Colección Enigmas del Cristianismo






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títuloColección Enigmas del Cristianismo
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fecha de publicación19.07.2015
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Ediciones Martínez Roca, S. A.
Dep. Información Bibliográfica
Gran Via, 774 08013 Barcelona

Kariheinz Deschner

Historia criminal del cristianismo

La época patrística

y la consolidación del primado de Roma

Colección Enigmas del Cristianismo

Ediciones Martínez Roca, S. A.

Traducción de José Tola Cubierta: Geest/Hóverstad

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autori­zación escrita de los titulares del «Copyright», bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendi­dos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos, así como la ex­portación e importación de esos ejemplares para su distribución en venta, fuera del ámbito de la Comunidad Económica Europea.

Título original: Kriminalgeschichte des Christentums

© 1986, Rowohit Veriag GmbH, Reinbek bei Hamburg

© 1991, Ediciones Martínez Roca, S. A.

Gran Via, 774, 7.°, 08013 Barcelona

ISBN 84-270-1493-7

Depósito legal B. 26.238-1991

Fotocomposición de Pacmer, S. A., Miquel Ángel, 70-72, 08028 Barcelona

Impreso por Libergraf, S. A., Constitució, 19,08014 Barcelona

Impreso en España - Printed in Spain
Dedico esta obra, especialmente, a mi amigo Alfred Schwarz. Asimismo deseo expresar mi gratitud a mis padres, que tanto me ayudaron en todo momento, y a todos cuantos me prestaron su colaboración desinteresada:

Wilheim Adler

Prof. Dr. Hans Albert

Lore Albert

Klaus Antes

Else Arnold

Josef Becker

Karl Beerscht

Dr. Wolfgang Beutin

Dr. Otto Bickel

Dr. Dieter Birnbacher

Dr. Eleonore Kottje-Birnbacher

Kurt Birr

Dr. Otmar Einwag

Dr. Karl Finke

Franz Fischer

Kláre Fischer-Vogel

Henry Gelhausen

Dr. Helmut Häussler

Prof. Dr. Norbert Hoerster

Prof. Dr. Walter Hofmann

Dr. Stefan Kager y Frau Lena

Hans Kalveram

Karl Kaminski y Frau

Dr. Hedwig Katzenberger

Dr. Klaus Katzenberger

Hilde y Lothar Kayser

Prof. Dr. Christof Kellmann

Dr. Hartmut Kliemt

Dr. Fritz Kóble

Hans Koch

Hans Kreil

Ine y Ernst Kreuder

Eduard Küsters

Robert Máchler

Jürgen Mack

Dr. Jórg Mager

Prof. Dr. H. M.

Nelly Moia

Fritz Moser

Regine Paulus

Hildegunde Rehle

M. Renard

Germán Rüdel

Dr. K. Rügheimer y Frau Johanna

Heiz Ruppel y Frau Renate

Martha Sachse

Hedwig y Willy Schaaf

Friedrich Scheibe

Else y Sepp Schmidt

Dr. Werner Schmitz

Norbert Schneider

Dr. Gustav Seehuber

Dr. Michael Stahl-Baumeister

Prof. Dr. Wolfgang Stegmüller

Almut y Walter Stumpf

Artur Uecker

Dr. Bernd Umlauf

Helmut Weiland

Klaus Wessely

Richard Wild

Lothar Willius

Dr. Elsbeth Wolffheim

Prof. Dr. Hans Wolffheim

Franz Zitzlsperger

Dr. Ludwig Zollitsck



índice

1. Atanasio, doctor de la Iglesia (hacia 295-373) ..................................... 15

La naturaleza complicada de Dios y el dominio de las tinieblas ………. 17
No se luchó por la fe, sino por el poder y por Alejandría ... …………….. 21
El Concilio de Nicea y la profesión de fe «constantiniana» . . …….……. 24
Carácter y táctica de un padre de la Iglesia ........... ………………..……. 27

Otras difamaciones de Atanasio, falsificaciones y la muerte de

Arrio. ................................ ……………………………………….………. 31

El «campo de batalla» de Alejandría bajo los patriarcas Ata-
nasio y Gregorio.
........................................................................................ 35

