios Yahweh el Padre, se nos había manifestado, humanidad por medio del Verbo Eterno, Su Hijo. Y luego murió por nosotros; ésta es la angustia por la que pasó, señor Deedat.

Si se pudiese imaginar todos los pecados del mundo —sólo sus pecados y los míos serían suficientes. Pero todos los pecados del mundo cayeron sobre el Hijo. ¡La angustia que estuvo envuelta ahí! Y le dije: «Papá, le pedí a Cristo que me perdonase. Le pedí que acudiese a mi vida como Salvador y Señor.» Y añadí: «Papá, como resultado de esto he encontrado la capacidad para amarte no sólo a ti, sino a los demás tal como son.»

Puedo mirarle a usted, señor Deedat, y decirle: «Honradamente, le amo … Dios me ha dado amor para usted … y le amo de verdad. Y desearía que usted llegase a conocer a Jesucristo como Salvador y Señor.» Y mi padre finalmente dijo: «Hijo, si Dios puede hacer en mi vida lo que he visto que ha hecho en la tuya, entonces quiero conocerle personalmente.»

Justo ahí y entonces mi padre oró en este sentido: «Dios, si eres Dios, y Cristo es el Verbo Eterno, tu Hijo, si puedes perdonarme y entrar en mi vida y cambiarme, entonces quiero conocerte personalmente.»

Hombres y mujeres, mi vida quedó básicamente transformada en el tiempo entre seis meses y un año o un año y medio. Y sigue habiendo muchas áreas que Dios ha de cambiar. Pero como ejemplo tomemos a mi padre. Su vida cambió delante de mis ojos. Señor Deedat, fue como si alguien alargase la mano y encendiese una bombilla. Sabe, sólo tocó una vez el whisky una vez después de esto. Se lo llevó a los labios, y ahí fue todo. No lo necesitó una vez más. Catorce meses después, murió, porque le tuvieron que extirpar tres cuartas partes del estómago, como resultado de unos cuarenta años de bebida. Pero saben, damas y caballeros, durante aquel período de catorce meses, docenas de viajantes en mi población y las de alrededor entregaron sus vidas al Dios viviente, por medio del Verbo Eterno, Jesucristo, gracias a la vida cambiada de uno de los borrachos del pueblo.

Mi mujer, Dottie, lo expresa de esta manera. Dice ella: «Cariño, debido a que Cristo resucitó de los muertos, vive. Y porque vive, tiene la capacidad infinita por medio del Espíritu Santo de entrar en la vida de un hombre o una mujer.» Por eso el Cristo resucitado y viviente dijo en uno de los veintisiete libros del Nuevo Testamento: «Estuve muerto; mas he aquí que estoy vivo por los siglos de los siglos.» Y puede decir: «Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y el conmigo.»

Argumentos finales
Ahmed Deedat
Señor Moderador, damas y caballeros del jurado: el hombre es cobarde por naturaleza. Desde el comienzo de Adán, recuerdan, está intentando darle la culpa a los otros. No soy yo, es la mujer. Y la mujer, no soy yo, es la serpiente. El hombre es cobarde por naturaleza. Y queremos que alguna otra persona lleve nuestra carga. Queremos que alguna otra persona se tome la medicina cuando nos ponemos enfermos. Queremos que le quiten el apéndice a otro, cuando es el nuestro el que está podrido. Así es el hombre en general.

Pero esto no es lo que dijo Jesucristo. Quiere que usted tome su propia cruz —que se crucifique a sí mismo. ¡Escuche! Él dice: «No es mío quien no toma su propia cruz y no me sigue.» Toma tu propia cruz y sígueme. En otras palabras, crucifícate a ti mismo. No, no, no. Él no quería decir esto. Lo que quería decir era que así como yo llevo Mi responsabilidad, tú llevas la tuya. Como yo oro, tú oras. Tal como yo ayuno, tú ayunas. Tal como yo estoy circuncidado, tú te circuncidas. Lo que yo hago, tú lo haces. Tú llevas tu propia responsabilidad.

