Resumen : La geografía y el feminismo son dos fuerzas intelectuales poderosas de importancia en la actualidad. Ambas fuerzas ¿pueden comunicarse efectivamente una con la otra para construir un entendimiento más rico del mundo o son dos mundos extraños en choque?






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títuloResumen : La geografía y el feminismo son dos fuerzas intelectuales poderosas de importancia en la actualidad. Ambas fuerzas ¿pueden comunicarse efectivamente una con la otra para construir un entendimiento más rico del mundo o son dos mundos extraños en choque?
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Hanson, S. Geografía y feminismo. ¿Mundos en conflicto?1, Annals of the Association of American Geographers.82 (4), 1992, pp 569-586.

Traducción Perla Zusman
Resumen:
La geografía y el feminismo son dos fuerzas intelectuales poderosas de importancia en la actualidad. Ambas fuerzas ¿pueden comunicarse efectivamente una con la otra para construir un entendimiento más rico del mundo o son dos mundos extraños en choque? En este trabajo exploro tres tradiciones analíticas centrales que son compartidas por la geografía y el feminismo: la búsqueda del significado de la vida cotidiana, la apreciación de la importancia del contexto y el pensamiento sobre la diferencia. A través de los ejemplos de estudios en el mercado laboral local ilustraré, luego, como el conflicto entre geografía y feminismo no ha provocado una ignición para una destrucción explosiva sino, por el contrario, ha iluminado nuestra reflexión respecto del género, del lugar, del trabajo. Sostengo que a causa de que la geografía y el feminismo comparten ciertas tradiciones intelectuales, ambas áreas de la investigación deberían, una vez que comienzan a abrirse y aprender una de la otra, no sólo transformarse mutuamente sino que también contribuir a ofrecer una comprensión más acabada del mundo.
Palabras claves: feminismo, geografía, vida cotidiana, contexto, diferencia, mercado laboral local
La crítica feminista (se) basa en ideas, tipos y eventos que,si bien en general no están más allá de la experiencia común, tampoco están más allá de la experiencia común de ciertos hombres (Heilbrun 1990:199)


Este pasaje, a través del cual Carolyn Heilbrun vincula la crítica literaria feminista a la ciencia ficción, me llevó nuevamente a pensar acerca del feminismo y geografía: ¿Tiene sentido pensar el feminismo como una forma de ciencia ficción? ¿Es el feminismo una yuxtaposición extraterrestre a las preocupaciones terrenales de la geografía? ¿El feminismo y la geografía son dos mundos extraños en choque?
Indudablemente las feministas han sido comparadas con los invasores, provenientes de un espacio externo-extraño, horrible, mujeres luchadoras, que vinieron a destruir la acogedora calma y la predictibilidad del orden establecido en la vida terrenal. Y el miedo al feminismo es probablemente muy semejante al miedo a los extraterrestres, ambos enraizados en el terror a lo desconocido, en la angustia producida por el cambio. Porque realmente no existen dudas de que el feminismo hace referencia al cambio.
Pero los cambios planteados por el feminismo son aquellos que pienso que los geógrafos2, más que cualquier otro grupo terrícolas, debería rápidamente aceptar, abrazar y asimilar. Sostendré que, a pesar de la crítica literaria masculina a las cuales Carolyn Heilbrun hace referencia, los geógrafos no deberían suponer que el feminismo estuviera más allá de la experiencia común; la geografía y el feminismo no necesitan ser mundos extraños uno respecto del otro. Sostendré que la geografía y el feminismo comparten ciertas tradiciones centrales, que, si se conocen y alimentan entre sí, enriquecerán ambas áreas de la investigación. Tanto la geografía como el feminismo son contemporáneamente fuerzas intelectuales pan-disciplinarias cuyo reconocimiento es necesario; ambas son centrales para teorizar la sociedad y la vida en la Tierra. Cada una ha de contrapesar la impresión que deja la otra, pero, primero, necesitan conocerse y conocer que tienen en común sus herencias intelectuales 3.
