Historia de una territorialidad nacida intercultural, macerada en el dspojo y abierta en los umbrales del siglo XXI al desafìo de la integraciòN






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Centro de Saberes y Cuidados Socioambientales de la Cuenca del Plata

23 de febrero de 2011

Ciudad del Este. Paraguay.



BICENTENARIO DE LA REPÙBLICA DEL PARAGUAY:

HISTORIA DE UNA TERRITORIALIDAD NACIDA INTERCULTURAL, MACERADA EN EL DSPOJO Y ABIERTA EN LOS UMBRALES DEL SIGLO XXI AL DESAFÌO DE LA INTEGRACIÒN

Prof. Carlos Galano

Docente UNR.

Escuela de Educación y Formación Ambiental Chico Mendes. Rosario.

Centro de Consejeros. Centro de Saberes y Cuidados Socioambientales de la Cuenca del Plata

Venimos a tierras paraguayas con el corazón palpitante y el alma dispuesta a conmemorar el año del BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA, de esta Patria Hermana, proceso independentista que arreboló con turgencias referenciales la emancipación de estas tierras de la Cuenca del Plata, Comarca del Agua, para la voz de todos los tiempos.

El colonialismo europeo crujía con estrépito silencioso amplificado, hacia fines del siglo XVIII. Al compás desaforado de la Revolución Francesa y de las mutilaciones que el iluminismo, en su propio nacimiento, dejaba vislumbrar, alumbrando oscuramente un futuro sin salida, aunque percibido con claridad desde los oscuros socavones del alma latinoamericana “colonizada por lo colonialidad del Poder, de la Colonialidad del Saber, y de la colonialidad del Ser”.

Las colonias americanas de España mostraban, por esa época, el cansancio del hartazgo y el hastío hacia el coloniaje corrupto, al punto de que en el fondo del ser desolado, se tornaba intolerable la sumisión y el desenfreno explotador.
La estructura colonial del colonizador, hispano cristiano, se agrieta ante la exigencia de la historia y la perentoriedad de los tiempos, de modo tal que el Poder ideológico de la superioridad europea, tanto tiempo pisoteando sin piedad a la subjetividad del otro de Abya Yala, comienza a ser cuestionado desde sus cimientos, en principio sólo en solitarios recintos herméticos, cuyas voces se amplificaban, aunque la oposición al colonizador comenzó en el preciso momento en que arribado a estas costas, impuso a golpe de genocidio cultural y de ecocidio la cultura euro céntrica, en un inédito proceso histórico, hasta ese momento de de la historia de una magnitud inimaginada. Convierte a decenas de millones de seres en refugiados de sí mismos, en desvestidos culturales, en desnudos sociales, marcados con los grafos de habitantes de un gueto infinito, ni Auschuitz o el Gulag podrán recordar de estos “arrojados-expulsados” a la nada.
Comienza a surcar por las aguas de la región de las aguas sin fin, el velamen imaginario de un viaje en la que el ser, tutelado y protegido por el manto descarnado de la explotación, revestida con ajuares religiosos y de brutalidad laboral, no pudo realizar otro viaje que el de la desnudez imperecedera de su tragedia, comenzada en su minoría de edad, hasta siempre, siempre considerados menores de edad, impedidos sin remedios de ejercer su derecho de SER. Recordemos que el comienzo de la conquista transcurrió en medio de de un debate, apoltronado en tierras eclesiásticas del Vaticano para definir si los habitantes de estas tierras recién reconocidas por la Europa Occidental del Renacimiento y Humanismo, poseían o no condición humana y por lo tanto, si eran poseedores de un alma. Luego, más tarde triunfa la tesis de que los desnudos estaban vestidos con un alma, pero al expresar una condición de sujetos en estados de niñez eterna, necesitarían la imprescriptible tutela del colonizador, sea hacendado, minero o misionero, como único medio para arribar a las tierras celestiales.
Y es en ese lenguaje inaugural de la conquista cuando se escribe la literatura de la dominación sin fin, la palabra inferioridad, se convierte en la morada del ser sudamericano. El sentimiento de inferioridad cala hondo en el alma del Ser, especialmente en las élites gobernantes, al punto tal de que en Argentina, en pleno proceso organizativo, ya en la segunda mitad del siglo XIX, muchos claman para que los anglosajones sustituyan a los criollos. Ese mismo sentido de Superioridad del Otro, inferioridad del nosotros, mecido en los argumentos inaugurales de nuestra externa definición, guía, luego, lo que será civilización y barbarie, progreso y atraso, desarrollo subdesarrollo. Y aún en la propia construcción de la Educación Ambiental, para nosotros latinoamericana, no es tal para los colonizados, si esa educación ambiental no se alimenta de la autoridad de los otros, agencias internacionales y españoles en particular.

