Programa de especialización en derecho civil






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UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

DIVISIÓN DE ESTUDIO DE POSGRADO EN DERECHO
PROGRAMA DE ESPECIALIZACIÓN EN DERECHO CIVIL

LAS SUCESIONES INTESTAMENTARIAS

NOMBRE:


CIUDAD UNIVERSITARIA, A 30 DE NOVIEMBRE DEL 2007.

I N D I C E


INTRODUCCIÓN. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
CAPITULO 1. ASPECTOS FUNDAMENTALES. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3


    1. CONCEPTO DE SUCESIÓN INTESTAMENTARIA O SUCESIÓN LEGITIMA. . . . . . . 4

    2. BREVES ANTECEDENTES HISTORICOS. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6

    3. NATURALEZA JURIDICA. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 10

    4. PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE LA SUCESION INTESTAMENTARIA. . . . . . . . . . 12


CAPITULO 2. REGULACION DE LA SUCESION INTESTAMENTARIA EN

EL CODIGO CIVIL PARA EL DISTRITO FEDERAL. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 16
2.1. CASOS EN LOS QUE TIENE LUGAR LA SUCESION INTESTAMENTARIA . . . . . . . . 16

2.2. SISTEMAS PARA HEREDAR POR CABEZA, POR ESTIRPE Y POR LINEAS. . . . . . . 20

2.3. EL ORDEN JURIDICO PARA HEREDAR. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22

2.4. EFECTOS DE LA SUCESION INTESTAMENTARIA. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27
CAPITULO 3. DISPOSICIONES PROCESALES Y OBSERVACIONES

AL REGIMEN ACTUAL DE LA SUCESIÓN INTESTAMENTARIA.. . . . . . . 29
3.1. PROCEDIMIENTO JUDICIAL. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29

3.2. TRAMITACIÓN ANTE NOTARIO. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 40

3.3. LA SITUACIÓN DE LOS HIJOS NATURALES. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 41

3.4. CRITICA AL MODO DE SUCEDER DENOMINADO POR REPRESENTACIÓN . . . . . . 43
CONCLUSIONES. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 48
BIBLIOGRAFIA. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50
I N T R O D U C C I Ó N

