Capítulo I: el marco espiritual de francisco de asíS. La espiritualidad del siglo XII






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TEMAS BÁSICOS DE ESPIRITUALIDAD FRANCISCANA

por Julio Micó, o.f.m.cap.

TEMAS BÁSICOS DE ESPIRITUALIDAD FRANCISCANA
por Julio Micó, o.f.m.cap.

Al A. le preocupa, desde hace tiempo, la formación permanente de los seguidores de Francisco, así como la formación inicial de quienes se deciden a abrazar su forma de vida. En las últimas décadas se viene sintiendo cada vez con mayor urgencia la necesidad de volver a las fuentes y a la inspiración primigenia de nuestra Fraternidad, conociendo y guardando mejor el espíritu e intenciones de nuestro Fundador (cf. PC 2). Es cierto que también se vienen multiplicando los estudios sobre san Francisco y el carisma franciscano, pero escasean las visiones de conjunto, las presentaciones globales que hagan accesible a la mayoría lo mucho que se ha avanzado en los estudios sobre temas particulares. Todo esto ha llevado al A. al compromiso de desarrollar de manera sistemática los principales temas de la espiritualidad franciscana. Teniendo en cuenta los destinatarios y la finalidad didáctica de los temas, el A. procura mantener en el desarrollo de los mismos un nivel medio, buscando la sintonía con la generalidad de nuestros lectores. Por esta misma razón, no multiplica las notas y citas, pero sí ofrece al final de cada tema una bibliografía selecta sobre el mismo.

Estos temas se publicaron primero en la revista Selecciones de Franciscanismo, Valencia, entre los años 1988 y 1992, y después, en 1998, reunidos en un libro: Vivir el Evangelio. La espiritualidad de Francisco de Asís. Editorial el Propagador TAM (Valencia; C/ Cirilo Amorós, 67; 46004 Valencia; Tel./Fax:             96 351 80 70      ; E-mail:elpropagador@planalfa.es).

Hemos de advertir que, en esta versión informática, suprimimos buena parte de la bibliografía que va al final de cada capítulo, manteniendo lo que estimamos más accesible por lengua y difusión entre nosotros.

ÍNDICE

PRÓLOGO

Capítulo I:
EL MARCO ESPIRITUAL DE FRANCISCO DE ASÍS.
LA ESPIRITUALIDAD DEL SIGLO XII


1. El siglo del progreso
2. La espiritualidad teórica
3. La espiritualidad práctica
4. Conclusión

Capítulo II:
FRANCISCO DE ASÍS, TESTIGO DE DIOS


1. Hablar del Dios de Francisco
2. El Dios trascendente
3. El Dios cercano
4. El Dios sensual

Capítulo III:
LA VIDA DEL EVANGELIO


1. En busca del Evangelio
2. El Evangelismo de Francisco
3. Conclusión: Lo peligroso del Evangelio

Capítulo IV:
LA SANTA MADRE IGLESIA


1. La Iglesia de Francisco
2. Francisco y la Iglesia jerárquica
3. Francisco y el misterio de la Iglesia
4. La Iglesia, lugar de salvación
5. Conclusión: La dificultad de sentirse Iglesia

Capítulo V:
HIJOS DE DIOS Y HERMANOS DE LOS HOMBRES Y DE LAS CRIATURAS.
LA FRATERNIDAD FRANCISCANA


1. De la Fraternidad a la Orden
2. Vivir en Fraternidad
3. La Fraternidad como estructura
4. La Fraternidad como alternativa
5. Conclusión: La Fraternidad como tarea

Capítulo VI:
«CON LIMPIO CORAZÓN Y CASTO CUERPO» (2CtaF 14).
LA CASTIDAD FRANCISCANA


1. El celibato de Jesús
2. La castidad en la Edad media
3. Francisco y la castidad

Capítulo VII:
«ADORAR AL SEÑOR DIOS».
LA ORACIÓN DE FRANCISCO DE ASÍS


1. Presupuestos ambientales en la oración de Francisco
2. La oración de Francisco
3. «Dios mío y todas mis cosas»

Capítulo VIII:
«SEGUIR LA HUMILDAD Y POBREZA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO» (1 R 9,1).
LA POBREZA FRANCISCANA


