Platón (427-348 a. C.) es el primer filósofo del que nos han llegado casi la totalidad de sus obras. Es uno de los pilares de toda la filosofía occidental






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títuloPlatón (427-348 a. C.) es el primer filósofo del que nos han llegado casi la totalidad de sus obras. Es uno de los pilares de toda la filosofía occidental
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dualismo es importante en Platón, que en esto también se separa de los Presocráticos (que eran monistas o tendían al monismo). Platón consideraba que el ser, todo ser, es producto de una mezcla (también las Ideas y el alma). Todo se mueve entre dos polos. Y este dualismo se inicia en el plano más alto de los primeros Principios, que son dos: el Uno o Bien y la Díada (dualidad) indefinida o indeterminada. Pero no olvidemos que el Uno y Dios tienden a unificar y ordenar, mientras que la Dualidad tiende a la diferencia y a la separación: esto es bueno en el orden ideal de las Ideas, pero en el mundo físico la dualidad viene encarnada en la materia y esta sí era para Platón el principio del mal. Discordia, diferencia, enfrentamiento, separación, desorden, disgregación producen la muerte o conducen a ella. A todo esto ya nos iremos refiriendo más adelante.

3 Esto hay que tenerlo en cuenta para la contextualización. Ver lo que se dice de estos filósofos en el tema introductorio y en las páginas dadas para la contextualización filosófica del fragmento a comentar.

4 Este apartado es de enorme importancia en Platón, pero hay que resumirlo mucho y poner sólo lo esencial en el comentario de texto.

5 Es sin duda correcto hablar del dualismo platónico. De todos modos conviene matizar que Platón intenta relacionar los dos mundos y ve el mundo inferior como un reflejo (imperfecto, pero reflejo al fin) del superior. El mundo material participa del inmaterial, como el tiempo es un reflejo o imagen de la eternidad, según Platón. Además, el viejo Platón no tiene una visión tan negativa del mundo material: ve el universo como una especie de “animal divino”, como un organismo que posee un Alma (la célebre y olvidada Alma del Mundo) en virtud de la cual se mueve y de la que recibe su vida y su fuerza.

6 Como dice muy bien Grube, un especialista en Platón, “ ‘La teoría de las Ideas’ es la aceptación de realidades absolutas, eternas, inmutables, universales e independientes del mundo de los fenómenos; por ejemplo, la belleza absoluta, la justicia absoluta, la bondad absoluta, de las cuales derivan su entidad todas aquellas cosas que llamamos bellas, justas o buenas” (G.M.A. Grube: “El pensamiento de Platón”, Madrid, Ed. Gredos, 1984, p. 19).

7 Atendiendo a la tradición indirecta, a la que ya nos hemos referido, por encima de las Ideas estaría el plano o grado de los Principios supremos, que son dos: el Uno o Bien y la Dualidad indeterminada; en el plano de las Ideas podemos distinguir, en este orden jerárquico: 1º. Los Números y Figuras ideales, 2º. Las Ideas generalísimas o Metaideas y 3º. Las Ideas generales y particulares; en tercer lugar estaría el plano de los entes matemáticos (ver infla el esquema de los grados de conocimiento y de realidad); finalmente el plano del mundo físico, que Platón también dividirá en dos, siendo las sombras el nivel ínfimo de realidad.

8 Así lo afirma Platón en su diálogo Filebo.

9 Pues precisamente, las dificultades de la teoría surgen cuando no se considera correctamente a las Ideas.

10 Tampoco es este, el de Dios, un tema sencillo de interpretar en la filosofía platónica. La Divinidad sería, en efecto, el Bien y estaría por encima del Demiurgo (que G. Reale interpreta como un Dios personal, como Inteligencia productora y organizadora del Mundo).