Antioquía y el cisma meleciano .................................................................. 38

Situación análoga a la de una guerra civil en Constantinopla

y amenaza de guerra desde el Occidente católico . . . . . ………………….. 40

Regreso de Atanasio (346), nueva huida (356) y amparo du-
rante seis años con una belleza veinteañera ......... ……………………….. 42

Los sínodos de Arles, Milán, Rímini y Seleucia y el espectácu-
lo tragicómico de los obispos Lucifer de Cagliari y Liberto

de Roma .......................... .... ………………………………………………. 44

Padres conciliares sin escrúpulos y el patriarca Jorge, un
«lobo» amano, monopolista y mártir ......... . . ……………………………………………..48

2. Ambrosio, doctor de la Iglesia (hacia 333 o 339-397) . …………………….53

La política ambrosiana, arquetipo para la Iglesia hasta la actualidad….…..55.

San Ambrosio impulsa la aniquilación de los godos y vive el
«ocaso del mundo» ..................... ... ……………………………………..59

El emperador Teodosio «el Grande»: Lucha en favor del ca-
tolicismo y «sangre vertida como agua»
.......... …………………………66

La lucha de Ambrosio contra el paganismo .......... . …………………………70

Ambrosio aniquila el cristianismo amano de Occident………………………… 73

Descubrimientos de un padre de la Iglesia o «l’ elemento so-

prannaturale» ....................................................................................................78

La batida contra Prisciliano: Las primeras ejecuciones de

cristianos a manos de cristianos ................ ………………………………… 81

El padre de la Iglesia Ambrosio, un antisemita fanático. Pri-
11

mera quema de sinagogas con autorización y por orden de

obispos cristianos ................ ¡ .................................................................. 83

Una sospechosa misión diplomática de Ambrosio y una guerra

entre soberanos católicos .................... …………………………………. 86

Dos masacres de un emperador «notoriamente cristiano» y la

explicación que da Agustín al derramamiento de sangre …………... 89
La lucha de Teodosio «el Grande» contra los «herejes» . . ..„………… 91
Con la legislación y la guerra contra el paganismo .... .;..…………….. 94
3. El padre de la Iglesia Agustín (354-430). ......... ................................... 101

«Genio en todos los campos de la doctrina cristiana» y luha
«hasta el último instante» ............ . …………………………………….. 104

La campaña de Agustín contra los donatistas ……………………………... 108

El derrocamiento de P elogio ………………………………………………….125

La acometida de Agustín contra el paganismo ………………………….. 134
El obispo de Hipona y los judíos ........ ………………………………………. 139

Agustín sanciona la «guerra justa», la «guerra santa» y cier-
tas guerras de agresión ..............................................................................
141


4, Los niños emperadores católicos .................. ……………………………155

La división del Imperio: Surgen dos estados católicos forzados ………… 157
Arcadio, Rufino, Eutropo ............................................................................ 160

El «verano caliente» del 400. San Juan Crisóstomo y la masa-
cre de godos en Constantino? la
................ ………………………………. 162

Caza de cabezas, persecución de paganos y de «herejes» ......................... 163
Honorio, Estilicen, Alarico y las primeras incursiones de cris-
tianos germanos ..........................................................................................
165

La invasión de Radagaiso, la muerte de Estilicen y nuevas ma- :

tanzas de godos católico-romanos .......... . . . »……………………………. 169

La caída de Roma (410) y los pretextos de Agustín .................................... 175

La lucha de Honorio contra «herejes», paganos y judíos …………………..181
Teodosio II, ejecutor de «todos los preceptos del cristia-

nismo» ............................. ……………………………………………………….., 184

Antisemitismo agresivo en el Oriente cristiano ....... ………………………..185

Asesinato tras asesinato en el Occidente católico . ..... …………………. . 187
5. La primacía papal o la «petra scandali»: El triunfo de la

subrepción y de la ambición de poder ............................................................ 191

