Datos sobre josé Ángel buesa






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INDICE
DATOS sobre JOSÉ ÁNGEL BUESA. 5

POEMA DEL RENUNCIAMIENTO 6

SONETO DEL CAMINANTE 7

POEMA DEL DOMINGO TRISTE 8

POEMA DE LA DESPEDIDA 11

POEMA DEL SECRETO 12

CARTA A USTED 13

POEMA DEL DESENCANTO 15

CANCIÓN A LA MUJER LEJANA 16

ARTE POÉTICA 17

TE ACORDARÁS UN DÍA 18

POEMA DEL ESPEJO 20

LA COPA DE DIAMANTE 21

CARTA SIN FECHA 22

CUARTETOS DEL TRANSEÚNTE 23

SONETO LLOVIENDO 24

CANCIÓN DEL AMOR LEJANO 25

BALADA DEL MAL AMOR 27

CANCIÓN DE LA BÚSQUEDA 29

CANCIÓN PARA LA ESPOSA AJENA 30

ELEGIA PARA TI Y PARA MÍ 31

VARIANTE DE UNA CANCIÓN ANTIGUA 34

TERCER POEMA DE LA DESPEDIDA 35

BRINDIS 37

SÍMIL DEL VIENTO 38

ASÍ, VERTE DE LEJOS 39

ELEGIA LAMENTABLE 40

CANCIÓN DE LA LLUVIA 43

ELEGIA NOCTURNA 44

CANCIÓN DEL VIAJE 45

MADRIGAL DE LA LLUVIA DE ABRIL 46

YA TODOS LA OLVIDARON 47

OTOÑO Y JARDÍN 48

ESTA VIEJA CANCIÓN 49

SONETO DEL TIEMPO 50

SONETO PARA LA LLUVIA 51

SONETO (De Eugenio Castro) 52

SONETO (De Guillermo de Almeida) 53

SONETO (De Luis de Camoes) 54

SONETO (De Félix Arvers) 55

EPÍLOGO 56

CANCIÓN NOCTURNA 57

SÍMIL DEL ARBOL 58

DÚO DE AMOR 59

POEMA VULGAR 62

CANCIÓN COTIDIANA 63

POEMA DE UNA CALLE 64

INESPERADAMENTE 65

LA MUJER SIN NOMBRE 66

CANCIÓN DEL AMOR PROHIBIDO 67

EL AMIGO 68

CANCIÓN DEL TRANSEÚNTE 69

MONÓLOGO DE CASANOVA 70

QUIZÁS 74

SONETO CON SED 75

POEMA DEL AMOR AJENO 76

ACUÉRDATE DE MÍ 77

SOÑAR 78

POEMA FINAL POR NOSOTROS 79

POEMA DE LA ESPERA 80

ERA MI AMIGA 81

CANCIÓN DE LA ESPERA 82

ELEGIA POR NOSOTROS 84

POEMA DEL LIBRO 86

POEMA DEL AMOR PEQUEÑO 87

POEMA DE LA DESPOSADA 88

SONETO PARA UN REPROCHE 89

LIED 90

POEMA LAMENTABLE 91

RESPUESTA AL POEMA DE LA CULPA 92

RESPUESTA AL POEMA DE LA CULPA 94

EL FALSO AMOR 96

SONETO EN LA ALCOBA 97

A UNA LÁGRIMA 99

EL HIJO DEL SUEÑO 100

MÍA 102

LA FUGA INFINITA 104

TRISTE ES SABER 105

ROSA DEL OTOÑO 107

MADRIGAL TRISTE 109

CANCIÓN AL OLVIDO 110

OASIS 112

LA ABEJA 113

POEMA DEL OLVIDO 116

POEMA PARA EL CREPÚSCULO 117

CANCIÓN DE LA NOCHE SOLA 119

SONETO I 121

SONETO II 122

POEMA DEL POEMA 123

POEMA DE LA DUDA 124

LLUVIA FINAL 125

ANIVERSARIO 126

POEMA DEL EXTASIS 127

LA DAMA DE LA ROSA 129

MUCHACHA SIN AMOR 134

SONETO 136

YO LA VI ANOCHE ARDIENDO 137

SONETO ADOLESCENTE 138

POEMA DEL RÍO. 139

SEGUNDO POEMA DEL RÍO. 140

POEMA PARA EL CREPÚSCULO. 142

POEMA DEL REGRESO. 144

POEMA DEL PECADO 145

OS DIGO QUÉ ESTAS COSAS... 147

LA SED INSACIABLE. 148

