La prehistoria de la televisión abarca un amplio período que se extiende, aproximadamente, desde finales del siglo XIX hasta 1935. En principio surgirán dos






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Por corte o cambio instantáneo de una imagen a otra. Es la más frecuente en todos los programas

  • Por fundido. A veces yendo la imagen desde negro y ganando luminosidad hasta su nivel normal, conocidos como fade in; y a veces desvaneciéndose la imagen original hacia negro, conocidos como fade out.

  • Por encadenado. Consistente en la superposición de la imagen previa a la segunda de una manera que aquella se va desvaneciendo.

    Más sofisticadas son las transiciones que utilizan cortinillas. Las cortinillas poseen unos rebordes visibles, de formas geométricas y con variadas direcciones de movimiento – arriba, abajo, derecha, izquierda, espiral- dando paso de una imagen a otra por sustitución. Eran muy utilizadas en el cine mudo y en la actualidad se usan en series nostálgicas o para llamar la atención visual.

    Hoy día es muy frecuente en muchos programas que la imagen incorpore algún tipo de texto. Éstos se hacen con la tituladora, un aparato capaz de insertar textos y subtítulos en la imagen. Es con lo que se insertan, por ejemplo, los mensajes SMS  en muchos programas actuales.

    El chroma key es el efecto especial más conocido popularmente. Su fundamento consiste en insertar una imagen con un fondo distinto proveniente de otro lugar. Se establece un color (chroma) como ‘llave’ (key) que da entrada a la imagen –habitualmente el azul o el verde-, el mezclador detecta este color y las zonas donde existe las rellena con otra señal de vídeo seleccionada. Es decir, si tenemos un fondo de un paisaje lunar y por otro lado grabamos a un actor disfrazado de astronauta sobre un fondo verde, al mezclar ambas imágenes ejecutando la función de chroma del mezclador obtendremos una tercera imagen del astronauta sobre la luna; el color verde del plano del astronauta habrá sido sustituido por la imagen de la luna. El elemento a incrustar no debe jamás llevar nada del color ‘llave’, dado que aparecería como un agujero a través del cual veríamos el fondo. También existen, claro está, los efectos digitales; la mayoría de estos efectos no están incluidos en el mezclador sino que son unidades independientes. Son innumerables y el desarrollo de las diversas compañías de software hace surgir cada vez nuevas opciones, aunque en ocasiones los problemas de competencia dan lugar a incompatibilidades u obligan a la adquisición de hardware extra para su uso. Algunos ejemplos son: efecto de compresión, varía la relación de aspecto de la imagen; pushes, cuando una imagen empuja a otra para sacarla de cuadro; flips, efectos de giro sobre los ejes de la imagen salvo la perpendicular; rotación, similar al flip añadiendo el giro sobre la perpendicular.

    4.9 Transmisión: satélite, herciana, cable
    Televisión etimológicamente no significa otra cosa que ‘visión a distancia’. Es decir, lo que da verdaderamente sentido a la comunicación televisiva es que las imágenes y los sonidos se trasladan desde un emisor, que es la cadena, hasta un receptor, que son los televidentes. La única manera, y aún hegemónica, de enviar la señal de televisión de un lugar a otro ha sido la retransmisión por medio de ondas hercianas. Sin embargo, en el presente muchos de los programas televisivos que llegan a nuestros hogares lo hacen por medio de los satélites o del cable, y hasta por medio de Televisión Digital, conocida como TDT.

    Las emisiones hercianas se basan en la modulación de la señal de vídeo en unas ondas que se propagan en la atmósfera por medio del espectro de radiofrecuencia. Existen las Onda Larga, Onda Corta, Onda Media, VHF, UHF... En la actualidad las bandas de emisión televisiva corresponden  a los canales 21 al 69 de UHF; esta banda necesita una red de remisores (repetidores) para cubrir el territorio (aproximadamente cada 40 Kms. debe colocarse uno). En España, los enlaces de imagen se modulan a los 5,8 Mhz, los de sonido a 8 Khz para transmisiones monoaurales y a 15 Khz para las esterofónicas.

    Finalmente, como se sabe, la señal es recibida por las antenas individuales o comunitarias que se conectan con el televisor doméstico o con el magnetoscopio que demodulan la frecuencia recibida para poder ‘leída’.

