El corazon materno de maria, memoria de la iglesia misionera






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EL CORAZON MATERNO DE MARIA, MEMORIA DE LA IGLESIA MISIONERA
Juan Esquerda Bifet
Documentos y siglas
Introducción: El Corazón de María, memoria de la Iglesia
1. El Corazón de María en el corazón de la Iglesia

2. El camino del corazón en María y en la Iglesia

3. Escuchar la Palabra de Dios en el corazón como María

4. El proceso de meditar la palabra en el corazón como María

5. La Iglesia de la Palabra vivida desde el Corazón de María

6. El "Magníficat" en el corazón de María y de la Iglesia

7. San José en el Corazón de María

8. Juan Bautista en el Corazón de María

9. Los pastores de Belén en el Corazón de María

10. Los Magos de Oriente en el Corazón de María

11. Los discípulos de Jesús en el Corazón de María

12. El "discípulo amado" en el Corazón de María

13. La pasión y resurreción del Señor en el Corazón de María

14. La Eucaristía en el Corazón de María

15. El Corazón de María en el camino histórico de la Iglesia: las semillas sembradas en el primer milenio

16. Corazón de María: el camino abierto en el segundo milenio.

17. La perspectiva contemplativa y misionera del tercer milenio. Resumen histórico y perspectivas de futuro

18. Los hechos y el mensaje de Jesús en el Corazón materno de María y de la Iglesia.
Conclusión: El eco del Evangelio en el Corazón de María y de la Iglesia
Orientación bibliográfica

