Acciones de exclusion de la vocacion hereditaria conyugal






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257. B) Caso en que se ha obtenido declaratoria de herederos.
En este supuesto caben distintas vías:


  1. Incidente de Nulidad. No vemos inconveniente para que la exclusión sea efectuada igualmente por la vía incidental.




  1. Recurso de apelación. Si el cónyuge culpable del divorcio ha obtenido declaratoria de herederos, se puede peticionar por la vía de apelación y lograr que el tribunal de alzada corrija la indebida inclusión, si ha habido un planteamiento anterior sobre la inclusión o exclusión.

En todo caso, el cónyuge excluido puede acudir al recurso de apelación de la declaratoria de herederos, y lograr que el tribunal de alzada corrija la indebida exclusión.

Algunos ordenamientos procesales provinciales prevén expresamente la apelabilidad de la declaratoria de herederos. Así lo contempla el Código Procesal mendocino en el art. 320, que establece en su inc. V: “La sentencia de declaratoria de herederos o de reputación de vacancia de la herencia es apelable en forma libre”.

A pesar de que la declaratoria de herederos es un procedimiento formal que no causa estado30, cabe también su apelación en el ordenamiento procesal nacional, por aplicación de la normativa que sobre apelaciones contempla el art. 242, inc. 2, del Código Procesal de la Nación.

La doctrina especializada en el tema ha admitido la apelabilidad de la declaratoria de herederos concedida libremente, sin perjuicio de que en caso de que se la confirme proceda el juicio ordinario tendiente a su modificación31


  1. Recurso de Nulidad. Corresponde también impugnar la declaratoria de herederos en la cual se ha incluido indebidamente a la cónyuge cuando se trata de una nulidad típicamente procesal o de una nulidad absoluta, por habérsela dictado sobre la base de un matrimonio acreditado en forma supletoria, cuya existencia no se aprobó fehacientemente32.

Lo antedicho implica que cuando haya algún vicio procesal se podrá lograr la exclusión hereditaria de la cónyuge por medio del incidente de nulidad o de la apelación por nulidad.


  1. Demanda ordinaria. La última de las formas en que se puede lograr la exclusión de cónyuge es por medio del ejercicio de una acción ordinaria, cuando el cónyuge ya haya sido declarado heredero, o antes, cuando se pretenda ser reconocido en su lugar.

Al respecto, es de aplicación el art. 702 del Código Procesal de la Nación, que dice: “Cualquier pretendiente podrá promover demanda impugnando su validez o exactitud, para excluir al heredero declarado o para ser reconocido con el”.

En el ordenamiento procesal mendocino se aclara expresamente: “Las cuestiones que se susciten cobre exclusión de herederos declarados, preterición de herederos forzosos en el testamento (…) y cualquier otra respecto a os derechos de la sucesión se sustanciarán en pieza separada y en procedimiento ordinario” (art. 323).

258. Sujeto activo.
La exclusión hereditaria por separación judicial decretada puede ser invocada por los herederos llamados a suceder en concurrencia con el divorciado culpable o en lugar de él33.

El problema consiste en determinar si pueden ser aceptados como accionantes otros interesados, como, por ejemplo, el fisco o los acreedores de os sucesores legitimados por la vía subrogatoria.

En cuanto a los acreedores de los herederos postergados por el viudo, entendemos que pueden intervenir, porque, como la separación ya está decretada, no cabe hablar de una acción personal, sino meramente patrimonial. En este caso es perfectamente posible el ejercicio de la acción subrogatoria por parte de los acreedores de los sucesores, para pedir la exclusión del cónyuge.

En defensa de los intereses de los incapaces – ya sean menores, personas por nacer, dementes declarador, o sordomudos que no saben darse a entender por escrito (art. 397, inc. 1, Cód. Civil)-, el ministerio pupilar, como representante promiscuo (art. 59, Cód Civil), puede pedir la exclusión del cónyuge o la designación de un tutor especial para que represente los intereses de los incapaces, que se hallan en colisión con los del cónyuge su­pérstite34.