Esto es lo que Él quería decir. Ahora bien, ¡éste es el sistema islámico! Esto es lo que enseña el Islam. Veis, el sistema que te salva tras años de alcoholismo, tras años de quitar diez céntimos de la bandeja de la colecta, lo leéis aquí, en el libro de Josh. Dice que cada domingo lo único que recibió de la iglesia fue poner 25 centavos y tomar 35 para batidos de chocolate. Y luego, años después en la vida, si lo estudiáis, encontramos que se está haciendo lo mismo a un nivel muy alto de intelectualismo. Pero no tenemos tiempo para entrar a esto.

Dejad que acabe con el mensaje de Jesús. Él dice: «De cierto, de cierto os digo, que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, de ningún modo entraréis en el reino de los cielos.» No hay cielo para vosotros. Esto es lo que dice; estas son Sus palabras. Y lo que está sucediendo es que estáis contradiciendo Sus palabras. ¡Esto es el Islam! A no ser que seas mejor que los judíos, no hay cielo para vosotros.

No dijo que era la sangre, sino vuestra justicia. Habéis de ser mejores que los judíos. Habéis de ayunar, como los judíos ayunaban, pero a un nivel más alto; habéis de orar, como oraban los judíos, pero a un nivel más elevado; habéis de dar limosna, como los judíos daban limosna, pero a un nivel más elevado. Y esto es el Islam.

Así que, señor Moderador, damas y caballeros del jurado, les digo que la resurrección, tal como ha sido presentada por Josh en América bajo el encabezamiento «Fraude o Historia», concluyo que aquí hay mil millones de personas a las que se está engañando acerca de la cruz. Aquí, se os está engañando a vosotros acerca de la cruz.

Muchas gracias, damas y caballeros.


Josh McDowell
Señor Deedat, en ninguna parte de la Biblia cristiana revelada por Dios se le manda a un cristiano que sea crucificado. Se nos dice que nos reconozcamos que ya estamos crucificados en Jesucristo.

En Romanos 8:32, Dios dice, hablando de eternidad a eternidad: «El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros ...» En mi país, una joven que fue arrestada por exceso de velocidad fue hecha comparecer ante el juez. El juez dijo: «¿Culpable o inocente?» y ella dijo, «Culpable». Dio un golpe con el mazo, y la sentenció a una multa de cien dólares o arresto sustitutorio de diez días. Luego hizo algo sorprendente. El juez se levantó, se sacó la toga, la dejó en el respaldo de su silla, bajo al frente, y pagó la multa. Era un juez justo. Su hija había quebrantado la ley.

No importa lo mucho que amase a su hija, tenía que sentenciarla a cien dólares o diez días. Pero la amaba tanto que estaba dispuesto a bajar y tomar la pena sobre sí mismo y pagar la multa. Ésta es una clara ilustración de lo que Dios Yahweh ha revelado por medio de Su Santa Palabra. Dios nos ama. Cristo murió por nosotros. La Biblia señala muy claramente que la paga del pecado es la muerte. De modo que, Dios tuvo que dar el golpe de mazo y sentenciar.

Pero, hombres y mujeres, Él nos amaba tanto que pudo dejar a un lado Su toga judicial, y bajar en la forma del hombre Jesucristo. Y luego ir a la cruz y pagar el precio por nosotros. Y ahora puede decir: «Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré.»

Sí, señor Deedat: mil millones de cristianos se aferran a la cruz. Y sobre ella, y no engañados, Dios nos lleva como sobre un veloz carro al cielo, mediante la sangre derramada de Su divino Hijo.

Muchas gracias, damas y caballeros, por haberme dado el privilegio, como una persona procedente de otro país, de visitarles aquí; y, señor Deedat, me siento reconocido a usted por esta oportunidad. Y si usted viene a mi país, le invito a comer juntos. Gracias.
Conclusión

El Islam y el Cristianismo
Muchas de las creencias musulmanas provienen de la Biblia. Mucho del fundamento histórico del Corán proviene del Antiguo Testamento. Pero aunque haya habido una influencia y existan semejanzas, las diferencias en las creencias de las dos fes son notables.

Dios
El Islam enseña que Dios es una unidad, y excluye la trinidad de manera explícita. Sin embargo, es importante darse cuenta de que lo que el Islam rechaza tocante a la trinidad no es (y hemos de enfatizar, no es) la perspectiva bíblica de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, sino más bien rechazan el concepto herético de que la trinidad sea Dios Padre, María la Madre y Jesús el Hijo. Esto es blasfemo para ellos, y, deberíamos decir, también para el cristiano.

