El jueves, el viernes y el sábado santos, o triduo pascual, simbolizan el cambio del mundo viejo al nuevo, son los días de renovación a través de la búsqueda y






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fecha de publicación12.07.2015
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SEMANA SANTA

El jueves, el viernes y el sábado santos, o triduo pascual, simbolizan el cambio del mundo viejo al nuevo, son los días de renovación a través de la búsqueda y muerte de Jesús. Estos días son de liturgias especiales y no se ofrecen misas personales de ningún tipo.

 En estos días se recuerda la última cena de Jesús, con sus 12 discípulos; la traición de Judas, que entregó a Jesucristo para que fuera sentenciado y condenado a muerte; el viacrusis y la crucificción.

 El vía crusis es el camino de la cruz, el recorrido que hace Jesús coronado de espinas, cargando el travesaño donde será clavado, hacia la cima del monte del Calvario. En ese recorrido Jesús recibe los azotes e insultos de la guardia romana, cae exhausto en tres ocasiones y vive además el inmenso dolor de su madre, María, y de María Magdalena.

Las catorce estaciones del vía crucis simbolizan para los cristianos el camino de dolor que lleva a la resurrección del espíritu. El viernes santo a las tres de la tarde se cumple el episodio más triste de la Semana Santa; la muerte de Cristo.

 El sábado de gloria se celebra la vuelta del espíritu de Cristo al reino de Dios. En nuestro país, los fieles acostumbran arrojarse agua. El domingo de resurrección se alcanza el momento de mayor júbilo en este calendario: Jesucristo vuelve desde la muerte.

Aparece más tarde en distintas ciudades, ante algunos de sus seguidores, a quienes pide que prosigan con la realización y difusión de su mensaje. Así concluye la Semana Santa.

 Esta fiesta que simboliza la renovación de la humanidad misma, está regida por el calendario litúrgico de la iglesia católica, por lo que sus fechas son movibles, varían en sus inicios entre finales del mes de marzo y principios del mes de abril de cada año.


El Jueves Santo abre el Triduo pascual con la Eucaristía vespertina porque así como la Cena del Señor marcó el inicio de la pasión mientras Jesús se encamina a la donación de su vida en sacrificio expiatorio para la salvación del mundo, establece su mediación objetiva en el rito convivial de la nueva alianza, y releva su inmensa caridad, que es la base de su pasión y de su muerte.

La Eucaristía, símbolo y fuente de caridad, sugiere una respuesta de amor agradecido mediante la adoración del Santísimo Sacramento (en el lugar de la reserva solemne) hasta la media noche, cuando comienza la memoria de la pasión y de la muerte.



El Viernes Santo es el día de pasión y muerte del Señor y del ayuno pascual como signo exterior de nuestra participación en su sacrificio.

Este día no hay celebración eucarítica, pero tenemos la acción litúrgico después de medio día para conmemorar la pasión y la muerte de Cristo. Cristo nos aparece como el Siervo de Dios anunciado por los profetas, el Cordero que se sacrifica por la salvación de todos.

La cruz es el elemento que domina toda la celebración iluminada por la luz de la resurrección, nos aparece como trono de gloria e instrumento de victoria; por esto es presentada a la adoración de los fieles.

El Viernes Santo no es día de llanto ni de luto, sino de amorosa y gozosa contemplación del sacrificio redentor del que brotó la salvación. Cristo no es un vencido sino un vencedor, un sacerdote que consuma su ofrenda, que libera y reconcilia, por eso nuestra alegría.

El Sábado Santo es el día de la sepultura de Jesús y de su descenso al lugar de los muertos, es decir, de su extremo abajamiento para liberar a los que moraban en el reino de la muerte.

Este es el día de espera litúrgica por excelencia, de espera silenciosa junto al sepulcro: el altar está desnudo, las luces apagadas; pero se respira un ambiente de fervorosa espera, llena de paz y cargada de esperanza.


Esta Vigilia es la más grande y santísima noche del año, la celebración antigua, más importante y más rica de contenido.

No se vela porque Cristo resucitó en la noche o para esperar la resurrección, sino para expresar que vivimos en espera, en la vigilancia y en la esperanza de la venida del Señor, del cumplimiento del nuevo y definitivo paso con él.