En cambio, carecen de legitimación para pedir la exclusión hereditaria conyugal los acreedores de la sucesión, quienes para hacer efectivo su crédito no necesitan excluir al viudo, sino de­mandar a los herederos y embargar los bienes del sucesorio.

Tampoco están legitimados, en principio, los legatarios de cosa cierta, debido a que no tienen interés en el apartamiento del viudo o viuda.

El deudor de la sucesión no tiene personería para solicitar la exclusión del viudo o viuda, porque hasta tanto se haga efectiva la pérdida de la herencia, si media declaratoria de herederos el cónyuge ostenta la condición hereditaria, y quien le paga se libera de su obligación; por ello carece de interés en el planteo de la acción de exclusión del cónyuge35. "Aquí, razonablemente, puede aplicarse por analogía el art. 3299. Quien pretenda cubrir su in­cumplimiento, o pretenda blandir razones para no cumplir, no pue­de ser protegido pese a la causal flotante, no decretada, o, mejor dicho, judicialmente establecida, determinando la exclusión. El deudor no tiene legitimidad para invocar el divorcio o la separa­ción de hecho, para detener la acción del viudo que le reclama el pago. Claro está que si otro heredero hubiera obtenido el apar­tamiento de aquél, la defensa sería viable, porque estaría recla­mando quien dejó de ser heredero de su acreedor"36.

En un fallo de la Cámara 4! Civil y Comercial de Córdoba se dijo: "La reforma de la declaratoria de herederos puede hacerse, en ejercicio de la acción ordinaria, por quien tenga interés, y puede solicitar exclusión de herederos quien se opuso a su reco­nocimiento"37 (la bastardilla es nuestra).

Cabe preguntarse si el heredero que en el juicio sucesorio no se opuso a la inclusión del cónyuge, pierde su legitimación para demandar con posterioridad.

Compartimos en esto el criterio sentado por la Cámara Na­cional Civil, Sala B, la cual ha dicho que "el hecho de que un heredero intervenga en el sucesorio y consienta la declaratoria de herederos no le impide discutir luego el derecho de quien ha sido tenido como tal"38.

Ello es así porque la declaratoria de herederos importa un proceso de verificación formal de la calidad hereditaria, que no causa estado. Es una sentencia que no tiene efecto de cosa juz­gada, porque se limita a declarar quiénes han justificado su derecho.
259. Sujeto pasivo.

Lógicamente, la acción de exclusión debe ser dirigida contra el cónyuge supérstite, que ha ocultado su culpabilidad en la sepa­ración personal y ha logrado ser incluido en el sucesorio, o pre­tende que se lo incluya.

Pero también puede ocurrir que el supérstite trasmita sus derechos hereditarios, en cuyo caso quienes pretendan la exclu­sión deberán accionar contra sus sucesores39.
260. Defensas que puede oponer el cónyuge al cual se pretende excluir: enunciación.
El cónyuge a quien se pretende excluir puede intentar como defensas: a) la reconciliación; b) la nulidad de la inscripción de la sentencia de separación personal; c) la falsedad del documento que prueba el divorcio; d) la prescripción.

Corresponde al tratamiento por separado de cada una de ellas.
A) La reconciliación. La reconciliación consiste en la restitu­ción del estado normal del matrimonio cuando dicho estado ha sido quebrado por desavenencias resultantes de causales de se­paración, o cuando esta última ha sido declarada40.

En la doctrina extranjera, Henry Léon y Jean Mazeaud carac­terizan la reconciliación como "el acuerdo de voluntades refle­xivas de los cónyuges, resueltos a perdonarse los agravios y rea­nudar la vida en común"41.

En definitiva, la reconciliación es el acto jurídico que supone la voluntad de ambos cónyuges de restituir en su plenitud los deberes y derechos impuestos por el matrimonio42.