    En resumen: la función de un modulador no es otra que la de convertir una señal eléctrica (la ya conocida señal de vídeo) en una onda electromagnética que transporta la información a larga distancia (onda portadora). Cuando la onda portadora llega al televisor a través de la antena, el sintonizador lleva a cabo la operación inversa: extrae de la onda portadora la información electromagnética correspondiente a la señal (la demodula) y la convierte en una señal eléctrica “legible” para el televisor o para el vídeo.

    La televisión vía satélite se transmiten en las frecuencias de microondas, situándose entre la banda de UHF y la de SHF; inicialmente entre los 3,5 y los 6 Gigahertzios (Ghz),  pero con los años se fue ampliando en distintas fases entre los 10,6 y los 50 Ghz. 

    Los televisores ordinarios son incapaces de recibir emisiones vía satélite; para poder hacerlo es necesario disponer de una antena parabólica capaz de recibir las frecuencias de las señales del satélite y de un transformador de la señal a los niveles que utilizan las emisiones terrestres.

    La televisión por cable se transmite por canales cerrados, aquellos cuyas señales están delimitadas por su medio, por el canal. El cable coaxial y la fibra óptica son los principales medios utilizados para transmitir por este sistema.

    El cable coaxial, compuesto por hilo de cobre, transmite energía radioeléctrica y ofrece un alto nivel de protección ante las interferencias aunque sufre una gran pérdida en su transmisión debiéndose colocar amplificadores de señal cada 2 Km. de recorrido. A mayor diámetro del cable, menor pérdida. El cable de fibra óptica, compuesto por fibra de vidrio, transmite energía lumínica, láser, permitiendo utilizar conductores ópticos de mayor capacidad, incrementando el ancho de banda y multiplicando la posibilidad de trasladar señales y canales de televisión. Ofrece una mejor calidad de señal que el coaxial. Necesita un amplificador de señal cada 20 Km.

    4.10 Modelos analógico y digital
    A principios de los años noventa del pasado siglo todos los analistas televisivos consideraban que la televisión de alta definición supondría el cambio tecnológico del futuro. Únicamente se dudaba si los mercados abrazarían el modelo japonés de 1125 líneas de resolución o el europeo de 1250. Y sin embargo se equivocaron, produciéndose con su error uno de los grandes fiascos de toda la historia de la televisión. La adopción en EEUU, de largo el principal de todos los mercados del mundo, de modelos digitales de televisión trastocó todos los planes de la industria europea e hizo que todos los mercados se centren en el nuevo modelo tecnológico.

    Como se sabe, la televisión digital consiste en un sistema de codificación de la señal de vídeo en forma de valores numéricos en formato binario. En el mundo digital esos parámetros se representan en números; en un sistema de base dos, es decir, usando únicamente los dígitos “1” y “0”. Toda señal analógica puede digitalizarse en un proceso realizable con un conversor analógico/digital.

    Esta conversión en bits, permite que la señal de televisión acepte sin pérdida de calidad, como hemos visto en epígrafes anteriores, procesos muy complejos en la producción de los programas. Pero también la digitalización en la transmisión de la señal posee muchas ventajas. Es lo que se llama TDT (Televisión Digital Terrestre). Piénsese que la televisión analógica ocupa excesivos recursos del espectro electromagnético; lo que conlleva un aumento de las estaciones reemisoras y problema de interferencias entre las cadenas como cualquier aficionado puede comprobar recorriendo los diales del espectro en las grandes ciudades.

    Los canales de la televisión digital ocupan la misma anchura de banda que los canales utilizados por la televisión analógica, pero gracias al uso de técnicas de compresión de las señales de imagen y sonido (MPEG), pueden albergar un mayor número de programas de televisión. Así, dependiendo de la velocidad de transmisión: desde un único programa de televisión de alta definición, con máxima calidad de imagen y sonido, hasta cinco programas que alcancen calidad técnica actual, o incluso un número mayor de programas con una calidad similar al vídeo.

    Por otro lado, la televisión digital, en combinación con líneas de retorno tipo ADSL, ofrece una serie de nuevos servicios impensables para la televisión analógica: televisión a la carta con canales temáticos; video bajo demanda, es decir, la posibilidad de elegir el momento en el que queremos recibir el programa en nuestro receptor; pago por visión, elegir pagar para visionar un programa concreto; realización compartida del telespectador, que puede elegir entre varias tomas ofertadas el ángulo de visión que más le satisface; menús interactivos, una guía de programación exhaustiva.

