Contenido






descargar 268.54 Kb.
títuloContenido
página7/23
fecha de publicación17.07.2015
tamaño268.54 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Historia > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   23

Jacob, el suplantador y príncipe


La vida de Jacob, que ocupa un lugar prominente en el libro de Génesis, ofrece una excelente evaluación del carácter humano y de la gracia divina. La carrera de Jacob tuvo más altibajos que la de cualquier otro patriarca. Un biógrafo podría titular su obra acerca de este hombre 'El Suplantador' y otro 'Un Príncipe con Dios'. El sentido de Jacob es 'el que toma por el calcañar', o que suplanta, pero su nombre nuevo, Israel, significa 'será un príncipe ante Dios'.

Esaú y Jacob, hijos de Isaac y Rebeca, eran morochos, pero desde la cuna tan diferentes como pueden ser dos hermanos, en apariencia, carácter y objetivos. Esaú era el favorito de su padre y Jacob el consentido de su madre. Esta parcialidad causó problemas en la familia, y así ha sido siempre cuando existe en los padres. Jacob valoraba lo que Esaú despreciaba: la primogenitura.

Jacob en el hogar


Toda su vida se caracterizaba por un deseo verdadero de contar con la bendición de Dios, un objetivo sano cuando uno lo persigue de una manera correcta. La vida familiar de este hombre era insatisfactoria y él tenía parte de la culpa. La primogenitura le pertenecía a Esaú por ser el hermano mayor, pero Jacob la quería. Vio la oportunidad que buscaba, y Esaú, quien daba poca importancia a la primogenitura, vendió su derecho por un plato de guisados, Génesis 25.34. Por culpa de Isaac y Rebeca, Jacob aprendió en casa cosas que no ha debido conocer, y no nos sorprende que no se haya comportado bien en ese hogar.

Sin duda Isaac sabía de ese episodio triste cuando Esaú le vendió sus derechos a Jacob, de manera que procedió por su propia cuenta. Un padre no debe mostrar favoritismo a uno de sus hijos, ni debe uno de los padres actuar al espaldas del otro al planificar por los hijos. Isaac hizo mal en su maquinación y Rebeca hizo mal al idear un complot para que Jacob recibiera la bendición. Adicionalmente, Jacob hizo mal en hacerse parte del esquema de su madre.

El Señor le dijo a Rebeca que el mayor debía servir al menor, 25.23, así que ella ha debido dejar todo en la mano de Dios. Isaac tampoco tenía por qué apurarse; él pensaba que estaba por morir pero en realidad vivió unos cuantos años más. Los padres en estos tiempos deben aprender la lección que todo esto enseña: cuidado qué oyen y ven nuestros hijos en el hogar. El ejemplo parental aporta mucho a la formación del hijo; queremos ser buen ejemplo de honestidad y rectitud ante los que nos siguen.

Si Rebeca hubiera dejado todo en la mano de Dios, Jacob hubiera recibido la bendición de la primogenitura y ella hubiera tenido a su hijo predilecto consigo en casa por años. Pero en vez de verlo madurar espiritualmente, ella tuvo que desprenderse de él, y hasta donde sabemos no le vio más.

Tenemos que aprender que no podemos forzar la mano de Dios por medios naturales y esquemas astutos, sin que esa mano nos caiga en disciplina. La objeción de Jacob a colaborar con su madre fue muy débil. Se comportó miserablemente al engañar a su padre, diciendo una mentira tras otra. Encontramos que no fue hasta reconciliarse con Esaú, muchos años más tarde, que él entró en el pleno disfrute de lo que había comprado. Eso fue cuando se refirió a su hermano mayor como "mi señor" y a sí mismo como "tu siervo", 32.4.

Podemos notar un punto positivo antes de dejar esta fase de la biografía: "Jacob había obedecido a su padre y su madre, y se había ido a Padan-aram", 28.7.

Jacob en Luz


Jacob se marchó de casa y pasó la primera noche en Luz, posiblemente la primera vez que estaba fuera de Beerseba. Era un lugar desolado, solitario y rocoso. Sin duda en su caminata a Padan-aram, con solo un bastón de compañero, él habrá repasado su pasado y contemplado su futuro. Solo, cansado, en un ambiente extraño con una piedra por almohada, él soñó y vio una escalera que estaba apoyada en tierra y tocaba el cielo.

¡Qué visión para un hombre deprimido! Le quedaba mucho que aprender de los tres he aquí en esta visión: he aquí una escalera, he aquí ángeles y he aquí Jehová. Se despertó el feliz soñador y dijo: "Ciertamente Jehová está en este lugar". Él descubrió que Dios le había seguido en su despedida de la familia y del lugar de adoración de su padre.

