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Contra el olvido.

Primera lectura de

El capitán Alatriste








Autor: José Manuel López de Abiada





POLO ACADÉMICO INTERNACIONAL
SOBRE ARTURO PÉREZ-REVERTE




Abril de 2001

















Contra el olvido. Primera lectura de El capitán Alatriste1
D. José Manuel López de Abiada

(Universidad de Berna)


Superventas seguro
La entrega que inaugura la serie anunciada de las aventuras del apócrifo capitán Diego Alatriste y Tenorio1, reúne varios de los elementos que suelen figurar en las novelas de éxito: un argumento verosímil, un protagonista de indiscutible estatura humana consciente de sus propios defectos, un extraordinario trasfondo histórico para armar una novela de intriga, escenas altamente dramáticas, un conflicto básico de alcance internacional, corrupción, grandes odios, complots y amores imposibles o de mal agüero. Si además tenemos en cuenta que el renombre del autor, la envergadura de la casa editora, el lanzamiento del libro y el momento de su aparición en el mercado son factores que contribuyen muy directamente a las ventas, no es aventurado presagiar que cada uno de los títulos de la serie alcanzará ventas muy considerables. Dicho en otros términos: es muy probable que todos los relatos de la serie comiencen siendo best-séllers para convertirse luego en steady-sellers2, perpetuando la fama de "rey Midas " editorial que acompaña al autor, capaz de convertir en superventas todo lo que escribe3. Efectivamente, los 150.000 ejemplares de la primera edición (aparecida el 25 de noviembre) de El capitán Alatriste se agotaron en una semana; en diciembre se publicaron dos ediciones de 20.000 ejemplares cada una, y otras dos reimpresiones se hicieron en enero de 1997, también de 20.000 ejemplares cada una; a principios de abril, el libro figuraba todavía en las listas de los más vendidos, dato éste que confirma una vez más que el boca a boca tiene un papel relevante en la promoción y venta del libro.

Madrid, 1623
El espacio de la historia es el Madrid apicarado y miserable, decadente y frívolo de la primera etapa del reinado de Felipe IV – "rey joven, simpático, mujeriego, piadoso y fatal para las pobres Españas " (pág. 32)–, en cuya corte "cualquier cosa [...] podía ser comprada con dinero; hasta las conciencias. " (págs. 32-33). El tiempo del relato primario en relación al cual se establecen las anacronías temporales es fácil de adivinar, puesto que arranca pocas horas antes de la llegada a Madrid del príncipe Carlos de Gales –heredero al trono de Inglaterra– y del duque de Buckingham, en marzo de 16234. Los aristócratas ingleses emprendieron el arriesgado viaje de incógnito, escudados en los poco convincentes nombres de Tom y John Smith; el objetivo del viaje respondía a un plan de alianza de las coronas de España e Inglaterra, pero también a los deseos del príncipe de conocer a la posible esposa, la infanta María (hermana de Felipe IV), ya que la junta especial creada en Madrid, en diciembre de 1621, para deliberar sobre las ventajas y desventajas del imaginable matrimonio había llegado a la conclusión de que el enlace podía ser provechoso para la corona española5. Marañón consideraba incluso –idealizándola quizá un tanto– que la acción del futuro monarca inglés era el "lance más bonito desde que hubo Reyes, Príncipes enamorados, palacios y jardines "6.
Pero los proyectos de alianza no llegaron a buen puerto: durante su estancia madrileña, el príncipe Carlos pudo constatar que los españoles querían engañarle; por si fuera poco, Olivares le dio a entender en un escrito que la infanta tenía la intención de eludir los eventuales compromisos de casamiento retirándose a un convento7.

