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MARX MÁS ALLÁ DE MARX

Nueve Lecciones sobre los Grundrisse

Antonio Negri






Traducción al castellano de la edición inglesa, (Autonomedia, USA, 1991), traducida por Harry Cleaver, Michael Ryan y Mauricio Viano, de la obra publicada originalmente en francés, (Christian Bourgois, París, Francia, 1979), e italiano (Feltrinelli, Milán, Italia, 1979)


Traducción: Eduardo Sadier (Dirección Nacional de Derechos de Autor, Nº Registro 57278)




Revisión: Rubén Espinosa


Bs. As. Argentina. Mayo 2000.


INTRODUCCIÓN []
Por Harry Cleaver


Primero y principal: Marx más allá de Marx de Toni Negri es un libro para militantes revolucionarios. Formalmente, el libro es una lectura de los Grundrisse de Marx- una amplia reinterpretación de los cometidos centrales y desarrollos particulares de los manuscritos de 1857 de Marx. Pero es más que eso. Marx más allá de Marx es, por sobre todo, una apasionada obra política destinada a presentar una alternativa a las interpretaciones ortodoxas de Marx, al demostrar como los Grundrisse contienen una visión científica marxista de la lucha de clases y la revolución en acción. Para cumplir este objetivo, Negri entreteje una feroz polémica y un detallado examen y reinterpretación del texto. Marx más allá de Marx es un libro difícil, y su dificultad crea el peligro de que su estudio se limite a los marxistas académicos. Esto sería trágico. Hemos editado y traducido este libro no para agregar otro volumen a las estanterías de los marxistas anglo parlantes, sino para poner una nueva y excitante arma en las manos de los militantes de la clase trabajadora. Por complejo que pueda ser Marx más allá de Marx –y su dificultad deriva tanto de las complejidades básicas de los Grundrisse como del propio lenguaje teórico de Negri- su estudio merece el esfuerzo de todo militante que busque nuevas vías para comprender y utilizar al marxismo para la lucha de la clase trabajadora en la crisis actual.

Para Negri, los Grundrisse representan la "cima del pensamiento revolucionario de Marx"- una cima que puede proveer una poderosa fundamentación para la práctica política revolucionaria. Negri contrasta los Grundrisse con El Capital, el que, señala correctamente, ha sido con frecuencia interpretado de un modo objetivista y determinista para justificar políticas reaccionarias. Negri sostiene que es más difícil hacer esto con los Grundrisse. En estos manuscritos descubrimos a un Marx menos pulido pero más apasionado, escribiendo febrilmente en las noches de la crisis de 1857. Los Grundrisse no son un preludio a El Capital, ni tampoco un bosquejo de una obra posterior, más madura.

En realidad son los Grundrisse la obra más amplia y profunda, y es aquí donde podemos encontrar la más completa y rica elaboración de los conceptos marxistas sobre la lucha de clases como constitutiva y –finalmente- destructora del capitalismo. En esto, Negri difiere de otros intérpretes de los Grundrisse, tales como E. Hobsbawm o Roman Rosdolsky, muchas de cuyas posiciones desafía en el transcurso de este libro.

Negri inicia su comentario sobre los Grundrisse observando como la disección que efectúa Marx sobre la teoría del dinero de Alfred Darimon fue un pretexto utilizado para explorar las relaciones entre dinero y crisis, entre dinero y lucha de clases. Muchos de los que lean a Negri escribiendo acerca de Marx podrán objetar que su interpretación de los Grundrisse es, a veces, también un pretexto para desarrollar su propio análisis acerca de la lucha de clases. Él-pueden protestar- toma de Marx sólo lo que le sirve. Mientras trabaja sobre los manuscritos de Marx,-desdeñando un poco de análisis aquí (sobre el trabajo productivo), lamentando la ausencia de análisis allí (la ausencia de un capítulo dedicado al salario y la subjetividad de la clase trabajadora), disculpando otras muestras de lapsus filosóficos (la ley general del desarrollo histórico), y marcando numerosas instancias de ambigüedad y limitación analítica- resulta obvio que Negri ha armado una interpretación de las principales líneas argumentales de Marx utilizando su propio proceso selectivo. Pero no debe asustarnos el elegir y hurgar entre las ideas de Marx. Esto es lo que siempre han hecho los marxistas, ya sea que se den cuenta o no. Los marxistas tradicionales han enfocado siempre los elementos objetivistas de Marx, porque se ajustaban mejor a sus necesidades políticas. La teoría crítica parece haber ignorado la teoría de Marx acerca de la clase trabajadora como sujeto, tal vez por un profundo pesimismo adquirido en períodos de crisis. Aquellos de nosotros que compartimos el compromiso de Negri con la renovación constante de la práctica revolucionaria, podemos buscar aquellos elementos de Marx que nos posibiliten el análisis de nuestras propias luchas. Muchas generaciones de marxistas nos han transmitido el hábito de percibir los mecanismos de la dominación. Lo que ahora necesitamos es usar a Marx para descubrir los mecanismos de la liberación. Podemos dejar a los Marxólogos el debate acerca de si Negri interpreta exactamente lo que Marx quería decir. Podemos leer a Negri por Negri, y juzgar por sus propios méritos la profundidad de sus observaciones. Cuando al final del capítulo 5 Negri cuestiona la exactitud de su interpretación, estamos tentados de decir "no importa." Si Marx no quiso decir lo que Negri dice, peor para Marx. Este es, me parece, el único impulso que nos puede conducir por el sendero de Marx de tal modo que podamos llegar "más allá de Marx."

