La Espiritualidad y El Yo Como Bases de Una Militancia En La Vida






descargar 55.66 Kb.
títuloLa Espiritualidad y El Yo Como Bases de Una Militancia En La Vida
fecha de publicación05.04.2017
tamaño55.66 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Historia > Documentos
La Espiritualidad y El Yo Como Bases de Una Militancia En La Vida

Luis Weinsteinx



Las percepciones más frecuentes de la espiritualidad en la vida cotidiana

Introducción

Nos constituye y nos rodea la actualización, lo tangible, los mensajes a nuestros sentidos y los gérmenes de nuestras representaciones Es más o menos próximo, el cuerpo, el mundo, la sustancia, lo concreto…En un momento dado empezamos, nosotros, los niños, la humanidad en su evolución…a experienciar una carencia, a sentir el hervor de una pregunta, lo visible, lo manipulable, lo que está aquí, no parece poder responder por si mismo de su existencia; dentro de sus límites, la exterioridad llama a intuir o fantasear una interioridad, la presencia a una autoría., los efectos a una o más causas. Surge, ubicua, confusa, múltiple, la opción del espíritu.

Como ocurre con la idea fuerza de amor, de paz, de libertad, hay una sola palabra para diversos conceptos, para distintos contenidos. Espíritu es un término utilizado para denominar a la conciencia, al ámbito de la cultura humanista, al desarrollo “objetivo” de la moral, el derecho, la normatividad, a lo “sutil” que permite las formas, la vida, la conciencia, a los seres supra sensibles, a Dios…

La espiritualidad, presunta pareja femenina del espíritu, más estrictamente ligada que él al ser humano, más visible, de menos status ontológico en una cultura patriarcal, discurre por diversos significados, es asimilable a distintos tipos de personas y actividades grupales. Veamos algunos, en una descripción asistemática, ejemplificadora, de grandes bocetos.

  • Una señora va diariamente a misa y coopera en el desarrollo de la ceremonia. Reza en su casa. Escucha audiciones de inspiración en su fe religiosa. En el esbozo se empieza a configurar una dimensión, una percepción, un radical de la espiritualidad, la devoción.

  • Una joven irradia dulzura. Es toda buena voluntad en torno a las necesidades de los demás. Se dice de ella que nunca habla mal de nadie, que siempre esta pronta a ayudar, a socorrer a quien lo necesita. Alguien le da el apelativo de “santa”.

  • Un grupo se reúne en torno a un maestro. Se nutren de nociones sobre seres supra sensibles. Participan de la convicción de que tienen un tipo de conocimiento metafísico que le ha sido revelado a unos pocos. Por ahí una pincelada orientada a la espiritualidad entendida como un saber oculto “esotérico”.

  • Un joven se desentiende de los deportes, de la vida social, de la televisión…se concentra en leer filosofía, religión, historia, parece separarse se lo material, contingente. Apuntamos hacia la espiritualidad vista como ascetismo humanista.

  • Una persona tiene una vivencia especial, de encuentro con Dios, de descubrimiento del amor universal, de llamado a cambiar su vida. Es la experiencia mística, guiando, constituyendo la espiritualidad.

  • Un conjunto de personas trabajan en una población de extrema pobreza, desinteresados, voluntarios, comprometidos con la tarea. Los informa una dimensión de la espiritualidad, el espíritu de servicio.

Devoción, conocimiento, ascetismo, mística, bondad, servicio… son iguales y diversos. Los asemeja, desde luego, la separación con lo que es el sentido común en una cultura secular, hedonista, pragmática. En diversos grados, en una especie de escala que tiene su cúspide en la experiencia mística, se puede decir que en todas estas instancias se percibe la cercanía de” lo otro”, lo inefable, lo que sostiene la realidad diaria, consensual.

Una primera, noción de espiritualidad, cosechando lo común de estas miradas, apunta a esa relación con lo ”otro“, lo trascendente, en que se da una intencionalidad de reconocimiento, de actualización, de promoción, de mejoramiento de lo que es de “aquí “ a partir de esta acogida a vivencias o prácticas más evolucionadas.

Otro elemento importante en esas directrices de la espiritualidad es que en todas prima la certidumbre sobre la incertidumbre. El místico vive, sin resistencias, el éxtasis de la revelación. Los devotos hacen su práctica como parte de las “creencias”, los ritos están “in-corporados, hechos cuerpo, asimilidados. Herméticos, teólogos, seguidores de éste o de aquel, “saben”, tienen verdades que van acrecentado con el estudio guiado o personal. En el servicio se está, con la seguridad de que ello corresponde a las convicciones asumidas, es espiritualidad en acción, el equivalente al “yoga del servicio”.