El art. 234 del Código Civil, reformado por la ley 23.515, esta­blece: "Se extinguirá la acción de separación personal o de di­vorcio vincular, y cesarán los efectos de la sentencia de separa­ción personal, cuando los cónyuges se hubieren reconciliado des­pués de los hechos que autorizaban la acción. La reconciliación restituirá todo al estado anterior a la demanda. Se presumirá la reconciliación si los cónyuges reanudaran la cohabitación".

Conforme a la norma trascrita, si entre los cónyuges hay re­conciliación posterior a la sentencia de separación personal, renace la vocación hereditaria del cónyuge culpable, porque se restituye todo al estado anterior a la demanda.

Por ello, si se pretende excluir al cónyuge culpable, éste podrá defenderse alegando la reconciliación, que es un estado de hecho: no habiendo disolución del vínculo, no hay necesidad de volverse a casar después de la reconciliación, para borrar los efectos del divorcio.

Para quien opone como defensa la reconciliación, el problema reside en la prueba. La reconciliación puede ser probada por di­versos hechos:
1. La cohabitación. Del texto de la ley surge que probada la cohabitación, se presume la reconciliación. Por ello, a la cónyuge supérstite le bastará probar que había cohabitado para que se pre­suma la reconciliación y resurjan sus derechos hereditarios.

Cabe preguntarse si esa presunción es iure el de iure. Guas­tavino entiende que estamos frente a una presunción iure et de iure, porque "no puede permitirse que el marido pueda alegar y probar que no tuvo intención de perdonar las faltas de su cón­yuge"43

La jurisprudencia y la doctrina han evolucionado en sentido distinto, y se ha admitido casi unánimemente que la cohabita­ción constituye una presunción iuris tantum44.

Entre otros casos jurisprudenciales en que se desvirtuó la presunción de reconciliación mediante prueba en contrario, ha­llamos un fallo de la Cámara de Apelaciones de La Plata en el cual se dijo que no cabía interpretar como reconciliación el re­greso de la mujer al hogar conyugal cuando aquél estaba motivado en consejos de su familia y con el fin de cuidar la educa­ción y la salud de sus hijos45.

Tenemos, pues, que si el cónyuge supérstite prueba la coha­bitación, hace jugar en su favor la presunción de reconciliación, que podrá ser destruida por quienes pretenden excluirlo, y para destruir tal presunción deberán probar que la convivencia no importó una reconciliación. En este sentido, gran cantidad de precedentes jurisprudenciales han señalado que la simple convi­vencia de los esposos bajo el mismo techo no importa una recon­ciliación si se prueba que los cónyuges no cumplen con el débito conyugal sin motivos que lo justifiquen46. Al respecto, se ha con­siderado elocuente que las partes duerman en dormitorios sepa­rados47.
2. Otros hechos que prueban la reconciliación. La jurispru­dencia ha entendido que presuponen la reconciliación los siguien­tes hechos:

a) el reconocimiento de hijos48;

b) el matrimonio religioso celebrado durante el reencuentro de los esposos49;

c) el otorgamiento de poderes generales de administración y disposición.
Respecto de esto último, en un precedente jurisprudencial se señaló que "aun aceptando que los actos jurídicos efectuados, por los que se le confería a la demandada total poder de administra­ción y disposición de los bienes del causante, no importan por sí una pauta total de reconciliación entre los esposos, limitándola a los intereses materiales, existen en el caso importantes testi­monios respecto a la conducta exteriorizada por los esposos, que ponen de relieve, finalmente, la existencia del espíritu reconcilia­torio"50,
B) Nulidad de la inscripción de la sentencia de separación personal. Este tema tiene gran relevancia con relación al mo­mento desde el cual la sentencia de separación personal queda firme.