Ni Jesús instituyó el papado ni Pedro fue obispo de Roma . ………………. 193
No hay pruebas de la estancia y la muerte de Pedro en Roma …………… 194
El cuento del hallazgo de la tumba de Pedro .......... ………………………. 196

El origen de los cargos eclesiásticos, de las sedes metropoli-
tanas y patriarcales y del papado ...............
………………………………… 201

La lista de obispos romanos falsificada . . . . ... ... . . ………………………. 202

Las pretensiones de primacía ......... .' .......... …………………………………205
La Iglesia antigua no conocía ninguna primacía de derecho y

honorífica del obispo de Roma instaurada por Jesús . . …………………206
Lo mismo que los obispos y los padres de la Iglesia, tampoco


los concilios antiguos reconocieron la primacía de derecho

de Roma .........................................................................................................210

El asunto de Apiario ......................................................................................214

La disputa sobre la primacía papal continuó hasta la Edad

Moderna .........................................................................................................216

6. Las primeras rivalidades y tumultos en tomo a la sede episco-
pal romana ...................................................................................................221

La lucha de san Hipólito contra san Calixto ………………… …………… 223

Cornelia contra N ovaciono ................ …………………………………..228

El «mariscal de Dios» y «patrón del ganado vacuno» …………………..231

Tumultos, muerte y patrañas. Los papas Marcelino, Marcelo,
Milcíades, Silvestre y otros .........................................................................233


De toda suerte de derramamientos de sangre y de más mártires.
El cisma de Feliciano
..................................................................................236

El papa asesino Dámaso combate al antipapa Ursino y otros
diablos
........................................................................................................242

Creciente reivindicación de la primacía con Dámaso .....

Inocencio I, ¿«la cumbre del cargo episcopal» o simples men-
tiras?
..........................................................................................................245

Eulalio contra Bonifacio, «la cumbre apostólica» » . . …………………..249


Notas………………………………………………………………….253
CAPITULO 1

ATANASIO, DOCTOR DE LA IGLESIA

(HACIA 295-373)
«San Atanasio [...] fue el más grande hombre de su época y quizás, ponderando todo de manera escrupulosa, el más grande de los que haya podido presentar nunca la Iglesia.»

abbé de bletterinni'

«La posteridad agradecida dio al eficaz obispo alejandrino el merecido sobrenombre de "el Grande"; tanto la iglesia oriental como la occidental le veneran como santo.»

joseph LiPPL2

«Toda cuestión política es llevada al campo de la teología; sus adversarios son herejes mientras que él es el defensor de la fe pura. Los adversarios aprenden de él la asociación entre teología y política. [...] Como una especie de antiemperador, anticipó el prototipo de los grandes papas romanos, siendo el primero de los grandes patriarcas egipcios que acabaron por desligar a su país de la unidad imperial.»

G. GENTZ3

«Los actores de la historia de la Iglesia fueron en buena medida los mismos que los de la historia de Bizancio en general.»

friedhelm WiNKELMANN4

«Desde el siglo iv al vn, por el Padre, por el Hijo y por el Espíritu Santo, las escuelas de teología, los papas y los patriarcas se combatieron con todos los medios a su alcance; se juzgó, se degradó y se proscribió;

comenzaron a actuar servicios secretos y maquinarias propagandistas;

las controversias degeneraron en éxtasis salvajes; hubo tumultos y refriegas callejeras; se asesinó; los militares aplastaron las revueltas; los anacoretas del desierto, con el apoyo de la corte de Bizancio, instigaron a las multitudes; se urdieron intrigas por conseguir el favor de emperadores y emperatrices; se desencadenó el terror estatal; lucharon entre sí los patriarcas, se les elevó al trono y se les volvió a destronar en cuanto que una nueva concepción trinitaria lograba triunfar [...].»

