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DRAGON





ViDeus en youtube:
0 - http://www.youtube.com/watch?v=bboQ1ND3t3g

1 - http://www.youtube.com/watch?v=MEt3CK1sNxs

2 - http://www.youtube.com/watch?v=NMlr6o54vcA

3 - http://www.youtube.com/watch?v=fXGASB41Eic

4 - http://www.youtube.com/watch?v=n9YMwVwMpWM

5 - http://www.youtube.com/watch?v=QPNNveA2pIY

6 - http://www.youtube.com/watch?v=cGMrnoMAkdI
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(0-۩), (1-۩), (2-۩), (3-۩), (4-۩), (5-۩), (6-۩), & (7-۩).

En el Nombre de Dios,

Clementísimo con la Creación,

Misericordiosísimo con los creyentes.

Dragon I.
La serpiente y la manzana de los hijos de Adán y Eva: El reptil del paraíso perdido hechiza con su serpentear ondulante todos los sentidos de los seres. Son legión las miríadas de placeres que ofrenda en pago del contrato con el que ha comprado las almas, ávidas de sibilinos gozos. El bífido ente genesíaco recaptura los corazones con nuevas manzanas; otra vez demostramos ser hijos de Eva y Adán al caer en billones de ocasiones en el truco de la fruta de oropel. ¿Y hay alguno que diga seriamente que no nacimos con la mancha original? La sierpe convirtió las originarias eses de su rastro en la duna, en formas idénticas que penetran con su llamado de sirena a hombres y mujeres sin voluntad ni sabiduría. Hinca sus colmillos grávidos de veneno en durmientes deseosos de sucumbir a la irrealidad del sueño eterno. Es el ensueño de sus sonidos, sus imágenes, sus tactos, sus sabores, sus olores, sus ideas. Los seis sentidos presos en su quijada salivosa e impía.
Les voy a contar una historia, si Aquel que nos ha creado y nos sustenta lo permite. Es la historia de un ente hecho de humanos y de objetos. Esta entidad tenía el poder de ver cada rincón de la Tierra y voltear hacia el cielo y escudriñarlo también. Su vista era superior a la de cualquiera pues era capaz de observar aquello que a nuestros ojos resulta invisible, y su memoria también nos aventajaba, pues cada escena que veía la guardaba nítidamente en sus recuerdos para cuando la requiriera observar de nuevo. Le fue otorgada la capacidad de herir, enfermar y matar con sus ojos, e igualmente podía hacerlo con su boca, que tenía la habilidad de comunicarse en todas las lenguas para hacerse entender por quien quisiera.
El surgimiento de esta bestia fue anunciado por 124,000 mensajeros a lo largo del mundo y a lo largo de las eras. A estos hombres les concedió el Señor verla antes de que naciera a través de sueños y visiones, para que proclamaran ante aquellos que les escucharan el inminente nacimiento de este ser único, tan grande y poderoso.
Fue por ella que en cada lengua se inventó la palabra Dragón y cada pincel inspirado le pintó como le imaginaba. Por esto en cada sitio donde se resguardó el mensaje de los profetas también se le hicieron figuras explicando su existencia a través de cada arte. Inclusive se inventaron danzas y cantos para transmitir a lo largo de las generaciones el emergimiento del Dragón y su manera de hablar, de atacar y de moverse.
Todo lo anterior tenía un propósito. Advertirnos. Instruirnos. Protegernos. Evitar que cuando rindiéramos cuenta de los actos en nuestro juicio pudiéramos pretextar que fuimos víctimas ingenuas del dragón, o sus cómplices sin saberlo.
Mostrarnos la omnisapiencia misericordiosa de Dios, y la vía que autoriza para entregar a sus criaturas la verdad, fue quizá la razón más noble para compartirnos la parte más dificil de nuestros porvenires. Porque no todos los que tienen voz son sinceros y porque quien avisa no traiciona. Así, Dios designó a personas sumamente especiales para que pudiéramos tener certeza cuando nos compartían las cartas de Dios. Y así, Dios nos hacía comprender que a pesar de que fueran nuestras manos las que terminarían construyendo y alimentando al Dragón, aún allí, Él lo había previsto y además, nos daba la oportunidad de escapar de sus garras.
Y el tiempo transcurrió, y gente de mala voluntad y manos malignas se encargaron de destruir esas cartas divinas cada vez que tuvieron la oportunidad, no importando si estaban escritas en pergaminos o cinceladas en la roca dura.
Y la maldad creció, y esas personas también reescribieron las historias cuando no podían destruirlas. Y mientras cambiaban esas Escrituras, al mismo tiempo llenaban de inventos oscuros la reputación sin mancha de esos mensajeros, no sólo para hacerlos pasar como gente malvada, igual que ellos, pues deteriorándolos a la vista de la gente, era más probable que no creyeran en los mensajes que les sobrevivían: querían hacerlos ver como personajes indignos de que se les siguiera para que nadie pudiera acceder al secreto del Dragón y éste naciera y creciera sin obstáculos.
Sin embargo el anuncio de la llegada del Dragón permaneció dicho de tantas formas y plasmado en tantos lugares, que les fue imposible erradicarlo. Y aquellos que no sabían de él, fueron enterados de una u otra manera.
