La investigación sobre el darno






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títuloLa investigación sobre el darno
fecha de publicación08.04.2017
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LA INVESTIGACIÓN SOBRE EL DARNO

I

Usted era barroco, Míster, rococó a veces, siempre víspera

de sí mismo, por eso tendía

al estalinismo en versión de párvulos, aquella

que no hiede del cadáver tanto tiempo

tirado al lado suyo del realismo. También

habríale placido hacer escuela, no

rodearse de palurdos, pero eso es tema

de otras maestrías, de horario nocturno. Aquí persisten

todas las lluvias más, las aristas más, las cuerdas colgantes;

no lo olvidamos porque nos arrastre el veranillo,

y el viento en la camiseta se arremanse,

ojos nos sobran en la cúpula convexa

para mirar por nosotros casi todas

las estatuas de las plazas y plazuelas.

Así doy por cierto el busto del doctor

Davison en la raja de la Davison

de Minas de Corrales, un pueblo entre los cerros

con su vera y su río y su museo,

su hotel a garrafita, su podrido oro,

su Ana Packer, su Evandra, su Pío,

donde estuve buscando su rastro, tan difícil

de ver en su punta como larga la serpiente

muerta que levanta el pedregullo

por toda la avenida cuando

se tira de ella. Oiga, dejaré de hablarle a usted.

II

Esta siesta mide ya dos siestas

que valen su altura en cielos rígidos, por tres,

luego por cuatro. La casa de Andrés rugía con todo

pero la posdata es el nódulo, porque así, llameando

bajo el ala de la música la canción de muchacho

era tundra. Recuerdo al otro diciendo el apellido

a modo de Unamuno, dar, nau, shans, así tirando

de cada sílaba mapuche y serbia. Mirá, mirate, España,

acá viniste a espada y te fuiste a cuero, cuero sos,

oh meseta castellana, puta madre. Y la oración

por Marilyn Monroe, casilla de rayuela

inmensa, cubría todo el robledal

y seguía aún mas allá, hasta el puente viejo

donde éramos la maquinaria viva del destello,

moneda corriente el río allá abajo,

luna negra la luna, a tiro de honda.

III

Y ese año crece desde el pie mientras tu biaba

me da marco madí, cobrez y parvo:

amable será un dia, oscura y llave,

y puerta y la galera de esmeralda

varada un sinfín ya siempre al norte,

podrida, pero amada por el viento.

Estábamos con alguien cuyo rostro

llamo Cecilia, la séptima o la cuarta

Cecilia, casi Silvia ya, tras ese curso,

en Plaza Cagancha y fumábamos

tabaco hasta cubrir el cerro, las noches eran lonja

y caravana, y ahí se avino el Darno

debajo del gabán cerca del cine

Plaza, y yo vi su hombre oscurecido,

y nos mangueó un porro que no

teníamos. Se fue con su great burden

upon his back, remember.

Remember, remember, remember,

rebmemer. Las calles de Malvín,

las campánulas, la hojilla y Mississippi.

El sol que sale, y sin embargo el frío.

IV

Se hace tarde, se temprana la uva, se decide

el maremoto del minuto cantado.

En el Cuaderno soñé un surubí enorme,

ya cetáceo, sus bigotes

cubrían todos los recuerdos,

y adentro nos metíamos con mi hermana.

Esa mañana, Bruno, en la cantina,

el hueso del walkman era líquido, esa historia

se titula Evidencia. De un viaje a esa plazuela

traje imagen para todas las noches. Será

mejor que te mueras. Será.

V

Mariana Figueroa, noches

de sansueña. Horacio

Cavallo, tardes

de las quemas. Martín

Barea, madrugadas

de ángeles azules.

