Para situar la poesía de sa, empezaré por recurrir a dos coordenadas, por una parte Cavafis y Seferis, y por otra Takis Sinópulos, y colocar a estos en su






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fecha de publicación03.04.2017
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Sarantis Antíocos

PROHGMENOS KYKLOS



Para situar la poesía de SA, empezaré por recurrir a dos coordenadas, por una parte Cavafis y Seferis, y por otra Takis Sinópulos, y colocar a estos en su contexto. Los dos primeros, nacidos en 1863 y 1900 respectivamente, dan un nuevo carácter al tratamiento de los temas del mundo clásico y lo que en otros poetas, como Palamás o Sikelianos, era mesianismo o esteticismo, se presenta, a partir de ellos, con los rasgos humanos de la tragedia y la fugacidad. Por otra parte, Seferis pertenece a la llamada “generación del 30” , cuya poesía, que se produce en el período de entre guerras y sobre todo en el momento de la guerra civil y la ocupación nazi, abrirá nuevos cauces a la lírica griega moderna bajo la influencia de la europea (Valéry, Eliot, Mallarmé, el surrealismo). Sinópulos, que nace en 1917, marcado también por la guerra, se incorpora con naturalidad a esa apertura, siendo él mismo traductor de Montherland, Apollinaire, Tzara y Eliot.

SA seguirá por estos andeles. Nace el poeta en la isla de Zante en 1938 y vive durante su infancia la guerra civil, si bien lo que pesa en sus poemas se remontan ante todo a los acontecimientos de los años 50 y los agitados años 60 que le harán partir hacia el exilio. Las experiencias vividas en este período en el campo intelectual, concretamente el del teatro (a partir de 1965 es director del Festival de Teatro Popular y Medieval, llevando a cabo a la vez la labor erudita de recoger algunos textos conservados sólo por tradición oral) se reflejará en su obra poética, que ve la luz por primera vez en 1964 bajo el título Hojas de un diario. Los ocho años de exilio le arrancan de raíz e interrumpen también su creación, que, sin embargo, se reanuda posteriormente siguiendo una tónica análoga: Fósiles (1966-1981), Grecian stones (1966-1981-), para dar un giro hacia un nuevo lenguaje a partir de Marginalia, que data de 1981.

Estos dos claros aspectos de su poesía se ajustan no sólo a aquellas coordenadas a las que me he referido, sino a los avatares de su vida que le llevan de Grecia a Inglaterra, de nuevo a Grecia y a España y luego a Luxemburgo para volver a España donde reside ahora, en sucesiva serie de comienzos que se apoyan solamente en el bagaje cultural, las “piedras salvavidas”, como dice en Grecian stones, piedras que, sin embargo, están flotando en el mar, inmenso y móvil.

Ese transcurrir, transcurrir del hombre y del tiempo, y este no hallar asidero más que en plataformas flotantes, es decir, que siguen también ellas en movimiento, es la base de la temática de SA, así como la limitación que de ese hecho mismo se desprende: imposibilidad de captar en su totalidad la realidad. Vive el hombre y esas sucesiones vitales son un continuo partir, muerte relativa que el poeta acepta con naturalidad desde los primeros poemas (“Tendrás que partir/ solamente quedará un recuerdo”). Pero eso entraña un nuevo renacer cuyo asiento o patria no es necesariamente concreto, puede ser cualquier playa. La Ítaca de Antíocos –en contraposición a la de Cavafis- no es aquel lugar al que ineluctablemente vuelve el hombre después de vivir sus aventuras, excusa del viaje y reveladora de su significado, sino un lugar inexistente o lo que es lo mismo: todo lugar (“Puedo encontrar allí la ansiada Ítaca,/ la patria que busco, / aunque no se llame Ítaca. […] Cada puerto me dará la alegría de la patria”).

