La filósofa feminista estadounidense Judith Butler dirige con fuerza su pensamiento hacia la discusión de las categorías de género, de sexo y de identidad. Este






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Cuerpos que hablan

Elvira Burgos Díaz

Universidad de Zaragoza
La filósofa feminista estadounidense Judith Butler dirige con fuerza su pensamiento hacia la discusión de las categorías de género, de sexo y de identidad. Este es un trabajo que Butler va desarrollando desde sus primeros ensayos feministas. En Gender Trouble, su obra más conocida internacionalmente, la formulación de este decisivo tema logra una gran precisión y rigor argumentativo.

La relación entre sexo, género y deseo va a ser dislocada por Butler; pensada de nuevo quebrando el orden tradicional en el que los elementos se hacían encajar de acuerdo con la norma de la coherencia y estabilidad y de la regla de la naturalidad de los sexos y de la práctica de la heterosexualidad. La crítica de Butler incluye, obviamente, también la disputa de formulaciones propias de la teoría feminista. La separación entre sexo y género, que Butler encontraba ya apuntada en El segundo sexo de Simone de Beauvoir, es subrayada en Gender Trouble como punto de arranque del cuestionamiento tanto del binarismo de género, de la idea de que los géneros han de ser dos, como de la naturalidad del sexo mismo. Más allá del apoyo que desde el principio encuentran sus tesis en los textos de Monique Wittig y de Michel Foucault fundamentalmente, las sucesivas y penetrantes interrogaciones que en Gender Trouble se enlazan unas con otras evidencian cómo sus críticas se han ido afianzando progresivamente con la amplitud de sus argumentaciones y con la extensión de sus fuentes de referencia1:

¿Podemos referirnos a un sexo "dado" o a un género "dado" sin investigar primero cómo se da el sexo y/o el género y a través de qué medios? ¿Y qué es el "sexo" a fin de cuentas? ¿Es natural, anatómico, cromosómico u hormonal, y cómo puede una crítica feminista valorar los discursos científicos que pretenden establecer tales "hechos"? ¿Tiene el sexo una historia? ¿Posee cada sexo una historia diferente, o varias historias? ¿Hay una historia de cómo se estableció la dualidad del sexo, una genealogía que presente las opciones binarias como una construcción variable? ¿Los hechos supuestamente naturales del sexo se producen discursivamente por medio de diversos discursos científicos al servicio de otros intereses políticos y sociales?2.

El acento interrogativo de estas enunciaciones, contrarias a la idea de la naturalidad del sexo, indican la conveniencia de insistir en la investigación de estas cuestiones que no teniendo un significado claro e inmediato y que no hallando una respuesta directa y única son problemáticas; son problemas que merecen seguir siendo pensados porque en ellos nos va la vida, sin duda. Que estos problemas son vitales, que afectan a las vidas de las personas, es uno de los aspectos que la obra de Butler ha sabido destacar con contundencia.

Nuestro propósito, en este trabajo, es, sin embargo, más modesto. No trataremos de presentar los hilos maestros de la filosofía de Butler sino de acercar su reflexión sobre el tema concreto de la relación entre cuerpo y lenguaje.
La materialidad de los cuerpos

En "How Bodies Come to Matter"3, además de en su Bodies that Matter4, Butler niega adscribirse al punto de vista del constructivismo radical, insistiendo en que lo que pretende mostrar es cómo la polémica entre el esencialismo y el constructivismo se funda en una paradoja de no fácil superación. Decir, como hace Butler reiteradamente, que no hay materialidad previa que pueda ser accesible al orden discursivo, puesto que si accedemos a ella, a la materialidad, es en tanto que está ya inserta en lo discursivo, no es afirmar que el cuerpo no es nada más que el producto de una construcción. El constructivismo halla aquí un límite. Este límite es el indicado por aquel "lugar" -la denominada materialidad previa; el cuerpo previo- al que la significación discursiva no puede acceder: "afirmar que el cuerpo es un referente escurridizo no es lo mismo que afirmar que es sólo y siempre construido. En algún sentido, esto es precisamente afirmar que existe un límite a la construcción, un lugar, por decirlo de alguna manera, donde la construcción necesariamente encuentra su límite"5.