La espiritualidad existencial

Si la espiritualidad es expresión de un reconocimiento, de un asumir, de un valorar un más allá del “mundo para el ser humano”, cabe mirar los “radicales” señalados, devoción, ascetismo, bondad, conocimiento, servicio, experiencia mística fundante, como más o menos asociados con la dimensión de la certidumbre.

La teoría de la relatividad, el principio de incertidumbre de Heisemberg, la teoría del caos, el reconocimiento de las limitaciones biológicas al conocimiento “objetivo”, la legitimación del campo de trabajo psicológico en el inconsciente, el auge de la parapsicología… han ido conformando una “atmósfera “científica cuyo sello emblemático es la invitación a aceptar el desafío de vivir en la incertidumbre.

A la noción de la espiritualidad como contacto con una realidad más alta, en una diversidad de vías de alguna manera proyectadas a una “elevación”del mundo, habría que agregar este reconocimiento, esta apertura a la incertidumbre

Está nuestra realidad consensual (Maturana) rodeada de lo “circunvalante” (Jaspers), lo misterioso, lo inaccesible. Gabriel Marcel hace la división básica de nuestro cometido humano como el de tener que coexistir con problemas, los quehaceres a nuestra escala, junto a los misterios, lo más allá de nuestro alcance. Viene la gran paradoja, en el tiempo de la mega afirmatividad humana, del despliegue de la utopía cibernética, de la conversión del planeta en una aldea global, de la llegada a la luna y a la familiaridad con los genes, está, más vigente que nunca, la pregunta de Leibnitz, de Schelling y de Heidegger, y de muchos seres humanos en la adolescencia de todos las edades,”por que hay que ser y no, más bien, nada”

Hay una espiritualidad, de diversos tipos, con y sin preguntas existenciales, con y sin certezas. Por supuesto que la pregunta existencial no se liga, necesariamente, a la espiritualidad. Hay una postura existencial escéptica, nihilista, incluso cínica. El reverso es importante. Si se incorpora a la visión de mundo la incertidumbre, hay un avance en salud… Se da el desarrollo, el salto que implica el dejar de negar, de no asumir una parte básica de la situación humana, “la nube del no saber”…

Puede tener lugar una espiritualidad que asuma la incertidumbre. Si aceptamos las conclusiones de los estudios del modo de ser autoritario (Adorno y colaboradores, 1950), de la proclividad al fascismo, que evidencian la asociación de la patología del fanatismo y la obediencia con la intolerancia a la ambigüedad y el rechazo a lo subjetivo, la consideración se hace necesaria. Si miramos en el mundo actual la fuerza del fanatismo religioso integrista enfrentada con una dirección de occidente que se sostiene con otro fundamentalismo, la religión del mercado, tendremos que estimar que es también urgente. Complejo, necesario, urgente…llegar a una espiritualidad que asuma la incertidumbre

La tensión es obvia: la espiritualidad requiere una cierta certeza. Creer en el espíritu. La incertidumbre distancia de la actualización de la vida…de la espiritualidad. La responsabilidad humana, la respuesta humana a su situación en el mundo, apunta a un asumir esa tensión. Somos seres finitos, abiertos a necesidades de certeza, de absoluto, que no tienen satisfactor definido. Camus decía que el problema filosófico fundamental era el del suicidio. Vivir o, no vivir. Hay otro, nudo opcional: certeza o no certeza. Una fuerza que nos trasciende, nos lleva a optar por la vida La otra interrogante queda bajo nuestra responsabilidad: ¿Aceptamos la condición humana? ¿Las pequeñas certezas como islas en el mar del misterio? ¿Podemos separarnos de las banalidades, del egoísmo, de la violencia, del antropocentrismo, sin contar con un asidero de certezas? ¿Pueden sobrevivir el amor y la razón en la incertidumbre?

El camino parece ser una intuición de sentido, no sabemos cuál es el sentido último de todo lo existente y susceptible de existir, no le vemos la cara a Dios, pero podemos percibir nuestro yo, estamos en condiciones de llegar a un tú, vamos teniendo conocimiento de que el universo es complejo, está lejos de ser “materia bruta”... Tal vez, con ropaje ateo, el marxismo lo intuyó cuando en todas partes fluían los cursos de formación que hablaban de una materia infinita y eterna y que todo estaba integrado. Einstein lo dijo de otra manera;” Todo es comprensible, menos que todo sea comprensible. ”Fuera, más allá de nosotros, hay algo que se asemeja a una inmensa inteligencia.