Aceptando ese sino, el poeta, como poeta, da un paso más, se despoja de toda amarra y se lanza a la oscuridad identificándose con “un barco autopropulsado de reconocimiento del caos”. Movimiento, oscuridad hacia la que se avanza, y parcialidad del conocimiento, pues del mismo modo que los restos que nos deja la historia son kores mutiladas, episodios truncos conservados en narraciones, nombres evocadores a veces sin rostro, en la mente queda sólo el fragmento de recuerdo o la visión (“lenta se hunde la visión/ disminuye la imagen/ tesela a tesela va cayendo el primer mosaico”). No hay tragedia en ello, es también aceptado, pero a veces su contemplación deja una estela de nostalgia y se lanza al aire una pregunta (“Sonidos fragmentados/ ahora/ qué dedos recibirán el ritmo/ en los plectros de nuestros corazones.”)

He ahí un punto importante, tan importante como para identificarse con la misma Ítaca: la nostalgia (“una isla […] para que vaya a hacerse tierra nuestra nostalgia”), aquello que nos hace rellenar con evocación los vacíos de las ruinas, ese pasado –Ítaca sea cual sea- donde el poeta halla raíz –“las piedras salvavidas”, “la línea griega perfecta” –objeto de su búsqueda [(“y ahora / pasemos las noches estudiando […] soñando: / aquí las murallas el puerto el ágora”)]. A pesar de lo cual Antíocos no se deja engañar por esas voces, tiene conciencia de que aunque se halle en ellas la clave de su identidad, esa misma identidad, al proporcionar un rostro, concreta y aprisiona (“si no nos hemos hundido, hermana,/ si no hemos levantado el vuelo, /es porque en la superficie nos mantienen esas grandes piedras;/ pesados salvavidas otorgados por los dioses” […])

Tal vez mayor seguridad que en las piedras, que le hacen flotar, la halle el poeta en el mismo mar, como él en continuo movimiento, y, por lo tanto, afín intrínsecamente (“y soy hijo del mar –lo sabes/[…] y he salido al mar desde muy joven.”) El mar, además, a pesar del movimiento, es igual a sí mismo, es pues, una forma de identidad y en este sentido casi salvador y por ello se contrapone al tiempo. [“y Aulide no existe ya […] nos cercan las cenizas de los altares/ y el mar”]. Un mar que acompaña al poeta –hijo de una isla- haciéndose presente hasta en la meseta castellana [“Oh, mar/ multipétalo del Eoceno/ vida virgen inocencia/ te busco como pincelada de almorta/ para alegrar/ el acre solemne de la tierra”].

En este universo movedizo y fugitivo en el que cuando algo permanece es porque se ha petrificado, ya sea un recuerdo fósil o una melodía suspendida, un trágico elemento está siempre amenazando: la guerra (“Hemos hallado a l g o donde agarrarnos. // No se puede. / las trompetas harán sonar la conquista/ de Jericó/ al ocaso.”) La guerra y las duras etapas de la renaciente historia, ya sea de Grecia o de España.

Todo ello constituye, a pesar de esos toques de sangre, un mundo evanescente donde cabe la belleza, a veces sólo por contraste con el “absurdo delirio de la muerte” (“y florece la albahaca en las trincheras”); un mundo expresado con nobleza, sin buscar nunca el efecto a no ser que venga dado en la misma simplicidad del estilo.

En uno de sus libros, Marginalia, SA cita unas palabras de Juan Ramón Jiménez que dicen: “No hay verso y prosa”, y otras de El Greco que por un lado afirman: “En arte no se puede poner en palabras las cosas” y por otro que Miguel Ángel dijo: “todos aquellos que trataban de medidas eran grandes estúpidos y desgraciados”. Nos sitúa, pues, el poeta abiertamente en un mundo donde impera el relativismo, los márgenes están rotos –fenómeno típico del arte del siglo XX- y no cabe la rigidez. Sin embargo, también los textos a renglón seguido de SA –aunque “no hay verso y prosa”- figuran en un libro que es una recopilación poética. Esto no es una innovación, pero me atrevería a decir que SA lo hace de un modo distinto a los demás pues no busca expresar un pensamiento poético escueto sin “versificarlo”, sino alcanzar una expresión efectiva de su aproximación a la realidad, por lo que su enfoque es múltiple y parcial a la vez y su tono en ocasiones coloquial. No obstante se trata de poesía, pues poesía es esa capacidad de sugerir de forma emotiva y, con pocos medios, un contenido cuyos límites, a veces, desconoce el mismo poeta. Por ello es poesía tanto un haiku como un poema extenso o simplemente más desarrollado–en ocasiones complejo y lleno de ecos eruditos, así en Metamorfosis o Preludios para Zante-, como son poesía los juegos llevados a cabo con las palabras de Confusión de aromas, o el libro al que este ciclo pertenece, Ventana a Mediodía, el atrevidísimo De por sí o la llamativa serie Onirama, realizada con palabras en español, donde no sólo juega sino que forma figuras lineales o geométricas con la escritura, siempre con un clacisismo impecable, esa “línea griega perfecta”. En otras ocasiones mezcla poemas e imágenes fotográficas modificadas hacia una apariencia estriada, enormemente sugerentes, como en la serie Serpentinata, también escrita en castellano.

