Pretende ofrecer a los lectores la Historia contada por quienes la hicieron, por los mismos






descargar 1.55 Mb.
títuloPretende ofrecer a los lectores la Historia contada por quienes la hicieron, por los mismos
página16/23
fecha de publicación17.07.2015
tamaño1.55 Mb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Historia > Documentos
1   ...   12   13   14   15   16   17   18   19   ...   23

1. Los biógrafos de Verne cuentan, a título de ejemplo, la siguiente anécdota, protagonizada por Michel Verne cuando, el 26 de abril, el barco atraca en isla Mauricio: «... Corre el rumor de que el hijo del célebre escritor Julio Verne se halla a bordo. Aquella misma noche, un plantador, fervoroso admirador de los libros de Verne, le ofrece una cena, con doscientos invitados. Y Michel se toma en serio su papel, "representando" a su padre con todos los honores; a pesar del sofocante calor, desciende del buque, vestido con levita y chistera...» (N. de J. J. Benítez.)
¡Calamitoso, viejo imbécil! ¡Ni siquiera conocías la verdadera edad de tu hijo! La siembra de vientos de Julio Verne seguía produciendo tempestades... Peleas, insultos a su madre, borracheras continuadas... Hasta que un sábado, 6 de diciembre, la iniquidad de Michel colmó la medida de Verne. Necesitado de dinero, amenazado por sus acreedores, me exigió nuevos fondos. Me negué y, sin perder su cínica sonrisa, me apuntó con una pistola... ¡Dios santo! ¿A qué extremos habíamos llegado? ¿Hubiera sido capaz de disparar contra su padre? Tampoco responderé a esa pregunta. De haber ocurrido, Julio Verne se lo habría merecido. Era la primera vez que alguien me amenazaba con una arma. No sería la última...

¡Fracaso! Infinita sensación de fracaso... Pero el novelista continuaba en la cumbre de su gloria. Y el mundo era ajeno a mi tragedia...

Ese mismo mes de diciembre de 1879 —¡qué Navidad más amarga!— , Michel era expulsado de casa. Nadie conoció jamás el incidente de la pistola. ¿Para qué arrojar más leña al fuego de la discordia familiar? Y otro pequeño gran secreto de Verne: el día de la Natividad del Señor, en silencio, recluido en mi "guarida", lloré como un niño. Lloré de desesperación, consciente de mi gran culpa, impotente e incapaz de lavar la miseria que había arrojado sobre mi hijo... Verne estaba muerto.

Pero Michel no abandonaría la ciudad. ¿Por qué hacerlo si seguía enamorado de aquella cantante, la Dugazon, una "ingenua" en gira por los teatros del país? ¿Una "ingenua"? La lista de sus amantes... Michel no razonaba. Deseaba deslumhrarla. Fue menester acudir al comisario de policía y al alcalde para que le vigilaran. Inútil, todo fue inútil... Exigió su emancipación. Yo, en presencia del comisario central, me negué. El último día de ese año resultó especialmente doloroso. Michel, siguiendo a la Dugazon, se trasladaría al Havre. Amenaza con casarse en Inglaterra. ¡Dios, ha hecho publicar en Amiens las proclamas religiosas! Vergüenza pública, deudas por todas partes, quejas y amenazas de los acreedores. ¿Qué hacer? Honorine se consume en silencio. No se atreve a salir a la calle. Yo, desesperado, sólo acierto a pagar y a tapar sus desmanes. Acabará en una casa de locos o, lo que es peor, acuchillado en cualquier oscuro callejón... ¡Fracaso, fracaso!

Y la sorpresa se produce. Lo que considerábamos una "locura" de juventud termina en la alcaldía. Michel se casa sin nuestro consentimiento y lejos de todos. ¡Qué profunda amargura! Escribo a mi editor y le suplico que envíe a Michel una pensión mensual de mil francos. ¡Ojalá terminen sus desventuras!

La intuición, de nuevo, nos da la razón. El matrimonio, instalado en Nimes, se destroza en menos de tres años. Michel no ha cambiado. ¡Esta vez se enamora de una pianista de dieciséis años! Pasea a caballo bajo su ventana, la corteja en secreto y en público, la deslumhra, se carga de deudas y, finalmente, en 1883, la rapta. ¡Qué escándalo! La madre de la joven Jeanne Reboul le denuncia. Es perseguido por la justicia... Obviamente, los Verne toman partido por la esposa legítima. ¡Jesucristo, qué vergüenza! Intento pactar con ambas familias, buscar una solución honrosa... Todo se viene abajo cuando Michel, empecinado en obtener el divorcio, consiente tener dos hijos con su amante, con apenas once meses de diferencia. ¡Por mi honor que no podía abandonar yo también a la Dugazon! Y me vi forzado a sostener su pensión. Creí volverme loco. Mis libros, sí, se extendían ya por medio mundo, pero ¿qué acontecía en el corazón de Julio Verne? Fracaso...