DOCUMENTOS Y SIGLAS

AA Apostolican Actuositatem (C. Vaticano II, sobre el apostolado de los laicos).
AG Ad Gentes (C. Vaticano II, sobre la actividad misionera).
CEC Catechismus Ecclesiae Catholicae (Catecismo "universal", 1992).
CFL Christifideles Laici (Exhortación apostólica de Juan Pablo II, sobre la vocación y misión de los laicos: 1988)
CT Catechesi Tradendae (Exhortación apostólica de Juan Pablo II: 1979).
DM Dives in Misericordia (Encíclica de Juan Pablo II, sobre la misericordia: 1980).
DEV Dominum et Vivificantem (Encíclica de Juan Pablo II, sobre el Espíritu Santo: 1986).
DV Dei Verbum (C. Vaticano II, sobre la revelación).
EA Ecclesia in Africa (Exhortación Apostólica postsinodal de Juan Pablo II, sobre la Iglesia en Africa: 1995).
EAm Ecclesia in America (Exhortación Apostólica postsinodal de Juan Pablo II, sobre la Iglesia en América: 1999).
EAs Ecclesia in Asia (Exhortación Apostólica postsinodal de Juan Pablo II, sobre la Iglesia en Asia: 1999).
EO Ecclesia in Oceania (Exhortación Apostólica postsinodal de Juan Pablo II, sobre la Iglesia en Oceanía: 2001).
EEu Ecclesia in Europa (Exhortación Apostólica postsinodal de Juan Pablo II: 2003).
EdE Ecclesia de Eucharistia (Encíclica de Juan Pablo II, sobre la Eucaristía en relación con la Iglesia)
EN Evangelii Nuntiandi (Exhortación Apostólica de Pablo VI, sobre la evangelización: 1975).
IM Incarnationis Mysterium (Bula de Juan Pablo II, sobre convocación del gran jubileo del año dos mil, 1999).
LG Lumen Gentium (C. Vaticano II, sobre la Iglesia).
MC Marialis Cultus (Exhortación apostólica de Pablo VI, sobre el culto y devoción mariana: 1974).
NMi Novo Millennio Inneunte (Carta apostólica de Juan Pablo II, al concluir el gran jubileo, 2001)
OT Optatam Totius (C. VAticano II, sobre la formación para el sacerdocio).
PC Perfectae Caritatis (C. Vaticano II, sobre la vida religiosa).
PDV Pastores Dabo Vobis (Exhortación Apostólica postsinodal de Juan Pablo II sobre la formación de los sacerdotes: 1992).
PO Presbyterorum Ordinis (C. Vaticano II, sobre los presbíteros).
RC Redemptoris Custos (Exhortación Apostólica de Juan Pablo II, sobre la figura y la misión de San José: 1989).
RD Redemptionis Donum (Exhortación Apostólica de Juan Pablo II, sobre la vida consagrada: 1984).
RH Redemptor Hominis (Primera encíclica de Juan Pablo II: 1979).
RM Redemptoris Mater (Encíclica de Juan Pablo II, sobre el Año Mariano: 1987).
RMi Redemptoris Missio (Encíclica de Juan Pablo II, sobre el mandato misionero: 1990).
RVM Rosarium Virginis Mariae (Carta Apostólica de Juan Pablo II, sobre el Rosario, 2002).
SC Sacrosantum Concilium (C. Vaticano II, sobre la liturgia).
SD Salvifici Doloris (Exhortación Apostólica de Juan Pablo II, sobre el sufrimiento: 1984).
TMA Tertio Millennio Adveniente (Carta Apostólica de Juan Pablo II como preparación del Jubileo del año 2000).
UR Unitatis Redintegratio (C. Vaticano II, sobre la unidad).
UUS Ut Unum Sint (Encíclica de Juan Pablo II, sobre el empeño ecuménico: 1995).
VC Vita Consecrata (Exhortación Apostólica de Juan PabloII, sobre la vida consagrada y su misión: 1996).
VS Veritatis Splendor (Encíclica de Juan Pablo II, sobre la doctrina moral de la Iglesia: 1993).
INTRODUCCIÓN: El Corazón de María, memoria de la Iglesia
El Corazón de la Madre de Jesús es figura y memoria de la Iglesia, que va unificando su propio corazón por un camino de fe, contemplación, seguimiento evangélico, misterio pascual, comunión eclesial y misión. En este sentido, "María está en el corazón de la Iglesia" (RMa 27), como "Virgen hecha Iglesia" según la expresión de San Francisco de Asís. La Iglesia vive los sentimientos de Cristo Esposo, imitando los sentimientos de María. "En la Virgen María todo es referido a Cristo y todo depende de él" (MC 25).
Reflexionar sobre la interioridad o "Corazón" de María, equivale a entrar en sintonía con el "Corazón" de Cristo. "La Iglesia, reflexionando piadosamente sobre ella y contem­plándola en la luz del Verbo hecho hombre, llena de veneración entra más profundamente en el sumo misterio de la Encarnación y se asemeja más y más a su Esposo. Porque María... atrae a los creyentes hacia su Hijo y su sacrificio hacia el amor del Padre" (LG 65). El corazón de la Iglesia imita el "Corazón puro e inmaculado de María, que ve y desea al Dios todo santo" (San Juan Damasceno, Orat. in Nativ. B.V. Mariae I,9: PG 96, 676C).