La lectura que Negri efectúa de los Grundrisse es lo que yo denomino una lectura política, en tanto su trabajo consiste en mostrar como cada categoría y relación examinada por Marx "se relaciona y clarifica la naturaleza antagonística de la lucha de clases." Al mismo tiempo-y aquí está el campo de su polémica- examina el sentido de este análisis para la estrategia política de la clase trabajadora. Desde los primeros capítulos de Marx mas allá de Marx, en su investigación de los análisis de Marx acerca del dinero como una crítica del poder, reconocemos que para Negri no existe una esfera "política" separada en Marx. Entendida como el escenario de la lucha de clases, la política es omnipresente; todas las categorías son políticas. No es preciso disecar a Marx más allá de Marx para hallar pasajes "políticos." Cada línea es un momento político. Hay aquí una excitación política que empuja hacia delante al lector, por los pasajes más difíciles, en dirección a análisis cada vez más concretos de la lucha de clases.

Este enfoque es radicalmente distinto de aquel del marxismo tradicional, que ha considerado a la política como un sujeto entre otros, en especial distinto de la economía, y, con frecuencia, ocultado cuidadosamente en el altillo de la superestructura. Por años el marxismo ha sido esterilizado al reducirse a una crítica de la hegemonía capitalista y sus "leyes de movimiento." La fascinación de los marxistas con los mecanismos capitalistas de despotismo fabril, de dominación cultural y de manipulación de las luchas de las clases trabajadoras, los ha cegado a la presencia de un sujeto verdaderamente antagónico. La clase capitalista es el único sujeto que reconocen. Cuando observan la lucha de la clase trabajadora, suelen considerarla como una derivación del propio desarrollo capitalista. La auténtica dinámica del desarrollo capitalista es ubicada invariablemente entre las contradicciones " internas" que surgen entre los capitalistas en cuanto competidores.

La lectura que Negri efectúa de los Grundrisse está hecha para enseñar-o recordar- que siempre ha habido no uno, sino dos sujetos en la historia del capitalismo. Su lectura política sigue el desarrollo cronológico de los manuscritos en dos niveles interconectados; lleva adelante simultáneamente un análisis de los contenidos políticos de las categorías y examina el método utilizado por Marx al desarrollar su trabajo. En ambos niveles, argumenta, observamos una tensión creciente entre la dialéctica del capital y una lógica de separación antagonista de la clase trabajadora. La dialéctica no es algún tipo de ley metafísica de desarrollo cosmológico. Es, en realidad, la forma con la cual el capital busca detener la lucha de la clase trabajadora. En otras palabras, cuando el capital logra aferrar exitosamente la subjetividad de la clase trabajadora al yugo del desarrollo capitalista, ha impuesto la contradictoria unidad de una relación dialéctica. Pero amarrar las luchas de la clase trabajadora, imponer una unidad, implica que el capital debe derrotar a este otro sujeto-la clase trabajadora- que se mueve y desarrolla con su propia lógica separada. Esta lógica, argumenta Marx, es no-dialéctica. Es una lógica de antagonismo, de separación, que caracteriza a una clase que no busca controlar a otra, sino destruirla, a fin de liberarse a sí misma. Dos lógicas diferentes para dos clases diferentes y opuestas.