El argumento
El capitán Alatriste es una historia de aventuras, urdida en torno a un puñado de personajes y narrada "muchos años después " por Íñigo Balboa. Algunos personajes son fruto de la fantasía del autor; otros tienen correlato histórico (Quevedo, el valido Olivares, el príncipe heredero Carlos de Gales y varios más). El protagonista de la primera entrega, Diego Alatriste y Tenorio, es excombatiente en Flandes, espadachín a sueldo, valiente y hombre de escasa moral. El narrador de la historia –a la sazón adolescente–, Íñigo Balboa, era hijo de un guipuzcoano, compañero de armas y buen amigo de Alatriste, muerto en un baluarte de Jülich. Como Alatriste había jurado a su amigo Lope Balboa que se ocuparía de su hijo "cuando fuera mozo ", el muchacho había ido a Madrid para ponerse al servicio del capitán en calidad de paje. La historia comienza cuando Íñigo acude a esperar a su amo a la salida de la cárcel, donde había pasado una temporada por impago de deudas. Tras haberse adecentado el recién liberado presidiario en una casa de baños, van a la taberna del Turco, donde la dueña y amante del capitán ha reservado una mesa para celebrar el evento. Entre los contertulios se halla un poeta cojitranco y corto de vista, famoso "por sus buenos versos y su mala leche " (pág. 21): don Francisco de Quevedo. Cuando la "mesa estaba llena de botellas vacías ", llega un antiguo compañero del capitán, el teniente de alguaciles Saldaña, para proponerle un trabajo bien pagado que le pondría en contacto con "gente importante " y buena para su futuro (pág. 30). En el lugar establecido para cerrar el trato, Alatriste se encuentra con dos enmascarados que le explican los detalles del "negocio ": se trataba de asaltar a "dos caballeros extranjeros, jóvenes " que viajaban de incógnito y llegarían a Madrid solos y a caballo "la noche de mañana viernes ", camino de la casa de las Siete Chimeneas, la residencia del embajador de Inglaterra8. Se trataba de aligerarles de la documentación que llevasen, pero respetando sus vidas9. A la cita acude otro espadachín, Gualtiero Malatesta, compañero indeseado del capitán en la delicada empresa. El enmascarado que se había mantenido cubierto ( "tocado con un sombrero sin pluma, cinta ni adornos " y bajo cuya capa "brillaban una cadena de oro y el pomo dorado de una espada "), que hablaba "como quien suele estar acostumbrado a mandar y ser obedecido en el acto " (pág. 36) y a quien el otro enmascarado (de "uñas sucias y manchas de tinta en los dedos, como las de un escribano ") trataba de Excelencia abandona en seguida el lugar de la reunión. Inmediatamente surge de la penumbra la "silueta oscura y siniestra " del padre dominico Emilio Bocanegra, presidente del Santo Tribunal de la Inquisición y del Consejo de los Seis Jueces, "cuya influencia llegaba hasta el Gran Inquisidor y hasta los corredores privados del Alcázar Real. " (pág. 47) Obrando en contra de lo dispuesto por el enmascarado que acababa de ausentarse, Bocanegra ordena a los sicarios que dieran muerte a los "anglicanos impíos ", pues pertenecían a "una raza pérfida, funesta para España y la religión católica. " (pág. 48) Pero como los caminos del Señor son imprevisibles, la misión no tiene el desenlace ordenado por Bocanegra: cuando los espadachines tienen dominados a los ingleses, el mayor de ellos pide con insistencia "cuartel " para su compañero, sin preocuparse de pedir clemencia para sí mismo. Alatriste se siente desconcertado ante tan desinteresada generosidad10 y, convencido de que la operación tenía "demasiados ángulos oscuros ", ordena al italiano que cese de inmediato en el acoso al joven herido:
–Esto no está claro –apuntó el capitán.– Nada claro. Así que ya los mataremos otro día.

El otro seguía mirándolo fijamente. La sonrisa se hizo más intensa e incrédula y de pronto cesó de golpe. Movía la cabeza.

–Estáis loco –dijo–. Esto puede costarnos el cuello.

–Asumo la responsabilidad. (pág. 84)
El sicario italiano abandona el campo de batalla tras dirigir al capitán un amenazador "¡Ya nos veremos! ", preámbulo de un anunciado duelo mortal que seguramente tendrá lugar en una de las futuras entregas.
Contra el olvido
Pérez-Reverte ha confirmado, en repetidas ocasiones, que El capitán Alatriste comenzó siendo un divertimento, que su primera intención era un relato de unas setenta páginas, pero que a medida que profundizaba en la historia y la literatura del siglo XVII, se percataba de que la España hodierna tenía muchos puntos en común con la de entonces: "Todo lo que pasa hoy estaba entonces allí. La corrupción, el poder de los validos, los fueros... "11 Por otro lado, el escritor quería colmar un vacío incomprensible en la formación histórica de su hija Carlota –coautora de la novela12–, sometida, como sus coetáneos, a un peligroso proceso de "borrado de memoria ": "Decidí hacer esta novela al ver que un libro de texto que tenía mi hija el curso pasado dedicaba veinte páginas a los últimos años de la historia de España, con fotos de Calvo Sotelo y Felipe González –este año ya mete la de Aznar–, y liquidaba el Siglo de Oro en página y media. "13
Pérez-Reverte ha salido airoso del envite, pese al desafío que suponía, mediante un relato de aventuras transido de elementos propios del folletín y de la novela decimonónica, reivindicar, de manera amena y a la vez rigurosa y sin jactancias eruditas, una época histórica de la envergadura del Siglo de Oro, considerada y reconstruida desde el espacio, las costumbres y el ambiente del Madrid decadente de los Austrias, de los corrales de comedias14, de las tertulias y los mentideros famosos, como el de las gradas de San Felipe, "vasta tertulia pública donde se cruzaban opiniones y chismes, fanfarroneaban los soldados, chismorreaban los clérigos, se afanaban los ladrones de bolsas y lucían su ingenio los poetas. " (págs. 176-177)
Y el todo situándose abiertamente en los aledaños de la literatura popular y creando un personaje memorable, que, según prognóstico de Juan Manuel de Prada15, podría pasar a formar parte de nuestra mitología16.