En el centro de los ritos iniciales se encuentra el cirio, símbolo de Cristo resucitado; a su luz se escucha luego la lectura de la Palabra de Dios en la que se evoca la historia de la salvación desde la creación hasta la resurrección y exaltación de Cristo; sigue la primera participación en la Pascua por medio de la recepción del Bautismo o de la renovación de los compromisos bautismales con la profesión de fe; y por último la Eucaristía, banquete de la nueva alianza, en que Cristo, Cordero pascual que se ha hecho nuestro alimento, destruye la muerte nos da nueva vida.

ESTACION I
 

Jesús sentenciado a muerte.

Jesús ratificó con su poder sacerdotal la sentencia que lo condenaba a muerte . . .

Acepta el alma amorosamente la sentencia divina que la constituye víctima, aceptándola como tal: ¡Jesús, "eccevenio", aquí estoy para cumplir tu voluntad !
 

ESTACION II

 

Jesús recibe su cruz.

 La cruz que el alma, a semejanza de Cristo recibe sobre sus hombros, es el dolor o conjunto de dolores, que según la disposición divina la han de inmolar.

 ¡ Con qué amor recibe el alma la cruz bendita! ¿Tiene Jesús algo mejor que dar en este mundo a los que ama?

 
ESTACION III

 
Jesús cae por primera vez.

A las veces la víctima ha de sufrir desmayos.

Jesús quiso caer para que el alma no se desaliente cuando el dolor la oprima y para que esté segura del auxilio que Jesús le mereció.
 

ESTACION IV

 
Jesús encuentra a su Santísima Madre.

 ¡Qué dulce es pensar que María estará a nuestro lado a la hora de la inmolación. La Santa Madre es quien forma a las víctimas.

 En su seno, en su corazón, me formaré. Formar víctimas es formar a Jesús. ¿ Se puedes ser víctima sin transformarse en EL?

 
ESTACION V

 
Simón, el cireneo, ayuda a Jesús.

 Jesús quiere que le ayudemos a llevar la cruz, no tanto para aliviarle su carga, cuanto para participarnos su gloria y su dicha. Siendo tan generoso, ¿ podía reservarse para El solo tan gran riqueza?

 !Oh tesoro divino de la Cruz, lo más rico y dulce que existe en la tierra! ¡La última palabra del amor!

 
ESTACION VI

 
Jesús graba su Divino Rostro en el velo de la Verónica.

 Para ser víctima hay que transformarse en Jesús. La gran Víctima debe grabar en el alma su imagen, no la manera superficial, sino profunda; pero su imagen dolorosa, ¡la que tiene sangre y polvo y la saliva! ¿Cuándo será la anhelada tranaformación?

 
ESTACION VII

 
Jesús cae por segunda vez.

 Las caídas de Jesús enseñan al alma que para ser víctima, hay que descender hasta lo profundo del dolor...

 
ESTACION VIII

 
Jesús consuela a las mujeres que lo acompañan.

 La víctima perfecta, y sobre todo la Víctima sacerdotal, deber olvidarse de su dolor y de su inmolación para atender y consolar a los demás, como Jesús se olvidó de sus dolores para enseñar a las piadosas mujeres.

 
ESTACION IX

 
Jesús cae por tercera vez.

 ¡ A qué profundidades debe llegar la víctima! Pero con El, que quiso arrastrarse en la tierra para acompañarnos en nuestras inmolaciones.

 
ESTACION X

 
Los verdugos desnudan a Jesús.

La víctima debe estar espiritualmente desnuda: ¡ qué divina desnudez es necesaria para llegar al dolor amoroso y fecundo!

 

ESTACION XI

 
Jesús es clavado en la Cruz.

 Tenderse sobre la cruz, es ser colocada sobra el altar, es el glorioso destino del alma víctima, su anhelo supremo, su dicha cumplida. Allí encuentra a Jesús como en ninguna otra parte; es tálamo sangriento y feliz de Jesús y del alma.

 
ESTACION XII

 
Jesús muere en la Cruz.

