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Oficio de lectura

Segunda lectura

De la Exposición parenética de la Regla de los Carmelitas, del beato Juan Soreth, presbítero.

(Paris, 1625, pp. 111 116)

Celda exterior e interior
Sigue en la Regla: «Todos y cada uno de vosotros, conforme a la situación del lugar que os hubiereis propuesto habitar, tendréis celdas separadas». La celda abriga al hijo de la gracia, fruto de su vientre, lo alimenta, lo abraza, lo conduce a la plenitud de la perfección y lo hace digno del coloquio con Dios. La celda es tierra santa y lugar santo, donde el Señor y su siervo se hablan en secreto, como un hombre a su amigo. En ella el alma fiel se une frecuentemente a su verdadero Dios, como la esposa al esposo, se une a lo terreno lo celestial, a lo humano lo divino. Puesto que, como el santo templo de Dios, así la celda del siervo de Dios. No solo en el templo, sino también en la celda, trátanse las cosas divinas; pero más frecuentemente en la celda: la celda es la oficina de todos los bienes y su estable perseverancia. Porque en ella todo el que vive bien con la pobreza se halla rico; y todo el que tenga buena voluntad tiene consigo todo lo que necesita para vivir bien.

Y para que mores con más seguridad en la celda, se te han asignado tres custodios: Dios, la conciencia y el padre espiritual. A Dios le debes piedad, a la que todo entero vivas consagrado; a tu conciencia honor, avergonzándote de pecar delante de ella; al padre espiritual obediencia amorosa, al cual acudas en todo. Es más, te voy a añadir un cuarto custodio, mientras te sientas pequeñuelo, y hasta que aprendas más perfectamente a ejercitar la divina presencia, te procuraré un pedagogo: busca tú mismo –te lo aconsejo– una persona cuya ejemplaridad de vida de tal suerte se haya enseñoreado de tu corazón y de tal manera te haya adherido a él su reverencia, que cuantas veces lo recuerdes te sientas impulsado a la reverencia del que recuerdas y te ordenes a ti mismo y de tal manera compongas tus pensamientos como si él estuviera presente. Con afecto de caridad enmiende en ti cuanto en ti haya de enmendable; para que la soledad tuya no sufra daño alguno del secreto suyo, pensarás que él está viendo todos tus pensamientos, procurarás enmendarte como si él te estuviera viendo y corrigiendo.

Cada uno, pues, tenga una celda separada para la realización de estos solitarios ejercicios; es más, como dice la Regla, «cada uno tenga celdas separadas». Has de tener una celda exterior y otra interior: la exterior es la habitación donde mora tu alma con tu cuerpo; la interior es tu conciencia, la cual tiene que habitar el Dios de todas tus interioridades, con tu espíritu. La puerta de la clausura exterior es signo de la clausura interior, para que, de la misma manera que el sentido exterior por la clausura exterior es impedido de vagar fuera, así los sentidos interiores se vean obligados interiormente a ocuparse en Dios siempre. Ama, por lo tanto, tu celda interior, y ama, también la exterior, y dale a cada una su propio cultivo; guárdate la exterior, pero no te esconda para que tú puedas pecar más ocultamente, sino que te guarde para que vivas con más seguridad. Ignoras lo que debes a la celda si no piensas cómo en ella no solo te curarás de tus vicios, sino que tampoco puedes enredarte con los ajenos: igualmente ignoras cuánto honor debes a tu conciencia, mientras en ella no experimentas la gracia y la dulzura de la interna suavidad. Da, pues, a cada una de estas dos celdas su propio honor, y tú vindícate para ti tu supremacía: En ella aprenderás a presidirte a ti mismo, ordenar tu vida, arreglar tus costumbres, reivindicarte a ti mismo, y también a reprocharte; nadie te amará más, nadie te juzgará más fielmente. A este propósito dice uno: «Séate la celda placentera, tu pie tardo para lo exterior, callando en todo tiempo, llora, lee u ora a su tiempo, levántate pronto, examínate en todo momento». Con este fin, pues, encarece la Regla que «todos y cada uno de vosotros tendréis celdas, según que por disposición del Prior y con el consentimiento de los demás hermanos, o de la más sana parte, fueren las mismas celdas a cada uno designadas».