Incertidumbre inseparable de la vivencia del asombro A- sombro. Del vivir la “sombra” del ser y del hecho que haya ser. Existimos, existimos, estamos fuera…de la continuidad con el todo, del “en sí” donde hay fluidez y faltan las preguntas. Participamos en un “para sí”, con un centro, con un yo, con la distinción de lo otro, lo que no es “yo”

Intuición de sentido, convivencia de responsabilidad, de implicación personal, sin dogmas, sin un cuerpo cerrado de conocimientos o de prácticas devocionales Con compromiso.

Compromiso de asumir la responsabilidad de poder influir en la vida de uno y en la vida de los demás.

Espiritualidad integrada al servicio. Al servicio de la vida. La vida dentro de uno. La vida más allá de uno. La vida, la identidad humana y personal, el ser… presente, sorprendiendo.

Integración posible a través de una intuición, en, contrastando, con la incertidumbre, de una integración. La vivencia de formar parte de la naturaleza, la de estar en la misma experiencia, aventura existencial, con los otros humanos.

El curriculum oculto de la espiritualidad

Compartimos la percepción de que hay espiritualidad en el místico, en el esotérico, en el devoto a alguna religión, en ciertos estilos de vida, en los servicios llenos de desapego y de amor.

En la crisis del desarrollo actual, con guerras y atentados interrumpidos, con el hambre coexistiendo con la acumulación de armamentos, dineros y conocimientos, capaces de sobrepasar la pobreza a nivel mundial, el tema del sentido común aparece en primer plano. La sensatez y la justicia requieren de un cambio de mentalidad colectiva. Mataron a Gandhi y a Luther King, fracasó el mayo de 68 y el movimiento hippie, la glasnow de Gorvachov no abrió los aires de un mundo sofocado que se desmoronó exhausto y vacío, pero la humanidad sigue buscando espacios en que se pueda dar la belleza de la convivencia fraternal. Ellos se manifiestan como oasis, como un verdor en la aridez de lo fáctico, del dominio de la racionalidad instrumental, del poder y de las cosas

Cuando el niño de dos años empieza a sonreír, la espiritualidad se está asomando, en puntillas, pudorosa, misteriosa. Es terreno del espíritu de sutileza de Pascal, nada de geométrico, de mensurable, de acción lógica. Este ser, sin palabras, sin influencias visibles, se dirige a nosotros gratuitamente, dando alegría, dando confianza en la vida.

El pre escolar pregunta, está en los por qué, qué vino antes y antes y antes…a los padres se les humedecen los ojos, pero temen cualquier extravío, no confían en la dimensión profunda de la vida. Sugieren televisión, peluche, la distracción de un cariño o un alimento

Una persona mayor tiene un hijo deficitario que está en una clínica, le preocupa su suerte en el futuro en que él ya no esté. Tiene un sueño en que se ve a sí mismo muerto y a su hijo desolado, en una honda tristeza que el siente como propia con un tremendo dolor y vivencia de absoluta impotencia.

A los padres no les gusta un joven que corteja a su hermana mayor, la niña de pocos años cuida celosamente el secreto de la relación sin que nadie se lo indique. Puede aceptar castigos sin ceder en su respaldo Es solidaria Es leal. Es noble.

En las cualidades éticas, en la profundidad del diálogo, en la entrega al amor altruista, de promoción del otro, en la generosidad de la amistad, en la vocación por enseñar, por atender la salud, en la investigación comprometida de la verdad en la ciencia o la filosofía, en las redes de comunicación y trabajo solidario, está, viva, en ciernes, la espiritualidad. Es una espiritualidad en migas, en islotes, muchas veces informe, generalmente no proyectada, no politizada. Seguramente, sin proyecto de vida, sin, necesariamente, una intuición, valores de fondo, un marco de creencias, pero ya presente, ya importante para la tarea de construir una cultura con base en la espiritualidad, superando el desarrollo desarmónico e injusto de la actualidad

Un Curso Espiritual interrumpido o sumergido en dos adolescentes

Hay gérmenes, espiritualidad diluida, dando destellos, entregando emociones en muchas instancias de la vida cotidiana. Tomando las biografías, podemos ver posibilidades que despuntaban en la adolescencia y, de alguna manera, no se actualizaron en la madurez. Veamos el siguiente poema de un autor de 17 años

El maestro entre los hombres

-Y tú qué haces-díjole.