Cierto que Butler, ella misma lo admite, desliza su análisis sobre el cuerpo hacia el campo del lenguaje. El "Prefacio" de Cuerpos que importan se inicia con las siguientes palabras: "Comencé a escribir este libro tratando de considerar la materialidad del cuerpo, pero pronto comprobé que pensar en la materialidad me arrastraba invariablemente a otros terrenos"6. Es Igualmente evidente su interés en dejar claro que el cuerpo no se reduce a lenguaje aunque sea compleja la vinculación entre cuerpo y lenguaje.

Uno de los subtítulos contenidos en esta obra de Butler, Bodies that Matter, nos arroja la pregunta: "Los cuerpos, ¿son puramente discursivos?"7. Esa supuesta materialidad del cuerpo, se nos dice ahí, a la que intentamos referirnos con términos lingüísticos es justo aquello que el lenguaje fracasa en captar pero que insistentemente intenta denotar. Es algo que el lenguaje "demanda" y que en ese sentido tiene que ver con el lenguaje aunque no es de modo estricto una parte del lenguaje. La materialidad formulada en el lenguaje "conservará esa postulación como su condición constitutiva". "La distinción absoluta", prosigue Butler, "entre lenguaje y materialidad que procuraba asegurar la función referencial del lenguaje socava radicalmente esa misma función"8, porque el lenguaje no puede indicar a aquello que ha sido postulado como radicalmente exterior a sí mismo. Mas, de aquí no se puede concluir ni que el cuerpo sea exclusivamente una realidad lingüística, como ya ha sido dicho, ni que el cuerpo no tenga que ver con el lenguaje. Materialidad y lenguaje no son, en último término, la misma cosa y, por otro lado, no dejan de estar profundamente imbricados en una mutua interdependencia. Butler dice: "el lenguaje y la materialidad nunca son completamente idénticos ni completamente diferentes"9.

Según Veronica Vasterling, un cierto acceso a los fenómenos que no conlleve a la vez su conocimiento o su entendimiento sí es posible. La vivencia fenomenológica del cuerpo es la que la autora considera en este contexto. De acuerdo con la fenomenología, el cuerpo es una materia que persiste y Vasterling relaciona esta concepción del cuerpo con un pasaje del texto de Butler donde se alude a la materialidad del cuerpo como algo que persiste y donde queda especificado que lo que persiste es "una demanda en y por el lenguaje"10, algo que requiere ser descrito, explicado, interpretado, analizado. A pesar de que Butler dedica algunos de sus ensayos a la revisión crítica de la orientación fenomenológica11, Vasterling, no obstante, detecta cierta aproximación hacia la fenomenología en el fragmento citado de Butler, convirtiendo aquello que persiste como "demanda en y por el lenguaje" en el "cuerpo ininteligible"12 al que tenemos acceso a través de la experiencia vivida. De este modo, Vasterling replica la tesis que vincula accesibilidad e inteligibilidad, y que ella lee en la obra de Butler como su principal postura epistemológica, mediante un punto de vista fenomenológico13 que asimismo, aunque sólo en momentos aislados y más implícita que explícitamente, detecta en Bodies that Matter.

La preocupación por lo abyecto14, muy presente en Butler y en concreto en este libro de Cuerpos que importan, no puede por menos que hacernos desestimar en este punto la crítica de Vasterling. Lo llamado abyecto por Butler es lo rechazado, lo considerado como no significativo, y como no vivible. El cuerpo abyecto sería así un cuerpo no inteligible, un cuerpo que no importa. A ese cuerpo abyecto hay acceso pero no a través de la vivencia fenomenológica pura sino mediante lo discursivo mismo, porque, y aquí está el nudo crucial para rebatir a Vasterling, Butler no da por supuesto el cuerpo abyecto como realidad previamente dada sino que afirma que el carácter de ininteligible, de abyecto, de ese cuerpo está instituido discursivamente. Lo excluido de la significación, lo que Butler llama, siguiendo a Derrida15, el ámbito del "exterior constitutivo", no es un "exterior absoluto" sino que está inmanentemente producido por y en el proceso de significación, con lo que tiene capacidad para irrumpir subvirtiendo los límites y las definiciones de las categorías hegemónicas. Ello implica que, por una parte, Butler no identifica sin más accesibilidad e inteligibilidad si bien sí asimila accesibilidad y lenguaje, pero entiéndase que ambas formulaciones no dicen lo mismo puesto que de ese ámbito de lo lingüístico deriva tanto lo inteligible como lo ininteligible, lo que se puede nombrar tanto como lo que no se puede nombrar; y, por otra parte, implica que la posibilidad de acción de lo despojado de inteligibilidad no depende de la fenomenológicamente inmediata vivencia corporal. En "How Bodies come to Matter"16, Butler afirma que la abyección es "un proceso discursivo" y afirma, además, que los "discursos habitan en los cuerpos", "son parte de su propia sangre vital"; no podemos considerar, entonces, que el proceso discursivo transcurre por un camino y el cuerpo vivido por otro distinto.