Una razón de esta visión distorsionada de la trinidad es que los árabes no tenían un Nuevo Testamento árabe, y que por ello se vieron influidos por una falsa visión cristiana.

Este énfasis en la unidad de Dios se manifiesta también de otras formas. El Islam enseña que Dios está apartado de Su creación. Está tan unido a Sí mismo que no puede asociarse con la creación. Su trascendencia es tan grande que actúa impersonalmente, incluso hasta el punto de la elección de los que quiere para el cielo.

Por cuanto Dios es una unidad, muchos musulmanes creen que la posición sunita de que el Corán es la «palabra eterna de Dios» comete el pecado de asociar algo con Dios. Por esta razón los chiítas mantienen que el Corán es un libro creado.

Debido a su doctrina de la predestinación y al hecho de que tanto el mal como el bien provienen de Alá, ello hace del dios de ellos algo caprichoso en nuestro concepto. Todo lo que Alá decida deviene correcto; esto hace que sea difícil, si no imposible, discernir o establecer ninguna verdadera norma de justicia o de ética.

Esto es distinto del Dios de la Biblia, que es justo. La misma palabra justo significa «una norma».

La fe musulmana encuentra difícil divorciar el concepto de padre del ámbito de lo físico. Para ellos, es blasfemo llamar Padre a Alá o a Dios.

Además, en tanto que llamar «Padre» a Dios le evoca al cristiano pensamientos de amor, compasión, ternura y protección, no es siempre así para la mente del musulmán. Para él, un padre ha de ser estricto, no debería ser emocional, y está ligado a su familia por el deber y por lo que su familia puede proveer para él, no por amor.

Alá parece ser deficiente en atributos tales como el amor, la santidad y la gracia. Una razón es que para un musulmán Dios es indescriptible. Mayormente, Alá es descrito por una serie de negaciones; esto es, Él no es esto, no es aquello, etc. Muchas de las anteriores características están envueltas en los noventa y nueve nombres musulmanes para Dios. Para el cristiano, atributos como la gracia están arraigados en el mismo carácter de Dios (Efesios 2).

La Biblia
Como he mencionado antes, los libros santos de los musulmanes incluyen los dichos de Moisés, los profetas, David, Jesús y Mahoma. Sin embargo, los musulmanes creen que todos los dichos anteriores han sido perdidos o corrompidos y que sólo el Corán ha sido preservado sin error. También pretende anular todas las anteriores revelaciones. Recordemos, los libros santos mencionados en el Islam no son exactamente como nuestras Escrituras bíblicas.

Uno tendría la presuposición de que por cuanto las enseñanzas del cristianismo y del Islam son claramente diferentes, sigue de ello que las consecuencias prácticas y sociales de la doctrina serían también inmensamente diferentes. Como menciona Guillaume, la mejor ilustración de ello aparece en la posición de las mujeres:
El Corán tiene más que decir acerca de la posición de las mujeres que de cualquier otra cuestión. La nota conductora resuena con estas palabras: «Las mujeres son vuestra labranza.» Y la palabra para matrimonio es la empleada para denotar el acto sexual. El objeto primario del matrimonio es la procreación de hijos, y en parte por esta razón se le permite al hombre que tenga cuatro esposas a la vez y un número ilimitado de concubinas. Sin embargo, se establece que las mujeres han de ser tratadas con bondad e imparcialidad estricta. Si un hombre no puede tratarlas a todas por igual, debería limitarse a una.

El marido le paga a la mujer una dote cuando se casa con ella, y el dinero o propiedad así pagada queda de ella. El marido puede divorciarse de su mujer en cualquier momento, pero no puede volverla a tomar hasta que se haya vuelto a casar y haya sido repudiada por su segundo marido. (Sólo después de tres matrimonios no puede un musulmán volver a tomar a su mujer. Sin embargo, puede decir «Te repudio» tres veces, lo que para algunos constituye tres divorcios.) Una mujer no puede pedir el divorcio bajo ningún concepto, y el marido la puede pegar. En esta cuestión de la posición de la mujer reside la mayor diferencia entre los musulmanes y el mundo occidental (Guillaume, Islam, págs. 71, 72).
Una persona que provenga de una cultura occidental necesita darse cuenta de que esta posición acerca de las mujeres fue una mejora respecto de las condiciones preislámicas. De modo que algunas comunidades islámicas emplean esto como una base para enseñar que el Islam es progresista y que las mujeres tienen iguales derechos.