En Metamorfosis o Preludios para Zante, se parte de la historia para ofrecernos algunos datos mediante una expresión culta, nueva y multidimensional. Referencias a Homero, Virgilio y otros autores llegan hasta nosotros desde un singular punto de partida: cada poema empieza con una de las 24 letras del alfabeto griego, y hay más palabras con esa misma letra en el poema, en comparación con lo habitual y también con los demás poemas. Tales son en este caso los juegos, las resonancias, aliteraciones y correspondencias, que la traducción es, de hecho, imposible.

Marginalia B (1983-1987), remite igualmente a temas históricos, así en los Cuadernos de Menesteo o la referencia al navegante Pitéo. En Doble filo, versos soterradamente patrióticos, dice el mismo poeta, tienen en las páginas del libro la imagen de un hacha!

Pero SA llega al máximo de ruptura con la entrega de De por sí (1999-2000), de un expresionismo postmoderno, filiación manierista. Se diría una nueva poesía social. Los versos se desarrollan en varios planos, de modo que siendo su expresión coloquial, su contenido es a la vez muy erudito. Cabe destacar, una vez más, la resonancia de las palabras de estos versos hasta extremos que impiden su traducción. SA, en ocasiones, usa exclusivamente lo esencial del lenguaje: verbo, adjetivo y nombre.

*
Los poemas de SA que mejor conozco son los de Marginalia, pues fueron editados en traducción castellana hace bastantes años. La impresión que me causaron desde un principio fue la de pequeños cortos cinematográficos, a modo de “ensiemplos” o fábulas modernas, que nos hablan teóricamente de cosas muy determinadas –a veces personales, por lo que la complejidad de su contenido nos escapa, otras en relación con el momento histórico- y donde se emplea una técnica muy peculiar. Del mundo más bien evanescente de su obra anterior, pasamos a un mundo vivaz, con una serie de elementos propios tanto desde el punto de vista formal como desde el sentir que expresa.

Al hecho de que los textos estén escritos a renglón seguido, hay que añadir las continuas interpolaciones que fragmentan la frase y a veces la palabra, dando una visión real del proceso mental y vivido –sin ser nunca escritura automática- para lo cual utiliza con profusión los interrogantes, los paréntesis, el guión que quiebra una palabra, las mayúsculas, las citas en un idioma extranjero o la referencia a personajes utilizando sólo la inicial de su nombre. Todo ello está al servicio de la visión del mundo que nos transmite: ese relativismo a ultranza tan suyo, donde la parcialidad del conocimiento se hace evidente hasta cobrar el valor de una certeza. Por eso el poeta puede sonreír y seguir preguntando. Así por ejemplo, tras una afirmación sigue con frecuencia una pregunta sobre ella, como en el poema 3: “Desde arriba me llamaba (¿qué decía?) el Conde”. En cuanto al paréntesis con frecuencia amplía una información. En el poema 4, por ejemplo, se pregunta por “la visita de las (blindadas) mulas?” , o bien sirve para puntualizar, así en el poema 8: “PETER MACRIDGE no quiere a Cajtitsis (que ya está muerto)”. “Esto hace que A. telefonee a N. (en Atenas)”. En otras ocasiones lo escrito entre paréntesis da una precisión temporal, así en el poema 15. “has conseguido venir (final de julio)”, o se utiliza para dar un giro a la descripción y hacer que nos fijemos en otra cosa, como en el poema 27, donde se pasa de expresar una situación interna del poeta a una externa a él: “y el sueño? Otra maldita espina (del cactus) en la ventana. Allá la vida corre por la Avenida del Mediterráneo”.

