Paula Sinay






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5. Espacio escénico: pampa, ombú, rancho, bolas y lazo



Mediante las didascalias referidas a acciones, advertimos la selección de signos indiciales de utilería que luego serán símbolos propios de la región: “(Sale Cancho con un lazo Juancho con unas bolas Chepa con una Picana y Pancha con el yerro de errar y todos cargan sobre Marcos.)”. Los gestos de la agresión con las boleadoras, la picana y el yerro acompañan a la amenaza de colgar “al pícaro atrevido” de un ombú. Por medio de las acotaciones, el dramaturgo ha creado el marco espacio temporal, pero en los mismos diálogos encontramos las referencias que contribuyen a definir el espacio específico de la Pampa húmeda en las alusiones “allá abajo en un bañado y en un pajonal estaba”. Así mismo, Juancho se queja de la enorme extensión del campo.
El discurso directo sirve de estrategia verbal para aludir a las diferentes comidas: la mazamorra, los guisados, el locro de gallina, asado, charqui y los costillares asados:
“PANCHA.-

Que haga unos buenos guisados

Ai tiene charque y menudos

Puede matar un carnero

Y haga un hervido morrudo”


6.Canto folclórico, danza y lenguaje: guitarra y fandango



La música, la canción folclórica y la coreografía de la danza están presentes en este sainete rural en el que se tañe la guitarra, el instrumento musical por excelencia de la Pampa, y se baila un fandango para cerrar la obra con un final feliz:
“CANCHO. -

Traiga la guitarra Marcos

que un fandango hemos de hacer

y hade bailar Chepa, y Juancho

Cancho, y Pancha su muger

(Canta Cancho)
Mi Yerno Juancho Perucho

con sus lecheras

y sus caallos viva

con su Estanciera
(Canta Pancha)

Viva mi hija Chepa

con su Marido

en paz y unión perfecta

y gusto cumplido
(Canta Juancho)
Viva vieja suegra

Y mi señor suegro

que con mi muger Chepa

mucho me alegro
(Canta Chepa)
Tenga mi Padre y Madre

paz con mi Espozo

y yo mi caallo

Mucho reposo
(Canta Marcos)
Vivan todos Busedes

con paz cumprimida

que eu di sentimentu

Perdo eu vida
(Canta Cancho y repiten todos)
Aqui dio fin el Bayle

yel casamiento

viva pues han quedado

todos contentos”.
A través de un lenguaje desenfadado y pintoresco, los personajes reflejaban los caracteres regionales. El verso octosílabo es utilizado en toda la pieza, con dos excepciones, los monólogos del final con forma de soneto y el primer diálogo entre Chepa y Juancho que al verso común intercala el sonsonete trisílabo “ta güeno”. Se advierte el comienzo de la manifestación libre de los vocablos propios del habla gauchesca tales como la terminación “ao” en “callao” por callado, “señoa” por señora, la “vide” por la vi, “uste” por usted y abundantes dichos y refranes.

III. ANSIAS DE LIBERTAD, VALENTÍA, CORAJE, REBELDÍA Y CONFLICTO CON LA LEY EN LA IMAGEN DEL GAUCHO MATRERO EN LA REGIÓN PAMPEANA




“Aquí yace el mal visto, el gaucho, carne de leva, carne de cualquiera, fratricida a pesar suyo. Sobre tierra ajena, rodeado del grillo, la culebra, los pájaros, el puma, que no te dejarán morir, que guardarán tu aliento, tu sangre, tu lanza entera”:
Fernando Lorenzo y Alberto Rodríguez (h.). Los establos de su majestad.