En el sistema jurídico mexicano, se confiere absoluta prioridad a la voluntad del de cujus para llevar a cabo la transmisión de la titularidad de sus bienes, derechos y obligaciones que no se extinguen por la muerte a sus herederos y legatarios, sin embargo, ante la falta de disposiciones testamentarias eficaces declaradas por el autor de la sucesión a través de un testamento, la ley es la que dispone a quienes y cómo habrá de transmitirse el acervo hereditario.
Así pues, al ser la voluntad unilateral de difunto expresada de conformidad con los lineamientos que la ley prevé para ello, la máxima a observar al momento de transmitir a sus sucesores el patrimonio que formó en vida, para el caso de que dicha voluntad llegase a faltar, la legislación establece disposiciones que son supletorias de la voluntad de aquél, presumiendo cuál podría haber sido la voluntad de una persona que falleció sin haber hecho testamento, atendiendo quizá al sentido común.
Son precisamente las disposiciones legales supletorias de la voluntad del de cujus, las que conforman la sucesión llamada sucesión intestamentaria o legítima, misma que es el tema de la presente investigación, encontrándose esta última, dividida en tres apartados a saber: En el primero de ellos, se establece el concepto de lo que debe entenderse por sucesión intestamentaria o legítima, haciéndose referencia para una mejor comprensión, aunque sea de manera breve, a sus antecedentes históricos en Roma, en España y por supuesto en México, para posteriormente, determinar su ratio legis y establecer aquéllos principios rectores de dicha institución.
En el segundo capítulo, se hace referencia a las disposiciones vigentes sobre sucesión legítima en el Distrito Federal, precisándose en qué casos específicos tiene lugar dicha sucesión, puntualizándose cuáles y en qué consisten los sistemas que prevalecen para heredar, determinándose cuál es el orden riguroso e inalterable para suceder, y qué efectos produce la sucesión intestamentaria o legítima.
Y toda vez que hablando de sucesiones por causa de muerte, no puede dejar de observarse el procedimiento que debe seguirse para conseguir la transmisión de la titularidad de los bienes, derechos y obligaciones del autor de la sucesión que no se extinguen por la muerte, a sus herederos, en el tercer apartado se hace referencia al procedimiento judicial que debe seguirse para llevar a cabo dicha transferencia, indicándose en qué casos, puede ser levada la sucesión ante un notario público y de ser ese e caso, cuál es el trámite a seguir.
Así mismo, en el tercer apartado, se realizan algunos comentarios a cerca de la situación legal de los derechos hereditarios que guardan actualmente los hijos naturales en relación con los hijos legítimos del de cujus.
Una vez hecho el estudio anterior, en la parte final del tercer apartado se analizarán las razones por las cuales, hablando del modo de suceder por estirpes, es incorrecto considerar que la estirpe cuenta con un derecho de representación de su ascendiente premuerto, que repudió la herencia, o que es incapaz de heredar, ya que lo cierto es que la estirpe hereda por derecho propio, al reemplazar a su ascendiente y no representa a éste.
CAPITULO 1. ASPECTOS FUNDAMENTALES.
Es bien sabido que en derecho, la palabra sucesión comprende cualquier acto jurídico en virtud del cual una persona transmite a otra una cosa, un derecho o una obligación, de tal manera que la sucesión puede tener lugar inter vivos o entre personas, o bien mortis causa o por causa de muerte.
Ahora bien, considerando que el tema a tratar en la presente investigación se encuentra comprendido en la sucesión mortis causa, es conveniente precisar que dicha clase de sucesión, “existe, inevitablemente, en cualquier sistema jurídico que atribuya a los individuos cierto poderío sobre las cosas materiales y la facultad de anudar relaciones entre sí. Estos poderes, estas relaciones, necesitan un destino al fallecimiento de su titular, pues la extinción de todos sería fuente de desórdenes sociales y obstáculo insuperable para el tráfico. De ahí la precisión de que alguien se haga cargo de ellos.”1 De esta manera, puede decirse, que la sucesión mortis causa, se presenta cuando existe una transmisión de la titularidad de los bienes, derechos y obligaciones de una persona fallecida, que no se extinguen por la muerte de ésta, a otra u otra personas, que tendrán el carácter de sucesores.
Es importante hacer notar que, esta persona difunta, de cuya sucesión se trata, suele ser denominada causante, de cujus o autor de la sucesión -auctor succesiionis- y únicamente puede ser una persona física, natural o individual, pues el fallecimiento real u oficialmente declarado sólo se da en la persona humana.2
A su vez, la transmisión de bienes, derechos y obligaciones inextinguibles por la muerte (que en conjunto reciben la denominación de masa o acervo hereditario), tiene lugar por una declaración de voluntad unilateral, personalísima, revocable, libre, expresa y formal (que se denomina testamento) de aquél que perece o bien, por disposición de la ley en los supuestos que ella así lo determina, la primera se denomina sucesión testamentaria y la segunda, sucesión intestamentaria o sucesión legítima.
Precisado lo anterior, a continuación se abordarán aspectos cuyo conocimiento es esencial para comprender el tema que nos ocupa.


