La cuestión del otro, lo otro y la otredad en el pensamiento deleuzeano






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fecha de publicación08.07.2015
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La cuestión del otro, lo otro y la otredad en el pensamiento deleuzeano

Cristina Posleman

cristinaposleman@yahoo.com.ar

Deleuze nos dice: la otredad no es reconocimiento sino un encuentro producido cuando la heterogeneidad rompe con la univocidad de la representación (PS, 1982). Nos dice además: el otro es la expresión de un mundo posible, el otro es la estructura que hace posible su funcionamiento (LS, 1989; ver también QF, 1994) Finalmente dice: flujo desterritorializante, la otredad será sistemáticamente absorbida por la efectuación de reglas inmanentes, dirigidas a complicar y extender el influjo del capitalismo (MM, 1984).

Entre el Robinson de Defoe y el de Tournier, Deleuze se propone romper con la filosofía de la representación. Le interesa analizar la forma de efectuación de la estructura Otro en cada caso. En las dos, novelas de aventura como las clasifica Deleuze, nos encontramos en medio de un teatro impensado. Como si la nada mundana en la que se encuentran los náufragos, los involucrara como un Yo y un mundo constituidos en problema. Se trata de crear un yo que no está dado en medio de un mundo aterrador. Si en la primera, la efectuación de la estructura Otro, culmina, para Deleuze, en una reproducción del “mundo real” o en un reconocimiento del “otro representado”, en la novela de Tournier, esta estructura Otro desaparece, ya no funciona, trayendo como consecuencia la disolución de todo efecto de codificación. Cuando Tournier despoja a Robinson de sus vestimentas, ha llegado el momento de guardar los espejos en el recuerdo; romperlos; jugar con ellos. Porque sólo es posible el estado de desnudez, cuando lo otro no me refleja. Todo lo demás es redundancia. Pedaleo en el círculo de la representación. ¿Es posible destruir todos los espejos? Si esos espejos funcionan limitando o determinando las formas de vida. ¿Cómo enfrentar en medio de dichas reglas, el aparato de estratificación o codificación? ¿Es posible escapar a dicho aparato?.



En el primero caso, abandonado trágica pero temporalmente, Robinson construye su mundo gracias a los “restos” del mundo real. Robinson invoca a Dios recurrentemente, evalúa su vida pasada y presente con las categorías de bueno y malo, configura con Viernes las relaciones de poder del “mundo real”. Se procura en la isla todas o casi todas las condiciones de supervivencia, en un proceso de identificación con lo que llama su “mundo anterior”. “Después de transcurridos los primeros diez o doce días se me ocurrió que perdería cuenta del tiempo por falta de libros, pluma y tinta, y no podría diferenciar los días domingo de los días de trabajo.....Conseguí así tener un calendario” (Defoe, p. 51). “Una vez que tuve en orden mi casa y mi vida, pues ya mi alma estaba más tranquila, comencé a escribir mi diario...” (Defoe, p. 55).Leída así, en Defoe, el “encuentro con lo otro”, reproduce una estructura previa, que se amolda desde un afuera trascendente. Robinson la reclama – implorando el conocimiento del origen perdido.“¿Qué son la tierra y el mar de los cuales tanto he visto? ¿De dónde proceden? ¿Qué soy yo y todas las otras criaturas, salvajes y mansas, humanas y bestias? ¿Cuál es su origen?”(Defoe, p. 70) Robinson precisa de una estructura fija, que determine su lugar - el de un sujeto y un mundo que deben desde entonces actualizar en este mundo aterrador, la representación de lo real-. Y es esto lo que permite en circunstancia de naufragio, enfrentar las fuerzas de lo impensado.