La esposa legítima cede y Michel obtiene el divorcio. En 1884 se casa de nuevo. Tiene veintitrés años.

Pero la providencia es misericordiosa y sabe hasta dónde puede y debe exigir al hombre. Jeanne, astuta, hace buena la sentencia de Fuller, gobernando al terrible y encantador Michel, obedeciéndole. Poco a poco le conduce a su terreno: la música. Michel se amansa, entregándose a sus hijos; se cultiva; aprende de todo y de todos; empieza a vivir...

La espléndida metamorfosis cristaliza en cuestión de meses. Y, ante mi sorpresa, Michel Verne manifiesta una encendida pasión por escribir. No podía dar crédito a lo que estaba ocurriendo. En justa correspondencia, trato de enjugar sus deudas —treinta mil francos—, restableciéndoles la pensión mensual, recortada a la mitad en beneficio de su primera esposa. Michel, que escondía grandes valores en lo más íntimo de su ser, nos abraza al fin. La reconciliación es un hecho. ¡Lástima, Julio Verne ha traspasado la frontera de los cincuenta años y se siente agotado!...

El 23 de febrero de 1886, a petición de Michel, envío a Hetzel, enfermo en Mónaco, una colección de versos de mi hijo. Era mi primera recomendación al editor. Y lo hice gustoso y convencido del talento de aquel nuevo y flamante hombre de veinticinco años, enamorado, como yo, de la literatura. A partir de entonces, durante estos doce últimos años, Michel ha sido mi amigo y colaborador. Él contesta a buena parte de la correspondencia, discute y analiza mis proyectos e incluso me pone al corriente de los prodigiosos adelantos de la ciencia y de la técnica. Mis ojos están cansados y el reuma se enrosca en mi cuerpo como una pitón. Fue Michel quien me cantó las excelencias de ese nuevo y singular invento que llaman "máquina de escribir". Al día siguiente se lo planteé a Hetzel hijo. Dicho y hecho. ¿Por qué copiar y recopiar los manuscritos? ¿No era mas cómodo y rápido dactilografiarlos?

CAPÍTULO 18


En el que hago saber que viajé y mucho Un barco, la solución para huir de Honorine * ¡Destino burlón!.: el Saint Michel II llegó gracias al teatro Verne «versus» cagalera Cincuenta y cinco mil francos por el Saint Michel III • Mi último y glorioso crucero por el Mediterráneo



Como en otros capítulos de la vida de Verne, la inmensa mayoría de sus lectores está equivocada, al estimar que el autor de los «Viajes extraordinarios» sólo viajó «en sueños y desde su despacho». Julio Verne, apasionado del mar, fue propietario de tres barcos el Saint Michel, el Saint Michel II y el Saint Michel III, desplegando una gran actividad como viajero. Entre 1859 y 1885, en que vende su último y lujoso yate, Verne efectuó diez grandes cruceros y un sinfín de viajes menores.




«ÉXITO = FRACASO.

La ecuación maldita se repite en la vida de Julio Verne. Olvida, por el momento, los fracasos. Además de la gloria en literatura, hubo otros triunfos (¿o debería hablar de placeres?) en la existencia de este oso reumático y medio ciego. Goces, triunfos o placeres, ¿qué importan las palabras que vinieron a aliviar los suplicios de mi corazón? Me estoy refiriendo a la mar, a los viajes...

En ocasiones me irrita. ¿Por qué todos los periodistas que me entrevistan me hacen la misma y matemática pregunta?: "Señor Verne, ¿es cierto que usted jamás salió de su gabinete de trabajo y que sólo viaja con la imaginación?"