VI



VII

Con el Domador entramos a Curtina, porque el Darno decía. En Curtina no es fácil arrancarle a algo melodía. Además la siesta del sábado trae culto pentecostal en la esquina derruida. Ese edificio se cae solo, en la plaza pastan las gallinas. Tras imponer las manos, el predicador anuncia que no podrá volver al caserío. Hay cinco iglesias al menos en la villa, lo que se dice: el alma a la vista. Para un pueblo sin almas visibles, eso es mucho más terrorífico que la industria de las historias de espectros. Pueblo comedor de caballos, le decían antes. Dejabas un caballo ahí y al otro día estaba solo la cabeza del caballo.

VIII

Minas de Corrales, 31 de marzo de 2010.

“[...] A eso de las 22:00 comenzamos la noche de cine. Manolo proyectó primero Mi mamá era punk. Había seis o siete espectadores, todos jovencitos, entre ellos Ana y el Arce. Después pasamos el documental de Ricardo Casas sobre Darnauchans, en parte filmado aquí. Era raro ver al Darno sentado en la puerta de este mismo salón parroquial, diciendo que el cura del pueblo había colgado en esta puerta el cartel en el que informaba de la excomunión de todos los habitantes del caserío que habían firmado la carta de apoyo a la Revolución Cubana, entre los que estaba su madre. Para mí fue raro no ver en la película una escena que le recordaba, venida de muy atrás en la memoria: aquella, capaz zurcida, en la que Darnauchans cuenta que, cuando abandonaron el pueblo (decisión ligada al ostracismo de la población, consecuencia de la campaña anticomunista del cura), el párroco y un grupo de acólitos los esperaban en una de las entradas o salidas del pueblo (pero ellos se fueron por la otra) para apedrearlos. Cuando terminó la película les pregunté a Ana y a el Arce si habían oído hablar de Darnauchans, y me dijeron que no. [...]”

IX

TODO LO QUE FUE EXISTE, dice en letras del color

de la muerte la placa que hace las veces de espalda

del doctor, que mira un punto detrás de las sierras

cruzado por caminos vecinales que su padre hizo

después, aquí los médicos suelen ser rurales,

dejan todo entre los cardos y charcales, pero

nunca suben los cerros maletín en mano, salvo luego,

ya espectros, buscando lo caído porque sí, lo cierto,

nunca cosa en la mano de la muerte, nunca cosa

del todo, y el humo en todas partes en figura.

X

RESIEN LEI EL MENSAJE TOY ATENTO

LACUESTA, y en Minas de Corrales fui

al Club de Arriba a esperar al Turco, presi.

La ruta veintisiete y la veintiocho

son la misma. En Parada Sena bajás.

En el hogar tu necesitas a Jesús

descuelga de la siesta al Doctor Davison,

TE ESPERO MANANA DE COME TRAE FIAMBRE

escribe Lacuesta, Carlos Lacuesta, hijo

y nieto de troperos, mientras la doña

en la parada dice que Eduardo, el Darno

venía a veces a Corrales, cantaba

con los Saibar Seis, ya todos muertos salvo

los que no se sabe. "Estoy en viaje", miento,

"arriba el ómnibus" y alguien manda a buscarme

a la ruta en un lugar en que no bajo.

Pero si tiene cien años la parada

Sena. Todos los conductores lo saben,

pero éste es nuevo; en Calera una pareja

me señala carretera de regreso:

después los pinos nuevos, de aquel lado.

No había luna pa mirar la caminata.

DONDE ANDAS leí en en Estancia San Ramón,

pasados los mataburros "-Yendo pa ahí".

-VENI MIRANDO UNA LUZ DE LINTERNA.

En la noche Carlitos, en la luz una senda,

en la mesa trapos, en el horno cordero,

costillar con la mano, Carlitos y Carlos

me miran comer, luego leche y galletas,

cama de tropero te voy a hacer,

la puerta es una chapa que sostienen dos clavos,

del lado de la cara una gallina

y gatos que se cuelan en el poncho

y en el sueño gritan con voces de niños

"A uno le pisó la cabeza un caballo

era mansito se le metio entre las patas"

decía la madrugada por boca de mujer,

y las túnicas y moñas del caballo

se bajan en la ruta donde esperan el bus:

no llegan al almuerzo de la escuela,

si no pierden el coche de la vuelta.