    El corolario es que la cadena de valor y de servicios de la televisión se modifica: ya no se basará en la dialéctica entre los índices de audiencia y los programas de servicio público sino en una nueva lógica todavía desconocida en la que el televidente obligatoriamente deberá ser menos pasivo.

    6.1 ¿Qué es la programación televisiva?
    La programación televisiva va unida a cada cultura y a los hábitos sociales que en ella se generan. De hecho, las programaciones de las emisoras sólo se parecen superficialmente; cierto es que, debido a que determinados formatos o series se ven en decenas de países, muy a menudo se tiene la impresión de que todas las televisiones son iguales, sin embargo las cosas no son tan simples. Baste un ejemplo para comprender la imbricación que tiene la  programación televisiva con la sociedad.

    Imaginemos que tenemos que hacer una ensalada; los condimentos básicos son para todos los mismos: aceite, vinagre, sal, tomate y lechuga. Y pese a ello, como todo el mundo sabe, no existen dos ensaladas iguales. En televisión bastaría comparar la oferta programática de las cadenas de dos países (por ejemplo BBC 1 y TVE 1) o, mucho más modélico, la de dos de las televisiones autonómicas españolas que pretendidamente tienen una cobertura territorial similar con gran peso de lo urbano (la catalana TV 3 y TeleMadrid) para que el espectador visualice una mezcla diversa de los programas y, por tanto, una ensalada programativa de distinto sabor.

    Lo más singular de la programación consiste en que, como tal actividad, no tiene similitud con ninguna otra ocupación que se realice en los medios de comunicación o en el dominio artístico; por supuesto, la programación no tiene nada que ver con las operaciones de programar las sesiones de los cines y poco con las maneras en que se hacen las programaciones radiofónicas.

    En un primer nivel, el programador debe colocar los programas según una cierta secuencia en la parrilla semanal o mensual de una emisora. De esta manera, lo más característico del oficio es saber diseñar la parrilla y evaluar el horario y el día en el que los programas atraigan el mayor número de espectadores.

    A veces los propios programadores dicen que su oficio se basa en la intersección del instinto y de los reflejos adquiridos; en otras, con una cierta modestia inversamente proporcional a su verdadero poder, llegan a declarar que sus conocimientos se trasmiten verbalmente, sin criterios o normas válidas que sean reconocidas universalmente o que pueden ser analizados científicamente.

    Asimismo, ha habido más de un intento de  acomodar la definición del oficio a los tiempos del actual sistema televisivo. En la contemporaneidad, muchos son los que consideran que la programación es una técnica que se apoya en la investigación que realizan sobre los comportamientos de la audiencia, fundamentalmente los análisis de los resultados de las estimaciones de audiencia y las prospecciones futuras de resultados. Técnica que, excusado es decirlo, exige tener nociones de economía de los medios para poder evaluar el coste y rentabilidad de los programas. 

    El trabajo de programación tiene tres facetas: una primera de planificación, encargada de fijar la visión general de la emisora y las necesidades de producción y compra; una segunda, relacionada con el área de marketing, encargada de definir el punto de vista de los anunciantes, y una tercera centrada en confeccionar la parrilla de la emisora y estudiar los resultados de audiencia conseguidos.

    6.2 Modelos de programación
    ¿Existen modelos de programación? ¿Puede decirse que existe una manera pública y otra privada de abordar la programación televisiva?. No lo creemos. De hecho, puede decirse que con el servicio televisivo ocurre igual que con el servicio bancario en el que el usuario apenas percibe diferencias entre el funcionamiento de la banca privada o de las cajas de ahorro públicas (o antes con los bancos públicos).

    Cierto es que las administraciones públicas establecen las reglas del funcionamiento del sector televisivo e indirectamente, por tanto,  de la programación de las emisoras. Así, puede ocurrir que los poderes públicos establezcan normas de comportamiento programativo distintas para unas u otras emisoras; sin embargo, en España las normativas legales no diferencian entre emisoras y, por tanto, se aplican por igual a las cadenas de titularidad pública y a las privadas.

    Lo que puede entenderse como características del modelo de programación público: planificación cultural, dieta equilibrada de los géneros ofertados, técnicas de programación simple,… responden a periodos pretéritos de historia de la televisión. De hecho, en el pasado se aplicaban por igual a las emisoras públicas y a las privadas. De igual manera que hoy las normas programativas contemporáneas son compartidas por igual por todo tipo de emisoras. 

