La prehistoria de la televisión abarca un amplio período que se extiende, aproximadamente, desde finales del siglo XIX hasta 1935. En principio surgirán dos






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Factores políticos: paralelismo entre regionalización político-administrativa de los Estados y la descentralización televisiva; la influencia de grupos y partidos políticos; el predominio de la iniciativa pública.

  • Factores culturales (y lingüísticos): estrechamente vinculados a los factores políticos, en mucha televisiones regionales el factor lingüístico ha sido motor principal para su creación.

  • Factores tecnológicos: los avances en el terreno de las tecnologías de producción (vídeo, cámaras ligeras, equipos ENG) no hubiese sido posible la creación de las emisoras locales o regionales.

    Asimismo, y a partir de la combinación e influencia recíproca de estos factores, pueden distinguirse cuatro fases en el desarrollo histórico de la descentralización televisiva europea:

    1. Finales de los años 60 y década de 1970: las televisiones públicas crean los segundos y terceros canales; las grandes emisoras nacionales crean sus estructuras regionales (centros en las principales ciudades que cumplen un papel secundario actuando como corresponsalías). En España, es el caso principalmente de Barcelona y Canarias

    2. De mediados de los años 70 a mediados de los 80: corriente que critica la estructura centralista de los monopolios de la televisión pública. Surgen las primeras televisiones locales, en muchas ocasiones ilegales o piratas. Se refuerzan las estructuras regionales existentes (creación de terceros canales de base regional en Francia e Italia). En España, a pesar de que no se crea un tercer canal, surgen las televisiones de las Comunidades Autónomas en País Vasco, Cataluña y Galicia.

    3. De mitad de los años 80 a principio de los 90: ante un nuevo panorama marcado por la competencia entre las televisiones públicas y las nuevas cadenas nacionales privadas, se congelan o reducen las actividades descentralizadas. En países como España, las emisoras locales se constituyen a partir de pequeños empresarios.

    4. Actualmente: las desconexiones regionales recobran protagonismo; nuevas experiencias de ámbito regional, local o micro-urbanas (ej., ciudades o medios de transporte –metros, aeropuertos, autobuses, etc.- que cuentan con televisiones propias).

    1.9. La televisión digital terrestre
    La generalización de los satélites de difusión directa (DBS) y de la televisión por cable (CATV) en vastas regiones del mundo, unida a la digitalización de las señales y de los servicios ofrecidos por ambos soportes, ha producido un nuevo escenario televisivo con posibilidades no imaginadas años atrás: la multiplicación exponencial de señales, la fragmentación de audiencias y el surgimiento de nuevas formas de financiación, como el abono mensual o el pago por visión, por ejemplo.

    A este nuevo escenario se vino añadir, desde la segunda mitad de los años 90, el debate acerca de los cambios que traería aparejados la denominada televisión digital hertziana o televisión digital terrestre (TDT). Son numerosos los investigadores que coinciden en señalar que actualmente la televisión se encuentra ante el proceso de transición tecnológica más importante desde sus comienzos hace algo más de medio siglo, puesto que a partir de la digitalización total de los sistemas de televisión (producción, emisión y recepción de programas) emerge una serie de posibilidades que puede llegar a terminar con la televisión hasta hoy conocida.

    La digitalización permite ofrecer una amplia gama de posibilidades que va desde la difusión de televisión de alta definición -el formato que ofrece la mejor calidad de imagen hasta hoy conocida- hasta la interactividad. En apretada síntesis podemos decir que la televisión digital terrestre permitirá, entre otras cosas:

    • incrementar notablemente el número de programas, servicios y señales actualmente disponibles

    • mejorar la calidad de las imágenes y del sonido de las transmisiones y de las recepciones televisivas

    • establecer servicios personalizados e interactivos (relación empresa televisiva-audiencia) de radiodifusión y telecomunicaciones

    • facilitar la convergencia entre el sector audiovisual, las telecomunicaciones y la informática.

    A comienzos del siglo XXI, ya son varios los países que han comenzado a implementar planes de migración de la televisión analógica a la televisión digital. Sin embargo, esta migración exige tanto una compleja coordinación entre programadores, fabricantes de equipos receptores y operadores de redes, como cuantiosas inversiones tanto de la industria como del público televidente.