Y el hombre le repuso:

Soy obrero del fierro y del bronce. Mi martillo machaca el metal sobre la bigornia y de ahí sale el metal purificado. Vivo escondido, detrás de mi fragua, cantando mientras que trabajo. Trabajo, Maestro, y eso es todo.

El le respondió:

-Trabaja, hermano que en tu fragua se está modelando el porvenir.

-Y tú, ¿qué esperas, mujer?

-Yo soy la esposa del labrador -le dijo- y a él espero. Allá en la llanura, bajo el látigo del mayoral y la furia del sol, él está. Le espero en las tardes en esta colina, porque mi sombra le haga dulce el regreso. Nuestra vida es triste, oh Señor, pero di la palabra que haga bella la vida del hijo que duerme en mi vientre.

Y el Maestro le dijo:

-Te bendigo, hermana, porque de tu vientre nacerá el porvenir

Siguió su camino el Maestro: En un recodo solitario un hombre meditaba, Se acercó a él, en silencio, y lo observó. Las cejas, negras divididas por la vertical arruga de la sabiduría, los cabellos grises, la espalda agachada, aquel hombre era la rebeldía sobre el dolor y la fatalidad.

Y el Maestro le dijo:

-Piensa, hombre que tu pensamiento creará el porvenir

Y el pensador le sonrió.

Aún se detuvo a interrogar a otro hombre.

Y éste le dijo:

-Soy soldado. En la paz, no hago, nada, en la guerra mato. Encarno la Fuerza que lucha con la Idea. Soy el recipiente del Pasado. Por dos cuartos de tierra mataré hombres, destrozaré ciudades, robaré, violaré, moriré Mando sin “para qué“ y obedezco sin “por qué”. Soy soldado

Y díjole el Maestro:

-Hermano, desgarra tu vestidura de guerrero, arroja tus armas y rebélate, que estás ahogando el Porvenir

Pero el Soldado no lo escuchaba.

El poeta que escribió este texto tenía entonces 17 años, no fue mucho tiempo después que se hizo conocido en el mundo con el nombre de Pablo Neruda. Hay señales en sus poemas juveniles de que pudo haber llegado a ser un Maestro, un sabio, y un ser de gran desarrollo espiritual, pero ello quedó oculto, latente, en el despliegue de su genio creativo. Un examen atento de sus escritos muestra atisbos notables de relación con lo trascendente, lo innombrable en términos de Eduardo Carrasco (Carrasco, 1995) expresado en su mejor forma cuando hace la hazaña de Residencia en la Tierra de integrarse con tal hondura con la naturaleza, que Gabriela Mistral lo bautiza como “místico de la materia” (Scarpa, 1979) También, en el Canto General cuando se identifica con América y Gastón Soublette lo define como “Profeta de América” (Soublette, 1979)

Leamos lo que escribe otro joven de 17 años

Composición

Si consideramos la historia individual, la historia del hombre, encontraremos en su pecho una chispa de la divinidad, una vibración por lo bueno, una ansia de conocimiento, una nostalgia por la verdad; sólo la chispa de lo eterno sacia la voz seductora del pecado; pero capitula tan pronto como la vida impone su ley; el impulso ramplón por los bienes de la tierra reprime el ansia de conocimiento; el lisonjero poder de la mentira apaga la nostalgia por la verdad y entonces se queda el hombre solo, como el único miembro en el universo de la creación que no es digno del Dios que lo ha creado. Este joven escribió este texto, como una composición de estudiante, en 1835. Se llamaba Carlos Marx, no sería difícil seguir el trazo que une estas líneas a todo el hilo mesiánico del marxismo. Lo que aquí interesa es insistir en que lo espiritual se concentra en el proyecto de algunas personas, pero se vierte en todo el tejido de las relaciones y las subjetividades humanas, a pesar de contradecir a la cultura dominante.
La espiritualidad y la condición humana

Hemos hablado de bocetos y de percepciones de la espiritualidad, nos inclinamos por valorar su dimensión existencial Interesa internarse más en el mar proceloso de nuestra identidad como homo sapiens y su relación con la espiritualidad.

