Pablo Neruda Claudio Simiz Buenos Aires, Argentina 1960






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Quito, Ecuador – 1976

Cinco



Apedrea el ventanal de tu casa.
Lanza la ropa que apesta a difunto.
Desgarra las heridas de los muros.
Arroja a la calle la cal y el cemento.
Si no encuentras la piedra de entonces,
arroja tu cama, el sillón o la mesa.
Incinera tu casa. Repatria tu huella.
Destroza esta misma ventana.
Sé tú la primera piedra.
Que sea una piedra
y no el abismo,
el cristal definitivo.


Rodolfo Dada

Costa Rica – 1952

3

El mar no puede ser nostalgia para nadie
Ningún pez tiene alas, agallas, ojos todavía
recién se dibujan las aletas
en una costa más allá del hoy
en la que habita esta ventana
Árbol es una palabra encendida entre volcanes
hoja, rama, nido, ciervo
La palabra nostalgia no existe
no hay boca para ella

Cardumen, Editorial Lunes, 2004

Leonardo Alezones Lau

Venezuela - 1983

Pájaro antiguo
una vida no basta

el fuego se encargará de la memoria

elevándose por encima del oxígeno

hasta apagarse como el pájaro antiguo

quemando el tronco de un árbol

y fauno lo mira entre las hojas muertas

las que arden ante su llama inexplicable

con la misma gracia del rocío a contraluz

elude la brisa en el tornado

desde un ala finamente terminada

por la llama que iluminó los campos de trigo

ya al fin del abrazador recuerdo de su partida

las ninfas reanudan la música de las esferas

haciendo estallar la ceniza en resurrección


Obediah Michael Smith

New Providence, Bahamas - 1954

Caballo de fuerza



especulo algunas veces,
acerca de mi habilidad, día tras día,
para levantarme y salir
con bacterias, parásitos, virus,
por billones cuando se combinan
como tantísimos simios sobre mi espalda
ciertamente, como Atlas,
llevo a cuestas el peso del mundo
sabiéndolo constantemente, un día,
esta carga será excesiva para mí
excesiva para ser levantada, excesiva para ser cargada
y lo que se halla a mis espaldas
se sentará sobre mí y me mantendrá sometido
“¡Sí!” exclamarán,
al unísono, triunfalmente
como ves ellos son agentes de la muerte
es entonces cuando podrán
allegarse a la muerte para recoger
su botín

Traducción de Rafael Patiño Góez. Fte: Festival de Poesía de Medellín

Daisy Zamora

Managua, Nicaragua - 1950

Preñéz
Esta inesperada redondez
este perder mi cintura de ánfora
y hacerme tinaja,
es regresar al barro, al sol, al aguacero
y entender cómo germina la semilla
en la humedad caliente de mi tierra.

Miguel Crispín Sotomayor

La Habana, Cuba



Se necesita ahora más que nunca templos de amor y humanidad que desaten todo lo que hay en el hombre de generoso y sujeten todo lo que hay en él de crudo y vil”. José Martí.
Las campanas doblan por los vivos
Las palomas van volando. Libremente.

Han muerto los halcones.

Los perros se abrazan a los gatos.

Los niños han perdido el miedo a los aviones.
Ya no hay muertes violentas.

Doblan las campanas por los vivos.

Se levantan altares a los que han muerto.

Los cementerios han desaparecido.
Nadie se prostituye.

El amor es gratuito, es sincero.

Los amantes aman sin hurgar en los bolsillos.

Los amigos desprecian el dinero.
El coraje desbordó a la paciencia.

Todos comen, visten y se techan.

Los niños no limpian más cristales.

Los quijotes ríen… y galopan.
¿Es un sueño?

Las campanas doblan por los vivos” (2011, inédito).


Jorge Debravo

Guayabo de Turrialba, Costa Rica – 1938 - 1967

Dioses
Los dioses son estatuas de humo y viento
que se tuercen, alargan,
y se cambian de ser
como cambian de blusa las muchachas.
Alguna vez usaron cuernos, luego
se envolvieron en carne de montaña,
aprendieron a usar huesos de hombre
y se vistieron una barba blanca.
Una noche compraron zapatillas
y perdieron sus prístinas sandalias.
Y un día cualquiera rodearán la tierra
charlando amables con los cosmonautas.