1. La pobreza en la Edad Media
2. La pobreza de Francisco de Asís

Capítulo IX:
MENORES Y AL SERVICIO DE TODOS.
LA MINORIDAD FRANCISCANA


1. Una sociedad de mayores y menores
2. Francisco, menor y siervo

Capítulo X:
LA OBEDIENCIA FRANCISCANA COMO APERTURA Y DISPONIBILIDAD AL QUERER DE DIOS


1. Contexto histórico de la obediencia 
2. La obediencia de Francisco
3. La obediencia como apertura

Capítulo XI:
«LOS HERMANOS VAYAN POR EL MUNDO».
EL APOSTOLADO FRANCISCANO


1. El apostolado en la Edad Media
2. El apostolado de Francisco y su Fraternidad
3. El apostolado, hoy

Capítulo XII:
LA EVANGELIZACIÓN ENTRE LOS INFIELES


1. La Cristiandad y los infieles
2. Francisco y el Islam
3. Una nueva evangelización

EPÍLOGO

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PRÓLOGO

Escribir hoy sobre espiritualidad, cuando la misma sociedad busca su futuro por caminos más superficiales, es casi un acto de inconsciencia. Pero asumo este gesto marginal como un servicio a mis hermanos y hermanas porque percibo que, a pesar de habernos empeñado en olvidar los grandes horizontes que generan utopías, para limitarnos a lo concreto y circunstancial, no llegamos a encontrar lo que, de verdad, confiere sentido a la vida: saber qué somos y hacia dónde caminamos.

Porque «a veces nos acontece -como dice González de Cardedal- que en medio del vivir se nos oscurece el saber de lo humano y no sabemos qué es ser hombre. Y entonces sólo recobramos la luz y la evidencia cuando en medio de la multitud nos encontramos con el rostro trasparente de un hermano, en el que la humanidad ha dado fruto y a través del cual se nos inmediatiza y asistimos al milagro de estar ante un hombre, y de sentirnos de nuevo encaminados, y de querer marchar hacia esa humanidad de la cual no tenemos ciencia cierta, sino una incierta sospecha y un como recuerdo que sirviendo de memoria acumulada, alimenta nuestra esperanza».

Si a este hermano le damos un nombre, Francisco de Asís, entonces ya no resulta tan insensato descubrir su camino espiritual, su camino de humanidad, porque puede ayudarnos a replantear nuestro camino y caminar de otra forma más gratificante y llena de sentido.

Francisco siempre ha fascinado porque representa de forma ejemplar la utopía de lo que siempre hemos soñado alcanzar y la realidad nos ha negado: el no sentirnos celosos guardianes de nuestra débil y temerosa personalidad y poder abrirnos amorosamente a los demás y seguir creciendo hasta encontrar el Absoluto y en él, sorpresivamente, también a nosotros mismos.

Conocer el camino recorrido por Francisco puede ser una ayuda para caminar por el nuestro; pero sería una trampa confiar ingenuamente en nuestro conocimiento de lo que es y significa Francisco, porque puede darse la paradoja de que el Francisco imaginado no tenga nada que ver con el Francisco real. Su imagen popular se ha ido formando de rasgos y aureolas hagiográficas, no siempre desinteresadas, que nos dificultan el acceso al Francisco de Bernardone.

La pregunta surge espontánea: ¿podemos llegar a conocer al Francisco real, al Francisco histórico, o tenemos que conformarnos con una imagen del Santo restaurada por las conveniencias e intereses de sus biógrafos?

Algunos franciscanistas son categóricos: es imposible llegar a conocer al hijo de Pedro Bernardone porque los medios de que disponemos, las biografías mayormente, no pretendían tal cosa sino mostramos al mínimo y dulce Francisco de Asís, al Santo que había estado entre ellos y al que algunos habían, incluso, conocido y tratado, por lo que se convertía en unmodelo de santo asequible.

Aún reconociendo que esta propuesta tiene parte de verdad, también es cierto que de Francisco no sólo tenemos susbiografías, sino que disponemos de un material de primera mano como son sus escritos. A través de ellos podemos rastrear su itinerario espiritual marcado por el Evangelio. Ellos nos descubren los verdaderos sentimientos y las opciones de un hombre de fe que se dejó fascinar por Jesús hasta caer rendido ante él, haciendo verdad aquello de que el Evangelio humaniza.

Sin embargo, y dada la costumbre que tenía Francisco de dictar sus escritos a un secretario, tampoco podemos estar completamente seguros de que en ellos se nos manifiesta el verdadero espíritu de Francisco con todos sus matices y particularidades. Pero es un problema general que afecta a toda la literatura espiritual de la época y que, actualmente, no reviste grandes dificultades porque se dispone de medios para aproximarse bastante a las ideas del autor. Por eso cabe una confianza relativa de que en ellos late la aventura evangélica de Francisco.