Al destacar presuntos tipos de personas espirituales e instancias de vida en que esta condición se hace manifiesta, vamos adelantando por contraste, aparentemente, la idea de que, no todos los humanos, no toda la trayectoria biográfica de mujeres y varones se acompaña de espiritualidad.

Eso no es enteramente así. Si se puede alcanzar la espiritualidad en algún recodo de la trama de la existencia, debemos suponer que ella está allí, escondida, no reconocida, larvada…

Si el ser es misterioso, si no podemos llegar más allá del conocimiento del Big Bang, si somos descendientes de las estrellas, si todo lo que percibimos, sus leyes, su conservación, su razón de ser, depende de lo que lo trasciende, Dios, lo insondable, nosotros somos parte de una historia y de una condición que trasciende lo fáctico, nos alcanza la chispa divina de que hablara el adolescente Marx. Lo que ocurre es que habitualmente no la asumimos, no entramos, necesariamente, en alguna práctica en que vivamos su cercanía como en la amistad profunda o el amor de promoción humana, no participamos del servicio o del estado místico.

Dentro del misterio de fondo, el del ser, se da la gran interrogante de por qué los humanos viven una extraña vivencia de familiaridad, sin asombro, sin perplejidad, en relaciones instrumentales, sumidos en ritos, en el placer, el poder o el deber. Un misterio al interior del misterio. Se coagula el misterio en presuntos saberes omnipotentes, antropomorfos, que van más allá de nuestra finitud. Se niega el misterio con la mirada positivista, pragmática, trivial. Son los poetas los que señalan una ausencia, una perdida inefable.

Es Huidobro refiriendo que “éramos los hijos del sol y no nos dimos cuenta…”Es De Rokha aludiendo a “cuando Dios era aún azul dentro del hombre”. Es Parra, preguntando si somos hijos del sol o de la tierra, porque, si somos de la tierra solamente, él pide que se levante la función… Es la aproximación a los orígenes, la intuición, las imágenes de un tiempo en que vivíamos, nuestro contacto con la fuente, con los orígenes, con el misterio.

Hay una espiritualidad primaria, se da en nosotros, latente, como el sello, la huella de ese origen, detrás de opio de lo familiar y de las cortinas de los dogmas.

Podemos hablar de una espiritualidad secundaria, viva, en el obrar espiritual con o sin conciencia de tal. Aquello que inspiró a Machado a decirnos que" la monedita del alma se pierde si, o se da”.

Cabe apuntar a una espiritualidad terciaria, la que se orienta a desarrollar la espiritualidad, la del Maestro del poeta de 17 años que hoy celebramos como Pablo Neruda
La práctica de la Espiritualidad como Ecología del Yo

Situamos la espiritualidad como expresión de la relación original del ser humano con la trascendencia, envuelta en la incertidumbre y el misterio, vislumbrada, a veces, en el fulgor de la poesía, oculta por el sesgo combinado del inmanentismo y del supuesto “control” en edificios de saberes sobre el trasfondo de la realidad a la escala humana. Hablamos de una espiritualidad en sí, primaria, aparentemente no actualizada, de la espiritualidad secundaria, vivida, sin un proyecto visible en ese terreno; de la espiritualidad terciaria que se orienta a sacar a la espiritualidad primaria de su hibernación y a dar señas de identidad a la espiritualidad secundaria.
¿Dónde ubicamos estas diferentes realidades?

Somos seres complejos, seres de una realidad tangible, material, del universo, lo inmanente, el cuerpo. Al mismo tiempo, somos espíritu, nos relacionamos, formamos parte de un plano, de una dimensión, de una realidad…los términos son siempre provisorios... de una existencia que nos es oculta, nos trasciende, es muda. Hay una vivencia, un centro de integración donde confluyen cuerpo y espíritu, es nuestro yo

El yo está presente en nuestra cotidianidad, fluye en la percepción de nuestro cuerpo y del cuerpo del mundo, de nuestro percibir y metabolizar lo que aprehendemos. Lo vivimos operando, coordinando, dando continuidad, referencia, para nosotros y para los otros…yo hice eso, en aquello, estuviste… El yo está habitualmente instalado en el aquí y ahora. En el mundo. En el hacer No hay término más ajetreado, más cotidiano, más corporeizado, más encarnado, más trivializado…yo. Sin embargo…a este yo que está en todas partes nadie lo puede ver. Lo aludimos defendiéndonos, posesionándonos, descalificando a egoístas, vanidosos, autoreferentes, paranoicos… pero, no podemos dar una imagen plástica, una ubicación El yo diurno, banal, es elusivo. Se escapa de la malla de los conceptos, las medidas, las analogías. El yo es misterioso. Al intentar tomar conciencia de lo nuestro que toma conciencia, que es capaz de tomar conciencia del tener conciencia, nos detenemos, perplejos, asombrados, sumidos en el misterio. El misterio de ser nosotros se suma al misterio del ser.

