Literatura universal (2º bloque) examen parcial 2ª evaluacióN






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títuloLiteratura universal (2º bloque) examen parcial 2ª evaluacióN
fecha de publicación29.07.2016
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I. E. S. ENRIQUE TIERNO GALVÁN – PARLA BACHILLERATO NOCTURNO

LITERATURA UNIVERSAL (2º BLOQUE) EXAMEN PARCIAL 2ª EVALUACIÓN

1. TEMA

Desarrolle el siguiente tema: “La cosmovisión romántica” o “La poesía durante el Romanticismo”. (puntuación máxima: 3 puntos).

2. COMENTARIO DE TEXTO

Responda a las siguientes preguntas:

2.1 Exponga el contenido del fragmento y relaciónelo con la obra de la que se ha extraído (puntuación máxima: 2 puntos).

2.2 Analice los aspectos formales del texto (puntuación máxima: 1 punto).

2.3 Comente la producción literaria del autor con especial atención a este poema (puntuación máxima: 2 puntos).

2.4 Sitúe al autor en su contexto histórico-literario (puntuación máxima: 2 puntos).
TEXTO
¡Ática imagen! ¡Bella actitud, marmórea estirpe

de hombres y de doncellas cincelada,

con ramas de floresta y pisoteadas hierbas!

¡Tú, silenciosa forma, tu enigma nuestro pensar excede

como la Eternidad! ¡Oh fría Pastoral!

Cuando a nuestra generación destruya el tiempo

tú permanecerás, entre penas distintas

de las nuestras, amiga de los hombres, diciendo:

«La belleza es verdad y la verdad belleza»...

Nada más se sabe en esta tierra y no más hace falta.
A una urna griega, John Keats

Solucionario
1. TEMA

Desarrolle el siguiente tema: “La cosmovisión romántica” o “La poesía durante el Romanticismo”. (puntuación máxima: 3 puntos).
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2. COMENTARIO
2.1 Exponga el contenido del fragmento y relaciónelo con la obra de la que se ha extraído (puntuación máxima: 2 puntos).

Nos encontramos ante la última estrofa del poema, que actúa a modo de conclusión. Aquí el poeta sintetiza la clave de su reflexión ante los dibujos que adornan la urna, de esa ática imagen. Alaba la imagen de hombres que recoge la urna, una historia silenciosa que ha sobrevivido en el tiempo, pero cuyo sentido se ha perdido y sobre el cual se había interrogado el poeta. Así señala que el hombre es víctima del tiempo y la inevitabilidad de la muerte, pero el arte es imperecedero, permanece. De ahí la sentencia de la urna sobre que la belleza es la verdad que permanece, y esa es la única verdad. Esa sentencia final supone una sacralización del arte.

La observación de una urna griega, decorada con un friso que relata alguna historia mitológica, lleva al yo poético a reflexionar sobre el sentido de dicha historia cuyos protagonistas se han perdido en el tiempo. Así imagina a un joven amante que nunca puede encontrarse con la amada, y se cuestiona sobre quiénes serían los personajes de esa historia, cuya presencia ha permanecido en el tiempo gracias al arte. Por eso concluye al final el yo poético la imagen de hombres que recoge la urna relata una historia silenciosa que ha sobrevivió en el tiempo. De ahí la sacralización final indicando que solo el arte es la verdad, porque es lo que permanece, como hemos comentado antes.

2.2 Analice los aspectos formales del texto (puntuación máxima: 1 punto).

El texto claramente se inserta en el género lírico. Este género natural es propicio para expresar sentimientos, y de todos los géneros literarios es el que más intensifica el punto de vista subjetivo y más se apoya en la función emotiva del lenguaje. Los textos líricos se caracterizan por la presencia de un yo poético (en este caso el yo poético aparece más tarde en el poema de forma expresa) que revela su espíritu íntimo, su mundo interior, con la intención de conmover al oyente o lector suscitando en él la misma sensación sentida por el poeta, que en este caso es el encuentro con lo inconmensurable, lo maravilloso.

La lírica no se centra en la representación de la realidad externa, objetiva, sino en poner de manifiesto la percepción personal que el poeta tiene del mundo; aún más: mediante la imaginación, el poeta puede llegar a crear un mundo poético completamente nuevo, el poeta puede llegar a crear un mundo poético completamente nuevo, que aquí se observa a través de la historia de amor frustrado que deduce Keats de los dibujos del friso de la urna griega.