 Morir con Jesús, morir por Jesús, morir en Jesús, es el acto específico y sacerdotal del alma víctima. ¡Si Jesús me concediera morir mártir! ¡Pero me concederá, sin duda, morir víctima!

 
ESTACION XIII

 
Jesús muerto en los brazos de su Madre.

 ¡Qué gozo saber que las manos inmaculadas de María nos ofrecen en el momento solemne del sacrificio y que nos han de recibir al bajar de la cruz! ¡Manos inmaculadas de María! ¡ Manos maternales! ¡Manos sacerdotales!

 
ESTACION XIV

 
Jesús en el sepulcro.

 La última etapa de la víctima es el olvido y la abyección del sepulcro a donde descendió Jesús. ¡El sea bendito!.

JUEVES SANTO


 

 

ORACIÓN DE LA MAÑANA: ABRID LOS OJOS AL AMOR (Prepara Carlos Leta)

 

POSIBLE ESQUEMA :

 

  • -          Introducción:

- Alabanza al corazón de Dios, porque nos ama como no podemos ni imaginar

- Enlazar con el sentido del día: AMOR - SERVICIO

- Le pedimos a Dios que nos abra los ojos para descubrir en el que tengo al lado un hermano al que amar y servir. Concretar: que todos nos comprometamos a hacer algo concreto por alguien, especialmente por los que aún no conozco, o por aquellos con los que tengo algún problema, o por los que están especialmente solos, o por los que me necesitan. Se les pueden apuntar ideas concretas para vivir la Pascua en el Atazar desde el Amor y el servicio: sentarme a comer con quien esta mas solo, estar atento a la limpieza, ofrecerme voluntario cuando se me pide...

 

  • -          Lectura del NT: 1 Jn. 4, 7-12

 

  • -          Cuento (Libro “El canto del Pajaro”)

 

  • -          Canción

 

  • -          Padrenuestro

 

- Despedida llamando al compromiso: Amar // Perdonar // Servir

Sólo así nuestro corazón se abre al amor y a Dios

JUEVES SANTO:

TIEMPO FORMATIVO

EL SERVICIO

 

 

 

ORGANIZACIÓN:

 

10'30-10'45 Motivación para el aprovechamiento de todos los momentos formativos y de reflexión. Breve explicación del Jueves Santo, acentuando "el servicio".

10'45-11'40 Tiempo personal, acompañado con material

11'40-12'00 Tiempo libre.

.

Terminar con la lectura de Juan 13, 4-17

 

MATERIAL:

 

Fotocopia que contenga:

* Breve introducción.

* Texto

* Preguntas

 

INTRODUCCIÓN:

El principal signo del cristiano es el AMOR. El amor tiene formas diferentes de hacerse presente en nuestra vida y una de ellas es el SERVICIO a los DEMÁS, especialmen­te a los más necesitados.

Cuando amas a otro, al enemigo, al olvidado... surge en ti la necesidad de ayudarle. Es, entonces, cuando ves más lejos de tu ombligo y quieres compartir tu vida con el otro.

Ahora, busca un sitio tranquilo y lee atentamente el texto. Realiza de nuevo una lectura subrayando, anotando o señalando todo aquello que más te ha llamado la atención (aunque a veces no sepas por qué te ha gustado esa frase).

 

 

TEXTO: Oración de Jesús a sus hermanos

 

Como bien sabes, hermano mío, yo pedí muy pocas cosas en mi vida. Pedí una posada, antes de nacer, pensando, sobre todo, en mi madre. Pedí a Zaqueo que me alojara en su casa, y a otro buen amigo -prefirió callar su nombre- el salón para celebrar la Pascua. Pedí un par de veces agua para beber. ¡Ah!, y también pedí un burrito para hacer mi entrada triunfal en Jerusalén, y así no dejar mal al profeta Zacarías.

 

No me interesaban las cosas. Me interesaban las personas. Me interesaba, sobre todo, la amistad. No me cansaba de pedir amigos: amigos que me siguieran, que se unieran a mi causa, que estuvieran conmigo, que continuaran mi tarea.