Ridículo. He viajado y viajo con la imaginación, en especial desde el "accidente" y la muerte de Anne, pero mi familia y mis amigos saben que he disfrutado de tres barcos y que, por espacio de veintiséis años, mis escapadas a la mar han sido continuas. Otro asunto es que haya volcado mi imaginación en la trama y en las descripciones de muchos de mis libros. Eso es lógico y natural. Y aun así, esos "viajes" imaginarios han sido exhaustiva y concienzudamente documentados, con informaciones exactas. Pero viajar, lo que se dice viajar, por supuesto que he practicado tan noble arte... Ya lo cité: buena parte de mis novelas descansan en las anotaciones y experiencias recogidas en Escocia, Estados Unidos, países nórdicos, mar Mediterráneo, mar del Norte...

estrellitas


Viajar es necesario. Es más, si de Julio Verne dependiera, formaría parte de la Constitución de cada nación. Todo ser humano debería abandonar su ciudad o pueblo natal, al menos una vez al año, y mezclarse con otras gentes, con otros pueblos y culturas. Entonces, como afirma Goethe, "aprendería a ser mejor que nosotros". Viajar es un yunque: lima las naturales asperezas y nos hace tolerantes y reflexivos. Si Dios no hubiera deseado que el hombre fuera viajero, ¿por qué dotarlo de curiosidad?

Verne, como Pascal, estima que la bondad y la maldad del hombre tienen el mismo límite que su curiosidad. Por eso, aunque la Tierra sea siempre cuna y hogar, los santos y los malvados serán hallados hasta en las estrellas... Grandísimo error el de los padres que no satisfacen la curiosidad de sus hijos; están privando a la humanidad de un sabio, de un santo o de un explorador.

estrellitas

Nadie que conozca mínimamente a Julio Verne podrá dudar de su frustrada vocación de marino. La abortada fuga a los once años fue una señal. Después, a la primera oportunidad, este loco de los mares no dudó en abandonar a su esposa para viajar a Escocia (1859) y a Escandinavia (1861). Pero en mi corazón latía un proyecto, una ilusión de oro: la adquisición de un barco. Es curioso y fascinante. Lo tengo comprobado. Salvo contadas excepciones, la providencia pone a nuestro alcance los medios necesarios para materializar esos sueños. Y el mío, largamente acariciado, llegó en marzo de 1866, de la mano del cansancio. Destrozado por el gran esfuerzo que supuso la elaboración de Los hijos del capitán Grant, consumido por las continuas neuralgias faciales, decidí tomarme un pequeño respiro. Para colmo, Hetzel acababa de proponerme otra ingente labor: la culminación de la Geografía ilustrada de Francia, inconclusa a consecuencia de la muerte de Théophile Lavallée. Burro de carga, acepté. Aquel dinero extra me permitiría cumplir una vieja promesa —viajar con Paul en el fastuoso Great Eastern— y, con un poco de suerte, comprar alguno de los viejos y marineros barcos de pesca que fondeaban en Crotoy. ¡Oso temerario, estabas loco de atar! En tu cabeza bullía ya el Viaje bajo los océanos y el día sólo contaba veinticuatro horas... ¿De dónde sacar el tiempo necesario para tanto libro y tanto proyecto?

El caso es que alquilamos una casita en la desembocadura del Somme. Michel, con cinco años, delicado de salud, necesitaba también del mar. Al contacto con el viento salino, con la mar, mis neuralgias y angustias se secaron. ¡Qué paz, qué felicidad! La mar, siempre en movimiento, me reconforta, me proporciona nuevas ideas y ganas de vivir. Pero Honorine, triste destino el mío, aborrece aquella soledad. Ella y sus hijas echan de menos París. El ambiente en la pequeña casa de dos pisos, en Crotoy, se enrarece. Las peleas, silencios y el mal humor crecen con los días. ¡Está decidido! La única solución es escapar de Honorine. El resto fue fácil. La marinería de la aldea sabía de mis pretensiones y no tardó en presentarse la ocasión. Por mediación de mi buen amigo Alfred Berlot me hice con un pesquero de regular porte y mejor andadura. ¡El Saint Michel! Tras algunas necesarias modificaciones, mi hijo lo apadrina. El sueño se ha hecho realidad. ¡Julio Verne podrá navegar! La tripulación, mínima, estaba formada por Alexandre Delong, viejo contramaestre de las guerras de Crimea e Italia —mi maestro en el arte de navegar— y el mencionado Berlot, otro lobo de mar que, según cuentan las malas lenguas de Crotoy, llegó a devorar a un caníbal... A pesar de la austeridad y limitación de espacio,1 el Saint Michel me proporcionaría extensas e intensas alegrías. Las protestas y reproches de Honorine "por aquel gasto inútil", según sus palabras, me dejaron frío. Tratándose de la mar, mi gran amor, siempre fui generoso. ¡Qué singladuras! Dieppe, El Havre, Cotentin, Saint Valéry, Boulogne, Calais, también la Bretaña y varios "paseos" hasta Inglaterra. El Saint Michel es el orgullo de Crotoy, y yo, el más feliz de los hombres...

