Un saludo en Cristo, hermanos/as






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fecha de publicación05.09.2015
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(Un saludo en Cristo, hermanos/as.
A continuación reproduzco un artículo que el Sr. Abdennur Prado – conocido, y atacado, a nivel nacional por su empeño en combatir la homofobia imperante en el mundo islámico desde los mismos principios del Islam - tubo la amabilidad de enviarme cuando le solicité un breve análisis de la homosexualidad a la luz de la revelación islámica. Las notas al texto son añadidos míos. También lo es el apéndice.
Espero que este documento nos ayude a superar muchos prejuicios, fundados no precisamente en el conocimiento de las fuentes del Islam, sino en la actitud integrista que hoy se da en mayor o menor medida entre tantos musulmanes que, por diversas causas - en las que Occidente ha jugado y juega un papel bastante activo y que merecerían un estudio a parte –, están convencidos de que la única manera de definir y defender su identidad en un mundo cada vez más globalizado es oponerse por sistema, irracionalmente, a los valores del mundo occidental como una amenaza para la misma. Para esa identidad cuya salvaguarda cifran en el maridaje de su fe con una cultura « tradicional » las más de las veces recientemente acuñada, de acuerdo precisamente a una interpretación « anti-occidental » de esa fe – y aunque dicha cultura tuviese siglos de andadura, el Islam es un credo, no una cultura : no puede, no debe identificarse con ninguna como su única expresión posible -.
Paz. Shalom. Shalam.)

Bismil-lâhi ar-Rahmani ar-Rahim

(« En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso »)

LA HOMOSEXUALIDAD EN EL ISLAM
Por Abdennur Prado

Presidente de Junta Islámica Catalana
A Carlos y Eduardo, la pareja

El presente estudio tiene su origen en numerosas consultas recibidas en la redacción de Webislam. Estas consultas nos mostraron la existencia de un alto número de musulmanes que se sienten atraídos por personas de su mismo sexo, y que sienten esta situación como un desgarro. La constatación de su naturaleza sexual se enfrenta al rechazo de familias y comunidades, lo cual conduce a los homosexuales a culpabilizarse. No es fácil dar una respuesta a este desgarro. El único modo es buscar inspiración en Al-lâh, ar-Rahmân ar-Rahîm, en Su Libro y en la Sunna (1) de Su Mensajero (saws), con la certeza de que ahí está el mejor camino. Con esta convicción emprendí este estudio sobre la homosexualidad en el Qur’án, la Sunna, el fiqh y la historia del islam, cuya conclusión ofrezco a los lectores.
Nuestra obligación como musulmanes es ser fieles a lo que Al-lâh quiere de nosotros. Es imprescindible remitirse al Qur’án y a la Sunna, atreverse a realizar un estudio serio de las fuentes y someterse a aquello que Al-lâh ha decretado. Dicho de otro modo: es necesario dejar de lado nuestros pre-juicios (tanto negativos como positivos) y encarar el tema con la mayor claridad posible. Esto es lo que he tratado de hacer, con el permiso de Al-lâh, y es lo que me atrevo a pedir a los lectores.

Pero cuando se les dice: “Seguid lo que Al-lâh ha revelado”, algunos responden: “¡No!, seguiremos lo que hemos hallado que creían y hacían nuestros antepasados.” ¡Pero! ¿Aun si sus antepasados no usaban la razón y carecían de toda guía?

Y así, la parábola de aquellos que se empeñan en negar la verdad es la de una bestia que al oír el grito del pastor no percibe sino el sonido de una voz y una llamada. Son sordos, mudos y ciegos: porque no usan su razón.

Qur’án, surat al-baqara 170-171
1. La homosexualidad en el Qur’án y en la Sunna
Existen hadices donde se muestra que la homosexualidad era conocida en tiempos de la revelación coránica, y que nos ayudan a comprender cual era la actitud de Muhámmad (sala al-lâhu aleihi wa salam) al respecto. Del Sahih de Muslim, Libro 26, nº 5416:
Se narró de Aisha que un afeminado (mujannath) solía visitar a las mujeres del Mensajero de Al-lâh (saws) y que ellas no encontraban nada objetable a estas visitas, considerándolo como un varón sin deseos sexuales [fakânû ya’dzûnahu min ghair ulâ il-irbah]. El Mensajero de Al-lâh (saws) vino un día mientras este estaba sentado con algunas de sus mujeres y se entretenía en describir las características corporales de una mujer, diciendo: “Cuando está de frente, se le hacen cuatro [curvas], y cuando se gira se le hacen ocho”. Entonces el Mensajero de Al-lâh (saws) dijo: “Puesto que sabe estas cosas, no le permitáis la entrada”. Aisha dijo: “A partir de entonces empezamos a usar el velo ante él”.