Seguramente, la geografía y el feminismo divergen de forma amplia en, por lo menos, un aspecto: para el feminismo es central la noción que el género ha sido y continúa siendo un importante principio organizativo de la vida social. Todo intento de otorgar sentido al mundo sin tomar en cuenta la componente de género4 corre el riesgo, desde el punto de vista feminista, de garantizar un análisis fundamentalmente falso. Esta idea particular no ha aflorado en la geografía hasta recientemente, la cual, en lugar de centrar la atención en el lugar, el espacio, la localización como conceptos organizadores claves, ha tratado a cada uno (lugar, espacio, localización) como si fueran totalmente ajenos a la componente de género (y también a los de clase y raza). Sin embargo, los marcos de análisis de la geografía y del feminismo comparten muchos de sus fundamentos: la fascinación con la vida cotidiana, la conciencia de la importancia del contexto y la atención en la diferencia. Me detendré en el análisis de estas semejanzas y luego ilustraré - con ejemplos de los estudios de mercados laborales locales- cómo estas tradiciones compartidas permiten a la geografía y al feminismo, cuando chocan, provocan chispas que colorean la comprensión mutua más que la formación de una bola de fuego de destrucción.
El feminismo: vivir en este mundo avisorando otros nuevos

Cuando le mencioné a una colega feminista (que no es geógrafa) que tenía pensado desarrollar en esta presentación las semejanzas entre la geografía y el feminismo, ella sostuvo irónicamente: "bueno, seguramente ambas tendrán una cosa en común y es que la gente no parece poseer una idea muy clara de lo que cada una realmente es. Mientras que esta no era una de las semejanzas que yo tenía pensada originalmente, es probablemente una revelación que denota cierta identidad que considero significativa: ambas son bastante incomprendidas y consideradas siendo lo que en la práctica no son 5. Como ninguno de los aquí presentes esta noche tiene alguna duda acerca de lo que la geografía es, no necesito aclararlo. Pero a fin de despejar toda confusión crónica que pueda existir acerca del feminismo, abordaré esta espinosa pregunta: ¿qué es el feminismo?
El diccionario siempre es un lugar seguro, aunque no siempre satisfactorio para comenzar. El diccionario Webster define al feminismo como "la teoría de la igualdad política, económica y social de los sexos". Las visiones de algunas feministas ayudan a engrosar la definición del diccionario: "sentir haber nacido feminista, pienso que es sentir sin tener el lenguaje con el cual expresarlo, que existe una vida alternativa para la mujer" (Nancy Miller, en el prólogo a Heibrun 1990, xii). "Una feminista cuestiona las disposiciones de género en la sociedad y la cultura (todas las sociedades y culturas) y trabaja para cambiarlas; la transformación deseada da más poder a las mujeres cuando simultaneamente desafía tanto las formas como la legitimidad del poder tal como está ahora establecida (Heilbrun 1990, 3). Más recientemente Heilbrun ha identificado las "mayores, probablemente simples marcas de la vida feminista (como formas de) resistencia a la socialización" (1992, 5). Finalmente, Rebecca West resumió todo esto en 1913 cuando dijo, "Yo misma nunca he sido capaz de definir precisamente que es el feminismo. Sólo sé que la gente me llama feminista cuando expreso sentimientos que me diferencian de un felpudo. ”
Todos estos juicios en relación al feminismo, como el feminismo mismo, acompañan la tensión existente entre el mundo tal como es y las visiones de los diferentes lugares en su totalidad, la tensión como lo afirma Westkott de "describir y transformar" (1979, 428). De aquí, que el feminismo mira al mundo a través de las lentes del género (nota: no de las mujeres o de la femeneidad), mientras que, simultaneamente, busca construir un mundo en el cual el género no sea más una dimensión clave en el cual las posibilidades de vida sean definidas y los recursos situados. Las feministas han acudido a la ciencia ficción como forma de flexibilizar las mentes ante el requerimiento extendido de comprender estas nuevas y diferentes posibilidades. Como otros "conceptos principales" en la ciencia social (Block 1990, 8), el feminismo no es sólo una abstracción analítica, sino un concepto que ayuda activamente a dar forma a la vida social.
Mientras que algunos recurren a los escenarios de la ciencia ficción y a las instancias imaginarias para desprender a la gente de su fijación al status quo, algunas feministas han unido a sus trabajos las metáforas geográficas a fin de cimentar su campo en las realidades del aquí y ahora de la existencia humana así como también mapear los diferentes futuros. La poeta feminista Adrienne Rich, por ejemplo, ha escrito " la política de localización" (1986), y en el título de su libro más reciente An Atlas of the Difficult World (1991), usa la metáfora cartográfica para anunciar un trabajo que está cargado de referencias a objetos geográficos. La bióloga feminista Donna Haraway (1991) describe el "conocimiento situado" con el cual ella explícitamente dice que quiere significar el escribir y hablar desde una "localización específica". Los trabajos de estas y otras feministas están llenos de referencias no sólo a mapas y atlas, a lugares y localizaciones y a geografías específicas, sino que también a pasadizos, caminos, redes, conexiones, y vinculaciones, a límites y fronteras, a "lo local" y "lo global".