Como ha señalado nuestra doctrina, una sentencia queda consentida cuando las partes, después de notificadas, han dejado trascurrir los plazos legales sin interponer recursos ante el supe­rior; cuando, habiendo sido concedido el recurso interpuesto, se lo ha declarado desierto porque no se ha expresado agravios -quedando firme, en consecuencia, la sentencia de primera ins­tancia-, o cuando se ha producido la perención de la instancia, por haber trascurrido los plazos legales sin que se haya elevado los autos al superior. Una sentencia queda ejecutoriada cuando es confirmada por el tribunal de apelaciones, si la de primera instancia era condenatoria, o cuando aquél la ha revocado, si era absolutoria. De tal manera, podemos decir que una sentencia está firme cuando se halla consentida o ejecutoriada, con lo cual se convierte en un título ejecutorio, que les otorga a las partes la facultad de solicitar que el órgano jurisdiccional disponga la eje­cución coactiva de dicha sentencias51.

El problema se puede presentar si antes de que quede firme la sentencia de divorcio, el causante mucre sin ser notificado, pero la cónyuge, sin haber notificado la sentencia, ha gestionado y logrado su inscripción registral. Muerto el causante, la supérstite podría oponer la nulidad de dicha inscripción registral por no haber estado firme la sentencia.

Ahora bien: si la parte que gestionó la indebida inscripción registral es la que luego peticiona su nulidad, evidentemente, tal nulidad debe ser rechazada. Ello, porque si la cónyuge, conside­rando firme la sentencia, pidió y obtuvo el testimonio del divor­cio, y solicita después -en el sucesorio de su esposo- la anula­ción de la inscripción, no hace más que alegar su propia torpeza, contradecir sus propios actos e invocar el error de derecho como excusa, conductas, éstas, que el ordenamiento jurídico no auto­riza y que el órgano judicial no puede amparar sin riesgo de afectar la buena fe que debe imperar en las resoluciones jurí­dicas52.

Distinto es el supuesto en que la sentencia ha sido inscrita sin estar firme y tal inscripción la ha gestionado el causante. En este caso, si los herederos que pretenden excluir a la cónyuge oponen como prueba la inscripción registral, la cónyuge supérs­tite podrá oponer la nulidad de la inscripción registral.
No obstante, siempre quedaría abierta la posibilidad de que la cónyuge fuera excluida mediante la aplicación del art. 3585 del Código Civil.

C) Falsedad del documento con que se prueba el divorcio. Otra de las defensas que lógicamente podría esgrimir el cónyuge es la falsedad del documento con el cual se prueba el divorcio.

Puesto que el divorcio se lo obtiene mediante sentencia, y ésta es un instrumento público, habrá que argüir de falsedad este último, basándose en la falsedad material de aquélla, por una falsi­ficación completa, una alteración o una supresión53.

La impugnación de falsedad deberá ser tramitada por vía de incidente, conforme a lo previsto por el art. 395 del Código Pro­cesal de la Nación.

Si la cónyuge supérstite promueve la impugnación de false­dad de la sentencia de divorcio, deberá promover el incidente dentro del plazo de diez días de realizada la impugnación, bajo apercibimiento de tenerla por desistida.
261. Prueba de la exclusión
Quien pretenda la exclusión del cónyuge supérstite de la de­claratoria de herederos, o su no inclusión en ella, basándose en la culpabilidad de aquél en la separación, deberá acreditar los extremos en que funda su pretensión.

En principio, el onus probandi le incumbe a quien pretende la exclusión del heredero, y no a éste54.

Empero, tal principio no es absoluto, ni lleva a sostener que el demandado deba quedar absolutamente exceptuado de la carga de allegar, a su vez, los elementos de juicio que sirvan para ro­bustecer su posición55.

Por ejemplo, al cónyuge le bastará acreditar su vocación here­ditaria con la partida de casamiento. Quien pretenda excluirlo tendrá que probar su culpabilidad en la sentencia de separación personal, y, a su vez, el supérstite, si se defiende, deberá demos­trar los extremos de su defensa.
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