Narrador y autor implícito
Angel Basanta y Santos Sanz Villanueva coinciden en señalar incoherencias en relación con el punto de vista desde el que se enfoca la historia. Para Basanta, queda por "ajustar el punto de vista del narrador, pues Íñigo de Balboa no puede contar sin más explicaciones episodios en los que no participó y cuyo conocimiento no justifica. "17 Sanz Villanueva critica la "indebida superposición de perspectivas por la cual se analizan los hechos con un enfoque de hoy que supera la capacidad del narrador, Íñigo Balboa ", a la que además se une "un incomprensible error en el punto de vista del relato: Íñigo cuenta en primera persona y sin embargo refiere directamente hechos que no ha conocido ni presenciado y, además, habla de lo que siente Alatriste como si se tratara de un narrador externo, omnisciente y en tercera persona. "18 Ambos hacen bien en señalar esos posibles desarreglos, para que el autor pueda subsanarlos si lo considera oportuno. Basanta acierta cuando apunta la necesidad de "precisar mejor el presente narrativo, ya que el narrador cuenta lo sucedido en «aquella época» desde «muchísimo tiempo» después, lo cual, aun quedando en la indefinición, no debe dar lugar a confundir su perspectiva en el momento de recordar el pasado con apreciaciones que más parecen salidas de una conciencia futura que casi alcanza al autor implícito. "19 Efectivamente, de autor implícito se trata, puesto que la voz en cuestión transmite informaciones para la justa comprensión, adelanta peculiaridades del discurso o plano de la forma, aporta datos complementarios generalmente de carácter erudito o incluso ideológico y hace comentarios sobre los personajes (no importa si de ficción o históricos)20. Dos ejemplos representativos –referidos al rey– para ilustrarlo:
Si en el casi medio siglo de reinado de nuestro buen e inútil monarca don Felipe Cuarto, por mal nombre llamado el Grande, los gestos caballerescos y hospitalarios, la misa en días de guardar y el pasearse con la espada muy tiesa y la barriga vacía llenaran el puchero o pusieran picas en Flandes, otro gallo nos hubiese cantado a mí, al capitán Alatriste, a los españoles en general y a la pobre España en su conjunto. A ese tiempo infame lo llaman siglo de Oro. Mas lo cierto es que, quienes lo vivimos y sufrimos, de oro vimos poco; y de plata, la justa. Sacrificio estéril, gloriosas derrotas, corrupción, picaresca, miseria y poca vergüenza, de eso sí que tuvimos a espuertas. Lo que pasa es que luego uno va y mira un cuadro de Diego Velázquez, oye unos versos de Lope o de Calderón, lee un soneto de don Francisco de Quevedo, y se dice que bueno, que tal vez mereció la pena. (pág. 112)
¡Cuán distinto de aquel otro Felipe Cuarto que yo mismo habría de escoltar treinta años después, viudo y con hijos muertos o enclenques y degenerados, en lenta comitiva a través de una España desierta, devastada por las guerras, el hambre y la miseria, tibiamente vitoreado por los pocos infelices campesinos que aún quedaban para acercarse al borde del camino! Enlutado, envejecido, cabizbajo, rumbo a la frontera del Bidasoa para consumar la humillación de entregar a su hija en matrimonio a un rey francés, y firmar así el acta de defunción de aquella infeliz España a la que había llevado al desastre, gastando el oro y la plata de América en festejos vanos, en enriquecer a funcionarios, clérigos, nobles y validos corruptos, y en llenar con tumbas de hombres valientes los campos de batalla de media Europa.