En la lírica se emplea generalmente el verso, como en este caso, pues el poema se compone de cinco estrofas. El texto, además, posee un ritmo, una musicalidad, lo que lo asocia a la oralidad, es decir, debe recitarse para apreciar su melodía. En concreto, este poema se compone de tres partes, una introducción, que presenta el tema del que va a reflexionar el poeta y ocupa la primera estrofa, un desarrollo que contiene la reflexión del poeta y ocupa las estrofas segunda, tercera y cuarta, y una conclusión, que ocupa la estrofa final del poema.

Además, dentro de los géneros líricos, esta composición en concreto es una oda. La oda es una composición poética del género lírico dividida generalmente en estrofas, de tono elevado y extensión variable. Es un género propicio para mostrar una reflexión del poeta sobre un tema de trascendencia, en este caso la sacralización del arte.

Se observan rasgos lingüísticos que se asocian al léxico y sonoridad grandilocuente del romanticismo, como el uso de diversas exclamaciones. “¡Ática imagen!” (v. 1). El léxico busca un tono sentencioso y altisonante, como “marmórea estirpe” (v. 2). Se abusa, además, del adjetivo: “silenciosa forma” (v. 4). Se aprecia, por último, el uso de algunas figuras retóricas que se apoyan en la función poética o estética que persigue el texto lírico. De ese modo, podemos destacar, por ejemplo, la personificación constante de la urna, a quien se le otorgan reflexiones filosóficas.

2.3 Comente la producción literaria del autor con especial atención a la obra que aquí nos ocupa (puntuación máxima: 2 puntos).

John Keats pertenece al grupo de los poetas rebeldes o satánicos, junto con Lord Byron y Percy B. Shelley. El grupo fue llamado así porque sus componentes hicieron de su vida y su obra un acto de rebeldía contra la sociedad y moral de la época. A diferencia de los otros dos autores, Keats se caracteriza por su llamada “capacidad negativa”, que consiste en experimentar sensaciones misteriosas, dudas e incertidum­bres, sin buscar el hecho y la razón.

Entre sus composiciones destaca “Endimión”, basado en un mito griego, el joven pastor que enamoró a la luna, cuya forma mitológica es Selene. También destaca su otro poema extenso, “Hiperión”, que retrata la derrota de los Titanes y la llegada de los dioses Olímpicos. Sin embargo, Keats va a destacar por sus odas. En ellas sobresale el tema de la naturaleza, que se considera un medio de expresión de los sentimientos del alma y del sentido trascendente de la vida. El contraste entre la eternidad de la belleza y la fugacidad de la vida humana se convierte en el tema central de sus odas.

Las más conocidas son: “Oda a un ruiseñor”, donde confronta el sufrimiento humano con la inmortalidad del canto del ruiseñor; “Oda a Psique”, donde Keats nos hace reflexionar sobre el sufrimiento de los amantes, y su posterior unión en los cielos tras un periodo de dolor y separación en este mundo; “Oda al otoño”, en la que el otoño es visto no ya como estación de deterioro y muerte, sino como un instante de plena madurez y esplendor; y el que aquí nos ocupa.

Keats escribió todas estas odas en 1819, dos años antes de su muerte. En ese periodo de su vida se halla el poeta en un constante estado de indeterminación al reconocer el sentimiento de fracaso, de limitación humana y artística. Las cinco odas constituyen una reflexión poética inigualable sobre la transitoriedad de las cosas, el deseo de morir, sobre la vulnerabilidad de la relación amorosa, y la belleza en el arte y en la naturaleza. Se muestra en ellas una aceptación trágica de la existencia humana, vista como caduca. Vida y arte, belleza y verdad son temas centrales de sus odas.

En el caso de “A una urna griega”, el poeta se vale de la técnica clásica denominada Ut pictura poesis. Este tópico recrea reflexiones críticas sobre la poesía y sobre la pintura. En esta oda Keats contempla la obra de arte representada en una urna griega y deriva de ella un tema de meditación: el dilema entre aceptar el estado temporal o la esperanza de escapar de él, esto es, el deseo del artista de alcanzar la inmortalidad, de vencer a la caducidad impuesta por la muerte, mediante su obra artística.

El núcleo de la oda es, por tanto, la muerte, la mortalidad del poeta. Conviene recordar en este punto que una urna es un recipiente para contener las cenizas de los muertos. Pero el poema es al mismo tiempo una meditación sobre la estética, pues el poeta busca la empatía con los cánones aceptados de lo hermoso (los de la Antigua Grecia) solo para verse frustrado al volver, inevitablemente, al mundo del sufrimiento y al tiempo del que había ansiado escapar.