LA RAMA ROTA. 149

LA LÁMPARA. 150

LA ENREDADERA. 152

LAS DOS MUÑECAS. 153

LA DAMA DEL ESPEJO. 154

LAMENTACIÓN DE OTOÑO. 155

ESTOY AQUÍ CONTIGO... 157

ENVIÓ. 158

EL POZO SECO. 159

EL ARQUERO. 160

CANCIÓN AL AMOR QUÉ PASA. 161

CANCIÓN DEL ANDÉN. 162

BALADA EN LA ALAMEDA. 163

DATOS sobre JOSÉ ÁNGEL BUESA.
José Ángel Buesa periodista, traductor y escritor de novelas radiales, aparece aquí con una selección de sus poesías. Nacido en Cruces, Las Villas, en el año 1910 y murió en el año 1982 en República Dominicana. Fue gran poeta cubano, elogiado por muchos de sus contemporáneos y también por los más jóvenes lectores, que aprecian en sus versos una melodía extraordinaria y un fuerte sentimiento de amor.
POEMA DEL RENUNCIAMIENTO
Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.

Pasarás en silencio por mi amor, y, al pasar,

fingiré una sonrisa, como un dulce contraste

del dolor de quererte... y jamás lo sabrás.
Soñaré con el nácar virginal de tu frente;

soñaré con tus ojos de esmeralda de mar;

soñaré con tus labios desesperadamente;

soñaré con tus besos... y jamás lo sabrás.
Quizás pases con otro que te diga al oído

esas frases que nadie como yo te dirá;

y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,

te amaré más que nunca... y jamás lo sabrás.
Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible,

como un sueño que nunca lograré realizar,

y el lejano perfume de mi amor imposible

rozará tus cabellos... y jamás lo sabrás.
Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,

-el tormento infinito que te debo ocultar-,

te diré sonriente: "No es nada... Ha sido el viento".

Me enjugaré la lágrima... y jamás lo sabrás.

SONETO DEL CAMINANTE
No despiertes jamás para vivir tu sueño

pues el sueño es un viaje mas allá del olvido,

tu pie siempre es mas firme después de haber caído,

solo es grande en la vida quien sabe ser pequeño.
El amor llega y pasa, como un dolor risueño,

como una rama seca donde retoña un nido.

sólo tiene algo suyo quien todo lo ha perdido,

nadie es dueño de nada sin ser su propio dueño.
La vida será tuya, será tuya si sabes que es ajena,

que es igual ser montaña que ser grano de arena,

pues la calma del justo vence al furor del bravo.
Y aprende que el camino nace del caminante,

pues por más que ambiciones, humilde o arrogante,

sólo has de ser dueño de lo que eres esclavo.

POEMA DEL DOMINGO TRISTE
Este domingo triste pienso en ti dulcemente

y mi vieja mentira de olvido, ya no miente.
La soledad, a veces, es el peor castigo...