La tripulación se honra con mi presencia y yo me siento honrado con su amistad. Un único "detalle" no me perdonan: en mi presencia está rigurosamente prohibido pescar.

En uno de esos inolvidables cruceros, rumbo a Burdeos, con el fin de recoger a mi hermano Paul y trasladarle a Nantes, tuve la venturosa idea de escribir mi próxima novela, el Viaje bajo los océanos, justamente en el Saint Michel. ¿Por qué no? ¿Qué mejor gabinete de trabajo que el propio barco? Y así fue. Nemo fue concebido en su medio natural: la mar.

Un año después, el 18 de marzo de 1867, Julio Verne "se saldría de nuevo con la suya", por seguir citando a Honorine. Reconozco que tampoco fui ecuánime, pero ¿quién es justo en el amor? La mar era mi gran amor... Así que, haciendo caso omiso de los lloros de Honorine, compré los pasajes para el Great Eastern, el buque más grande del momento. Uno para Paul y otro para mí. Conforme a la costumbre, mi esposa y los niños esperarían en Amiens. A fin de cuentas, tampoco salió tan mal librada. Los miles de francos que nos proporcionó la Geografía ilustrada de Francia hicieron su delirio, renovando y multiplicando su nada franciscano vestuario...

El embarque, en Liverpool, resultó fastuoso. La travesía, una gloria. Mi hermano y yo nos sentimos libres. Nada de ataduras, mujeres e hijos... ¡Nada de editores!

¿Digo sin mujeres? Digo mal. ¡Qué hembras las de aquel crucero! Mejor será olvidarlo.

El 9 de abril divisamos Nueva York. Decepción absoluta. Perfecto orden y más perfecta monotonía. Eso no es una ciudad: eso es un frío tablero de ajedrez...

El viaje por la costa Este y la frontera con Canadá se prolongaría por espacio de veinte días. Ciertamente, Estados Unidos es un gran país y, al igual que la Roma de los césares, dominará el mundo algún día. Pero, si el carácter de sus habitantes no cambia, la caída de este nuevo imperio romano no se demorará más allá del año 2030. Son infantiles, rudos y con un enfermizo amor al dinero. ¿Qué puede esperarse de un pueblo así?

Niágara fue otra cosa. Mis cuadernos de campo volvieron a cubrirse de nombres, descripciones, cifras y hombres. De este viaje nacerían mis novelas Familia sin nombre y La ciudad flotante, entre otras. El vértigo y la fascinación de la gran catarata me trastornaron. Tuve que hacer grandes esfuerzos para no empujar al vacío a un ingeniero norteamericano que nos acompañaba.

A fines de mes, tras una breve estancia en Brest, en visita de cortesía a mi cuñado, el capitán de fragata Du Crest de Villeneuve, vuelta a Francia, al trabajo y a los problemas...

¡Ah, hermosa época, a pesar de todo! Julio Verne escribía para poder viajar. Después, todo cambió y fue menester viajar para escribir.


1. Ch. Raymond, en su Retrato de Julio Verne, describe así el primer barco del escritor: «Un hueco en la proa para la tripulación, una cámara detrás (a popa) para el capitán y los pasajeros, si se puede dar el nombre de cámara a una cabina de cuatro pies de largo por cinco de ancho, con dos literas puestas frente a frente, adosadas a las bordas, y que suponen, gracias a sus colchones de algas, dos camas de una suavidad muy relativa. Detrás de la escalera, o, más bien, de la escala que desciende del puente a la cámara en cuestión, un amplio armario que encierra la biblioteca de a bordo; es decir, la tabla de las mareas, algunos mapas marinos y tres o cuatro grandes diccionarios y volúmenes de viaje. Esta biblioteca, por incompleta que sea, permite a Julio Verne continuar, incluso a bordo, las investigaciones necesarias para su obra.» (N. de J. J. Benítez.)
El destino, como si del globo de Nadar se tratara, lo observaba todo desde lo alto. Desde allí rige y gobierna. ¿Cómo entender si no que, incluso en la guerra, Julio Verne tuviera y disfrutara la posibilidad de navegar? Porque eso vino a suceder en aquel nefasto año de 1870.1 A sus cuarenta y dos años, este inútil y reumático oso fue declarado no apto para combatir en el frente. ¡Bien que me alegré! "Las guerras —decía Maquiavelo— son justas cuando son necesarias." Y yo me pregunto: ¿desde cuándo es necesaria y aconsejable la estupidez? La guerra es el juego para el estadista, la dicha del sacerdote, la burla del abogado y la profesión del asesino mercenario. Shelley se olvidó del quinto y más importante punto: la guerra es la deshonra de una especie que se jacta de su inteligencia.