Mas, que el cuerpo, como el sexo y el género, ha de ser pensado desde el ángulo de las elaboraciones discursivas remite al núcleo central de la teoría de Butler que se expresa bajo el concepto de performatividad.
La performatividad de los actos de habla

Aunque la noción de performativad recorre el conjunto de la obra de Butler, es en su libro posterior Excitable Speech. A politics of the Performative17 donde atiende minuciosamente al modo del trabajo de la performatividad lingüística18, centrándose particularmente, en esta ocasión, en los actos de habla y en concreto en los actos de habla que hieren. Que hay actos de habla capaces de causarnos una herida es signo indicativo, claramente, de que somos seres lingüísticamente vulnerables. Y si podemos ser dañados por el lenguaje es porque necesitamos el lenguaje en orden a ser; necesitamos el lenguaje para dotarnos de existencia, para otorgar inteligibilidad a nuestra vida: este es un contundente razonamiento. El nombre que se nos impone al nacer es muestra de ello, el primer signo de que la nuestra es una existencia habitada en el lenguaje.

Incidir en el término herida, en que el lenguaje es capaz de producir una herida, semejante a un instrumento afilado cuya fuerza penetra con dolor la materia orgánica, es otro modo de traer a escena el complejo problema de la relación entre cuerpo y discurso que desde un encuadre diferente había sido tema de estudio en Bodies that Matter.

El lenguaje al que Butler califica con el término inglés de "excitable" es aquel que está "fuera de nuestro control"19. Y, para ella, esta es su hipótesis, en algún sentido el habla es siempre "excitable". Su argumentación a este respecto tiene en cuenta directamente y por extenso la teoría de los actos de habla de Austin, formulada en Cómo hacer cosas con palabras: palabras y acciones20; la revisión de las tesis de Austin realizada por Derrida fundamentalmente en "Firma, acontecimiento, contexto"21; y, además, y ocupando un lugar destacable, las reflexiones críticas, también en relación a la obra de Austin, elaboradas por Felman sobre el "cuerpo que habla"22.

En la ya clásica distinción propuesta por Austin entre expresiones constatativas y expresiones realizativas (performative utterances), se precisa que las primeras son afirmaciones en las que algo, un referente objetivo, es descrito. Estas oraciones, de significado estable y universal, son susceptibles de ser sometidas al valor de autoridad de la verdad, de acuerdo con la lógica clásica de oposición entre enunciado verdadero y falso. Las segundas, las expresiones performativas, son aquellas que realizan una acción por medio de las palabras. Estas, indicó Austin, no se rigen por el criterio de verdad dado que no describen algo existente fuera del lenguaje sino que han de ser medidas según el grado de su fuerza y eficacia. Mérito de Austin fue mostrar interés teórico por este tipo de enunciados no descriptivos que desplazan el lugar privilegiado del valor de verdad, y orientar con ello el campo de estudio sobre el lenguaje en una dirección que desde entonces muestra ser claramente fructífera.

En el desarrollo de su teoría, Austin propuso la diferenciación entre tres tipos de dimensiones de los actos lingüísticos: la dimensión locucionaria o acto locucionario, que son expresiones constatativas; la dimensión ilocucionaria o acto ilocucionario, que son no las expresiones que realizan meramente el acto de decir algo sino las que además realizan un acto al decir algo, las que producen la realidad que nombran en el acto mismo de nombrarla (prometer, insultar, la declaración de una unión matrimonial); y la dimensión perlocucionaria o acto perlocucionario, que son aquellos efectos que se derivan, no necesariamente de un modo inmediato, del hecho de decir algo, esto es, las consecuencias sobre nuestros sentimientos, comportamientos, acciones, ocasionadas por las palabras emitidas (intimidar, convencer, ofender, alarmar).