Pero de nada aprovecha adelantar años ni acontecimientos. El tiempo que relato aún estaba lejos de tan funesto futuro, y Madrid era todavía la capital de las Españas y del mundo. (pág. 173)
Como podemos ver, la voz del autor implícito va más allá de la del narrador, puesto que en lugar de describir el espacio, el desarrollo del tiempo, los personajes y sus acciones, hace comentarios de evidente talante político, histórico e incluso ideológico. Así se explica que puedan parecer "excesos imaginativos " o ejemplos de una "indebida superposición de perspectivas [...] que supera la capacidad del narrador ". A lo dicho se añade otro dato, que el propio autor explicaba en los términos siguientes:
–Es la misma España [...] en vez de banqueros genoveses hay banqueros marioscondes, y en vez de conde-duque de Olivares, pues hay Álvarez Cascos o Alfonso Guerra [...]. Cuando estaba trabajando en esta novela me di cuenta de lo poco que hemos cambiado y de lo españoles que somos. [...]

Cuando ahora releo algunos de los episodios [...] asocio sin querer a la Iglesia, a la banca, al estado, el poder, la corrupción y la guerra sucia, porque, en realidad, esta novela es un episodio de la guerra sucia, aunque encaminada a otro tipo de cosas.21
Una visión pesimista, sobre todo cuando afirma que hoy "somos más mediocres. Por desgracia, cuando ahora uno sale a la calle no se encuentra a Lope en el mentidero de San Felipe, ni a Quevedo haciendo sonetos en una taberna, ni a Alarcón, o a Velázquez pintando. [...] me ha dejado impresionado la precisión quirúrgica con la que retrata aspectos concretos de la España de ahora. "22 Un pesimismo que en cierto modo rememora la amarga frase que Moratín dirigía a la madre patria ( "para usted no pasan días ") y la consternación goytisoliana referida a la España de los sesenta.23 Mas puede que ese pesimismo también se deba a la severidad y trascendencia del cometido, y a la intención didáctica que late casi en cada página.

En suma: El capitán Alatriste es un relato subyugador y fascinante, amén de una amena y original introducción a la política y a la cultura de una de las épocas más apasionantes de España. Se trata además de un relato bien escrito, en el que fluyen y confluyen sabiamente varios y variados tipos de discursos, con sensibilidad frente a los estilos que en él conviven: a las voces del narrador y del autor implícito se aúnan versos (no importa si auténticos o apócrifos) de autores más o menos famosos, parodias literarias y el habla de los personajes que intervienen con sus voces distintas e individuales. Un lenguaje afinado y coloquial, en suma, que exhala una fragancia a la vez clásica y moderna.

1Arturo y Carlota Pérez-Reverte: El capitán Alatriste, Madrid: Alfaguara, 1996, 237 págs. La primera edición apareció en noviembre. Están previstos cinco títulos para completar la serie: Limpieza de sangre, El sol de Breda, Misión en París, El oro del rey y La venganza de Alquézar. El autor ha declarado que los cinco títulos aparecerán a razón de uno por año.

2Steady-seller es la denominación que se da al best-séller que se sigue vendiendo bien durante algunos años, tras haber desaparecido de las listas de los más vendidos.

Según la definición del diccionario de la Academia, el best-séller es una ”obra literaria de gran éxito y de mucha venta". En los EE.UU. se denomina best-séller al libro que vende 300.000 ejemplares en tres meses. En España, el título que supera la frontera de los 100.000 ejemplares vendidos ya es considerado best-séller. En Alemania y en Francia el listón está colocado algo más alto. El concepto de superventas cambia, por tanto, de país a país. Para mayor información, véase mi trabajo ”Entre el ocio y el negocio. Para una pragmática del best-séller", en José Manuel López de Abiada - Julio Peñate Rivero (eds.): Éxito de ventas y calidad literaria. Incursiones en las teorías y prácticas del best-séller, Madrid: Editorial Verbum, 1997, págs. 15-52.

3De La tabla de Flandes (1990) se han vendido hasta la fecha (marzo de 1997) más de 600.000 ejemplares y casi 400.000 de La piel del tambor (1995); las ventas de El club Dumas (1993) rondan los 350.000 ejemplares.