1. La imagen del gaucho matrero en el ámbito pampeano



El poema Martín Fierro de José Hernández funcionó como denuncia representativa de un mundo inmisericorde y cruel con ese modelo social. Ganó ese público para la literatura y le mostró a su misma clase el retrato de sus propias injusticias para concientizar y acusar ante la sociedad y el poder, para reclamar una reparación.
El gaucho matrero es una expresión vital de la realidad plena, insertada en el quehacer cotidiano del ambiente pampeano. Hernández muestra claramente como el paisano se convierte en matrero, alzándose contra la autoridad. La voz ‘matrero’ equivale en nuestra campaña a rebelde o arisco. Y el gaucho que no se dejaba dominar con facilidad recibió el calificativo de ‘matrero’. Otro calificativo similar del gaucho es: ‘alzado’. Así se denomina en el campo al yeguarizo que derrumba barreras en pos de su pareja. Y el gaucho que saltaba el cerco de la ley y en vez de entregarse detenido volcaba su ímpetu en la búsqueda de la libertad, recibió, por extensión, el nombre de ‘alzado’. Naturalmente, todo alzado era rebelde, arisco, es decir matrero.
El cambio producido en la vida rural afectó hondamente la situación mental del gaucho. Se operó un cambio brusco que produjo en él, un desasosiego creciente respecto de las nuevas formas de vida y de trabajo, para las que no se sentía idóneo ni dispuesto. Tal escozor se manifestará en rebelde protesta contra lo que consideraba insensibilidad gubernativa e injustificada intrusión gringa. De allí el enfrentamiento entre el gaucho y la oligarquía paternalista.“Martín Fierro, que había denunciado esta situación, era reconocido en el exterior. Sin embargo, los ilustrados de Buenos Aires se siguieron avergonzando de lo propio y desdeñaron lo autóctono para tomar y aplaudir lo ajeno. Tal desconocimiento reflejó “la farsa culterana de la élite”. (Pérez Amuchástegui, A., 1988: 248).
Alfred Ebelot, un observador extranjero, establece una diferenciación muy útil entre el matrero y el matón. Mientras que todo gaucho puede llamarse matrero, ya que se rebela ante la injusticia y hasta puede desertar si su libertad está en juego; el matón, es sólo un caso patológico, una excepción de lo gauchesco. El matón se trasladará a las orillas cuando tiene el apoyo de un caudillejo político. Cuando no, se alza a la frontera y se transforma generalmente en asaltante o bandolero. Si bien los matreros podían matar ante el peligro inminente, lo hacían en defensa de su libertad, y no por placer ni por paga como los matones.
El gaucho no se interesa por su pasado ni cuida proyectarse hacia un futuro venturoso, en tanto vive mordiendo con fuerza el presente fugaz, se hace fatalista, pero con un fatalismo que no le preocupa mayormente La muerte vendrá y no puede hacer nada para evitarla (352 y ss). Necesitan aferrarse al presente y olvidan el pasado y el futuro.
Conforme a cuanto hemos visto, -sentencia Pérez Amuchástegui- (1988: 319):

“el gaucho no es un degenerado ni un santo, ni un bandido ni un héroe. Es un hombre despreciado o al menos menospreciado por la oligarquía paternalista, que debe enfrentar una vida difícil y dura correspondiente a un período incierto de transformación de la vida rural. Cada día de gobierno de la oligarquía paternalista era más difícil ser peón de campo y trabajar buenamente; y cada día aumentaba el número de alzados y crecía el matrerismo en toda la campaña, constituyéndose en la forma habitual de vida de quienes querían evitar la esclavitud de la frontera. Ser matrero no significaba ser malo o bueno, sino ser rebelde ante la arbitrariedad e insensibilidad del gobierno” (319).
La autoridad contribuyó, canallescamente, a evaporar los bienes del gaucho y lo dejó sin familia, sin bienes, sin hogar, y perseguido como un vago. Buscó refugio en la pulpería y en el pajonal; se hizo nómade y peleador, frecuentó las milongas y peleó y mató. La destrucción de los vínculos que lo unían a la sociedad lo condujo a su miseria. La persecución que sufrió, y el continuo peligro en que se encontró, borraron de su mente toda idea de sociabilidad, y despertaron en él los instintos del desierto, la soledad, la independencia y el desprecio por la vida propia, como de la ajena.

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