Este es el primer trato de Jacob directamente con Dios, y sin duda la historia de su conversión. El lugar y su experiencia allí fueron de tal significado para él que hizo tres cosas: levantó una columna para señalarlo, lo dio un nombre nuevo – Betel, casa de Dios – e hizo voto. El fugitivo descubrió que estaba en la casa de Dios y que Dios estaba allí.

Hasta este punto Jacob pensaba en sí, pero en Bet-el pensaba en Dios y encontró el lugar espantoso. Como otro que vivió muchos años más tarde, podía decir: "Me acordaba de Dios, y me conmovía", y esta ha sido la experiencia de un número innumerable de personas a lo largo de las edades.

La historia de Jacob en Luz ofrece mucha reflexión provechosa, pero aquí nos conformaremos con observar que vemos la maravillosa gracia de Dios hacia este trasgresor. La escalera habla de Cristo, la vía al cielo. Llegó justamente adonde estaba él y alcanzó a Dios mismo. Merece notar el cambio de nombre; Luz significa "uno que divide", pero Bet-el significa "casa de Dios". Jacob hizo voto y Dios hizo una promesa incondicional: "La tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia …" Pero Jacob quiso negociar: "Si fuere Dios conmigo, y me guardare … Jehová será mi Dios". En vez de confiar en lo que Dios había dicho, él fijó condiciones, y a veces nosotros actuamos de manera parecida.

Jacob en Padan-aram


Los primeros versículos del capítulo siguiente hacen ver el resultado de todo esto: "Siguió luego Jacob su camino", 29.1. Thomas Newberry traduce: "Jacob levantó los pies y llegó a la tierra del pueblo del oriente". Vencida la pesadez que experimentó al abandonar su hogar, él se ha encontrado con Dios y es un hombre nuevo; ha visto la vía de tierra a cielo y cuenta con la promesa de la presencia de Dios con él. Cierto comentarista escribió: "Su corazón levantó sus pies".

El sentido de Padan-aram es "la llanura de Aram". En el Antiguo Testamento la llanura era lugar del alejamiento de Dios: "la llanura de la tierra de Sinar", "Lot vio la llanura del Jordán", etc. Aram quiere decir "magnífico", y sin duda era un lugar agradable a los ojos, pero también abundaba la vanidad de la vida.

En nuestros días lo que corresponde a levantar un altar en aquellos tiempos es entrar en relaciones sacerdotales con Dios en el hogar. Jacob no hizo nada de eso en Padan-aram, y lo mismo da hoy en día con muchos, debido a las amistades malsanas que guardan. Labán tenía ídolos en su casa y Raquel los hurtó, haciendo entrever cuán poca influencia espiritual Jacob tenía en esa familia. En aquellos tiempos le correspondía a la cabeza del hogar funcionar como sacerdote en el mismo. Leemos de Job, por ejemplo, que se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de sus hijos, acaso pecare alguno.

¿Será que Jacob estaba tan ocupado con el ganado que dejó de criar a sus hijos en la disciplina y admonición del Señor? ¿Se interesaba tanto por enriquecerse que no le quedaba tiempo para atender al bienestar espiritual de su familia? Los hijos ya estaban de una edad cuando su carácter estaba en formación, y veremos más adelante el resultado de esta falta de un altar en Padan-aram.

Jacob en Jaboc


Después de estar él unos veinte años en Padan-aram, Dios le dijo: "Vuélvate a la tierra de tus padres y a tu parentela, y yo estaré contigo", 31.3. Oportunamente emprendió la marcha, saliendo furtivamente de noche. Era un Jacob diferente de aquel que había llegado a Padan-aram. Estaba vació en ese entonces, pero se va lleno; ahora es "dos campamentos". Cuenta con dos esposas, once hijos varones y una hija, y manadas que hacen entrever su prosperidad.

Él oye decir que Esaú vendrá a su encuentro con cuatrocientos hombres, y eso le infunde miedo. Encomienda todo en la mano de Dios en una de las mejores oraciones del Antiguo Testamento. Le recuerda a Dios su promesa incondicional a Abraham e Isaac, confiesa su propia indignidad y hace una petición. Luego echa a perderlo todo. Habiéndose encomendado a Dios, revierte su postura y vuelve a sus intrigas.

Pero Dios se encarga de la situación. Antes de encontrarse Jacob con Esaú, Dios se encuentra con Jacob. La energía de la carne no bastaría. Jacob es fuerte en sus marchas, pero le hace falta un toque de parte de Dios. "Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que se rayaba el alba", 32.4.

Jacob no está luchando con el varón, sino Dios con Jacob. Pero el peregrino no suelta al varón hasta recibir una bendición y un nombre nuevo. Ahora es Israel, que quiere decir "el que lucha con Dios", y también "un príncipe con Dios". Él recibe la confianza que tendría poder con Dios y prevalecería contra hombres. Llamó a ese lugar Peniel, a saber, "el rostro de Dios".