Negri muestra que Marx vislumbró claramente cómo el desarrollo histórico de la sociedad capitalista ha involucrado siempre el desarrollo de la clase trabajadora como un sujeto separado y antagónico- un sujeto que desarrolla el poder de colocar al sistema en crisis y destruirlo. Él señala cómo, en los Grundrisse, Marx logra trazar el desarrollo simultáneo de ambos sujetos. Y cómo Marx, al mismo tiempo que rastrea al capital desde su formal dominación de la producción por medio del dinero, hasta su directa dominación de la producción y la circulación, en el nivel del mercado mundial y las crisis, simultáneamente saca a la luz el crecimiento de la clase trabajadora, desde fuerza de trabajo viviente dominada, al estadio de proletariado industrial, y a su pleno desarrollo como clase revolucionaria en el nivel de la reproducción social. Dos sujetos, unidos por el poder de uno para dominar al otro, pero, también, dos sujetos históricos, cada uno con el poder de actuar, de tomar la iniciativa en la lucha de clases.

¿Qué ha sucedido con la hegemonía capitalista? ¿Con la objetividad de las leyes de movilidad del capital? ¿Con la principal fuente del crecimiento capitalista en la interacción competitiva entre los capitalistas? Desde el punto de vista del sujeto clase trabajadora en desarrollo, la hegemonía capitalista es, a lo sumo, un tenue, momentáneo control, quebrado una y otra vez por la lucha de los trabajadores. No nos debe confundir el hecho de que los capitalistas han sido capaces, hasta el momento, de recuperar el control con el concepto de una hegemonía inmodificable. En un mundo de dos sujetos antagónicos, la única objetividad es el desenlace de sus conflictos. Como en la física, donde dos vectores de fuerza crean un vector resultante cuya dirección y magnitud es distinta de la de ambos, así también en la lucha de clases que constituye el desarrollo del capital, las "leyes de movimiento" son los desenlaces no planificados de la confrontación. Sin embargo, en el desarrollo de este choque de subjetividades, el continuado desarrollo de la clase trabajadora desde fuerza de trabajo dominada hacia clase revolucionaria (crecimiento de la fuerza relativa del vector clase trabajadora) debilita el control capitalista e impone sus propias direcciones al desarrollo social. Por esto, la competencia entre capitalistas no es tanto una fuerza conductora, sino lo que Negri llama "sórdidas peleas familiares" sobre las que los dirigentes tratan de imponer disciplina a la clase trabajadora.

Es este análisis de la subjetividad de la clase trabajadora el que le da a la obra de Negri inmediata importancia para aquellos que el lucha. En este período en el que el capital intenta usar las políticas fiscales y monetarias como armas contra la clase trabajadora, los análisis de Negri nos ayudan a comprender que las crisis capitalistas son siempre crisis de su capacidad de controlar a la clase trabajadora. Una crisis global, como la actual, argumenta Negri, solo puede ser provocada por las luchas combinadas y complementarias de las clases trabajadoras mundiales, operando simultáneamente en la producción y reproducción- en el más alto nivel de socialización. En la lectura de Negri descubrimos todo esto en ese nivel general de abstracción que Marx pudo alcanzar escribiendo en medio de la crisis de 1857. Pero también podemos examinar estas abstracciones dentro de las determinaciones concretas de nuestra propia ubicación y luchas en el interior del capitalismo. La obra de Negri está claramente concebida con este proyecto en mente. ¿Y no es acaso este el aspecto más excitante del marxismo: su utilidad para explorar nuestro propio poder transformador como sujetos vivientes?

La lectura comienza con las primeras notas de Marx: sobre el dinero, el dinero en la crisis, y, finalmente, el dinero como poder. Dentro y detrás del dinero, Marx descubre el valor, y las relaciones sociales de producción. En el nivel social, el dinero es (por sobre todo) poder capitalista sobre el trabajo. Pero el poder capitalista sobre el trabajo es la capacidad de forzar a la gente hacia el mercado laboral, forzar a la gente a trabajar para el capital en la producción y producir trabajo excedente en el proceso de trabajo. ¿Qué podría ser más relevante hoy, cuando el capital está utilizando políticas monetarias, en los niveles nacionales e internacional, como arma contra el consumo de la clase trabajadora? Más aún, ese ataque monetario sobre el consumo se dirige directamente a forzar a la gente a trabajar, y controlar el intercambio entre trabajo y capital de modo de incrementar las ganancias (trabajo excedente)

Aún en este estadio, los argumentos de Marx-y los análisis que de ellos efectúa Negri- nos sorprenden con su actualidad y aptitud para aplicar al presente. Si Marx se hubiera detenido aquí, hubiera sido otro marxista más profundizando en la naturaleza de la explotación capitalista. Pero no lo hizo.