(con variantes en Bujari, Sahih, capítulo 114, nº 162, bajo el epígrafe: “Lo que está prohibido concerniente a la visita de ‘los que imitan a las mujeres’ a casa de la esposa”; y en el Sunan de Abû Dawûd, Libro 32, nº 4095).
Cuatro observaciones a esta curiosa anécdota:


  1. La palabra mujannath está relacionada con juntha, hermafrodita. Su condición es descrita en el hadiz como la de un “hombre sin deseos sexuales”, dándose por entendido el resto: “hacia las mujeres”.

  2. Las palabras de Muhámmad (saws) no implican ninguna clase de rechazo por su condición de “afeminado”. En un principio acepta su presencia en casa de una de sus mujeres. Son sus palabras lo que le hace variar de actitud, ya que en ellas delata un interés oculto hacia las mujeres. Más claramente: el Profeta no le prohíbe la entrada por ser un mujannath, sino por ser un falso mujannath.

  3. La conclusión de Aixa es curiosa. Tras las palabras del Profeta, saws, Aixa no dice que prohibiesen al “afeminado” (de nombre Hit) visitarlas, sino que a partir de entonces se limitaron a ponerse el velo en su presencia. Esto implica que las visitas realmente continuaron. La frase del Profeta (saws) no actúa como una prohibición, sino como un consejo, como mucho una advertencia.

  4. Las palabras del mujannath son una expresión idiomática árabe. Los comentaristas indican que es “una expresión lasciva”. El afeminado se refiere a las curvas del cuerpo de la hermana de Ghailan, de modo que demuestra haberla visto desnuda, y lo cuenta con desparpajo ante hombres y mujeres. Como veremos a continuación, se trata de uno de esos ante los cuales les está permitido “mostrar sus encantos” a las creyentes.


Esto último nos remite al Qur’án, donde encontramos la misma categoría de “varones que carecen de deseo sexual”. Esta es una de las clases de personas ante las cuales las mujeres creyentes pueden “mostrar sus atractivos”:
Y di a las creyentes que bajen la mirada y guarden su castidad,

y no muestren de sus atractivos sino lo que de ellos sea aparente;

así pues, que se cubran el escote con un tocado (jumur).

Y que no muestren sus atractivos a nadie

salvo a sus maridos, sus padres, sus suegros, sus hijos,

los hijos de sus maridos, sus hermanos, los hijos de

sus hermanos, los hijos de sus hermanas, las mujeres de su casa, aquellas que sus diestras poseen,

aquellos sirvientes hombres que carecen de deseo sexual,

o a los niños que no saben de la desnudez de las mujeres...

(Qur’án 24: 31)
La expresión que nos interesa, subrayada en medio de la aleya, es la siguiente:
ghayri ulâ il-irbati min ar-rijali…
Literalmente: “aquellos sin deseo de entre los hombres”. Esta expresión es casi idéntica a la utilizada para describir al “afeminado” en el hadiz de la casa de Umm Salama: ya’dzûnahu min ghair ulâ il-irbah. “Un varón de entre los que no sienten deseo”. La similitud hace pensar que el Qur’án se refiere aquí a los mujannathun (plural de mujannath). Esto explica que las mujeres de Muhámmad (saws) pudiesen mostrarse ante ese “hombre” que solía visitarlas, y que la hermana de Ghailan le hubiese mostrado “sus curvas”, y esto en la víspera de la batalla de Ta’if, unos dos años antes de la muerte de Muhámmad (saws), cuando la aleya del jumur ya había descendido.
Para la mayoría de los alfaquíes, parece claro que Qur’án 24/31 se refiere a los mujannathun. En su obra clásica comparativa entre las diversas escuelas jurídicas mayoritarias en el islam sunní (Al-Mughni) ibn Qudâmah escribe:
“Sobre el mujannath, que no siente deseos hacia las mujeres: en lo que concierne a mirar a las mujeres, la regla que se aplican a estos hombres es la misma que se aplica hacia los parientes cercanos (mahran), puesto que Al-lâh ha dicho: “aquellos sirvientes varones que carecen de deseo sexual” (24: 31).
ibn Qudâmah cita la autoridad de ibn Abbâs, comentando esta misma aleya :
“Se trata de aquel del cual las mujeres no sienten vergüenza. Es el mujannath, que es impotente (aqîm) como hombre”.
Uno de los grandes estudiosos de la ciencia del hadiz, el andalusí ibn ‘Abd al-Barr (siglo X) lo describe del siguiente modo:
“El mujannath no es tan sólo aquel que es conocido por su promiscuidad. El mujannath es aquel que adopta la apariencia física de una mujer, hasta el punto que pasa por una mujer en su suavidad, modo de hablar, apariencia, acento y pensamiento. Siendo así, no debe sentir deseos hacia las mujeres”. (Citado en Al-Mughni, 7/463; y al-Sharh al-Kabîr ‘ala Matan al-Muqni’, 7/347-348).
Otra autoridad, Iman an-Nawawi reconoce que esta clase de comportamientos pertenece a la naturaleza innata de algunos “hombres”:
“Un mujannath es aquel [masculino, en árabe] que imita en sus movimientos, su apariencia y su lenguaje el comportamiento de una mujer. Hay de dos tipos: el primero es aquel cuyo comportamiento es innato, no lo ha adoptado por si mismo, y por lo tanto no es culpable, ni merece el reproche ni la vergüenza, desde el momento en que no realiza ningún acto ilícito, ni se vende por dinero. El segundo tipo actúa como una mujer por motivos innobles, y es merecedor del peor desprecio”.
En su comentario al Sahih de Muslim, al-Washtâni da una definición semejante, donde se incide en la ambigüedad de esta figura:
“Se parece a las mujeres en cuanto a sus cualidades morales, su manera de hablar y caminar. El nombre viene de la palabra tajannuth, un modo de asociar lo dulce con lo áspero. El mujannath, en efecto, tiene una voz dulce y el caminar rudo y encorvado. Puede haber sido creado así, pero también puede tener su origen en una perversión”.

