A los quince días de su resurrección Lázaro empezó a encontrarse muy mal. Su estancia en el lugar de nada y de nadie le había cambiado la forma de ver las cosas






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Cuentos breves

Conocidos y no tanto

El fin de Lázaro

A los quince días de su resurrección Lázaro empezó a encontrarse muy mal. Su estancia en el lugar de nada y de nadie le había cambiado la forma de ver las cosas y hasta la manera de ser. En el paraje más hermoso sentía el tiempo carcomiéndolo todo, en la alegría de los niños y de las muchachas adivinaba su tristeza de viejos, toda la comida le sabía a cuerpo sin vida, percibía continuamente el acecho y hasta la invasión del final aniquilador. Pasó otro mes y una mañana fue a visitar a Jesús y le pidió que le devolviese la muerte. Su actitud era muy humilde, pero en sus ojos había una brasa de determinación y de reproche. Jesús, tras contemplar a su amigo durante un rato, alzó una mano. Y Lázaro cayó muerto, esta vez para siempre

José María Merino.

Teoría de Dulcinea

En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó eludiendo a la mujer concreta. Prefirió el goce manual de la lectura, y se congratulaba eficazmente cada vez que un caballero andante embestía a fondo uno de esos vagos fantasmas femeninos, hechos de virtudes y faldas superpuestas, que aguardan al héroe después de cuatrocientas páginas de hazañas, embustes y despropósitos.

En el umbral de la vejez, una mujer de carne y hueso puso sitio al anacoreta en su cueva. Con cualquier pretexto entraba al aposento y lo invadía con un fuerte aroma de sudor y de lana, de joven mujer campesina recalentada por el sol.

El caballero perdió la cabeza, pero lejos de atrapar a la que tenía enfrente, se echó en pos a través de páginas y páginas, de un pomposo engendro de fantasía. Caminó muchas leguas, alanceó corderos y molinos, desbarbó unas cuantas encinas y dio tres o cuatro zapatetas en el aire.

Al volver de la búsqueda infructuosa, la muerte le aguardaba en la puerta de su casa. Sólo tuvo tiempo para dictar un testamento cavernoso, desde el fondo de su alma reseca. Pero un rostro polvoriento de pastora se lavó con lágrimas verdaderas, y tuvo un destello inútil ante la tumba del caballero demente.

JUAN JOSÉ ARREOLA

Aforismos
Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo… del miedo al cambio.

OCTAVIO PAZ MÉXICO 1914-1998
Los siete pecados sociales: política sin principios, economía sin moral, bienestar sin trabajo, educación sin carácter, ciencia sin humanidad, goce sin conciencia, culto sin sacrificio .
MAHATMA GHANDI 1869-1948

Llegará un día en que las mujeres se atrevan a revelar su interior; este día la moral sufrirá un vuelco; las costumbres serán cambiadas.
ALFONSINA STORNI ARGENTINA 1892-1938)
Apócrifos

Para saber amar no se necesita aprender

JHONNY FLORES 1°7°.2004
La muerte de un ser vivo puede ser el nacimiento de otro.

AGUSTÍN KLEYWEGT 1º7 ª 2005




La galaxia del cuento

Año VI- No.17 -2008

Leopoldo Lugones

(1874-1938)




Un cuento sobre el cuento



V

Un día todas las v cortas del mundo volaron en bandada, representando una graciosa forma en el horizonte y que ahora algunas abes imitan.

(LILIAN ELPHICK 1959) CHILE


Leopoldo Lugones

.Polémico escritor argentino, contemporáneo de Alfonsina Storni y Horacio Quiroga. Más allá de su actividad política, su obra literaria se desarrolló en la poesía, el ensayo y la narrativa. En este último caso, sus cuentos (de estilo modernista) se detuvieron en temas de corte fantástico (como en Cuentos fatales), historias bíblicas o temas científicos.

La dicha de vivir

Poco antes de la oración del huerto, un hombre tristísimo que había ido a ver a Jesús, conversaba con Felipe, mientras concluía de orar el maestro. –Yo soy el resucitado de Naim –dijo el hombre-. Antes de mi muerte, me regocijaba con el vino, holgaba con las mujeres, festejaba con mis amigos, prodigaba joyas y me recreaba en la música. Hijo único, la fortuna de mi madre viuda era mía tan sólo. Ahora nada de eso puedo, mi vida es un páramo. ¿A qué debo tanto atribuirlo? –Es que cuando el maestro resucita a alguien asume todos sus pecados –respondió el apóstol- Es como si aquel volviese a nacer en la pureza del párvulo. –Así lo creía y por eso vengo. -¿Qué podrías pedirle, habiéndote devuelto la vida? –Que me devuelva mis pecados- suspiró el hombre.




Sin salida

No puedo dormir, mis ojos se cierran por esa abstinencia que mata a cualquier ser humano con un poco de vida todavía por recorrer. No sé qué hacer. Me siento perseguido; la gente me mira constantemente, sin cesar, como si fuera algo desconocido para esta realidad. Tengo ganas de correr pero mi salida está cerrada, quiero romper la puerta para salir de este infierno, que quema sin cesar mis ganas de vivir.

Me estoy volviendo loco, veo gente muerta, me hablan constantemente; tengo mucho miedo: lo que me dicen no son cosas nítidas como el cristal sino borrosas como el cielo turbio antes de una noche de lluvia.

La abstinencia me persigue, ya está dentro de mí; sin embargo, desde lo más profundo de mi ser, no quiero que se vaya, pero sé que es necesario que saque boleto de regreso al final de su historia en mí.

Esto se parece a una cárcel, perdí toda libertad de hacer lo que quiero en la vida, daría todo por salir, ver a mi vieja, mi viejo, mis amigos… Lo peor es que pretenden ayudarme, pero ellos no entienden lo que siento: pasan tantas cosas por mi cabeza. ¡Quiero irme ya de este internado!

RUBÉN CIAMBRIGNIONI- 3°7°- 2007
Ernesto Sardi



La pianista

El teatro estallaba en aplausos. Era extraño cómo una persona tan negativa y callada había llegado a ser una pianista tan destacada. Su rostro, aún con la luz de las obras de Chopin, tan temperamentales y melancólicas, que le entregaban alas a sus tan rápidas manos, se congelaba en una sonrisa de satisfacción.

Ya en su casa, sentada en su cómodo sillón, recordó todo lo que la había llevado a ser lo que era. Su infancia solitaria y el apoyo de su dulce música, que abría su extraño corazón cada vez que la interpretaba en el piano.

Mirando la Luna, recordó también los teatros en el mundo que había dejado hechizados. El Carnagie Hall, la Scala de Milán… Había formado una familia, había logrado casi todo lo que quería. Y en ese sillón se dio cuenta de lo grande que estaba y de que siempre se había mantenido tan anticuada como cuando su hija le hablaba de sos grupos “raros” que salían ahora.

Y pensando en esas cosas de la vida, que la habían marcado tanto, se fue quedando dormida, para repetir al día siguiente la hazaña de otro teatro lleno, durante un espectáculo mágico.

NAZARENA CÁCERES-1°4°- 2006



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