    1. CONCEPTO DE SUCESIÓN INTESTAMENTARIA O SUCESIÓN LEGITIMA.


No existe en el Código Civil para el Distrito Federal, un precepto legal que indique de manera expresa lo que debe entenderse por sucesión intestamentaria o sucesión legítima, sin embargo, la doctrina se ha encargado de definirla. Al respecto, Carmen García Mendieta expone que “la sucesión es legítima, intestada o ab intestato cuando no existe testamento, ya sea por que el de cujus no lo otorgó, por que perdió validez, o por que la disposición de última voluntad no abarcaba todos los bienes del causante, o bien por que la institución de heredero resulta ineficaz…En el sistema del CC (Código Civil), la ley cumple una función supletoria la voluntad del causante: si falta la voluntad del difunto, se procede en la forma que la legislación establece”.3
Por su parte, Antonio de Ibarrola considera que la “sucesión legal, tiene una significación puramente negativa: es la que no se basa en la voluntad del causante”.4
Alejandro Ramírez Valenzuela estima que “la sucesión se llama legítima cuando no se ha dejado testamento; en este caso, la ley suple la voluntad del difunto y se procede de acuerdo con lo que se supone sería la voluntad del autor de la herencia, protegiendo y asegurado la subsistencia de los parientes más próximos”.5
Para Ernesto Gutiérrez y González, la sucesión mortis causa legal o legítima, “es la sucesión en todos los bienes y en todos los derechos y obligaciones pecuniarios de una que fue persona física, después de que fallece por la o las personas que determina la ley, a falta de una manifestación testamentaria o voluntaria, del que fue titular de esos bienes, derechos y obligaciones”. 6
Dice José Arce y Cervantes que sucesión legítima, “es la que defiere por ministerio de ley cuando falta o no puede cumplirse la voluntad testamentaria del autor de la sucesión. Así como en la testamentaria se defiere por voluntad del autor, en la legítima se defiere por ley (ex-lege) y por eso lleva ese nombre o también los menos propios de sucesión intestada o ab intestato.”7
Como puede apreciarse de las definiciones proporcionadas por los autores antes referidos, la sucesión intestamentaria es denominada también sucesión legítima, legal, intestada o inclusive ab intestato, frase latina que quiere decir el que muere sin testar, debiéndose hacer la observación de que la denominación de sucesión legítima, que es la establecida por la ley, no es la más apropiada, ya que si bien es cierto que su nombre se debe a que las reglas para suceder están prescritas por la ley misma, también es cierto que dicha denominación, da la impresión de que la sucesión testamentaria fuese ilegítima, por ello, dicha sucesión, debe ser designada como sucesión intestamentaria o intestada, con lo cual, se da la impresión de que la regla general es la testamentaria; no obstante ello, en la presente investigación, se emplea además de la denominación de sucesión intestamentaria, la de sucesión legítima, ello en razón a que como se dijo ya, esta última es la empleada por el legislador.
Ahora bien, debe hacerse notar que de las definiciones que han sido citadas con antelación, es posible extraer los siguientes elementos que se presentan en la sucesión intestamentaria:


  1. La muerte de una persona física.

  2. La transmisión de los bienes, derechos y obligaciones del difunto que no se extinguen por la muerte.

  3. La ausencia de voluntad del fallecido que determine cómo ha de llevarse a cabo la transmisión a que se refiere el inciso anterior.

  4. La supletoriedad de la ley en la voluntad del de cujus.


Con base en lo anterior, es posible considerar entonces que la sucesión intestamentaria, legítima, legal, intestada o ab intestato, consiste en la transmisión del conjunto de bienes, derechos y obligaciones de una persona física que ha muerto, a otra u otras, sin que exista legalmente voluntad de la primera que determine cómo debe llevarse a cabo dicha transmisión, siendo en tal virtud la ley, la que dispone los términos en los que debe hacerse dicha transmisión.
Por ahora, basta tener claro lo que debe entenderse por sucesión intestamentaria, pues será motivo de apartados posteriores, el analizar en qué casos específicos, la legislación considera que no existe voluntad del de cujus para designar a quién o quienes habrán de sucederlo en la titularidad de sus bienes, derechos y obligaciones que no se extinguen por la muerte y en consecuencia, de conformidad con la propia ley, quiénes y cómo habrán de adquirir esa titularidad, debiéndose agregar, que “la sucesión intestada se fundamenta en una presunción de voluntad del causante”.8