Con todo, cada texto tiene un contexto que lo hace inteligible y que, con la distancia de cultura y tiempo, se va empañando hasta desdibujarlo. De ahí que la reconstrucción histórica de la época, al menos en lo referente al aspecto religioso y lo que tenga alguna relación con él, es importante para dimensionar la figura de Francisco. Toda persona, por original y creativa que sea, forma parte de esa corriente cultural que configura la historia. Francisco no puede ser una excepción. Su personalidad espiritual se fue fraguando a través de las repetidas opciones por una determinada forma de leer y poner en práctica el Evangelio entre las muchas que la Iglesia de su tiempo le ofrecía.

Leídos en su contexto histórico, los escritos de Francisco recobran su verdadero sentido, despojándose de una falsa originalidad para ofrecernos el proyecto espiritual de un hombre que se siente interpelado por el Evangelio según los condicionamientos ambientales y, según estos mismos condicionamientos, responde a la llamada peregrinando por el mundo en busca del Absoluto.

El Francisco que nos revelan sus escritos puede que sea menos santo, según el sentido convencional del término, pero indudablemente gana en hondura y cercanía. Su espiritualidad no es artificiosa, sacada de los esquemas librescos, sino que brota de un hombre de fe que contempla lo cotidiano como lugar de encuentro y de gracia. Para él toda la historia, hasta la más pequeña y gris, es una historia sagrada, puesto que en ella se hace presente el amor y la bondad de Dios.

Desde este optimismo humilde, ya que sabe por experiencia lo que da de sí el hombre, su camino espiritual es una invitación a recorrer el nuestro con el empeño del que sabe que vivir el Evangelio es siempre, y de una forma global, gratificante. Su itinerario creyente es un ofrecimiento ejemplar de que construir nuestra vida desde el seguimiento de Jesús vale la pena porque la llena de sentido y de futuro.

La personalidad espiritual de Francisco de Asís no fue una ayuda sólo para sus contemporáneos que lo conocieron; su fascinación y su influjo se extendieron en el espacio y en el tiempo hasta provocar una organización sistemática de su experiencia evangélica que se conoce con el nombre de espiritualidad franciscana; aunque afinando un poco se trataría, más bien, de una espiritualidad sanfranciscana.

La espiritualidad franciscana supone, además de la experiencia fundante de Francisco, la aportación de las grandes figuras del franciscanismo -como S. Buenaventura, S. Antonio de Padua, S. Bernardino de Siena, etc.-, que supieron elevar a un nivel conceptual y sistemático su propia experiencia franciscana. Sin embargo, esta forma de pensar el franciscanismo nos dice ya muy poco, puesto que nuestro interés va directamente a buscar lo que fue y significó Francisco. Si el Concilio Vaticano II nos puso alerta sobre la necesidad de volver a las fuentes de nuestra espiritualidad, ya desde principios de siglo existía una cierta inquietud no sólo por encontrarse con el Francisco hermano que les acompañara en su caminar cristiano, sino de organizar su experiencia espiritual de una forma sistemática y coherente que pudiera servir de ayuda a los grupos eclesiales que intentaban vivir el Evangelio desde la perspectiva franciscana.

Alrededor de 1912 surgió la polémica, más bien académica, sobre la razón de ser de las distintas espiritualidades dentro de la Iglesia, puesto que la vivencia del Evangelio ya pertenecía al patrimonio común de los cristianos. Planteado así el problema era lógico que las principales familias religiosas con una marcada espiritualidad respondieran justificándose y enumerando, en un alarde de ingeniería espiritual, los valores originales de la propia escuela. Fruto de esta polémica fueron algunas síntesis de las principales corrientes de espiritualidad.

Por lo que respecta a la franciscana, fue el P. Ubald d'Alençón el que, con su artículo L'Ame Franciscaine, comenzaría esta tarea de sistematizar el espíritu franciscano, distinguiendo cuatro elementos materiales y uno formal. Los primeros son: el retorno a la observancia primitiva del santo Evangelio; la concordia y la paz; la sumisión a la Iglesia y, por último, un amor personal y apasionado a la humanidad de Jesús. El elemento formal -o lo que da forma al franciscanismo- sería la pobreza y el distanciamiento de las criaturas.

