Literatura inglesa I






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7.2 Estudio especial de King Lear

7.2.1 Argumento de la obra

Relata la historia de un rey que divide su reino y desata un conflicto que degenera en una guerra civil. En la ceremonia de división, su hija menor (Cordelia) se niega a expresar la magnitud de su amor filial y, sin atender a razones (ni las del conde de Kent, su consejero), su padre la deshereda y destierra, dividiendo el reino entre sus dos hijas mayores, Goneril y Regan.

Es una decisión fatal pues con la división desaparece su autoridad y medios de subsistencia. Sus dos hijas recortan su séquito, símbolo de su poder, y reducen a su padre a una humillante condición de dependencia y les persiguen a sus seguidores (condes de Gloucester y Kent). El rey cae en la locura y vaga clamando su desgracia acompañado de un bufón.

Enterada, Cordelia (casada con el rey de Francia) entra al país para devolverlo a su padre pero sus hermanas se reúnen y estalla la guerra. Las dos hijas rivalizan por el amor de Edmund, hijo de Gloucester, que conspira para hacerse con el poder de su padre en detrimento de su otro hijo, Edgar, legítimo.

Cordelia es derrotada y encarcelada con Lear, reconciliados. La violenta muerte de las tres hijas y del padre, son el correlato de una nación devastada. El hilo central es la rivalidad de las dos hermanas, propiciada por su padre, que se entrelaza con la historia secundaria de Gloucester y sus dos hijos, cuyas variaciones son eco de la historia principal, pues Gloucester también sufre la desgracia por su fatal error al desheredar injustamente a Edgar.

7.2.2. Fecha de composición y fuentes literarias

Las diferencias entre las versiones de la obra publicadas en quarto y la del First Folio se refieren a la introducción de modificaciones sustanciales, alargando el papel del fool y reduciendo el de Kent. Una de sus fuentes fue The true chronicle history of King Leir (1605), aunque representada en 1594. La historia aparece en A mirror for magistrates (1574) y está incluida en The Faire Queene, de donde se tomó el nombre de Cordelia.

En las restantes fuentes el final es feliz: Lear recobra la corona, Cordelia le sucede. La historia de Gloucester y sus hijos la tomó de la Arcadia de Sidney.

La comparación con Shakespeare permite comprobar el uso flexible de toda clase de fuentes que Shakespeare llevó a cabo para elaborar su propia obra mostrando que tomó lo que le vino mejor de cada una.

7.2.3 Relación con la sociedad de su tiempo

Esta historia se representó ante James I en 1606. El monarca trató de propiciar la unión constitucional de Escocia e Inglaterra en su persona. La compañía de actores (The king´s men) estaba protegida por el rey y eso le otorgaba seguridad jurídica pero implicaba compromisos, y alternaban sus representaciones en la corte con otras comerciales, por lo que es difícil apreciar hasta qué punto el autor escribía para la corte o para el pueblo.

La nueva crítica historicista ha puesto el énfasis en la relación con el contexto social explorando la complicidad del teatro en la reinscripción y propagación de la ideología del poder y las tensiones entre los discursos de poder existentes. Heineman sugiere que por las representaciones hubo problemas políticos entre compañía y corte pues en la obra el rey es un déspota que solo descubre eso cuando pierde la corona.

En todo caso, brilla el genio al tratar algunos temas candentes de la época, como las preocupaciones de los súbditos por la tiranía del soberano. El carácter déspota del monarca y su error desencadenan la tragedia, pues alimenta la competencia entre las hijas y luego se encoleriza y deshereda injustamente a la que no participa en la farsa. También se ve el trato injusto respecto a sus consejeros.

Otra conexión con la realidad fue la evidencia de un caso judicial de incapacitación en 1603, cuando dos hijas mayores de un anciano consiguieron una certificación de locura senil con la oposición de la menor, quien ganó el caso tras denunciar a sus hermanas. Por eso el tema de la obra recoge la ansiedad de la época en torno a cuestiones hereditarias.

No faltan alusiones a personajes históricos de la época que dan inmediatez a la obra. Los dos hijos de James I ostentaban los títulos que Shakespeare otorga a los yernos de Lear: Heny era el duque de Cornwall y Charles el de Albany. También James I tenía un bufón, personaje que no existía desde Enrique VIII. Como Lear, James I disfrutaba de la caza, el bullicio y el lujo y eso le había dado problemas con el Parlamento.