La historia de la Modernidad, proceso que involucra toda la etapa colonial y los siglos independientes, ha sojuzgado las señales de la diferencia y escrito la verdad absoluta modernista, con un lenguaje herético y engañoso. Su configuración que desfiguró al ser, subyace en distintos vericuetos de los últimos cinco siglos, coincide con la formación del pensamiento científico de la ciencia clásica, con las corrientes empiristas, idealistas y materialistas, con el positivismo, neopositivismo, positivismo lógico y con las lógicas desde la aristotélica hasta la hipotética deductiva, y con las cartografías sustanciales que en las esferas políticas, sociales y económicas le otorgara el follaje protector de la desbordada pretensión iluminista-moderna, proceso cuya plasma interior se constituye con esta biblia de la segregación, pues son las mismas ciencias que segregan a todos los otros saberes, que se extraterritorializan como atrasados, primitivos, salvajes, es decir serán las ciencias clásicas, mecanicistas, reduccionistas, entròpicas autoras del más grande epistemicidio perpetrado jamás en el proceso de hominización.

El largo imperio del desconocimiento impuesto por la Modernidad Insustentable, de ese “Mundo así llamado Moderno, lleno de cosas que sobrellevamos como residuos y en el cual no cuenta la participación de nuestra vida” (Kusch), las posiciones cartesianas, galileanas y kantianas condujeron irremediablemente a levantar el frente tormentoso de la Crisis Ambiental, visible desde hace cuarenta años, agitándose sin retorno, por tantos desatinos simplificadores, codificados con ensañamiento por la lógica del fragmento, corpúsculo vacío de vida que se convirtió en la metáfora territorial impuesta por los imperios luso hispánico en la desespacializada Sudamérica.
Si hay un tiempo de surgimiento-visibilidad de la cuestión ambiental será el año 1972. Año en que se celebra el Encuentro de Estocolmo sobre Medio Ambiente Humano, año de la presentación del documento del Club de Roma, conocido como Los Límites del Conocimiento, y año de la publicación de un documento dado a conocer por un estadista latinoamericano desde el exilio, Juan Domingo Perón, sobre el tema ambiental, conocido como Carta a Pueblos.



En los inicios de la Modernidad un Tajo, herida vertical sangrante, anticipación de la espacialidad euclideana y la mate matización galileana, sobre la Complejidad Eco sistémica, bendecido por la autoridad papal, rompe el mundo y da origen a la cartografía del pillaje y el genocidio.

Los fastos del Bicentenario generan, aquí en Paraguay, como antes lo hicieran en Argentina, un clima propicio para repensar el pasado y reimaginar el futuro. La evocación de la Revolución independentista, expresada en la Metáfora Poderosa de la República del Paraguay implica afirmar los vientos imparables de la independencia. Desde el corazón geopolítico de la Comarca del Agua, el Paraguay conmovió la siesta depredadora de la colonialidad española con el Grito Incomparable de los Comuneros, primero, esa conmoción con emoción, se expandió con afanosa esperanza. El sueño atribulado del Paraguay Comunero germinaría irremisiblemente en la palabra Revolución, Libertad e Independencia, aunque en un principio fue sepultada por el silencio y la sal.



En 1776, el rey de España, divide nuevamente el territorio de sus dominios, creando el Virreinato del Río de la Plata, integrando diversas regiones con sentido economicista y militarista. División territorial hemorrágica de la Cuenca del Plata, los ríos, como en la época de la conquista no eran ríos, sino cursos rápidos, para acelerar los transportes y el flujo de las riquezas de estas comarcas. Salían riquezas por las aguas, y también por las aguas turbias, ingresaban los esclavos negros, en los espantosos negocios negreros que desde Buenos Aires era manejado por el Obispado de la ciudad y desde Córdoba, también con la injerencia del Obispo del lugar eran reorientados hacia Chile y el Noroeste. Ya los ríos de la Cuenca del Plata se habían convertido en No Lugares, antes que, en el siglo XX, el sociólogo francés acuñara ese término. 1776 también fue el año de la Independencia de las colonias inglesas de Emperica del Norte y, en Europa, la crisis infinita anunciaba la
Más allá de cualquier interpretación, pareciera que desde el fondo desfondado de la historia colonizada por la colonialidad del Poder y del Saber, el Ser, decidió, por identificación con la vida decir ¡Basta! Un BASTA que superando los miedos de los indecisos y colonizados, siempre de las élites prostituidas e indoloramente conquistada por el poder de los mismos, era un BASTA rupturista, Claro que embrionario. Cómo todas las cosas que nacen, nunca antes de hacerlo son otra cosa que un embrión. Y así por los remezones que fueren y ocurrieran había llegado la hora de romper con la colonialidad del poder. Había llegado la hora de poner en marcha con anticipación asunceña, las ideas de Simón Rodríguez, el Maestro de Simón Bolívar quien, en Sociedades Americanas en 1828, recomienda: “…la América española es original y originales han de ser sus instituciones y gobierno, y originales sus medios de fundar ambos. O inventamos o erramos”.