En Tournier, el náufrago es ahora náufrago de la estructura Otro. A diferencia de Defoe, para Tournier se trata de llegar y no de partir del límite que indica la “desaparición de la estructura”. Los restos ya no cuentan, han dejado de contar desde el momento en que los límites de la representación se transfiguran. Por ejemplo Viernes no funciona como el otro recobrado. Las reglas del orden económico de la isla no reproducen las del mundo burgués. Así, los efectos de la ausencia del otro hacen del protagonista de la novela de Tournier, el motivo para la experimentación de la extralimitación del círculo de la representación. Robinson deviene el otro del otro. Ya no reconstruye el sujeto segmentado que identifica a la isla con lo Mismo. Ahora Robinson es atravesado por la flecha del Aiôn. El bumerang regresa a la isla. Robinson se encuentra ahora, en medio de esquirlas, es una de ellas cada percepción, cada punto de vista. Ahora la intensidad del sol, ahora la del devenir animal. Bloques cristales. “Ahora bien, con respecto a mi sexualidad, me parece que sólo una vez Viernes despertó en mí una tentación sodomita. Sucede en primer lugar que llegó demasiado tarde: mi sexualidad era ya elemental, estaba dirigida hacia Speranza y hacia ella se volvía...”(Defoe, p. 149, citado en LS, p. 315). “Por consiguiente, se diría que mis días se ha enderezado. Ya no se apoyan unos sobre otros. Se mantienen de pie, verticalmente, y se afirman soberbiamente en su valor intrínseco. Y como ya no están diferenciados por las etapas sucesivas de un plan en vías de ejecución, se parecen tanto que se superponen exactamente en mi memoria y me parece revivir sin cesar el mismo día” (Tournier, Michel, p. 176, citado en LS, p. 310). “La actualización del Yo en la diferenciación de los múltiple mundos virtuales. Una transfiguración al estilo nietzscheano que nos recuerda que el trono otorgado al hombre (bípedo, cognoscente, europeo o americano, rubio, y demás) es una ficción que se ha arrogado la pretensión de real. “Y cada uno de esos mundos posibles proclamaba ingenuamente su realidad. Eso era el otro: un mundo posible que se empeña en pasar por real” (LS, p.307) Reconocimiento o identificación, son suplantados por la imagen transfigurada del mundo y del yo. ·



En 1964 Deleuze publica un trabajo sobre Proust. En resonancia con la crítica al contrato natural, mediado por la verdad, entre el pensar y lo que el pensar piensa, se engendra la idea del pensamiento como “encuentro”. En lo que Deleuze llama “la imagen dogmática del pensamiento”, la necesidad de tal vínculo no es puesta en tela de juicio, ni aún en el pensamiento kantiano que niega el alcance de lo en sí. Considerado como facultad natural, se parte del supuesto de que el pensamiento devela o descubre la verdad, se la representa, llevado por una inclinación natural y apoyado por un método. Si pensar no significa una propensión natural[1], surge la pregunta acerca de bajo qué condiciones el pensamiento entra en relación con lo que piensa, en qué consiste ese encuentro.“Encontrar” será otra cosa que reconocer. Se reconoce lo homogéneo, lo conmensurable. Sólo es objeto del pensamiento, según esta imagen, todo aquello susceptible de volver a ser puesto en su lugar original. “Encontrar” en cambio, es hacerle frente a la heterogeneidad, a lo que no nos es familiar. Y esta apertura hacia la exterioridad relativa de la representación sólo podrá efectuarse si hay algo otro que surge. Si hay algo heterogéneo que rompe con la univocidad de la representación. Signos, regímenes de signos, el signo es siempre del Otro, la expresión de un mundo posible, virtual. Es la consistencia misma de lo no representable o lo no recognocible. Es la realidad de lo virtual entendido como el plano de lo múltiple real que se torna o se tuerce, hacia una actualidad singularizante. Consistencia de lo diferencial, que hace que el código ya no se diga en nombre o representación de nada ni de nadie.