hans KÜHNER5

Kühner continúa diciendo: «[...] aparecieron los primeros grandes doctores de la Iglesia, y los santos, en contra de todas las pasiones huma­nas, realizaron una serie de ejercicios mentales dignos de todo encomio que han entrado a formar parte tanto de la historia de la fe como de la his­toria del pensamiento [...]». Sin embargo, cabe puntualizar que esto no se produjo en contra de todas las pasiones humanas sino en buena medi­da por ellas, pues quien se toma en serio el espíritu no puede creer que uno sea dos o tres o que tres sea igual a uno. La teología cristiana llama a esto suprarracional y no contrarracional o irracional. Lo llama misterio, no absurdo. Y al haber entre el cielo y la tierra tantas cosas que nuestra filosofía escolástica ni se imagina, no es necesario tomar por verdadero todo lo que se ha imaginado, ni hace falta tomar el mayor de los absurdos por cierto y considerarlo un gran misterio. «Si Dios -dice Diderot-, por quien tenemos la razón, exige sacrificar la razón, es un prestidigitador que hace desaparecer lo que acaba de dar.»6

La naturaleza complicada de Dios y el dominio de las tinieblas

Cualquier ciencia que se precie se basa en la experiencia, pero ¿qué llega a saberse de Dios, si es que existe? En los primeros tiempos del cristianismo se barajaba «toda una masa de las más diversas ideas» acer­ca de los espíritus celestiales (Weinel, teólogo). En el siglo II y comien­zos del III «apenas nadie» se preocupaba del «Espíritu Santo» (Harnack, teólogo), y en el siglo IV, según se queja Hilario, doctor de la Iglesia, na­die sabe cuál será el credo del año siguiente. Sin embargo, los teólogos fueron ahondando cada vez más en el tema en el curso del tiempo. Llega­ron a descubrir que Dios era algo así como un único ser (ousia, substan­cia) en tres personas (hypóstaseís, personae). Que esta triple personali­dad era consecuencia de dos «procesos» (processiones): de la generación (generatio) del Hijo a partir del Padre y de la «exhalación» (spiratio) del Espíritu entre el Padre y el Hijo. Que esos dos «procesos» equivalían a

17
cuatro «interacciones» (relationes): la calidad de padre y la de hijo, la exhalación y el ser exhalado, y esas cuatro «interacciones» dan a su vez cinco «particularidades» (proprietates, notiones). Que al final, todo esto, en mutua «compenetración» (perichóresis, circuminsessio) daría sólo un Dios: ¡actus purissimus! Por más que hayan dado de sí los quebraderos de cabeza a lo largo de los siglos, los teólogos saben «que cualquier tra­bajo intelectual sobre el dogma de la Trinidad seguirá siendo una "sinfo­nía inacabada"» (Anwander) o, por mucho que se profundice en ello, «un misterio de fe impenetrable», como escribe humildemente el benedictino Von Rudioff, aseverando con toda seriedad que nada de ello «habla en contra de la razón. No decimos que tres sea igual a uno [...] sino que tres personas son un ser». Y eso sin decir que se profundizó en el tema multi­tud de veces, y que puede seguir haciéndose. Sin embargo, en 1977, a Kari Rahner le parece «evidente que la historia de los dogmas (en el sen­tido más amplio de la palabra) continúa y debe continuar [...] por lo tanto la historia de los dogmas continúa [...]».7

Por mucho que puedan decir los teólogos -un proceso sin fin de con­ceptos a menudo nebulosos, sobre todo porque en la historia de los dog­mas han impuesto sus creencias por todos los medios, incluso recurrien­do también a la violencia-, al no haber sido nunca tales disputas más que una discusión por las palabras y porque nunca poseyeron, ni poseen, nin­guna base de la experiencia, precisamente por eso, y hablando por boca de Helvetius, «el reino de la teología se contempló siempre como el do­minio de las tinieblas».8

En el siglo iv se intentó arrojar luz sobre estas tinieblas, con lo cual todo se volvió todavía más oscuro. «Todo el mundo sospecha de su próji­mo -reconoce el padre de la Iglesia Basilio-; se han soltado las lenguas blasfemas.» Pero los concilios, en los que, iluminados por el Espíritu Santo, se intentaba aclarar los misterios, sólo contribuyeron a crear ma­yor confusión. Incluso Gregorio Nacianceno, santo padre de la Iglesia, se burla de las conferencias clericales y admite que rara vez llegan a buen fin, avivando más la polémica en lugar de suavizarla: «Evito las reunio­nes de obispos pues hasta el momento nunca he visto que ningún sínodo acabara bien; no resuelven ningún mal sino que simplemente crean otros nuevos [...] En ellos sólo hay rivalidad y luchas por el poder».