La etapa colonial, trasegada en siglos de fundaciones de ciudades, gobernaciones, virreinatos, que asentó su proyecto productivo en explotación minera, con el formato productivo, entre otros, de la Hacienda levantada sobre el Latifundio y una organización socioproductiva institucionalizada en la encomienda, la mita, el yanaconazgo, la esclavitud negra, sumados todos a la actividad del comercio monopólico, y una función sobredeterminadora de la Iglesia, más un poder político absoluto ejercido de modo burocrático y piramidal, toda una argamasa explotadora que comienza a ser socavada lenta pero implacablemente, por múltiples vertientes socio históricas, generando paulatinamente un rosario de convulsiones, desparramada sobre la piel sin rumbos de Latinoamérica. Recordemos los levantamientos en los pueblos originales, el alzamiento de los Comuneros.
Luego de Mayo de 1810, el grito de libertad nacido desde los muros del Cabildo de Buenos Aires, fue perdiendo ímpetu, y los espíritus independentistas se extraviaron en las sendas del exilio o en las fauces de la muerte anunciada. El poder conservador de Buenos Aires, aspiraba a recomponer el rompecabezas pre colonial con lenguajes de jerarquía y subordinación.

Y en esa coyuntura, agrietada y amarga de los tiempos inaugurales, desde Asunción tronó, no sin destemplanzas y voces convocando a la prudencia, el grito iluminado de Independencia. Y vinieron los avatares y desavenencias, Se hizo presente en los gestos, las palabras y los rumores cortesanos, el miedo de los miedosos culturales, cuyo espíritu resuma como siempre el vómito asqueroso del estómago del dominador.

Por los entresijos de los revueltos palaciegos y el rechinar de los intereses económicos influenciados por los porteños implacables y los lugareños miedosos, aparece aquel, que en la pluma de Roa Bastos dice que, “ante aquellos se negaron a aceptar que toda Revolución es un cambio de bienes. De Leyes. Cambio a fondo de toda la sociedad. No mera lechada de cal sobre el desconchado sepulcro. Procedí a proceder”.

“Redacté leyes iguales para el pobre, para el rico. Lo hice contemplar sin contemplaciones. Para establecer leyes justas suspendí leyes injustas. Para crear el Derecho suspendí los derechos que en tres siglos han funcionado invariablemente torcidos en estas colonias... Liquidé la impropiedad de la propiedad individual, tornándola en propiedad colectiva, que es lo propio. Acabé con la injusta dominación y explotación de los criollos sobre los naturales, cosa lo más natural del mundo, puesto que ellos como tales tenían derecho de primogenitura…. Comenzó la restauración y a los brillos de la patria le agregué el brillo de la cal de la Patria”. Clamó Gaspar Rodríguez de Francia

El Dr. Francia pone en marcha una territorialidad que teritorializa incluyendo a los excluidos. Escribe los grafos de una geografía donde el suelo se convierte en arraigo, piensa como pensó Artigas, que se exiliara en esa tierra, que los desposeídos sólo serían si arraigaban su raíces en los suelos ambientalizados de la tierra hospitalaria donde el ser pudiera ser sujeto, comida, aroma, productor. Expropió a los latifundistas improductivos sean hacendados y propiedades eclesiásticas y se las entregó a los desposeídos campesinos criollos u originales. La geografía se revistió de diversidad y exploró los caminos de la justicia espacial y la soberanía alimentaria.
Supo entonces del encono irreconciliable del Poder porteño de la Provincia Unidas. Fue combatido con ejércitos que hollaron su territorio. El jefe de esa guerra injustificada fue Manuel Belgrano. El Belgrano que luego fuera abandonado hasta la soledad más espantosa por el porteño poder político. Inclusive luego de las hostilidades que no pudieron con el Paraguay en armas, el gobierno porteño de las Provincias Unidas envían embajadores, para terminar con la maniobra que produjera el retorno del Paraguay a las Comarcas vacías del las Provincia Unidas. Y fueron los embajadores hasta Asunción.