 

Mi petición de hoy va en la misma línea. No os voy a pedir ayuda material, aunque también la necesito para mis pobres. Tampoco os voy a pedir que dejéis a vuestra familia y vuestros trabajos, aunque a alguno se lo seguiré pidiendo. Mi petición va dirigida a todos y está al alcance de todos.

Mirad, me paso unas ganas tremendas de seguir «haciendo el bien», pues veo a tanta gente triste y necesitada. Me muero de pena al ver que muchos niños no sonríen y mueren prematuramente. No puedo soportar la imagen del joven que camina a la deriva, que quema su vida con cualquier tipo de droga y se hunde en el infierno del vacío y de la desesperación. Me entristece la estampa del viejo, al que nadie quiere y que parece estorbar en todas partes. Cada matrimonio que se rompe es una cuchillada a mi corazón. No digamos otro tipo de violencias y de guerras. Me rebela el que unos se aprovechen de los otros, que siga habiendo personas y pueblos sin libertad y sin dignidad. En fin, no voy a repetir aquí lo que bien sabéis vosotros. Lo que sí quiero deciros es que unas veces me dan ganas de llorar y otras de coger el látigo.

 

Préstame tus manos

 

Y lo que os pido, lo que te pido, es que me prestes tus manos para que con ellas yo pueda seguir curando, bendiciendo v acariciando. Te pido que me prestes tus pies para que pueda seguir acudiendo a las llamadas de tantos desvalidos y para correr detrás de los que se descarrían. Te pido tus labios, para besar a tantos niños y a tantos hambrientos de amor. Te pido tu lengua, para seguir dando buenas noticias a los pobres y denunciar a los hipócritas

y opresores. Te pido tus ojos, para mirar con ternura y cariño a toda la gente.

 

Te pido tu rostro, para sonreír a cada uno, para sonreír a pesar de todo, para iluminar todas las situaciones con mirada de gracia, de paz y de alegría. Estáis tan nerviosos y preocupados, que lo llenáis todo de angustia. Te pido, en fin, tu corazón, para que yo pueda seguir amando a mi manera.

 

Si me los prestas, no hace falta que te desprendas de ellos. Es muy sencillo: utilízalos tú como si fuesen míos, como si ahora te los prestara yo. Haz tú con ellos lo que estoy deseando hacer yo.

 

Sonríe. pues, aunque no tengas ganas de hacerlo, pero sabiendo que yo lo quiero. Comparte, aunque te cueste, pero piensa que yo lo haría. A multiplicar los servicios, aunque te canses, pero consciente de que yo vine para eso. Ama siempre de la manera que yo lo haría.

 

Te infundiré mi espíritu, para actuar yo desde ti mismo. Te enseñaré el modo y la manera, te daré la fuerza y la capacidad. Yo me prolongaré en ti. Tú serás mi instrumento y mi sacramento. Tú y yo seremos, te lo aseguro, un Dios para el hermano.

 

Te lo pido por el Amor del Padre, por el dolor de los inocentes, por todo lo que más quieras. En espera de tu respuesta positiva, te mando un beso de amistad.

 

Jesús.

 

TIEMPO PERSONAL. REFLEXIÓN:

 

Una vez leído todo el texto las veces necesarias, nos centramos en nuestra vida, en los pequeños detalles y no en los grandes propósitos.

 

Para ayudarte a la hora de reflexionar te proponemos unas preguntas:

 

1) Recuerda momentos o situaciones en donde hayas dejado de hacer algo importante en tu vida para dedicar ese tiempo a otra persona.

2) ¿Qué sentimientos, actitudes surgen en ti ante una llamada de ayuda del otro?

3) En el día a día, ¿dedicas una parte de tu tiempo a los demás? como, por ejemplo, explicar los deberes a tu hermano, ayudar con la Física a un compañero, ayudar en casa...

4) ¿Esperas a que el que te necesita te requiera o estás pendiente de los que ocurre a tu alrededor?

5) ¿Te ilusionan más tus estudios, amigos y momentos felices que la vida, los problemas y las alegrías de los otros?

6) Cuando el que te pide ayuda es alguien que no te cae bien ¿eres capaz de actuar igual que si fuera un amigo?

7) ¿Que sentido tiene para ti el lavatorio de los pies?

 

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