Como señala Negri, Marx comprende claramente que el poder del capital de expropiar trabajo excedente es un poder ejercido sobre un "otro" cuya subjetividad debe ser ajustada a los designios del capital. Marx explora esta subjetividad y descubre que pelea contra la primitiva acumulación de las clases: la forzada creación del mercado laboral y la forzada sumisión de las gentes a la vida de los trabajadores. El explora esta subjetividad y ve que lucha en contra de ser forzada a trabajar.

Aunque pinta una horrorosa historia del trabajo viviente siendo dominado por el trabajo muerto controlado por los capitalistas, Marx también deja en claro que el trabajo viviente no puede ser muerto totalmente, o el mismo capital moriría. La ironía de la reproducción capitalista es que debe asegurar la continua reproducción del sujeto viviente. El antagonismo es recreado en niveles más y más altos a medida que se desarrolla el capital. Lo que comienza como el horror de un trabajo muerto tipo zombie arrojado contra el trabajo viviente, se transforma, con el tiempo, en un intento cada vez más desesperado del capital de proteger su propia existencia contra una cada vez más poderosa y hostil clase trabajadora. El capital nunca podrá vencer, totalmente y para siempre. Deberá tolerar la continua existencia de una subjetividad ajena que constantemente le amenaza con destruirlo. ¡Qué visión: el capital viviendo en el continuo temor de perder el control sobre la clase hostil que ha generado! Esta es la plácida y pacífica hegemonía capitalista del marxismo tradicional vuelta al revés, transformándose en una pesadilla de la clase gobernante.

Cuando el trabajo excedente (valor) toma la forma monetaria de ganancia, se vuelve una plusvalía socializada a nivel de capital social. Se vuelve tanto un polo como una medida del desarrollo antagónico del capital. En este punto, la ley de las crisis capitalistas emerge en los Grundrisse como la continua contradicción entre la clase trabajadora como trabajo necesario y el capital como trabajo excedente. La dinámica fundamental de dicha ley produce la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. Esta tendencia, tanto tiempo mistificada por los marxistas, es, en la interpretación que Negri hace de Marx, una manifestación fácilmente comprensible del modo en que la lucha de la clase trabajadora bloquea el desarrollo capitalista. Aunque podamos criticar algunas de las formulaciones de Negri (no es preciso argumentar que la lucha de la clase trabajadora aumenta el trabajo necesario en cuanto dicha lucha fuerza al capital a incrementar la composición orgánica del capital por medio de su estrategia de plusvalía relativa), la verdad básica es aguda y reveladora. Es la continua presión de la clase trabajadora sobre el capital la que acentúa las contradicciones y crea las crisis. Cada vez que el capital responde a las demandas de los trabajadores expandiendo el capital fijo y reorganizando el proceso laboral, la clase trabajadora se recompone políticamente en un nuevo ciclo de lucha. Todas las implicancias de este proceso se ven claramente en las lecturas de Negri de los fragmentos de Marx sobre las máquinas. Vemos como la frenética acumulación de capital fijo le deja menos y menos margen al capital para imponerse al trabajo y extraer trabajo excedente, destruyendo las bases mismas de la dominación capitalista. Cuanto mayor valor pone en acción el capital, menor es la proporción de plusvalía que puede apropiarse. Hoy, mientras el capital procede a sustituir cada vez más máquinas robot para amenazar a los trabajadores industriales, se enfrenta al problema de fondo que Marx vislumbró en los Grundrisse: una creciente dificultad en hallar nuevos caminos para poner a la gente a trabajar, a fin de controlarlos socialmente.

El análisis del sujeto clase trabajadora en el punto de la producción es, entonces, desplazado en el análisis de Marx a la esfera de la circulación. Aquí Negri trae cuidadosamente el argumento de Marx referido a la circulación como el nervio que organiza y cohesiona no solo los diversos momentos de la producción, sino todas las condiciones sociales de la reproducción. La circulación involucra la socialización del capital- su emergencia como capital social. Pero, de nuevo, no nos quedamos tan solo con una oda a la comprensión de la hegemonía capitalista. Explorando los análisis de Marx sobre la caracterización dual del salario, Negri saca a relucir como funciona el salario para la clase trabajadora. Este es el campo de la circulación en pequeña escala: del intercambio de fuerza de trabajo por salario y el subsiguiente intercambio del salario por valores de uso, aquellos productos del trabajo necesario que satisfacen las necesidades de la clase trabajadora. El salario aparece aquí como poder de la clase trabajadora para imponer sus necesidades, y la extensión de dicho poder está determinada por la propia lucha de clases.