De la boca de las teorías feministas, por lo tanto, salen palabras geográficas; las feministas están usando un lenguaje que nosotros geógrafos podemos entender. ¿Pero cuándo las feministas y los geógrafos usan este vocabulario, están significando las mismas cosas?. La respuesta pienso es "del mismo tipo, pero no son verdaderamente las mismas cosas". A través de abrir los significados feministas a las geógrafas y los significados geográficos a las feministas cada una gana, ya que ambas ocupan el mismo campo pero dándose las espaldas unas a las otros. Es mi deseo que la geografía y el feminismo ahora se den vuelta y entren en contacto entre sí cara a cara.
El feminismo y la geografía: un campo en común
Las tres hebras, líneas comunes que identifico-encontrar el significado en la vida cotidiana, apreciar la importancia del contexto y analizar la diferencia- están tan intimamente vinculadas que, sacando de una hebra por vez en este recuento, arrastraré a las otras dos. Estas hebras simplemente no pueden ser puramente cortadas y sacadas de a una por vez y aisladas de las otras.

Encontrar la significatividad cotidiana
Los geógrafos están por debajo de la tierra - Slogan de una camiseta.
Aún en la lucha contra la abstracción del libre flote, nos hemos abstraído...porque no admitirlo, correspondería decir, de manera de poder entrar en contacto con el trabajo que debe hacerse una vez que se descienda nuevamente a la tierra(Rich, 1986,218-19).
En el centro del campo compartido por las feministas y la geografía existe un interés mutuo y un respeto intelectual por el mundo concreto y mundano de la vida cotidiana. Ambos encuentran significación y buscan comprender las condiciones materiales de las experiencias vividas por las personas6. Ambos parecen concordar con Virginia Woolf (1966, 107), "No demos por sentado que la vida existe de forma más completa en aquello que se piensa comunmente como grande que aquello que se piensa comunmente como pequeño".
La geografía centra su atención en el espacio, en el lugar y en la localización que firmemente nos ata, aún en los vuelos fantasiosos, al mundo material. La imaginación geográfica como han expresado John Agnew y James Duncan (1989,1) "es concreta y descriptiva, interesada en la naturaleza de los lugares y las relaciones entre ellos7". Pensar geográficamente es, entonces, mirar analíticamente a aquello que consideramos como dado (Eyles 1988, 202). Siempre senti el tirón de lo mundano; es lo que me arrastró en primer lugar hacia la geografía. Más que la explosión de reyes y reinas, de generales y primer ministros que eran materia de los cursos de historia durante mis años escolares, lo que me fascinaba de la geografía era su interés en cómo la gente común en lugares y tiempos particulares daba forma a sus vidas y creaba sus vidas. Los estudios geográficos de las trayectorias del espacio-tiempo y los patrones de actividades cotidianas, de los pequeños agricultores, y los riesgos ambientales todos ellos me ilustraban el interés en lo cotidiano.
La experiencia de vida ha sido también un punto de partida para los análisis feministas. Mascias-Lees et al. (1989, 23) se hace “eco de los pensamientos frecuentemente expresados por las mujeres cuando plantean claramente este principio: "Parte del feminismo deriva su teoría de una práctica basada en las condiciones materiales de la vida de las mujeres". De aquí la atención que las feministas han prestado a las condiciones del trabajo doméstico tanto remunerado como no remunerado, a las actividades domésticas y a las necesidades de los niños. Westkott, sostiene que el feminismo "que basa (la) investigación en experiencias concretas más que en categorías abstractas" (1979, 426) se vincula en parte a la participación histórica de las mujeres en el trabajo doméstico y de reproducción, en encontrar las formas de satisfaccción de las necesidades de sobrevivencia de sus familias, en el mantenimiento de la vida cotidiana. Pero seguramente otra razón de este enfoque es la convicción de que el género en sí mismo se construye diariamente en la interacción repetitiva de la vida cotidiana (West and Zimmerman 1991; More 1988, 37).