Los que provienen de una cultura occidental a menudo caen en el malentendido que contempla a los musulmanes como depravados y hambrientos de sexo. Desde la perspectiva musulmana, las mujeres son protegidas, reciben provisión, y son respetadas en su comunidad.

Al comparar esto con la actual decadencia de la cultura occidental y sus ataques sobre la moralidad tradicional, incluyendo las mujeres, el aborto, etc., el occidental ha de hacerse consciente de que los musulmanes nos contemplan exactamente de la misma forma que muchos de la cultura occidental, incluyendo a muchos cristianos en el pasado, los han visto o descrito a ellos. Una pregunta de peso sería: «¿Son más apalizadas, violadas o maltratadas las mujeres en las tierras musulmanas o en los países occidentales?»

El error de que frecuentemente se hace culpable el musulmán es identificar la cultura occidental con el cristianismo (véase Capítulo 1, sección Influencia Contemporánea).
Jesucristo
En el Islam, la persona y obra de Jesucristo no son vistas de la misma forma que en el cristianismo. Para el cristiano, la resurrección de Jesucristo como el Hijo encarnado de Dios es la piedra fundamental de la fe, pero el musulmán no acepta ninguna de estas verdades, que Cristo sea el Hijo de Dios ni que resucitase de entre los muertos. Un musulmán contemplará a Jesús como la «Palabra de Dios» y como el «Espíritu de Dios», pero no como el Hijo de Dios. Para ellos, esto es blasfemia. De hecho, los musulmanes ni siquiera creen que Jesús fuese crucificado; más bien, muchos creen que Judas fue crucificado en su lugar. Algunos, sin embargo, creen que fue Cristo en la cruz, pero que no murió.

El Islam cree que Jesús fue un profeta sin pecado, aunque no tan grande como Mahoma. Muchos musulmanes enseñan que Jesús fue más grande y más espiritual, pero demasiado elevado, y que Mahoma fue un profeta práctico «para todos los hombres». Mientras que la Sura 3:42-44 en el Corán habla del nacimiento virginal de Cristo, no es el mismo nacimiento virginal que el de la Biblia. Según la creencia musulmana, Jesús desde luego no es el unigénito Hijo de Dios, y fue un ángel —no el Espíritu Santo— el agente del poder de Dios en la concepción. Sin embargo, la idea de que Alá tuviese un hijo les es repugnante. La Sura 4:171 dice: «Isa … profeta de Alá … Lejos de Su majestad trascendente que tuviese un hijo» [de la versión inglesa].

Juan dice, acerca de Cristo: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. … Y yo le he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios» (Juan 1:14, 34).

Las afirmaciones de Cristo acerca de Su propia deidad y filiación como Hijo son inequívocas. En Juan 10:30 Él afirma una igualdad con el Padre cuando dice: «Yo y el Padre somos una sola cosa.» Porque no sólo la filiación de Cristo como Hijo es importante de por sí, sino que la deidad de Cristo es también un punto importante de diferencia entre el cristianismo y el Islam, por cuanto el Islam niega la doctrina de la Trinidad.

Acerca de la crucifixión, el Corán afirma en la Sura 4:156: «No lo mataron y no lo crucificaron, sino que sí les pareció.» La mayoría de musulmanes creen que Judas fue puesto en lugar de Cristo y que Cristo fue al cielo. La Biblia enseña que Cristo fue a la cruz para pagar la pena por los pecados de los hombres, murió, y resucitó de entre los muertos, se apareció a los discípulos y entonces ascendió al cielo (1 Corintios 15:3, 4).

También rechazan la Biblia como el único libro autoritativo sobre el que basar todas las cuestiones de doctrina, fe y práctica. Cuando el Islam rechaza la verdad de la Palabra escrita de Dios, no sólo quedan en una posición distinta de la cristiana, sino opuesta a la cristiana en casi todos los particulares.