Diversas circunstancias dificultan la orientación. Por un lado, del im­portante Concilio de Nicea (325) apenas se ha conservado nada, lo mis­mo que de algunos otros sínodos. Por otro lado, los vencedores impidie­ron la circulación de los escritos de sus opositores, cuando no llegaron a destruirlos. Sólo unos pocos fragmentos de Arrio, o de Asterio de Capadocia, un arriano moderado, han llegado hasta nosotros a través de citas en escritos de réplica. Aunque los tratados católicos se difundieron con frecuencia, sobre todo muchos de los redactados por los padres de la

18

Iglesia Hilario de Poitiers (fallecido en 367) y Atanasio de Alejandría (fallecido en 373), se trata sólo de productos propagandísticos subjetivos. Los no menos tendenciosos historiadores del siglo v Sócrates, Sozomeno, Teodoreto y Filostorgio, de estricta tendencia arriana (o dicho con mayor precisión: eunomiánica), son ya de generaciones posteriores.10

Una buena idea de la historiografía espiritual de esta era y de su ten­dencia sin escrúpulos a falsear nos la proporciona la primera historia glo­bal de la Iglesia después de Eusebio, la de Gelasio de Cesárea (fallecido entre 394 y 400). Desconocida hasta hace poco tiempo, se la ha recons­truido en gran parte y su importancia se acrecienta por el hecho de tomar como fuente principal de sus descripciones a historiadores de la Iglesia del siglo v (Rufino, el más antiguo de Occidente, Sócrates y Gelasio de Quícicos). Gelasio fue también sucesor (el segundo) de Eusebio, un alto dignatario y arzobispo de Cesárea con jurisdicción en toda Palestina.n

Friedrich Winkelmann ha presentado de manera muy concisa el méto­do de esta única y gran historia contemporánea de la Iglesia durante la disputa trinitaria: la difamación estereotipada del adversario. El arzobis­po autor de la obra apenas se preocupa de los avances o las diferenciacio­nes producidos. De los arríanos sólo relata reticencias e intrigas; no son más que perturbadores inconvertibles, «títeres del diablo, que habla por su boca». Gelasio atribuye a Arrio un perjurio. Miente también al afirmar que no fue Constancio sino su hijo, el emperador Constantino, quien que­ría rehabilitar a Arrio. Por otro lado, Constantino -una nueva mentira-no desterró a Atanasio, el contrincante de Arrio, sino que le envió de nuevo a Alejandría colmado de honores. Gelasio es también el primero en exponer la falsedad de que Constantino nombró en su testamento a Constantino II, el Católico, heredero de su reino, pero que un presbítero amano dio el testamento a Constancio a cambio de la promesa de apoyar al arrianismo. El obispo de Cesárea no solamente enmascara todo lo ne­gativo, pasando por alto la mayoría de los sucesos, sino que también deja correr simplemente su imaginación, en contra de la verdad estricta; en suma, lo que se manifiesta es «un gran complejo de una burda falsifica­ción de la historia».12

Pero ¿fue Atanasio, doctor de la Iglesia, menos escrupuloso, menos agitador y apologista? Reprueba de manera global a los arríanos: «¿A quién no han ultrajado [...1 a su antojo y arbitrio? ¿A quién no [...] han maltratado hasta el punto que haya muerto en la miseria o hayan resulta­do perjudicados sus parientes? [...1 ¿Dónde hay un lugar que no muestre algún recuerdo de su maldad? ¿A qué adversario no han aniquilado, es­grimiendo además pretextos inventados a la manera de Jezabel?».13

Incluso el benedictino Baur habla de una «guerra civil entre católicos y arríanos», en la que, naturalmente, lo mismo que sucede con todos los auténticos apologetas católicos, los arríanos -cuyo nombre pronto se
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