King Lear es profunda y ambigua, porque su núcleo está en el error del rey de creer que el poder radicaba en la indivisibilidad de su persona y el derecho divino. James I había publicado una obra donde exponía su filosofía del derecho divino y compara el Estado con la familia y la unidad del cuerpo humano. Los súbditos eran como los hijos y el rey era como un padre. Lear comprueba, en cambio, que abdicando del poder, lo pierde todo. El drama explora el carácter contra natura de la división del reino, como el acto de abjurar de su hija y desterrarla, como si ambos fueran objetos de su propiedad. El rey ha de aprender a reconocer sui soberbia y a través del sufrimiento puede establecer una relación de empatía humana con los desposeídos de su pueblo. Pero el autor proporcionaba al patrono lo que éste quería oír: el reino se desintegra cuando el rey no gobierna pero la institución permanece. Y se autoregenera con el nuevo rey.

También interesante es la conexión con el tema de la jerarquía social naturalizada por la ideología del concepto de “The great chain of being”. A Gloucester se le castiga con la ceguera por no ver la transgresión del orden natural por desheredar a su hijo legítimo.



El despecho de Lear le mueve a justificar la transgresión de Gloucester dando carta libre a prácticas sexuales prohibidas. Pero su obsesión le impide ver el auténtico traidor que aúna la osadía de la usurpación de la legitimidad sanguínea y el derecho de primogenitura.



7.2.4 Temas

Si la temática política agotara el significado de King Lear la obra no habría despertado tanto interés: en realidad, explora otros muchos temas que trascienden el localismo de sus coordenadas.

La acción comienza con una escena que establece las premisas básicas del drama: la división que surge de la conversación entre Kent y Gloucester. La segunda premisa, la problemática familiar, es sugerida por alusión al hijo bastardo de Gloucester, quien admite su paternidad jocosamente. La tercera la sugiere Kent cuando le dice al joven Edmund que le gustaría conocerlo mejor. El conocimiento de uno mismo y del otro es clave en la obra.

El comienzo de esta escena es breve y su importancia es arrollada por la pompa del cortejo real. Pero las premisas básicas se han establecido y todo converge hacia este principio.

El tema político y el familiar están estrechamente unidos. La división del reino entraña una división familiar que conduce a la guerra civil. La crónica tradicional ha ido contra las hijas rebeldes y a Edmund, demoníaco pero atractivo. Shakespeare matiza mucho y distribuye con equidad las responsabilidades. Los padres (Lear y Gloucester) se equivocan radicalmente con sus hijos. Son autoritarios y desconsiderados. Para Gloucester, si hijo ilegítimo solo ha sido criado por él y la historia de su nacimiento no es menor frívola, reconociéndolo como un “hijoputa” (whoreson), aunque no le es menos querido que su hijo legítimo, a quien tampoco conoce bien.

Lear reacciona de modo similar con sus hijas: muestra desconocimiento y las fuerza a competir, hostigándolas. Todos se da cuenta del absurdo de la competición y la injusticia con Cordelia. El rey de Francia se casa con ella interviniendo con sensatez:



Las dos hijas mayores son beneficiadas y no dudan en el juicio que les merece la actuación de su padre, coincidiendo con Kent, que por decirlo es desterrado. Las hermanas no dan oportunidad a que la intemperancia de su padre se repita en el futuro.





Soberbia y error de juicio van unidos y están en la base de la división del reino y la disensión familiar. La expiación de los dos padres pasa por la pérdida de la razón (Lear) y de la vista (Gloucester) como si hubieran de aprender a razone y verse a sí mismos de modo distinto.

King Lear es una tragedia de culpa y expiación y por tanto intemporal y universal. Su grandeza se debe a que el héroe es un ser humano aquejado de ceguera, violento, caprichoso, que ha de perderlo todo, descender a la sinrazón y pasar por la locura para reencontrarse consigo mismo y la humanidad. El error de confundir los atributos externos del poder con su persona le entrega en manos de aquellos a quienes habría manejado como objetos y que le devuelven el trato. Que el poder vaya a sus hijas hace que Lear reaccione en una línea de demonización sexual expresando su impotencia en maldiciones contra la mujer. La dependencia de Lear para con sus hijas añade una reversión del orden natural algo mucho más inaceptable y Lear apela a ese orden natural violado para que castigue a Goneril.





La reversión de las jerarquías en la transgresión de este orden es puesta de relieve por el bufón, quien recuerda al rey su incauta contribución a la misma.



Cuando estalla la tormenta el rey se dirige a los elementos naturales desafiándolos para que descarguen su furia sobre él, dado que ellos no le deben nada porque no les ha dado nada. Lear conjuga la furia contra sus hijas con la autocompasión, y repite obsesivamente su triste historia a quien encuentra. A Edgar le pregunta si es pobre porque cedió sus bienes a sus hijas y cuando Kent le dice que no es así, se revuelve contra él. Lear sigue erigiéndose en el centro del universo y tendrá que descender más hondo para salir y poder sentir el sufrimiento ajeno. Eso sucede cuando empieza a perder su anterior capacidad de razonar y siente compasión por otro ser humano:



El reconocimiento de la alteridad no es relacional sino emocional y lo alcanza a través de una experiencia personal de despojamiento cuando se ve expuesto a lo mismo que sus súbditos. Significativamente, no son sus consejeros los que le acompañan en este proceso, sino un bufón y un mendigo loco. Ahí se da cuenta de la injusticia entre los que todo lo tienen y el resto, que no le habían preocupado.