Thelma Nava

México

Tus ojos

Déjalos caer

resbálalos

por la pendiente del alma

para que sólo

de lo necesario

se den cuenta.
Poemas para “Cuadernos de Caridemo”-Para volver al mar

Antonio Pérez Carmona

Escuque, Trujillo, Venezuela – 1933 - 2006

Aquellos días lejanos
A Heberto, Nelson 
y AlfredoPérez Carmona, 
mis hermanos

I
Henos aquí, hermanos del alba y del ocaso, donde flota el amor y el dolor, la luz y el llanto.
Henos aquí, en este tránsito hermoso y terrible donde la aurora se besa con la noche para proclamar la historia efímera del hombre.
Porque si grito al mundo mi canto, que yo poeta, solitario y dionisíaco, creo 
que es de maravilla, no estoy sino asistiendo como actor a una farsa para
imponer la belleza a golpe de herida lacerante.
Traigo a vosotros un teatro cincelado en imágenes, con arabescos fastuosos,
máscaras y escenarios ridículos.
Es ella una pieza fascinante, pero triste como la partida de la madre y de la
amada.
Sin embargo hablaré en este primer acto de cosas dulces, de recuerdos frágiles,
para no destruir la esperanza y las rutas del ensueño de quienes adoran al planeta tierra.
Porque yo poeta, cantor y dionisíaco, tiro a la oscuridad, a lo remoto, la
muerte y la soledad, enarbolando las banderas del amor, de la nostalgia y la
victoria.

II
Ignoro el espectáculo del día cuando eclosioné en fruto
y mis padres me inscribieron en el correr de los años para darme arquitectura
material.
Hubo el festejo solemne: un brindis tan semejante al del ciego que recobra la
luz para quedar deslumbrado ante el paisaje matutino.
De esa historia nada sé, pero posiblemente armé una fábula de sonrisas, de
besos, de gritos y jolgorios.
Mi madre campesina y mi padre desbocado juntáronse en viejas tradiciones
para colocarme un nombre totalmente contrapuesto a mis futuros devaneos
anárquicos y báquicos.
Confieso que nunca he tenido rencor contra ellos, y ni el fuego y ni las
cascadas de mi espíritu, han tocado los límites de esa amable pureza.
Sentí los primeros encantos en sus manos y sus voces, y de pronto se me abrió
el mundo de la infancia, convite de pájaros y albercas, de mariposas y
“caballitos del diablo”.
Había un jardín silvestre y un bello “pan de año”, un pozo donde minúsculos 
peces jugaban al amor. 
Una senda abierta que concluía en la casa de La Viuda, quien nos
alimentaba con pomarrosas y dulce de toronja.
Extraña estampa donde la soledad cantaba la oración más triste.
Por eso cuando furiosamente aniquilado por la angustia, me cruzo en un patio
de malabares y jazmines, siento un horrible palpitar hacia los años idos.
Y me pregunto: ¿Dónde estará el plato decorado con lotos y mujeres japonesas?
Y escucho el llanto y las palabras de la niña que hablaban del padre moribundo.
Fue el encuentro inicial con la nostalgia y el manto de la lluvia.
Ah infancia, maravillosa y encantadora infancia, únicamente empapada por
esas gotas de vinagre.
Infancia que murió en un viaje neblinoso, en un camino inmensamente
melancólico.
III
Mi abuelo tenía los ojos azules y narraba que había venido de un lejano país.
En las tardes color vino me tomaba entre sus piernas y dejaba escapar sus
risueñas historias.
Una noche enmudeció y me llevaron a besar su rostro, pero no vi su mirada 
bondadosa.
Después tocole ese extraño viaje a mi hermana que tenía los cabellos de trigo.
Y les advierto, hermanos del alba y el ocaso, que siendo niño tuve grandes
deseos de morir.
¿Habéis visto acaso un niño macerado en el dolor?
Y esta fue la primera herida de mi infancia, y ella continúa presente en una
nave gris que designan nostalgia.
Barca de pájaros jumíes, sin bosques ni albercas, ni narcisos ni perfumes.
Gigantesca catedral de música y oraciones lacrimosas,
de altares pintados con mi sangre,
de cuerpos y memorias perdidos en el vacío.
IV
Después vino el hallazgo de la ciudad.
Mi madre absorta, hundida entre el humo y los falsos sortilegios
y yo descubriendo los colores de exóticas naciones en libros arbitrarios.
Atrás habían quedado el musgo y las cigarras, los azulejos y las brujas,
que no obstante aparecían en las lluvias y relámpagos de junio.
Pero yo, ingenuo adolescente, iba transitando otros reinos, otros ámbitos.
Conocí, por ejemplo, en la margen del río, las flores del sexo
y fui ángel y lobo en esas ceremonias de espumas, alcoholes y manzanas.
V
Hubo la cita en el invierno y me presentaron a los héroes.
Vi a Alejandro, hermoso príncipe de veintiún años, conquistando toda Persia.
Vi las más bellas mujeres rasgándose las vestimentas de tul en una danza de la maravilla y la poesía.
Pero el hijo de Filipo díjome que era infeliz.
Y hablé con César y éste me confesó su soledad.
Napoleón, ebrio de amargura en Santa Elena, negose a narrarme sus victorias y su gloria.
Y al fin, cortando las espesas nubes, divisé a Bolívar.
Y a gritos que estallaban en el cielo, le exigí el relato de lo eterno.
Y Bolívar, mi padre, con tono melancólico, expresó: Mirad mis ojos tristes
porque los hombres jamás aprenden la lección de la vida.
Y desapareció, fragmentándose en espejo de colores.
VI
Este es el primer acto del teatro innavegable,
porque bien podría abrir las cortinas con la presencia de la muerte.
Pero hace un tiempo exquisito, intervalo no apto para cadáveres y fantasmas.
De la nostalgia