En el desarrollo de su reflexión, el poeta desarrolla una idea de amor frustrado para ilustrar esta imposibilidad de aceptar el canon artístico de la antigüedad. Esa historia constituye una dicotomía del pensamiento griego entre lo dionisíaco (Amor, pasión, impulso vital) y lo apolíneo (Belleza, serenidad). El impulso vital y dionisíaco en la búsqueda apasionada del Amor-Belleza aparece como un encuentro imposible, como se ve en los dos últimos versos de la segunda estrofa. “¡serás su amante siempre, y ella por siempre bella!”. Esos dos versos contienen la clave de la oda y de todo el pensamiento de Keats: el amante (Dionisios) se ha acercado hasta el límite mismo de la belleza (Apolo), pero el abrazo se hace imposible. Refleja la persecución constante del artista por la perfección formal de su obra, la cual es inalcanzable.

Más problemático ha resultado el sentido de los dos últimos versos, que muestran la unidad entre verdad y belleza expresada por la urna. Se produce en ellos una dicotomía entre belleza -la idealización de la obra de arte- y verdad -la ineludible realidad en la que el poeta está atrapado-. Los críticos mantienen diferentes posturas sobre quién pronuncia estos dos últimos versos y no hay unanimidad en su interpretación. Lo que sí es cierto es que estos dos últimos versos sacralizan el arte, convirtiéndolo en la única verdad, en contraposición a la nada existente en la Tierra.

Entre los temas que podemos destacar en el poema, está la sacralización del arte. Keats defiende en el poema que solo el arte puede devolver el sentido a la vida y vencer el poder destructivo el tiempo y de la muerte. Por otro lado, vemos una disconformidad con el presente y evasión temporal hacia el pasado, en este caso mediante la idealización del pasado Griego, a partir de cuyo friso el poeta elabora una serie de historia idealizadas que ilustran su reflexión.

A ambos puede sumarse la presencia tópica romántica de la angustia existencial. El poeta se sabe un ser material y perecedero, y por eso intenta buscar alguna verdad que sea perecedera. En el arte antiguo encuentra su anhelo de ideal irrealizable en el arte coetáneo. Por último, debe destacarse en el poema el paso de la naturaleza. En este poema se recrea una naturaleza arcádica, que recuerda a una etapa primitiva del hombre, la de los mitos griegos. Para los románticos la naturaleza era un bien perdido por las circunstancias sociales y económicas que siguieron a la Revolución industrial. Keats se recrea en la naturaleza considerándola como medio de expresión de los sentimientos del alma y del sentido trascendente de la vida.

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2.4 Sitúe al autor en su contexto histórico-literario (puntuación máxima: 2 puntos).

La obra de John Keats se inserta dentro del Romanticismo, en la primera mitad del siglo XIX. Este fue un movimiento cultural originado en Alemania y el Reino Unido a finales del XVIII como reacción contra el racionalismo. En esa época hay una profunda crisis social e ideológica de un mundo en acelerado cambio, desde un sistema político, el Antiguo Régimen, a otro nuevo, el dominio de la burguesía y la instauración de sistemas parlamentarios.

Hay una crisis de los seguros valores tradicionales, la despersonalización del individuo dentro de la nueva sociedad industrial, el auge del materialismo y la tecnificación, las bruscas transformaciones que se producen en la vida diaria de los hombres, y los conflictos de identidad personal y colectiva. Diversos procesos históricos influyeron en la mentalidad romántica: a) La Revolución francesa y el gobierno de Napoleón, que provoca una guerra en toda Europa; b) La Reinstauración, impulsada por países con monarquías absolutas con el deseo que perpetuar el Antiguo Régimen y socavar los ideales de la revolución francesa; c) Las oleadas revolucionarias de 1820, 1830 y 1848 que consagraron el ascenso de la burguesía al poder político; d) La primera fase de la Revolución industrial, que supuso el triunfo del capitalismo y consolidó la preeminencia económica de la burguesía. Todo ello contribuye a que en el Romanticismo se da una nueva visión del mundo caracterizada por los siguientes rasgos:

1) Idealismo y culto al yo. Para el romántico, la realidad no es sino una creación o representación del yo. Se exalta la subjetividad, bien mediante la exploración del interior de la conciencia del artista, bien a través de una visión pesimista y angustiada provocada por el choque entre el ideal concebido por el yo y la realidad insatisfactoria.

2) Irracionalismo. Desconfían de la razón como fuente de conocimiento o creatividad, porque no puede explicarlo todo. Reivindican otras formas de conocimiento, como los sentimientos, la fantasía, la intuición, el sueño y la locura.

