Racismo, ¿conducta natural o cultural?






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SEXUALIDAD Y CONDUCTAS SEXUALES: ¿NATURALEZA O CULTURA?


En este ensayo vamos a tratar el tema del sexo, la sexualidad y las conductas sexuales, discutiendo si son naturaleza o cultura, o una mezcla de ambas. Incidiremos en la cuestión de la homosexualidad, bajo el supuesto de que es el resultado de factores naturales y culturales combinados, y diremos algo acerca de la imposición cultural de la heterosexualidad. Por último, abordaremos el tema de la intersexualidad y los problemas que conlleva.

Para llevar a cabo un ensayo sobre la sexualidad, primero, es necesario conocer el significado de este término. Consideraremos que la sexualidad es “la expresión del instinto sexual o la actitud de los individuos en relación con la actividad sexual, que constituye un fenómeno social de primer orden, condicionado por la evolución de las ideas y creencias (…)” (Gran Enciclopedia Universal ASURI. Bilbao, 1990. Tomo 19). Como vemos, la sexualidad es el resultado del cruce de la naturaleza con la estructura social y responde, por tanto, a condiciones sociales determinadas por el contexto. La sexualidad tiene un componente natural o biológico, pero también otro cultural. Es, pues, el resultado de la mezcla de ambos.

Comenzando por el componente natural, éste se hace patente desde el momento en que reconocemos que el fin último del acto sexual es la reproducción, hecho necesario en la naturaleza para la perpetuación de las especies. El instinto sexual no solo existe en los humanos, sino también en los animales. Muchos de ellos presentan etapas de celo, en las que necesitan realizar el acto sexual que, en su caso, está controlado por el instinto y tiene el fin único de la reproducción. En cambio, los humanos no tienen esa época de necesidad, sino que están continuamente en disposición de practicar el sexo. Por eso, puede considerarse que los seres humanos buscan, más que la reproducción, la satisfacción de ese deseo. Además, en el caso del ser humano, a diferencia que en el resto de animales, el sexo está influido, como ya hemos dicho, por factores culturales, y no solo por el instinto animal.

Pasemos ahora al componente cultural. A lo largo de la historia, la sexualidad siempre ha estado moldeada por el contexto social. Actualmente, vivimos en un sistema neocapitalista, cuyo desarrollo se basa en el consumismo; un consumismo casi impulsivo que domina todos los ámbitos sociales, incluido el de la sexualidad. Dicho consumismo se construye a partir del deseo y del sentimiento de placer que nace de la satisfacción del mismo. El placer se sitúa por encima de la necesidad. Por tanto, en el contexto de las sociedades neocapitalistas actuales, la sexualidad de los seres humanos, cada vez más, tiene por fin, no la reproducción (aunque, por supuesto, sigue siendo uno importante), sino la satisfacción de ese deseo.

Sin embargo, no siempre hemos vivido en este sistema, y la concepción de la sexualidad, el sexo y las conductas sexuales ha sido muy diferente en otras épocas históricas. En el antiguo Egipto, por ejemplo, el incesto estaba permitido. En la Grecia clásica, se admitía el travestismo, la transexualidad, la masturbación y otras prácticas posteriormente perseguidas. Durante el Imperio Romano, el aborto, la anticoncepción y la homosexualidad eran habituales. De todas formas, no hace falta ir tan lejos. Los estamentos del poder siempre han condicionado las actitudes ante al sexo. Entre estos, las religiones han sido muy influyentes y, hoy en día, cuando han perdido parte del peso que tuvieron hasta hace no mucho, se aprecia una diferencia notable con la situación de hace escasas décadas. Por ejemplo, aquí mismo, en España, hasta hace unos años, no se hablaba de sexo en público y se consideraba que la finalidad del acto sexual no era otra que la reproducción, por lo que no se podían mantener relaciones sexuales hasta el matrimonio y estaban prohibidos los anticonceptivos. En cambio, actualmente, la práctica del sexo con fines no reproductivos está normalizada.

Además de las diferencias históricas mencionadas, también existen diferencias entre las distintas culturas del presente. Mientras que, en Occidente, se ha progresado en todo lo relativo al sexo, en muchos países árabes se siguen teniendo en cuenta los preceptos de la religión islámica. Además, en muchas tribus de África y otras zonas, se siguen llevando a cabo tradiciones cruentas como la circuncisión y la ablación genital femenina.