Esta tragedia es un desafío a la capacidad de horror y sufrimiento que puede soportar el ser humano. A medida que el drama transcurre vamos descubriendo, como Edgar, que la copa del horror aún no está llena y que siempre cabe algo peor y por eso algunas palabras van resonando más tarde.

La crítica humanista tradicional de Bradley ha visto en la figura del rey y sus leales el icono universal de un heroico estoicismo cristiano inspirado en el purgatorio. Para Knight, el rey es la humanidad sufriente y que cada uno que sufre es más verdadero y ve mejor lo que Dios quere para cada uno.

Es difícil apreciar en el texto la creatividad del sufrimiento o la certeza de la existencia de un centro que rija el destino humano o la beneficencia divina. Lo más terrible es ese “nada” premonitorio que se confirma a golpes de destino. Aparte de la reconciliación con Cordelia, Lear no consigue nada más que una fantasía alucinada y muere son poder comprobar lo vacío de su esperanza.

Tate adaptó la obra a la justicia poética con un final más equitativo: en el final feliz Cordelia se casaba con Edgar y ambos reinaban en Britania. Pero en el original, la conversión de Lear es solo parcial así como su reconocimiento del mal. Pide perdón a Cordelia pero no reconoce su responsabilidad en el conflicto con las otras hijas, no queriendo verlas.



La aparición de Cordelia muerta en sus brazos evoca sus palabras tratando de convencerla de que esos eran los sacrificios gratos a los dioses.

La tragedia se orienta más hacia la exploración de los extremos de lo humano. Edgar escapa y adopta el aspecto de los pobres locos que vagabundean por las aldeas, como si fuera un pobre loco reducido al límite de humanidad que despierta una compasión que no suscita el ser humano. Animales también son Goneril y Regan para su padre: zorras, buitres, etc., que chupan la sangre con que fueron engendradas. La naturaleza se define, entonces, como crueldad salvaje, cuando Regan descubre que Gloucester ha puesto a salvo al rey, ordena que le saquen los ojos y lo arrojen de su casa para que, cual perro, le siga con su olfato. Albany opina que solo un milagro puede detener este aniquilamiento de lo humano pero su invocación es irónica tras haber asistido al desaliento de un Gloceuster torturado quien dice que le matan por afición a la sangre.

Gloucester sigue un proceso paralelo al del rey: incurre en un error de juicio y recorre un camino similar de aprendizaje. Pierde la vista para comprender la injusticia que ha cometido con su hijo. Pero esa tragedia tiene un correlato social más amplio, pues reconoce la necesidad de un orden económico más justo. El reencuentro con Lear es patético y sella la similitud de sus vías crucis. Lear aprende, también, a ver la ceguera del político y lo que el poder y la riqueza de la apariencia ocultan.

En ambos, la anagnórisis (revelación sobre sí mismos) no los libra de la frustración del deseo, expresados, en Lear, en la vida que cree ver en Cordelia, y en Gloucester, en el intento del suicidio. Ambos arrastran al público a la representación de sus visiones. Lear cree ver a su hija viva y en ese momento muere. Gloucester lleva al público al borde de un acantilado imaginado.





Gloucester se arrodilla y se arroja para darse cuenta de que no se muere porque era una fantasía. Lo grotesco de la escena compite con el patetismo del fin de Lear: ni siquiera puede disponer de su propia vida.

Pero Shakespeare deshace las antinomias que ha provocado y muestra el efecto benigno de la fe en la bondad. Lear muere pero en la exaltación de que Cordelia vive. Gloucester muere, pero ve cumplido un mínimo anhelo en la magnitud del desastre: su hijo será rey. Había errado cuando había visto la apariencia y actúa irreflexivamente: al final lo reconoce. Fiado de Edmund, no duda en despojar a Edgar de su título y herencia. El autor confronta al público con la inversión del orden natural. Edmund subvierte los polos y proclama su adhesión a un nuevo orden donde prima la libertad y no la costumbre.





A diferencia de As you like it, donde la naturaleza era benigna, en King Lear simboliza un orden indiferente y hostil. Todos la evocan y reclaman sus favores. Pero a nadie responde. El signo visual más dramático es la aparición de Lear revestido de hojas tras haberse despojado de sus ropas, emblema de su humanidad:

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