    1. BREVES ANTECEDENTES HISTORICOS.


Los principios, instituciones y ordenamientos que existen hoy en día en el ámbito jurídico, no han aparecido repentinamente, puesto que tienen antecedentes que constituyen las huellas de su procedencia, de ahí que dichos principios, instituciones y ordenamientos, requieren de un estudio sobre su origen y su pasado, lo que indiscutiblemente contribuye a facilitar su entendimiento y permite opinar sobre su situación presente.
De esta manera, se debe considerar que en la antigüedad, la familia, la propiedad y la sucesión parecieron estrechamente vinculadas, en tanto que la propiedad implicaba su transmisión a través de las generaciones. En aquél entonces, la propiedad de la tierra correspondía a un grupo integrado no sólo por parientes consanguíneos, sino también por personas incorporadas al mismo por motivos diversos, más todos ellos, se encontraban bajo la autoridad de un patriarca. Aquéllos grupos sociales, en los que prevalecía un gran misticismo, permanecían unidos a través de la religión y de sus antepasados, pues a la muerte del jefe, el sucesor, en su calidad de heredero y elemento unificador del grupo cumplía con los ritos de la religión y conservaba la propiedad de la tierra. Por este motivo, la sucesión legítima forzosa -la transmisión de bienes a los descendientes- se justificaba, habiendo prevalecido entre los pueblos antiguos. La libertad para disponer libremente de los bienes apareció cuando el ascendiente común había procreado varios hijos varones o cuando éstos habían sido desheredados por causas graves y una vez nacida la idea de la propiedad individual, pues se reconoció el derecho de vender los bienes adquiridos para luego reconocer la libre disposición por testamento. Se distinguieron así, los bienes que necesariamente se transmitían al grupo, de aquéllos que se adquirían por esfuerzo propio, pudiendo estos últimos, ser transmitidos libremente.9
En Roma, en principio prevaleció la sucesión legítima, sin embargo, posteriormente el individuo hizo pesar su arbitrio, reconociéndose la voluntad individual para disponer de los bienes después de la muerte, imperando entonces la sucesión testamentaria como puede advertirse de la Quinta Ley de las Doce Tablas, misma que ordenaba que se tuviera como derecho lo que el difunto hubiere dispuesto en su testamento acerca de sus bienes y sobre la tutela de los suyos y que si el carente de un heredero forzoso moría intestado, quien tenía la herencia era el agnado más próximo (es decir el pariente más cercano por la línea paterna). Como puede advertirse, esta ley permitió que en ausencia de la voluntad del fallecido, dicha voluntad fuera sustituida por la propia legislación, llamando para suceder a los parientes agnaticios más cercanos, quienes excluían a los más lejanos.
Comenta el Doctor Jorge Mario Magallón que en periodo histórico de Roma en el que fue concebida la Ley de las Doce Tablas, “es la misma ley la que se encarga de seleccionar -sin la voluntad del autor- a quien o a quienes lo van a suceder. Ello -se reitera- por no haber otorgado testamento, o en razón de que aquél que hubiere confeccionado careciere de validez. Por tanto, serán llamados a obtener la herencia, aquél miembro agnado que sea más próximo en línea recta -descendiente que estuviere bajo su potestad- en el grupo familiar con quien el difunto tuviere vínculos más cercanos. En el supuesto de que no existiere ese agnado, entonces, será llamado como heredero el gentil, que es un pariente colateral. De lo anterior resultaba -dentro de los cauces del Derecho Civil- que se prefería siempre a aquélla persona que se encontrara sujeto a la potestad directa del autor de la herencia, en el momento mismo de su muerte. Para la selección, se reconocía en esa aptitud a todas las personas que se encontraran en la misma situación y que constituyeran una generación, como los hijos y las hijas, los nietos y las nietas y los demás descendientes por vía de varones.”10
No obstante la consagración del derecho a disponer a voluntad del patrimonio, el abuso de ese derecho originó en algunos casos el total abandono de los parientes más cercanos. A fin de evitar esa desprotección, las leyes romanas limitaron la libre disposición de una porción de la herencia, pues la otra, correspondía a los herederos forzosos. En ese sentido, José Arce y Cervantes indica que “la sucesión testamentaria llegó a prevalecer sobre la legítima, pero posteriormente se reaccionó contra el abuso de excluir de la herencia a parientes cercanos. Se consideraba que el no dejar parte conveniente de los bienes a los parientes más próximos era una falta a los deberes de la familia o sea a la pietas ergo suos y que el testamento que así los descuidaba era contra officium pietatis y, por tanto, innofficiosum”.11
A mayor abundamiento, cabe decir que en las Novelas del Corpus Iuris Civilis, se prescribió que los ascendientes y descendientes debían ser necesariamente herederos, pudiendo ser desheredados solamente por causas graves y determinadas.
Por otra parte, en el antiguo derecho germano las personas no podían disponer libremente de sus bienes por disposición de última voluntad, pues debían de respetar la disposición legal llamada de la reserva familiar que implicaba dejar sus familiares las cuatro quintas partes de sus bienes, pudiendo disponer sólo de una quinta parte.
Refiere Ernesto Gutiérrez por cuanto hace a la Edad Media que “se estableció la institución llamada del -mayorazgo-, la cual consistía en que, por mandato de la ley, se tenían que transmitir al hijo, aquí si el -hijo- y no a la -hija- mayor, todos los bienes inmuebles. Esta figura jurídica en Inglaterra se designó con el nombre de -primogenitura-. Se pensaba que de esta manera se mantenía la unidad territorial de los bienes, y como en ellos se cifraba la nobleza, se buscó por todos los medios no desmembrar los predios. Así entonces, se tenía necesariamente que dejar el caudal de bienes inmuebles al hijo primogénito, o primer hijo, o al hijo mayor y de ahí el mayorazgo”.12
En España, el Fuero Juzgo estableció que las personas no podían disponer de determinada porción de sus bienes por haberla reservado la ley a determinados herederos (que eran familiares consanguíneos próximos al de cujus, que no podían ser ignorados salvo la existencia de alguna causa precisa de desheredación). A esta porción se le denominó legítima. El Fuero Real y las Leyes del Toro también previeron esta situación.
En México, el Código Civil del Distrito Federal y Territorio de la Baja California de 1870 siguió el sistema español de la sucesión legítima forzosa en una porción de los bienes del autor de la sucesión, la cual, estaba destinada a los parientes por consanguinidad en línea recta descendente o ascendente. Por su parte, el Código Civil del Distrito Federal y Territorio de la Baja California de 1884 erradicó este sistema, permitiendo que el autor de la sucesión pudiera disponer libremente de todos sus bienes a través de un testamento; este nuevo sistema es conocido como de libre testamentifacción y es el rige en el actual Código Civil que data de 1928.
Cabe decir que si bien es cierto que se reconoció la libertad de las personas para disponer en forma plena y voluntaria de sus bienes para después de su muerte a través del testamento, también lo es que la ley salvaguarda los derechos de las personas que dependen económicamente del autor de la sucesión cuando éste al fallecer, no tomó las medidas necesarias para satisfacer sus deudas alimentarias, pues en este caso, se toman bienes de la masa hereditaria suficientes para cubrir dichas deudas, lo que limita o restringe en cierta forma el principio de libre testamentifacción.
Es importante señalar que ante el sistema de libre testamentifacción que hoy en día prevalece en el sistema jurídico mexicano, se busca respetar la voluntad del de cujus, siempre que el testamento en el cual haya sido manifestada, cumpla con los requisitos legales, pasando la sucesión intestamentaria o legítima, a tener un carácter supletorio de la voluntad del testador.