Por lo tanto la geografía y el feminismo tienen en común la fascinación con la experiencia vivida, con el "mundo real", con lo mundano. Más aún, tanto el feminismo como la geografía tienen una facilidad para ver las conexiones entre lo pequeño (lo cotidiano) y la gran agenda del quehacer político, así como entre eventos y procesos que ocurren en diferentes escalas geográficas. Por ejemplo, las feministas vinculan los cambios de los patrones del trabajo diario de hombres y mujeres a la necesidad de las políticas de licencias familiares; los geógrafos vinculan los cambios en las práctica agrícolas diarias con la necesidad de cambios en las políticas de erosión de suelos. La cientista política feminista Cynthia Enloe (1989) expone los vínculos entre (a) el flujo femenino de las enfermeras y trabajadoras domésticas de los países pobres a los ricos, y (b) la componente de género en la naturaleza de las políticas del Fondo Monetario Internacional en el pago de la deuda. La geografía concibe módulos de enseñanza que conectan el consumo de comidas rápidas8 en las vecindades locales con la desforestación tropical en Amazonas.
Un interés en lo cotidiano y lo mundano no significa un desinterés en la teoría; porque tanto la geografía como el feminismo, han, sin embargo mantenido un duro debate entre lo específico y lo abstracto. Esta lucha ha infundido tanto en el feminismo como en la geografía una agitación intelectual. Interesarse por lo mundano significa usar las experiencias como punto de partida de la teoría y no olvidar que el objetivo de la teoría es arrojar luz en la experiencia. Como lo señala Rich, "La teoría-la visión de los patrones, mostrando tanto el bosque así como los árboles- puede ser considerada como un rocío que surge de la tierra y es recogido por las nubes de la lluvia y vuelve a la tierra una y otra vez. Pero si el rocío no tiene olor a tierra, no es bueno para la tierra" (1986, 213-214). Los geógrafos se hacen eco del mismo sentimiento aunque no usando estos términos poéticos: Cooke, por ejemplo, insiste que necesitamos hablar y escuchar a la "gente real" para averiguar "que significan realmente las teorías de los procesos sociales" (1987, 411). Tanto la geografía como el feminismo han lidiado largamente con el problema de definir el nivel de abstracción que sería suficientemente poderoso para mojar la tierra y aún, todavía más, suficientemente rico para perfumarla.
Curiosamente, la historia del encuentro entre lo general y lo específico, provenientede la preocupación básica por lo mundano, ha seguido un camino semejante en la geografía y el feminismo, camino que ha conducido a ambas al mismo destino. La teoría geográfica de finales de los 50 y los 60, explícitamente alcanzó un alto nivel de abstracción, tan alto que, en mi opinión, la geografía se quedó sin geografía: en el plano isotrópico, no hay variación de lugar a lugar excepto aquella creada por la distancia. El lugar se redujo a la distancia. La investigación se orientó a la búsqueda de generalizaciones derivadas de los comportamientos espaciales subyacentes y las decisiones del quehacer locacional. Irónicamente, parece, que el principal metamensaje que emerge de la geografía teórica abstracta es que la distancia es relevante. Digo irónicamente porque el metamensaje lógico de los "problemas relativos a la distancia" es "prestar atención al contexto", a punto tal que se considera que es la fricción de la distancia la que cede lugar a las diferencias entre lugares. En los años recientes, los geógrafos han ido más allá de la fascinación por la distancia para redescubrir los lugares que la distancia contribuye a crear.
Así como las lentes teóricas de la geografía se han dado vuelta para dirigir su mirada hacia la especificidad del lugar, a partir de un reflejo más sofisticado, el feminismo ha prestado una atención más precisa al contexto. Se puede rastrear el cambio en el feminismo, más allá de las puras abstracciones, a través de la variación en el concepto de patriarcado. Concebido originalmente en un nivel de abstracción muy alto, el patriarcado - un sistema social en el cual los hombres tienen poder y autoridad por sobre las mujeres- fue visto como un concepto universal para todos los espacios y tiempos. Las feministas buscaron las raíces causales de la opresión femenina universal: ¿por qué las mujeres en todo los tiempos y en todos los lugares tuvieron menos poder que los hombres (Moore 1988)? ¿Cómo el concepto universal de patriarcado se ha articulado con el concepto universal de capitalismo (Hartmann, 1981)?