El luchador divino tocó el encaje de su muslo, y se contrajo el muslo de Jacob en esa contienda. Y ahora la pregunta: "¿Cuál es su nombre?" Los problemas de Jacob comenzaron cuando quiso engañar a su padre con decir que su nombre era Esaú. Él nunca había confesaba esa mentira, ni ante Dios ni ante su hermano, y ahora con un toque en el muslo Dios le obliga a decir la verdad. "Mi nombre es Jacob". ¡Una confesión de veras! Ahora será bendecido.

Jacob con Esaú


Los hermanos se encuentran y Jacob descubre que sus temores no tenían base. Dios había ablandado el corazón de Esaú hacia su hermano, y ahora este había desistido de sus malas intenciones. Esaú corrió, le abrazó, se echó sobre su cuello y le besó. Y lloraron.

Ambas habían prosperado económicamente desde su separación. Jacob atribuía esta bendición a la gracia de Dios, hablando de "los niños que Dios ha dado a su siervo". La actitud de cada cual es una de satisfacción y contentamiento en cuanto a cosas terrenales. Esaú no quería aceptar el obsequio de su hermano pero Jacob insistió. Quizás podemos entender que Esaú haya dicho, "Suficiente tengo yo, hermano mío, sea para ti lo que es tuyo", pero nos sorprende oír a Jacob responder, "Dios me ha hecho merced", 33.11.

Esta actitud es muy diferente a la que mostraba en Padan-aram cuando estaba deseoso de escapar con todo cuanto podía. Quizás el carácter "Israel" se estaba manifestando ahora, aunque no lo haría siempre de aquí en adelante. "Contento con lo que tenéis ahora", Hebreos 13.5, es señal de una buena condición de alma. Y también: "Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento", 1 Timoteo 6.6. La fuerza de "suficiente tengo" y "Dios me ha hecho merced" es que Esaú tiene mucho pero Jacob tiene todo. Hoy día no son muchos los que están contentos con lo que tienen, sino prevalece el sentir de las cuatro hijas de Proverbios 30.15 que nunca dicen: "Basta".

Jacob en Siquem


La próxima fase en esta historia no nos aporta energía espiritual. Un príncipe con Dios no ha debido encontrase en Siquem.

"Jacob fue a Sucot, y edificó allí casa para sí, e hizo cabañas para su ganado", 33.17. El propósito de Dios era que fuera directamente a Bet-el, pero Jacob no quería. En vez de dirigirse a la tierra de sus padres, construyó casa a medio camino. Fue indicio de que quería quedarse por largo. Aparentemente se había olvidado de su voto en Luz, o el buen pasto de Sucot estaba detrás de esta decisión. Acampó delante de la ciudad de Siquem, e iba a pagar caro por hacerlo. Jacob estaba actuando contrario a la mente de Dios, y desde ese entonces muchos entre el pueblo del Señor han hecho lo mismo.

Su tienda estaba demasiado cerca de la ciudad. Erigió un altar y lo llamó El-Elohe-Israel, "Dios, el Dios de Israel". Fue el primero de los altares suyos, pero construido donde no ha debido estar y con un nombre que no correspondía. Jacob asoció su propio nombre con un altar para Dios. Más adelante levantaría otro, llamado apropiadamente "la casa de Dios".

Y sigue ahora la triste historia del capítulo 34. Al acomodarse en Siquem, parece que Jacob estaba pensando más en el bienestar de su ganado que en el de la familia. Es decir, una vez más asigna más importancia al aprovechamiento económico que a las consideraciones espirituales. Nosotros los padres no debemos estar indiferentes a cómo es el vecindario y cómo es la sociedad que están impactando sobre nuestros hijos.

Pronto Dina, hija de Jacob, decidió "ver a las hijas del país". Fue consecuencia de estar viviendo cerca de la ciudad. ¿Por qué lo permitieron los padres de la señorita? ¿Y sin ninguna advertencia? Las consecuencias fueron desastrosas; la historia tradicional se repitió. El joven Siquem se enamoró de la muchacha, Dina perdió su virginidad, Simeón y Leví se prestaron a ser instrumentos de crueldad y el nombre de Jacob olió mal olor en la tierra. Cierto, el pecado de Siquem fue vengado, pero por un crimen mayor que el pecado que él había cometido. Dios revolvió el nido de Jacob.

Cualquiera que haya sido su plan, se hizo obvio que él no podía continuar en el territorio. Por lo tanto, el capítulo 35 comienza con Dios diciéndole: "Sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías". Fue una reprimenda y a la vez una orden. Si hubiera ido directamente a Bet-el, como ha debido, su familia hubiera sido guardada de tentación en Siquem y él de la vergüenza que manchó su testimonio.