Cuando Jesús oró por la unidad, pidió al Padre un corazón unificado para "los suyos", como participación en la comunión de Dios Amor: "Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (Jn 17,21). Aquellas palabras también encontraron eco en el Corazón de su Madre, allí presente como en Caná, porque "el Corazón de María es el lugar de cita entre la humanidad y la divinidad" (M. Laura Montoya).
El Corazón de María debe ser el corazón de la Iglesia del tercer milenio. Dentro de este corazón materno y unificado, el de María y de la Iglesia, encuentran su propio hogar los pobres, los más pequeños y necesitados... "Corazón" de María y de la Iglesia significa su amor, su misericordia, su ternura, su gozo y su dolor, siempre solidario con la humanidad entera redimida por Cristo. "El Corazón de María es el trono en donde se dispensan todas las gracias y misericordias" (San Antonio María Claret, EE, p.500s).
El corazón de la Madre de Jesús es la memoria de la fe de la Iglesia. Cada creyente en Cristo y toda la comunidad eclesial, encuentran en la Virgen María la "memoria" de la fe. En efecto, ella guardaba y "contemplaba en su corazón" el mensaje y las palabras de Jesús (Lc 2,19.51). Como Isabel, la Iglesia de todos los tiempos encuentra en ese corazón el modelo y la memoria de la fe: "Bienaventurada tú que has que creído" (Lc 1,45). "La Iglesia venera en Maria la realización más pura de la fe" (CEC 149). Por haber creido que se cumplirían las palabras del Señor (cfr. Lc,45), María es "Madre de la esperanza".
La Santísima Virgen "vive y realiza la propia libertad entregándose a Dios y acogiendo en sí el don de Dios... Con el don de sí misma, María entra plenamente en el designio de Dios, que se entrega al mundo" (VS 120). El corazón de la Madre de Jesús aparece unificado por la palabra recibida en el silencio de una escucha humilde, como quien sabe sorprenderse y admirar: "Se preguntaba qué significaba aquel saludo" (Lc 1,29; cfr. 1,33). De este modo, "acogiendo y meditando en su corazón acontecimientos que no siempre puede comprender, se convierte en el modelo de todos aquellos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen (cfr. Lc 11, 28)" (VS 120).
Los santos aprendieron a unificar su corazón, entrando en los sentimientos del corazón de la Madre de Jesús. "El corazón de la Santísima Virgen María es la fuente de la que Cristo tomó la sangre con que nos redimió" (Santo Cura de Ars). "El Corazón de María no sólo fue miembro vivo de Jesucristo por la fe y la caridad, sino también origen y manantial de donde tomó la humanidad" (San Antonio María Claret, EE, p.500s).
Al entrar en sintonía con sus sentimientos virginales, como Hija predilecta del Padre, Madre del Hijo y templo del Espíritu Santo, la Iglesia experimenta mejor su dinamismo trinitario: "En el Espíritu Santo, por Cristo, al Padre" (Ef 1,18). "El Corazón de María fue templo del Espíritu Santo" (San Antonio María Claret, EE, p.500s).
María recibió con un "sí" al Verbo encarnado también en su corazón. El creyente, como José esposo de María, es invitado a orientar el corazón hacia Cristo, sin anteponer nada a él: "Toma al niño y a su Madre" (Mt 2,13). La orientación del corazón hacia Dios Amor ya tiene una pauta certera: el corazón de la Madre de Jesús. "A partir del «fiat» de la humilde esclava del Señor, la humanidad entera comienza su retorno a Dios" (MC 28).
El corazón de la Madre de Jesús es la memoria contemplativa de la Iglesia. En el corazón de la Madre de Jesús encontraron acogida las palabras del Señor: las palabras del ángel (Lc 1,29), el mensaje de Belén (Lc 2,19), la profecía de Simeón (Lc 2,33), las palabras de Jesús niño (Lc 2,51)... Todo lo "contemplaba en su corazón" (Lc 2,19.51).
