¿Cuál es la suerte común a todos los seres humanos, y por qué? ¿Cuál es la única solución para la situación en que nos encontramos? 1 Rey. 8: 46; Rom. 3: 21-28; 5: 12






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título¿Cuál es la suerte común a todos los seres humanos, y por qué? ¿Cuál es la única solución para la situación en que nos encontramos? 1 Rey. 8: 46; Rom. 3: 21-28; 5: 12
fecha de publicación08.09.2015
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LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 20:1-17; Levítico 16; Mateo 24:24-31; Romanos 3:21-28; Hebreos 8:1, 2; 9:23.

EL MARCO DOCTRINAL DE LA IGLESIA ADVENTISTA del Sép­timo Día fue creado mayormente por un grupo pequeño y dedicado de pioneros adventistas. Sus reuniones se caracterizaron por un estudio serio de la Biblia y ferviente oración. Más de medio siglo después de los even­tos, Elena de White escribió: “Con frecuencia permanecíamos juntos has­ta tarde en la noche, y a veces pasábamos toda la noche orando en procu­ra de luz y estudiando la Palabra” (1 MS 241). A veces, cuando no podían avanzar más, Elena de White suministraba respuestas que le habían sido dadas en visión, aunque ella nunca inició la formulación doctrinal. Las visiones no fueron dadas para tomar el lugar de la fe, de la iniciativa, del trabajo duro o del estudio de la Biblia. Es importante recordar que las doctrinas de nuestra iglesia están basadas exclusivamente en la Biblia. No dependen de los escritos de Elena de White, por útil que ella haya sido para clarificar algunas de aquellas enseñanzas.

UN VISTAZO A LA SEMANA: ¿Por qué necesitamos guardar los man­damientos cuando somos salvados por la gracia? ¿Qué es la purifica­ción del Santuario celestial? ¿De qué modo el mandamiento del sábado difiere de los otros Mandamientos? ¿Qué ocurre al morir, y por qué el conocimiento del estado de los muertos es importante? ¿Qué nos ense­ña la Biblia acerca de la forma de la segunda venida de Cristo?



LA JUSTIFICACI


Ó


N POR LA FE







¿Cuál es la suerte común a todos los seres humanos, y por qué? ¿Cuál es la única solución para la situación en que nos encontramos? 1 Rey. 8:46; Rom. 3:21-28; 5:12.

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El pecado es el mayor problema que afrontamos. Los egipcios pen­saban que la muerte era el mayor problema de la humanidad, y por ello desarrollaron el arte de la momificación y construyeron enormes pirámi­des para preservar las momias. Los filósofos griegos pensaban que la ig­norancia era el principal enemigo de la verdadera felicidad, de modo que enfatizaron la educación. Pero el principal problema de la humanidad es el pecado. El pecado destruye la felicidad y la paz mental. El pecado mata, y ninguna medicina moderna lo cura. Desde el momento en que nacemos, comenzamos a morir. La única cura es Jesucristo y la Cruz. “No hay un punto que precisa ser considerado con más fervor, repetido con más frecuencia o establecido con más firmeza en la mente de todos, que la imposibilidad de que el hombre caído haga mérito alguno por sus propias obras, por buenas que estas sean. La salvación es solamente por fe en Cristo Jesús” (FO 16).

De acuerdo con el poeta griego Homero, los barcos que pasaban por el estrecho de Mesina corrían el peligro de chocar con la roca Escila de un lado, o el remolino de Caribdis por el otro. Los cristianos siempre están en peligro de caer ya sea en el legalismo o en la gracia barata. Los que temen que hablar de la seguridad de la salvación en Cristo los llevará a la gracia barata y a la tolerancia de la conducta pecaminosa enfatizan la importancia de la obediencia. Los que temen que hablar de la obediencia y la vida cristiana victoriosa aparta la atención de Cristo, y conduce al legalismo, enfatizan la parte de Dios en la salvación.

El cristiano equilibrado tendrá la seguridad de la salvación en Jesús y tendrá una vida victoriosa en Cristo al mismo tiempo. Las dos van juntas, como los dos lados de una moneda. A quienquiera que Dios justifica, él también lo santifica. No podemos tener lo uno sin lo otro. Somos sal­vados por la fe sola, pero la fe que salva no está sola; siguen las buenas obras, aun cuando estas buenas obras sean hechas bajo la dirección del Espíritu Santo.



