La afectación de la vida de relación de las víctimas de acoso psicológico en el trabajo y su impacto en el proyecto de vida, por Graciela Medina y Patricia Barbado






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4.- Las víctimas

Tanto en el acoso sexual como en el psicológico las víctimas, que pueden ser mujeres y hombres22, llegan a experimentar un temor fundado a denunciar la situación que padecen, principalmente, porque consideran que nadie va a dar crédito a sus dichos23.

El clima laboral tóxico que se genera tiene la virtualidad de provocar la indefensión de los afectados que soportan pasivamente los ataques a su dignidad ante la disyuntiva de perder sus empleos.

Como cualquier forma de violencia, el miedo genera un sentimiento de vergüenza que silencia a las víctimas, que por temor a perder su trabajo no denuncian el acoso. La voluntad de la persona afectada de no perder el puesto de trabajo; la esperanza de que esta situación termine y el lógico temor que produce desvelar y hacer públicas situaciones de esta naturaleza, justifican más que sobradamente que en muchas ocasiones el acoso sexual se soporte en silencio, pese a ser absolutamente indeseado y de ninguna forma tolerado o consentido24.

Sobre este particular, una de las preguntas más usuales que se suele hacer es la de por qué se produce la indefensión en la víctima en esta clase de procesos. Además de encontrar una respuesta en la propia perversión que hay en ellos, también resulta explicado por el concepto del síndrome del “desamparo aprendido25” que pone de manifiesto la progresiva mutilación del instinto de defensa que experimenta la víctima. De no resultar afectado este impulso primario podría enfrentar la situación poniendo límites o actuando en consecuencia.

Esto es lo que precisamente se refleja en el voto en disidencia del Dr. Basla emitido en el fallo del Jurado de Enjuiciamiento recaído en la causa “Doctor Eduardo Luis María Fariz s/pedido de enjuiciamiento”, del 6/3/2006. Allí sostuvo que el hecho de que los empleados judiciales víctimas o testigos del maltrato al que habían estado sujetos no hubiesen promovido actuaciones, tiene esta explicación: “la capacidad hipotética y meramente especulativa de poder denunciar choca frente a las prácticas autoritarias que generan miedo y reserva”.

En cuanto a la resistencia que ofrece la persona afectada por este tipo de violencia insidiosa, se advierte que mientras en el acoso sexual opone una difícil y dolorosa resistencia que puede estar modificada por el grado de debilidad que tenga, en el acoso psicológico existe una falta de percepción del proceso de demolición al que está siendo sometida, a punto tal que se produce la admisión inconciente de las descalificaciones, lo que hace que se sienta culpable, acorralada, sometida, avergonzada y débil en medio de un entorno hostil que el acosador va generando lentamente y que la deja en un estado de labilidad y vulnerabilidad26.

Pero esta admisión no supone que la persona no pueda resistirse. Lo que sucede es que el mecanismo es diferente. El ataque se efectúa precisamente a la propia percepción que la persona tiene de si misma, con lo cual se instala la duda y lo que sigue es un estado de confusión que la lleva a admitir haber causado el proceso27.

Es cierto que puede existir una asociación entre la probabilidad de ser víctima de acoso sexual y el grado de dependencia económica y la vulnerabilidad general de la persona28. En un fallo se puntualizó que el hostigador elegía a sus víctimas por la especial debilidad que tenían. Allí se expresó que una de las trabajadoras había estado con licencia por enfermedad (por eso, le decía que si lo denunciaba nadie le iba a creer porque "…ella había estado enfermita, que se ahorre un problema…"). Otra tenía 18 años, ése había sido su primer empleo formal, tenía a cargo a su madre -con una enfermedad mental que la sumió en depresiones repetidas y la llevó a reiterados intentos de suicidio, hospitalizaciones y tratamientos psiquiátricos indispensables- y su hermano menor de edad, además de la casa hipotecada; otra tenía 22 años, había venido a vivir a Buenos Aires desde Misiones, se encontraba sola y sin saber qué hacer con su vida, y ese trabajo era el primero que había conseguido luego de cinco o seis meses de desempleo; otra tenía un hijo, no estaba en pareja y no estaba en muy buena relación con su ex marido. Estas situaciones las llevó a soportar pasivamente las presiones del acosador, ante la disyuntiva de perder sus empleos o la posibilidad de cambios desfavorables en sus condiciones de trabajo29.