Una vez más podemos estudiar la inusual pero inspiradora visión del capital luchando desesperadamente por contener un sujeto de la clase trabajadora que se desarrolla autonómicamente. Empeñado en la continua extensión y diversificación de sus propios proyectos y necesidades, al mismo tiempo que rehúsa con más fuerza el control capitalista por medio de la imposición del trabajo excedente. ¿No estamos, otra vez, en un momento contemporáneo del análisis? ¿Qué fueron los ´60 y los ´70, si no una simultánea explosión de las necesidades autónomas y del rechazo al trabajo capitalista? ¿Qué son los ´80, sino una renovada ofensiva capitalista para contener la explosión de necesidades, hacerlas retroceder por medio de un vicioso ataque al consumo, al salario?

Negri argumenta que el análisis de Marx alcanza sus más altos niveles en el tema del mercado mundial, donde el imperialismo capitalista, escapando de los obstáculos que la lucha de clase le plantea a nivel local, expande su antagonismo de clase por todo el planeta. Este es el momento del mercado mundial, pero también de la factoría mundial y de la clase trabajadora internacional. Desde este momento, el capital sólo puede responder al ataque de la clase trabajadora reorganizando internacionalmente su moderno aparato industrial e intentando reorganizar la reproducción global del trabajo y del mercado laboral. ¿No es este el actual proyecto del capital en crisis? ¿No es la denominada "reindustrialización" una reestructuración capitalista diseñada para descomponer el poder de la clase trabajadora que creó la crisis, y crear nuevas condiciones de desarrollo? Ciertamente, intenta hacer esto de muchos modos, en muchos países.

Pero la crisis continúa, pues el capital ha fracasado en producir esa descomposición. Y ese fracaso es, simultáneamente, una medida del poder de la clase trabajadora para proteger el terreno ganado, e, incluso, en algunos lados, llevar adelante su ofensiva. Escuchar las monótonas letanías de los himnos del marxismo tradicional al poder capitalista es estar aplastado y agotado por el destino. Leer a Negri-y por su intermedio a Marx- es recobrar la fuerza con el sentido del movimiento y el dinamismo de la clase trabajadora. ¡Es comprender lo tenue del control capitalista, y las posibilidades reales, tangibles, de su destrucción!

Al final del libro, Negri enfoca directamente la cuestión central derivada de la emergencia de la subjetividad de la clase trabajadora: la revolución, el fin del capitalismo y la creación de una nueva sociedad. El eje de su discusión de este tema recuerda al Manifiesto Comunista, pues subraya las derivaciones de sus lecturas de los Grundrisse para la emergencia de una nueva sociedad comunista (conserva el término marxista), y rechaza otras posturas contemporáneas.

En el lenguaje del marxismo tradicional, la revolución y la emergencia de una nueva sociedad han sido siempre asociadas a la cuestión de la "transición": el pasaje por el socialismo hacia el comunismo. Negri argumenta enérgicamente que esto es inconsistente con los análisis de Marx en los Grundrisse. La única "transición" en dicho trabajo es la reversión y la derrota de todas las determinaciones capitalistas por el sujeto revolucionario. Como los medios principales de dominación social capitalista son la imposición del trabajo y el trabajo excedente, la subordinación del trabajo necesario al trabajo excedente, Negri ve como uno de los dos aspectos fundamentales de la lucha de la clase trabajadora a la lucha contra el trabajo. En cuanto la ganancia es la medida del control y desarrollo capitalistas, Negri sostiene que el rechazo del trabajo determina la transición hacia el exterior del capital. El rechazo del trabajo aparece como una praxis constitutiva que genera un nuevo modo de producción, en el cual la relación capitalista es revertida y el trabajo excedente es totalmente subordinado a las necesidades de la clase trabajadora.

El segundo lado positivo de la lucha revolucionaria es la elaboración de múltiples proyectos auto-determinados de la clase trabajadora en el tiempo libre de trabajo, y en la transformación del trabajo en sí mismo. Negri denomina autovaloración a este proyecto auto-determinado. El comunismo, pues, está determinado tanto por el rechazo al trabajo que destruye la unidad impuesta por el capital como por la auto valoración que construye diversidad y una "rica multilateralidad independiente."