Responsorio Ez 37, 26b-27a; Sal 26, 4

R/. Pondré entre ellos mi santuario para siempre; * Tendré mi morada junto a ellos.

V/. Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida: gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. * Tendré mi morada.

Oración

Oh Dios, que hiciste de la beata virgen Arcángela una enamorada del misterio de tu eterna Trinidad; concédenos, por su intercesión, pregustar en la tierra el gozo de tu gloria y contemplarte eternamente en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

FEBRERO

1 de febrero

BEATA CANDELARIA DE SAN JOSÉ

OCarm: Memoria libre
Candelaria de San José, Susana Paz Castillo Ramírez, nació en Altagracia de Orituco, Venezuela, el 11 de agosto de 1863. Se distinguió por su amo a los enfermos y a los pobres. Junto con otras jóvenes de su pueblo y con el apoyo de un grupo de médicos y del padre Sixto Sosa, párroco de Altagracia de Orituco, fundó un hospital para atender a todos los necesitados, comenzando con esto la fundación de la Congregación de las Hermanitas de los Pobres de Altagracia, actualmente denominada Hermanas Carmelitas de la Madre Candelaria o Venezolanas. Murió el 31 de enero de 1940. Fue Beatificada el 27 de abril de 2008 en Caracas (Venezuela).
Del común de Vírgenes o de Santas Religiosas, menos lo que sigue:

Segunda lectura

Del Decreto Perfecta caritatis, sobre la adecuada renovación de la vida religiosa, del Concilio Vaticano II, 1. 5. 6. 12

La Iglesia sigue a su único esposo, Cristo

Ya desde el comienzo de la Iglesia, hubo hombres y mujeres que, por la práctica de los consejos evangélicos, se propusieron seguir a Cristo con más libertad e imitarlo más íntimamente, y, cada uno a su manera, llevaron una vida consagrada a Dios. Muchos de ellos, por inspiración del Espíritu Santo, o vivieron en la soledad o fundaron familias religiosas, que fueron admiti­das y aprobadas de buen grado por la autoridad de la Iglesia. Como consecuencia, por disposición divina, surgió un gran número de familias religiosas, que han contribuido mucho a que la Iglesia no sólo esté equi­pada para toda obra buena y dispuesta para el perfec­cionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo, sino para que también, adornada con los diversos dones de sus hijos, aparezca como una novia que se adorna para su esposo y por ella se manifieste la multiforme sabiduría de Dios.

Todos aquellos que, en medio de tanta diversidad de dones, son llamados por Dios a la práctica de los con­sejos evangélicos, y la profesan fielmente, se consagran de una forma especial a Dios, siguiendo a Cristo, quien, virgen y pobre, por medio de su obediencia hasta la muerte de cruz, redimió y santificó a los hombres. De esta forma, movidos por la caridad que el Espíritu Santo difunde en sus corazones, viven más y más para Cristo y para su cuerpo que es la Iglesia. Por lo tanto, cuanto más íntimamente se unen a Cristo por su entrega total, que abarca toda su vida, más fecunda se hace la vida de la Iglesia y más vivificante su apostolado.

Recuerden ante todo los miembros de cualquier institu­to que, por la profesión de los consejos evangélicos, respondieron a un llamamiento divino, de forma que no sólo muertos al pecado, sino renunciando también al mundo, vivan únicamente para Dios. Pues han entregado toda su vida a su servicio, lo que constituye ciertamente una consagración peculiar, que se funda íntimamente en la consagración bautismal y la expresa en toda su plenitud.

Los que profesan los consejos evangélicos, ante todo busquen y amen a Dios, que nos amó primero, y en todas las circunstancias intenten fomentar la vida escondida con Cristo en Dios, de donde mana y crece el amor del prójimo para la salvación del mundo y edificación de la Iglesia. Esta caridad vivifica y guía también la misma práctica de los consejos evangélicos.

La castidad que los religiosos profesan por el reino de los cielos debe de ser estimada como un don eximio de la gracia, pues libera el corazón del hombre de un modo peculiar para que se encienda más en el amor de Dios y en el de los hombres, y, por ello, es signo especial de los bienes celestes y medio aptísimo para que los religiosos se dediquen con fervor al servicio de Dios y a las obras de apostolado. De esta forma evocan ante todos los fieles cristianos el admirable desposorio establecido por Dios, que se manifestará plenamente en el siglo futuro, por el que la Iglesia tiene como único esposo a Cristo.
Responsorio

R/ ¡Qué hermosa eres, virgen de Cristo! * Tú que has merecido recibir la corona del Señor, la corona de la virginidad perpetua.

