Pablo Neruda Claudio Simiz Buenos Aires, Argentina 1960






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títuloPablo Neruda Claudio Simiz Buenos Aires, Argentina 1960
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Muchacho con alas



El muchacho remienda

su par de alas

en el rincón de la cocina.

Atormentado por niñas de ojos grandes

que descienden del cielo con jirones de nube,

se hiere la yema de los dedos,

se lame al descuido.

Despavoridas, se revuelcan
en la hierba mojada.

El muchacho remienda sus alas
con la antigua

aguja de su madre,

cuyo ojo en el retrato

de la pared alguien cambió

por una mariposa.

Carne de durazno jamás mordida,
huesos de espuma,

manos lánguidas

para atrapar fantasmas.

De la ventana salta y cae

despacio

en un reguero de plumas.
Abandona en la tierra

los anteojos pisoteados.
Vuelve herido, maldiciendo

esa dura costumbre de estar vivo.
Su vegetal saliva

remienda la larguísima

herida que el pañuelo escarba.
En la sucia paloma de trapo

mapas, rostros, señales

que se niega a entender.

Así sus días, así sus noches.
Cuerpo de amor herido, Colección Viernes de Poesía – 76 –, Universidad Nacional de Colombia - 2010

Pedro Du Bois

Brasil

Sons
Escuto no som

a constância

com que se repete:
     água contra a vidraça

     olho o escuro

     da noite. O relâmpago

     rasga a imaginação

     em medos
esqueço o poema

e me lanço

ao encontro: encurto

a distância e o som

resta lamentos.

Abdul Hadi Sadoun

Bagdad, Irak - 1968

Te acostumbras a la muerte
Te acostumbras a la metafísica

a la malísima costumbre de morirse
Sin más

cosa que te hace observar

la ligereza, y fugaz

naturaleza de las cosas.
La silenciosa calma

del ser errante

y nos empeñamos en olvidar

el azote creciente
Romántica rinconera

es el único movimiento ermitaño
En algún lugar

y te sientes el latido

del causador tiempo
Nos disculpamos

no vaya a ser repetible
Cada día

me acostumbro más a la muerte

ese paseante cojo y perfecto

que camina tranquilamente

sus pasos ligeros

en una plaza tan cercana

que no te da tiempo

a contemplar la escena

ni darte tregua

a presenciar la lucidez.
Muhammad Al Magut

Siria - 1934 - 2006

Invierno
Como lobos en una estación seca

Germinamos por todas partes

Amando la lluvia,

Adorando el otoño.

Un día incluso pensamos en mandar

Una carta de agradecimiento al cielo

Y en lugar de un sello

Pegarle

Una hoja de otoño.

Creíamos que las montañas se desvanecerían,

Los mares se desvanecerían,

Las civilizaciones se desvanecerían

Pero permanecería el amor.

De pronto nos separamos:

A ella le gustan los grandes sofás

Y a mí me gustan los grandes barcos,

A ella le gusta susurrar y suspirar en los cafés

Y a mí me gusta saltar y gritar en las calles.

A pesar de todo

Mis brazos se abren al universo

Esperándola.
Del poemario: La alegría no es mi profesión (Al-farah laysa mihnati)

Traducido del árabe por: María Luisa Prieto

Mahmud Darwish

Palestina – 1942 - 2008

Yo soy uno de los reyes del fin



Yo soy uno de los reyes del fin. Salto de mi
caballo en el último invierno. Soy el último suspiro del árabe.
No me asomo al arrayán sobre las azoteas y no
miro a mi alrededor por si me ve aquí alguien que me conozca
y sepa que he pulido el mármol de las palabras para que mi mujer atraviese
descalza campos de luz. No me asomo a la noche para
no ver una luna que iluminaba todos los secretos de Granada
cuerpo a cuerpo. No me asomo a la sombra para no ver
a alguien portando mi nombre y corriendo tras de mí: descárgame de tu nombrey dame la plata del álamo. No miro hacia atrás para no
recordar que pasé por la tierra. No hay tierra en
esta tierra desde que el tiempo se rompió en torno a mí, fragmento a fragmento.No estaba enamorado para creer que las aguas eran espejos,
como les dije a mis viejos amigos. Y no hay amor que interceda por mí.
Desde que he aceptado el pacto de paz no tengo presente
para pasar mañana cerca de mi ayer. Castilla izará
su corona sobre el alminar de Dios. Escucharé el tintineo de las llaves en
la puerta de nuestra edad de oro. Adiós a nuestra historia. ¿Seré yoquien cerrará la última puerta del cielo? Yo soy el último suspiro del árabe.
La tierra se estrecha para nosotros
La tierra se estrecha para nosotros. Nos hacina en el último pasaje y nos despojamos de nuestos miembros para pasar.La tierra nos exprime. ¡Ah, si fuéramos su trigo para morir y renacer! ¡Ah, si fuera nuestra madrepara apiadarse de nosotros! ¡Ah, si fuéramos imágenes de rocas que nuestro sueño portaracual espejos! Hemos visto los rostros de los que matará el último de nosotros en la última defensa del alma.Hemos llorado el cumpleaños de sus hijos. Y hemos visto los rostros de los que arrojarán a nuestros hijospor las ventanas de este último espacio. Espejos que pulirá nuestra estrella.
¿Adónde iremos después de las últimas fronteras? ¿Adónde volarán los pájaros después del últimocielo? ¿Dónde dormirán las plantas después del último aire? Escribiremos nuestros nombres con vaporteñido de carmesí, cortaremos la mano al canto para que lo complete nuestra carne.Aquí moriremos. Aquí, en el último pasaje. Aquí o ahí... nuestra sangre plantará sus olivos.