Si bien, la vulnerabilidad puede ser un elemento que el victimario tenga en cuenta a la hora de elegir a sus víctimas, tanto en el acoso sexual como en el mobbing, en este último el hostigador puede tomar como blanco de ataques a personas fuertes y no vulnerables, las que luego de un proceso continuado pueden volverse débiles o inestables. Iñaki Piñuel aclara que no son culpables de lo que les pasa ni resultan ser "atractores extraños" del acoso. Por lo tanto, agrega, el mito según el cual serían personas con "rasgos de dependencia, escasa asertividad, baja autoestima, preocupación excesiva por la opinión y aprobación de los demás, o paranoicos leves" debe quedar de una vez desenmascarado por carecer de fundamentación científica alguna30.

En síntesis, el escaso conocimiento y percepción de la violencia psicológica y de sus efectos impide detectar los procesos de acoso y la gravedad de sus efectos e identificar la verdadera causa del problema que afecta a la víctima y que permanece oculta en la propia organización de trabajo, ya que no se encuentra en quien la padece o en factores psicológicos constitucionales previos. De esta forma se resta importancia explicativa a los aspectos situacionales laborales tóxicos que los están causando y que tienen su origen en una agresión externa, continuada y mantenida y no en la imaginación de la víctima.
5.- El entorno

El tipo de entorno laboral hostil que se genera a consecuencia de los procesos de acoso interfiere de manera ilógica en el trabajo de las personas afectando el normal desempeño de la prestación laboral en tanto se desenvuelve en un ambiente permanente de tensión, temor y desconcierto.

Se puede apreciar en los ambientes de trabajo que las persecuciones son “naturalizadas” por el entorno, esto es, por los observadores del proceso y por la organización como macroestructura31, reforzando relaciones de poder.

A este respecto, debe tenerse en cuenta que uno de los principales elementos que sirven para amparar y favorecer el éxito de la conducta acosadora u hostigadora es, precisamente, la pasividad de los restantes miembros del grupo respecto a esta situación, facilitando o consintiendo, por tolerancia o dejadez o por connivencia, el aislamiento y el "vacío" al trabajador32. Iñaki Piñuel y Zabala sostiene que quien domina de manera perversa el arte de acosar sabe que lograr testigos mudos, permite posteriormente obtener como efecto secundario, la unanimidad frente el linchamiento33, para asegurarse la impunidad. Este autor completa el concepto diciendo que los psicópatas “no criminales” pululan durante décadas en las organizaciones devastándolo todo a su alrededor y dejando sembrado su camino de un reguero de víctimas34.

También se advierte que se genera una victimización “institucional” o “secundaria35: la víctima no sólo no obtiene ayuda en la institución, sino que ésta contribuye a multiplicar los efectos del acoso por cuanto recibe como respuesta comportamientos elusivos que terminan validando el maltrato original.

Si examinamos cómo reaccionan las personas que comparten con la víctima el escenario donde se desenvuelven estos procesos, se advierte que las conductas implicadas en ambas categorías de acoso pueden ser más o menos sutiles y detectables por los terceros ajenos a la victima que no la entienden y pretenden convencerla de que es culpable de la situación y de que debe acatarla. Luego pueden llegar a traicionarla y a aislarla para evitar problemas con la dirección de la empresa, si solidarizarse con ella les puede ocasionar molestias o inconvenientes. En una cultura de silencio como la que vivimos es frecuente la falta de solidaridad y el rechazo de los compañeros, los que, cuando no son partícipes activos de la exclusión de un posible competidor, se transforman en cómplices mudos.

Si bien hay supuestos aislados en los que las organizaciones de trabajo y los compañeros reaccionan contra estos ataques y los denuncian36, no sucede lo mismo en la mayoría de ellos, ya que lo que se observa usualmente es la inactividad de la empresa frente las denuncias de acoso –sea sexual o psicológico- desentendiéndose del problema y sin brindar ayuda efectiva, o lo que es peor, protegiendo activamente al acosador,37 lo que ahonda la sensación de indefensión de la víctima38 y favorece la revictimización.

A los sentimientos de vergüenza y humillación que produce todo proceso violento, puede sumarse la actitud peyorativa de la organización de hacer pasar a la víctima del acoso como mentirosa, de dudar de sus facultades mentales y de apoyar a los compañeros que desacreditan a la víctima39. Además, en raras ocasiones testificarán en contra de un superior jerárquico. Normalmente no quieren hablar y tampoco denuncian el hecho40.