Fui designado guardacostas, destinado en Crotoy y responsabilizado de la defensa de la bahía de Somme. Para ello contábamos con doce veteranos de la guerra de Crimea, tan enmohecidos como nuestro nutrido arsenal: tres fusiles y un cañón, más inofensivo que un caniche... Menos mal que los prusianos siempre fueron gente de campo...

Aquellos meses, con la excusa de la vigilancia o sin ella, nos hicimos a la mar un día sí y otro también. El Saint Michel cruzó de nuevo el canal de la Mancha, aventurándose incluso por el mar del Norte. En un mes tuve a punto Las aventuras de tres rusos y tres ingleses. Después, El país de las pieles.

Y después, ¡oh destino incomprensible, un segundo barco! No me lamento por el Saint Michel II, sino por la forma de llegar a él. ¡Explícate mejor, culo de plomo! Muy simple. El primero de los barcos fue adquirido no con los dineros de los libros, sino con el fruto de una geografía ilustrada. Curioso... Pues bien, al Saint Michel II le sucedería algo parecido. Su compra fue posible merced a la triunfal adaptación teatral de La vuelta al mundo en ochenta días...

¿No es para enloquecer? Más de diez años batallando para alcanzar el éxito en el teatro y, el 7 de noviembre de 1874, cuando Julio Verne ha olvidado prácticamente su romance con las tablas, llega la gloria teatral, de la mano de la literatura. La escenificación de La vuelta al mundo, en el Porte-Saint-Martin, en París, fue clamorosa. Las representaciones llenaron el teatro durante dos años, con recaudaciones de diez a doce mil francos por tarde. Por cierto, los preparativos de la obra me obligarían a viajar con frecuencia hasta la Costa Azul.2 Y allí, cómo no, Verne combinaría el placer con el trabajo... Sin comentarios.

Merced a estos sustanciosos ingresos —jamás había visto tanto dinero junto—, con la ya habitual oposición de Honorine, el Saint Michel II fue una espléndida realidad.3 En mayo de
1   ...   12   13   14   15   16   17   18   19   ...   23

similar:

Pretende ofrecer a los lectores la Historia contada por quienes la hicieron, por los mismos icon¿Cómo y por qué llegué hasta allí? Por los mismos motivos por los...

Pretende ofrecer a los lectores la Historia contada por quienes la hicieron, por los mismos iconIntroducción
«objetivamente» o no, por los historiadores. La aversión por la historia y el miedo ante su veredicto rio son incompatibles con la...

Pretende ofrecer a los lectores la Historia contada por quienes la hicieron, por los mismos iconEs, sin duda, entre los diálogos de Platón, uno de los que más bibliografía...
«naturaleza» (physei), por lo que al­gunos no corresponden a quienes los llevan, por ejemplo: el mismo de Hermógénes. Éste, por el...

Pretende ofrecer a los lectores la Historia contada por quienes la hicieron, por los mismos iconEs, sin duda, entre los diálogos de Platón, uno de los que más bibliografía...
«naturaleza» (physei), por lo que algunos no corresponden a quienes los llevan, por ejemplo: el mismo de Hermógénes. Éste, por el...

Pretende ofrecer a los lectores la Historia contada por quienes la hicieron, por los mismos iconNo deberás colgarlo en webs o redes públicas, ni hacer uso comercial del mismo
«última guerra» o cualquiera de sus incidentes. Quienes hayan tenido una experiencia como la del autor reconocerán inmediatamente...

Pretende ofrecer a los lectores la Historia contada por quienes la hicieron, por los mismos iconEste ejemplar es dedicado a todos los docentes y estudiantes lectores...

Pretende ofrecer a los lectores la Historia contada por quienes la hicieron, por los mismos icon5. Menciona los periodos históricos en los que se divide la historia...

Pretende ofrecer a los lectores la Historia contada por quienes la hicieron, por los mismos iconDesde la antigüedad, una lenta etapa experimental precedió al «Cinematógrafo»...
«Cinematógrafo» de los Lumière. Ya fuera por ciencia, curiosidad o espectáculo, se trabajó incansablemente por ofrecer al publico...

Pretende ofrecer a los lectores la Historia contada por quienes la hicieron, por los mismos iconEs una gran historia, te hace comprender el honor y amor de un hombre...

Pretende ofrecer a los lectores la Historia contada por quienes la hicieron, por los mismos icon¿Los combates por la historia (¿Y la geografía?) o por las horas de historia?






© 2015
contactos
l.exam-10.com