La tribu de los náhuas le llamó Tezcatlipoca, la tribu australiana le llamó Serpiente Arcoiris, y para esta historia que contamos, le llamaremos el Dragón de 7 Cabezas. Así es como le fue dado llamarle a Juan, un mensajero muy conocido por todas las tribus y naciones, así se lo mostró Dios a este profeta, y como tal nos lo compartió en el libro que Dios le encargó escribir, libro llamado Apocalipsis, o Revelaciones.
Su libro pudo llegar a nuestro tiempo porque no dice las cosas tal cual son. Fue escrito como un enigma, como una suerte de adivinanza o acertijo, para que quienes quisieran destruirle no pudieran ver claramente que allí, en sus palabras, se escondía el misterio de misterios, y entonces, lo dejaran persistir al no pensar que les amenazaba a ellos, precursores de la bestia y siervos suyos. Este fue el truco que usó Dios, en primer lugar, para permitirnos obtener parte de la historia del Dragón, y este truco también Lo usó para dar lugar a esos dones que tienen nuestras cabezas al imaginar, al indagar, al entender. Al despertar...
Tan sólo esta historia bastaría para alertar a quien quisiera salir del ensueño de su fantasía, pero para que los que tienen esta visión apocalíptica no se creyeran los únicos poseedores de este conocimiento, Dios decidió permitir que subsistieran otras versiones del Dragón en muchos lugares y de muchas formas, complementarias todas entre sí. Así, los apocalípticos no se sentirían como los únicos creyentes y poseedores de esta profecía y por lo tanto una especie de congregación elegida, para desprecio de los demás fieles de Dios. Y así también, todos los visionarios de la bestia podrían entender que el lazo que une los corazones con Dios corre a lo largo de todas las almas para que quien lo quiera se aferre a él en la hermandad humana.
Video de esta sección en internet con audio y subtítulos: http://youtu.be/MEt3CK1sNxs
Dragon II.
En el gráfico que emula la forma de las ondas sonoras puedes observar su caminar. en la palabra que no enaltece está su rastrero paso. En el ruido perturbador. En música que incita al desconcierto. En las torturas sónicas que el hombre crea: desde las bocinas de sonoridad increíble que desquician la paz inherente del espíritu humano, hasta los sonares militares de los barcos y submarinos de guerra, esos por los cuales protestan los humanos del mar encalando en las playas del hombre en un suicidio que lo denuncia, pues con sus mecanismos marcianos llevan desorientación y demencia a los sensibles oídos de nuestros hermanos delfines, nuestras hermanas ballenas.
Casi todos los niños conocen los dragones. Saben que de sus fauces sale fuego capaz de quemar hasta las cenizas a quien se le ponga enfrente. Aquellos que conocen la historia más reciente de dragones saben que son muy ambiciosos: les da por robar el oro, las joyas, los tesoros, en fin, aquello que atesoran los animales pensantes de dos patas creyéndolo lo más valioso. No es casual que el dragón de siete cabezas también busque los tesoros, se apodere de ellos, los acumule, y vaya por más incansablemente.
Pero nuestro dragón no es de fantasía, aunque físicamente no se parezca al monstruo de las novelas y de las películas de tercera dimensión. Esto nos dificulta un poco darles a entender cómo es, pues las imágenes dragonescas que diseñan en las computadoras no son un espejo de cómo es el nuestro, sólo son una alegoría, es decir, tendremos que imaginar que quizá el fuego de nuestro dragón lo veremos con la cabeza, no con los ojos o a través de los lentes 3D. Es posible que sus llamas sean invisibles, aunque no por esto sus quemadas no duelan, hagan poco daño, o maten menos víctimas.
Al juego de calabozos y dragones le añadimos un grado de dificultad y quien logre pasar de etapa, ganará un gran tesoro más valioso que el hurtado por estas bestias. Ellos se apoderan de cosas que duran poco tiempo, sólo una vida, la vida de quien las atesora; nuestro tesoro dura más que eso y es más grande: ¡es infinito!
Aquel que creó todo lo que existe, cuando nos hizo decidió dotarnos de vista como parte de todos los dones con los que nos obsequió. Gracias a los ojos podemos ver casi cualquier cosa, y nos dio dos. Con ellos podemos ver en tercera dimensión sin necesidad de usar las gafas 3D que nos dan a la entrada de la sala de proyección. Si sólo tuviéramos un ojo, veríamos las cosas como se ve una película que no ha sido filmada como "El hobbit". Nuestra visión sería plana y encontraríamos que caminar es un asunto delicado, pues no sabríamos a qué distancia están los objetos. Tener dos ojos es una bendición maravillosa.
