Balada de los dos abuelos






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títuloBalada de los dos abuelos
fecha de publicación07.04.2017
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Balada de los dos abuelos

Por Nicolás Guillén

(1902-1989)

  • El nieto de los dos abuelos es la voz poética, y nos presenta no solo su historia, sino también la mezcla, la unión de ambos en su persona (“yo los junto).



  • Este poema tiene dos partes fundamentales: del verso 1 al 44 y del 45 hasta el final. Aunque desiguales en tamaño, las dos empiezan con los mismos versos “Sombras que…” y marcan las dos etapas: la primera, la descripción de los dos abuelos distintos y distantes; la segunda, la unión de ambos en la persona del poeta. La primera parte tiene a su vez dos partes: del verso 3 al 31 tiene lugar la descripción de ambos abuelos y su acercamiento al nuevo mundo; del 32 al 44 son los versos duros que retratan la condición de los esclavos.



  • Los dos primeros versos sugieren que son sombras. Presencia invisible pero constante, que escotan, es decir acompañan, protegiendo a la voz poética.



  • El mundo del abuelo negro es el África de selvas húmedas, un mundo donde todo, incluso los instrumentos y las armas es natural, con sonidos de tambor en el aire. En el del abuelo blanco predominan armas y armadura más desarrolladas, artificiales.



  • El verso “¡me muero!” del abuelo negro conlleva angustia, desesperación. El verso “¡Me canso!”, del blanco, queja o aburrimiento.



  • La metáforas:



    • “Pupilas de vidrio antárctico”: los ojos del abuelo blanco son fríos y duros, denotando un aspecto de carácter.

    • “¡Oh velas de amargo viento!”: el epíteto transferido “amargo” sugiere la tristeza que traen esos barcos.

    • “Galeón ardiendo en oro” trae a la imaginación del lector la búsqueda de oro de los conquistadores españoles.

    • En “El cuello virgen”, la geografía de Centro América, se insinúa que va a ser engañada por estos mismos conquistadores que ofrecen abalorios sin valor para cambiarlos por oro.

    • Todas estas palabras con sentido negativo, sugieren y evocan en el lector situaciones que conoce bien.



  • La métrica del poema es irregular, pero se repite la rima –e-o, que precisamente es la de abuelo negro (y de la misma palabra “negro) y –a-o (blanco). La mayor parte de los versos son de ocho silabas, medida muy tradicional usada en los romances, como en este caso para contar una historia. Pero hay excepciones, con versos de dos, tres o cuatro silabas, que son muy significativas: “mi abuelo blanco”, “mi abuelo negro”, “me muero” “me canso”, “yo los junto”, y los cuatro últimos que culminan con las dos silabas de “¡cantan!”.

  • Las estrofas son también muy irregulares, de dos a catorce versos. Existe un continuo juego en el poema entre elementos regulares y tradicionales con otros innovadores e inesperados.



  • La rima no organizada del poema crea un ritmo casi de canción, que no es completamente esperado ni totalmente sorprendente. Hay otros elementos que contribuyen al ritmo como las repeticiones, paralelismos y las frecuentes exclamaciones. El ritmo se acelera al final hasta culminar en “¡cantan!”.



  • En el poema, además de la voz poética, oímos a los dos abuelos. En la primera parte: “¡Me muero!” (abuelo negro) y “¡Me canso!” (abuelo blanco), que marca su contraste. En la segunda parte, sus palabras reflejan el cambio: “¡Federico!”, “¡Facundo!”. Los dos se dirigen el uno al otro, y lo hacen por su nombre.



  • En el verso “Gordos gongos sordos”, todas las vocales son “o”, y esta aliteración, combinada con la de las tres “g”, la repetición de casi la misma palabra (gordo, sordo) y el sonido “ong”, imita el sonido de instrumentos africanos. Este verso es por ello muy evocador para el lector, especialmente si lee en voz alta o escucha el poema.



  • Gran parte del poema es una continua antítesis entre el abuelo blanco y el negro –su mundo, su vida, sus reacciones-, acentuada por continuas repeticiones, “blanco”, “negro”, “me muero”, “me canso”. La repetición de “¡Que..” en los versos 32 a 44 insiste, enfatiza, la terrible situación de los esclavos. Estas antítesis de la primera parte hacen que el final, con la repetición de “los dos” siete veces, acentué todavía más la unión.



  • Se repite tres veces en cinco versos “Los dos del mismo tamaño”, sin ningún verbo en ellos, poniendo enorme énfasis en la igualdad de los dos abuelos y creando un ritmo que lleva al lector a los verbos de los cuatro últimos versos.



  • En los últimos cuatro versos se puede observar visualmente como los versos son la culminación del poema, y el ultimo, la culminación de ellos a base de repetir los mismo verbos, disminuyendo su número hasta llegar al clímax final: “¡cantan!” El poema es pues una celebración, un canto, una balada.


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