    El caso de la rentabilidad social que en algunos momentos deben tener las programaciones es un buen ejemplo de lo anterior. Como generalidad, las emisoras privadas, y no parece que pueda ser de otro modo, se guían por una rentabilidad económica de la empresa. Empero, en todas sus programaciones tienen que tener en cuenta la variable condicionante de la rentabilidad social: por ejemplo, la ineludible presencia en las parrillas de los carísimos programas informativos (nada ni nadie obliga a que existan) o la campañas de imagen y de anuncios promocionales sobre determinados temas sociales (violencia doméstica, drogas, etc.) son apuestas programativas que las emisoras realizan al margen de la rentabilidad económica,  pero que no pueden obviar a riesgo de que su ausencia afecte a la imagen del conjunto de la oferta.

    En suma, que si repasamos las líneas maestras de los departamentos de programación, comprobaremos que éstas no se pueden diferenciar en función de la titularidad pública o privada de la cadena:

    • Cumplir la normativa legal.

    • Fijar la audiencia a la que dirigirse.

    • Evaluar el potencial comercial de los programas disponibles en cada momento.

    • Saber dónde encontrar los programas necesarios para la planificación creada, bien ordenando la realización de producciones propias, bien negociando la adquisición de los de producción ajena, sin olvidar nunca la amortización posible en futuras reemisiones.

    • Hacer la parrilla, seleccionando el horario y orden más conveniente de la emisión de programas e intentando que la combinación de esos materiales se convierta para el público en una línea de imagen propia y en un servicio identificable.

    • Participar en la venta de ese servicio al espectador y los anunciantes, produciendo en su caso los espacios autopromocionales.

    • Comprobar el perfecto ajuste del orden de emisión de los programas.

    • Evaluar los resultados de la audiencia conseguidos.

    6.3 Factores que determinan la programación
    En la programación televisiva inciden otros factores que no sólo condicionan las labores de los programadores  sino que determinan su trabajo. De esta forma su infracción es directamente ilegal o, como mínimo, conlleva resultados desastrosos. A saber: la legislación, las reglas del consumo televisivo y la imagen de la emisora.

    La legislación

    La actividad televisiva está sometida a diversas normativas legales europeas, estatales y autonómicas que, como no podía ser de otra manera, exigen su absoluto cumplimiento. Hagamos referencia a aquellas más visibles para los espectadores.

    La programación televisiva debe cumplir las cuotas de publicidad, es decir, el tiempo máximo que se puede emitir de publicidad. Según la legislación española, las cadenas no pueden superar los doce minutos por cada hora de programación, diecisiete minutos si en ese tiempo se incluyen los espacios promocionales. Por otro lado, la televenta no puede ocupar más de tres horas al día y nunca en espacios de duración superior a los quince minutos. Algunos productos tienen prohibida o limitada su publicidad televisiva como el tabaco o los licores. Asimismo, no se pueden cortar los largometrajes en periodos inferiores a los cuarenta y cinco minutos ni patrocinar las noticias de los informativos.

    Otras imposiciones legales hacen referencia a la obligación que tienen las cadenas de cobertura nacional de hacer pública su programación con once días de antelación para evitar la llamada ‘contraprogramación’ de última hora. Por último, no pueden emitirse programas, o los espacios que los promocionan, que estén recomendados para los públicos mayores de dieciocho años con anterioridad a las diez de la noche.


    Reglas del consumo televisivo

    Hacen referencia a la manera en que los ciudadanos organizan su vida y cómo ésta se relaciona con la televisión. Hasta se podría decir que la programación se basa esencialmente en el estudio del tiempo social. Piénsese que las reglas del consumo televisivo establecen el contenido de los programas, el ritmo narrativo de los mismos y hasta las características de los personajes. Las variables del consumo a tener en cuenta son las estaciones del año (no se programa igual en invierno que en verano), los días de la semana, las franjas horarias, etc. En otro bloque desarrollaremos estos aspectos pongamos ahora un único ejemplo: las historias de las telenovelas, especialmente indicadas para la hora de la sobremesa, no funcionan bien en los horarios nocturnos. En otras palabras: según las reglas del consumo, si se programan telenovelas por la noche, las más de las veces están abocadas al fracaso.


