Seminario bíblico de colombia






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TEOLOGÍA CONTEMPORÁNEA


SEMINARIO BÍBLICO DE COLOMBIA

Dr. Theo Donner


TABLA DE CONTENIDO





Pág.

  1. Introducción




3

  1. Trasfondo de la teología contemporánea.




4

  1. Manuel Kant




7

  1. Schleiermacher




11

  1. Hegel.




16

  1. La Influencia de Hegel.




19

  1. Ritschl y la teología liberal.




21

  1. Soren Kierkegaard.




25

  1. Karl Barth.




29

  1. Rudolf Bultmann.




41

  1. Paul Tillich




46

  1. Dietrich Bonhoeffer.




48

  1. Teología de la liberación.




52

  1. ¿Dónde están los teólogos evangélicos?




57

  1. Evaluación de la teología contemporánea.




59

  1. Una teología nueva.




73

  1. Libertad para servicio.




76



I. INTRODUCCIÓN
La teología contemporánea es una división del campo más amplio de la historia de la Teología. Hablamos de la teología Patrística para indicar el periodo de los Padres de la Iglesia que va hasta el fin del siglo VI. Hablamos de la Teología Medieval para el periodo que va hasta la Reforma del siglo XVI. Dentro de la Teología Medieval podemos distinguir la Teología Escolástica de la Alta Edad Media. En el periodo moderno, es decir el periodo que va desde la Reforma hasta el tiempo presente, podemos ver distintas fases, como la Teología de la Reforma, la Teología de la Contrarreforma, el Escolasticismo Protestante, la Teología Ultramontana, etc.
La Teología contemporánea es un término que se utiliza más que todo de la Teología Protestante que siguió a la Reforma y el Escolasticismo Protestante. Históricamente la Teología contemporánea comienza al final del Siglo XVIII y va hasta nuestro tiempo.
Dentro de la Teología Contemporánea se puede distinguir diferentes corrientes. La más importante es la Teología Liberal o Modernista, la cual rechaza de una forma u otra la autoridad de la Escritura y pone más confianza en la razón humana. En el S. XX surge una reacción contra la Teología Liberal en Karl Barth y en algunos otros teólogos, como Bonhoeffer, Bultmann y Tillich que no se dejan caracterizar fácilmente con un solo nombre. De hecho, estos teólogos comparten muchas de las proposiciones de la Teología Liberal y, por lo tanto, es difícil hacer una distinción entre ellos y esa Teología.
Al lado de la Teología Liberal vemos también que persiste una Teología que acepta la autoridad de la Biblia y que se ha llamado, en oposición a la Teología Liberal, Teología conservadora. Aunque es bastante conocido el fundamentalismo y el evangelicalismo, dos corrientes dentro de la Teología conservadora, no se ha producido dentro de esta línea ningún teólogo de tamaño excepcional, comparable a un Barth, Bultmann, o Bonhoeffer.
Como ya lo hemos notado, este estudio de la Teología Contemporánea no tomará en cuenta los desarrollos en la Teología Católica. La Teología Católica moderna es un fenómeno muy complejo y merece un estudio más amplio que no le podemos acordar aquí. Debemos notar también que esta Teología es de mucho menos interés para nosotros porque parte de unas presuposiciones básicas muy diferentes.


