Literatura Argentina puca poesía romántica en la Argentina sxix






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Literatura Argentina – PUCA Poesía romántica en la Argentina SXIX

“Marcha patriótica

CORO
Sean eternos los laureles

que supimos conseguir;

coronados de gloria vivamos,

o juremos con gloria morir.
Oíd, mortales, el grito sagrado:

«¡Libertad!; ¡Libertad!; ¡Libertad!».
Oíd, el ruido de rotas cadenas;

ved en trono a la noble Igualdad.

Se levanta en la faz de la tierra

una nueva gloriosa nación,

coronada su cien de laureles

y, a sus plantas, rendido un León.

Sean eternos los laureles, etc.
De los nuevos campeones los rostros

Marte mismo parece animar;

la grandeza se anida en sus pechos,

a su marcha todo hacen temblar.

Se conmueven del Inca las tumbas

y en sus huesos revive el ardor,

lo que ve renovando a sus hijos

de la Patria el antiguo esplendor.
Sean eternos los laureles, etc.
Pero sierras y muros se sienten

retumbar con horrible fragor;

todo el país se conturba por gritos

de venganza, de guerra y furor.

En los fieros tiranos la envidia

escupió su pestífera hiel;

su estandarte sangriento levantan

provocando a la lid más cruel.
Sean eternos los laureles, etc.
¿No los veis sobre México, y Quito

arrojarse con saña tenaz?

¿Y cual lloran bañados en sangre

Potosí, Cochabamba y la Paz?

¿No los veis sobre el triste Caracas

luto y llantos y muerte esparcir?

¿No los veis devorando cual fieras

todo pueblo, que logran rendir?
Sean eternos los laureles, etc.
A vosotros se atreve, argentinos,

el orgullo del vil invasor:

vuestros campos ya pisa contando

tantas glorias hollar vencedor.

Mas los bravos, que unidos juraron

su feliz libertad sostener,

a estos tigres sedientos de sangre

fuertes pechos sabrán oponer.
Sean eternos los laureles, etc.
El valiente argentino a las armas

corre, ardiendo con brío y valor:

el clarín de la guerra, cual trueno

en los campos del Sud, resonó.

Buenos Aires se opone a la frente

de los pueblos de la ínclita Unión,

y con brazos robustos desgarran

al ibérico altivo León.
Sean eternos los laureles, etc.
San José, San Lorenzo, Suipacha,

ambas Piedras, Salta y Tucumán,

La Colonia y las mismas murallas

del tirano en la Banda Oriental,

son letreros eternos que dicen:

«Aquí el brazo argentino triunfó,

aquí el fiero opresor de la Patria

su cerviz orgullosa dobló».
Sean eternos los laureles, etc.
La victoria al guerrero argentino

con sus alas brillantes cubrió,

y azorado a su vista el tirano

con infamia a la fuga se dio;

sus banderas, sus armas se rinden

por trofeos a la libertad,

y sobre alas de gloria alza el pueblo

trono digno a su gran majestad.




Sean eternos los laureles, etc.
Desde un polo hasta el otro resuena

de la Fama el sonoro clarín,

y de América el nombre enseñando

les repite: «¡Mortales, oíd!:

Ya su trono dignísimo abrieron

las Provincias Unidas del Sud».

Y los libres del mundo responden:

«¡Al gran pueblo argentino, salud!».

Sean eternos los laureles, etc.
Mayo 14 de 1813

VICENTE LÓPEZ Y PLANES
“Cielito oriental”




El portugués con afán

dicen que viene bufando;

saldrá con la suya cuando

veña ó rey Dom Sebastián.
Cielito, cielo que sí,

cielito locos están,

ellos vienen reventando,

¿quién sabe si volverán?
Dicen que vienen erguidos

y muy llenos de confianza;

veremos en esta danza

quiénes son los divertidos.
Cielito, cielo que sí,

cielo hermoso y halagüeño,

siempre ha sido el portugués

enemigo muy pequeño.




Ellos traen facas brillantes,

espingardas muy lucidas,

bigoteras retorcidas

y burrufeiros bufantes.
Cielito, cielo que sí,

portugueses, no arriesguéis,

mirad que habéis de fugar,

y todo lo perderéis.
 Voso príncipe reyente

nao hes para conquistar,

naceu solo para falar,

mas aquí ya he differente.
Cielito, cielo que sí,

fidalgos, ya vos entiendo,

de tus pataratas teys

todito el mondo lleno.