Además, si los servicios asistenciales no comprenden el problema o su real dimensión y si los terapeutas ignoran la patología del fenómeno, terminan culpabilizando a la víctima y la hacen responsable, profundizando más el desamparo en el que está inmersa. Iñaki Piñuel y Zabala destaca el efecto pernicioso sobre la salud psíquica, de las “terapias positivas” de corte “culpabilizador” que no hacen sino cargar las tintas sobre el papel “protagonista” que la víctima tiene en la “fabricación de su propio mal”. También señala que cuando la victima afectada por estos procesos tiene que recurrir a los profesionales de la salud, por su propio estado de ansiedad y confusión, es considerada débil o vulnerable, susceptible, “problemática”. O bien se emiten diagnósticos que constituyen verdaderas estigmatizaciones que no hacen otra cosa que ocultar el fenómeno del acoso, dejando a la persona afectada sin recibir una atención eficaz haciéndola responsable de la situación por padecer un síndrome que otros le están causando.

No se puede soslayar que el entorno familiar y social tampoco favorece a la comprensión de la situación sino que, por el contrario, aumentan la revictimización. Por lo general, como el tema no se conoce, la familia no entiende qué es lo que está pasando41 y se suceden los conflictos, se rompen los vínculos afectivos hasta llegar a la separación y/o el divorcio, con lo cual la víctima se introvierte aún más. Lo mismo acontece con el círculo de amigos con lo cual se acrecienta el aislamiento y el daño a la vida de relación, tema que abordaremos a continuación.
6.- El daño a la vida de relación y su afectación del proyecto de vida

La marginación y el aislamiento que sufre el afectado por procesos de acoso importan un ataque a su proyección social como persona, pues ésta se integra con facetas intangibles e inmateriales merecedoras de protección jurídica tanto como las facetas económicas o jurídicas. Matilde Zabala de González explica esta dimensión cuando dice que el ser espiritual del hombre se objetiva en las relaciones con los demás y su subjetividad está normalmente proyectada hacia valores o intereses con incidencia comunitaria42.

A su vez, Marie-France Hirigoyen sostiene que con el acoso moral lo que se pretende es excluir a una persona de una comunidad privándola poco a poco de su identidad, su papel, su función, su categoría y de su imagen, “desintegrándola socialmente”y “anulándola simbólicamente”. Se trata de una conducta hostil o intimidatoria que se practica hacia un trabajador de manera reiterada y persistente en el tiempo llegando a provocar -en su máximo nivel- el vacío organizacional del acosado, con las lógicas consecuencias que ello comporta para su bienestar físico, psicológico y social, tanto dentro del ámbito laboral como fuera de él43.

Representa, pues, una forma sistemática y extrema de "aniquilamiento" de la esfera profesional del trabajador con pretensiones de proyección exterior y hacia el futuro, rebajando hasta la humillación la consideración debida a la valía profesional del trabajador. De ahí que en determinados estudios se insista en calificar tal conducta como una forma de perversión cuyas manifestaciones disvaliosas contienen un alcance lesivo de proyección impredecible e implican asimismo la desacreditación, el aislamiento y la confusión totales del trabajador-víctima, con la consiguiente ruptura de sus vínculos sociales y, a veces, incluso los familiares, tal como lo dijimos antes.

Esta comprensión del acoso psicológico nos permite advertir que un proceso de estas características daña la vida de relación de la persona y repercute perjudicando el proyecto de vida, pues éste también engloba sus metas laborales. Este entrecruzamiento de los conceptos se advierte en la jurisprudencia, ya que se ha declarado que la afectación del proyecto existencial de la víctima genera una multiplicidad de repercusiones extrapatrimoniales desfavorables que abarcan aquellos goces de la vida que se reflejan en la actuación cultural, social, intelectual44.

La afectación de la vida de relación causada por la minusvalía física sobreviviente y del daño psicológico incapacitante, también puede derivar en la imposibilidad de reinsertarse en el mercado laboral por las dificultades para pedir un traslado o encontrar otro empleo a consecuencia del aislamiento y la estigmatización que padece la persona, la lleva a quedar sumida en una situación profesional imposible45.

Adviértase que las limitaciones generadas por un daño psíquico se manifiestan en dificultades o en imposibilidad para acceder al trabajo. El afectado pierde la capacidad de la persona para defenderse por sí misma, experimenta una perturbación en la vida de relación familiar y social, lo cual repercute en los afectos y en la creatividad, entre otras variadas consecuencias que también pueden advertirse sin mayor esfuerzo como podrían ser las depresiones o las inhibiciones en general. No hay que olvidar que la lesión sobre el psiquismo genera una alteración de la personalidad del sujeto, de su manera de proyectarse en sociedad46.

La jurisprudencia se ha pronunciado en casos en los que se advierte claramente el maltrato ejercido a través de la marginación del trabajador, lo cual acrecienta, a su vez, el aislamiento autoimpuesto por la propia víctima que internaliza, mediante el mecanismo del “síndrome de desamparo aprendido” al que ya hemos aludido, la exclusión que se profundiza al sentir vergüenza de lo que le está sucediendo.