3) Actitudes frente al fenómeno religioso. Muchos de ellos se ven atraídos por doctrinas esotéricas. Su religiosidad es de tipo sentimental e intuitiva, sin necesidad del rito y en la intimidad de la propia conciencia. En ese sentido, bien propugnan el nihilismo o la muerte de Dios, bien el Panteísmo la presencia de la divinidad en todos los elementos de la naturaleza o bien un retorno al cristianismo de los orígenes, casi medieval.

4) Rechazo de la realidad. Nace de la insatisfacción provocada por el enfrentamiento del ideal concebido por el yo con la realidad mundana. Ello lleva a que rechacen el progreso y busquen un retorno a la naturaleza, de la que se sienten desvinculados. Rechazarán además a la sociedad conservadora, y buscarán la evasión de la realidad, bien mediante el espacio (orientalismo) o el tiempo (Edad Media), bien mediante la rebeldía o incluso el suicidio.

5) Auge de los nacionalismos. Se relaciona con el interés por el pasado y las raíces de cada pueblo. Los románticos concebían cada nación como un organismo dotado de alma. Se interesan, a diferencia de los ilustrados, por la diferencia, por lo particular, y buscan ese origen en un pasado utópico y arcaico, recreando de forma idealizada la Edad Media.

Entre sus aspectos formales cabe destacar que se produce una ruptura de las reglas, porque se denigra la teoría neoclásica, la cual para los románticos coartaba el genio creador. Relacionado con ese punto, se desarrollaron nuevas formas literarias como el drama o la novela histórica. Además, se recurre a un léxico que exprese los sentimientos, un léxico emocional que se vuelve grandilocuente. Finalmente, aspiran a ser un arte de masas, a interesar a una mayoría.

Dada la exaltación del yo, de la subjetividad, y el deseo de indagar en la conciencia interior, la lírica es el género prioritario para los autores. En diversos países se desarrolla una intensa producción lírica: Inglaterra, Alemania, Italia y Francia. En Alemania los autores destacados son Johann Wolfgang von Goethe, Friedrich von Schiller, Fiedrich Hölderlin, Novalis, seudónimo de Fiedrich von Hardenberg, y por último Heinrich Heine. En Italia destaca Giacomo Leopardi, cuya obra se caracteriza por el pesimismo, la soledad e incomunicación o el desengaño vital. En Francia destacó Gérard de Nerval, aunque había otros poetas como Théophile Gautier.

Entre los temas más habituales de la poesía romántica, se puede ver el peso de la angustia existencial, que es producto del rechazo a la realidad y del anhelo irrealizable del ideal, del absoluto o infinito buscado por el yo lírico. También aparece el desengaño amoroso y la amada muerta. El amor se percibe de forma negativa, pues no es perfecto y conduce al poeta al desengaño o fracaso amoroso. Muchas veces describen a la amada muerta en la juventud, intentando perpetuar su belleza. Reflexionan así sobre el destino y la fragilidad de la existencia. Muchas veces los poetas ensalzarán en sus obras la propia poesía. Para el poeta romántico, solo el arte puede devolver el sentido a la vida y vencer el poder destructor del tiempo y de la muerte. Con ello se sacraliza el arte, se le vuelve sagrado, digno de adoración. Finalmente, tiene gran presencia en los poemas la naturaleza. Esta aparece como virgen e indómita, con lo que se exalta la libertad y se rechaza la civilización. El poeta busca recuperar esa sensación de fusión con la naturaleza, de la que se siente arrancado o desarraigado.

En concreto, dentro de la poesía romántica inglesa, se pueden diferenciar dos grupos de poetas, los de una primera generación, vinculados a la región de los largos y los de una segunda generación, más rebeldes e inconformistas. En la primera generación destacan Wordsworth y Coleridge. Se les denominan poetas de los lagos porque vivieron en el Distrito de los Lagos, en cuyos paisajes buscaban la inspiración. De ambos, la obra de William Wordsworth se caracteriza porque en sus principales poemas el yo lírico evoca instantes de fusión con la naturaleza experimentados en la infancia o la juventud, y recobra, por medio de la imaginación y la memoria, esa perdida sensación de plenitud. En el caso de Coleridge, destacan sus poemas “La balada del viejo marinero” y “Kubla Kahn”. Este último, producto de un viaje de opio, muestra la oposición entre lo artificial y lo natural, y entre lo consciente y lo inconsciente

En la segunda generación destacan Lord Byron, John Keats y Percy B. Shelley. En sus vidas se manifiesta la rebeldía frente a lo establecido, propia del espíritu romántico. En los poemas narrativos de Lord Byron aparecen, por ejemplo, personajes que representan el prototipo de héroe romántico: asocial y errante, envuelto, a veces, en el tedio y el vacío existencial. Por su parte, de Shelley destaca “Adonáis” y “Mont Blanc”.

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