Lenin Antonio Pérez Rangel

Venezuela

61
no ante Satán,

sino acerca de las bondades de la masacre, mientras los amos de la prensa y sus lacayos

admiten la mea culpa por haber trasmitido el estallido.

Ahora se da paso a los sermones,

y las estrellas de la televisión son curas, diputados,

voceros y más voceros de la deshonrosa cabronería del no debió ser, del hay trabajar unidos por este gran país.

Eladio Lares sonríe y complementa: “Como debe ser”.

No obstante, los fantasmas tristes, heridos y llorosos, de madres, de hijos, de hermanos, de primos,

de amigos, de antepasados, de millares de venezolanas y venezolanos

(mientras quizás se desprenden de sus cuerpos en las fosas comunes y flotan a cielos de la justicia  y del amor y de la saciedad)

afirman, con su ímpetu de siglos:

“Pero juramos por el futuro que así no será más”…

San José de Costa Rica, 20 de enero de 2010

Antología 27F, 27 F, poesía, memoria y revolución

Juan Manuel Roca

Medellín, Colombia - 1946

Los muros de la noche
Correteando los rincones de la noche
Viene de ronda mi voz
Por la oscura nación de los espejos.
Amplio presidio, mi país,
En su alta torre de mil pájaros
Asomarse a la ventana sanea el corazón.
Aún corre mi antigua voz
De la edad de los aromas,
Corre junto al sonoro mar de cafetales,
En el olor de los manglares
Sube hasta el cielo.
Mi voz resuena en las praderas del pecho
Cuando un trampero camufla
La boca a la cisterna
O pinta un túnel en los muros de una celda.
Inmenso hospicio, mi país,
Evadiendo trampa a trampa, muro a muro,
Viene de ronda mi voz
Por la oscura nación de los espejos.

                                    Bogotá, octubre 10/80

Rubén Bonifaz Nuño

Córdoba, México -1923 - 2013
Recostado en su placer el día


Recostado en su placer, el día
de estatuas y rejas enfloradas
nos dice, amiga, que morimos;
y como si al azar mordieras
una manzana, resplandeces
de dulces dientes y de labios.

Y las lágrimas que están llenando,
la carne que muerdes, las rosas
del polvo que abres y aguirnaldas,
festivamente se entristecen;
y se enrosca en torno de tu brazo
la serpiente roja de estío.

Suena la lluvia de la noche
cayendo al azar, como el azúcar
de una manzana desangrada.
De estatuas y rejas cenizas
nace una boca, y nombra el alba.
y dulce y de sombras resplandeces.


Elia Espinosa

México - 1953
Provenimos de un canto previo,

brújula del destino

que era fuego.
La poesía del encuentro” / Cultura independiente en el segundo centenario. Edición: Floricanto / Ateneo Las Hespérides- 2011-

Alberto Barrera

Caracas, Venezuela -1960
Vida en común

Nada quedó en pie.

Qué gloria,
qué majestad,
qué torpe reino.
El corazón descansa
en el cesto de la basura
junto a unas cáscaras de piña
y el cartón de leche
que venció antes de ayer.
de Coyote en la ventana, 1991
Eduardo Milán

Rivera, Uruguay – 1952
Es lo que te hace hacer

lo que te hace hacer tiene vacíos

entresacarlos la tarea
sin tocar
su área

para que sigan haciendo hacer a quien escuche

trabajan vacíos fuera de allí

Vilma Vargas Robles

San José, Costa Rica – 1961

Gárgolas literarias
Y las hortensias morosas de la palabra

con letras que servirán para banquetes incontables

como repollos dibujados por las estrellas
Las hortensias aldeanas

gárgolas hambrientas de notoriedad, espectáculo...