    1. NATURALEZA JURIDICA.


Como ha podido advertirse en el apartado anterior, la sucesión intestamentaria o legítima, parece haber surgido antes que la testamentaria, sin embargo, es necesario desentrañar cual es su ratio legis, es decir, su razón de existir, o bien su fundamento.
Para tratar de explicar dicha situación, se han formulado las siguientes teorías:13


  1. La escuela derecho natural, que considera que la razón de existir de la sucesión legítima se encuentra en el orden de la sangre, en el orden divino o bien en el orden natural, puesto que es de considerarse que Dios hizo nacer al hombre en el seno de una familia.

  2. Para la denominada doctrina biológica, la herencia tiene la misma causa que el fenómeno de la reproducción del individuo, de tal manera que los descendientes son desmembramientos de un ser (sin embargo bajo esa óptica, esta teoría no explica la sucesión de los ascendientes y de los colaterales).

  3. Autores como Grocio, Pufendorf y Stuart Mill entre otros, sostienen una teoría que fundamenta la sucesión legítima en la voluntad presunta del causante. Esta teoría, es acorde al derecho romano contenido en las Novelas del Corpus Iuris Civilis, que influyó en muchas legislaciones modernas.

  4. La teoría de la copropiedad familiar, expone que en la sucesión legítima, el heredero funda su derecho en que ocupa un lugar en la familia.