Glosario
Abu Bakr — (Reinado: 632-634 d.C.). El primer califa musulmán, según los musulmanes sunitas. Los musulmanes chiítas lo rechazan y en su lugar consideran al cuarto califa, Alí, como el primer verdadero sucesor de Mahoma.
Alá — El Ser Supremo. El nombre de Dios, probablemente derivado del árabe Al-llah y del siríaco Alaha.
Califa — El título dado al oficio de los dirigentes espirituales y políticos que suceden tras la muerte de Mahoma.
Corán (Qur'an) — Se dice que es la palabra inspirada definitiva y completa de Dios transmitida al profeta Mahoma por el ángel Gabriel.
Chiítas — Una división del Islam que rechaza los primeros tres califas, insistiendo en que Alí, yerno de Mahoma, fue el primer sucesor legítimo de Mahoma.
Fátima — La hija de Mahoma y de su primera mujer Khadija, y esposa de Alí, el cuarto califa.
Hadith — Los sagrados dichos de Mahoma, transmitidos por tradición oral durante generaciones después de la muerte de Mahoma, hasta que finalmente quedaron registrados por escrito.
Hadj — Peregrinación a la Meca. Una de las cinco columnas de la fe islámica.
Imán — Un musulmán considerado por los sunitas como autoridad en ley y teología islámica o el hombre que dirige las oraciones. También se refiere a cada uno de los fundadores de las cuatro principales sectas del Islam. Los chiítas aceptan doce grandes imanes.
Islam — Literalmente, «sumisión a la voluntad de Alá».
Kaaba — Un pequeño edificio de piedra situado en el patio de la gran mezquita en La Meca, y que contiene la piedra negra (un aerolito) supuestamente dado a Adán por Gabriel, y posteriormente hallado por Abraham, de quien se dice edificó la Kaaba.
Mahdi — «El conducido.» Un dirigente que hará que la tierra se llene de justicia. Los sunitas están aún esperando su primera aparición mientras que los chiítas mantienen que el último imán, que desapareció en el 874 d.C., volverá a aparecer un día como el Mahdí.

Mahoma — El profeta y fundador del Islam. Nacido alrededor del 570 d.C., murió el 632 d.C.
Meca, La — El lugar donde nació Mahoma. Esta ciudad, en Arabia Saudita, es considerada como la ciudad más santa de los musulmanes.

Medina — Una ciudad santa del Islam nombrada por Mahoma. Antes se llamaba Yatrib. Es la ciudad a la que huyó Mahoma en el 622 d.C.
Mezquita — Un edificio dedicado al culto islámico.
Muezín — Un pregonero musulmán que anuncia la hora de la oración.
Mullá — Maestro de leyes y doctrinas del Islam.
Omar — Según los sunitas, el segundo califa musulmán y principal consejero del primer califa Abu Bakr.
Purdam — Un velo o cubierta que emplean las mujeres musulmanas para asegurarles protección contra la observación pública y para indicar su sumisión.
Qaaba — Véase Kaaba.
Ramadán — El noveno mes del año musulmán, cuando se dice que el Corán fue bajado por vez primera del cielo, y que ahora se dedica al ayuno.
Salat — El ritual diario de oración musulmana. Una de las cinco columnas de la fe islámica.
Sufís — Místicos filosóficos que mayormente han adoptado y reinterpretado libremente el Islam.
Sunitas — La división mayor del Islam que reconoce a los primeros cuatro califas como sucesores legítimos de Mahoma.
Suras — Designación de los capítulos del Corán.


1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   16

similar:

Examen del evangelio iconMucho de la falta de la proclamación del evangelio tiene que ver...

Examen del evangelio iconRamatís El Evangelio a la Luz del Cosmos

Examen del evangelio iconCelebración Eucarística clausura del mes del matrimonio y de la familia...
...

Examen del evangelio iconL ectura del Evangelio según san Lucas

Examen del evangelio iconLa Parábola del Sembrador representa perfectamente los diversos matices...

Examen del evangelio iconExamen: Fecha del examen: mayo 9 (al mediodía)

Examen del evangelio iconLectura del santo Evangelio según San Marcos 8, 34-38

Examen del evangelio icon"2015. Año del Bicentenario Luctuoso de José María Morelos y Pavón"...

Examen del evangelio iconSerie: Una Jornada Con Jesús… a través del Evangelio de San Juan

Examen del evangelio icon190 aniversario de la fundación del instituto
«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» y tomé la decisión que ese sería el lema de los hermanos. Mi más grande deseo...






© 2015
contactos
l.exam-10.com