V/ Nadie podrá quitarte la palma de la virginidad, ni separarte del amor de Cristo.

R/ Tú que has merecido recibir la corona del Señor, la corona de la virginidad perpetua.

Oración

Señor, tú que te complaces en habitar en los limpios de corazón, concédenos, por intercesión de la beata Candelaria de San José, vivir, por tu gracia, de tal manera que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.
ABRIL

1 de abril

SAN NUÑO ÁLVARES PEREIRA, RELIGIOSO

OCarm: Memoria obligatoria - OCD: Memoria libre

Nació en el año 1360. Durante muchos años fue el campeón de la independencia de Portugal, con el cargo de Condestable. Muerta su esposa, entró en la Orden del Carmelo, en el monasterio de Lisboa, que él mismo había fundado, en calidad de hermano, tomando el nombre de Nuño de Santa María. Sobresalió en la oración, la penitencia y la filial devoción a la Madre de Dios. Murió en el mismo monasterio en 1431.

Del Común de santos varones: para los religiosos.

Oficio de lectura

Segunda lectura

De la Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano segundo.

(Núms. 43, 44)

Consagración a Dios por los votos religiosos
Los consejos evangélicos de castidad consagrada a Dios, de pobreza y de obediencia, como fundados en las palabras y ejemplos del Señor, y recomendados por los apóstoles y padres, así como por los doctores y pastores de la Iglesia, son un don divino que la Iglesia recibió de su Señor y que con su gracia conserva siempre. La autoridad de la Iglesia, bajo la guía del Espíritu Santo, se preocupó de interpretar estos consejos, de regular su práctica e incluso de fijar normas estables de vivirlos.

Este estado, si se atiende a la constitución divina y jerárquica de la Iglesia, no es intermedio entre el de los clérigos y el de los laicos, sino que de uno y otro algunos cristianos son llamados por Dios para poseer un don particular en la vida de la Iglesia y para que contribuyan a la misión salvífica de esta, cada uno según su modo.

El cristiano, mediante los votos u otros vínculos sagrados –por su propia naturaleza semejantes a los votos–, con los cuales se obliga a la práctica de los tres susodichos consejos evangélicos, hace una total consagración de sí mismo a Dios, amado sobre todas las cosas, de manera que se ordena al servicio de Dios y a su gloria por un título nuevo y especial. Ya por el bautismo había muerto al pecado y estaba consagrado a Dios; sin embargo, para extraer de la gracia bautismal fruto más copioso, pretende, por la profesión de los consejos evangélicos, liberarse de los impedimentos que podrían apartarle del fervor de la caridad y de la perfección del culto divino y se consagra más íntimamente al servicio de Dios. La consagración será tanto más perfecta cuanto, por vínculos más firmes y estables, represente mejor a Cristo, unido con vínculo indisoluble a su Iglesia.

Así, pues, la profesión de los consejos evangélicos aparece como un símbolo que puede y debe atraer eficazmente a todos los miembros de la Iglesia a cumplir sin desfallecimiento los deberes de la vida cristiana. Y, como el pueblo de Dios no tiene aquí ciudad permanente, sino que busca la futura, el estado religioso, por librar mejor a sus seguidores de las preocupaciones terrenas, cumple también mejor, sea la función de manifestar ante todos los fieles que los bienes celestiales se hallan presentes en este mundo, sea la de testimoniar la vida nueva y eterna conquistada por la redención de Cristo, sea la de prefigurar la futura resurrección y la gloria del reino celestial. El mismo estado imita más de cerca y representa perennemente en la Iglesia el género de vida que el Hijo de Dios tomó cuando vino a este mundo para cumplir la voluntad del Padre y que propuso a los discípulos que le seguían. Finalmente, proclama de modo especial la elevación del trono de Dios sobre todo lo terreno y sus exigencias supremas; muestra también ante todos los hombres la soberana grandeza del poder de Cristo glorioso y la potencia infinita del Espíritu Santo, que obra maravillas en la Iglesia.

Por consiguiente, el estado constituido por la profesión de los consejos evangélicos, aunque no pertenece a la estructura jerárquica de la Iglesia, pertenece, sin embargo, de manera indiscutible, a su vida y santidad.