II. TRASFONDO DE LA TEOLOGÍA CONTEMPORÁNEA.


  1. Trasfondo dentro de la iglesia y la Teología.


El tiempo de la Reforma había sido un tiempo de renovación en la Iglesia y en la Teología. Mientras la Teología escolástica se había vuelto una polémica entre diferentes escuelas, como los tomistas y los nominalistas, la Teología de la Reforma era un cuestionamiento profundo en todo el campo de la teología, de la espiritualidad y de la práctica eclesial. Los reformadores lograron enfocar los temas centrales de la fe cristiana desde una nueva perspectiva y en una forma accesible para la gente común. Las polémicas de la Reforma no se hicieron en torres de marfil sino en tratados populares que involucraban a gente de toda clase en el debate. Mientras los escolásticos se habían perdido en preguntas secundarias sobre temas especulativos, los reformadores enfrentaban cuestiones en cuanto a la salvación, la autoridad de la iglesia, y la vida eclesiástica. la teología de los reformadores es original y creativa, pero después de la Reforma hubo una reacción.
Con la muerte de los reformadores entramos al periodo que se ha llamado el escolasticismo protestante, un periodo que, al igual que el escolasticismo medieval, se preocupaba con todo tipo de preguntas secundarias. Ya no era suficiente saber que nuestra salvación se logró por medio de la muerte de Cristo en la cruz, sino que había que preguntar si solamente por este medio Dios nos pudo salvar. Había que definir cómo era posible decir al mismo tiempo que Dios era “acto purísimo y simplísimo” y que tenía diferentes atributos (porque si Dios tiene diferentes atributos, y diferentes características, ya está compuesto de diferentes aspectos: pero no puede ser compuesto porque es “simple”).
El escolasticismo significaba cierto estancamiento y esterilidad en la teología. La preocupación de los reformadores por la salvación y la relación personal con Dios a través de la fe en Cristo se vio sustituida por una preocupación con la formulación correcta de la doctrina ortodoxa. En la predicación del domingo no era tan importante el poder espiritual del mensaje sino la expresión exacta de la perspectiva confesional, doctrinal de la Iglesia. Inevitablemente esto produjo una esterilidad nefasta en la teología y estableció de nuevo el abismo entre teología y creyente común y corriente que la Reforma había logrado superar.
Esta esterilidad y este formalismo de la teología llevó a una reacción importante a nivel de la Iglesia. Muchos creyentes insatisfechos con una teología que no tenía nada que decirles, buscaban formas nuevas de enfocar la importancia de la fe y de una relación personal con Dios. Es así que nace el Pietismo las variaciones correspondientes, como el metodismo de Wesley, el evangelicalismo, los grandes avivamientos, etc. Los pietistas enfatizaban la necesidad de una experiencia personal de la conversión, la búsqueda por la santidad y la expresión de la fe cristiana en una vida de obediencia y servicio. Era notable el impacto que tenían en cuento a obras sociales (escuelas, orfanatos, hospitales, etc.) y misión. Aunque no eran anti-intelectuales, ellos consideraban que una teología especulativa sin aplicaciones para la vida del cristianismo no tenía valor.


  1. Trasfondo en los movimientos intelectuales


La iglesia sintió también el impacto de desarrollos importantes que se produjeron a nivel de la cultura general, pero que estaban íntimamente relacionados con la iglesia.
Al tiempo de la Reforma se daba el movimiento cultural que se llama el Renacimiento. El Renacimiento se puede resumir como el redescubrimiento de la cultura clásica. Tanto en el arte, la literatura, la arquitectura, la filología, la filosofía, etc. se está viviendo un nuevo interés en las obras de los griegos y de lo romanos. Hay una nueva apreciación por la historia y las personas cultas se dan cuenta que no solamente en la Biblia uno encuentra verdad, sino también en lo que dijeron filósofos paganos.
Así empieza una emancipación intelectual que lleva al Siglo de las Luces 200 años más adelante. Se va destacando la teología como un asunto que lleva a guerra e intolerancia, y se va enfatizando el valor del hombre y de la razón. En el Siglo de las Luces vemos una crítica abierta del cristianismo.
Es durante el siglo XVIII que Hume lanza su ataque contra los milagros, mostrando que nunca puede haber evidencia suficiente para comprobar que sucedió en milagro. Es más lógico creer que los testigos del milagro, incluso uno mismo, están equivocados, que creer que se suspendieron las leyes naturales por un momento. Hume también ataca las pruebas tradicionales por la existencia de Dios. Por generaciones esas pruebas habían sido parte integral del arsenal apologético de la teología. Primero Hume y después Kant mostraron que tales pruebas no tenían lógica y que por lo tanto no eran capaces de comprobar la existencia de Dios. Además, tanto Hume como Kant argumentaban que era imposible conocer a Dios, que todo intento de hablar de Dio tenía, automáticamente, que caer en antropomorfismo, porque no era posible saber cómo era Dios en sí mismo.
Detrás de estos argumentos intelectuales vemos surgir una nueva corriente en el protestantismo. Mucha gente culta, educada, ya estaba cansada de esa religión fanática de los calvinistas y jesuitas, de esa intolerancia que llevaba a guerras de religión. Lo que se quería era una vida moderada, templada, racional, sin tales extremos. No es que se quería echar la fe cristiana, sino evitar su emocionalismo y el dogmatismo de sus teólogos. Juntamente con esto se están viendo algunos progresos notables en la ciencia, demostrando la capacidad de la razón humana de penetrar los secretos del universo.
También en el comercio hay éxitos importantes que llevan a una prosperidad más grande de la clase educada. En este contexto vemos el surgimiento en una religión natural. En oposición al escolasticismo protestante y el fanatismo religioso surge el llamado “deísmo”. El deísmo acepta la existencia de Dios, acepta que Dios en un principio creó el mundo pero consideró que después de iniciar el mecanismo del universo, con sus leyes naturales, prácticamente se retiró para no mezclarse más de los asuntos de este mundo. El concepto bíblico de Dios que entra en al historia, que, incluso se hace carne para vivir entre nosotros es inaceptable.