En este punto resulta claro que Negri rechaza al "socialismo" en tanto una forma avanzada de capitalismo (en el mejor de los casos) Su mayor objeción es que, mientras el socialismo es entendido como una redistribución planificada del ingreso y la propiedad, invariablemente retiene la imposición planificada del trabajo, fracasando en escapar a la dinámica de la extorsión capitalista del trabajo excedente y la subordinación de las necesidades a la acumulación. Cualquier régimen o partido socialista existente puede ser tomado como ejemplo. Pero este punto es más que una crítica a la participación del Partido Comunista Italiano en la imposición de la austeridad, o a los campos de trabajo soviéticos. Es una afirmación de que el concepto de socialismo nunca ha comprendido la cuestión central: la abolición del trabajo o la liberación de la sociedad del fetichismo estrecho de la producción. El socialismo solo puede constituirse en una alternativa represiva al colapso del capitalismo de mercado- un estadio más avanzado de planificación capitalista a nivel del Estado. Hoy, cuando existe un creciente movimiento "socialista" en los Estados Unidos, exhortando por una planificación nacional, la nacionalización de la industria, y "más empleos", los argumentos de Negri merecen la mayor atención.

Negri también rechaza todos los enfoques utópicos sobre la conceptualización del fin del capitalismo. Muy de acuerdo con la tradición de Marx de rechazar las utopías, Negri se rehúsa a pensar en la transición en términos de alcanzar algunos objetivos preconcebidos, aunque loables. En este punto el marxismo científico no solo demanda que el actual movimiento sea continuado hacia el futuro, sino, sostiene Negri, que debemos reconocer que este movimiento ocurre sin determinaciones ni teleología. En esta interpretación de Marx nos encontramos simultáneamente libres del enceguecedor romanticismo de la utopía y el paralizante peso del determinismo. El movimiento central actual que constituirá el futuro es el del sujeto revolucionario revirtiendo las determinaciones capitalistas y constituyendo su propia auto valorización. La lógica antagónica de la separación de la clase trabajadora concluye haciendo estallar y destruyendo la dialéctica del capital. Destruye todas las fórmulas binarias, como dice Negri, reventando el pegamento dialéctico y liberando un juego multidimensional y cambiante de necesidades y proyectos humanos.

Al descubrir que el sujeto revolucionario es auto-constituyente y rico en multilateralidad, nos descubrimos libres de la tradicional fórmula organizativa del partido. No hay aquí lugar para ninguna formulación estrecha de "intereses de clase" a ser interpretados por una elite revolucionaria. Solo cabe la multiplicidad de necesidades y proyectos determinados autonómicamente. Aunque Negri no se ocupa de aquí de la organización revolucionaria –no es en este momento su proyecto– rechaza fuertemente una variante del tema del partido: la violencia voluntarista que solo niega la violencia capitalista, la que, al no organizarse sobre la base material de la auto valorización revolucionaria, cae en el terrorismo. Es este uno de los muchos lugares de su obra en los que se posiciona a distancia y en contra de aquellas vanguardias armadas con las cuales lo ha asociado el Estado italiano como excusa para encarcelarlo.

Para resumir la línea argumental de Marx en los Grundrisse: el capitalismo es un sistema social con dos subjetividades, en el cual un sujeto (el capital) controla al otro sujeto (la clase trabajadora) por intermedio de la imposición del trabajo y el trabajo excedente. La lógica de este control es la dialéctica que constriñe al desarrollo humano dentro de los límites de la valorización capitalista. Por ello, la lucha central de la clase trabajadora en cuanto sujeto independiente se orienta hacia la ruptura del control capitalista mediante el rechazo del trabajo. La lógica de este rechazo es la lógica de la separación antagónica, y su realización socava y destruye la dialéctica capitalista. En el espacio ganado con esta destrucción, la clase revolucionaria construye sus propios proyectos independientes –su propia auto-valorización. La revolución es, por lo tanto, simultáneamente, el derrumbe del capital y la constitución de una nueva sociedad: el comunismo. El rechazo del trabajo se transforma en la abolición planificada del trabajo basada en la constitución de un nuevo modo de producir una sociedad multidimensional nueva.