En ese mismo corazón resonaron las palabras de Jesús moribundo: el perdón (Lc 23,34), la promesa de salvación (Lc 23,43), la sed (Jn 19,28), el abandono (Mt 27,46), la confianza total (Lc 23,46)... Su "nueva maternidad según el Espíritu" (RMa 21), proclamada por Jesús (Jn 19,26), convertía su corazón materno en la memoria contemplativa de la Iglesia: "He aquí a tu Madre" (Jn 19,27).
La actitud típicamente eclesial es también especifícamente mariana: escuchar la palabra de Dios en el corazón, ponerla en práctica y anunciarla (cfr. Lc 11,28). Es como recibir el Verbo bajo la acción del Espíritu Santo, para transmitirlo al mundo. Por esto, María y la Iglesia son una virgen que se hace madre por ser una virgen creyente, orante, oferente (cfr. MC 17-20). Toda la persona de María, subrayando su amor, queda simbolizada por su corazón, que recibe el proyecto de Dios, tal como es, para ponerlo en práctica.
El "Magníficat" mariano se hace oración contemplativa de la Iglesia, donde "se vislumbra la experiencia personal de María, el éxtasis de su corazón" (RMa 36). De este modo, el Magníficat sigue siendo, también por medio de la Iglesia, "la oración por excelencia de María, el canto de los tiempos mesiánicos, en el que confluyen la exaltación del antiguo y del nuevo Israel" (MC 18). "San Ambrosio, hablando a los fieles, hacía votos para que en cada uno de ellos estuviese el alma de María para glorificar a Dios: «Que el alma de María esté en cada uno para alabar al Señor; que su espíritu esté en cada uno para que se alegre en Dios»" (MC 21; cita a San Ambrosio, Expositio Evangelii secundum Lucam, II, 26: CSEL 32, IV, 15,16).
Los santos han encontrado en el corazón de la Madre de Jesús la memoria de la vida de fe y de contemplación, para asociarse a Cristo. "Libre, vacío de todas las cosas de la tierra y verdaderamente pobre estaba el corazón de la Virgen para darse desembarazada al que de verdad lo merece poseer" (San Juan de Avila, sermón 71). Por esto, "quien cavare más en el corazón de la Virgen, hallará en lo más dentro de él una mar abundantísimo de gracia y amor" (ídem, sermón 69).
El corazón de la Madre de Jesús es la memoria del seguimiento evangélico de la Iglesia. El corazón de la Madre de Jesús iba guardando las palabras del Señor, para transformarlas en gestos de fidelidad concreta, invitando a la comunidad eclesial a ser fiel a la nueva Alianza simbolizada por las bodas de Caná: "Haced lo que él os diga" (Jn 2,5; cfr. Ex 24,7). El seguimiento evangélico recupera entonces el sentido esponsal de correr la suerte o "beber el cáliz" de Cristo Esposo (Mc 10,38). María había sido la primera en decir el "sí" (Lc 1,38) y en aceptar la misma "espada" o suerte del Señor (Lc 2,35).
Los santos más marianos la vivieron así: "Guardad, verted en el seno y Corazón de María todos vuestros tesoros, todas vuestras gracias y virtudes" (San Luís Mª Grignon de Montfort). "Es María, es el Corazón de María, la que más caridad tiene... Es todo caridad... María es el corazón de la Iglesia... El Corazón de María ha sido el órgano de todas las virtudes en grado heroico, y singularmente de la caridad para con Dios y para con los hombres" (San Antonio Mª Claret, EE, p.500s).
El amor esponsal a Cristo se vive con y como María. "Mi corazón ardiente te lo doy por entero... haz con él lo que quieras, escóndelo en el Corazón purísimo de tu Madre y ella lo hermoseará... Mi Señor, te amo con el Corazón de tu Madre" (M. María Inés-Teresa Arias).
En María toda vocación cristiana encuentra el modelo de una respuesta fiel y generosa: "En íntima unión con Cristo, María, la Virgen Madre, ha sido la criatura que más ha vivido la plena verdad de la vocación, porque nadie como ella ha respondido con un amor tan grande al amor inmenso de Dios" (PDV 35). Es también ella la ayuda materna en todo el proceso vocacional, porque "sigue vigilando el desarrollo de las vocaciones" (PDV 82) y estimulando a "buscar a Jesús, seguirlo y permanecer en él" (PDV 34).
El corazón de la Madre de Jesús es la memoria pascual de la Iglesia. Allí la Iglesia encuentra no sólo la memoria de la fe, de la contemplación y del seguimiento evangélico, sino también la memoria del misterio pascual. En aquel corazón, que es el corazón de la Iglesia, resonaron las palabras de Jesús crucificado y resucitado. Ella las "contempló en su corazón", según su actitud habitual (Lc 2,19.51), y las cotejó con las promesas de Jesús sobre su resurreción.