  5. Para Antonio de Ibarrola, la sucesión intestada es necesaria para continuar el ámbito económico y jurídico que en vida correspondió al difunto, mismo que no puede cesar bruscamente, ya que el individuo no vive sólo para sí, sino también para sus semejantes.


De las posturas expuestas, es de considerarse que la última de ellas resulta ser la más aceptable, puesto que en efecto, la razón de existir de la sucesión intestamentaria o legítima se explica si se considera que durante su vida, el ser humano adquiere bienes, derechos y obligaciones, muchos de los cuales no se extinguen por la muerte, sin embargo al morir, cuando falta o no puede cumplirse la voluntad que el fallecido dispuso para transmitir la titularidad de ese cúmulo de bienes, derechos y obligaciones, es la ley, ordenamiento de observancia general en una sociedad, la que debe suplir esa ausencia de voluntad, estableciendo los deberes del difunto para con la sociedad en general, y para con sus parientes más próximos en lo particular, pues se ha pensado, que la garantía de conservación del patrimonio en el seno de la comunidad familiar, estimula al hombre a consagrarse a las actividades productivas, liberándole de la miseria, y le dan la seguridad de que acaecida su muerte, serán favorecidas las personas que ama y para el caso de que quienes lo sucedan sean sus hijos, quedará afianzado el futuro de su descendencia14; por ello, “la experiencia universal, es que las posiciones vacantes van a ir a parar a las personas con las que el fallecido mantenía vínculos de parentesco u otro tipo especial de afección…”.15
No debe perderse de vista que además de la muerte del autor de la sucesión y de la legal falta de voluntad de éste para transmitir la titularidad de sus bienes, derechos y obligaciones que no extinguen por la muerte, para que la sucesión intestamentaria o legítima tenga lugar, es menester que existan uno o más sucesores a quienes la ley les conceda el derecho a heredar, que dichos sucesores sean capaces de heredar y que acepten la herencia.
Es de mencionarse que la sucesión intestamentaria o legítima difiere de la testamentaria en que esta última, “es la sucesión en todos los bienes y en todos los derechos y obligaciones pecuniarios de una que fue persona física, después de que fallece por la o las personas que aquélla designó, a través de una manifestación unilateral de voluntad, conocida o denominada como testamento”.16, es decir, la sucesión testamentaria implica siempre la existencia de la voluntad del de cujus, para transmitir la masa hereditaria, y de hecho, por tal motivo también se le conoce como sucesión voluntaria. Esa existencia de voluntad que legalmente está ausente en la sucesión legítima (dicho de esa manera por que en ocasiones, como se indicará en el capítulo siguiente, sí existe voluntad del autor de la sucesión para transmitir sus bienes, derechos y obligaciones que no se extinguen por la muerte, sin embargo, no puede cumplirse), es en esencia, lo que la hace diferente de la sucesión testamentaria, sin embargo, ambas clases de sucesión se asemejan en que a través de ellas, se transmite la multicitada titularidad de los bienes, derechos y obligaciones del de cujus que no se extinguen por la muerte.


    1. PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE LA SUCESION

INTESTAMENTARIA.
Existen en la sucesión intestamentaria o legítima, ciertos principios, cuyo conocimiento es esencial, pues imperan en la legislación vigente:


  1. En la sucesión intestamentaria, únicamente tienen derecho a heredar las personas designadas por el artículo 1602 del Código Civil para el Distrito Federal (en adelante CCDF), y son:

    • Los parientes por consanguinidad del de cujus, es decir, quienes guardan respecto de aquél, un vínculo sanguíneo siendo éstos los descendientes, los ascendientes y los colaterales hasta el cuarto grado, haciéndose notar que en las reformas al CCDF, publicadas en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el veinticinco de mayo del dos mil, se estableció que el parentesco consanguíneo es, además del vínculo entre personas que descienden de un tronco común, el hijo producto de una reproducción asistida, y el que se da en caso de adopción plena entre el adoptado, el adoptante, los parientes de éste y los descendientes de aquél. (art.293 CCDF)


En las mismas reformas aludidas, se suprimió la adopción simple, considerándose todas las adopciones plenas, salvo la que se presenta, cuando los parientes consanguíneos adopten, pues en este caso, la ley dispone que los efectos de la adopción son únicamente entre adoptante y adoptado y no así los parientes consanguíneos de uno o de otro. (arts. 295 y 410-D CCDF)


    • El cónyuge o concubino supérstite.