    Imagen de emisora

    Como globalidad puede decirse que programar televisión es establecer un proceso comunicativo entre la emisora y su público. Eso significa que el programador debe de hacer un proyecto editorial y crear una determinada imagen que individualice su posición en el conjunto de la oferta. Las televisiones han creado su propia imagen y programar en contra de ella suele ser ruinoso.

    El caso del discurso navideño del Rey es curioso. Es uno de los pocos momentos en los que casi todas las emisoras programan lo mismo; sin embargo,  la audiencia de TVE 1, por lo determinante que es la imagen de la emisora, sistemáticamente supera ampliamente a la de sus competidoras en ese momento.
    6.4 Audiencia y programación. Perfiles de telespectadores
    En la industria televisiva norteamericana suele decirse que los programas son el corazón de la emisora, las ventas los músculos y el conocimiento de los comportamientos de la audiencia el sistema nervioso que permite el funcionamiento de todo el sistema. No parece que pueda dudarse de lo acertado de la afirmación anterior si se considera que el negocio televisivo supone en España un cantidad en torno a los 3000 millones de euros al año y necesita obligatoriamente una manera de conocer las respuestas de los telespectadores a los estímulos que son los programas.

    El conocimiento de los gustos de la audiencia se realiza a partir de los resultados que proporciona una muestra de espectadores cuya composición reproduce fielmente las características sociales y demográficas del conjunto de la población. Las estimaciones de audiencia en todos los países son realizadas por empresas ajenas al propio servicio televisivo; en España lo hace, desde primeros de la década de los noventa, la empresa SOFRES Audiencia de Medios (www.sofresam.com). Los interesados, fundamentalmente emisoras televisivas, productoras o centrales y agencias publicitarias, se subscriben y pagan los datos que necesiten conocer

    El diseño de la muestra para estudiar la audiencia atiende a variables como la edad, el sexo, el hábitat, la clase social, el tamaño del hogar y a otras como el número de niños en el hogar o el número de televisores o vídeos. En España, el diseño se realiza a partir de la división territorial que establecen las televisiones autonómicas englobando a las otras comunidades en el epígrafe ‘resto de España’. En total la muestra abarca a 3105 hogares de toda España en los que viven un total de 10.029 individuos.

    En todos esos hogares, que los expertos consideran suficientes para proporcionar datos muy fiables del comportamiento del conjunto de la audiencia, se coloca un audímetro. Éste es un aparato que se conecta al televisor y recoge los cambios de canal y las personas que en cada momento están frente el televisor. Las informaciones del consumo televisivo diario las almacena en su memoria y las envía a un ordenador  central por vía telefónica en la madrugada. Con la datos de los 3105 audímetros se preparan los datos generales que están disponibles a la siguiente mañana.

    Por las estimaciones de audiencia conocemos muchos datos como el rating- audiencia o la cuota-share de una emisora o de un programa (véase glosario); o que el consumo televisivo no se produce por igual en los distintos sectores sociodemográfico. Y con informaciones de este tipo se pueden reconstruir los perfiles de los públicos televisivos en España.

    Sobre la base del consumo medio de 208 minutos diarios por español y día encontramos que el consumo de televisión aumenta con la edad: las personas mayores entre 45 a 64 años ven 241 minutos y los que tienen más de 65 años llegan a ver hasta 300 minutos diarios. Sin embargo los niños de 4 a 12 años, los jóvenes de 13 a 24 y los adultos de 25 a 44 años ven mucha menos televisión, respectivamente 143, 150 y 188 minutos diarios por individuo.

    Se puede completar el dibujo del perfil de los televidentes españoles indicando que las clases bajas y medias bajas ven 234 minutos, las medias 205 y las altas únicamente 172 minutos diarios. Y desde los sexos: los hombres 198 minutos y las mujeres 234 minutos.

    6.5 Audiencia y programación. Las bandas horarias, la semana, las estaciones
    Ver la televisión no está determinado por los programas propiamente dichos, a diferencia de lo que habitualmente se cree, sino por las reglas de la vida social. De esta manera, por ejemplo, se consume más la televisión en invierno que en verano, cuando los días son más largos y la gente pasa más tiempo en la calle, o en las noches de los días laborables que las del sábado. De hecho, suele considerarse que el peor enemigo para un programador es... la climatología: cuanto mejor es la meteorología, menos se consume televisión. Un día de invierno se alcanzan de media los 250 minutos día por individuo y uno del mes de agosto apenas se llega a los 150 minutos.

    Se pueden distinguir tres grandes estaciones de consumo televisivo:
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