¿Cuáles son las implicaciones de aprender a leer políticamente las categorías de los análisis de Marx? Por un lado podemos reinterpretar la cuestión de El Capital. Negri es absolutamente correcto cuando sostiene que El Capital ha sido por lo general interpretado de un modo objetivista. Pero ahora queda claro que hay una alternativa. Ahora que hemos aprendido a reconocer y evitar las trampas del objetivismo, y a efectuar un análisis político o clasista de las categorías de Marx, podemos leer El Capital (o cualquiera de los escritos de Marx) de este modo. Hay numerosos aspectos de los análisis que Marx efectúa en los Grundrisse que se hallan analizados con más cuidado y profundidad en El Capital. Sin duda podemos beneficiarnos con el estudio de este material. Cuando leemos El Capital políticamente, como he tratado de hacer siempre, generamos una interpretación que no sólo es consistente con las líneas principales del libro de Negri, sino que, además, agudiza y enriquece el análisis- el fruto de diez años de trabajo de Marx, de 1857 a 1867, cuando apareció el primer volumen de El Capital.

Seguimos los pasos de Marx "más allá de Marx" cuando leemos a Marx políticamente, desde el interior de la lucha de clases, y cuando criticamos a Marx desde la posición ventajosa de nuestras necesidades. Es exactamente este tipo de lectura y crítica la que Negri a llevado a cabo. Esto es lo que vuelve a su trabajo valioso y excitante.

Prefacios del Autor
I


En estas lecciones he reunido todos los materiales que utilicé para nueve seminarios sobre los Grundrisse en la École Normale Supérieure (Rue d’Ulm) en la primavera de 1978. Primeramente debo agradecer a Louis Althusser por invitarme a dictar estos seminarios, que no hubieran sido posibles sin la ayuda fraternal de Roxanne Silberman, Yann Moulier, Daniel Cohen, Pierre Ewenzyk, Danielle y Alain Guillerm. Si mis sugerencias fueron más importantes que sus intervenciones críticas, no lo se. Lo cierto es que todo fue mezclado junto en el texto. Otras discusiones me resultaron útiles durante mi estada en París. Por un lado, deseo agradecer a Felix Guattari por todo lo que me dio (y es mucho), por otro, a los camaradas para quienes trabajé en la Université Paris Septieme (Jussieu) Lo último, pero no lo menos importante, es agradecer a todos aquellos cabezas duras quienes, forzándome a emigrar, me obligaron a reunir mis ideas mucho mejor de lo que hasta ese momento había hecho.



  1. N.

Milán, 1978


II


Prefacio del Autor a la Edición inglesa

Queridos lectores de lengua inglesa,
Me han pedido que piense nuevamente en Marx más allá de Marx. Estos son apuntes para una lecciones que enseñé en la primavera de 1978 en la École Normale de París. Me parece que ha pasado un siglo desde entonces. Recordando este libro, me gusta. Pero es como si otra persona lo hubiera escrito, no yo. Una persona libre, mientras yo he estado en prisión por centurias. Debo por ello efectuar un supremo acto de abstracción para poder conversar con el autor de ese libro. El autor es libre; yo, un prisionero. Intentaré, con esfuerzo, imaginar un diálogo entre un hombre libre, autor de Marx más allá de Marx, y un prisionero.
Hombre libre: "Estas lecciones son sólo eso, y deben ser tomadas como un momento de reflexión y pasaje."

Prisionero: "Este me parece ser el caso. Creo que cuando usted consideró este pasaje y experiencia, lo hizo como si estuviera muy próximo, como si el comunismo ya fuese una sustancia viviente."

Hombre libre: "Ciertamente, aún creo en eso. Estas lecciones tienen muchas limitaciones, pero también una ventaja fundamental: la de ser frescas, impolutas. Esta frescura puede haber llevado a un desarrollo importante del análisis, a una lozana madurez."

Prisionero: "Un trabajo transicional, entonces. ¿Pero a donde quería llegar? ¿Adónde lo llevó su revisión de Marx?"

Hombre libre: "Más allá de la desfiguración del marxismo operada por los marxistas. El marxismo muestra a Marx como un profesor y no como un militante. Más aún, el marxismo nos muestra a Marx como el autor del viejo capitalismo competitivo, incapaz de hacer frente al capitalismo social del momento actual. Odio esta traición, como odio el embalsamamiento."

Prisionero: "Estoy de acuerdo con usted, y con sus motivos. Pero ¿es posible?."

Hombre libre: "Marx toma la teoría clásica del valor, pero, por sobre todo, encontramos en él la crítica a la ley de la plusvalía. Pero Marx no es un clásico, él está más allá de todo eso."

Prisionero: "Pero la crítica a la ley del valor, en tanto ella se presenta como ley de la plusvalía, nos lleva al catastrofismo. ¿No es la suya una variante extremista del marxismo?."

