El guión televisivo y el guión radial






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El guión televisivo y el guión radial


Sus características y particularidades según los géneros televisivos y radiales

  1. Pequeñísimo prólogo del autor

  2. Introducción al tema

  3. El humor (COMEDIA Y Sketch)

  4. Telenovelas y radioteatro

  5. Documentales

  6. Programas periodísticos

  7. Docentes

  8. Otra mirada

Pequeñísimo prólogo del autor:

Cuando a principios de 1999, la Universidad de Morón publicó mi libro "HISTORIA DE LA TELEVISIÓN ARGENTINA CONTADA POR SUS PROTAGONISTAS 1951/96" sentí, sin temor a equivocarme, que la obra pese a su voluminoso aspecto, estaba llena de ausencias.

Me pareció que quienes merecían, en principio, un urgente homenaje, eran los guionistas (algunos de ellos, muy importantes, fueron entrevistados para ese libro y están presentes en el capítulo de Los Autores) y tramé este nuevo viaje a través de testimonios de otros creadores para desentrañar fundamentalmente aspectos de su trabajo, la elaboración de libretos en relación con los distintos formatos y géneros. Además he incluido a escritores de programas radiales, otra vertiente en la profesión de quienes eligieron el apasionante desafío de trabajar para millones de personas, perseguidos por las urgencias de los productores, las fechas de grabación y emisión y los veredictos de las medidoras de ratings.

Luego de una introducción personal sobre el tema Guión, que muchos lectores pueden sabiamente obviar, entrarán en lo más jugoso de este encuentro, las voces de quienes nos hacen soñar, reír, emocionarnos y reflexionar pero que hasta ahora sólo se expresaban a través de sus personajes.

Si a ustedes les gusta escribir, sin duda disfrutarán este libro que no es mío, sino de ellos, porque aquí y ahora Hablan Los Autores.

INTRODUCCIÓN AL TEMA

1. EL GUIÓN TELEVISIVO

EL GUIÓN COMO HERRAMIENTA DE TRABAJO

I

Ernest Hemingway, el famoso escritor norteamericano, dijo una vez con cierta ironía, que él siempre acostumbraba ir al cine a ver las películas que se hacían con sus libros, porque en ellas encontraba el argumento de su siguiente novela. Esta humorada no hace más que evidenciar uno de los tantos inconvenientes que nos presenta la comunicación audiovisual: la adaptación de textos literarios.

¿Qué ocurre entonces? ¿Es falso que una imagen transmite más que mil palabras? Quizás no podamos ni acordar ni negar de modo absoluto la validez de tal aserto, pero en este campo no podemos obviar que si la mera traducción de un libro de una lengua a otra impone cambios en giros y frases que puedan dar como resultado una versión apasionante y otra agobiante de la misma historia, mucho más complejo puede resultar transmitir la idea esencial de un cuento a su versión cinematográfica o televisiva, simplemente porque cada lenguaje no es más que una técnica de codificación de la realidad.

Podemos partir de una simplificación.Sabemos que existen dos discursos

claramente diferenciados: el literario y el dramático. En un discurso puramente literario es aceptable que un narrador afirme: "Juan es malo". Pero en un lenguaje dramático la exigencia es mostrar a Juan pegándole a un chico y robándole su dinero. Entonces los espectadores son los que piensan: "Juan es malo".

A su vez, cada medio a través del cual enviamos ese mensaje literario o dramático impone sus limitaciones y cada uno dispone de distintos elementos expresivos verdaderamente ricos, pero esa riqueza está relacionada con el tipo y forma de mensaje que se desea transmitir.

También el espectador impone sus limitaciones (una persona no presta la misma atención a un film sentado a oscuras en el cine, que viéndolo en la cocina iluminada de su casa mientras toma un vermuth entre amigos y familiares, con el control remoto a mano y otras 72 opciones satelitales). Mientras en términos teóricos los pensadores continúan la pulseada entre la fuerza de la imagen y el valor de las palabras, el hombre de nuestro tiempo ha elegido la imagen en virtud de su instantánea reducción fenomenológica.