(Citado por Abdelwahab Bouhdiba, La sexualité en Islam, p. 55).
¿Quién es el mujannath? Un ser humano con los atributos físicos que caracterizan a los hombres (rajul) pero que no desea a las mujeres, en cuya naturaleza está el imitar a las mujeres, y que han nacido así por voluntad de Al-lâh [que ha sido creado así, mujannath jalqi]. Las mujeres no sienten vergüenza ante él porque no lo consideran como un “macho”, potencialmente agresivo. Aunque con el tiempo la palabra mujannath ha acabado por designar a los hermafroditas o castrados, parece evidente que en tiempos del Profeta designaba a lo que hoy llamamos gays u homosexuales.
El Qur’án no los menciona directamente. En primer lugar, esto implica que no existe una condena explícita de estos comportamientos por parte de Al-lâh. Pero hay más. Al margen de Qur’án 24/31, existe una aleya se recoge la existencia de personas que pertenecen a una categoría diferente a la de los “varones” y las “mujeres”:
Yajluqu mâ yashâ’:

yahabu li man yashâ’ ‘în-nâsan

wa yahabu li man yashâ’ ‘udzukûr

aw yu zawwijuhum dzukrânan wa ‘inâsâ

wa yaj‘alu man yashâ’ u-aqîmâ.

Innahû ‘Alîmun Qadîr.

[Al-lâh] crea cuanto quiere:

da descendencia a quien quiere de entre las mujeres

y da descendencia a quien quiere de entre los varones

y empareja a varones y mujeres

y a quien quiere lo hace ‘aqîm.

Ciertamente, Él es Sabio y Poderoso.