    • A falta de todos ellos, el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia del Distrito Federal.


De esta manera, se tiene que los parientes por afinidad del autor de la sucesión, esto es, los que tuvieron con aquél un lazo de parentesco resultante de un matrimonio o concubinato (considerando que este tipo de parentesco, es el que adquieren el hombre y la mujer en virtud de un matrimonio o concubinato, con sus recíprocos parientes consanguíneos), no tienen derecho a heredarlo. Este principio se encuentra previsto por el artículo 1603 del CCDF.
A través de este principio, puede percibirse que al igual que en épocas antiguas, a través de la sucesión intestamentaria o legítima, se sigue pretendiendo beneficiar a la gente más estrechamente vinculada al de cujus.
Cabe mencionar que el parentesco por consanguinidad en línea recta, da derecho a heredar sin limitación de grado, en tanto que en línea colateral únicamente hasta el cuarto grado según se advierte del artículo 1602 del CCDF, aclarándose que de conformidad con lo preceptuado por el artículo 296 del mismo ordenamiento, cada generación forma un grado y la serie de grados constituye lo que se denomina línea de parentesco.


  1. Los parientes más próximos, excluyen a los más lejanos. En este principio, previsto por el artículo 1604 del cuerpo legal invocado en el párrafo precedente, se aprecia con mayor intensidad la intención del legislador para que en el caso de que una persona fallezca sin haber dejado testamento, sus parientes más próximos sean los que adquieran la titularidad de los bienes, derechos y obligaciones que no se extinguen por la muerte.


Es de hacer notar que aún y cuando entre quienes son cónyuges no existe ningún tipo de parentesco, para efectos de la sucesión legítima, la ley asimila al cónyuge sobreviviente a un pariente de los más próximos al de cuyos, tal como se advierte del artículo 1602 del código sustantivo en comento.


  1. En la sucesión intestamentaria, se puede heredar por cabeza o en nombre propio, o por estirpe, que es cuando un descendiente entra a heredar a un ascendiente al que originariamente correspondía una herencia o legado y que ha muerto, lo que se halla previsto por el artículo 1609 del CCDF. Ernesto Gutiérrez y González adiciona que además, “se dice que se hereda por línea, cuando heredan los ascendientes de segundo o ulterior grado, como los abuelos, los bisabuelos, etc., o en línea descendente, como los nietos, bisnietos, etc.”17


No debe dejar de mencionarse que los sucesores del de cujus no son representantes de éste, toda vez que en virtud de la sucesión, se les transmite la titularidad de los bienes, derechos y obligaciones que conforman el acervo hereditario, lo que en modo alguno implica que deba considerárseles como representantes del autor de la sucesión.
Así mismo, es importante aclarar que la transmisión de la titularidad de los bienes, derechos y obligaciones integrantes de la masa hereditaria, ocurre precisamente en el momento de la muerte del autor de la sucesión. Esto acontece no sólo en la sucesión intestamentaria o legítima, sino además en la sucesión testamentaria, pues por mandato de la ley, es a la muerte del de cujus cuando se transmiten todos sus bienes a sus herederos, ya que aún cuando éstos no sean conocidos en ese momento, sino hasta tiempo después cuando se apruebe el testamento respectivo o cuando ley declare herederos legítimos, precisamente la ley, determina efectos retroactivos hasta la muerte del autor de la sucesión, así se desprende del artículo 1660 del CCDF, que establece que los efectos de aceptación o repudiación de la herencia se retrotraen siempre a la fecha de la muerte de la persona a quien se hereda.
Antonio de Ibarrola expresa al respecto que “la muerte del autor de la herencia, es el supuesto básico y principal del derecho hereditario y a él se refieren las múltiples consecuencias que además se retrotraen en la citada fecha, aún cuando se realicen con posterioridad. La muerte determina la apertura de la herencia y opera la transmisión de la propiedad y posesión de los bienes a los herederos y legatarios.”18
Los principios enunciados, son de observancia estricta en la sucesión intestamentaria o legítima, como podrá apreciarse en el capítulo siguiente.
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