La performativad de las palabras, la capacidad para "hacer cosas con palabras", Austin la hizo residir en la fuerza ilocucionaria (illocutionary force). Butler subrayará cómo está implícita en la teoría de Austin la idea de que en los actos ilocucionarios los efectos se producen sin que transcurra ningún intermedio temporal entre el acto de habla y la acción realizada. Palabra y acción serían así acontecimientos simultáneos23. Además, Butler relacionará el acto de habla ilocucionario de Austin con la interpelación althusseriana24 en tanto que uno y otra asientan su eficacia en la dimensión convencional, ritual, donde se integran. Si bien, mientras que el sujeto en Austin emite su acto de habla, en Althusser el sujeto es constituido por la llamada de la voz del otro25.

"Firma, acontecimiento, contexto" ofrece el replanteamiento derridiano de la performatividad. Observa sobre Austin Derrida el acierto de un enfoque no restringido al ámbito de la lingüística, de la autoridad del código, ni de la semántica, de los usos del lenguaje. Aprecia el carácter "paciente, abierto, aporético" del análisis de Austin, pero, sin embargo, encuentra sobre todo su fecundidad más en "el reconocimiento de sus puntos muertos que en sus posiciones"26. A pesar de que en su puesta en cuestión de la validez del criterio de verdad para toda clase de actos lingüísticos abre la posibilidad para una crítica eficaz del idealismo metafísico que privilegia en el lenguaje el significado y la verdad y que mantiene una distinción jerárquica entre un supuesto uso normal y otro anormal del lenguaje, Derrida comenta cómo Austin permanece, no obstante, deudor de la tradición filosófica clásica.

En su empeño por determinar las situaciones de fracaso del performativo, su origen y sus condiciones -lo que supone también un estudio de las circunstancias del éxito del performativo-, Austin conserva la idea de que los contextos son determinables y permanentes y sostiene que la intención del hablante es el soporte de su acto enunciativo. El sujeto hablante comunica en la expresión performativa un sentido intencional aunque su locución no busque un referente en algo exterior. Austin defiende, según Derrida, que el contexto es definible de modo exhaustivo y que el sujeto detenta una conciencia libre y soberana que controla plenamente su habla; un habla donde la presencia de la unidad del sentido no queda quebrada, entonces, por ningún orificio de fuga.

Cuestión problemática, finalmente, es para Derrida que el fracaso del performativo sea pensado por Austin como una interrupción circunstancial del funcionamiento normal del lenguaje ordinario -concebido como un sistema unívoco-; como un riesgo accidental y no como elemento estructural del fenómeno lingüístico. La mirada deconstructiva de Derrida retiene precisamente esto que para Austin es secundario y marginal, la posibilidad del fallo del performativo, como rasgo estructural, como la interna condición de posibilidad del funcionamiento mismo del performativo. Fijándose en las tres circunstancias de enunciación de un performativo, la enunciación en una escena, en un poema o en un soliloquio, mencionadas por Austin como situaciones que por no ser ordinarias conducen a un uso vacío del performativo, afirma Derrida: "Pues, en fin, lo que Austin excluye como anomalía, excepción, "no serio", la cita (en la escena, en un poema, o en un soliloquio), ¿no es la modificación determinada de una citacionalidad general -de una iterabilidad general, más bien- sin la cual no habría siquiera un performativo "exitoso"?"27. Austin, según Derrida, incurre en la paradoja de situar al lenguaje ordinario fuera de esa ley -la interabilidad- que define al lenguaje como tal.

El acontecimiento de enunciación ni es puro ni singular; la expresión performativa no podría tener lugar sin ese mecanismo de disolución de la singularidad que es la cita. Para Austin es la cita una excepción en la dinámica de la performatividad, un accidente que ocasiona su fracaso. Para Derrida la citacionalidad e iterabilidad es condición de existencia del performativo y, más aún, del lenguaje en general.