    Actualmente se encuentran en juego tres normas de transmisión de televisión digital terrestre. Elaboradas por empresas estadounidenses, japonesas y europeas, estas normas -como ocurriera décadas atrás con los sistemas de televisión color concebidos en EEUU, Francia y Alemania- compiten entre sí con la finalidad de captar la mayor cantidad de mercados posibles (Albornoz y otros, 2000).

    Si bien la mayor parte de los planes gubernamentales sitúa como fecha límite para que tenga lugar el “apagón analógico”, según los países, entre los años 2006 y 2012, un importante grupo de analistas del sector televisivo califica a estas estimaciones demasiado optimistas y considera que la realización efectiva del “apagón” demandará un plazo mínimo de entre 15 y 20 años (Bustamante, 2003).

    http://recursos.cnice.mec.es/media/television/bloque1/navegador/imagenes/navegador_01.gif

    1.10 Televisión e internet
    Desde finales de la década de 1990 asistimos a la creciente relación que establecen los sistemas de televisión digital en sus diferentes soportes (ondas hertzianas, vía satélite y cable) con la denominada red de redes, Internet. Se trata de una relación de ida y vuelta -la televisión en Internet e Internet en la televisión- que se desarrolla, día tras día, dando lugar a más de una polémica. Según el investigador español Enrique Bustamante (2003), el panorama previsible de los servicios interactivos en la televisión digital se centrará durante mucho tiempo, además de los servicios vinculados a la programación televisiva ya contemplados en todos los soportes en las mezclas y vinculaciones diversas con Internet.

    En el marco de esta relación los televidentes se convierten cada vez con más frecuencia en usuarios-consumidores que pagan distintos servicios interactivos; entre éstos, actualmente, los más importantes son el video on demand (vídeo bajo demanda: la posibilidad de ver una determinada película cuando el usuario lo desea), los videojuegos en red y la telecompra.

    Si nos detenemos a observar que es lo que hoy está ocurriendo con la televisión en Internet, tenemos que miles de emisoras de televisión y productoras de todo el mundo se han volcado a crear sitios web en la Red. Por el momento, existe una gran variedad de tipos de sitios que van desde simples páginas institucionales donde, por ejemplo, se presenta información acerca de la empresa emisora y su programación (rejilla, sinopsis de programas, etc.) hasta sitios a partir de los cuales se puede acceder a la emisión en vivo a la emisión o a determinados programas de archivo. En estos últimos casos, un ancho de banda adecuado sumado a las tecnologías streamming (transmisión de flujos de datos a través de Internet) de audio y video, posibilitan la oferta de contenidos televisivos en la Red. Asimismo, entre el gran número de emisoras que emiten a través de Internet se encuentran las denominadas bitcasters, emisoras sólo existentes en la Red, que en muchas ocasiones se valen únicamente de webcams para difundir en directo los más variados contenidos.

    En el marco de una Red que se ha ido expandiendo y comercializando rápidamente en los últimos años, las empresas de televisión y las del mundo puntocom se han ido relacionando a través de alianzas y fusiones; así, en 1998 la cadena estadounidense ABC compró la mayoría de Infoseek o la NBC se alió con la empresa del magnate Bill Gates, Microsoft, conformando MSNBC...

    Por otro lado, es posible observar cómo algunas televisiones o plataformas digitales de televisión enriquecen sus canales y servicios con elementos interactivos limitados, tomados o simulados del mundo Internet, utilizando a la Red como complemento y vía para mantener a los usuarios ante la televisión; por ejemplo los SMS, mensajes de teléfonos móviles, a programas que son incorporados en el desarrollo del mismo..

    Algunas empresas de televisión están ofertando una suerte de Intranet a la cual se accede a través del mando a distancia y la pantalla del televisor. Un ejemplo de lo señalado, y al margen de experiencias españolas de éxito limitado, nos lo da la empresa estadounidense AOL, que con más de 23 millones de abonados en Internet comenzó su trasvase a la televisión digital (1.500 hogares) a mediados de 2002 ofertando servicios como el envío y recepción de correo electrónico o chats.

    Introducción
    Barcelona y Madrid fueron, en 1948, las primeras ciudades en acceder a la experiencia televisiva, y en 1956 se establece un servicio regular de emisiones. A pesar de todo, no será hasta la segunda mitad de la década de los sesenta cuando la TV consolide su posición preeminente entre las opciones de ocio del ciudadano español.