Hay cinco pollitos que nacieron ayer

y ensillamos con sus picos en cupín.
En estancia San Ramón el Beto, el hombre

de la barba de un solo ojo, a las seis

de la mañana nos convida con su grapa

brasilera; “eu digo nao a bebida mais

ela nao me escuta” reza su remera,

va cuidando los campos el compadre. Lacuesta

habla todos los idiomas de su mundo, cuenta

del peluquero bravo de Sánchez chico

(o era Sánchez grande?), a cada mata

sale como liebre disparada la palabra

antigua, ningún lugar es todos los lugares.
El negro mellado; el que disparó como un bagual

y a los montes de Amarillo fue a parar;

el domador Elias; el día que Dios nos dio los nombres;

Machado el capataz de Camacho; la Luminosa; el papero

Gregorio; don Nolo y sus cueros colgantes; la estacion

Santa María; la escuela 62 Bella Unión; Alloy el vasco,

tan porfiado que si se ahoga

hay que ir a buscarlo corriente ariba;

los ahogados del Cuñapirú; el revólver mal

cargado; el pobre bicho; la mujer que murió

hace poco de cáncer acá cerca

era muy trabajadora; el Leite; el Zorro; el viejo inválido

que dejaron atado una pareja de Corrales

y murió de frío; el bolichero; el hombre

de estancia; el Hugo; el Pato Gordo le decimos nosotros,

hace poco casi se sacó un dedo; en Piedras Blancas

son todos parientes míos por Pérez

y por Rodríguez; Vieira en costas del Cuñapirú; Mano

Pelada, mi tío; el viejo carcamán; la Pelusa, una chica

de Tranqueras, lo dejó a los cinco meses; el torrista

de las forestaciones; los milicos; el Segovia, con su pera

hasta acá; el camino del Guaire; el gurí de Vanil; el Goyo

Hernández; el potrillo; la mafia de la sandía; los campos

de sandías; el Mercado Modelo; los surcos

cortados a machete; los hermanos Lotito,

que tocaban con los piecitos; la ruta 30, que aparece

asfaltada en los libros pero la plata

se desvió; los Barboza, caseros

de la forestal; la mujer del peluquero;

siempre hay un pero en el medio; las abejas

en los azucareros; los treinta mil

colmenares; la que murió tomaba vino, tenía 94;

lingüiza y curtiza; Barranca Colorada; el grillo

Gerisola; el Cráneo de plata; la Fátima; el muchacho

Linga e pescado; los ejes de mi carreta; el caballo perdido.

XI

Los que llevan la miel no pisan las piedras, dijo

Lacuesta, Carlos Lacuesta, y que Eduardo

Darnauchans, padre, era médico

y estanciero, y todos lo querían

por estos campos de Osiris Rodríguez

Castillos. E se questo vuol dire rubare,
questo filo di pane tra miseria e fortuna,
allo specchio di questa kampina
ai miei occhi limpidi come un addio.

XII

Qué tengo yo que cantarle, Míster

si usted tiene melodía de la muerte,

que la anduvo buscando tanto tiempo,

también por estos campos donde caigo

del caballo, pero qué tímpano dolido

me oye que al final son trece leguas,

contadas dedo a dedo, torre a torre,

vale? Enllegando de Tranqueras

a la ruta y bajo el astro, bajo Marte

vegetal, desensillamos y tomamos

cervezas por las tardes venideras, dice

Lacuesta que Carlitos ama el campo

pero que ahora es muy difícil ser tropero

como él, que compró tierra, y que su padre

es Papá Noel en un free shop de Rivera.

Lembro ele, y en los ojos todo el tiempo

desaguan veinticinco mil seiscientas vacas,

las quinientas veinticinco mil ovejas,

las centenas de patas de caballos

blancos que se esconden en los sueños,

el pozo, el edredón, el rabo e molle

en Paraje Sepultura en Cuaraí.