Pero, ¡ qué alegre todo, si estuvieras conmigo!
Entonces no querría mirar las nubes grises,

formando extraños mapas de imposibles países;
y el monótono ruido del agua no sería

un motivo secreto de mi melancolía.
Este domingo triste nace de algo que es mío,

que quizás es tu ausencia y quizás es mi hastío,
mientras corren las aguas por la calle en declive,

y el corazón se muere de un ensueño que vive.
La tarde pide un poco de sol, como un mendigo,

y acaso hubiera sol si estuvieras conmigo;
y tendría la tarde, fragantemente muda,

el ingenio impudor de una niña desnuda.
Si estuvieras conmigo, amor que no volviste,

¡ qué alegre me sería este domingo triste!

POEMA DE LA CULPA
Yo la amé, y era de otro que también la quería.

Perdónala, Señor, porque la culpa es mía.
Después de haber besado sus cabellos de trigo,

nada importa la culpa, pues no importa el castigo.
Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo,

mis labios están dulces por ese amor amargo.
Ella fue como un agua callada que corría...

Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.
Perdónala, Señor, tú, que le diste a ella

su frescura de lluvia y su esplendor de estrella.
Su alma era transparente como un vaso vacío.

Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.
Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera

turbadora y fragante como la primavera?
¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío

sobre la yerba seca y ávida del estío?
Traté de rechazarla, Señor, inútilmente,

como un surco que intenta rechazar la simiente.
Era de otro. Era de otro, que no la merecía,

y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.
Era de otro, Señor. Pero hay cosas sin dueño:

Las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.
Y ella me dio su amor como se da una rosa,

como quien lo da todo, dando tan poca cosa...
Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:

Ella no fue culpable, Señor... ¡ni yo tampoco!
La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella,

y me diste los ojos para mirarla a ella.
Toda la culpa es tuya, pues me hiciste cobarde

para matar un sueño porque llegaba tarde.
Sí. Nuestra culpa es tuya, si es culpa amar

y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.
Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara,

que sería un pecado mayor si no la amara.
Y, por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella,

que tú que hiciste el agua, y la flor, y la estrella,
tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,

¡tú también la amarías, si pudieras ser hombre!
POEMA DE LA DESPEDIDA
Te digo adiós y acaso te quiero todavía.

Quizás no he de olvidarte, pero te digo adiós.

No sé si me quisiste... No sé si te quería...

O tal vez nos quisimos demasiado los dos.
Este cariño triste, y apasionado y loco,

me lo sembré en el alma para quererte a ti.

No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco,

pero si sé que nunca volveré a amar así.
Me queda tu sonrisa dormida en el recuerdo,

y el corazón me dice que no te olvidaré;

pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,

tal vez empiece a amarte como jamás te amé.
Te digo adiós, y acaso, con esta despedida

mi más hermoso sueño muere dentro de mí...

Pero te digo adiós, para toda la vida,

aunque toda la vida siga pensando en ti.
POEMA DEL SECRETO
Puedo tocar tu mano sin que tiemble la mía,

y no volver el rostro para verte pasar.

Puedo apretar mis labios un día y otro día...

y no puedo olvidar.
Puedo mirar tus ojos y hablar frívolamente,

casi aburridamente, sobre un tema vulgar.

Puedo decir tu nombre con voz indiferente...

y no puedo olvidar.
Puedo estar a tu lado como si no estuviera,

y encontrarte cien veces, así, como al azar...

Puedo verte con otro, sin suspirar siquiera.

Y no puedo olvidar.
Ya ves: Tú no sospechas este secreto amargo,

más amargo y profundo que el secreto del mar...

Porque puedo dejarte de amar, y, sin embargo,

no te puedo olvidar.

CARTA A USTED
Señora: Según dicen, ya usted tiene otro amante.

Lástima que la prisa nunca sea elegante...

Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa

se resigne a ser viuda sin haber sido esposa,

ni pretendo tampoco discutirle el derecho

de compartir sus penas, sus goces y su lecho;

pero el amor, señora, cuando llega al olvido,

también tiene el derecho de un final distinguido.
Perdón, si es que la hiere mi reproche; perdón

aunque sé que la herida no es en el corazón...