En la década pasada, el feminismo ha planteado la "cuestión del patriarcado" en términos bastantes diferentes. Ahora, en lugar de buscar una única causa a las preocupaciones de la opresión humana se ha volcado a rastrear cómo las relaciones de género se desarrollan en lugares y tiempos particulares (ver por ejemplo, Rosaldo 1980, Walby 1989, Foord and Gregson 1986, Acker 1989). Joan Smith (1983) por ejemplo, rechaza la noción universal de patriarcado pues considera que la misma huele demasiado a determinismo biológico. Joan Acker (1989, 238) ha sido también agudamente crítico del concepto ahistórico y universal de patriarcado y ha impulsado a las feministas a desplazar su atención del concepto de patriarcado para focalizarla en el concepto de género entendido como "las diferencias estructurales, relacionales y simbólicas entre los hombres y las mujeres". Kandiyoti (1991) ha realmente comenzado a analizar las variaciones entre un lugar y otro como resultado de las diferencias de "negociaciones patriarcales" a las cuales las mujeres son sometidas. Rich resume los cambios de las visiones teóricas dentro del feminismo de la siguiente manera : " Si hemos aprendido algo en estos años del final del siglo XX feminista es que ´siempre´se tapa aquello que realmente deseamos conocer: ¿cuándo,dónde y bajo qué condiciones esta proposición es verdadera" (1986, 214). Como geógrafos, al "cuándo, dónde y bajo qué condiciones debemos agregar simplemente “en qué escala".
Por lo tanto, me he deslizado en forma tangencial de una discusión de interés para la geografía y el feminismo en lo cotidiano, lo pequeño, lo mundano, hacia una discusión acerca de la importancia del contexto. Y es aquí precisamente donde la búsqueda por la comprensión de la cotidianeidad ha conducido tanto a la geografía como al feminismo.
Apreciar la importancia del contexto

La Geografía-tu lugar o el mío. Slogan de una camiseta.
Hay una tensión irreconciliable entre la búsqueda de un lugar seguro desde donde hablar, en donde actuar, y la conciencia del precio -valor en el cual los lugares seguros se compran, la conciencia de la exclusión, las negaciones, las cegueras en los cuales ellos son predicados (Martin and Mohanty, 1986, 191).

Las preocupaciones feministas por el contexto se enraízan en la visión feminista que todo el mundo habla desde algún lugar, que no existe algo así como una perspectiva universal, aquello que es promovido como universal es realmente, utilizando una frase tomada prestada de Nagel (1986), una visión desde ningún lugar (y de ningún lugar) - en otras palabras, que todo conocimiento es necesariamente subjetivo (Deutsche 1990, 1991). Refiriéndose a la importancia del contexto en la formación del conocimiento, las feministas hablan de la necesidad de un conocimiento posicionado y situado, la necesidad de especificar la localización (ver especialmente Hardin 1990, Haraway 1991, capítulo 9). El argumento es que el contexto -tu localización en el mundo-configura tu visión del mundo y por lo tanto lo que se ve como importante, como que vale la pena conocer; el contexto configura las teorías y relatos que tu inventas del mundo para describirlo y explicarlo. Todo esto me trae a la memoria una frase irónica que leí en la revista Science hace algunos años donde se decía que un viejo geológo afirmaba " No lo hubiera visto sino lo hubiera creído" (Science 1983, 34). El conocimiento depende de las creencias y valores, y la fuerza poderosa que lo configura es el contexto.
Cuando las feministas usan términos como contexto, posición, localización, situación, están pensando en la localización en un espacio cultural, no en un espacio geográfico. Las feministas usan la localización como una metáfora para sumergirse en una forma particular de vida cotidiana, y como una forma de comunicar que este conocimiento, como resultado de esta inmersión, es inevitablemente parcial. Un ejemplo fascinante de como una posición puede colorear lo que uno ve y registra proviene de la historiadora Laura Thatcher Ulrich (1990) en A Midwife´s Tale: The Life of Martha Ballard, basado en su diario 1785-1812. Ulrich compara los registros de los ingresos diarios de una obstetra de Maine, Martha Ballard con aquellos de los mismos días de un físico que participaba de los mismos acontecimientos con Marta pero que registraba (u omitía) una historia completamente diferente. Ulrich muestra que la nueva evidencia contenida en el diario de Martha Ballard proviene de un contexto completamente diferente de otras fuentes históricas, forzando una reinterpretación de las historia americana del siglo XIX. La bióloga feminista Donna Haraway (1991) provee otro ejemplo en su cautivante historia referida a como diferentes generaciones de primatologistas, al observar los mismas grupos de primates han visto diferentes comportamientos y, según la localización cultural del observador, han compuesto historias radicalmente diferentes (explicaciones, teorías) de la organización primate.