Es hora en que se baja el camionero

y se tira debajo ´e cualquier árbol,

del sur se acerca blanca camioneta

cargada de colmenas, la cabina

desglosa sus tres hombres, uno de ellos

vestido de mielero, con su traje

blanquísimo abiertísimo y el pecho

sin pelo casi al aire: él pide whisky

se sienta en la ventana, tiene rostro

unívoco de niño y de borracho

y Lacuesta le dice que nosotros

hacemos travesía de Corrales

a Tranqueras imitando el cancionero

y el hombre lo titula Zitarrosa

y yo le digo Osiris, luego el Darno,

y los ojos le hacen chispa cuando dice

que él era guitarrista pero ahora

largó la música a la mierda y se ha mudado

a San José, donde es notorio directivo

de no se qué sociedad de apicultores

pero que antes había tocado con Eduardo

Darnauchans, que le hacía arreglos

fáciles para sus propias canciones

para que el Darno las tocara en su guitarra

porque no era digamos guitarrista.
Sabés la historia de Final, me dijo,

Darnauchans en Buenos Aires tuvo

una novia judía, los padres de ella

lo invitaron a pasar las navidades

y el Darno juntó todos los pesitos

que tenía y compró una coca cola

de litro, y fue a la casa de la mina.

No estuvo mucho tiempo, porque al rato

el padre lo acompaña hasta la puerta

y aplicándose a un fino galicismo

finísimo, le dijo: “Usted, Eduardo,

me enmerdó la vida.” You left me standing

at the doorway crying.

Tristísimo en la puerta de pensión

el Darno vio llegar a un su amigo,

Eduardo Milán, poeta vivo,

camarada de Lugones y de libro

a dos manos escrito y en el norte,

que al verlo en tan terrible desconsuelo

y en un gesto fraternal y decidido

confésole que él también había caído

en los brazos de esa chica, se la había

cogido, dijo el hombre tras su vaso.
Que Sansueña es Zaragoza en el Quijote

y que x San Jamás, agregó luego.

Y al fin, al despedirse, era más niño.

XIII

dedicatoria:

cuando todo se queme

todo ese fuego

XIV

Llegué a Minas de Corrales a las cuatro de la tarde, y el ómnibus a Montevideo salía a las 00:30 si llevaba suerte. Así que fui al Salón Parroquial, armé mis bolsos y me fui al trailer de Alba, la mamá de Ana, y allí me dediqué a tomar cerveza como si eso fuera la última cosa que habría de hacer en mi vida. Esta curiosa actitud, mezclada con el lamentable aspecto que tenía tras dos días de cabalgata y cierto heroísmo en los ojos, inevitable, me hicieron algo así como una atracción turística al revés, y llamé la atención de una esmerada señora y vecina de enfrente que llevó adelante una conversación que recuerdo de a partes, pero que en algún momento se convirtió en unas notas borroneadas en una hoja de cuadernola. Las tengo aquí conmigo, dicen: Darnauchans nació acá, pero él siempre dijo que no. No quería a Minas de Corrales. El padre era médico, trabajaba en el hospital del pueblo. Su madre era enfermera en ese mismo hospital. Cuando lo de la carta de apoyo a la revolución, ella firmó, pero el padre no. Les hicieron la vida imposible, y al final se fueron a Tacuarembó. Le decían comunista. El cura era famoso por su fervor anticomunista, insólito en un salesiano. Tanto que los tupamaros lo tuvieron en su lista negra. Hacía congresos y encuentros anticomunistas. Tenía un orfanato ahí en el Salón Parroquial. Cuando había mitines o actos de los “comunistas”, sacaba los niños y los llevaba con él para apedrear y tirar frutas podridas. Al final, lo mataron los tupas en un hospital de Salto, con una jeringa envenenada.

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