EL SANTUARIO







¿Cuáles eran las ceremonias del Tabernáculo del Antiguo Testa­mento y cómo ilustraban el plan de salvación? Heb. 9:1-8.

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Con las ceremonias del Santuario, Dios proveyó una demostración visual que capacitó a los pecadores para comprender el gran plan de sal­vación. La confesión, el sacrificio, el perdón, la fe, la reconciliación, la santidad, todo fue gráficamente demostrado en las ceremonias diarias y las anuales del Santuario terrenal.

De acuerdo con Hebreos 8:1 y 2, Jesús ministra en el Santuario celestial. ¿En qué consiste este ministerio y por qué Hebreos 9:23 dice que el Santuario celestial necesita purificación?

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En el Antiguo Testamento, el pecador recibía el perdón por medio de la fe en la sangre expiatoria de la simiente prometida (Gén. 3:15), la que fue prefigurada en el sacrificio animal de las ceremonias del Santua­rio. Y, así como en los ritos terrenales había un Día de Expiación, un día de Juicio, al final del año, durante el cual el Santuario era purificado, en los ritos del Santuario celestial hay un día de Juicio antes de la segunda venida de Cristo.

El Juicio previo al Advenimiento revela al universo que, con respec­to a los que han profesado a Cristo y que son realmente sus seguidores, Dios, por decirlo así, abre los libros del cielo a fin de que todo el universo vea que, en cada caso, su decisión fue justa y equilibrada. En ese sentido, este juicio vindica la justicia de Dios al salvar a los que creen en Jesús (Rom. 3:4).

En Levítico 16, el elemento clave que aparece una y otra vez es la sangre. Y eso tiene sentido, porque ese es el Día de la Expiación, y solo la sangre puede hacer la expiación. Y ¿qué es la expiación, sino la obra de Dios que nos salva? Por eso, el juicio es una buena noticia; es la obra de Dios que nos salva porque no podemos salvarnos a no­sotros mismos. El punto más importante es que, así como el sumo sacerdote nunca entraba en el Lugar Santísimo sin sangre, tampoco nosotros podemos hacerlo, porque entrar en el Lugar Santísimo sin sangre significa la muerte, no la expiación. Medita en estas ideas. ¿Qué esperanza y ánimo deberían darnos, siendo que vivimos en el gran Día antitípico de la Expiación?



EL S


Á


BADO







El sábado y el matrimonio son las únicas instituciones terrenales que nos vienen del tiempo de antes que el pecado entrara en el mundo. Por esto, a veces se las llama los hermanos gemelos del Paraíso. Cuando mira­mos nuestro mundo hoy, es obvio que Satanás ha trabajado mucho para desfigurarlos y corromperlos.

Lee Éxodo 20:1 al 17. ¿Qué hay en el mandamiento del sábado que lo destaca de los demás Mandamientos?

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En un sentido, el cuarto Mandamiento es un mandamiento proba­torio. Prueba la espiritualidad de la humanidad, por cuanto trata con el tiempo, que es invisible, más bien que con objetos tangibles, y es bien adecuado para medir la actitud de la humanidad hacia Dios. Cómo nos sentimos hacia el sábado es un indicador de cómo nos sentimos hacia Dios. Es el único Mandamiento que una persona puede quebrantar y, sin embargo, ser plenamente aceptada como una buena persona en cualquier sociedad cristiana conservadora.

En cierto sentido, el sábado es arbitrario. ¿Por qué el séptimo día y no algún otro? Es porque Dios lo dijo. Hay mucho de obvio y de lógica aparente en no robar, no matar, no codiciar, etc. No hace falta ser cristia­no para seguir esos preceptos; muchos no cristianos los cumplen.

Pero, obedecer el sábado del séptimo día, que no está basado en nin­gún fenómeno natural, es revelar una disposición de obedecer sencillamen­te porque Dios nos dice que lo hagamos. El guardar el sábado es un acto de fe; guardamos el sábado no porque es socialmente aceptable, no porque es popular, no porque es parte de algún ciclo natural. No, guardamos el sábado porque Dios nos lo manda, y como cristianos del Nuevo Testamen­to, salvados por gracia, revelamos nuestra fe mediante la obediencia a los mandamientos de Dios (Sant. 2:10, 11; 1 Juan 5:2, 3; Apoc. 14:12).