    En esta misma época se inicia lo que se conocerá como la “Edad de oro” de TVE, que contará ya con dos canales y un modelo de financiación basado en los ingresos por publicidad. Es la época de programas como Gran Parada y series como El Fugitivo o Los Vengadores.

    La televisión nos acompañó durante el periodo de transición a la democracia y amuebló nuestro imaginario con los nuevos valores de la libertad recién estrenada a través de series como a o Los gozos y las sombras.

    Los años ochenta traen una profunda transformación desde el punto de vista organizativo a la televisión, van apareciendo los canales autonómicos, un proceso de expansión que se consolidará en la última década del siglo XX con la aparición de los canales privados de televisión.

    2.1 La prehistoria de la televisión en España
    La prehistoria de la televisión en España está, como en tantos otros países, firmemente imbricada en la historia de la radio. En los años treinta, como corresponde al reducido nivel industrial de nuestro país, no existen pruebas experimentales de televisión, pero como corresponde a la efervescencia cultural de la II República se producen vivos debates sobre las características del nuevo medio. Las revistas radiofónicas tales como Radio Sport, Radiosola, TSH, e incluso la prensa como en los diarios La Libertad, El Imparcial, La Vanguardia, El Liberal, se hacen eco de muchas de las noticias que la todavía no nacida Televisión está generando a lo ancho de todo el mundo; y ello hasta tal punto, que un repaso de los debates de aquellos años revela una intensidad de la discusión que no volverá a verse hasta los años sesenta. Asimismo, es frecuente la publicación de libros sobre temas técnicos del mundo de la televisión.

    La aparición en Madrid, en marzo de 1933, de la revista Radio Televisión es el ejemplo más modélico del atractivo que suscitaba la televisión en los lejanos tiempos de la II República. La publicación como tal tuvo una vida efímera pero no dejará de sorprender que en España circulara una revista dedicada a la televisión cuando no existían emisiones regulares en ningún lugar del mundo.
    En el número 1 de ese año de 1933 en el editorial de presentación se leía: “La televisión vendrá a sumarse al número de inventos que hacen la vida más complicada si se quiere, pero más interesante también”. Visionarios excepcionales sus promotores si recordamos que TVE tardaría prácticamente veinticinco años en comenzar sus programaciones.

    La primera exhibición de televisión en suelo español (es decir transmisión a distancia de imágenes y sonidos) se produjo por los técnicos alemanes durante el desarrollo de la Guerra Civil (noviembre de 1938). Los nazis presentaron a Francisco Franco y uno de sus ayudantes la Fonovisión, un sistema de ‘videoteléfono’ que diríamos hoy; se ignora la calidad de la prueba a pesar de que existen fotografías que dan fe de su realización.

    Hubo que esperar diez años para que en 1948, en Barcelona y en Madrid, se produzcan las primeras demostraciones de lo que hoy en día entendemos por televisión. En ese año únicamente existen emisiones regulares en Gran Bretaña y en Estados Unidos y a pesar de que se apunta el doble modelo televisivo: público para Europa y privado para América, todavía no están fijadas definitivamente sus características. De hecho las exhibiciones que se hicieron en España fueron realizadas por empresas privadas como la holandesa Philips y la norteamericana RCA en ambos casos con el objetivo de convencer a las autoridades de la bondad de sus ofertas.

    Philips organizó en junio de 1948 durante quince días y en el marco de la Feria de Muestras de Barcelona unas pruebas televisivas que alcanzaron un enorme éxito de público, hasta el punto que los primeros espectadores aguardaban pacientes colas durante horas para poder ver la maravilla de la televisión. Las pruebas consistieron en la emisión en directo desde un estudio de unos programas de actuaciones musicales y humorísticas diversas.

    Por su parte la RCA intentó en Madrid en agosto de 1948 la retrasmisión de una corrida de toros recibida por los televidentes, en el Círculo de Bellas Artes. El fiasco fue total. Se vio y se oyó poco y mal. Los espectadores crispados exigieron y consiguieron que les devolvieran el precio de las entradas que habían pagado. Un comentarista escribió: “Dentro de unos años esto de la televisión será una gran cosa. Hoy es un juguetito”.