El yo es una parte nuestra, lo más nuestro de todo, en que podemos confundirnos, identificarnos, con el misterio de ser. El misterio que somos nosotros mismos. En nuestro centro, el nosotros de nosotros, nuestro yo. Surge una pregunta La pregunta sobre quién somos, qué nos da nuestra mismidad, la visión de unidad en la diversidad en la historia y en el momento presente. Ese ser nosotros mismos nos interpela, nos llama, nos sacude, es una puerta hacia la espiritualidad, es la bisagra que separa y junta el cuerpo y el espíritu. Requiere un reconocimiento... Un trabajo. Un explorar este entramado sutil de relaciones, de caminos virtuales, de cordones umbilicales entre planos de la realidad total Una ecología La ecología de la puerta de entrada de la espiritualidad al mundo. Las bases de una política de la espiritualidad mediada por la política del yo

La espiritualidad emerge en la ecología del yo. Podemos trazar varios pasos esquemáticos en la ecología del yo

  1. El asumir el misterio, entrar a la pregunta de “Quién soy yo”. Vivir su condición insondable.

  2. Considerar nuestra condición de criatura Nuestro yo patentiza el regalo del ser, tal como lo creemos expresado mejor que en un ensayo en el fragmento de este texto poético



El Regalo del Ser

Los humanos no abrimos el regalo del ser. El ser no termina de abrirnos su regalo. El ser es un regalo que no termina de abrirse

El regalo del ser no termina de abrirse: necesita más mágico el azulear de la vida. Y la historia brincando como pájaros hacia sueños.

El regalo del ser no termina de abrirse: nos embriaga la suculencia del día. Huimos ateridos del fulgor de la noche.

El regalo del ser no terminará de abrirse. Aunque atisben jirones de sonrisas en la luna. Y la sombra del sol pestañee ciertas almas

Al regalo del ser lo rodean ausencias: un hacer sideral desborda miradas. El tener perturba el corazón del infinito.

El regalo del ser da migas de aurora, guías de laberintos de crepúsculos eternos

Hijos del misterio, también somos misterio: del regalo es parte la familiaridad

La tea del misterio se enciende más allá, incluso, del azul y de las flores con presencia de gratitud.

Laberintos entre el nacer y el morir entre misterio y naturalidad, gratitud poniendo granos de aurora al regalo del ser (Weinstein, 2003)

  1. Desapegarse ante la exaltación del yo, nuestro yo es un regalo, nuestro yo es misterioso. El egoísmo, el egocentrismo, la hipertrofia del yo, nos colocan fuera de nuestra situación ontológica y existencial.

  2. Experienciar el encuentro en él tú. La posibilidad de comunicación profunda. La intuición, la imagen del yo del otro Es la instancia del diálogo. La vivencia del misterio y la trascendencia del tú y con ello el compañerismo existencial

  3. Vivir la relación con la naturaleza. Es la contemplación de la montaña, el bosque, el desierto, el mar, es encontrar una orquídea en el campo, es ver levantarse un animal recién nacido.

  4. Palpar el diferente tenor de la relación con un objeto, la distinción entre el espíritu geométrico y el de fineza El yo-tú y el yo-ello (Buber,1967)

  5. Asumir la autobiografía, los grandes hitos, la emergencia del proyecto de vida

  6. Representarse a sí mismo en forma integral con las sub personalidades, con la sombra, con las máscaras, con la corporalidad

  7. Visualizar la relación con el todo. Meditar hasta el silencio mental. Sentir la continuidad con lo que está fuera de nuestro saco de piel

La necesidad de sentido como pilar de la ecología del yo

Podemos hablar, en extrema síntesis, de tres grandes necesidades humanas: la de conservación, la de acrecentamiento de lo propio y la de sentido

Tendemos a mantener lo que somos, lo que tenemos, en qué estamos. Ya se trate de nuestra integridad corporal, de la vivencia de yo, de los vínculos, de las ideas, de la propiedad, de la actividad…algo nos lleva a no perder, a seguir en lo que estamos. Es nuestra dimensión conservadora, parte de lo humano, de acérrimos monarquistas y de elevados anarquistas.