De hecho, al descansar en sábado, estamos revelando al mundo que toda esa conversación de descansar en Cristo no es solo hablar. Como guardadores del sábado, realmente descansamos en la obra de salvación de Cristo en nuestro favor, no solo diariamente, sino también, de una manera especial cada semana, revelamos la plenitud de nuestra seguridad en Cristo al descansar en sábado (ver Heb. 4:1-11). La observancia del sábado es una expresión externa de nuestro descanso en Cristo.

Aunque en un sentido el sábado es arbitrario, ¿cuáles son los beneficios prácticos y tangibles que obtenemos por guardar como santo el sábado, como Dios ordenó? ¿Qué puedes hacer mejor para gozar de los beneficios de la observancia del sábado?



EL ESTADO DE LOS MUERTOS







¿Qué nos enseñen los siguientes textos acerca de la condición de la humanidad en la muerte? Sal. 146:4; Ecl. 9:5, 6; Juan 11:11-14; Hech. 2:34.

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La inspiración nos enseña que solo Dios es inmortal (1 Tim. 6:16) y que los seres humanos, separados de Dios, están sujetos a la muerte. Jesús enseñó que la muerte es un sueño que termina en una de las dos resu­rrecciones: una resurrección para vida o una resurrección de condenación (Juan 5:28, 29). William Temple, arzobispo de Canterbury, reconoció es­to cuando escribió: “El hombre no es inmortal por naturaleza o por de­recho; pero es capaz de ser inmortal, y se le ha ofrecido la resurrección de los muertos y la vida eterna, si la recibe de Dios y en los términos de Dios”–Nature, Man and God, p. 472.

¿De qué modo debemos entender textos como el de Mateo 25:46 y Apocalipsis 14:9 al 11? ¿Enseñan estos el tormento eterno en el infierno?

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La idea de la inmortalidad humana se encuentra en todas las reli­giones primitivas, animistas y politeístas. También era un concepto im­portante en la filosofía griega, que concebía el Hades (el mundo de los muertos) como un mundo subterráneo, de fantasmas, en el cual el alma vivía una existencia crepuscular. Los griegos consideraban a los seres hu­manos como consistentes de materia y alma. A la muerte, ellos creían que la materia y el alma se separan, liberando el alma de la prisión de la materia, hacia una existencia independiente.

En Mateo 25 y Apocalipsis 14, las palabras traducidas como “eterno” y “para siempre” no significan necesariamente algo que no tiene fin. Las palabras griegas aión y aiónios expresan duración tan larga como lo permite el sujeto. Por ejemplo, en Judas 7 se nos dice que las ciudades de Sodoma y Gomorra estaban sufriendo el castigo del fuego eterno (aiónios). No obs­tante, en 2 Pedro 2:6 dice que se transformaron en cenizas. Cuando el suje­to de las palabras “eterno” o “para siempre” es la vida de los redimidos que han recibido la inmortalidad, la palabra significa un tiempo sin fin. Cuando se refiere al castigo de los malvados, que no reciben la inmortalidad, la pa­labra tiene el significado de un período limitado de tiempo.

Tanto los predicadores populares como las películas populares, el mundo, están inundados con el espiritismo (bajado en la idea de que los muertos viven ahora en otra existencia). ¿De qué modo nuestra comprensión del estado de los muertos nos da una protección pode­rosa contra este terrible engaño?



LA SEGUNDA VENIDA







Desde comienzos de la década de 1970, Hal Lindsey, autor del libro The Late Great Planet Earth [El fallecido gran planeta Tierra], ha vendido más de quince millones de ejemplares. En los años más recientes, la serie Left Behind [Dejados atrás], por Tim LaHaye y Jerry B. Jenkins, también ha vendido millones de ejemplares. Estos hechos indican que hay una percepción general, entre muchos cristianos, de que estamos viviendo en el tiempo del fin.

La palabra Adventista, que se encuentra en el nombre de nuestra iglesia, significa que creemos en la segunda venida de Cristo con tanta intensidad que es parte de nuestra identidad. No obstante, nuestra com­prensión de la Segunda Venida es muy diferente de la defendida en la serie Dejados atrás o en el libro de Hal Lindsey Dejado atrás.

¿Qué enseña la Biblia acerca de la forma en que volverá Cristo, y por qué es de vital importancia saber esto? ¿Acerca de qué engaños nos advirtió Jesús con respecto a la forma en que volverá? Mat. 24:5, 24-31; Apoc. 1:7.