  1. Trasfondo en los estudios bíblicos


Debemos notar aquí también el nuevo ambiente que se iba formando y que se desarrolló especialmente durante el siglo XIX con relación a la Biblia.
Durante el renacimiento surgió una actitud nueva en cuanto a la Biblia. Después de la exégesis alegórica de la Edad Media, el Renacimiento manifestó un nuevo interés en la historia y el sentido histórico de la Biblia. También se dio un conocimiento mucho más amplio de los idiomas originales, el griego y el hebreo, que ayudó a ver las flaquezas de las traducciones recibidas de la Vulgata y de la Septuaginta. Así surgió la llamada exégesis gramática-histórica, que se fija en la estructura gramatical y literal del texto y mira el texto desde una perspectiva histórica. Así se empieza a estudiar la Biblia como se estudiaría cualquier otro texto histórico. Aunque para el Renacimiento y la Reforma tal perspectiva no implicaba ningún desprecio de la Biblia como Palabra de Dios, en tres siglos se llegó, siguiendo el mismo camino, a mirar la Biblia como meramente un documento humano. Aunque tiene carácter religioso, no tiene intrínsecamente más valor que cualquier otro texto religioso.
Durante el siglo XIX surgió la alta crítica, cuestionando la autenticidad e historicidad de la Biblia, cuestionando la naturaleza única de la Biblia, al decir que muchos de sus contenidos provenían de otras religiones del Antiguo Cercano Oriente. Se cuestiona en el Nuevo Testamento la historicidad de los documentos afirmando que se trata realmente de unos documentos producidos por la Iglesia Primitiva para expresar su fe en Cristo, no de documentos históricos. La teoría de la evolución y otros avances en la ciencia también llegan a cuestionar el contenido de la Biblia. Surge el concepto de que la Biblia era adecuada para gente que no sabía nada sobre los procesos de la naturaleza; ahora, el hombre moderno no necesita de esas explicaciones sobrenaturales para explicar el mundo, la ciencia lo puede todo.


  1. Conclusión


Podemos decir que la Teología Contemporánea representa el intento de enfrentar ésta nueva situación. Ni el escolasticismo protestante, ni el pietismo, tenían una respuesta adecuada para estos nuevos desafíos. Así surgen los intentos de Schleiermacher hasta Bultmann, hasta Miguéz Bonino, de enfrentar un mundo donde ya no se da por sentado una fe cristiana. El desafío para la teología es si todavía tiene algo que decir en el mundo moderno o si es anticuada, oscurantista y pasada de moda. El mismo desafío nos confronta hoy.

III. MANUEL KANT (1724-1804)
La mayor parte de su vida Kant fue un brillante profesor de filosofía, no muy conocido en le mundo en general. Parece que la lectura de David Hume lo llevó a unos cuestionamientos profundos en el campo de la epistemología. En 1781 publicó su “Crítica de la Razón Pura” (revisado en 1787) y después publicó varias obras que atrajeron un interés muy grande en la filosofía. Se ha dicho que Kant es el filósofo más importante de la época moderna. Este juicio es cuestionable. Lo que es cierto es que los planteamientos de Kant tenían un impacto tremendo no solamente en la filosofía sino también en la teología.
Para entender a Kant debemos tratar brevemente sobre la pregunta: ¿Qué es epistemología?
Epistemología es básicamente ese campo de la filosofía que trata del ¿cómo sabemos que tal o tal cosa es cierta? Así trata al mismo tiempo de la base de nuestro conocimiento y de la verdad de nuestro conocimiento: ¿Cómo lo sabe? Y ¿Cómo sabe que es cierto? – dos preguntas que están interrelacionadas-.
Tradicionalmente había dos corrientes epistemológicas:


  1. La corriente racionalista consideraba que todo conocimiento se fundamenta en la certeza lógica de ciertos conceptos evidentes. Así como en la matemática todo se fundamenta en ciertos axiomas básicos, así también en todo nuestro conocimiento hay ciertas verdades patentes que forman la base para el resto de nuestro conocimiento. Descartes fue el que originó esta corriente y todos conocemos el concepto fundamental de Descartes del “Cogito ergo sum” si pienso debo existir. Esto para Descartes era tan evidente que no era necesario ni posible probarlo; era una idea “clara y distinta”. Descartes consideraba incluso que tales ideas eran innatas.