11 Giovanni Reale, principal representante de la llamada escuela de Milán, que ha dedicado toda su vida a la filosofía griega en general y a Platón y Aristóteles en particular, ha escrito un importante, hermoso (y voluminoso) libro titulado Por una nueva interpretación de Platón, en donde argumenta de manera muy convincente, en mi opinión, que para entender a este filósofo hay que atender a las llamadas doctrinas no escritas, que podemos reconstruir a partir de los testimonios de la tradición indirecta que aluden a ellas. Platón, pues, no estaría completo en sus Diálogos, en sus obras escritas. Pero además, esas doctrinas no escritas permiten entender mejor los propios Diálogos y solucionar las dificultades de interpretación de pasajes difíciles o controvertidos de los mismos. En suma, en lugar de infravalorar las obras platónicas, los representantes de esta “nueva” línea de interpretación (Escuelas de Tubinga y de Milán) consideran que los Diálogos quedan reforzados y aclarados por la tradición indirecta

12 Junto al tema de la educación, que tratamos más adelante, se pide expresamente que hablemos en el comentario de la dualidad de mundos en Platón. Por eso incluimos este apartado, después de exponer la ontología platónica, o su teoría de la realidad, con las ideas principales a tener en cuenta para responder a este contenido mínimo de nuestro programa.

13 Después de hablar de la dualidad de mundos y para profundizar mejor en el mundo inteligible, debemos encontrar un momento en el comentario (y mucho mejor si es a partir del texto, haciendo referencia a alguna expresión del fragmento que estamos comentando) para explicar la teoría de las Ideas de Platón.

14 Se trata de la Odisea (XI, 489-49), cuando habla el espíritu de Aquiles.

15Llamamos universal a un concepto o un significado que abarca o engloba a una pluralidad de individuos, así por ejemplo: “caballo”, “animal”, “viviente”, “árbol”, etc. Para Platón, estos significados universales son esencias o Ideas que existen independientemente de las cosas o individuos concretos.

16 La dialéctica constituye el último grado, la etapa más elevada y final, de todo el largo proceso educativo que Platón establece para la formación de los futuros filósofos-gobernantes de la polis, en su “República”.

17 Un último detalle que no carece de importancia: Platón otorga al mito un papel destacado en la mayoría de sus obras. El mito representa el peso y el significado de tradiciones orales sagradas, que los poetas plasmaron más adelante, así como un tipo de lenguaje simbólico que no carece de valor ante los conceptos de la razón. Es verdad que Platón criticó a Homero y las concepciones a su parecer equivocadas de la divinidad, pero cuando quiere hablar de algo muy importante y difícil de expresar en conceptos y por medio de demostraciones racionales, entonces recurre al mito como un complemento del logos (razón, inteligencia): así, por ejemplo, al final de La República, tal vez su obra principal, con el mito de Er, que pretende abordar el más allá y el destino que aguarda al ser humano tras la muerte.

18 Platón pensaba que los seres humanos reconocen generalmente el primer tipo de maldad, el desorden del alma, como maldad; pero no alcanzan a ver ese mal mucho más fundamental que es la ignorancia: no la consideran en absoluto como maldad.

19 En un pasaje de la República lo dice Platón claramente: “el arte de la educación tiene como objeto este importante problema: cómo se ha de orientar al hombre de la forma más fácil y completa. No se trata de darle la visión. Ya la posee. Sin embargo, está mirando en una dirección equivocada y no se dirige a donde debe. He aquí el problema” (518 b).

20 No olvidemos que para Platón la ciencia se ocupa de las proporciones y razones matemáticas que producen la armonía. La influencia en él de los Pitagóricos fue muy grande.

21 La dialéctica, a los jóvenes que no la asimilen bien, les hace rebeldes e incrédulos, discutidores y quisquillosos, así como engreídos. Por contra, los que “sufran” en sí mismos los efectos del método socrático (la refutación esto es, caer en la cuenta de que no sabemos lo que creíamos saber) se liberan de la presunción y reciben “la más grande y poderosa de todas las purificaciones”, aquella que necesita quien quiera ser realmente feliz al modo griego: amando y procurando ante todo la justicia y la virtud. Esta refutación socrática, esta prueba de las opiniones, constituía para Platón un paso esencial previo a toda educación auténtica.