Este tipo de giro no siempre lo introduce un paréntesis, sino que con frecuencia viene dado por los últimos versos (poema 21, 36, 1). Con él nos da a entender también la no fijación de la mente capaz de responder a distintos estímulos, lo que puede causar un cambio de humor y por ello, a menudo, introduce la ironía (poemas 8, 13, 31, 0 36.Concretamente en este último se produce un ambiente sombrío, se habla del agobio, la imposible huída, el cielo encapotado, la ciudad como cul-de-sac, las nubes tormentosas y se acaba: “y, encima, (con sombrero) el Partenón”). En general, esos finales donde se ha producido un giro de visión y sentir, iluminan el poema entero precisamente al permitir que se perciba ese aspecto, en contraste, de la realidad.

Con más dificultad capta el lector no griego los efectos análogos producidos por la ruptura de palabras y la polisemia, si bien, incluso a través de la traducción, en el caso de Marginalia, eso se intuye, porque en todos los textos, en el fondo, de lo que se nos habla es de esa irrevocable relatividad de todo. El hombre, ¿existe en realidad? Ciencia y filosofía platónica y hasta zoroastriana parecen planear sobre una cuestión así. En el poema 32 se dice: “No eres tú. Es la luz (tu luz) que está viajando en la memoria hiperbórea”. Como en los primeros poemas de SA, en este libro todo oscila entre la visión –la máscara, pues la parcialidad ya es un enmascaramiento- y en la realidad (poema 1) todo está inserto en la fugacidad y por todo ello escapa al conocimiento, pero el poeta da un paso más: aunque el hombre sea luz que viaja en la memoria, hay un saber de esa memoria y debe existir esa memoria, es decir, aunque el relativismo es total, hay alguna realidad –un a modo de pienso luego existo- y, concretamente para el poeta, es la poesía –aunque sea el mensaje en las piernas de R. (realidad)-; y el poema, al atraparlo, permite un mínimo margen de conocimiento –tal vez el de la propia ignorancia-, pero algo al fin. Por ello SA, al constatar todo eso, no cae en un pesimismo sin salida, al contrario, se afirma en la medida que le es posible, y lo hace por medio de la palabra, porque el silencio es la inexistencia: “Silencio total. Inexistencia ilimitada”, afirma el poema 35. De ahí que uno de sus temas en esta obra sea la palabra, y el poeta rechace en cierto modo el le aguaje sin palabras que propone Darío Fo, pues reconociendo la realidad tal cual es –con ciertos inexplicables asideros- se pone a continuar aunque la vida humana sea a sus ojos como la reproducción de la del mitológico Sísifo, aunque ni siquiera dos palabras iguales lo parezcan según las fonotipias de Cape.
*
Y aunque estemos hablando de poesía y celebrando esta espléndida antología Ciclo avanzado, tan cuidada de sus poemas, aparecida en Grecia, quiero destacar también su prosa. SA es escéptico y realista. Cuando un trabajo ha cumplido su misión deja de pensar en él. Es vano decirle nada. Y, sin embargo, su estancia en España ha sido motivo de varias conferencias, podríamos decir comparativísticas, donde se destacan vínculos o puntos de conexión entre las culturas de ambos países, por ejemplo cómo expresaron sus impresiones los antiguos viajeros griegos que visitaron nuestra tierra o la relación entre El Greco y Cervantes. Digo ahora en público lo que le he dicho mil veces personalmente: debe reunir estos trabajos y publicaros pues son textos de máximo interés tanto para Grecia como para España y de una gran calidad y eficacia literaria.

Estos mismos nexos entre los dos países surgen también en su poesía, desde aquel Orontes o Tajo de la VENTANA A MEDIODÍA hasta Cuadernos de Menesteo, de MARGINALIA B´. La discreción de S es tan extremada que incluso ante sí mismo oculta su valor. Yo me congratulo enormemente de un acto como el de hoy y espero que sea un impulso para que, si no él, alguien entre en su desván y se ponga a descubrir todo lo que tiene allí enterrado en carpetas.
Clara Janés

(texto leido en la presentación del libro en la Fundación Pastor, 29 de abril de 2009)





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