En el silencio infinito del calor que todo lo abruma, en el desvarío del pensamiento que no se arredra ante la amenaza de los mazazos, le pone límites al poder porteño. Sin embargo el Dr. Francia en un gesto que revela la grandeza de lo humano, que profesara una entrañable actitud respetuosa hacia Belgrano y un desprecio interminable hacia los porteños Iluminados, recibe al creador de la Bandera argentina y deja plantado en la plaza frente a la casa de gobierno al Dr. Echavarrìa el otro enviado por el poder porteño, derritiéndose en la resolana. Sabía con anticipación quienes representaban la voluntad profunda de los pueblos y quiénes eran los mercaderes indignos del poder de allende los mares. Para nosotros, los argentinos de estos tiempos esta es una página de la historia que en estos tiempos tiene una escritura actualizada. Aún esta foto tiene la contundencia iluminada por Rodolfo Kusch, cuando habla de la cultura creada por el colonizador de antaño y de hogaño, agregamos nosotros, y dice, ya hace décadas, la Cultura Occidental, impuesta por el poder miedoso de los grupos dominantes autóctonos, “era una cultura, la cultura de Abya Yala, que coagulada en los germinales Emancipatorios es ante todo un modo: el modo de sacrificarse por América. ¿Y que saldrá de esto? No lo sabemos. Pero será una cultura de los sujetos y no de los yertos pensares que transmiten los medios de expresión concentrados afín con el pensamiento miedoso de los grupos dominantes”


Luego, se sucedieron años de enfrentamientos y desgarramientos entre americanos/as. También se puso en marcha la gesta sanmartiniana que afirmó la independencia de esta región, libertando a Chile y a Perú, minando de esta forma, las bases del poder imperial español. Situación que se consolidó a partir del establecimiento de un acuerdo con Simón Bolívar, estratega y político incomparable, que avanzaba desde el norte con su gesta emancipadora, proponiéndose terminar con el poder colonial que subsumía a esta región, imaginando un paisaje político territorial consagrado por las grafías de una cartografía latinoamericana, por una regionalidad nacida en las entrañas del ser diverso de la región y organizada por la ideas inventadas por la imaginación en acción y el futuro como vuelo emancipatorio inacabable.

Siguiendo con los grandes trazos epocales, de los primeros años independentistas deseamos resaltar a quien, para nosotros es el padre de la geografía latinoamericana, grafiada en las metáforas de la diversidad, la interculturalidad y el diálogo de saberes, y que se erige en uno de los primeros oasis para la construcción del Pensamiento Ambiental Latinoamericano. Nos referimos a José Gervasio Artigas, caudillo de la Banda Oriental. Su proyecto de los Pueblos Libres, que en ese entonces involucraba a la región litoral de la actual Argentina, se fundaba en una territorialidad de coexistencias entre las diversas etnias y sus expresiones culturales. Sus cartas dirigidas al poder central y a algunos gobernadores litoraleños son de una riqueza inagotable. Por otra parte, la conformación de un proyecto que territorializa la diferencia, abierto al diálogo intercultural que se proponía como un verdadero proceso revolucionario, en la misma línea del que poco después planteó Simón Rodríguez, el maestro de Simón Bolívar.
Gaspar Rodríguez de Francia alteró sustancialmente el reordenamiento territorial que Gran Bretaña megaordenaba a los recién emancipados, y que con tanta pulcritud geográfica, política, económica y cultural se cumplía en las geografías rioplatenses. El Dr. Francia ya había demostrado cuando joven estudió en la Universidad de Córdoba un indomable espíritu transgresor, siempre dispuesto a no aceptar los dogmas consabidos y explorar otras rutas del conocimiento. Por esto fue varias veces sancionado. Recuperamos esta voluntad de abismarse a lo nuevo, tal como lo plantea el Pensamiento Ambiental Latinoamericano, en estos tiempos de Crisis Ambiental. También rescatamos el gesto de bella humanidad, cuando en las fronteras de su patria, recibe a un delegado de Pancho Ramírez, exigiéndole que le entregue al Artigas exiliado en tierras asunceñas. Francia responde categórico al mensajero del traidor que se retire, comunicando a sus tropas, que si las huestes de Ramírez, el Supremo, y el mismo, ponían un pie en Paraguay se les fusilara inmediatamente. Pocas veces en esta América de truhanes y rufianes se ha visto una ética del respeto por la fundadores de la emancipación como la ética franciana.