Con las palabras de Jesús, también entraron en su corazón los gestos redentores de su Hijo. Por esto, "guiada por el Espíritu, se consagró toda al ministerio de la redención de los hombres" (PO 18), "sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado" (LG 58).
María es como el corazón pascual de la Iglesia. Las palabras de Jesús, "he aquí a tu Madre" (Jn 19,27), señalan a quien es Madre, modelo y guía para asociarse al misterio pascual de Cristo. Ella "cooperó a la restauración de la vida sobrenatural de las almas" (LG 61) y sigue cooperando "con amor materno" (LG 63), como figura del "amor materno" que debe tener todo apóstol (cfr. LG 65). La fecundidad materna "las penas indecibles del Corazón de María, la única que leía y comprendía los padecimientos internos de su Hijo divinísimo" (Concepción Cabrera de Armida). Por esto, "la Iglesia aprende de María la propia maternidad y reconoce la propia dimensión materna de su vocación" (RMa 43).
El misterio pascual de Jesús, como sus palabras, sólo se comprende meditándolo, como María, en lo más hondo del corazón. Pero si el corazón está disperso y enredado en otras preferencias, "la semilla de la palabra" queda infecunda por no encontrar "un corazón bueno" (Lc 8,11.15).
El corazón de la Madre de Jesús e la memoria de la Iglesia comunión y misión. La Iglesia se va construyendo como comunidad misionera, viviendo la fraternidad y la misión "con María la Madre de Jesús" (Hech 1,14). En el corazón de María aprende a construir la comunión de hermanos y a realizar la misión recibida de Jesús.
María es el corazón misionero de la Iglesia, por su presencia activa y materna. Hay comunión de hermanos, cuando el corazón se unifica meditando la palabra de Dios como María. Hay misión evangelizadora, cuando la comunidad se decide a ser madre como María, anunciando y dando testimonio de Jesús al mundo.
La "llena de gracia" es, como fruto excelso de la redención, la Madre de misericordia, figura de la Iglesia en su ministerio de misericordia. "María comparte nuestra condición humana, pero con total transparencia a la gracia de Dios. No habiendo conocido el pecado, está en condiciones de compadecerse de toda debilidad. Comprende al hombre pecador y lo ama con amor de Madre" (VS 120).
Ha habido apóstoles, como el santo Cura de Ars, que en su labor apostólica han vivido espontáneamente y comunicado a los demás una honda relación con el corazón de la Madre de Jesús: "El corazón de María es tan tierno para nosotros, que los de todas las madres reunidas, no son más que un pedazo de hielo al lado suyo... El corazón de la Santísima Virgen es la fuente de la que Jesús tomó la sangre con que nos rescató"...
Por el corazón de María, como figura de la Iglesia, se nos manifiesta el amor misericordioso de Cristo. En María encontramos "el tacto singular de su corazón materno, su sensibilidad peculiar, su especial aptitud para llegar a todos aquellos que aceptan más fácilmente el amor misericordioso de parte de una madre" (DM 9). De ella se aprende "una especial ternura materna" (VC 28). Así lo experimentaron las personas más sensibles al tema mariano: "Éste es el sagrado asilo de mi refugio... el Inmaculado Corazón de María está unido al de Jesús; y, por consiguiente, morando en este sagrado santuario, estamos en el mismo centro del dulcísimo Corazón de nuestro dueño" (M. Esperanza de Jesús González).
La Iglesia aprende de María la actitud virginal de un corazón que escucha la palabra y se asocia esponsalmente a Cristo, para hacerlo presente en la comunión eclesial y en el mundo. Con este corazón virginal, esponsal y materno, ya se puede experimentar, cantar y proclamar que en Jesús se actualiza "la misericordia divina de generación en generación", como "luz para iluminar a todos los pueblos" (cfr. Lc 1,50; 2, 32).

"Oh Signore, Dio nostro, che nel
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