La conservación se modula con el cambio: se mantienen las leyes de la fisiología y de la bioquímica a la par que se renuevan las células, vamos vivenciando nuevas experiencias, buscando logros, disfrutes, adquiriendo posesiones, conocimientos, adhesiones y poderes.

Conservar y acrecentar, continuar y crear, la conocida modulación entre lo conservador y el presunto progreso, entre la seguridad y la apertura, de algún modo, también, entre el orden y la innovación.

En un momento dado de la evolución se diferencia la necesidad de sentido. Conservar, continuar, ordenar o acrecentar, innovar, crear…para qué, por qué. Es la pregunta frente a cualquiera instancia de nuestro proyecto. Es lo que no atisbaba el soldado autoritario al que interpelaba el Maestro de Neruda. Cuál es el sentido de trabajar o hacer una visita, de votar, de casarse, de optar por tal o cual orientación en el ahorro o en la vida espiritual…La necesidad de sentido está asociada a la búsqueda de dirección, de significado, de “llene”, de plenitud existencial, más allá o más acá de las ideas, de los marcos referenciales estructurados en torno a creencias o ideas. Puede expresarse como encarnada, no disociable, aparentemente, de la presencia de afectos, de nociones éticas, del experienciar estético, de rituales y rutinas. Es como el sentido “en sí” sin un preguntar básico, muy asociada a la conservación y a la creatividad, del goce, del placer funcional, del poder, del deber sin autonomía y de la auto actualización sin visión de trascendencia.

En la ecología del yo el sentido está asociado a la confianza básica. Hay una fe en que la suerte de cada persona, de cada yo, envuelto en misterio, apunta al misterio del ser. De allí una respuesta, una responsabilidad por la vida de uno y de los otros, por lo humano, por el proceso de humanización, por la primacía de lo espiritual

Mi yo viene de otro lado, yo no lo creé. Lo puedo vincular al ser. El ser y yo somos misteriosos, pero mostramos una coherencia. Hay una evolución. Hay una historia de quince mil millones de años, hay el milagro de que el universo se mantenga y de que exista él yo De que podamos comunicarnos.

No somos ni totalmente libres, ni totalmente determinados Contamos con un espacio de decisión, de elección… Ese es el lugar de encarnación de la espiritualidad a través de la ecología del yo. El yo, arbitrando relaciones con su persona y con el mundo, nutrido por la espiritualidad, desde el asumir su propio misterio, está en condiciones de elegir su forma de relacionarse consigo mismo y con el mundo

Desde la espiritualidad, el yo es invitado a evolucionar, a espiritualizar la vida. Si el compromiso es profundo, podemos hablar de una militancia en la vida, con una base espiritual y existencial

Espiritualidad y militancia en la vida

Desde nuestro centro, nuestro yo, nos vivimos en el mundo, puestos en la vida, debiendo asumir la vida. Desde una perspectiva ecológica la vida y nosotros mismos se nos presentan más o menos abiertos, más o menos invitantes a nuestra intervención. En la medida que ahondamos en la tensión entre egoísmo y altruismo y que abrimos nuestra imaginación, tenemos al frente nuevas opciones.

La militancia en la vida implica un tomar un referente que nos trasciende, la vida. Asumir su promoción. Desde el referente espiritual existencial, nuestro yo nos interpela en el sentido de que esa vida, la nuestra, tiene valor, como la del otro significativo, él tú, como la de los seres en su conjunto que cuentan con un yo, los humanos, la humanidad... Nuestra misión está acotada por nuestras posibilidades Somos seres finitos que requerimos de elecciones, de jerarquizaciones. En relación con la vida, nuestra misión es el ser humano…unido a la vida, en armonía con la naturaleza. En lo concerniente a los humanos, es la ecuación de la ecología del yo al servicio de la espiritualidad, nosotros mismos con los otros, con lo otro

Militancia…sentido, compromiso de conservar y cambiar la vida, aportando el sentido humano, la cooperación con la vida, la evolución.

La evolución humana implica el paso de la violencia y el individualismo a la sinergia en la relación de iguales en la diversidad; el tránsito de la banalidad consumista y espectadora a la conducta guiada por la espiritualidad; la transformación que va de la rigidez del dogma y los prejuicios a la apertura a la incertidumbre y la vecindad del misterio

Hoy la militancia en la mejoría de la vida se diluye en migajas en el pacifismo y los derechos humanos, en la ecología y el movimiento feminista, en el trabajo voluntario y en la mirada holística a la educación y la salud y la multiplicidad de iniciativas que van vitalizando la espiritualidad, en la crítica al sistema y la educación para un nuevo paradigma, en prácticas individuales de desarrollo personal, actividades comunitarias y esfuerzos para hacer otra forma de intervención política.