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El concepto de que la venida de Cristo consistirá de dos etapas fue introducido por primera vez por John N. Darby en el siglo XIX, y ha capturado el pensamiento de muchos protestantes actuales. La supuesta primera etapa involucra un rapto secreto, en el que todos los verdaderos cristianos serán raptados o levantados por Cristo, y la segunda se concen­tra en la aparición de Cristo siete años más tarde, para gobernar la tierra durante mil años.

Los Adventistas del Séptimo Día no pueden encontrar apoyo bíblico para dividir la segunda venida de Cristo en un rapto y una aparición. De acuerdo con el Nuevo Testamento, el regreso de Jesús será un evento in­divisible, único, literal, audible y visible (1 Tes. 4:16, 17; Apoc. 19:11-21). Igualmente importante es que Jesús nos advirtió contra falsas interpreta­ciones acerca de la manera de su venida. Jesús, evidentemente, sabía que el engaño sería feroz (Mat. 24:24), y por eso la Palabra de Dios es tan clara acerca de la manera en que retornará.

Aunque el transcurso de cada día nos lleva un día más cerca del regreso de Cristo, el paso de cada día también hace que su regreso parezca más y más demorado. ¿De qué modo podemos establecer un equilibrio entre vivir con la expectativa del regreso de Cristo y, no obstante, seguir con la rutina diaria de la vida?



PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee, en


El conflicto de los siglos,


los ca


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p


í


tulos





¿


Pueden hablarnos nuestros muertos?





(pp. 607-618) y





La libe


­


raci


ó


n del pueblo de Dios





(pp. 693-710).







Durante los primeros años del movimiento adventista, muchos de nuestros pioneros llegaron a estar desequilibrados en su predicación de la Ley. Por eso, en 1890 Elena de White escribió: “Como pueblo, hemos predicado la Ley hasta que estamos tan secos como los montes de Gil­boa, que no tenían lluvia ni rocío. Debemos predicar a Cristo en la Ley” (R&H, 11 de marzo de 1890). En la sesión de la Asociación General reunida en Minneapolis en 1888, E. J. Waggoner y A. T. Jones hicieron precisamente esto. El énfasis de su mensaje era “afirmar la verdad de que la única manera en que se puede obtener la justicia es por una fe viva en el Cordero de Dios, cuya sangre fue derramada en la cruz del Calvario como propiciación por los pecados del mundo. Ninguno puede entrar en el Reino de Dios sin estar vestido con el manto inmaculado de la justicia de Cristo. Este manto no puede ser comprado con plata u oro, ni ganado con buenas obras. Este mensaje fue un llamado de clarín para hacer de Cristo y su justicia el centro de toda nuestra vida y predicación. Puso én­fasis especial en la justificación por la fe como una experiencia personal real en vez de una mera teoría” (A. V. Olson, Through Crisis to Victory, p. 35). Waggoner también enseñó que la obediencia de la humanidad nunca puede satisfacer la Ley de Dios, que sólo la justicia de Cristo im­putada es la base de nuestra aceptación por Dios, y que constantemente necesitamos estar cubiertos con la justicia de Cristo, no solo por nuestros pecados pasados. Elena de White apoyó sólidamente a Waggoner. Ella calificó sus presentaciones como “un preciosísimo mensaje” (TM 91).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. ¿Hay alguna enseñanza de la Iglesia Adventista del Séptimo Día que se basa en cualquier otra cosa que no sea nuestra comprensión de la Biblia? Es decir, ¿hay alguna doctrina que proviene de Elena de White en vez de provenir de la Biblia? Aunque creemos en el don de profecía, ¿por qué debemos asegurarnos de saber que todas nuestras enseñanzas proceden de la Biblia, y de la Biblia sola? ¿Qué problemas surgirían si nos apoyáramos en Elena de White para crear nuestras doctrinas? Al mis­mo tiempo, ¿por qué sus escritos son tan útiles para nosotros al querer clarificar y comprender enseñanzas que hemos obtenido de la Biblia?

2. Medita en la idea de que la observancia del sábado es una ex­presión del reposo que tenemos en Cristo, de que nuestra salvación está basada en las obras de Cristo para nosotros, no en las nuestras. ¿De qué modo esto ayuda a responder a la acusación falsa de que guardando el sábado estamos negando el evangelio de la gracia de Dios?



Lecci


ó


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10





Para el 7 de marzo de 2009







El mensaje de los profetas


Sábado 28 de febrero

PARA MEMORIZAR:

Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Tim. 4:16).

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