4El príncipe de Gales y Georg Villiers, primer duque de Buckingham, llegaron a Madrid, bajo los nombres de Tom y John Smith, el 17 de marzo de 1623, donde permanecieron hasta el 9 de septiembre. Para más detalles, véase la espléndida monografía de John H. Elliott: El Conde-Duque de Olivares. El político en una época de decadencia, Traducción castellana de Teófilo de Lozoya. Revisión de Antonio Feros y el autor, Barcelona: Editorial Crítica, 1990, págs. 217-223.

5En el informe de la junta especial se defendía la alianza ”por la necesidad que tiene esta corona del Rey de Inglaterra, con la cual se compondrá lo de Alemania, se pondrá freno a Holanda y franceses, se asegurará lo de Flandes y de las Indias, y juntas sus fuerzas marítimas (de que abundan más que otro príncipe de Europa) con las nuestras se limpiarán los unos y los otros mares de corsarios". (Elliott: El Conde-Duque de Olivares, op. cit., pág. 214)

6Gregorio Marañón: El Conde-Duque de Olivares, Madrid: Espasa-Calpe, 1969, pág. 53: ”Carlos, el Príncipe de Gales, enamorado de la Infanta española, por puro afán de enamorarse, porque no la conocía [...] deja su patria, contra todos los protocolos, y disfrazado de aventurero, con un solo criado, recorre la Península, entonces áspera y peligrosa, y llega una noche a Madrid para ver a la novia, a la Princesa española, idealizada en los sueños brumosos de su país."

7No es éste el lugar para entrar en disquisiciones narratológicas sobre el alcance (e.d., la distancia temporal que separa una determinada anacronía del punto cronológico marcado por el relato primario), la amplitud (o sea, la extensión del tiempo de la historia que cubre una anacronía), etc. Me limito a citar tres pasajes ilustrativos en relación con la temporalización y el narrador: ”Ha pasado muchísimo tiempo y me embrollo un poco con las fechas. Pero la historia que voy a contarles debió de ocurrir hacia el año mil seiscientos y veintitantos, poco más o menos." (pág. 15); ”No recuerdo bien el año –era el veintidós o el veintitrés del siglo–, pero de lo que estoy seguro es de que el capitán salió de la cárcel una de esas mañanas azules y luminosas de Madrid, con un frío que cortaba el aliento. Desde aquel día que –ambos todavía lo ignorábamos– tanto iba a cambiar nuestras vidas, ha pasado mucho tiempo y mucha agua bajo los puentes del Manzanares [...]." (pág. 17); ”El teniente de alguaciles Martín Saldaña era duro y tostado como un ladrillo. [...] Había sido soldado en las guerras de Flandes, como Diego Alatriste y mi difunto padre, y en buena camaradería con ellos había pasado luengos años de penas y zozobras, aunque a la postre con mejor fortuna: mientras mi progenitor criaba malvas en tierra de herejes y el capitán se ganaba la vida como espadachín a sueldo, un cuñado mayordomo en Palacio y una mujer madura pero aún hermosa ayudaron a Saldaña a medrar en Madrid tras su licencia de Flandes, cuando la tregua del difunto rey don Felipe Tercero con los holandeses. Lo de la mujer lo consigno sin pruebas –yo era demasiado joven para conocer detalles–, pero corrían rumores de que cierto corregidor usaba de libertades con la antedicha, y eso había propiciado el nombramiento del marido como teniente de alguaciles [...]." (págs. 25-26)

8"–Son dos caballeros extranjeros, jóvenes –prosiguió el enmascarado de la cabeza redonda–. Viajan de incógnito, así que sus auténticos nombres y condición no tienen importancia. El de más edad se hace llamar Thomas Smith y no pasa de treinta años. El otro, John Smith, tiene apenas veintitrés. Entrarán en Madrid a caballo, solos, la noche de mañana viernes. Cansados, imagino, pues viajan desde hace días. Ignoramos por qué puerta pasarán, así que lo más seguro parece aguardarlos cerca de su punto de destino, que es la casa de las Siete Chimeneas [...]" (pág. 38)

9"–El negocio debe transcurrir –continuó el enmascarado– como si los dos viajeros fuesen víctimas de un asalto de vulgares salteadores. Eso incluye quitarles cuanto llevan. Sería conveniente que el más rubio y arrogante, que es el mayor, quede herido; una cuchillada en una pierna o un brazo, pero de poca gravedad. En cuanto al más joven, basta con dejarlo librarse con un buen susto [...]." (pág. 39)