En un caso, un empleado fue destinado, con algunos de sus compañeros, a un sector del establecimiento e instalados tras una muralla y reja, para separarlos de los que no habían instado un reclamo laboral47. A su vez, una trabajadora fue confinada al baño de la empresa debiendo permanecer a la espera de tareas durante toda la jornada, sin poder salir de allí ni siquiera para ingerir alimentos48. En otro caso, la hostilidad y la ausencia de comunicación de los superiores generaron la marginación del trabajador a partir de su falta de adaptabilidad del trabajador a la informatización de la empresa49.

El tipo de comunicación hostil y sin ética, dirigida de manera sistemática arrastra al afectado a una posición de indefensión y desvalimiento50 y da lugar a la evitación y aislamiento traducido en su conducta a través de ausentismo laboral, resistencia a participar en reuniones o a enfrentarse con personas, o en su actitud emocional, que se vuelve fría, distante y despectiva desarrollando, al propio tiempo, un autoconcepto negativo y actitudes negativas hacia el trabajo y la vida en general 51.

En esta categoría de daños a la vida de relación se inscribe, asimismo, la pérdida de oportunidades o de la chance de futuros ascensos por cuanto en el empleo público y en el trabajo en relación de dependencia, la posibilidad de ascender es un dato computable con certeza52.

También en estos procesos se pueden ocasionar daños al honor incidiendo en el ámbito profesional y afectando la vida de relación cuando el despido es acompañado de aseveraciones lesivas para la dignidad del trabajador y con la atribución en términos asertivos, de la comisión de actos ilícitos o contrarios a la moral o a las buenas costumbres53, o cuando se divulga la calificación del despido54 o los datos íntimos o situaciones penosas de la víctima vulnerando su dignidad, honor o reputación con aseveraciones temerarias, descalificantes, ofensivas, de mala fe55. La continua invalidación del trabajo del afectado, de forma sistemática y extrema, puede conducir al "aniquilamiento" de su esfera profesional con pretensiones de proyección exterior y hacia el futuro, rebajando hasta la humillación la consideración debida a su valía profesional dañando irremediablemente, en la mayoría de los casos, su proyecto vital.

Si nos detenemos en el daño al proyecto de vida, creación del jurisconsulto peruano Carlos Fernández Sessarego, veremos que implica la pérdida o el grave menoscabo de oportunidades de desarrollo personal en forma irreparable o muy difícilmente reparable, es decir que no solo importa la frustración del proyecto de vida, sino también todo menoscabo, restricción o retardo en su realización56. Es que el “proyecto de vida” tiene una trascendencia fundamental para la persona, porque en él se juega su destino y le otorga sentido a su vida. Agrega el autor que se diferencia del daño moral por cuanto éste como dolor o sufrimiento, va disminuyendo con el tiempo, mientras que en cambio, el daño al proyecto de vida es un daño futuro y cierto, duradero, que compromete de por vida a la persona que la acompaña hasta su muerte o, en el mejor de los casos, deja en la persona una huella tan profunda que resulta indeleble57.

Por su parte, Matilde Zavala de González explica que arrebatar el proyecto de vida, sea tanto singular o bien genérico, desde el punto de vista filosófico, equivale a la muerte espiritual del hombre si se interfiere en su destino frustrando, menoscabando o postergando su realización personal y que tanto más serio es cuánto menores sean las posibilidades de sustitución. Precisa la autora además que la libertad espiritual de la persona no sólo resulta afectada con el encerramiento forzado o con el exilio por cuanto es factible que el desmedro derive de hechos en sí mismos menos serios, como una calumnia que desprestigia irreversiblemente y arruina la vida familiar y social, o una infundada decisión estatal frustrante de la carrera expectable de un funcionario o empleado público58, los que pueden verificarse en los procesos de acoso.

Esta categoría de daños logró acogimiento jurisprudencial en el ámbito nacional cuando la Corte Suprema sostuvo que "la integridad física tiene por sí misma un valor indemnizable y su lesión comprende a más de la actividad económica, diversos aspectos de la personalidad que hacen a lo doméstico, cultural o social, con la consiguiente frustración del desarrollo pleno de la vida59.

A su vez, otro tribunal declaró que toda minoración del sujeto en sus aptitudes existenciales, supone destruir o alterar el equilibrio espiritual para hacer frente a la vida, aunque lo consideró que era indemnizable como daño moral60.