    A partir de una fecha indeterminada entre 1951 y 1952, lo que años más tarde se denominará TVE comenzará sus emisiones en prueba. Las emisiones regulares se iniciarán en 1956: la prehistoria de la televisión en España había finalizado.
    2.2 El nacimiento y la llegada de la televisión
    El 28 de octubre de 1956 comenzaron oficialmente las emisiones regulares en España. Los programas inaugurales se iniciaron a las 20:30 y el contenido consistió en la retrasmisión de una misa, unos discursos oficiales, la exhibición de dos entregas del NO-DO, unos reportajes filmados y las actuaciones de unas orquestas y de los ‘Coros y Danzas falangistas’. Las emisiones se hacía desde una ‘chaletito’ del Paseo de la Habana madrileño que disponía de un minúsculo plató de unos cien metros cuadrados. Durante casi tres años TVE fue una televisión local con ámbito de cobertura limitado exclusivamente a la ciudad de Madrid.

    Dos años y medio más tarde, en febrero de 1959, coincidiendo con un partido de fútbol Real Madrid - F.C. Barcelona se estrena el servicio en las ciudades de Barcelona y Zaragoza. A pesar de que parece una exageración, la prensa de la época subrayó que se acabaron todos los televisores que estaban a la venta en la Ciudad Condal.

    La expectación, ya al margen del fútbol, de ‘la noche del estreno’ se repitió en todos los sitios. Un único ejemplo aparecido en la prensa canaria con motivo de la llegada de la televisión a las Islas Afortunadas: a grandes columnas podía leerse en primera página: “Canarias ante una jornada trascendental. Va a ser inaugurada oficialmente la TV en el Archipiélago”. En todos los lugares y tiempos la llegada de la televisión, el primer día de programas, levantó una riada de comentarios y un éxito sin precedentes; entre muchos ejemplos puede citarse la narración que el que escritor leonés Julio Llamazares hace en uno de sus libros (Escenas del cine mudo) sobre la catarsis que supuso a los habitantes de su pueblo la visión de los primeros programas de televisión en 1963.

    Los argumentos explicativos del éxito de la televisión son diversos pero al margen de los deseos de la industria electrónica o del poder político quizá se encuentren el que la pequeña pantalla parece satisfacer una demanda mayúscula de ocio cuasi gratuito y doméstico no satisfecha completamente por otras formas de entretenimiento social.

    Sea como fuere, se tardó años en que la gran mayoría de los españoles tuviera acceso a los programas. La televisión llegó a ‘las dos castillas’ aprovechando el repetidor colocado en la Bola del Mundo en la sierra de Guadarrama, en octubre de 1959, a Valencia en febrero de 1960, a Bilbao en diciembre de 1960 (desde agosto los bilbaínos recibían programas... con un día de retraso), a Galicia y Sevilla en octubre de 1961 y, dando por cerrada la red, a Canarias en febrero de 1964 (también en este caso se emitían los programas un día más tarde que en la península).

    Muchos comentaristas de prensa, por lo menos hasta 1960, dudaban de que la televisión se consolidara en nuestro país. Las gotas de escepticismo llegaban hasta voces autorizadas: Enrique de las Casas, jefe de programas de TVE y más tarde director de la primera cadena, escribió en 1959 que “no olvidemos que por una serie de razones etnológicas y definitorias, el pueblo español no parece ser un consumidor nato de TV. Ni el clima, ni el estilo de vida, ni las cualidades imaginativas de la gran masa española parecen hacer de ella un buen cliente para la TV”. Por fortuna, el excelente profesional se equivocó en sus predicciones.
    2.3 La expansión de los años sesenta
    Hasta 1959 en España no se produjeron televisores: eran un producto de gran lujo que había que importar desde el extranjero, y accesible por ello únicamente a una reducidísima minoría de la población. Se calcula que a comienzos de la década de los años sesenta, en todo el país sólo unas cincuenta mil familias, básicamente de Madrid y Barcelona, poseen el preciado electrodoméstico.

    A partir de primeros de los años sesenta, los poderes públicos se plantean políticas para incentivar el consumo y potenciar la penetración del medio en la sociedad. El Estado incitó con diversas medidas al consumo; por ejemplo, en 1961 anuló el impuesto de lujo a los aparatos, en 1962 se permitió la venta a plazos de los televisores (hasta ese momento existía un aceptable mercado de alquiler de aparatos); y durante toda la década de los sesenta los anuncios publicitarios de los receptores contaban con tarifas inferiores a la de los otros productos.
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