Sin embargo, existen ciertos elementos que han permanecido constantes. En todos los lugares, a pesar de la diversidad de tradiciones, y en las distintas épocas, a lo largo de la historia, el hombre siempre ha tenido una posición de superioridad sobre la mujer, que se ha reflejado en el tema del sexo. En algunas culturas, como la nuestra, se ha avanzado mucho y, aunque años atrás la sexualidad estaba dominada totalmente por el hombre, cada vez más la mujer deja de estar subordinada y comienzan a tener el mismo papel. Por desgracia, este progreso no se da en todas las culturas. En muchos países islámicos, las mujeres son víctimas de ciertas ideas sobre la sexualidad que legitiman a los hombres a hacer con ellas cuanto les plazca. Las mujeres son consideradas como posesiones, como propiedades de los hombres, y la mayoría de ellas lo asumen porque creen que es lo normal, aunque no debería ser así.

Con estos ejemplos, y otros que podrían ponerse, se ve de forma clara que la sexualidad está influida por la cultura y que no todo el mundo la concibe de la misma manera. No hay un modelo universal, sino que viene dado por las costumbres y tradiciones de los distintos lugares, que han ido cambiando a lo largo del tiempo.

Hasta ahora, hemos intentado explicar qué es la sexualidad y por qué es una mezcla de naturaleza y cultura. En adelante, vamos a analizar un par de cuestiones diferentes, aunque relacionadas, en el fondo, con lo anterior: la homosexualidad y la intersexualidad.

En occidente, la heterosexualidad es vista como algo natural y, por tanto, como lo “normal”, lo “bueno” y lo “correcto”. Por el contrario, la homosexualidad es considerada como algo “anormal”, como una desviación, algo que no es del todo “bueno”. Esta imagen no se ajusta a la realidad. La homosexualidad, al igual que la heterosexualidad, es algo natural, ya que, en la naturaleza, también se dan prácticas homosexuales. Aristóteles, por ejemplo, describió casos de lesbianismo entre las hienas. También entre los pingüinos es conocida la presencia de prácticas homosexuales: una de cada cinco parejas de pingüinos en cautividad es del mismo sexo. Los ejemplos se pueden multiplicar.

La homosexualidad humana es conocida desde hace mucho tiempo y, en algunas culturas, ha sido aceptada. Sin embargo, en Occidente, se ha perseguido debido a causas culturales, como la censura religiosa, que ha permanecido durante muchos años. Actualmente, se ha avanzado mucho con respecto a esto y, en muchos países, se han aceptado las relaciones y los matrimonios de personas del mismo sexo. Pero la heterosexualidad sigue siendo considerada como lo “normal”, frente a la homosexualidad. El modelo heterosexual está muy interiorizado, y ya desde pequeños, los niños siguen ese ejemplo y actúan de ese modo, simplemente, por presión social.

Ahora, voy a hacer referencia a la intersexualidad, aunque más bien a modo de curiosidad. Los denominados “intersexuales” son personas que tienen características de ambos sexos, y pueden elegir uno de ellos. Por tanto, por naturaleza, los intersexuales no son ni hombres ni mujeres. Sin embargo, entre nosotros, la cultura intenta imponerles uno de los dos sexos. A menudo, es el médico el que elige el sexo que más fácil resulte para la cirugía, y esto puede ocasionar problemas, como que la persona intervenida no se sienta a gusto con el cuerpo que se le ha impuesto. Con todo, nuestra cultura, que, en parte, ha generado el problema, permite también ponerle solución con las operaciones de cambio de sexo, aunque son costosas y complicadas. El tratamiento de los intersexuales en otras sociedades ha sido diferente. En muchos lugares, la intersexualidad ha sido reconocida como un “tercer sexo”. En algunas tribus, a los miembros de este “tercer sexo” solía asignárseles ciertas funciones rituales de gran prestigio social.

Después de todo lo expuesto, podemos concluir que la sexualidad es algo que nos viene dado por instinto, por naturaleza, y que, además, es algo totalmente normal y necesario para la reproducción. Pero, en cambio, a diferencia de los animales, los seres humanos nos distinguimos porque nuestra sexualidad está muy influida por la cultura. Por eso, aunque, en principio, el fin último del sexo es la reproducción, cada vez más nos vamos alejando de ese objetivo y son ya muchos los que solo buscan en el sexo la satisfacción de un deseo. La influencia de la cultura se aprecia en que, a lo largo del tiempo y en las distintos lugares, la forma de entender la sexualidad ha cambiando. Pero una constante ha sido que siempre ha dominado el hombre sobre la mujer. Asimismo, la sexualidad ha estado siempre dirigida por organismos de poder y ha sido empleada para asegurar el orden social. Sin embargo, en los últimos años, se está observando un notable cambio. Las minorías, que hasta ahora habían sido marginadas y rechazadas, comienzan a organizarse contra los poderes dominantes, como ocurre en el caso de los homosexuales, que, sin embargo, tienen que seguir luchando contra un modelo de heterosexualidad impuesto como norma a seguir. Lo mismo ocurre con otras minorías, como es el caso de los intersexuales.

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