Ante la crisis de la evolución se abre una gran oportunidad para revisar las bases de la cultura y cooperar en un proceso de humanización. Pasar de la globalización financiera a la comunidad planetaria, de la depredación suicida de la naturaleza a una armonía en que se sumen lo que aporta la ética y la estética, la consideración del presente y la visión de sustentabilidad.

La militancia en la vida, guiada por la espiritualidad, cuenta para sus propósitos con los gérmenes de espiritualidad. El amor de pareja, la amistad, la belleza del crepúsculo, el concierto de Bach, las gracias de los niños, la solidaridad en el vecindario, la abnegación del educador en su población…un arco iris de vivencias y de iniciativas que son las aliadas naturales, los cimientos, del renacer, desde la espiritualidad, del deseado movimiento de convergencia de redes de quienes están por la defensa y la profundización de la vida, por el enlace del cambio cultural y el desarrollo de las conciencias

Al final, estamos en el momento del encuentro de dos referentes: la profundización interior y la integración, hondura y extensión. Hondura, sin perder visión de conjunto. Extensión, sin dejar a un lado la profundidad. Un camino de acción sustentado en la meditación, el diálogo, la reflexión. Un encuentro de lo individual y lo social. De lo inmanente y lo trascendente. De aceptación de la incertidumbre y el misterio y del imperativo de compromiso en el cambiar la vida. Se trata de diferentes instancias propias de una racionalidad integradora, de la búsqueda de trascender aparentes dicotomías que separan a teóricos y empíricos, a afectivos y racionales, a buscadores y realizadores.

En el proceso de proyectar la espiritualidad hacia la humanización, hacia el yo en disposición ecológica, la salida de sí hacia los otros y lo otro se alimenta con la profundidad y la dignidad que existe en todos lo humanos.

x


Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

La Espiritualidad y El Yo Como Bases de Una Militancia En La Vida icon¿Cómo esbozamos un retrato de la vida y el carácter de una persona...

La Espiritualidad y El Yo Como Bases de Una Militancia En La Vida iconPartimos desde la intuiciòn, como guìa para una primera navegaciòn...

La Espiritualidad y El Yo Como Bases de Una Militancia En La Vida iconSe caracterizan por tener una visión romántica de la vida, haciendo...

La Espiritualidad y El Yo Como Bases de Una Militancia En La Vida iconUrsula y Gudrun Brangwen se sentaban una maña­na en el balcón de...
«Es una mujer lista.» Acababa de volver de Londres, donde había pasado varios años trabajando en una academia de arte como estudiante...

La Espiritualidad y El Yo Como Bases de Una Militancia En La Vida iconCuento de Navidad. La niña de los fósforos
«¡ritch!». ¡Cómo chispeó y cómo quemaba! Dio una llama clara, cálida, como una lucecita, cuando la resguardó con la mano; una luz...

La Espiritualidad y El Yo Como Bases de Una Militancia En La Vida iconBases bases fitxa d’inscripcio/ficha de inscripcióN

La Espiritualidad y El Yo Como Bases de Una Militancia En La Vida iconLa Nixie Machine realizada por Frank Buchwald para M. A. D. Gallery...
«ingeniería pesada», tal y como él mismo lo denomina y del que ya sentó las bases con su serie Machine Lights. Su impresionante diseño...

La Espiritualidad y El Yo Como Bases de Una Militancia En La Vida iconLuis cernuda vida
«un país donde todo nace muerto, vive muerto y muere muerto», como dirá en Desolación de la Quimera. La consciencia de su aislamiento...

La Espiritualidad y El Yo Como Bases de Una Militancia En La Vida iconEspiritualidad misionera según la encilica "redemptoris missio"
«enviado», el misionero experimenta la presencia consoladora de Cristo, que lo acompaña en todo momento de su vida. «No tengas miedo...

La Espiritualidad y El Yo Como Bases de Una Militancia En La Vida iconPracticando el poder del ahora
«Quizá solamente una vez cada diez años, incluso una vez cada generación, surge un libro como El Poder del Ahora. Hay en él una energía...






© 2015
contactos
l.exam-10.com