(Qur’án 42: 49-50)
La palabra ‘aqîm se traduce habitualmente como “estériles” o “impotentes”. Esta es una traducción posible, ciertamente, lo cual se refiere a estos hombres desde el punto de vista destacado por la aleya: la procreación. En el comentario antes citado de ibn Abbâs, el calificativo aqîm se aplica también a los mujannath: “Es el mujannath, que es aqîm como hombre”. Es muy probable que Al-lâh se esté refiriendo en esta aleya a los homosexuales, y de una manera positiva: y a quien Al-lâh quiere lo hace aqîm.
Si nos fijamos, la descripción que hacen los alfaquíes de los mujannathun no se limita a catalogarlos según su fisiología. Se pone el acento en la realidad de las pulsiones y en su actitud antes que en la apariencia física. Esto es muy importante. En realidad, establecer los géneros según la apariencia física conduce a graves desequilibrios: ¿qué importancia puede tener que alguien tenga pene si no desea a la mujer? Hoy en día vemos como muchos homosexuales se casan con mujeres para “salvar las apariencias”, llevando a uno y otro cónyuge a vivir en la infelicidad y frustración de sus apetitos naturales. Lo importante del matrimonio es consumar la unión (sexual, intelectual, afectiva) entre complementarios (el çawj o pareja). Desde este punto de vista, la unión entre un homosexual (aqîm, que no desea a las mujeres) y una mujer es anti-natural, no conduce a la satisfacción mutua de los cónyuges.
De todo lo dicho se concluye que en ningún caso la condena de la homosexualidad puede ser achacada a Al-lâh o Su Mensajero, y mucho menos la condena de la homosexualidad entendida como amor entre personas del mismo sexo. Una prueba al respecto la encontramos en el Sunan de Abû Dawûd (Kitab al-Adab, Libro 41, nº 4910, y 4928):
Abû Hurairah contó que un homosexual (mujannath) que se había pintado las manos y los pies fue llevado ante el mensajero de Al-lâh (saws). Él preguntó: “¿Qué ocurre con él?”. Le dijeron: “Oh, Mensajero de Al-lâh, este hombre imita a las mujeres”. Entonces se consideró el asunto y fue desterrado a an-Naqi’. La gente dijo: “¿No tenemos que matarlo?”. Él dijo: “Se me ha prohibido matar gente que hace la salat [que reza]” (2).
Aquí, el Mensajero de Al-lâh (saws) sale en defensa de un homosexual. Muhámmad (saws, una misericordia para los creyentes) desmiente a todos aquellos que se atreven a afirmar que “el islam y la homosexualidad son incompatibles”. Hay que notar la delicadeza de su respuesta, su consideración hacia la condición interior del ser humano antes que a cualquier consideración externa. El motivo del destierro permanece oculto. En todo caso, esta decisión no puede ser achacada al Mensajero de Al-lâh (saws), ya que de ser así el hadiz lo diría.
Para comprender la actitud de nuestro amado Profeta (saws) en relación a la homosexualidad, merece citarse el siguiente hadiz (Bujari, libro 62, nº 13):
Narrado por Abû Hurairah: Le dije: “¡Oh Mensajero de Al-lâh! Soy un hombre joven que siente miedo por su alma (3), pero que no encuentra los medios [la manera] para casarse [literalmente, emparejarse] con una mujer” [innee rajulun shaabbun wa ana ajaafu 'alaa nafsee al-'anata wa laa ajidu ma atazawwaju bihi an-nisaa'a]. El permaneció en silencio, y entonces repetí mi pregunta de nuevo, pero permaneció en silencio. Dije lo mismo, pero permaneció en silencio. Entonces repetí mi pregunta y solo entonces el Profeta dijo: “Oh Abû Huraira, el cálamo está seco a la espera. Así pues, sé un eunuco o déjalo correr”. [ya Abaa Hurairata, jaffa al-qalam bimaa anta laaq fa'ajtasi 'alaa dhalika au dhar].
Sobre el significado del término ajtasi (traducido como “eunuco”) nos remitimos a un hadiz (Sahih de Bujari, Libro LXII; 6:9), también relacionado a la prohibición de las relaciones sexuales “entre hombres”:
Transmitido por ibn Mas’ûd: Solíamos combatir junto al Mensajero de Al-lâh, saws. Como no había mujeres entre nosotros, le preguntamos: “Oh Mensajero de Al-lâh, ¿podemos tratar a algunos como eunucos [a lâ nastajshî]?”. Él nos prohibió hacerlo.
De este hadiz destacamos lo siguiente:


  1. Algunos de los compañeros del Profeta (saws), a falta de mujeres, no le hacían asco a las relaciones sexuales “como eunucos”.

  2. Que en tiempos del profeta era sabido que los así llamados practicaban relaciones sexuales (sodomía).

  3. La importancia de la satisfacción de la sexualidad entre estos compañeros del profeta era tal que ni siquiera se considera la abstinencia.

  4. Sin embargo, no es lícito tratar a un “varón” como a un “eunuco”. Cada uno tiene su naturaleza, y hay que respetarla.


La naturalidad con la que se le plantea la posibilidad de usar a hombres no hace pensar que lo considerasen del mismo modo que los alfaquíes actuales. Tampoco el Mensajero de Al-lâh (saws) se escandaliza y dice que sea una “aberración contra natura”, simplemente lo prohíbe. En otro hadiz sobre el mismo tema, se especifica que el Profeta concedió una salida para estos compañeros. En el Sahih de Bujari (libro LXII, 8:13) se explica que el Profeta (saws) “les permitió casarse (o emparejarse) con mujeres corruptas de las cercanías” [rajasa lana an-nankih al-marâ bil-shaub]. Presumiblemente, un matrimonio temporal o mut’ah (4).
Volviendo al hadiz sobre Abû Huraira, podemos comprender lo que significa “sé un eunuco o déjalo correr”. Lo que Muhámmad le dice es que se defina. Lo que es aborrecible es la indistinción, la hipocresía y el rechazo de la propia naturaleza, que puede conducir a matrimonios infelices. Lo que el islam nos exige es asumir lo que somos y actuar en consecuencia. Que los homosexuales vivan como homosexuales, que las mujeres vivan como mujeres y que los hombres vivan como hombres. Esto es: no a la dispersión, no a la confusión, sino plena aceptación del decreto de Al-lâh, que nos ha creado como somos. Al-lâh crea lo que quiere, y Él sabe más.
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