Hombre libre: "La crítica de la ley del valor y/o la plusvalía tiene indudables connotaciones catastróficas, pero estas son dejadas a un lado en Marx más allá de Marx, donde se insiste en la definición de la subjetividad del pasaje al comunismo, como un proceso que se desarrolla concomitantemente con la crisis de la ley del valor."

Prisionero: "Probablemente yo estoy en la cárcel por no haber comprendido eso totalmente. ¿No quisiera explicármelo un poco mejor?."

Hombre libre: "Ciertamente. Los Grundrisse de Marx hallan y deshacen la ley del valor. En los Grundrisse, Marx aparece como un militante comunista que fuerza los límites teóricos del análisis clásico del valor, y quien justifica la esperanza comunista. El no se engaña sobre la inminencia del proceso, pero acentúa su necesidad subjetiva. Y usted, mi amigo prisionero, ha sido un tonto. Si no está de acuerdo con esto, ¿porqué sufre la prisión?."

Prisionero: "No me gustan los argumentos ad hominem, siempre fáciles para aquellos que están afuera. En realidad, aquí en la cárcel, estoy por cierto sujeto tanto a la ley del valor como a la de la plusvalía. Concretadas en un inmenso sistema de dominación, me pesan de modo insoportable."

Hombre libre: "Eso es justo lo que se dice en Marx más allá de Marx, y no comprendo como no pudo entenderlo. El desplazamiento capitalista de la ley del valor –lo que Marx denomina el proceso de la subsunción real– disloca las relaciones de explotación como un todo. Transforma la explotación en una relación social global. Cárcel equivale a fábrica."

Prisionero: "No necesita convencerme de que el mundo es una prisión, pero ¿cómo salir de ella?."

Hombre libre: "El gran problema planteado en Marx más allá de Marx es aquel de la definición del antagonismo en esta subsunción real. Qué significa luchar contra el capital cuando este ha subyugado todo el tiempo de vida, no sólo el de la jornada laboral, sino todo el tiempo. La reproducción es como la producción, la vida es como el trabajo. En este nivel, romper con el capital es romper la prisión."

Prisionero: "Me parece que estas denominadas teorías post-modernas revelan la potencia social del capital, pero al reconocer que el capital ocupa a la totalidad de la sociedad, niegan la posibilidad de la lucha de clases en este nivel."

Hombre libre: "Seguramente, los post-modernos mistifican. En realidad, la operación de la subsunción real no elimina al antagonismo, sino que lo desplaza al nivel social. La lucha de clases no desaparece; se transforma en todos los momentos de la vida cotidiana. La vida cotidiana de un proletario se coloca como un todo contra la dominación del capital. La subsunción real, lejos de eliminar al antagonismo, lo enriquece enormemente."

Prisionero: "Bien, crítica de la ley del valor, su efectividad sólo en el nivel social, el desplazamiento simultáneo de la dominación y la lucha de clases... Mire, prácticamente, ¿cómo funciona todo esto?."

Hombre libre: "Funciona en la totalidad de la vida diaria: ‘Mi vida contra la suya, perro del amo social! ¡Mi tiempo contra el suyo!’ Todos los problemas de la explotación son ahora problemas políticos inmediatos. Sólo cuando tenemos en mente la crítica de la plusvalía dentro del marco de la subsunción real, sólo entonces tenemos la capacidad de someter a una crítica comunista los actuales planes básicos de dominación."

Prisionero: "Antagonismo de clase en el mundo post-moderno. Tal vez tenga razón. Esto significa, en este punto, llenar con contenido material la lucha contra el poder."

Hombre libre: "Precisamente. Con la convicción de que la lucha contra la organización capitalista de la producción, del mercado laboral, de la jornada laboral, de la reestructuración de la energía, de la vida familiar, etc., todo esto involucra a la gente, a la comunidad, a la elección del estilo de vida. Ser comunista hoy significa vivir como comunista."

Prisionero: "Creo que esto es posible aún en prisión. Pero no fuera de ella, al menos hasta que usted nos libere a todos."

Hombre libre: "Tiene razón. Marx más allá de Marx también dice esto. Pero no sea impaciente, ya que usted sabe bien que la teoría le permite enfrentar todo esto."
Fin del diálogo. Aquellos que sientan que están solos, tengan esperanzas. Esperanzas de que se ha dicho la verdad, y que la verdad es revolucionaria. Un abrazo para todos.


A. N.

Prisión de Rebibbia

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