Y, para perdonarme, piense si hay más despecho

en lo que yo le digo que en lo que usted ha hecho;

pues sepa que una dama, con la espalda desnuda,

sin luto, en una fiesta, puede ser una viuda

-pero no, como tantas, de un difunto señor-,

sino, para ella sola, viuda de un gran amor.
Y nuestro amor -¿recuerda?-, fue un amor diferente

(al menos, al principio; ya no, naturalmente):

Usted era el crepúsculo a la orilla del mar,

que, según quien lo mire, será hermoso o vulgar.

Usted era la flor, que, según quien la corta,

es algo que no muere o es algo que no importa.

O acaso, cierta noche de amor y de locura,

yo vivía un ensueño... y usted una aventura.
Sí; usted juró, cien veces, ser para siempre mía:

Yo besaba sus labios, pero no lo creía...

Usted sabe - y perdóneme -, que en ese juramento

influye demasiado la dirección del viento.

Por eso no me extraña que ya tenga otro amante,

a quien quizás le jure lo mismo en este instante.

Y como usted, señora, ya aprendió a ser infiel,

a mí, así, de repente... me da pena por él.
Sí, es cierto. Alguna noche su puerta estuvo abierta,

y yo, en otra ventana, me olvidé de su puerta;

o una tarde de lluvia se iluminó mi vida

mirándome en los ojos de una desconocida;

y también es posible que un amor indolente

desdeñara su vaso bebiendo en la corriente.

Sin embargo, señora, yo con sed o sin sed,

nunca pensaba en otra si la besaba a usted.
Perdóneme de nuevo, si le digo estas cosas,

pero ni los rosales dan solamente rosas;

y no digo estas cosas por usted ni por mí,

sino por los amores que terminan así...

Pero vea, señora, que diferencia había

entre usted, que lloraba, y yo, que sonreía,

pues nuestro amor concluye con finales diversos:

Usted besando a otro; yo, escribiendo estos versos...

POEMA DEL DESENCANTO
Y comenzamos juntos un viaje hacia la aurora

como dos fugitivos de la misma condena.

Lo que ignoraba entonces no he de callarlo ahora:

No valías la pena.
Ya llegaba el otoño, y ardía el mediodía.

Sentí sed. Vi tu copa. Pensé que estaba llena,

pero acerqué mis labios y la encontré vacía.

No valías la pena.
Te di a guardar un sueño, pero tú lo perdiste,

o acaso abrí mis surcos en la llanura ajena.

Es triste, pero es cierto. Por ser tan cierto, es triste:

No valías la pena.
Fuiste el amor furtivo que va de lecho en lecho,

y el eslabón amable que es más que una cadena.

Pero hoy puedo decirte, sin rencor ni despecho:

No valías la pena.
Me alegré con tu risa; me apené con tu llanto,

sin pensar que eras mala ni creer que eras buena.

Te canté en mis canciones, y, a pesar de mi canto,

no valías la pena.
Me queda el desencanto del que enturbió una fuente,

o acaso el desaliento del que sembró en la arena.

Pero yo no te culpo. Te digo, simplemente:

No valías la pena.

CANCIÓN A LA MUJER LEJANA
En tí recuerdo una mujer lejana,

lejana de mi amor y de mi vida.

A la vez diferente y parecida,

como el atardecer y la mañana.
En tí despierta esa mujer que duerme

con tantas semejanzas misteriosas

que muchas veces te pregunto cosas

que solo ella podría responderme.
Y te digo que es bella, porque es bella,

pero no sé decir, cuando lo digo,

si pienso en ella porque estoy contigo

o estoy contigo por pensar en ella.
Y sin embargo si el azar mañana

me enfrenta con ella de repente

no seguiría a la mujer ausente

por retener a la mujer cercana.
Y sin amarte más, pero tampoco

sin separar tu mano de la mía,

al verla simplemente te diría:

"Esa mujer se te parece un poco"
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