Como suele suceder, esta sistematización no fue del agrado de todos y surgió la controversia. Como consecuencia surgieron los tratados de espiritualidad franciscana, que contribuyeron a un conocimiento más profundo del camino espiritual de Francisco. Pero el tiempo no perdona; la perspectiva desde la que abordaban la espiritualidad, un tanto filosófica y teórica, fue sustituida en los años cincuenta por otra de talante más crítico e histórico basada, fundamentalmente, en las fuentes franciscanas.

Nombres como K. Esser, E. Grau, L. Hardick, etc., dieron un vuelco a la espiritualidad franciscana tratándola desde nuevas perspectivas, utilizando la crítica histórica y filológica como instrumento para redescubrir el significado espiritual de Francisco. Aunque no escribieron ninguna obra sistemática, sus abundantes trabajos sobre las distintas facetas de la espiritualidad contribuyeron a recuperar una nueva imagen de Francisco más cercana a la realidad y a nosotros.

A pesar de que en estos últimos veinte años se han multiplicado los estudios sobre la espiritualidad franciscana, son escasos los dedicados a presentar una síntesis global de la espiritualidad de Francisco, mereciendo una referencia especial el P. Lázaro Iriarte. Su libro Vocación franciscana es una síntesis de los ideales de S. Francisco y de Sta. Clara ofrecidos, como un servicio fraterno a cuantos hoy sienten el reclamo del ideal evangélico bajo la guía del mínimo y dulce Francisco de Asís. Aparecido después del Concilio, en un momento en que el deseo de conocer y volver a los orígenes contrastaba con la carencia de manuales de espiritualidad, su difusión ha sido importante; muestra de ello es su traducción a cinco lenguas.

Por lo que respecta al libro que ahora presento, no voy a caer en la trampa de decir que "llena un vacío en cuanto a manuales de espiritualidad franciscana se refiere", porque no sería justo. Simplemente se trata de recoger los trabajos que, preparados en un principio para la formación de los novicios, han ido apareciendo en la revista Selecciones de Franciscanismo en estos últimos años. Con ello pretendo ofrecer a los demás lo que para mí y mis hermanos más próximos ha sido una reflexión global sobre el significado espiritual de Francisco, no sólo para sus contemporáneos sino también para los que pretendemos vivir coherentemente el Evangelio con su ayuda.

La aproximación al fenómeno franciscano requiere sorprenderlo en el momento y en el lugar que se produjo. Abstraerlo de su contexto es cambiarle el decorado y, por lo tanto, privarle del horizonte que le confiere todo su valor y significación. Necesitamos conocer el itinerario espiritual de Francisco; pero el mejor camino no es proyectar nuestras convencionales imágenes que tenemos del Santo, sino tratar de buscar, en la medida de lo posible, al hermano Francisco, para que nos desvele con naturalidad su aventura de no dejarse atrapar por los convencionalismos sociales y atreverse a correr el riesgo de ser él mismo aunque tuviera que cargar con las consecuencias.

Si desde principios del siglo XX, en que se comenzó a ver la espiritualidad franciscana de una forma organizada y sistemática, se han tenido más o menos claros los valores que la componen, también es verdad que se ha tropezado continuamente con la dificultad de ensamblarlos en un conjunto orgánico que diera solidez y armonía a nuestra espiritualidad. La razón fundamental de este desconcierto ha sido el silencio de Francisco en la descripción de su camino espiritual.

Reservado a la hora de manifestar sus sentimientos más íntimos, e incapaz de exponer de una forma metódica su itinerario espiritual como hicieron otros místicos, sólo podemos deducirlo de sus diversos escritos que, en gran parte, son ocasionales o para organizar la Fraternidad. A través de las Reglas y algún que otro escrito podemos conocer perfectamente cuál era el carisma fundacional y la organización de sus valores. Pero en lo que respecta al carisma personal de Francisco, por todo lo dicho anteriormente, estamos en una relativa oscuridad. De ahí se explica que, prácticamente, ningún autor coincida con los demás en la forma de estructurar la espiritualidad de Francisco. Con ello no trato de justificarme sino confesar lo relativo de esta organización que aparece en el libro.

De todas formas, no es lo más importante. La finalidad fundamental de este trabajo es dar a conocer a un Francisco que asume sus propias limitaciones, pero no se cansa de proclamar que la misericordia de Dios es más fuerte que su frágil debilidad. La figura de Francisco es una parábola de la utopía que se va realizando; del madurar en humanidad porque ha decidido tomar el Evangelio como forma de vida y entender su existencia como seguimiento de Jesús.

Alicante, 4 de octubre de 1998, fiesta de san Francisco de Asís.

[J. MicóVivir el Evangelio, Valencia 1998, pp. 5-9]

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