>Guerra de la Triple Alianza, la Gran Guerra, en la cual Brasil, Uruguay y Argentina, la mitrista, al servicio de la estrategia mundializada británica, lleva a cabo el genocidio contra el Paraguay de los Mariscales López, constructores de un Modelo de País, cuya territorialidad endógena emancipadora, había hecho nacer, desde la desnudez impuesta por el imperio, un país vestido con los ropajes de la independencia
Los gobiernos posteriores de los Mariscales López, padre e hijo, redefinen la territorialidad y la cultura, desde los magmas propiciatorios fecundados por la geología futurista del Dr. Francia, y promueven una original construcción de Poder, territorialidad y desarrollo, inédito e inimaginable en las tierras emancipadas, salvo, en aquella mente ya lejana, de ese muerto solitario, inclaudicable libertador sin concesiones que fuera Bolívar.
El Estado Guaraní era un Estado Modelo en América. Analfabetismo cero y un Capitalismo Estatal que generaba resquemores en Inglaterra pues no podía llegar con sus mercancías. Por cincuenta años se ha mantenido ajeno a las guerras que sacuden al cono sur del continente y se dedicó a labrar su futuro. Resistió las presiones de Bolívar, de pancho Ramírez, Brasil y Rosas. Escuchemos al entonces anti-paraguayo Juan B Alberdi en su famoso libro Bases: “Claro que Paraguay tiene analfabetismo cero! Pero ni el paraguayo más culto le llega a los talones al obrero británico que no sabe escribir la letra O. Necesitamos poblar América de ese pueblo trabajador que dote a los países de América del desarrollo necesario que nos saque de la barbarie. Yo se que en Europa, Rosas es más famoso que Washington o que Bolívar. Pero eso no nos hace mejores…”














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El cauce paraguayo adviene en soberanía territorial y termina siendo inaceptable para el poder imperial mundial. Su desarrollo económico, el desarrollo ferroviario y la expansión del cultivo algodonero, la imposibilidad de poseer tierras por parte de los extranjeros, la universalización de la educación, el aumento del comercio internacional y la carencia de deuda externa, hacían inaceptable este paradigma emancipatorio por el Poder imperial. Quién en un acto de travestismo titiritero, conjuga en una Triple Alianza a Brasil, Uruguay y Argentina, para que se hiciera dramaturgia impiadosa la palabra Genocidio. Y el triunfo de la Modernidad Insustentable, legitimada en el horno de la ciencia mecanicista y el espejismo de su lógica positivista, pomposamente llamada Progreso, consumó, con la sangre derramada de una nación entera, la depredación de la diferencia y la sangría de nuestras riquezas.


La Guerra de la Triple Alianza fue impopular en Argentina. Entre otros factores, aunque no el único, debe explicitarse que se mantuvo su supuesta justicia desde la Prensa. Especialmente desde el Diario La Nación, fundado y dirigido por Bartolomé Mitre. El mismo diario, asociado al Grupo Clarín que hoy defienden la expansión del Latifundio Genético, que además de crecer mediante el uso de agro tóxico exterminadores de la biodiversidad, se sustenta, como se difunde por estos días por todos los rumbos, excepto en esos medios, en la esclavitud y la reducción a servidumbre de personas y que mediante maniobras dolosas y delictivas se apropiaron de la producción de papel para diarios en Argentina, usurpando Papel Prensa. Desde sus fuentes informativas y editoriales en la actualidad defienden los mismos intereses que aniquilaron Paraguay, cometieron el genocidio más escandaloso de la época independiente del Cono Sur y favorecieron la formación del latifundio, como modo de explotación agraria y la constitución de un poder conservador, globalizador y antipopular.
Como para muestra sólo hace falta un botón mencionamos estos hechos recientes, ocurridos por estas mismas horas, siendo presidenta de la Nación la Dra., Cristina Fernández y presidente del Paraguay Don Fernando Lugo:

“En 2007, cuando Cristina Fernández era primera dama, elogió en un discurso público a
Francisco Solano López, calificando a la Triple Alianza como una triple traición a los intereses de Latinoamérica frente a los imperialismos. A ello se sumó el 14 de septiembre de 2007 la imposición del nombre Mariscal Francisco Solano López a una unidad militar del Ejército Argentino, el Grupo de Artillería Blindado 2, con asiento en Rosario del Tala, Entre Ríos.[123]

Frente a esto, el diario La Nación respondió con una editorial, firmada por su director, tataranieto del general Bartolomé Mitre, fundador del mismo diario, en que comparaba a Solano López con Adolfo Hitler. Este editorial provocó una respuesta enérgica en la intelectualidad paraguaya y también entre intelectuales de izquierda en general.[124] [125] [126]

Al respecto, la presidenta Cristina Fernández expresó:[127]

«Algún medio de comunicación, fundado tal vez por uno de los que encabezó aquella triple traición, me criticó duramente. No importa, la verdad histórica no puede taparse con editoriales. Está escrita, desgraciadamente a sangre y fuego en el corazón del pueblo paraguayo».