Para el geógrafo, la sensibilidad en relación al contexto significa mirar los eventos y objetos, "desde la tierra", en el mapa, en lugares y tiempos particulares. Esto no quiere decir que "el contexto" implique a la vez, lo estático, lo no cambiante, las regiones delimitadas; el contexto implica a la vez un área (o posiblemente muchas áreas a diferentes escalas) y las conexiones y vínculos a otros nodos, rutas, areas y escalas. Esta significación geográfica del "contexto" se ejemplifica en parte en la geografía de Ellen Churchill Semple. En una conferencia reciente al respecto de su trabajo, Fred Lukerman (1992) recordó al público que en su trabajo de los Apalaches, frecuentemente citado como el ejemplo más destacado de su determinismo ambiental, Semple veía que la pobreza de los Apalaches emergía esencialmente no de los suelos delgados o los terrenos montañosos en sí mismos, sino más bien de la localización remota de los Apalache y su escasa accesibilidad. Los lugares y el contexto son, entonces, como Doreen Massey (1991, 276, parafraseando a Nigel Thrif) ha dicho, "asentamientos de interacción". Ella afirma que los geógrafos "promueven de forma activa una conceptualización y una conciencia del lugar lo cual es precisamente el movimiento, el vínculo y la contradicción" (1991, 297).
El término contexto entendido como localizaciones abiertas con conexiones, las localizaciones que las teorías feministas mencionan cuando hablan del conocimiento situado", son notablemente similares a las que los geógrafos se refieren cuando hablan de contexto geográfico, aunque las feministas no hayan pensado a tales localizaciones como apoyadas en un espacio geográfico. Prestemos atención a Donna Haraway cuando describe la localización de los hogares de las poseedoras de un conocimiento situado para argumentar el carácter permanentemente parcial, contradictorio, no cerrado y contingente de las identidades femeninas. Al insistir en "corporificación naturalizada de toda visión", Haraway (1991) sostiene que "la objetividad feminista significa simplemente un conocimiento situado" (1991, 188) y "locacionalmente limitado" (1991, 190). Estas localizaciones confinadas poseen límites que nosotros mismos hemos dibujado y que son permeables, porosos y perforados: los límites se materializan en la interacción social, los límites se dibujan en las prácticas cartográficas. ´Los objetos´no preexisten como tales. Los objetos son proyectos de límites" (1991, 200-201). Más aún estas localizaciones limitadas están unidas entre sí a través de redes de interacción de manera que no son localizaciones fijas sino "nodos en campos" (1991, 195).
Haraway ve que esta visión parcial implícita en el conocimiento situado, arraigado es como una vía alternativa al relativismo y un requerimiento para responsabilizarse de nuestro punto de vista, de nuestro conocimiento: "la alternativa al relativismo no es una única y visión totalizadora...(es) un conocimiento, parcial, localizable, crítico, que supone la posibilidad de cadenas de conexiones llamada de solidaridad...el relativismo es una forma de estar en ningún lugar mientras se declama estar igualmente en todos" (1991, 191). Este posicionamiento explícito, entonces fundamenta nuestro conocimiento y requiere que tomemos la responsabilidad de hablar desde algún lugar, y de que nos hagamos responsables de lo que nos enteramos y cómo lo vemos.
Por lo tanto la geografía y el feminismo comparten la creencia en los problemas locacionales. Y, a pesar que las feministas no consideran las localizaciones geográficas y los geógrafos no priorizan las localizaciones culturales, ambos tienen en cuenta la apertura y fluidez así como la diferenciación contenida en los términos lugar y localización.
Pensar la diferencia
La geografía hace el mundo de la diferencia - Slogan de una camiseta.
El género es un campo estructurado y que estructura la diferencia, donde las lenguas de localización extrema, del cuerpo íntimo e individualizable, vibran en el mismo campo con emisiones globales de alta tensión. El conjunto de las ideas femenistas , por lo tanto, no toma en cuenta una localización fija en un cuerpo reificado, femenino o de otro tipo, sino que trata con nodos en los campos (Haraway, 1991, 195)
Tanto en la geografía como en el feminismo, la atención en el contexto está inextricablemente ligada a la fascinación y la preocupación por la diferencia.

La geografía ha centrado su atención en las diferencias a través el espacio y entre lugares, pero ha dedicado menor atención a las diferencias de genéro.

El feminismo se ha concentrado en las diferencias de género pero ha ignorado las diferencias entre lugares geográficos. Pienso que la geografía y el feminismo tienen mucho que aprender una de la otra cuando se trata de pensar la diferencia.