Responsorio Sant 2, 5; Sal 111, 9a

R/. ¿Acaso no eligió Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino * Que prometió a los que lo aman? (T. P. Aleluya).

V/. Reparte limosna a los pobres: su caridad dura por siempre. * Que prometió.

Laudes

Benedictus, ant. Mi porción es el Señor, el Señor es bueno para los que lo buscan (T. P. Aleluya).

Oración

Señor, Dios nuestro, que inspiraste al beato Nuño abandonar la violencia de las armas y abrazar la vida religiosa en la Orden de María; concédenos, por su intercesión, la gracia de la abnegación evangélica para entregarnos de todo corazón a tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe (T. P. Aleluya).

17 de abril

BEATO BAUTISTA SPAGNOLI, PRESBÍTERO

OCarm: Memoria obligatoria - OCD: Memoria libre

Nació en Mantua (Italia), el 17 de abril de 1447. Entró muy joven en los carmelitas de la Congregación de Mantua, en Ferrara, y allí emitió su profesión religiosa. Siendo por sexta vez vicario general de su Congregación, en 1513 fue elegido prior general de toda la Orden. Reconocido humanista e inspiradísimo poeta, fue amigo de los mayores eruditos de su tiempo y mereció ser conocido como «el Virgilio cristiano». Murió en Mantua, el 20 de marzo de 1516.

Del Común de santos varones: para los religiosos.

Oficio de lectura

Segunda lectura

Del opúsculo del beato Bautista Spagnoli, presbítero, Sobre la paciencia.

(Libro 3, cap. 32; Opera omnia, Antuerpiae, 1576, IV, ff. 170r-171r)

Tengamos esperanza por la consolación de las Escrituras
Remedio eficacísimo y admirable contra los dolores del cuerpo y la tristeza del alma sacarás de la lectura de la Escritura sagrada; y, ciertamente, a mi juicio, ningún razonamiento hallarás, aunque con sumo esmero pergeñado y adornado y brillante con la suma elocuencia, que mejor pueda consolar los espíritus abatidos y alejar las preocupaciones. Lo tengo muy experimentado. Porque en ocasiones en que me hallaba sumergido en grandes ansiedades, de las cuales fertilísimo terreno es la vida esta turbulenta de los mortales, acudí siempre a las sagradas páginas, como a inexpugnable fortaleza y puntual medicamento para el ánimo conturbado, y el alivio que allí buscaba lo hallé sin que jamás me haya defraudado en mi esperanza y en mi deseo.

Muchas veces he recapacitado para mis adentros de dónde le venga a esta Escritura tal poder persuasivo, de dónde tan eficazmente pueda influir en el ánimo de los oyentes, de dónde reciba tanta energía, que a todos impulse no solo a opinar, sino también a sólidamente crecer. Esto no se puede atribuir a la evidencia de las razones, las cuales no emplea, no a la compostura del arte o las suaves palabras las más aptas para la persuasión, pues de nada de esto se vale. Pero piensa si acaso la causa de todo esto sea la persuasión que tenemos de que esa Escritura procede de la primera Verdad. Pero, ¿quién, si no es ella misma, nos ha dado tal persuasión? Algo así como si su misma autoridad nos indujera a creerla.

Pero, insisto, ¿de dónde ha logrado tal autoridad? Porque nosotros no hemos visto a Dios predicándonos, escribiéndonos, enseñándonos; sin embargo, creemos como si lo hubiéramos visto, ni admitimos sombra de duda de que ha manado del Espíritu Santo lo que leemos. Sin duda, esta es la razón de la firmeza de nuestro asentamiento, el hecho de que en ella la verdad es más sólida, aunque no es más clara. Porque toda verdad ejerce una fuerza inclinativa; la verdad mayor, mayor fuerza, la máxima, máxima. ¿Por qué, entonces, no todos creen el Evangelio? Respondo que no todos son atraídos por Dios. Pero, ¿a qué más prolija averiguación? Creemos firmemente las Sagradas Escrituras porque admitimos interiormente su divina inspiración.

Responsorio 2 Tim 3, 16 17

R/. Toda Escritura es inspirada por Dios * Y además es útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia (T. P. Aleluya).

V/. A fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena. * Y además es útil para enseñar.
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