Entre las consecuencias fundamentales de los pronunciamientos de Deleuze contra la imagen dogmática del pensamiento, resulta que el Otro ya no implica un objeto de la representación sino “aquello que escapa a ella”.Es uno de los motivos de Deleuze la reelaboración de la imagen del agon, liberarla de toda trascendencia, configurarla, como dirá en Qué es la Filosofía?, como “experimentación de ese yo que no está dado”. Sobre este plano inmanente, despojado de todo centro unificador, el primer signo consecuencia lógica será entonces el terror. Acentrado, justamente por los restos que ya no se conservan del mundo anterior, se presenta como aterrador. Dónde queda el espejo?, quién soy sin él? Dónde queda la tranquilidad del mundo selectivo, ocultador? Cuando Deleuze escribe Michel Tournier y el mundo sin el otro, publicado en Lógica del sentido en 1969, su plan de lectura apuntaba a analizar las consecuencias de la ausencia del Otro. Se proponía elaborar las condiciones teóricas para superar “efectivamente” los dualismos, que conciben un abismo absoluto entre el pensamiento y lo que el pensamiento piensa; tanto como los falsos monismos que pretenden la superación en cuestión pero que no hacen más que persistir en esta imagen del pensamiento, siempre que efectúan la operación de reducción a una conciencia determinante, incluso a una conciencia “abierta a”. Dirá: “El verdadero dualismo aparece con la ausencia del otro” (LS, pág..308) Podemos decir también, el verdadero dualismo se supera con la desaparición de la rostridad. (MM, pág.192).Que la otredad no se detenga, es para Platón el imposible del pensamiento. Pero no hay que invertir para pensar sino, según Deleuze, pervertir. La estructura Otro pervierte al pensamiento sustrayéndolo de su familiaridad, de su identificación o representación. Estructura otro, relacional, múltiple y temporal. La estructura hace funcionar el devenir. otro. Emprender un experimentalismo nuevo que nos transfigura entre unos imposibles desde y hacia la otredad. Tal como en Borges y Yo, no hay centro, no hay reconocimiento. Borges es el otro de Borges, y Yo no es ninguno y es todos, y por eso alcanza al Otro del Otro como su origen. No hay puntos singulares que nos salen al encuentro. Sólo queda el lenguaje, que “es quien fija los límites pero es también él quien sobrepasa los límites y los restituye a la equivalencia infinita de un devenir ilimitado” (LS, 1989, p. 32 ). Signos que son siempre del otro. El devenir otro no se detiene. No hay zonas idénticas que transfieran horizontes. A Deleuze le gusta nombrar el devenir mujer, el devenir animal, como recorridos necesarios en la superficie de ese plano de la otredad. A Borges le gustan los laberintos infinitos. Es imposible hablar de lo Mismo si no es sobre este plano. Entonces lo Mismo se transfigura en lo múltiple, identidad en la diferencia. Siempre recordando que los conceptos no están allí para siempre y con respecto a lo mismo, podemos decir que el concepto de estructura Otro corresponde articularlo hoy, con el mundo occidental capitalista. La estructura Otro se efectúa en este, según una “lógica axiomática” que consiste en reglas inmanentes entre las que se cuentan las de sujeción. Estas reglas de sujeción capitalistas, a diferencia de las de otras formaciones sociopolíticas, reinventan una máquina en la que los hombres son parte constituyente y no sólo usuarios ( a la manera de la fábrica ), tratándose de “hombres máquina” sumidos a un ejercicio de poder particular. Poder que se ejerce a través de procesos de normalización, de modelización, que ocurren en el lenguaje, y que constituyen “microagenciamientos” (de deseo, de percepción, de movimiento, etc.).Un despotismo de lo real, alcanza al sujeto y sus relaciones y moldea de esta manera la experiencia de la otredad. Después de todo esto, qué posibilidad hay de crear desde tal despotismo.



La explosión del yo en Tournier nos da miedo. Nos aterra la amenaza de disolución de los límites que sentimos tan cómodos y seguros. Pero, ¿no sería, en todo caso, el miedo que nos da, la persistencia indefinida de estas formas de vida codificadas?. Comenzamos entonces, a pensar en esa dimensión presubjetiva donde aún o ya no dominan las reglas de la representación. En el momento en el que nos amenaza la proyección indefinida de la misma película. Y en este comienzo vemos que no hemos cesado de desear nuestra despersonalización.Como en Defoe, el Gaspar Hauser de Herzog conservará siempre un resto del mundo en el que ha crecido. Aunque en la película de Herzog, el personaje se halla trágicamente arrojado, inversamente respecto de Robinson, en la ciudad, extrapolado de la selva, siempre nos encontramos en la representación de lo mismo, en la misma película incesantemente proyectada. En el caso de la novela de Defoe es el hombre civilizado que debe enfrentar los terrores de la naturaleza y del espíritu. En cambio en Borges y Yo, como en Viernes o los limbos del Pacífico, vemos cómo el desdoblamiento se convierte en transfiguración anárquica inmanente que nos sugiere la experiencia de lo impersonal. Una vez el yo y el otro transfigurados, sólo quedan regímenes de signos y acontecimientos. Y éstos, fuera de la representación, constituyen la expresión de una experiencia presubjetiva, de una multiplicidad virtual de singularidades que nada tiene que ver ya con algo familiar (según consideremos hasta donde el pensamiento de Deleuze ha podido llevarnos).

[1] Cabe recordar la recurrente sentencia inaugural de la Metafísica de Aristóteles : “Todos los hombres desean por naturaleza saber” o la de Descartes de las Meditaciones Metafísicas (que se las debo)

Bibliografía:

Aclaración:Para facilitar el acceso a la bibliografía, se ha aludido a la versión en castellano.

- DELEUZE, Gilles (1982). Marcel Proust y los signos: Barcelona, Anagrama. (PS)

- DELEUZE, Gilles (1989). Lógica del sentido: Barcelona, Paidós. (LS)

- DELEUZE, Gilles (1994). Capitalismo y Esquizofrencia. Mil Mesetas: Valencia, Pre-textos. (MM)

- DELEUZE, Gilles (1993). ¿Qué es la filosofía?: Barcelona, Anagrama. (QF)

-BORGES, Jorge Luis (1974). Obras Completas: Emecé, Buenos Aires.
-DEFOE, Daniel (1970). Robinson Crusoe: Buenos Aires, Editorial ACME.

Filmografía aludida:
HERZOG, Werner (1974). El enigma de Gaspar Hauser



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