La "caja mecánica, folclore del hombre industrial"al decir del propio Mc Luhan, hoy es la pantalla de la P.C donde se registran por igual horas de trabajo, reflexión, divertimento y comunicación social. El televisor es la tiza del futuro, la cámara de video es la reemplazante de la vieja Remington manual, y ante el fracaso de proyectos trasnochados o malogradas improvisaciones, surge la importancia del narrador de este presente audiovisual, encargado de poner en escena con éxito ciclos de producciones tan disímiles como La Niñera y Millenium, un noticiero o un talk show, un documental y un espectáculo cómico-musical: el guionista.

II

Muchas personas se decepcionaron al ver "El nombre de la Rosa"en cine, después de haber leído la novela. Y esto ocurre porque el texto literario generalmente se basa en las reflexiones, pensamientos, ideas, hipótesis y sentimientos profundos y a menudo ocultos del autor, mientras que la narración audiovisual llega al público a través de dos senderos ineludibles: personaje en acción, luchando contra un conflicto frente a una cámara.

El guionista, a diferencia del novelista, no tiene una relación directa con su público. Los espectadores no leen guiones, ven la puesta en escena de ellos. El guionista escribe a través de sus personajes actuando ( sean Blade Runner o Martín Fierro).También se ven sus hilos a través de la noticia en su justa ubicación, de la distribución de secciones del magazine, de la progresión dramática ficcional de la información documental .Todo ello pensado en función de una cámara o varias que han de enfocar determinadas imágenes, ya que todo lo que aquéllas no logren contar a través de sus planos, no existe.

Ampliando el ejemplo, el cuentista no tiene intermediarios y la belleza y originalidad de sus metáforas, su lenguaje florido, son un atractivo en sí mismos, como así también la provocación de su subjetividad poética.

Al telespectador, en cambio, no suele interesarle qué piensa el guionista, ya que ha encendido la TV para entretenerse, y sólo lo mantendrá atento el conjunto de peripecias que le ocurran a un personaje, sabiamente captadas por un buen juego de planos, ángulos y movimientos de cámara. El guionista, pues, escribe para un director, un productor, un grupo de actores, o periodistas o animadores, un escenógrafo, un utilero, una maquilladora, una vestuarista y un peinador. A ellos les entrega el guión donde les dice indirectamente, "ésta es la historia y yo la veo así: háganla de modo que la gente la sienta como yo".

Volviendo a nuestro ejemplo, en "El nombre de la Rosa", el guionista no tenía otra opción que utilizar la trama policial como columna vertebral de su libreto, y reducir al extremo los diálogos, indudablemente valiosos, para que el film no se le convirtiera en un tratado de filosofía. Paralelamente, una novela brillante puede cambiar la vida de aquel que la ha leído, influido mágicamente por el mundo interior del autor, pero si en la historia que encierra esa obra sólo tenemos un personaje que durante quinientas páginas va del baño a la cocina y de la cocina al baño, ¿cómo hacemos para convertirla en un programa televisivo o en una película? Si la "pulpa"de la historia está en lo que el personaje piensa o dice, y no en las cosas que le pasan y en las que él hace para cambiar su destino, mejor desistir. O dicho con un chiste que espero no suene ofensivo, los devaneos intelectuales socráticos son

meramente literarios, a lo sumo "radiales", mientras que las alegorías platónicas están plagadas de imágenes, son "televisivas".

En síntesis: al planear nuestro argumento para televisión tenemos que crear un personaje y el conflicto principal contra el cual él ha de luchar, siempre a través de una serie de acciones hasta un climax y su desenlace feliz o desdichado. En un relato ficcional, nuestros portadores de la historia serán los actores, y llegarán al gran público mediante imágenes, es decir, a través de una cámara.

Ya estamos pues frente al papel en blanco, nada existe aún, ahora pues empieza la aventura.

III

Siendo apenas un adolescente, le dije una tarde de hace veinticinco años a la escritora Victoria Ocampo: "Qué suerte tiene usted!. Puede viajar, y eso acrecienta su creatividad, así se le ocurrirán muchas historias!"y ella simplemente me contestó: "Un avión no te dará algo que ya no tengas adentro".

Del mismo modo, tampoco conocer la técnica del guión nos hará escribir un gran programa. La forma no puede suplantar el contenido. La técnica y algunas pequeñas astucias, nos permiten aprovechar mejor sus recursos expresivos, su originalidad o su potencia dramática, pero siempre adaptando la idea inicial a los parámetros de producción que la hacen posible, realizable. Pero esa idea nace y se fortalece en nosotros, nadie nos enseña a tener ideas. Sólo es preciso tamizarlas con tres preguntas:

¿Qué objetivos persigo con este proyecto?. ¿Le gustará o interesará a la gente mi programa?. ¿Es comercialmente factible su producción?.