José Rui Teixeira

Porto, Portugal – 1974
trago dentro de mim um mar imenso
feito de vagas tristes
e sonhos vagos
o horizonte é uma manhã
que eu quis minha para ser eu
e para porto de abrigo escolhi uma tarde
que soubesses chorar a morte do sol

  de Quando o Verão Acabar Vila Nova de Famalicão, Quasi edições 2002

Netzahualcoyotl

Rey de Texcoco (actual México)-1431-1472
No acabarán mis flores,
no cesarán mis cantos.
Yo cantor los elevo,
se reparten, se esparcen.
Aún cuando las flores
se marchitan y amarillecen,
serán llevadas allá
al interior de la casa
del ave de plumas de oro.

Nguyen Quang Thieu

Ha Tay, Vietnam – 1957

Las ejemplares


Para las viudas de guerra de mi aldea
El tiempo fluye entre un inmenso vaso antiguo. Como langostas pardas,
las viudas de mi aldea desaparecen, una por una, detrás de la hierba.
Vientos manchados de rojo arrecian de vuelta desde el distante horizonte,
sus dedos arañan con insania en la hierba deshecha. De pie en la
carretera de la aldea, lloro como un niño que ha perdido a su madre. No
puedo buscar viudas detrás de cada hoja de hierba en este vasto espacio.
Con largos palos sobre sus hombros, las viudas caminan por senderos
gastados como los curvados espinazos de un millar de vidas de duro
laborar. Dormidas, ellas caminan a través de vientos salvajes que se
levantan cuando el sol rueda entre la tiniebla. Dormidas, ellas caminan 
entre lluvias prehistóricas que caen cuando el alba se levanta de una noche
febril. Como un lunático, permanezco parado y las cuento a ellas; ejemplar
tras ejemplar, yo las cuento.
Mis viudas, mis ejemplos, no llevan zapatos o sandalias; ellas
esquivan los caminos que conduzcan a noches con luz de luna. Sus senos
están cansados y oyen con dificultad; ellos no pueden oír los llamados de los
hombres, que huelen a tabaco y a fangosos campos de arroz en noches en
que el viento rueda por el jardín acezante. Solamente los ratones que comen
     arroz en ataúdes de madera pueden despertarlas; ellas se desvanecen de miedo
al sonido de termitas cenándose aquellos ataúdes.
El tiempo se apresura silencioso, silencioso entre el antiguo vaso. Como
langostas, las viudas desaparecen, una por una, desaparecen ellas detrás de
la hierba. Soy un lunático de pie gritando aquí, gritando por los
ejemplares, que se han ido para siempre.
Y cuando ya no me queda ninguna por contar, las viudas regresan desde
detrás de la hierba, caminando sobre senderos iluminados de luna cubiertos
con la paja de octubre. Sus cabellos, oliendo a hojas de pomelo, se riegan
entre luz de luna; sus senos se recuestan hacia fuegos recién encendidos.
Primero sus pisadas, luego el sonido de puertas abriéndose, y después una
canción se levanta por entre las cabezas de lunáticos insomnes que miran la luna.
Los lunáticos abren sus puertas y dejan sus casas. Caminan con la
canción, una
y otra vez, hasta que encuentren un sitio sin ejemplares.
Traducción: Rafael Patiño

Fuente: Revista Prometeo, Festival Internacional de Poesía de Medellín.

Leticia Herrera

Michoacán, México
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