Empero, nuestros ojos no son como los del búho, que puede ver de noche. A este simpático animalito alado, su inventor lo dotó de ojos hechos de tal forma, que en ellos trae sensores construidos con los materiales necesarios para ver en la oscuridad. ¡Y no sólo él puede ver de noche! Los murciélagos también pueden ver, con las orejas. Esto es más raro todavía. Con estos dos ejemplos podemos empezar a entender que existen muchas formas de ver y en variadas circunstancias. Hay quien ve de día, hay quien ve de noche, hay quien ve con ojos, hay quien ve con las orejas. En la naturaleza podemos comprender que existen variadas maneras de ver, diseñadas por ese gran ingeniero que construye con perfección sus obras, y que con su ejemplo y las cualidades que nos otorgó de inventores también a nosotros, nos invitó desde hace tiempo a seguir sus pasos.
Por eso nos hemos aventurado a buscarle cómo fabricar ojos que nos ayuden a ver de noche igual que el búho hace, y ojos que vean con orejas, al modo del murciélago. Como Dios nos dejó los ingredientes adecuados, manos capaces de maniobrarlos, y suficiente creatividad en nuestras cabezas para hacerlo, lo conseguimos. Ahora tenemos ojos que ven de noche o que lo hacen con orejas. ¡Gloria a Dios!
Igual a como hacemos cuando nos ponemos los lentes antes de la película, debemos hacer para ver de noche. Los anteojos que nos permiten observar en la oscuridad se llaman "gafas de visión nocturna". En su primera etapa eran muy grandes y estorbosas, y sólo dejaban ver como las películas planas, pero ahora son ligeras y permiten ver con profundidad, son 3D.
Un granjero encontraría útil la visión nocturna. Si un coyote está comiéndose sus gallinas, sencillamente lo esperaría una noche con su rifle y ¡tarán!, pocos días después tendría unas pantuflas suavecitas de piel de coyote y a sus emplumadas amigas contentas poniendo huevos despreocupadas. La cosa estriba en que a ese granjero no es a quien le venden estas gafas.
Un explorador marino estaría encantado de ver el fondo del mar y a las sirenas y leones acuáticos danzar enfrente de su submarino, y para hacerlo estaría bien que le dieran los ojos del murciélago del agua, que existen y se llaman sonares marinos, el problema es que le entregan estas herramientas a alguien diferente y con otras intenciones.
Recordemos que a los dragones les encantan los tesoros, y que en el fondo del mar se encuentran muchos. Bueno, pues resulta que este bicho se hizo de algunos visores acuáticos y se los prestó a sus sirvientes prometiéndoles que si le ayudaban a robar todos los tesoros de la Tierra, iba a compartir con ellos una parte. Y como hay personas ambiciosas a las que no les importa nada más que los tesoros, accedieron al contrato de la bestia: ahora casi todos los mares de nuestro planeta son surcados por piratas ávidos de los tesoros del mar; pueden ver hacia el fondo marino, y más lejos todavía, pueden ver también adentro del lecho del mar.
Por darles un ejemplo, allí encontraron el aceite de las rocas, o petróleo, muy preciado por estos bandoleros. Cada que pueden lo extraen y lo embotellan en grandísimos barriles con forma de barco y los llevan flotando por la superficie marina hacia donde se los compren o adonde se los transformen en productos más valiosos todavía para venderlo más caro, como la gasolina que hace andar a los carros, la turbosina con la que vuelan los aviones, etcétera. Es común que dejen sucio allí donde chupan con sus maquinarias este líquido, tan sucio que la sirenas y los leones del mar no pueden vivir más allí, y los que no pudieron mudarse a tiempo mueren envenenados junto con sus vecinos peces chiquititos y grandototes.
Y esto comenzó gracias a un gran regalo usado incorrectamente, pues si el Dragón y sus secuaces no se hubieran hecho con estos ojos artificiales, jamás hubieran despojado el cofre inmenso de aceite de roca de adentro del mar.
Respecto a los lentes que ven de noche, no son usados para impedir que los coyotes se traguen a las gallinas. Resulta que ese Dragón malvado se los renta a sus súbditos para que puedan robar en lo oscurito y por aire y por tierra a los granjeros y campesinos que no les regalan sus pertenencias a la luz del día. Así, es el hombre de alma coyotesca el que ve en la oscuridad. El que atraca. El que puede vigilar que no le vigilen para pasar de noche a llevarse nuestras granjas completitas en un trailer con todo y gallinas y vacas y burros, y nuestros sembradíos enteritos en un ferrocarril, con todo y campesinos y granos y tierras. Las cosas están al revés, con este asunto de las gafas del Dragón.
Y así ocurrió porque había mucha gente rascándose la barriga empachada cuando fue la repartición de los ojos de búho, y a pocos les importó que los hombres coyotes se hicieran con esos ojos, con la fábrica de ojos, y con las granjas y sembradíos. Y a los que protestaron, esos que se rascan la panza llena no los ayudaron. Por eso no pudieron impedir que los ojones vieran sus riquezas y se les fueran encima para apropiárselas por la mala. ¡Ay ojón!
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