Es necesario recordar que cuando se produjo el alzamiento de los patrones del campo en Argentina, resistiendo la aplicación de la disposición 125 que aplicaba retenciones a las exportaciones agrarias, especialmente de soja transgénica, los sectores alzados conformaron un bloque cuyo corazón tenía los mismos latidos que el de aquel bloque que hundió a Paraguay en la desolación y la destrucción.

En tiempos de la evocación del centenario de la Independencia Paraguaya, la gesta casi pasa inadvertida, pues la inmisericorde consecuencia de la Gran Guerra, todavía manifestaba la dramaturgia de la barbarie interminable, escenificada en conflictos políticos espasmódicos de inestabilidad y sinsentido. En todo caso, como lo escribió un poeta, por aquel 1911, el Paraguay estaba replegado sobre su canto. Sobre su canto y sobre la heroicidad de un pueblo que sublimó su pulsión de vida y anhelo de futuro en el coraje infinito de sus mujeres guaraníes, criollas, mujeres de temple fraguado en el sentido de la vida y en el cuenco inacabable del amor.

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Kant define a la naturaleza como un orden que debe estar en la esfera del dominio humano, pues es una materialidad cosificada inanimada. Y abre ese mundo cerrado para que el hombre racional actúe según los dictados de la ciencia y la tecnología, monitoreados por el Individualismo y la Propiedad Privada. De ese modo la naturaleza y el cuerpo quedan sometidos a las leyes de la causalidad. El dominio de la Razón consiste en generar un proyecto de explotación sobre la naturaleza, considerada infinita, según la investigación científica y la aplicación tecnológica, según las leyes de mercado.
Pero quedaba la reflexión filosófica de la libertad. Y es aquí donde Kant, en la Razón Práctica, define que la libertad nada tiene que ver con la naturaleza, que es un principio absolutamente diferente, pues se afirma que su ser es la existencia del alma inmortal y la existencia de dios. Y aquí, en esta esfera se piensa la libertad del hombre, la ética y la política. Dos mundos, el mundo de la naturaleza y en el otro borde, lejano e imposible de acceder, el reino del espíritu.

Según esta visión dominante hasta ahora, el hombre tiene la libertad para actuar con rigor científico sobre el reino de la naturaleza, en esta esfera no actúan ni la libertad ni la ética, pues la naturaleza no es sujeto de derecho, según el Derecho Positivo, que tiene sus aposentos en el diálogo con la trascendencia. Ahí está la esquizofrenia cultural de Occidente. Ahí está, en sus gérmenes más explícitos uno de los afluentes, cada vez más contaminados, que habrán de desatar el vendaval de la Crisis Ambiental. Ese ha sido el derrotero sin desvío de quienes integraron LA TRIPLE ALIANZA.

La impiadosa vulneración de los derechos humanos en Paraguay, abrió las compuertas para que en el país de los argentinos, se aplicara la misma metodología. Para que la imagen de integración y cohesión imaginada por el poder después de la Batalla de Pavón, decidiera integrar al territorio de los argentinos con aquellos espacios vacíos, incivilizados y en manos de la “indiada”. Sabemos que, en ese contexto, tuvo lugar la mal llamada “Conquista del Desierto”, para integrar a la Patagonia y la Campaña al Chaco, para anexar la Región del Nordeste.

Esa estrategia basada en el exterminio y la dominación consolidó el sustrato del poder en el país. De ese modo, una concepción de la tierra, conjugada en los más cerriles lenguajes del latifundio, cuyas metáforas tienen la carga de una concepción económica totalitaria y omnívora del mundo, cosificadora de la naturaleza que construyó destruyéndolo todo, abrió las compuertas para la alteración de los equilibrios socionaturales hasta la actualidad. Profundamente devastador de las biodiversidades naturales y culturales, ese proceso “argentino” constituye la inequívoca representación del Paradigma Mecanicista que adquiere dimensión de mito en el mismo momento en que, desde diversos horizontes científicos y del pensamiento, tiene lugar la formulación de la segunda ley de la termodinámica: la ley de la Entropía, que desmonta todo el andamiaje construido hasta entonces, particularmente en los terrenos de las Ciencias Económicas, en la segunda mitad del siglo XIX.