La geografía está llena de relatos que se basan en la diferencia y en la diversidad; ejemplos de ello son la gran cantidad de trabajos geográficos dedicados a la segregación residencial, la atención que se le ha dado a la atracción y expulsión de migrantes de sus lugares de origen y destino, y los estudios de difusión como socavadores de las diferencias espaciales. Sin embargo, la reflexión de los geógrafos escasamente se ha orientado a entender el significado de cómo se piensa la diferencia9. Por otro lado, las feministas han dado un amplio lugar en su reflexión a la construcción y el significado de la diferencia, particularmente al rol que la diferencia juega en la mobilización de la gente para trabajar por un cambio social (Rich 1986, Barret 1987, Haraway 1991, Pratt 1984). Pero, a pesar del hecho que el encuentro del feminismo con la diferencia ha involucrado conceptos geográficos (flujos y conexiones, fronteras, jerarquias, e interdependencia), las teorías feministas no han dado lugar en su reflexión al papel de la geografía - espacio, lugar, localización, redes y vínculos - en la creación y disolución de la diferencia. Por ejemplo, ¿cómo la segregación residencial alimenta el concepto de diferencia, cómo las interacciones en el trabajo con los compañeros de diferentes barrios carcomen tales conceptos (Pratt and Hanson 1988)? El pensamiento feminista acerca de la diferencia ha pasado de una reflexión construída a partir de categorías cerradas, estables, suavemente amarradas y opuestas (¿las regiones geográficas uniformes?) a trabajar con nodos intercambiables en redes móviles (¿regiones geográficas funcionales?).
El interés del feminismo por las diferencias de género se origina en el hecho que la opresión femenina,como lo dijo Mary Catherine Bateson, surge de "la dominación basada en la diferencia" (1990, 72). El patriarcado es un sistema jerárquico que sitúa a la mujer en una posición de subordinación relativa respecto del hombre simplemente sobre la base de la diferencia de género. El dualismo de género-mujer/hombre, masculino/femenino-plantea dos categorías monolíticas, donde el lado mujer/femenino de la dicotomía es definido como una desviación y una subordinación a la norma masculina (de Lauretis 1989; Westkott 1979; Mascia-Lees, et al. 1989; Deutsche 1991). Paradójicamente, mientras el patriarcado considera a este dualismo y a la jerarquía contenida en él como "natural" las posiciones de dominio masculino y de subordinación femenina son activamente sostenidas a través, por ejemplo, de enseñar a los hombres que parte de su masculinidad envuelve la protección de la mujer.
Por consiguiente, las feministas, han llegado a preguntarse "¿Podemos pensar la diferencia (femenina) sin contraponerla a la norma (masculina)? ¿Podemos reconocer la diferencia en otros términos que no sean los jerárquicos? (Mascia-Lees 1989, 29). ¿Y como podemos asegurarnos de que las presuntas diferencias son de hecho diferencias, y no mitos de la diferencia? Los antropólogos han mostrado que "la separación y la diferencia no necesariamente implican inferioridad o subordinación" (Moore, 1988, 32). Por ejemplo, según el estudio de Diane Bell (1983) de los grupos aborígenes australianos las mujeres y los hombres operan en esferas separadas y la mujer no se encuentra subordinada. Bateson (1990, 109) sostiene que debido a que las diferencias estimulan la creatividad, éstas deberían ser vistas como una fuente de energía, no como debilidad o subordinación. Aún más, dentro del feminismo el debate ha estallado en torno a si el único deseo de la igualdad femenina es la erradicación de las diferencias de género. Si la subordinación de las mujeres se basa en las diferencias de género, entonces ¿la subordinación puede ser eliminada, y la igualdad con los hombres puede alcanzarse solamente borrando tales diferencias? ¿Y el borrar tales diferencias significa entonces que la igualidad debe ser definida a través de los valores y comportamientos masculinizados corrientes en nuestra sociedad?
En la discusión del caso muy conocido de Sears10, Joan Scott (1990) plantea que poner la pregunta en estos términos (igualdad versus diferencia) no es ni convincente ni productivo: " la igualdad no es la eliminación de la diferencia, y la diferencia no excluye la desigualdad": La igualdad se refiere a tratamientos iguales para propósitos particulares en contextos particulares. Scotts y otros (Pringle,1988, por ejemplo ) han demostrado que las feministas tienen poco para ganar sosteniendo que las mujeres y los hombres son similiares o iguales; lo que necesitamos reconocer es " una diversidad variable históricamente más compleja que aquella admitida por la oposición masculino/femenino" (Scott 1990, 143-44).