10"Aquel joven rubio de cuidado bigote, largos cabellos en desorden por el viaje y elegante traje gris cubierto de polvo, únicamente temía por su amigo, que estaba a punto de ser atravesado por el italiano. Sólo en ese momento, a la luz del farol que seguía iluminando el escenario de la refriega, Alatriste se permitió considerar los ojos azules del inglés, el rostro fino, pálido, crispado por una angustia que, saltaba a la vista, no era miedo a perder la propia vida. Manos blancas, suaves. Rasgos de aristócrata. Todo olía a gente de calidad." (pág. 81)

11M. Mora: ”Arturo Pérez-Reverte bucea en el Siglo de Oro para novelar sobre «la memoria que se nos niega». El capitán Alatriste, su última obra, abre una serie de seis libros sobre la época", El País, 4-XII-1996.

12Según reza en la contraportada, Carlota Pérez-Reverte ”ha realizado buena parte de la investigación histórica general, la reconstrucción de escenarios en el Madrid de los Austrias y suministrado el punto de vista del joven paje Íñigo Balboa".

13Juan Ignacio Martín: ”La cruzada histórica de Reverte. «Hace diez años me habrían tirado El capitán Alatriste a la cara», afirma el escritor al presentar su libro en Bilbao", El correo español (Bilbao), 17-XII-1996.

14"Desde el monarca hasta el último villano, la España del Cuarto Felipe amó con locura el teatro. [...] Sus autores consagrados, como hemos visto al referirme a Lope, eran queridos y respetados por la gente, y la popularidad de actores y actrices era inmensa. Cada estreno o reposición de una obra famosa congregaba al pueblo y la corte, teniéndolos en suspenso, admirados, las casi tres horas que duraba cada representación [...]." (pág. 191)

15Pérez-Reverte hace explícito homenaje al joven escritor zamorano y autor de la espléndida novela Las máscaras del héroe (Madrid: Valdemar, 1996): ”Asentían circunspectos los contertulios, entre ellos [...], un estudiante de Salamanca de capa raída, alto y con cara de hambre llamado Juan Manuel de Parada, o de Pradas [...]." (pág. 182)

16Juan Manuel Prada: ”Alatriste", ABC, 13-XII-1996.

17Angel Basanta: ”El Capitán Alatriste", ABC cultural, 13-XII-1996.

18Santos Sanz Villanueva: ”Arturo y Carlota Pérez-Reverte: El Capitán Alatriste", El Mundo (Catalunya), 7-XII-1996.

19Basanta: ”El Capitán Alatriste", op. cit.

20Dado que el segundo apellido del capitán Alatriste hace alusión a la tipología literaria española más difundida en el mundo –don Juan Tenorio–, es de rigor señalarlo, aunque sea en nota a pie de página. Como es sabido, el trasunto donjuanesco y la leyenda de los amores y del asesinato del segundo conde de Villamediana, el poeta Juan de Tassis y Peralta (1582-1622), ha llevado a suponer a más de un crítico que Villamediana fue el ”modelo real" de Juan Tenorio. Sea como fuere, Juan de Tassis desempeñó el cargo de correo mayor y fue nombrado por el rey gentilhombre de la reina. La mención de Villamediana en nuestra novela aparece en relación con Álvaro de la Marca, conde de Guadalmedina, y dice así: ”Soltero, mujeriego, cortesano, culto, algo poeta, galante y seductor, Guadalmedina había comprado al rey el cargo de correo mayor tras la escandalosa y reciente muerte del anterior beneficiario, el conde de Villamediana: un punto de cuidado, asesinado por asunto de faldas, o de celos." (pág. 96) El conde de Villamediana fue asesinado el 21 de agosto de 1622. La justicia no aclaró las causas del asesinato. Para más detalles, véase la espléndida introducción de Juan Manuel Rozas a su edición de Villamediana: Obras, Madrid: Castalia, 1969.

21José Manuel Huesa: ”Historia de un engaño", Cambio, 9-XII-1996, pág. 58.

22Huesa: ”Historia de un engaño", op. cit., pág. 59.

23"No, para España no pasan días: nuestra Historia es un «Bolero» de Ravel interminable en el que las mismas situaciones se repiten de modo indefinido, y para ser profeta –para emitir juicios que la realidad se encargará de confirmar años, lustros, siglos más tarde– basta con ser simplemente lúcido y pesimista." (Juan Goytisolo: ”La novela española contemporánea", en Disidencias, Barcelona: 1978, pág. 153.


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