Vosa señora Carlota

dando pábulo a su furia

quiere faceros injuria

de pensar que sois pelota.
Cielito, cielo que sí,

¿Nao' conoceis majadeiros,

que en las infelicidades

vosotros sois os primeiros?
¿Queréis perder vosa vida,

vosos fillos y muyeres,

he deyser vosos quehaceres,

he á minina querida?
Cielito, cielo que sí,

es inmutable verdad

que todo se desconcierta

faltando la humanidad.
¿Qué cosa pudo mediar

para faceros sair

y a nosas terras veir

con armas a conquistar?
Cielito, cielo que sí,

con razón ficais temendo,

ya has visto fidalgos que

poco a poco vais morrendo.
A voso príncipe reyente

enviadle pronto a decir

que todos vais á morrer

y que nao' le fica yente.
Cielito, cielo que sí,

cielito de Portugal,

voso sepulcro va a ser

sin duda á Banda Oriental.




A Deus, á Deus, faroleiros,

portugueses mentecatos,

parentes do maragatos,

insignes alcahueteiros.
Cielito, cielo que sí,

el Oriental va con bolas,

mirad portugueses que hay

otro don Pedro Sebolas.

BARTOLOMÉ HIDALGO
“La preocupación”



¡Oh, preocupación!, tu nombre solo

es una plaga a la afligida tierra,

más terrible mil veces,

y más asoladora que la guerra.

La impostura es tu madre: nuevas creces

la sencillez te da, y en el instante

el poder te fomenta,

y sus aspiraciones alimenta.

En todo tiempo tu ominosa sombra,

bajo distinto velo,

ha cubierto de crímenes el suelo,

y tú les diste de virtud, el nombre.

En todo tiempo el hombre

supersticioso, débil, engañado,

oráculos falaces ha escuchado

que la mentira por verdad vendieron,

y en su interés al mundo le dijeron:

oye, cree, y enmudece;

el cielo te lo manda y obedece.

Ciego, ciego el mortal obedecía:

y contra el mismo corazón luchando,

y contra su conciencia batallando,

corazón y conciencia sujetaba

a la voz que le hablaba

en nombre de los cielos,

y en nombre de los cielos le mentía.




Viérase entonces, al rayar el día,

engañado el egipcio,

postrarse con sacrílego respeto

ante el primer objeto

que presentó a su paso

la fatalidad ciega del acaso.

Viérasele después correr al Nilo

con afán presuroso,

y al feroz cocodrilo

tributarle humildoso

la adoración debida

al ser que diera al universo vida.

Viérase como en Áulida Ifigenia,

al mandato de Calcas,

fue del beso materno arrebatada,

y en aras homicidas

con horrenda piedad sacrificada,

consintiéndolo Atridas;

y el ejército iluso, y tantos reyes,

al sacerdote infame obedeciendo,

y el fuego de las aras encendiendo,

se imaginaban dioses

como Calcas tiranos y feroces.

¡Oh, preocupación, siempre funesta!

Pero funesta más, cuando en el cielo

apoyas los errores

que al miserable suelo

con sombra de piedad cubren de horrores.

¡Religión!, ¡religión!, tu nombre santo

doquiera se profana;

y en vano la deidad manifestarse

bondadosa ha querido

a la menguada inteligencia humana.

Los mismos que escucharla han pretendido,

entre tiniebla densa

y entre negra impostura

han logrado ocultar su lumbre pura.

La religión es hoy el instrumento,

como siempre lo ha sido,

de la astucia, la intriga; y confundido

el resplandor de la verdad divina,

todo el orbe camina

en ciega oscuridad, lo mismo ahora

que en los siglos de atrás; y el pueblo ignora

lo que saber debiera

si, al gritar ¡Religión!, no se mintiera.

Hay impostores, que a los pueblos llevan

por la senda torcida

que se abrió el interés de los llamados

intérpretes del cielo;

y, por siempre ocupados

en condensar el velo

de la superstición y la ignorancia,

nos engañan con pérfida arrogancia.

Tal vez no en vano por el ancho mundo,

del Sud al Septentrión, y del Oriente

hasta el remoto ocaso,

el aire hiende, y por el mar profundo

atraviesa una voz, en dulces tonos

gritando ¡Libertad! y estremeciendo

desde el cimiento los soberbios tronos.

Al trozarse doquier los eslabones

del crudo despotismo,

se trozará tal vez esa cadena

con que ató a la razón el fanatismo.

Éste teme la luz, que ya se acerca;

y, al sentirla llegar los impostores,

entre el temor horrible que los cerca

redoblan sus engaños y furores.

¡Pueblos!, no los oigáis. El cielo mismo

no los oyó jamás. Ellos violaron

de la razón los fueros,

al cielo y a los hombres insultaron,

y su interés es siempre embruteceros.

JUAN CRUZ VARELA
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