Desde su pensamiento sobre la escritura como différance es en principio desde donde Derrida, en este ensayo sobre la teoría de Austin, postula su concepto de iterabilidad. La escritura requiere en su estructura de esta instancia de la repetición para que logre su carácter de legibilidad: "Esta iterabilidad (iter, de nuevo vendría de itara, "otro" en sánscrito, y todo lo que sigue puede ser leído como la explotación de esta lógica que liga la repetición a la alteridad) estructura la marca de escritura misma"28. Este vínculo de repetición y alteridad nombrado en el concepto de iterabilidad -repetición o citacionalidad alterada en cada contexto nuevo- indica que la escritura rompe la lógica metafísica de la necesidad de la presencia (lo que Derrida denomina logocentrismo), esto es, de una autoridad última legitimadora, ya que funciona, y ha de funcionar, en ausencia tanto de todo destinatario determinado como en ausencia asimismo del emisor originario, en ausencia de la conciencia, de la intención del sujeto productor del texto.

De la iterabilidad subraya Derrida tres consecuencias29: que el signo significante continúa permaneciendo al margen del momento de su surgimiento; que rompe con el contexto de su inscripción: con el marco de vida del escritor, con la intención de su escritura y también con el contexto semiótico interno al texto ya que se puede reescribir o injertar todo sintagma en otro escrito diferente a aquel del que ha sido tomado; y que el signo escrito viene constituido por el espaciamiento que no sólo le posibilita ser extraído de su contexto interno sino que le permite ser separado de todos los referentes, objetivos y subjetivos.

Y lo dicho sobre la escritura se extiende hacia el acto de habla -y a todo lenguaje-. En el performativo, en particular, porque Derrida aprovecha la teoría de Austin, se observa esta estructura de la iterabilidad. Es cuando una fórmula se cita -resulta iterable- según un modelo convencional cuando es reconocible y cuando es entonces capaz de producir el efecto performativo de efectuar un contrato matrimonial, por ejemplo. Derrida puntualiza, sin embargo, que hay diferentes tipos de citacionalidad; que no es exactamente la misma citacionalidad la que se pone en práctica en una obra de teatro que en el desarrollo de un performativo que logra hacer lo que dice. Lo fundamental en este punto es la afirmación de la existencia de una estructura general de iterabilidad que arruina la pretensión de una enunciación entendida como acontecimiento único, singular y original, que gobierna y controla en todos sus aspectos la operación de enunciación.

La oposición entre enunciados singulares y enunciados citacionales no tiene lugar. Desde este óptica "la intención que anima la iteración no estará nunca presente totalmente a sí misma y a su contenido"30. Esta ausencia de la intención conlleva además que el contexto de la enunciación no puede ser determinado de modo pleno ya que para ello sería requerible la presencia, actualidad y transparencia de la intención del acto de habla. Hay ciertos efectos de conciencia en el acto performativo, advierte Derrida, pero la deconstrucción de la metafísica occidental implica el desplazamiento de las oposiciones y de sus sistemas de jerarquías; entre ellas, entre las dicotomías que han de ser criticadas, está la oposición entre enunciados-acontecimientos singulares y enunciados citacionales (entre habla y escritura; entre usos normales y usos anormales del lenguaje; entre lo esencial y lo accidental; entre el éxito y el fracaso).

Si Austin privilegia el acto ilocucionario haciendo recaer la fuerza performativa en el poder de la voz, de una voz potente, como un ser divino, para crear lo que dice eliminando toda suerte de efectos imprevistos, Derrida incide en la iterabilidad en tanto motor de la performatividad. Esto supone, además, que en el planteamiento de Derrida las fronteras entre actos ilocucionarios y actos perlocucionarios quedan difuminadas bajo el aliento común de una iterabilidad que es repetición y alteridad.

Esa dimensión del lenguaje de "excitable", de no absolutamente controlable, sobre la que argumenta Butler, se apoya en la noción de iterabilidad derridiana31.

Desde la introducción de Excitable Speech su propósito estriba en ofrecer un acercamiento al lenguaje que permita pensarlo no sólo como sistema sino sobre todo bajo la figura de una agencia que no implica en absoluto la noción de control o de dominio. Una parábola de Toni Morrison le sirve de ilustración: se trata del caso de una mujer ciega a la que unos niños preguntan sobre si está vivo o muerto el pájaro que encierran en sus manos. El pájaro ocupa en Morrison el lugar del lenguaje. Y la respuesta dada por la mujer, que desviando la pregunta dice saber únicamente que el pájaro está en sus manos -en las manos de los niños-, alude para Butler a una concepción del lenguaje como realidad viva. El lenguaje es ahí comprendido como agencia en el sentido de "acto con consecuencias"32; lenguaje es algo que hacemos, una cierta acción característica, y los efectos que producimos.
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