exigiendo la migaja de un renombre

En Quizá mañana, Edit. Universidad de Costa Rica, 2007


Alejandra Flores

Guatemala – 1965

De muertos y olvidos
Solo

caminando vas

erguido

despacio

seguro

a enterrarte

en el cementerio de mis vivos

de donde ya no habrá retorno

en Transparencia del mal, FyG editores, Guatemala, 2004

Blanca Varela

Perú – 1926 – 2009

Nadie nos dice
Nadie nos dice cómo
voltear la cara contra la pared
y
morirnos sencillamente
así como lo hicieron el gato
o el perro de la casa
o el elefante
que caminó en pos de su agonía
como quien va
a una impostergable ceremonia
batiendo orejas
al compás
del cadencioso resuello
de su trompa
sólo en el reino animal
hay ejemplares de tal
comportamiento
cambiar el paso
acercarse
y oler lo ya vivido
y dar la vuelta
sencillamente
dar la vuelta

Nora Méndez

El Salvador - 1969

Mi casa
La inauguro a diario
Bajo la cascada y el gallo
Cambiantes los vecinos
Alguna vez fueron buenos

Sin cajita para el gato
Excéntrico pasea suelto
Con las aspas del ventilador
Y las colas de ardillas verdes

Paredes modelando en blanco hueso
Platicando con olores en las distintas posturas del día
Abren y cierran ventanas cristalinas
Por donde pasan largas colas en triciclos descalzos
y las iguanas cholcas que de carcañales saben

La cama barre
La cocina duerme
El timbre huye tras las calcomanías
De un taxi...

El jardín aún no ha sido inaugurado
Las flores han llegado
Arrastradas por el aire

Mi casa es sencilla
Como sonrisa del algodón
Que al mojarla se deshace

Mi casa es mi cuerpo
Totopostes híbridos
Puentes movedizos
Donde sola me duermo
Y día a día resucito.

Julio Iraheta Santos

El Salvador - 1939

Como un pan digerible
Hormigueo este día en la demencia de las calles

Palmo a palmo registro los espacios

motivado por hallar las migajas

que el tiempo deja en las aceras y las plazas

en su paso indiferente por el sudor de los mortales

Voy atento a la gente

aunque nadie me perciba

y tenga que ir pegado a las paredes

para que no me pisoteen

y deje a medio andar esta linterna

Cada quien lleva una cuchilla en la mirada

para partir el viento

y saber si caminan en el rumbo apetecido

para encontrar la fuente

donde satisfacer sus deseos

Van y yo recojo

los pedazos de sus inquietudes

para formar el pastel de sus heridas

porque vacíos van

y vacíos regresan

a sus domicilios techados

o pisos de portales

o lugares escondidos

a la orilla de arroyos de aguas negras

Cada día es lo mismo

recoger la existencia

y en la noche prepararla en el horno

como un pan digerible

para que al no más amanecer

y bajo las primeras miradas del sol

repartirlo a los pájaros

para que sus trinos al menos un instante

nos animen a vivir

19-3-2013


Delmira Agustini

Uruguay – 1886 - 1914

Amor
Yo lo soñé impetuoso, formidable y ardiente;
hablaba el impreciso lenguaje del torrente;
era un mar desbordado de locura y de fuego,
rodando por la vida como un eterno riego.
Luego lo soñé triste, como un gran sol poniente
que dobla ante la noche la cabeza de fuego;
después rió, y en su boca tan tierna como un ruego
sonaba sus cristales el alma de la fuente.
Y hoy sueño que es vibrante, y suave, y riente, y triste,
que todas las tinieblas y todo el iris viste;
que, frágil como un ídolo y eterno como Dios,
sobre la vida toda su majestad levanta:
y el beso cae ardiendo a perfumar su planta
en una flor de fuego deshojada por dos...
De "Orientales, Uruguay a través de su poesía, Siglo XX", Montevideo, 1996

Daniela Saidman

Ciudad Guayana, Bolivar, Venezuela – 1977

Ángeles despedidos
Andenes repletos de despedidas

manos augurando sueños

y una boca nombra los olvidos
maíz azúcar tabaco

trenes despoblados

mañanas tentadas de sudores
así siento-veo este siglo que se pierde

entre edificios desplomándose

entre niños que matan niños

y ángeles derroteros

convencidos de dios y wall street
En Amanecieron de bala /Panorama actual de la joven poesía venezolana, El perro y la rana, Caracas, 2007

Vilma Reyes

Puerto Rico – 1958

Poesía nocturna
Poesía nocturna que
viajas en la oscuridad
de mi estro
tu llegada me incita
un sensualismo de lujuriosos versos.
Y penetras tan dentro de mí,
candente poema
que encuerdas
el vibrar de una estrofa
provocando en mi ser
esta pasión y vida de historias.


Carlos Dariel

Buenos Aires, Argentina - 1956

Anclas
a veces la sombra de un árbol

o la boca abierta del sol
puede que también

un surco

o un recuerdo
lo fortuito

en todo caso

es esa caricia de sal

que persiste en los labios

en Cuestión de lugar, Nostromo editores, Argentina, 2007

Julieta Dobles 

Costa Rica - 1943
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