Podemos modificar el orden de estas preguntas, pero les aseguro que si al pensar nuestra propuesta nos olvidamos de alguna, estaremos preparando cualquier producto que por brillante que sea, no parecerá un ciclo para televisión.

Y ahora ya es tiempo de que nos preguntemos: ¿Qué es un guión televisivo?.

Como no hay nada más práctico, dinámico y provisorio o circunstancial, el guión será para nosotros simplemente una herramienta de trabajo. Así como el arquitecto elabora el dibujo de una casa y luego plasma en planos las bases técnicas que serán respetadas por albañiles, gasistas, carpinteros y pintores, el guionista al narrar la trama de la historia da indicaciones indirectas al director, productores, actores, escenógrafos, iluminadores, vestuaristas, y maquilladoras, quienes serán los que conviertan aquella historia aún en potencia en el papel, en acto frente a la cámara.

El guión televisivo cuenta, ya lo dijimos, con dos "instrumentos" principales para el mensaje: personaje y cámara. También el cine, pero tenemos grandes diferencias con el séptimo arte como por ejemplo:

1) Para un film se destina mucho más presupuesto que para un programa de TV. de la misma duración. El tiempo de filmación, la cantidad de escenarios -muchas veces locaciones reales- y exteriores diferentes no tienen comparación, al igual que el número y complejidad de los personajes. En TV. generalmente se trabaja con un grupo pequeño de escenografías fijas que se repiten en cada episodio (en nuestra TV. el Dr. Richard Kimble, personaje de El Fugitivo que en cada capítulo vivía una aventura en una ciudad diferente, estaría escondido siempre en el mismo barrio). Los exteriores en TV son exiguos y los tiempos de grabación más limitados que los del cine.

2) Filosóficamente, el cine es un hombre que le habla a la sociedad,

es decir, al creador puede no interesarle que la gente entienda o le guste el film, mientras que en televisión es la sociedad la que le habla a un hombre que mira un programa en su living comiendo un bocadillo. Por eso, se busca que el mensaje tenga los códigos comunes de un cuerpo social al que va dirigido, que el público vea el programa y que además compre los productos que se venden durante el corte publicitario.

Si el programa no tiene rating no generará publicidad, o sea, ingresos al canal y tarde o temprano lo quitarán del aire. Por lo tanto el autor televisivo debe ser sí o sí un creador de éxitos.

3) El cine filma para una pantalla grande apaisada, en la que los grandes planos tiene valor, el personaje no pierde fuerza en su relación espacial con el resto de la escenografía o paisaje. En la TV que por ahora es una pantalla chica, se aprovechan más los planos cortos tanto para el chiste como para la revelación emotiva.

4) El guión cinematográfico puede manejar la progresión dramática de manera más racional, pausada, con verdadero encadenamiento causa-efecto. El libreto televisivo cuenta una historia dividida en bloques, con cortes comerciales. A esto se suma la realidad ineludible de la vecindad de otros canales de cable o TV abierta que compiten en el mismo horario con variados productos.

Un espectador de cine "le da tiempo al film"para que lo conquiste. En TV. lo que no se consiguió en los primeros segundos puede haberse perdido para siempre, y luego de haber retenido la atención del espectador hay que motivar su permanencia a través de una atractiva distribución de la acción dramática en cada bloque, con finales que provoquen el interés del público de volver a vernos una vez terminada la propaganda del rubio de los cigarrillos o la chica del champú.

Los diálogos y una mayor libertad de contenido son las características más diferenciales de la radio y del teatro en relación con la TV. donde la cámara cuenta menos que en el cine, pero sigue contando mucho.

Si aún así quieren seguir leyendo o piensan escribir un guión, les cuento que hay y debe haber guión detrás de todo tipo de programa televisivo, ya sea una telenovela, un magazine o un documental.

Para los que duden en seguirme, les digo como Aldo Cammarota, un guionista legendario, creador de Telecómicos : "No se vayan que ahora viene lo mejor".

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