  1. Del otro lado estaba la corriente empirista que fundamentaba todo nuestro conocimiento en la observación y la experiencia sensorial. Sabemos que las cosas existen porque las vemos y experimentamos. No se llega a un conocimiento por especular en forma lógica y teórica en abstracto de la realidad física que nos rodea, sino que llegamos al conocimiento por medio de observaciones controladas experimentos de laboratorio.

David Hume había mostrado la dificultad de este método empirista. Nosotros inferimos ciertas cosas que no podemos observar en la realidad. Cuando decimos “A Causa B “de hecho no vemos una “Causación”, apenas vemos que después de A sigue B.
Para nosotros A y B están relacionados como Causas y Efectos pero no podemos observar esta causación en sí, ni podemos estar seguros de que B siempre seguirá A, aunque suponemos que sí. El problema de la causación tenía para Hume algunas implicaciones bastante importantes, porque el mostró que nosotros tenemos ciertas impresiones sensoriales, que llamamos observación y experiencia, pero no sabemos si las impresiones que tenemos son causadas directamente por la realidad que nos rodea. No tenemos ninguna garantía de que nuestra observación realmente corresponde al mundo mismo.
Kant va un paso más allá en su crítica del empirismo. Afirma que nuestra observación siempre es condicionada por juicios o elementos “a priori” que ya están de antemano en la mente. Cosas como “espacio” y “tiempo”, para Kant era apenas “categorías mentales”, es decir nuestra mente está estructurada de tal forma que automáticamente suponemos la existencia de espacio y tiempo en la realidad que nos rodea. Pero tiempo y espacio dice kant, ni son observables ni existen objetivamente, sino que son categorías subjetivas. Ya Hume había dicho que no tenemos garantía de lo que vemos y sentimos realmente corresponde a la realidad. Ahora Kant va un paso más allá y dice que podemos estar seguros de que nuestra observación no corresponde a la realidad. Siendo que nuestras categorías mentales se imponen a nuestra observación, sabemos que nunca observamos ni experimentamos la realidad tal como es en sí. Allí esta la frase para Kant: La cosa en sí (“Das Ding an sich”) no se puede conocer. Entre el objeto observado y el sujeto que observa hay un abismo grande que quita toda posibilidad de un conocimiento verdadero, objetivo, es decir de acuerdo al objeto como es verdaderamente.
Así es que Kant da su crítica del método empírico. Al mismo tiempo crítica el método racionalista. Muestra que la razón es una herramienta útil en la búsqueda por el conocimiento, pero no puede brindarnos un conocimiento por sí sola. Muestra las limitaciones de la razón al demostrar que proposiciones contradictorias pueden defenderse al mismo tiempo. Es posible demostrar lógicamente que el mundo tiene principio, y también que no tiene principio: que no existe nada más lo simple y lo compuesto de lo simple, y que no existe nada simple en el mundo, etc.
En su crítica del racionalismo Kant muestra también, siguiendo otra vez en los pasos de Hume, que las pruebas tradicionales de la existencia de Dios no son visibles. En la teología tradicional esas pruebas habían cobrado mucha importancia como demostración lógica de la existencia de Dios. Anselmo de Canterbury había propuesto su argumento “ontológico” por la existencia (“un ser perfecto que realmente existe es más perfecto que un ser perfecto meramente imaginado, por lo tanto, el ser más perfecto debe existir”). Tomás de Aquino había dado sus “cinco caminos” que realmente eran apenas tres argumentos , con dos variaciones del primero: el argumento de la Causa primera (vemos que este mundo es una cadena de causas y efectos, debe haber una causa inicial que empezó esa cadena – esto es Dios): el argumento de la perfección (vemos ciertas perfecciones en este mundo – cosas justas, bellas, hermosas, buenas – que no son completamente perfectas; deben tener como su origen una perfección absoluta, que es Dios.). Y el argumento teológico (vemos que en este punto aun cosas exánimes aparentemente sirven un propósito que no puede ser resultado de su propia conciencia o intención, debe ser que algún arquitecto inicial les dio este propósito). Kant demostró que cada uno de esos argumentos contiene una falencia lógica y que por lo tanto no pueden comprobar la existencia de Dios.
Es fácil ver las implicaciones de estos argumentos para la teología que ninguna cosa puede conocerse tal como es en sí misma. Esta segunda parte era muy importante en su crítica de la teología. Kant consideró que era imposible conocer a Dios. Dios no se presenta a nuestra observación sensorial, no podemos experimentarlo con nuestros sentidos, por lo tanto no sabemos nada sobre él y cuando nosotros tratamos de hablar con Dios inevitablemente caemos en antropomorfismo, porque nos hacemos a un Dios a imagen nuestra.
Así Kant planteó las preguntas básicas que todavía preocupan a la teología hoy: ¿Cómo sabemos que Dios existe? ¿Cómo podemos conocer a Dios? ¿Cómo podemos hablar de Dios en forma correcta? ¿Sobre qué base podemos edificar nuestra teología?
Las críticas de Kant a la teología tradicional no debe llevarnos a pensar que el quiso acabar con el cristianismo. Más bien quiso sugerir otro fundamento y otra estructura para el cristianismo.
Aunque Kant había demostrado los límites de la razón en su “Crítica de la Razón pura” él era muy racionalista en su actitud a la religión. La razón queda como criterio ultimo para decidir la verdad de las cosas. Ya en su “Crítica de la Razón Práctica” (1785) Kant ofrece un argumento nuevo para demostrar la existencia de Dios. Después publicó la obra “La religión dentro de los límites de la razón Pura” (1793) donde expuso sus ideas religiosas.
La prueba de la existencia de Dios que ofrece Kant se fundamenta en la conciencia moral que todos los hombres comparten. Esta conciencia moral se llama “mandato categórico”, en. un sentido de deber absoluto, que nos lleva a hacer cosas no porque son de provecho (para nosotros o para los demás) sino porque son buenas en sí.
Podemos observar que en este mundo la virtud no es compensada. Debe haber otro mundo donde encontramos la recompensa para nuestra virtud. La única garantía que puede haber de tal mundo “más allá” es un Dios justo que le dé a cada uno lo que le corresponde. El argumento es obviamente falaz, pero indica unas presuposiciones básicas de Kant:


  • La existencia de Dios tiene que ver directamente con la responsabilidad moral del hombre. Dios apenas se da para asegurar que todos hagan lo bueno y reciban su recompensa.




  • La conciencia moral del hombre: todo hombre sabe lo que debe hacer por el mandato categórico innato en el hombre.



Fuera de esas presuposiciones podemos notar también otros conceptos de Kant:


  • El mal radical, juntamente con la idea de Dios y la inmortalidad del hombre, Kant



  • afirmaba la existencia del mal como una base imprescindible para un sistema teológico. Aunque Kant no estaba muy claro en cuanto al origen del mal, no acepta que proviene de Dios y considera que el hombre es básicamente bueno. Sin embargo, el mal existe y el hombre se encuentra en una situación donde superar ese mal es su propia vida y conducta.




  • El libre albedrío. El énfasis de Kant hace en la moralidad significa que la doctrina del libre albedrío es automático si el hombre es realmente responsable. Por un lado nosotros sentimos culpa, por otro lado sentimos responsabilidad. Estos hechos implican que debe existir el libre albedrío. Como dice Kant: “Debes, por lo tanto puedes”. Solamente se le puede exigir al hombre lo que puede cumplir, por el hecho de que se nos exige, sabemos que podemos hacerlo.


Con relación a la teología tradicional Kant considera:


  • Que para una religión tal como se necesita, no hay necesidad de una historia de la redención.




  • Para él la historicidad de la Biblia no tenía ninguna importancia, ni las doctrina de la Trinidad o de la pre-existencia de Cristo, ni los datos en cuanto a la salvación eran importante. La razón no necesita de la historia.




  • Que Dios existe y que tiene cierta relación con el hombre, pero esta relación se limita a las demandas morales que Dios le hace al hombre.




  • Que existe un mal radical, pero que no es cierta la doctrina del pecado original porque así el hombre ya no podría hacer lo bueno por sí solo.




  • Que Jesús es solo un modelo para nosotros, pero no que es nuestro redentor. Kant ridiculiza la idea de una salvación por la fe como “creer que por aceptar la noticia en cuanto a un evento que sucedió hace dos mil años se me quita toda culpa. Para Kant tal cosa implicaría el fin de toda moralidad, porque entonces ya la salvación no depende más de lo que hago. Nosotros mismos podemos cancelar la culpa de nuestros pecados pasados por una vida moral buena. Cuando el hombre decide seguir a Cristo y vivir una vida correcta, ese costo es tan alto que así cancela la deuda por los pecados anteriores.




  • Que la Iglesia se realiza cuando la conversión personal del hombre se realiza a nivel de la sociedad. Así se da el reino de Dios en la tierra.

  • Que la oración en sí no tenía valor, sino que la verdadera oración era el intento de agradar constantemente a Dios.




  • Que el concepto tradicional de la gracia era despreciable. La gracia expresaba no más el deseo de algunos de ser favorecidos por Dios sin merecerlo. Aunque pocas personas hoy en día han leído las obras de Kant, hay mucha gente que esta fundamentalmente de acuerdo con este concepto. Miremos ahora el impacto que las ideas de Kant tenían en la teología.

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