Aparte de estos pronunciamientos de tribunales provinciales61, en el ámbito internacional, la Corte Interamericana de Derechos Humanos sostuvo en la causa “Loaysa Tamayo, María Elena c/ República del Perú” que la pérdida de las opciones a conducir la vida y alcanzar el destino propuesto sea reparable aun cuando no se tratase de un resultado seguro sino probable -y no meramente posible- dentro del natural y previsible desenvolvimiento del sujeto, que resultaba interrumpido y contrariado por hechos violatorios de sus derechos humanos. Debe tratarse de un cambio de mucha entidad, que trastoque a fondo, por ejemplo, el marco afectivo y espiritual en que se desenvuelve la vida de la familia, o trunque una evolución profesional que ha consumido grandes esfuerzos62.

El ataque a la reputación profesional y su incidencia en el proyecto de vida laboral se puede advertir en algunos pronunciamientos aún cuando no hubiera sido mencionado de manera expresa. En un caso, se tuvo en cuenta que el rector de un establecimiento educacional se había extralimitado en sus funciones al emitir una opinión atinente a la capacidad de la profesora para que no continúe al frente de los alumnos, de resultas de lo cual se le ocasionó un severo daño a su desempeño e idoneidad en su labor63. En otro supuesto, se consideró que los falsos calificativos de conducta utilizados que debían ser apreciados como una tacha o minusvalía en la profesionalidad de los trabajadores, importaron agravio que no se podía justificar de modo alguno64.

También se puede observar este extremo en el filme “Tierra fría”65 que relata las vicisitudes de una trabajadora de una mina de Minnesota, Estados Unidos, que fue hostigada por los compañeros varones con toda clase de continuos insultos, actitudes, abusos y comportamientos vejatorios de naturaleza libidinosa. Si bien cuando se juzgó, el caso fue categorizado como de acoso sexual, se advierte claramente que la persecución presentaba todos los componentes de la violencia psicológica de un proceso de “mobbing” y, además, tenía la finalidad de excluirla del ámbito laboral.

Lois Jenson decidió plantear el reclamo cuando tomó conocimiento de la denuncia que por acoso sexual había formulado públicamente ante el Senado Anita Hill, una profesora de derecho que había sido hostigada sexualmente por Clarence Thomas, por entonces candidato al cargo de Juez de la Corte Suprema de Estados Unidos, quien finalmente fue designado. Jenson sufrió asimismo serias humillaciones durante el juicio, en el que se llegó a investigar su vida íntima y a cuestionar su salud mental, el que concluyó finalmente veinte años después que se habían producido los hechos. Si bien la indemnización acordada fue modesta, este caso marcó un hito trascendente que determinó el cambio de la legislación. A consecuencia del estrés postraumático padecido por Lois Jenson, se afectó definitivamente su proyecto vital, ya que nunca pudo volver a trabajar. Aquí se aprecia con claridad cómo el daño al proyecto de vida viene a ser el resultado de una previa lesión psicosomática devastadora, que comprometió no sólo la salud de la persona sino su ser mismo, su futuro, el sentido de su vida66.

Además, la afectación a la vida de relación se entrelaza con el daño existencial pues los procesos de acoso perjudican el espacio vital de las víctimas67 y se crean desequilibrios existenciales que menoscaban injustamente sus vidas, su red de relaciones familiares, sociales, culturales, etc. Los puntos de contacto con los "daños a la vida de relación" se observan cuando se reduce la capacidad de expansión y de afirmación en las relaciones socioeconómicas de la víctima. A su vez, se ven menguadas las posibilidades de ésta de ubicarse o reinsertarse en las relaciones sociales y aun de mantenerlas en un nivel normal a causa de la disminución psicofísica sufrida o de la pérdida de relaciones como consecuencia del aislamiento impuesto por el proceso de acoso. También se le restringe la posibilidad de adquirir determinada posición social y se afecta la actividad psicofísica del sujeto en el desarrollo de sus actividades complementarias, que implican un angostamiento de la vida misma que aunque no incidan en la capacidad de trabajo, ya que el daño se resuelve en una pérdida al quedar colocado en una situación de inferioridad en las relaciones con el mundo externo.

El daño existencial causado por el acoso psicológico implica asimismo una modificación in peius de la personalidad del lesionado y se relaciona con la actividad cotidiana, el ambiente en el cual se desarrolla o el contexto social en el que se inserta el cual incluye obviamente el ámbito laboral. Además, se traduce en la imposibilidad de acceder a actividades que hacen a la realización del ser humano y que redundan en lo que se conoce como calidad de vida como el impedimento a la serenidad familiar, al goce de un ambiente salubre y de una situación de bienestar o al sereno desarrollo de la propia vida laborativa68, tal como sucede con las latentes insidias que están presentes en los nuevos modelos de comportamiento humano69.
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