22 “Ateniense: Y no sería mentir el considerar como tercera causa de nuestras faltas la ignorancia. Nuestro legislador acertará distinguiendo en ella dos modalidades: una forma simple, que él considerará como causa de las faltas ligeras, y una forma doble, que se da cuando uno obra equivocadamente por estar dominado no solamente por la ignorancia, sino también por una ilusión de sabiduría, imaginándose uno que sabe perfectamente aquello de que no tiene ningún conocimiento. A una ilusión de esta clase, caso de que vaya acompañada de fuerza y vigor, imputará las faltas graves e insolentes; caso de que vaya acompañada de debilidad, verá en ella la fuente de las faltas propias de los niños y los viejos; considerará estas como faltas, juzgará culpables a sus autores y promulgará leyes contra ellos, si bien estas serán las más dulces de todas y estarán templadas por la mayor indulgencia” (863 b-c).

23 Terminamos citando al autor en el que nos hemos basado para este resumen de la educación en la filosofía platónica: G.M.A. Grube, quien concluye el capítulo dedicado a este tema de la siguiente manera:

“Pero ¿por qué -cabe aún preguntar- este conocimiento no puede ser mal utilizado? ¿Por qué es imposible actuar con intención mala o egoísta si se está en posesión de toda esta sabiduría? Nuestro estudio de la concepción platónica de la educación y del Eros nos proporciona su respuesta. Aunque las emociones de un hombre hayan sido educadas adecuadamente, es decir, aunque sus pasiones primitivas hayan sido encarriladas dentro de los canales de los deseos que fluyen hacia la verdad, nunca tendrá dentro de sí mismo la fuerza impulsora necesaria para empujarle hacia adelante en el duro camino del aprendizaje científico o para impulsarle a lo largo del duro sendero que una vez y otra se ilumina gracias al fogonazo de la inteligencia en que consiste la aprehensión de valores y Formas [Ideas] siempre más elevadas y más universales. Y, si llega a poseer este conocimiento de los valores reales, si llega a conocer lo verdadero y lo bueno, si llega a comprender el plan del universo, no le será posible actuar contra él en provecho propio, porque este plan es bello así como verdadero y bueno, porque su belleza satisface en grado máximo a este Eros, a este auténtico amor a la belleza sin el cual nunca habría llegado tan lejos. No le queda sino desear que el mundo sensible se acerque a la belleza ideal que ahora contempla, y necesariamente ha de hacer lo que pueda para lograr su realización. Viviendo por encima de intereses míseros en la adoración amorosa de la verdad suprema y siendo él mismo un ser armonioso que ha superado todos los conflictos de su propia alma, el filósofo platónico intentará irremisiblemente y en todas partes imponer la armonía sobre el caos, es decir, cambiar el mal en bien. Su conocimiento es, efectivamente, bondad” (El pensamiento de Platón, Gredos, Madrid, 1973, pp. 390-391).

24 A esta purificación y elevación del alma se alude claramente también en el mito de la caverna.

25 Lo que se dice aquí de esta obra (a ella pertenece el fragmento del texto que comentamos este curso: el mito de la caverna) también nos vale para la contextualización.

26Al final del largo proceso educativo, el filósofo “... llega al fin a contemplar el Bien absoluto en visión intelectual y alcanza allí el límite supremo del mundo inteligible” (Rep., 532 a 7 - b 2).

27Así, quien matase a un esclavo para impedirle declarar sobre hechos delictivos tendrá el mismo castigo que si hubiese matado a un ciudadano.

28Como por ejemplo la de los autores del escrito sobre Platón en los Cuadernos de Historia de la Filosofía de la Editorial Alhambra, Madrid, 1988. Por ejemplo, consideran clasista la aristocracia platónica y no ve que pretende el bien de todos. Para Platón eran clasistas la democracia, la oligarquía y la tiranía. Platón repite siempre que nadie debe gobernar por razones de alcurnia o riqueza y que la ley debe estar por encima de los gobernantes.

29En realidad no se trata de un mito tradicional exactamente, pero lo seguimos llamando así por no cambiar la manera usual y consagrada de referirse a este importante relato platónico. Más propiamente cabría hablar de una alegoría o parábola.

30Lo que sigue está tomado, con algunas modificaciones, de Reale y Antiseri: Historia del pensamiento filosófico y científico, tomo 1º, Herder, Barcelona, pp. 153-155.

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