Su altar en Siquem parece haber sido poco más que una forma exterior de adoración. Es más: hay por qué pensar que él sabía de los dioses extraños en su hogar. Está claro que Jacob era descuidado en el gobierno de su familia.

Jacob en Beerseba


La supuesta muerte de su hijo predilecto fue un golpe severo para Jacob; las noticias traídas por los otros hijos hicieron saber la profundidad de su amor para José. Vamos a pasar por encima de los años de silencio en la vida de este hombre y llegar de una vez al día que recibió las buenas nuevas de Egipto y exclamó: "José mi hijo vive; iré, y le veré antes que yo muera", 45.28.

Esta sola cosa ocupaba su mente: "le veré". Parece que su juventud fue renovada ante esa expectativa. Notamos el afecto encerrado en las palabras "mi hijo". Sin embargo, Dios tenía en mente para Jacob algo más que simplemente ver a su hijo.

El primer versículo del próximo capítulo cuenta que "Israel" procedió a Beerseba y ofreció sacrificios al Dios de su padre. Posiblemente allí dio gracias a Dios por la grata noticia que le había llegado. Abraham había plantado un árbol en este lugar e invocó allí el nombre de Jehová Dios eterno, 21.33. Isaac levantó un altar en Beerseba y él también invocó el nombre de Jehová, 26.25, 26. Ahora Jacob hace lo mismo y recibe renovada confianza acerca de ir a Egipto que le fue prometida cuando iba rumbo a Padan-aram.

"Israel" viajó, pero la palabra de lo alto fue: "Jacob, Jacob, no temas … yo descenderé contigo". Y fue con los suyos a Egipto.

Jacob en Egipto


Ahora nuestro protagonista tiene 130 años. Había vivido 77 en la casa de su padre, 20 en Padan-aram, 33 en Canaán de nuevo, y va a estar en Egipto por 17, para un total de 147 años.

José le presentó a su padre a Faraón, un príncipe con Dios llega a conocer a un príncipe de Egipto. De una vez Faraón le pregunta su edad, 47.8, y recibe la respuesta: "Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación".

El patriarca reconoció que su vida no había sido todo lo que ha podido ser. No hay en su respuesta una insinuación de falta de gratitud a Dios, sino que los fracasos estaban echando una sombra sobre su vejez. Los recuerdos le impulsaron a decir: "pocos y malos". Una vida larga era una de las bendiciones que Dios otorgaba a sus hijos terrenales.

José había vivido 17 años en casa de su padre, y ahora el padre va a vivir 17 con el hijo. Tenemos aquí un ejemplo del cuidado de los padres ancianos de parte de los hijos, cosa que no siempre se observa ahora. Es un hermoso atardecer a la larga vida de Jacob; sus canas no descendieron al sepulcro con dolor, como él temía en el 42.38.

Las postreras palabras a sus hijos no fueron todas de bendición. La visión del futuro y lo invisible se aclara cuando uno está acercándose al final de la peregrinación. Este hombre estaba persuadido que iba a morir en Egipto, y su postrimería fue pacífica. Hizo arreglos para su funeral, instruyendo a sus hijos a sepultar sus restos en Macpela.

Una sana iniciativa en este sentido, hasta un punto prudencial, evita incertidumbre y problemas innecesarios para los dolientes. Jacob no vio el cumplimiento de todo lo que Dios había prometido, pero actuó por fe al bendecir algunos de sus nietos, apoyándose sobre el extremo de su bordón, Hebreos 11.21.

***

Hemos seguido a Jacob desde la casa de su padre en Luz a Padan-aram, Jaboc, Siquem, Canaán, Beerseba y hasta Egipto. Hemos sabido que su carrera fue una de reveses, confianza en la carne, restauración y paz al final. Hemos conocido a Jacob como un suplantador y como Israel con poder con Dios y los hombres. Le hemos visto en la escuela de Dios, y nos ha llamado la atención su disposición a ceder, su obediencia y sus triunfos.

Leemos que Dios le dijo: "No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel", 32.28, pero con todo encontramos la frase "el Dios de Jacob" más frecuentemente que "el Dios de Israel". Bien exclamó el escritor del Salmo 46: "Nuestro refugio es el Dios de Jacob".
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   23

similar:

Contenido iconLa primera pregunta que nos surge para justificar un contenido en...

Contenido iconContenido unidad I 1 Contenido 1 Primera Declinación

Contenido iconContenido

Contenido iconContenido

Contenido iconContenido

Contenido iconContenido

Contenido iconContenido

Contenido iconContenido

Contenido iconContenido

Contenido iconContenido






© 2015
contactos
l.exam-10.com