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Fontana, un expedicionario de la región chaqueña, alrededor de 1880, relata que vio como los últimos Payaguás, pueblo originario del Chaco, canoeros de los grandes ríos Paraguay y Uruguay, vivían las vísperas de la extinción. Este pueblo vivía, dormía y amaba sobre el agua. Fontana pudo observar a los últimos diecisiete miembros de la tribu. La lengua Payaguás resultaba la más difícil del mundo, quizás por estar hecha de palabras pronunciadas bajo el agua. Después de infinitas derrotas fluviales, se los ve invadidos de una profunda tristeza, la de la desaparición, callados, el cuerpo inmóvil, preocupados por acontecimientos remotos que les causan pena, todavía tienen movimiento en armonía con la gravedad. Son los últimos. Hace años que no pelean para no perder a ninguno de los suyos. En el grupo quedan cinco niños que parecen viejitos. No juegan. Se está velando a un adulto y los llantos se arrastran noches y días. Parece no el entierro de un hombre sino de una nación entera, dice el naturalista, la extinción de una especie. Porque la curva de la fertilidad en los sexos ha descendido dramáticamente con la angustia. Es difícil nacer. Parece el entierro de un mundo, y el naturalista se despide para siempre de esa cultura, anotando, sin ánimo, algunas palabras acuáticas en su libreta. Apenas un gesto.
Un gesto ignorado por el poder epocal y silenciado por los medios de comunicación más poderosos del país, como La Nación. El metabolismo de los medios hegemónicos siempre, en esta cuenca del plata, siempre se nutrieron de la ontología de la trivialidad, máscara que el poder imperial le pone a sus amanuenses nacionales, para que vean solamente la ignorancia que tienen sobre la diversidad, la territorialidad y la complejidad ambiental. No sólo no ven a la naturaleza como plenitud de vida, sino como mera canasta de recursos, mediada por la tecnología y la propiedad privada, sino que tampoco saben que un “hombre no es sólo un cuerpo, sino también su manera de comer, su forma de pensar, sus costumbres, su religión, o incluso su falta de religión”. (Kusch)
En ese gesto subyace un legado impostergable, la herencia de esos lenguajes del agua debe ser recuperada, reconstruida, para que nosotros en tiempos de Crisis Ambiental podamos pensar y pensarnos en/con/sobre/desde la conmemoración del Bicentenario. Es un proceso pedagógico el que nos interpela. Desde esta pedagogía habrá que ponerle nombres a los silencios antropológicos. Las voces acalladas serán audibles si se deconstruye el decorado conceptual que las silenció y tornó invisible su existencia. Nuestras nuevas voces tendrán el aliento de la voz cultural de todos los manantiales latinoamericanos para confirmar el Pensamiento Ambiental que estamos gestando. Ese gesto se inscribe en nuestro propio gesto. Ese gesto incolmable será el que nos atraiga para imaginar desde el Bicentenario las tierras de la emancipación.

Ya nos encontramos en los escenarios del Bicentenario del Paraguay. Y de este momento de la vida del Paraguay que nos colma de una esperanza con arraigo del ser en los tiempos de la emancipación. Así como el siglo XX dejaron huellas profundas e imborrables en la piel de la tierra y en el alma nuestros pueblos. Ha sido el siglo más violento y desolador de todos los tiempos. Las guerras de exterminio generalizado e inhumano, Hiroshima, la invasión de países y la destrucción pensada y planificada hasta el hartazgo al calor de Doctrinas como la de la Seguridad Nacional y el control ejercido por los dueños del poder a través de organismos internacionales como la OMC, son ejemplos de los azotes de estos tiempos.

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El Bicentenario de la República del Paraguay y su presente de honda raíz latinoamericana nos aumenta el sentimiento desbordado por el pensamiento ambiental latinoamericano. Y desde esta tierra de héroes admirados, de esta tierra, en la que hace poco visité el Panteón de los Héroes en Asunción, y el corazón se estremeció de un sentimiento que lo imaginado, extraviado en las rutas de la búsquedas, recordó en ese recinto sacro el legado que nos dejara Simón Rodríguez, maestro de Simón Bolívar, “O INVENTAMOS O ERRAMOS”. Este, nuestro pensamiento ambiental latinoamericano, emerge desde los escombros del mundo economizado, paisaje erosionado por las agujas del corto plazo productivista, desnuda el alfabeto matematizado del cientificismo tecnologizado, y va re - imaginando al mundo desde otras estrategias del poder y desde una nueva geopolítica del conocimiento.

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Embebidos de la construcción del Pensamiento Ambiental Latinoamericano y como lo postularon sus más reconocidos pensadores, algunos presentes aquí, decimos que, en el contexto de esta geopolítica, se hace imperioso repensar los procesos productivos y de consumo, así como la investigación y la educación. En este sentido, la racionalidad ambiental y el saber ambiental ofrecen un paradigma sustentable, al tiempo que incorpora nuevos valores éticos al debate político que trasciende el simple cálculo económico y la elección racional de opciones en una toma de decisiones hacia la sustentabilidad regida por el cálculo económico e informado por la ecología. Donde prospere el diálogo de Racionalidades, que pueda romper el corset arrasador de la Racionalidad Instrumental, repensando la Educación desde las semánticas del Saber Ambiental, impulsado por la Ética de la sustentabilidad, frente a los festejos del Bicentenario de nuestra Independencia, proponemos reflexionar colectivamente sobre estas ideas:

  • asegurar la Justicia Ambiental;

  • promover alternativas económicas que contribuyan en el desarrollo de nuestros mundos de vida ambientalmente seguros;

  • garantizar nuestra libertad política, económica y cultural, negada por quinientos años de colonización y opresión, que promovieron el envenenamiento de nuestras tierras y comunidades y el genocidio de nuestros pueblos,

Inspirados en procesos que se están dando en la región, especialmente en Bolivia, también aquí en estas habitaciones del ser paraguayo, en lo lares argentinos, por las tierras charrúas y en la voluptuosidad del alma brasileña, quiero afirmar:

1-La Justicia Ambiental afirma la sacralidad de la tierra, su unidad ecológica, e interdependencia de todas las especies que, además, gozan del derecho imprescriptible a no ser objeto de destrucción ecológica;

2- La Justicia Ambiental exige que las políticas públicas se basen en el respeto mutuo y en la justicia para todos los pueblos sin exclusión, libres de toda forma de discriminación y preconceptos;

3- La Justicia Ambiental proclama el derecho al uso responsable, ético y equilibrado del suelo y de los bienes renovables en aras de un planeta sustentable para los humanos y para todas las formas de vida;

4- La Justicia Ambiental clama por la protección universal contra los ensayos nucleares, contra la producción y derrame de venenos, desechos tóxicos y peligrosos, que amenazan el derecho fundamental a gozar de aire, suelo, agua y alimentos sanos y limpios;

5- La Justicia Ambiental afirma el derecho fundamental de todos los pueblos subyugados a la autodeterminación política, económica, cultural y ambiental;

6- La Justicia Ambiental exige el cese de la producción de materiales tóxicos, peligrosos y radioactivos, y que sus productores, antiguos y actuales, sean severamente responsabilizados ante el pueblo y obligados a desinfectar y descontaminar todos los ámbitos de producción, industriales y rurales;

7- La Justicia Ambiental exige el derecho irrestricto para ejercer la participación igualitaria en cualquier nivel del proceso de decisiones, incluyendo en esta exigencia la definición de las necesidades, y sobre el planeamiento, ejecución y evaluación de los proyectos de desarrollo;

8- La Justicia Ambiental afirma el derecho de todos los trabajadores y trabajadoras a tener un ambiente laboral seguro y saludable, sin que sean forzados o amenazados a escoger entre una vida insegura y el desempleo. También afirma el derecho de todos y todas que trabajan en su propia morada a estar libres de riesgos ambientales;

9- La Justicia Ambiental protege los derechos de todas las víctimas de injusticia ambiental, exige la obligación de compensarles con indemnizaciones justas por los daños generados y, también, el derecho a obtener un tratamiento médico de calidad y gratuito;

10- La Justicia Ambiental considera actos de injusticia ambiental producidos por los gobiernos como una violación a la Ley Internacional, a la declaración Universal de los Derechos Humanos y a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Genocidio;

11- La Justicia Ambiental deberá reconocer una relación legal y natural especial a los pueblos originarios por acuerdos, convenios y tratados que afirmen su soberanía y autodeterminación;

12- La Justicia Ambiental afirma la necesidad de promover políticas urbanas ambientalmente sustentables y políticas rurales libres de contaminación con el objeto de reconstruir las ciudades y los territorios rurales en equilibrio con la naturaleza, honrando la integridad cultural de todas las comunidades y garantizando el acceso justo de todos al usufructo integral y sustentable de los bienes naturales;

13- La Justicia Ambiental clama por la obediencia irrestricta a los convenios acordados para poner fin a los ensayos genéticos y a procedimientos médicos que tomen como objeto de experimentación a los seres humanos;

14- La Justicia Ambiental se opone sin concesiones a las acciones destructivas de las empresas multinacionales;

15- La Justicia Ambiental se opone a la invasión y ocupación militar, a la represión, a la explotación de tierras con fines colonialistas, a la explotación de todas las formas de vida;

16- La Justicia Ambiental afirma la imperiosa necesidad de educar a las generaciones presentes y futuras, poniendo énfasis en los temas ambientales y sociales, una educación fundada en la experiencia y en el respeto, sin concesión, por la diversidad cultural;

17- La Justicia Ambiental requiere que todos y todas, sujetos complejos, escojamos formas de consumo sustentables con el objetivo de desterrar el consumo depredador de los bienes naturales, producir un menor volumen de basura, tomar decisiones afirmadas en la ética ambiental, y cambiar las prioridades en nuestros estilos de vida, de modo que pueda asegurarse la salud del mundo socionatural para las generaciones presentes y futuras.
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