El dualismo masculino/femenino se sitúa entre una multitud de otros que están en danza y que la historiadora feminista Joy Parr (1990, 9) ha llamado " pares que se imponen de forma galopante" como mercado/no mercado, público/privado, naturaleza/cultura. Parr observa que "nosotros venimos de una larga tradición occidental en la cual se define el significado a través de la especificación de la diferencia, y la claridad a través de concentrar y amplificar la presencia y ausencia. Subordinamos la continuidad y la diversidad con el propósito de configurar nuestro mundo a partir de series de posiciones fijas, dependientes de las diferencias entre cada parte de cada par como nuestra forma de conocer al otro" (1990, 9). Las feministas insisten que necesitamos ver cómo hacemos los significados de estos pares, cómo dibujamos sus fronteras, y reconocer estos significados no como fijos sino "múltiples y mutables" (Parr, 1990, 9).
Con este fin, gran parte de la investigación feminista ha sido dedicada en los últimos años a abrir la categoría "mujer" y exponer sus múltiples contenidos -especialmente aquellos vinculados a la edad, preferencia sexual, clase, raza y etnicidad. Este conjunto de diferencias significativas existentes entre las mujeres lleva a algunas feministas a preguntarse si las mujeres han compartido suficientemente sus intereses para perseguir fines políticos comunes y las ha inducido a discutir si sería posible que las mujeres pudieran encontrar causas políticas comunes que trascendieran las diferencias. Frente a este interés respecto de la diferencia, otras han buscado pensar en nuevas formas de crear, sostener y desmantelar la diferencia. Es en estas ideas feministas acerca de la diferencia que quiero centrarme porque, pienso que muchos, sin saberlo, han recurrido a la geografía en busca de metáforas claves para expresar nociones que nosotros creamos como categorías y les asignamos significados. Pero estos significados cambian a través del tiempo y el espacio y, además, deberíamos pensar que los límites entre las categorías no son sólidos sino que están perforados.
Joan Scott (1990, 145), por ejemplo se opone a la simple sustitución de las diferencias múltiples por diferencias binarias al dibujar límites rígidos en torno a categorías nuevas "más sofisticadas". Esto quiere decir que, nosotros simplemente no descompondremos el amplio rígido dualismo (mujer/hombre) en categorías nuevas, menores y más numerosas, sino en categorías igualmente rígidas, (mujeres blancas, de edad media, mujeres académicas, mujeres hispánicas, mujeres jóvenes, mujeres de clase trabajadora)11. El cambio es mínimo si se busca romper el universal de "mujer " en innumerables fragmentos cada uno de las cuales se supone que es un tipo diferente pero que comparte intereses comunes, así como la subdivisión de una región uniforme en un conjunto menor, no cambian nuestra manera de pensar acerca de las regiones. El reconocimiento que la diferencia se desarrolla en tantas dimensiones significa que cualquier esquema fronterizo que defina categorías debe ser visto como fluído, mutable y específico a ciertas circunstancias o contextos.
El feminismo ha pasado, entonces, de ver la diferencia en términos absolutos, ligada por bordes irrompibles a examinar cómo la diferencia es creada de forma activa en tiempos y lugares particulares. Aquí es donde la geografía tiene mucho para dar porque, al poner la atención en el papel que el espacio y el lugar tienen en la creación y en la desaparición de la diferencia, los geógrafos son altamente conscientes de la permeabilidad de las fronteras, de la efímera naturaleza de las regiones, de las relaciones entre escalas. Como lo ha señalado Neil Smith (1992) la atención en la construcción activa de la diferencia significa mirar a los patrones de interacción social, esto significa mirar cómo tales interacciones sociales realmente crean escalas geográficas diferenciadas, y significa mirar cómo estas escalas están conectadas. Más aún, mirar cómo la diferencia es activamente creada significa prestar atención tanto a las semejanzas como a las diferencias; en síntesis al contexto y a las preguntas acerca de las tensiones entre lo general (que es lo que tienen en común los lugares, grupos y la gente) y lo específico (como ellos pueden diferenciarse). Así, hemos completado el círculo a través de un recorrido que hemos realizado a partir de pensar la diferencia, para retornar al interés común de la geografía y el feminismo por el contexto.
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